viernes, 24 de abril de 2015

Memorias de la Nevada XVII

Epílogo

El Final del Comienzo 

Algunos Meses después....

En la habitación de Hospital, Verónica Vousheim tenía en brazos a su beba. En el televisor amurado a la pared del Tronador Hills un hombre con una cresta de mohicano, bata blanca de hospital  y cierto parecido a Robert de Niro se encontraba sentado en una mesa rodeado por periodistas. Sostenía un cigarrillo en su mano derecha y miraba con un dejo de sorna a los reporteros de todo el país. Pasada la conmoción por la inexplicable situación en Lapan y también para cubrir lo de Witters, la prensa se había focalizado en el "Loco de la Chevy". Aparentemente un desquiciado mental que estaba acusado de haber asesinado, al menos cuatro oficiales de Policía y a su abuela de  79 años. Verónica, meciendo a su niña miraba con atención mientras esperaba que su esposo viniera a buscarla para llevarla a casa.

El hombre en la tv enciende un cigarro con un Zippo. Un periodista de la HMB le acerca un micrófono y pregunta con pretendida indignación:
- ¿Es verdad que no se arrepiente de haber matado a su propia abuela?
El hombre responde con un gesto de pesadumbre:
- Mire...como le dije al juez soy una persona que sufre, lamentablemente, de un serio trastorno mental. Luego de arrestarme todos los peritos me diagnosticaron esquizofrenia paranoide. Y por eso, en vez de mandarme a la cárcel, el Juez (con muy buen tino) me envió aquí. A la institución Mental "Golden River" de Triton Parade. 

Luego, sobre el audio de la entrevista, el presentador de noticias acotó:
Este es el hombre que es noticia en todo el país. Jhoony Woodward un granjero de la localidad de Witters Alley que fue encontrado culpable del asesinato de varios oficiales de policía en una carrera frenética para asesinar nada más y nada menos que a su propia abuela.  Woodward se ha convertido en una sensación mediática desde que diera su primera entrevista al diario Lapan Times.
Pero detrás de esa apariencia afable y descontracurada hay un asesino frió y calculador. 

Verónica negaba con la cabeza ante lo que veía y escuchaba...el mundo estaba patas para arriba. ¿Había matado  a su abuela? ¡Jesús!

Otro reportero, sonriendo complaciente ante la actitud predispuesta de Jhoony preguntó:
- El Dictador de la E.C.C, Ronald Gomez, le ha enviado una carta y hasta mencionado en un discurso. Dice que usted es un Himburgues anti imperialista que combate la opresión del hombre blanco y llamó a todos los ciudadanos Himburgueses a hacer lo mismo que usted. 

Jhoony Woodward se sonríe y hace una V con dos dedos a la cámara:
- ¡Viva la Revolución Latina!, ¡Viva Ronald Gomez!- Dice en un español accidentado. - Sí, pero aunque le agradecí su carta y el pago de mis abogados, no puedo estar de acuerdo con eso. Matar esta muy mal. 
- ¿Entonces se arrepiente?- Dijo otro periodista.
- ¡Claro que sí! Debería haber matado a mi esposa y no a mi Abuela.

Toda la sala de prensa estalla en risas.
- Su Juicio fue televisado en vivo. Toda la sociedad quedo sorprendida tras el veredicto. Muchos creen que usted debería pudrirse en la cárcel. ¿Se siente aliviado de haber sido confinado a una institución mental?
- Bueno..- Dice Jhoony con claras señales de agotamiento. Se pasa, cansado una mano por la frente y luego retoma su actitud de estrella Pop. - Me siento agradecido. Los loqueros son conocidos por mí familia, así que es como estar en casa...

Otra vez todos ríen al son de Jhoony, que tiene la irreverencia de Jhon Lennon en cada declaración.
- Última pregunta...ya estoy muy cansado señores.
- ¿Sabe que hará en los 18 años que le quedan de confinamiento?
- Sí. Voy a escribir un Libro...Después de todo, no puedo decir que me falte el tiempo para escribir.
- ¿Cual sera su título?
- No lo se aun. Pero al menos el que tenía pensado era"La Princesa de Plata en el Castillo de Cristal"
- ¡Suena muy bien!

Jhonny agradece el cumplido con la cabeza y afirma tras guiñar un ojo a la cámara:
- Mataría a quien me dijera lo contrario. 


***

El hedor a alcohol barato de su esposo inundo la habitación esa mañana. Con mala cara, ayudó a Verónica a que saliera del hospital junto a la beba. Era una niña no deseada y, según las fervientes creencias del matrimonio, originada en pecado de lujuria. Mientras su esposo la conducía en la silla de ruedas por los pasillos del Tronador Hills Verónica miraba a la pequeña y tierna cosita dormida entre sus brazos. La idea de que su nueva hija fuera producto del sexo más salvaje y pecaminoso la había atormentado durante el embarazo y falto muy poco para que la abortaran. Sino fuera porque el Padre Merry, de la Iglesia de San Jorge, les rogó que no lo hicieran.

Más una fibra de madre y de amor que crecería con el tiempo nació en ella al llegar a las puertas de salida del hospital. Daniela, nombre que le habían dado por el profeta Daniel, "El Juicio de Dios" tenía la belleza de toda recién nacida con una particularidad que a su padre no le gustaba en lo absoluto, pero que Verónica había aprendido a querer.

- Quédate acá.- Dijo su esposo. - Voy a buscar la camioneta y te subo.

Su esposo, de paso cansado, se alejó. Verónica miró la tarde resplandeciente de azul y dorado. Jugueteó un poco en la barriga de Daniela con sus manos con una sonrisa franca que hace años no se dibujaba en su rostro. Una madre orgullosa, aunque todavía, secretamente orgullosa. Mientras en esto andaba y Daniela se movía divertida entre sus brazos, la sombra de un hombre alto con sombrero se posó sobre las dos.

- Vaya que es una hermosa Niña la que tiene entre brazos, si me permite decirlo, señora. - Dijo el anciano, correcto quitándose el sombrero al hacer el cumplido.
- Muchas gracias señor. - Dijo Verónica sorprendida ante el galante caballero de caro vestir. - Se llama Daniela. Mira al señor Dani....

La pequeña, abrió los ojos y estos eran de un profundo color amatista. Hizo algunas muecas y extendió sus brazos como alegrándose ante el extraño anciano. - A mi esposo no le gustan sabe. Aunque cambiaran, es apenas un bebe. Los médicos dicen que es una rareza que tenga ese color. Pero para mi es el color más hermoso del mundo. - Verónica beso la cabeza de Dani.

- Tiene usted toda la razón, jovencita. - Replicó Thomas.

Daniela señaló hacia la derecha, dibujando algo parecido a una sonrisa y pataleó de alegría. Intentando tomar algo que a ojos de los demás era invisible. Parada junto a Thomas, invisible, su guardiana desnuda la vigilaba. El Ensamblador, hizo una leve reverencia, se calzó el sombrero y se marchó hacía la plaza frente al hospital. Una vez allí, solo visible de momento para él y la pequeña Daniela, dijo a la Mujer Desnuda con su usual frialdad.

- El nuevo prototipo tiene parte de ti. Aunque es más avanzado. Le sera muy sencillo desarrollarse en la sociedad humana. Tu tarea es cuidar de ella hasta que sea la hora. No olvides que esa niña esta unida a ti por un vinculo único. Como el de madre e hija. Pronto ella lo sabrá. Exactamente en... - Tomó el reloj de cadena de su bolsillo y puntualizo: Exactamente en...18 años desde ahora.

La Mujer Desnuda asintió. Thomas hizo unos pasos más y se volvió hacía la Mujer Desnuda, sonriente.
- Ah...tal vez te interese saberlo. Su nombre es Daniela Vounsheim. Al crecer, lucirá exactamente como la Señora Caroline en el 46, aunque...ya tiene sus ojos.

FIN

Esta Historia Continua en "El Ritual de los Condenados" Click Aquí para ir al Primer Capítulo.







jueves, 23 de abril de 2015

Memorias de la Nevada XXVI



El último Swing de los Sultanes

Hush my darling, don't fear my darling
The lion sleeps tonight
Hush my darling, don't fear my darling
The lion sleeps tonight

 Token - The Lion Sleeps Tonight Lyrics



Mientras los militares intentaban controlar la sangrienta revuelta, otra batalla, más pequeña y más cruel, estaba por comenzar en el Cocoon-Club. Los Sultanes del Swing se encontraban en la armería de la parte trasera del club buscando entre las cajas de munición algo que pudiera surtir efecto ante la amenaza insólita de La Mujer Desnuda. A media luz, dado que un generador de energía había estallado producto de los combates, los hombres de Howar se atiborraban de cargadores, pistolas, rifles y escopetas. Aquellas armas clandestinas, utilizadas en operativos de secuestro, no eran las galantes piezas de metal que usaban los soldados.

Desprovistas de honor como sus dueños, habían sido traídas de Salef, La Ecc, El Congo, Alhastan y casi todo país que Himburgo hubiera invadido en esos años. Los escuadrones de la muerte del ejército eran aun secretos para generales como Russel. Solo selectos miembros de la inteligencia, las fuerzas armadas y el gabinete conocían de sus operaciones.

No vestían uniformes, ni llevaban identificación alguna. Eran las sombras esquivas e ignotas de una dictadura sangrienta. "Los Hombres de Gris", los que "Chupan gente", como se decía en los barrios pobres. Los "Clandestinos", "Comandos civiles" y otros tantos nombres que aun hoy resuenan en la cabeza de los Himburgueses como el más terrible de los miedos, aquel que no tiene rostro. El que observa sin ser observado, la pregunta que no tiene respuesta pero se insinúa, el que esta pero nunca se hace presente.

Los Sultanes del swing se miraban nerviosos los unos a los otros mientras se pertrechaban al acalorado ruido de arneses, balas, granadas y cartuchos. Habían oído lo dicho por Tigre "Se cojio toda la comisaria" ¿Una sola mujer? ¿La misma que ellos recordaban? ¿La pendeja borracha? A pesar de estar imbuidos en un mundo de secretismo y horror demasiado complejo para imaginar,  en sus ojos estaba patente el terror.

En cualquier momento "eso" iba a caer sobre ellos como un torbellino de violencia indetenible que no iba a cejar un segundo en aniquilarlos. No había lugar para tratos, negociaciones o piedad. Como una marea de tinieblas iba a sacudir todo el Cocoon-Club hasta que no quedara ni uno solo de ellos y tan pronto como habría llegado, se marcharía dejando un rastro de sangre y fuego detrás de sí.

Howar, más avispado que la mayoría  entendía cual era el miedo de sus hombres. Temían a la Mujer Desnuda por que habían hecho lo mismo un sin fin de veces. Conocían mejor que nadie lo que significa ser arrancado de la vida en un instante cegador, no falto de balas y ajetreó. Si había en sus mentes algún rostro fantasmagórico de los cientos de secuestrados y ejecutados, en este preciso momento se aparecían delante de ellos mostrandoles la fosa común a donde iban a ir a parar. Paradojicamente, La Mujer Desnuda era una creación muy similar a Howar y los sultanes. Un hermoso rostro de galante sonrisa con una brillante guadaña traicionera escondida detrás. Ellos estaban entrenados para todo en este mundo, menos para ser victimas de sus propias tácticas.

La Mujer Desnuda no hacía juicios morales sobre las misiones que se le encomendaban desde El Otro lado del Círculo. No tenía reparos ni se medía a la hora de cumplir los necesarios objetivos. Su único propósito era matar. Matar de manera eficiente, ordenada y direccionada. Elevar reporte a su superior y hasta mañana. Igual que los Sultanes del Swing y tantos otros como ellos.

A solo cien metros del Cocoon, sus pies descalzos avanzaban hacía el cartel luminoso frente a la gasolinera de la Wako. Sus ojos amatistas encontraron el objetivo y sin que se le cayera un pelo de esa cabellera abultada y seductora fue hacía ellos. El observador en la terraza la vio cruzar la calle con la diligencia de una emisaria de la muerte. No necesitaba cubrirse la cara, ni llegar con muchos otros tras ellas, cubrir esquinas, hacer operativos sorpresa rodeada por la policía local. Venía sola como la última vez que estuvo allí. Desde el tejado del Coocon, el francotirador buscó con su mirilla su cuello níveo. El punto de mira se poso en esa hermosa piel blanca y suave. Cargó la bala y contuvo la respiración.

Cuando llevó sus dedos al gatillo la Mujer Desnuda lo avistó y sonriendo de manera maliciosa le saludo, como una modelo en un desfile que identifica a un fan. La expresión cambió de pronto y la Mujer cerró sus ojos como si entrara en un trance, sus manos se elevaron como en plegaría y susurró algo, palabras oscuras salieron de sus labios carnosos y ante la mirada azorada del tirador dos enormes alas de plumas negras se desplegar desde sus espaldas. Los ojos centellaron cegando por su resplandor al francotirador con su ojo en el lente y una sombra inexorable se abalanzó sobre él.

***
- ¡Ya esta aquí!- Gritó uno de los hombres de Howar por el radio. Todos salieron de la armería hacía la puerta principal del Cocoon, la que daba a la pista de baile tras cruzar un enrejado de la boleteria. Varios de ellos tomaron cobertura en la barra elegante en forma de L. Cargaron sus escopetas y martillaron las pistolas automáticas. Dos, se posicionaron sobre el vip, en la parte superior del Coocon con pequeñas ametralladoras automáticas y rifles de asalto. Esperaron, fijando nerviosamente su mirada en la puerta principal. Podían escuchar su respiración agitada, sentir el sudor caer por su sien. Las manos intentando controlar el pulso con sus ojos en las muescas de puntería. 

Pasados unos veinte segundos desde que tomaran las posiciones ya planeadas por Howar, desde los alto parlantes del Cocoon la música brotó a todo volumen y como por obra manos invisibles las luces de la pista se encendieron como en plena fiesta. Hasta Howar casi se muerte de un paro por el susto, el atronador sistema de sonido provocaba que sintieran golpecitos en su estomago producto de los bajos.
Música
Los oídos se conmovieron y  una mole oscura y de tamaño gigantesco cayó desde el tragaluz del tejado que daba a la pista central. Los vidrios se hicieron pedazos, cayendo hacía la pista como espadas brillantes y polvo de estrellas. La enorme mole oscura había saltado desde el mismo aferrando de su cuello al tirador del techo en una entrada tan súbita como espectacular. Las luces de colores, por un cegador momento, iluminaron en toda su bestialidad a la Mujer Desnuda, inclinada sobre su enemigo con sus alas vueltas hacía arriba en señal de guerra.

Antes de que el primero pudiera apertar el gatillo, la Mujer Desnuda corrió hacía uno de ellos con sus garras abiertas y le incrustó un puño en el estomago. La mano, convertida en garra, se adentró atravesando sus órganos internos y salió victoriosa por la espalda sosteniendo su corazón carmesí. Se movía demasiado rápido aun para los Sultanes del Swing. Las balas salían como demonios enardecidos de los cañones, las luces de la pista estallaban cuando eran alcanzadas, soltando chispas. Los casquillos llovían desde el vip hacía la barra, golpeando a los que se apostaban en ella. 

El segundo abatido fue uno de ellos. La Mujer Desnuda trepó como un lince por la barra aferrándose a la madera con sus garras y tirando al suelo las botellas y maquinas vertedoras. Los proyectiles la seguían de cerca, destrozando las paredes coloridas y los bazos para tragos. Cuando alcanzó al hombre de la escopeta le dio un golpazo con la parte delantera de su palma, quitó de sus manos el arma de fuego y la detonó  a quema ropa de su cara. Sus compañeros vieron como su cabeza humeante y destrozada caía abatida al suelo sucio del Coocon. 

Desde los reservados, al costado de la pista y pegados a la barra de tragos, un hombre armado con una MP5 salió de su escondite disparando a todo calor. Su rostro envuelto en una expresión furibunda. Ametralló a diestra y siniestra, pero más rápida que una arpía, la Mujer Desnuda se elevó en un raudo vuelo, cruzó la distancia que los separaba y le pateó el pecho. El hombre se derrumbó sobre una de las mesitas bajas de los reservados. Fuera del alcance de las luces el militar vio la sombra erguida y alada con sus brillantes ojos amatistas venirse sobre él en el suelo. Sus miembros  salieron despedidos en todas las direcciones, como si un león furioso lo hubiera descuartizado.

A media luz y en la confusión los comandos en la parte superior estaban por completo anonadados. Había matado a cuatro ex boinas verdes y SAS en menos de diez segundos. Nerviosos, estos dos restantes, comenzaron a caminar hacía la puerta trasera del segundo piso sobre una barandilla metálica. Imaginaban que La Mujer Desnuda estaba aun en la parte de los reservados. Pero eran incapaces de oír cualquier movimiento producto de la música. Cubriendo ambos sus espaldas caminaron por la pasarela rechinante. 

- ¿Y bien?- Pregunto Howar desde el Radio.
- Acaba de masacrar a Dull, Robinson y Kaller. Esa cosa tiene alas How...- Respondió su subalterno.
- Sigan el plan. Asegúrense de que venga hasta aquí.
- Sí señor.

Los dos militares abrieron la puerta de acero e ingresaron a los bastidores. Una escalinata con baranda verde bajaba hasta la primera planta. Luego la misma conducía a la puerta del frigorífico (ahora sala de Interrogación) y este llevaba a otro corredor tan largo como sombrío. La última puerta conducía hasta el Aeródromo en si y la pista de aterrizaje.

Ambos bajaron por la estrecha escalinata. La música se apagó de repente y el silenció mortuorio regresó. Pero más allá de sus propios pasos y respiración no escucharon nada. Dieron la vuelta al recodo de la escalera con sus armas temblando en su manos y abrieron la puerta del frigorífico. Se cercioraron que la otra, que conectaba con la pista, estaba cerrada. 

La luz de tubo fría y hospitalaria mostraba las manchas de sangre seca en el suelo derramada por los detenidos ejecutados o torturados allí. La sillita de mimbre donde a menudo interrogaban a los prisioneros aun aguardaba en el centro. Los azulejos llenos de moho y mugre le daban al lugar la inequívoca apariencia de un centro de Detención clandestino. Los ganchos para la carne en el techo aun tenían colgados a algunos infortunados Himburguses. 

De pronto los Sultanes se imaginaron a si mismos clavados allí con sus calaveras a medio pudrir y su sonrisa brutal mostrando aun las sangrantes encías. Con todo el cuidado de un profesional apuntaban sus armas en los espacios entre los cuerpos, esperando hallar de un momento a otro a la Mujer Desnuda allí. Sus mentes estaban siendo sometidas no solo a la presión del combate, sino también a algo más. Algo que hacía fuerza por entrar en ellas y quebrarlas, aplastarlas de un pisotón.

Estando a apenas unos pasos de la puerta hacía el corredor de salida, uno de ellos sintió algo suave caer sobre su mano. Cuando llevó su vista al suelo encontró una larga pluma negra. Antes de que pudiera gritar, La Mujer Desnuda, encaramada sobre el techo como una araña sostenida por sus garras saltó sobre él. Su UZI 9MM cayo al suelo resbaloso. La Mujer Desnuda elevó su brazo y se lo clavó en la parte baja de su espalda, atravesando aun el suelo de concreto sin mayor dificultad. Su compañero disparó varías ráfagas de metralla a no más de un metro de distancia de la Mujer desnuda. Cuando el Clank fatal le indicó que no tenía más balas se desesperó. Ella se levantó del suelo como una fiera que contiene el zarpazo final. Lo miro un segundo a los ojos, le sonrió y abrió su puño. Del mismo cayeron, inútiles las más de 20 rondas que él había disparado.

El último hombre antes de Howar intentó huir, pero lleno de temor olvido que la puerta de salida a la pista estaba cerrada. Chocó contra el acero pintado de verde al igual que Lucy Drissen esa noche. La Mujer Desnuda lo aferró por la nuca, cogió uno de los ganchos del Frigorífico y, elevándolo del suelo se lo clavó de lleno en el ojo. Cual una res, allí quedo tendido como ropa sucia hasta que murió tres horas después. 

***

A pesar de lo inevitable, Howar tenía un plan y este estaba resultando como esperaba. Él se encontraba atrincherado en un hangar del Aeródromo a las afueras del Cocoon. Cubierto entre cajas de pertrechos militares apuntaba su rifle Anti-Tanque hacía la puertita trasera del club que daba a la pista.  Imaginaba que ni aun eso sería suficiente. Por lo que al costado de su improvisado refugio tenía un lanza cohetes R.P.G de fabricación Brusa y un Lanza Granadas de seis cargas. Sin embargo su confianza no estaba en el poder de sus armas sino más bien en su inteligencia. Imaginando que ninguno de sus soldados había sobrevivido al combate no tenía más que esperar. Ahora el patio de juegos había quedado solo para ellos dos.


En su usual modo de hacer las cosas, la Mujer Desnuda abrió la puerta de una patada y salió al Aeródromo. Por ese mismo corredor y por esa misma pista improvisada la habían arrastrado de los pelos hasta una camioneta. Aunque ella no lo recordara, Lucy sí. y en su cabeza podía oír los gritos desesperados de una muchacha siendo sujetada de sus cabellos, intentando aferrase al suelo con sus pies arañando el crudo y rasposo suelo, sangrando por los tobillos con un vestido de encaje hecho jirones.

Podía sentir el frió y la lluvia de aquella noche en su interior. Las risas bravuconas de Tigre y los demás que ahora yacían muertos en el Cocoon. Oyó las puertas de la camioneta cerrarse, dejándolo todo a oscuras para que se cometieran hechos oscuros. Sus ojos amatistas examinaron las ruinas de ese viejo aeródromo buscando un enemigo. Entre los demorados fierros y aviones inservibles anidaba el Tigre que Lucy había intentado montar, lograndolo contra toda posibilidad. Eso le hizo saber a Mísinas que la resistencia de los hombres, aun los más pequeños y adormecidos era verdaderamente asombrosa. Cualquier Raza que pudiera soportar tamaña maldad era de ser temida.

Los pasos inciertos de una muchacha en un día de fiesta habían llegado hasta aquí. A los inicios, aun tibios pero firmes, de una nueva era. Una era que con descarada desfachatez presentaba sus horrores y atrocidades con la sorna de un Rey. Un hombre que muestra con orgullo los castillos de arena sobre los cuales se para su poder. Un castillo de naipes que no sería nada difícil soplar. No podía haber mejor momento para sus planes, el mundo humano estaba entregado en bandeja de plata para que ella se lo tragara de un bocado feroz. 

***

Howar la siguió con la mirilla de su antiguo rifle antitanque de fabricación Helleniana. Una vez la encontró cerca se apeó con el rifle en mano, como un cazador experto y gritó:
- ¡Aquí me tienes Lucy! -

Disparó, solo con la intención de provocarla, de enfurecerla. El proyectil le dio entre los ojos y rebotó como si acabara de golpear una puerta blindada de un bunker nuclear. La Mujer Desnuda cayo sentada de culo e inmediatamente recompuso la postura. 

Clavó su mirada en él, del otro lado de la pista y se abalanzó sobre Howar con su cuerpo inclinado y sus alas hacía arriba. Howar se sonrío, había caído en la trampa. Una mina tipo Claymore, sujetada a otros explosivos improvisados localizados debajo de camiones de combustible y cargas de Napalm.

Tan pronto como paso entre dos camiones de combustible para aviones a toda velocidad se llevó por delante el alambre de la trampa "Caza Bobos". Las bombas de Napalm estallaron haciendo que el cielo y el suelo temblaran, estremeciendo hasta los cimientos el hangar y la torre de Control. No por nada Howar era experto en demoliciones. La enorme mole de vidrio, metal, hierro y antenas de la Torre de Control cayo exactamente sobre la Mujer Desnuda y se perdió en un bálsamo de fuego ardiente. Escupiendo polvo y despojos herrumbrados la cabeza de la torre se hizo pedazos y elevó una capa de polvo que cubrió todo el Aeródromo y el Cocoon Club.

Uno de los Helicópteros estacionados se ladeó producto del estallido y en su feroz y violenta acometida golpeó otros dos que se incendiaron tan pronto como la perdida de sus combustibles fue alcanzado por el fuego. Al igual que en Alasthan Howard vio las columnas de fuego levantarse en plena noche, arañando y lamiendo los pies de las estrellas. El césped a los bordes de la pista se encandilo en súbita combustión elevando una cortina de humo negra de brazas ardientes que caían sobre el suelo.

Con la expresión de un ganador, Howard tomó el lanza granadas y salió de cobertura caminando lentamente hacía el desastre que él mismo había provocado. Nada en este mundo podía sobrevivir a semejante cosa, Humano o no. El fuego era tal que estando aun a 150 metros de distancia el calor empezaba a sofocarlo rápidamente. Aguardo unos segundos con el dedo en el gatillo del lanza granadas esperando ver u oír algo. Pero más allá del crepitar del fuego y algunos estallidos de cajas de munición nada parecía moverse en ese incendió voraz.

Sacó de su bolsillo un Jockey Race y lo encendió con su zippo. Pero tan pronto como el Clank del encendedor se hizo escuchar, otro más grave y furioso le siguió. Congelado por el terror, Howe llevó sus ojos a los ardientes metales. Corriendo fierros, parabrisas, paneles de computadoras e instrumentos de vuelo en desuso La Mujer Desnuda salió de entre las toneladas del metal sin un solo rasguño. El cigarrillo de Howar cayo al suelo, pues su boca se abrió de par en par producto del asombro. 
Engalanada en una capa de llamas, llamas que ardían como su furia, la Mujer Desnuda caminó entre el metal fundido y el humo sin siquiera sangrar. Los ojos Amatistas coronaban la silueta oscura por el hollín y cuando bajó de la pira monstruosa, Howar vio que sus alas se quemaban y caían desplumadas al suelo dejando un rastro plumifero y ardiente tras sus mortíferos pasos. Pero sin el más mínimo rastro de herida alguna. El hollín se desvaneció de todo su perfecto cuerpo paulatinamente y en su máximo esplendor llegó a unos diez metros de él caminando indemne, impune e invencible como la muerte.

- ¡Morite Puta! ¡Morite de una vez Hija de puta!- Gritó Howar desesperado. Efectivamente nada de este mundo podría haber sobrevivido a semejante estallido. Pero Howar comprendió muy tarde que La Mujer Desnuda no era de este mundo...

Sin apuro ella siguió en su elegante caminar, pero no reía, tenía una mueca de odió inconfundible en ese rostro de poseía, de ira demasiado contenida para dejar salir. Pues si lo hacía todo Witters Alley iba a ser pulverizado al igual que Lapan Grows. - ¡Morite puta, Morite! ¡Carajo!- Howar disparó el lanza granadas. Hizo un sonido hueco y el proyectil impactó de lleno sobre La Mujer Desnuda. Estalló y la arrastró varios metros hacia atrás, cerca de la pira. Cayo rodando en una vuelta carnero y en el envión cogió del suelo una larga y filosa vara de acero aun ardiente, pero solida. Volvió a levantarse. 

Howar hizo un segundo disparo, la Mujer Desnusa saltó y la granada estalló lejos. -¡Mierda Morite!- Seguía bramando Howar incapaz de creer lo que veía, al punto de la locura súbita. La tercera granada fue, literalmente, bateada por la Mujer Desnuda y la barra de acero. Se desvió e impacto sobre una avioneta que se hizo pedazos, partiendo sus alas.  Howar Fells empezó a llorar de impotencia...

- ¡Que mierda sos! ¿Quien Mierda sos? Pendeja de Mierda...¿¡Quien mierda sos!? 

La Mujer Desnuda extendió su mano hacia Howar y el Lanza Granadas se retorció como una lata al ser compactada, cayo al suelo retraído sobre si mismo. Howar retrocedió y se vio atrapado en el Hangar. Tomó la 45 y Disparó desesperado mientras daba pasos en falso hacía una salida inexistente en la parte trasera del Hangar.

- ¡Que mierda sos Lucy Drissen!- Dijo una vez sus balas, ineficaces, golpearon a La Mujer Desnuda sin daño alguno.

¿Lucy Drissen? ¿Aun crees que mi Nombre es Lucy Drissen, Humano? No, tengo tantos nombres como Pesadillas tiene el Hombre y tantos rostros como Estrellas hay en el cielo. Soy el Final de tu Mundo y de todos los Mundos. 

Howar, al escuchar esas palabras  se derrumbó producto de la desazón y cayo de rodillas ante la magnificencia de la Mujer Desnuda, cuya vara de acero filoso aguardaba impaciente en su mano. 
Soy La Estrella Devoradora, La que yace más allá de la Oscuridad primera. La que se esconde  del Otro lado del Círculo. Soy el Fin de la Existencia y el vacío. Tomó a Howar del mentón con sus dedos suaves y le beso en los labios. Al contacto  Howar Fells vio, en efecto la cara de esa cosa, no Lucy, sino lo que estaba más allá de sus Ojos Amatistas, su mente cruzo planetas, sistemas solares, estrellas innombrables, eras y tiempos por venir y venido. Y la vio Gorda, enorme, infinita y resplandeciente. Mísinas en todo su Guerrero, suspendida sobre el castillo de cristal, los sueños y añoranzas de miles perdiéndose en un vacío infinito de vacuidad devoradora. 

Soy el amargo beso del adiós. 

La barra de aceró de dos metros de longitud se clavó en su pecho, le atravesó las entrañas en el rápido y esperado golpe final, saliendo por su espalda, rompiendo sus costillas y camisa de jean. Howar empezó a tener espasmos, la sangre brotó de su boca en borbotes vomitados con violencia y en su ultimo atisbo de vida sus ojos se encontraron con los de ella. Cruzando su mirada infinita vio a Lucy Drissen bailando en la pista del Cocoon con su vestido de encaje negro, despreocupada y radiante, pero la acompañaban en la alocada danza un sin fin de esqueletos danzarines, haciendo cabriolas chistosas y macabras.

El León Hambriento Himburgues había sido cazado y ella Estaba Feliz.

Tantos otros también...




VÍDEO "EPÍLOGO-LUCY" AQUÍ ABAJO






lunes, 13 de abril de 2015

Memorias de la Nevada XXV

Un Tigre que pide Piedad


Deep in the jungle where the mighty tiger lies
Bill and his elephants were taken by surprise
So Captain Marvel zapped in right between the eyes, zap!
All the children sing

Hey, Bungalow Bill
What did you kill, Bungalow Bill?
Hey, Bungalow Bill
What did you kill, Bungalow Bill?

The Continuing Story Of Bungalow Bill
The Beatles



Lo esencial de lo aprendido para Mísinas era que la vida ya no valía una mierda, ni en Himburgo ni en ningún otro lugar de ese planeta. Esto le daba muchas ventajas. Por un lado podía, básicamente, desatar una oleada de muertes y asesinatos y al mismo tiempo asegurarse que los que se quedaban afuera, se quedaran siempre afuera sin intención de detener la masacre. Tal era el destino de sus victimas en Witters Alley, el mismo que Lucy Drissen. Simplemente, a nadie le importaba quien o como se moría, si la sangre no los salpicaba, entonces no era importante en lo absoluto para el individuó que presenciaba la crueldad. 

Mientras en el norte se iniciaba la revuelta, La Mujer Desnuda había llegado al departamento de policía de Witters, que fiel a su estilo, permanecía con las puertas cerradas por dentro con sus oficiales esperando aburridos que la cuestión de los militares acabase. No iban a apoyar al ejército matando a sus propios vecinos, pero tampoco iban a ayudar a sus vecinos contra el ejército. Por lo cual, para ellos era una noche de lo más tranquila. Apenas habían comenzado los primeros encuentros entre civiles y militares en el norte a unos diez kilómetros de su central.

El policía que se encontraba frente a la puerta de entrada vio caminar, entre las palmeras, una mujer por completo desnuda venir hacía él. La parada de esta, no era casual. Uno de los implicados en el crimen de Lucy estaba allí como nexo entre los hombres del Cocoon y La policía local, lo sabía por Rob. La Mujer Desnuda iba en busca de él para que le diera toda la información referente a "Los Sultanes del Swing"

Lo que hacía al prototipo especialmente bueno para misiones de "Buscar y destruir" era el hecho de que no solo mataba a sus victimas, sino que las devoraba para su señora. Mientras más almas sufrieran la inclemencia de su fuerza, más información absorbía. El Ensamble no iba a preguntar a los vecinos de Witters Alley si habían visto a tal o cual. Con lo obtenido de Rob (el segundo absorbido) ya sabía quienes componían el grupo, sus nombres y en algunos casos sus roles. Pero, a veces la victima moría antes de poder extraer de su mente todo lo necesario para terminar la búsqueda. Dado que La Mujer Desnuda estaba muy hambrienta, se precipitó en el hospital. 

Se detuvo ante el vidrio blindado de la puerta y de un solo golpe lo hizo pedazos. Ingresó en toda su arrogancia y pasó por debajo de las luces de tubo blanco. El oficial se levantó con sus ojos completamente sorprendidos por lo que acababa de ver. Ni una granada podría romper esos vidrios. La Mujer Desnuda pasó sobre el cristal roto sin una mueca de dolor y llegó ante el escritorio.

Miro al humano delante suyo y dijo con aquella voz que intentaba emular una voz humana. Gutural y sin vida:
- Tigre.
- ¿Como dijo?- Preguntó el policía buscando la alarma debajo del escritorio. La Mujer Desnuda adivinó sus intenciones en un segundo. Tomó al hombre por la nuca y estrelló su cabeza contra el monitor de la computadora. - Tigre. Repitió. Sacó su cabeza de adentro de la PC, el hombre se había desmayado.
Oyó una voz venir desde el pasillo detrás:
- Connor...¿Tenes un ciga....- El sujetó se quedo sin palabras al ver la sangrienta escena. Llevó una mano a su pistola. La Mujer Desnuda tomó el CPU y lo arrojó al pecho de su enemigo. Cuando este se tambaleó, junto sus dedos formando aquella lanza y lo decapitó de un solo golpe. Tomó de su cinturón la pistola automática e ingresó en la parte administrativa de la comisaria. Detras de unos paneles plásticos. 

Las puertas de vidrió ciego fueron abiertas por una ráfaga de disparos enloquecidos. La Mujer Desnuda entró como un minotauro y halló allí a unos viente o veinticinco oficiales. Llevó su vista a las luces de tubo de la amplia sala y como a una orden de su mente, estas estallaron sobre los atónitos humanos. Luego aferró sus manos a uno de los escritorios, lo levantó y lo lanzó sobre quienes tenía delante. 

Creyéndose victimas de un ataque terrorista (por una loca desnuda) los oficiales empezaron a dar la alerta grandes voces. Y todos en el edificio se dispusieron a luchar. Pero era inútil. La Mujer Desnuda avanzaba hacía sus balas sin el menor rasguñó y cuando se encontraban a su alcance los atravesaba con sus propias manos de formas tan horrorosas como imaginativas. Cuando se le acabaron las balas de la 45, cogió de una victima una Escopeta y disparó sobre las oficinas donde se cubrían los policías. Los vidrios de las distintas dependencias estallaban, manchándose de sangre. Las balas volaban por todos lados, haciendo saltar el yeso de las paredes y el mármol de las columnas, cubriendo de polvo a la Mujer Desnuda, quien impiadosa, atravesaba pechos, estómagos y rostros con ese mandoble infernal que eran sus brazos. Si salían de cobertura, la Mujer Desnuda descargaba el plomó de su escopeta sobre ellos con la presicion de una tiradora experta.


Finalmente dio con un pasillo que llevaba a la armería. Entró a la fuerza acogotando a su custodio y destrozó las rejas protectoras del arsenal. Cogió de allí un Rifle FAL, lo eligió tras reconocerlo luego de su encuentro con Phill. Las Armas Humanas, para su asombro, eran muy efectivas a la hora de matar Humanos. Salió del pequeño cuarto escupiendo ráfaga tras ráfaga de metralla ensordecedora y mortal. Aniquiló a siete de un solo intentó. No importaba si corrían en busca de salvar su vida, espantados o no, los fulminaba. Lucy Drissen lo pedía, su sangre aun ardía dentro de La Mujer Desnuda y, algo lo último que había quedado en ese cuerpo de Lucy era el Odio hacía esas personas. 

Deseaba ver, sentir y oír sus gritos, sus esperanzas, sus sueños, sus anhelos, ser aniquilados de manera tan sorpresiva como horrorosa. Ojo por ojo, Diente por diente, nada había cambiado en los últimos siglos. Ella lo sabía, Mísinas lo sabía, Bala por bala. 

La Mujer Desnuda con su gesto inescrutable se abrió paso hacía el segundo piso, donde se encontraban las oficinas de los rangos importantes. Llegó al recodó, un valiente aunque idiota hombre le salió al encuentro con un M16. La Mujer Desnuda lo ametralló casi a quema ropa. Subió por los escalones con sus pies enchastrados de sangre, dejando su rastro por todos lados. Al llegar a la segunda planta tiró el FAL sin balas al suelo y se abalanzó sobre los restantes oficiales en el pequeño break room. Tomó una mesa, mientras las balas mordían su madera, arrancó una pata y la clavó en el cuello de uno de ellos. La retiró y estacó a un segundo en el estomago, atravezandolo. Lo soltó, aferró en sus manos al tercero y antes de que pudiera huir lo lanzó por la ventana para que aterrizara en el estacionamiento.


***

Tigre creyó que estaba a salvo cuando, saltando desde una ventana, llegó a su auto estacionado en la parte trasera de la comisaria. Le alcanzó con ver a la Mujer Desnuda destrozando la planta baja por las cámaras de seguridad para darse cuenta que no tenía oportunidad. Los Disparos y gritos de horror se escuchaban aun en el segundo piso, cuando Tigre llegó hasta la puerta de su Ford Negro. Mientras intentaba abrirla un policía aterrizó justo sobre el parabrisas del carro.

Al alzar la vista la vio. Lucy Drissen inclinada sobre la ventana destrozada como una gárgola silenciosa. Sus ojos Amatistas se clavaron en él. Creyó ver en su rostro una ligera, mínima tal vez, expresión, de asombro o apremió. El apremió era, efectivamente,  por matarlo. Tigre corrió en busca de otro auto, rompió la ventana del conductor e ingresó en el mismo. Detrás suyo, La Mujer Desnuda saltó desde el segundo piso y fracturó la calzada producto de su peso como un personaje de Dragón Ball Z.

El comando militar se parecía más a un carterista apurado por huir de la policía. Hizo el contacto con los cables detrás del volante y arrancó a toda velocidad en dirección al Cocoon. Tomó la radio del Ford y gimió:
- Howie, soy Tigre. Stan tenía razón...esta...lo que sea se acaba de cojer a toda la comisaría de Witters. Tenes que mandarme apoyo. Veni con una Bazooka, no se como, pero le tiraron con todo y la mina ni siquiera sangra...

Decía mientras conducía alocadamente por la avenida principal de Witters. Howie respondió por el radio:
- Lo Siento Tigre...repite...no te...- La Radió fue bruscamente interrumpida. En vez de las palabras de su superior, brotó del esteró una vieja canción de los Beatles. Y luego la voz de un Locutor clamó:
Y aquí tenemos el Nuevo Adelanto de Regresados de la Tumba. En este emocionante capítulo, la chica Violada que a todos les importaba una mierda vuelve a su pueblo natal a recuperar el Ojo que le sacaron con un Cuchillo Congoles. Este es un mensaje desde El Otro lado del Círculo para "Tigre". "Todo lo que sube, tiene que bajar, pero cuando baja ¡Cuidado! ¡Se puede desplomar!

En efecto, se desplomó, mientras Tigre maniobraba a velocidades suicidas por el centro de Witters Alley, apenas creyendo lo que escuchaba, un coche de Policía aterrizó justo delante de él como si King Kong, furioso, se lo hubiera lanzado para aplastarlo. El crujido de sus hierros y llantas fue tal, y tan próximo, que Tigre se vio obligado a girar a la derecha, haciendo que su Ford volcara, dando giros sobre sí mismo hasta estrellarse contra la pared de un deposito. El gran Boina Verde, abrió la puerta de una patada y tan pronto como alzo la vista vio a La Mujer Desnuda a solo cincuenta metros de distancia.

¿Como era posible? ¿Como le había alcanzado a pie?. Tigre, sangrando por la frente empezó a mirar a su alrededor, pero estaba perdido en la oscuridad de su propia mente. Atinó a correr hacía atrás. Pero la Mujer Desnuda obró una orden con su mente hacía una camioneta estacionada en la acera y esta salió  rodando, impulsada por su poder, bloqueandole la salida de la calle.

Acorralado, el miembro de los Sultantes del Swing abrió fuego sobre ella. Las balas solo provocaban que La Mujer Desnuda sonriera, de forma idéntica a Lucy. Como si regodeara en la mirada impotente y asustada de su victima. Aunque no lo comprendía con totalidad, sabía que esta era especial para su señora.

Tigre soltó la pistola y hecho mano a su cuchillo.
- Bueno, Putita, vamos a hacer como la última vez....Vas a ver como...

La Mujer Desnuda se adelantó de un salto e introdujo su mano en la boca del militar. Arrancó de cuajo su lengua y dentadura inferior de un solo movimiento. Tigre cayó al suelo, manando más sangre de la que hubiera visto en los campos de batalla que conocía. La Mujer Desnuda, al estilo Lucy, llevó un dedo a sus bellos labios como una enfermera pidiendo silencio. Negó con la cabeza, sonriendo radiante.

Hola....Tigre. Escuchó en su mente. Ho-la. ¿Me harías el favor de devolverme el Ojo que me falta?
La Mujer Desnuda hundió un dedo en su ojo derecho hasta el nudillo, la uña de La Mujer se clavó en su cerebro.  ¿Duele? Preguntó en su mente. Tigre tomó el brazo de Lucy, desesperado, deshaciéndose en gritos de dolor. ¿Así? Su enemiga enterró aun más  su dedo indice y comenzó a retorcerlo dentro de su cráneo, pinzando, desde dentro, su ojo izquierdo. De esta imaginativa manera, absorbió la información que necesitaba.

El boina no sabía que le dolía más si la boca o el ojo. Atacó con su cuchillo una pierna de Lucy. La Mujer Desnuda dejó que el aceró se le clavara en su muslo. Como ácido sulfúrico, la extraña materia negra dentro de ella se vertió sobre los dedos fuertes de Tigre, deshaciendolos, separandolos de su palma como si estuviesen hechos de manteca. Uno a uno, como medallas, se soltaron a los pies de Lucy.
Música
- Piedad...- Empezó a susurrar mentalmente Tigre, pero las palabras  se le confundían. Ahora parecía estar no en Witters, sino en una carretera oscura, donde las luces del alumbrado se elevaban sobre él como ominosos y terribles dioses luminosos. Sentía que llevaba caminando un siglo...le dolía cada musculo de su cuerpo. La entrepierna sangraba. Llovía a cantaros y tenía mucho frío. Luces. ¡Un auto! ¡un auto acaba de detenerse! ¡Auxilio!. No podía gritar, ya no tenía fuerzas para gritar.

¿Que sabe tu especie de la piedad, humano?

Había que llegar hasta ese vehículo aunque fuera lo último que haga en su vida. Sus piernas apenas podían tenerla de pie. Su único ojo estaba tan hinchado que era una tortura intentar abrirlo y los cabellos apelmazados por su propia sangre no ayudaban a mejorar la visión. Con su mano, de dedos lupsados se corrió el cabello y se vio en un reflejó en el agua de un charco sobre la ruta tras dar un mal paso.

¿Que sabe tu especie del Dolor? Dímelo...no lo puedo comprender. No aun en mi Inveterada existencia, lo he podido comprender. ¿A donde han ido los pastores amistosos y los amantes gentiles? 

Su rostro...¿Que había pasado con su rostro? ¡Su ojo! ¡Por dios le habían arrancado de cuajo un Ojo! ¿Por que? ¿Que había hecho para merecer eso? ¿Ir a bailar?. No, no era momento de eso. El auto, ¡el auto! Un hombre venía hacía ella. ¡Peter! ¡Peter! estoy salvada, gracias Dios, oh gracias Dios....Él... él me va a ayudar, solo tengo que llegar hasta él. Vamos nena, vamos, podes, solo siete, ocho pasos más y a casa...a casa con mamá.

Con Tigre arrodillado delante suyo y su mano aun clavada en su ojo. La Mujer Desnuda tomó el cuchillo que este había soltado y lo llevó hasta su ojo izquierdo, preparando el último golpe.

Ni siquiera tu lo sabes. ¿verdad?

Gracias a Dios...¿Que pasa? ¿Por que me mira así? No..no...no... ¿Que le pasa? ¿Que no me ve? ¿Que no me ve acá parada? ¡Auxilio! ¿Por que se aleja? ¿A donde va? ¡A donde mierda se va! ¿Que si tengo frió? ¡Ojala fuera lo único de que preocuparme ahora! ¿Que camine Cuatro KM? No puedo ni pararme....Peter...no te vayas Peter....¡PETER! ¡PETER!

Son como viejos fantasmas. Ya ni si quiera se reconocen entre sí. Por eso le quitaste su ojo derecho...¿Verdad? Lo que los ojos no ven, corazón no siente. ¡Que detalle tan altruista de tu parte! 

Apenas despierta, algo soñolienta, la Gran y vieja Estrella que seguía a Jhoony sintió que algo en su interior se revolvía. Un llamado, una voz, en ese enorme universo. Un sentimiento que se le hizo reconocible. Nada lejos de Jhoony...en efecto en el mismo pueblo donde este vivía. ¿Quien era esa chica? ¿Por que sufría tanto? ¿Por que se sentía tan sola rodeada de tantos otros de su especie? ¿Era posible? ¿Era posible que un ser tan insignificante y finito como esa chica sintiera tanto dolor como ella? ¿Era acaso posible que un ser humano, aun quesea por un segundo pudiera emular su pesar?...Rápido Thomas...había que enviar a Thomas. Era el espécimen perfecto. Era lo que había buscado en los últimos 5000 años.

Yo me conmoví, pero aun siendo un humano, jamas me comprenderás. Ojo por Ojo Tigre y Diente por Diente.

La Mujer Desnuda hundió la hoja del puñal hasta el mango. Tigre pasó sus últimos años en un viejo y casi abandonado hospital militar para veteranos en un coma que se extendió hasta el año 99. Cada día de esos años soñaba que estaba en la curva de una carretera, una noche lluviosa de Julio, pidiendo auxilio a un conductor llamado Peter. Pero en el reflejó del charco solo era capaz de verse a sí mismo y el conductor siempre se transformaba en Una Mujer Desnuda llamada Lucy Drissen. Y la salvaje casería comenzaba, otra vez...

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viernes, 10 de abril de 2015

Memorias de la Nevada XXIV

La última Luna


El impacto no fue tan grande como el de Lapan Grows, aunque se hizo sentir. A las 23:55, casi un día después de que el ejercito tomara el control de Witters y alrededores, una bola de fuego apareció en los cielos despejados de Himburgo y, dejando una flameante estela en su curso, se estrelló contra las montañas de las Sorrim y sus bosques aledaños. La misma fue detectada por los radares y vista por los militares en el mirador del pueblo, a pocos Kilometros de distancia del lugar. Enviaron comunicaciones por radió y despacharon dos unidades de reconocimiento al área. 

***
Shoot me down, baby look at your move
I know you ain't got a thing to lose
Dancing fool, fight for breath
The way you look you scare a man to death

Bad Woman
Motorhead

00.00 Horas, afueras de Witters Alley.

Nada dispuesto a poner en riesgo a soldados del ejército en un incendio, la policía de Witters fue la encargada de hacer el primer trabajo de reconocimiento del área. El coche patrulla avanzaba a toda velocidad en medio de la noche estrellada. Delante de su parabrisas gran parte del bosque de Pent ardía en llamas como si hubiesen soltado toneladas de napalm sobre el mismo. Los faros de su patrulla iluminaban el asfalto y los despojos dejados por la explosión. Postes telefónicos caídos en el suelo como pequeñas piezas de dominó lanzando chispas. Cercas de campo arrancadas producto de la onda expansiva. Más allá del incendió el poder de la explosión no parecía haber producido victimas civiles. Las casas de los granjeros o peones estaban intactas. Aunque quienes tenían bonitas propiedades o cabañas en el bosque debían haber muerto de seguro. Asombrosamente más tarde se descubrió que este impacto no trajo como consecuencia victimas. Para Mísinas no era necesario ya hacer su vulgar despliegue de poder como en Lapan. La paranoia había puesto todo en marcha hace tiempo. 

A unos dos kilómetros del sitió de impacto, la patrulla de policía recibió desde el radió una alerta:
449, Responda 449
Aquí 449, oficial Tipits. Diga central.
449, se han reportado sonidos de disparos en la Granja Geerdon. Se le solicita que verifique la situación. Base quiere asegurarse de que el área este limpia de civiles  antes de ingresar. Cambio.
- Copiado Central. 449 en marcha.

Tiptis encendió la sirena y se desvió del camino de tierra que llevaba al bosque hacía la carretera nuevamente. - Geerdon es un borracho. Dijo su compañero Love. - ¿Que tenemos que hacer con él? ¿Desalojarlo? 
- Si los militares quieren el área limpia, supongo que a eso se refiere. El idiota le debe haber disparado a alguno de los soldados en la ruta. Ese hombre le dispara a casi cualquier cosa que se acerca a su terreno sin aviso. No te preocupes, si no esta ebrio es muy amable. Lo llevaremos  junto a los demás civiles desalojados y ya acabaremos con esta mierda de trabajo. 

Ahora con las llamas a su izquierda, voraces y luminosas, la patrulla policial divisó a lo lejos la granja de de los Geerdon. Habían ido muchas veces antes, pues el dueño solía tener problemas con sus vecinos y a menudo los amenazaba con su escopeta de doble caño como si se tratara de Elmer o Sam Bigotes. Por otra parte los policías se sintieron aliviados de no tener que acercarse a las llamas del bosque. 

La granja estaba a oscuras y en silenció. El fuego del incendio se reflejaba en sus ventanas por encima de la cerca de madera. El molinete de viento giraba enloquecido sobre su eje y frente a la entrada de la casa los faros de la patrulla iluminaron una camioneta Ford 4x4  sobre la cual un poste de teléfono había caído. No muy lejos otro cable de alta tensión estaba suspendido en el aire vomitando chispas azules y amarillas. 

- Que desastre...- Dijo Tipits deteniendo el móvil.

El silencio que rodeaba la triste escena incomodó rápidamente a ambos policías. La granja estaba a oscuras y el humo proveniente del bosque enturbiaba la visión. Los dos policías bajaron con una mano en la culata de sus pistolas y la otra en linternas. Sus pasos resonaron en el asfalto como ecos perdidos en una zona de guerra, aunque tan silenciosa como un cementerio. Un perro a lo lejos ladraba y el murmullo de cortocircuito de los cables se dejaba oír pausadamente.

- Love, fijate la camioneta. Yo voy a la granja. - Dijo Tipits.

Love, rubio y más joven que Tipits, buscó con su linterna señales de vida en los fierros de la Ford, que había dejado marcadas las llantas sobre la carretera. Al apoyar una mano sobre la parte trasera sintió que acababa de tocar una plancha ardiente. El metal ardía. La luz de su linterna no encontró nada en la monta cargas. Love pasó a examinar la cabina de conductor. Una vez allí su herramienta le mostró que el capo y el parabrisas estaban retraídos sobre si mismos como si hubiesen chocado contra un yunque de acero. Doblado sobre sí,  el conductor desgraciado se encontraba atravesado por partes del motor. - Dios...- Dijo Love sintiendo que iba a vomitar ante el hombre compactado allí. 

Dio algunos pasos hacía el portón de la granja, buscando a su compañero. - ¡Tip!- empezó a llamar a grandes voces, incapaz de verlo producto del humo y la oscuridad. - Este flaco se choco con una...- Se interrumpió al notar que, debajo de sus zapatos lustrosos unas formas oscuras y brillantes se relevaban a la luz. Eran las pisadas de pies pequeños marcadas sobre el asfalto por sangre. Iban directamente hacía la Ford accidentada. 

Tomó el Radio. - Tip, ven aquí. No entiendo que mierda paso. Hay pisadas con sangre...
Tip Respondió. - Sera mejor que veas esto....- Su voz, lejana producto de la interferencia de la radio, sonaba horrorizada.

El Policía siguió las señales de su compañero hechas con su linterna y cuando traspuso la cerca de la granja encontró a Tip agachado sobre el cadáver del Sr Greedon. Quien sostenía aun su escopeta aunque había perdido la cabeza. Love vomitó los ravioles de esa noche al ver la cabeza de Greedon a unos dos metros de distancia de su cuerpo, justo debajo de sus pies. Una expresión horrenda, macabra, había sido la última que su cara había podido adoptar. 

- Central, Aquí 449.- Dijo Tipits por radio. - Tengo un...

Un espeluznante sonido de lluvia apareció en su comunicador. Intentó de nuevo y solo el gravoso murmullo de interferencia salió del mismo. - Llamá por la tuya. Estos equipos Rocorola son cada vez peores.

Tipits obtuvo un resultado más escalofriante. No solo interferencia....palabras...palabras o voces. Pero no las voces parlanchinas que a menudo interfieren un radio. Eran...sonaban como...lamentos. Casi imperceptibles, ocultos en la maraña de ruido, pero ahí estaban. 

Mientras Tiptis luchaba con el comunicador, dándole golpecitos cada vez más nerviosos. Love vio como detrás de él, viniendo desde la oscuridad y el humo, dos ojos amatistas coronaban una alta silueta que proyectaba sombra sobre su compañero.  Tipits sintió la presencia de un tercero y asustado saltó hacia su compañero. 

Cuando ambos levantaron las linternas hacía aquella negra presencia encontraron un brazo, fino y fuerte atravesando el cuerpo de una mujer. Que aun muerta había quedado preso del mismo. Era la señora Greedon. Estocada por la espalda al igual que Rob en el hospital. Detrás de ella La Mujer Desnuda miraba a los policías con curiosidad. Intentando dilucidar si eran una amenaza para ella y sus planes. 

Los oficiales no pudieron disparar, aterrados, atónitos como estaban ante lo que veían. Cuando la Mujer Desnuda retiró el brazo del cuerpo inerte de su victima el mismo parecía una lanza cubierta de sangre. Ella tenía hambre, el viaje siempre le daba hambre dado el esfuerzo que suponía para ella hacer tal travesía, de ida o de vuelta. La Mujer Desnuda pareció resolver alguna cuestión dentro de su mente y hubo un cambió en sus ojos. Ahora los observaba como un tigre a punto de saltar sobre su presa. Su andar decidido aceleró.

Tipits y Love dispararon, con igual resultado que los hombres de Fells. Las balas no le hicieron el menor daño, solo se deshicieron en partículas de plomo a un centímetro de su piel. En un movimiento casi mecánico La Mujer Desnuda tomó por el brazo a Tiptis y dirigió su arma hacia su compañero mientras accionaba el gatillo. Una vez Love recibió dos en el pecho, Tipits sintió que su espina se fracturaba al instante de un rodillazo de la Mujer. El crack de sus huesos se escuchó tan fuerte como los disparos de su arma. Cuando caía al suelo, la Mujer Desnuda lo tomó del mentón y dobló su cuello en una maniobra asesina. 

Love comenzó a arrastrarse fuera de esa cosa. Sangrando por el estomago y pecho araño la tierra de la granja, escupiendo sangre y mirando atrás. Esa hermosa y despiadada mujer parecía salida de una película de terror. Como una androide que viene del futuro o algo salido de la dimensión desconocida. Sus ojos fulguraban hambrientos y se acercaban inexorablemente, sin apuros, hacía su victima. 

El policía alzó las manos en señal de rendición. La Mujer Desnuda aplastó su estomago de una fuerte y descalza pisada. Love se dobló en dos. Cuando llevó su mano hacía la pierna de la Mujer, para sacársela de encima, las piel de sus manos se derritió como si acabara de tocar acero ardiente. Se pegoteo y lanzó un tufo horrendo. Gritó tanto de dolor y desesperación que se quedo sin voz. La Mujer Desnuda giró su cabeza hacía la patrulla de policía estacionada, vio el logo y la leyenda que rezaba "Policía de Witters Alley". Miró hacía Love, debajo de sus fuertes piernas y lo tomó del cuello. Puso su nariz delante de la suya y dijo en un pésimo Himburgues:
- ¿Donde? ¿Policía?
- ¿Que?
La Mujer Desnuda apretó aun más su pescuezo. Love pensó que sus dientes iban a salir volando producto de la presión.
- Policía. Casa-Policía.- Sus ojos hipnóticos hicieron que Love se perdiera en un mundo de vació y horror. Sintió que caía a velocidades imposibles a un pozo sin fondo. En ese vació solo estaban esos ojos y ese color. Policía-Casa-Donde.

Le estaba preguntando en que dirección estaba la comisaría.
- A... seis kilómetros...sobre la 4. Dos palmeras en el frente....-

La Mujer Desnuda lo soltó. Y cuando este cayó al suelo le aplastó la cabeza de un pisotón, haciendo que sus sesos y cráneo estallaran en cientos de viscosos y carnosos pedazos. 

***
A pesar de que nadie recuerde ya a Lucy, si muchos cuentan la historia de "La mujer fantasma" que recorre las carreteras en busca de victimas. Este episodio, en parte, ayudo a crear la leyenda. Ahí andaba, deliciosamente bella y deliciosamente libre, mostrando su trasero en plena noche caminando por la ruta como quien busca un aventón. Su mano derecha cubierta de sangre, sus pies y pantorrillas salpicadas por las victimas pisoteadas. Apareciendo solo bajó las luces del alumbrado de la ruta, su figura solitaria avanzaba con la certeza de la muerte y la arrogancia de un jinete del Apocalipsis. 

Homicida, aunque limpia, La Mujer Desnuda aprovechó el trayecto para evaporar todo rastro de sangre de su cuerpo aumentando el calor que su cuerpo expedía. El cuerpo humano de Lucy Drissen era solo una cascara, una imagen que contenía el poder indómito y destructor de la estrella de Mísinas. Estaba hecha de un material que no existía en este mundo, revestida con una coraza tan invisible como infranqueable. Solo una espada santificada por algún maestro Dracida o Vlaind podría dañarla y no cualquiera. Para la suerte de Mísinas en Witters no había ningún hijo de los Dioses y si lo hubo fue lo suficientemente inteligente como para no entablar combate con algo que nadie, nadie conocía ni conocería hasta dentro de 18 años.

En la antigüedad se habían forjado espadas para combatir esta clase de...cosas. Imbuidos sus aceros en terribles hechizos y pociones. Pero eso había sido hace 5000 años, 2000 como mucho. Ahora los enemigos que podrían entablar algún combate con La Mujer Desnuda, estaban encerrados en sus propios asuntos, desplazados y ajenos a lo que ocurriera en el mundo humano. Aun así se necesitaría de un Vlaind o Dracida con demasiado poder e inteligencia como para lograr, siquiera, arañar su piel.

Bajo la media luna, partida en su exacta mitad, sus cabellos oscuros se hondeaban en la brisa de la madrugada. Era la señal, la "Mala Luna". Aquella vieja creencia himburguesa de que cuando el satélite terreno esta dividido en dos mitades iguales, las fuerzas de la luz y la oscuridad tienen las mismas posibilidades de vencer. Solo la suerte y la destreza de los contrincantes harán la diferencia, los Dioses a nadie han favorecer ese día. Pero Mísinas sabía también que aquella era la última luna, pues cualquier Dios, o Raza del pasado sería incapaz de detenerla en el presente. Los secretos sobre su existencia habían sido olvidados aun por los hijos de los Dioses. Tan pronto como la conocieran ya estarían dentro de su enorme buche astral. 

A pesar de estar en un éxtasis producto de su reciente despertar la estrella del vacío había hecho una promesa a Lucy Drissen. Y en verdad conmovida por su historia estaba deseosa de cumplirla. Vería que tan fuertes y estúpidos se habían vuelto los hombres en los últimos 4000 años de historia.
***

Ahora bien, a las puertas de Witters Alley los militares habían dispuesto un pelotón de Infantería pesada para evitar que cualquier civil o persona no autorizada entrara o saliera del pueblo. Este puesto de guardia estaba siendo vigilado por doce soldados armados hasta los dientes. Acompañados por un Jeep que cargaba un reflector, dos ametralladoras pesadas FN-MAG y (en el despropósito total) un pequeño equipo antitanque formado por otros cuatro hombres. Desde ya que nadie, dentro o fuera de Witters Alley se había atrevido siquiera a acercarse a veinte metros del mismo. 

Estaba muy oscuro y el haz de luz del reflector buscaba entre los bosques y la carretera algún contacto.  Los tres soldados a cargo de la aburrida tarea, como hombres de armas, reían y bromeaban mientras fumaban un cigarrillo compartido. Detrás de ellos una alambrada de púas y doce rifles más en igual estado de embole. La jalea prometida por sus oficiales desde ya no había sido tal y ahora que la cosa esa había caído no tenían más que esperar ser restituidos a sus bases. El equipo técnico se encargaría de retirar el material una vez apagado el incendió.

Mientras se hacían chistes sobre el tamaño del pene de cada uno, quien vigilaba el norte golpeó el casco del hombre al mando del reflector. - Tengo un contacto. Doscientos metros, justo al frente. 
- Debe ser otro granjero de mierda...- Dijo otro, que mascaba chicle producto de los nervios. 

La luz, recta y blanca dio de llenó sobre la figura de una mujer que caminaba, sin mayor interés, en su dirección. El cabo al mando del pequeño grupo miró por los binoculares. Luego rompió en carcajadas. Los soldados no entendían de que se reía. - Milles, tenes que ver esto...es nuestro día de suerte. Cuando su compañero miró por los prismáticos vio una hermosa mujer por completo desnuda. - Uuuu, miren esa señorita...- Hizo un gesto con sus manos como quien acaba de probar un suculento guiso. 

Como una fila de pajeros, todos se pasaron los prismáticos. Las risas y chistes en el puesto llamaron la atención del sargento. Se abrió paso entre la tropa molesto y dijo: - ¡Que carajo es tan  gracioso!- La tropa le informó con pretendida seriedad que una mamasita desnuda venía directo hacía ellos armada con "Dos tremendas granadas". El Sargento los obligó a ponerse en posición de disparo y tomó un megáfono:

- Usted esta ingresando en una zona militar prohibida para los civiles. Se le ordena que retroceda de inmediato. Tenemos ordenes de abrir fuego si hace lo contrario. Con calma, dese la vuelta y vuelva por donde vino. - Hizo una pausa. - ¡Y por Dios! ¡Póngase algo de ropa!

La Mujer hizo un alto. Sin embargo no retrocedió. Observó con cuidado la distancia que la separaba de la tropa, el alambre de púas y las posiciones fortificadas. Luego comenzó a caminar nuevamente hacía ellos. Sus ojos centellearon. 

El Sargento repitió su advertencia. Pero la Mujer no hacía el menor caso. - ¡Cabo!- Gritó. - Haga un disparo de advertencia a los pies de esa mujer. 
- Oiga...no piensa disparar a....
- ¡Haga lo que se le ordena Cabo!

La Mujer Desnuda vio la bala golpear a solo dos centímetros de sus pies, dejando una marca en el pavimento. Siguió avanzando. - Bueno, ella lo pidió. Compañía, ¡abra fuego! Para su sorpresa nadie lo hizo. Atónito repitió la orden. Pero la tropa se negó. 

He aquí la importancia del cuerpo de Lucy Drissen. Si hubiese sido un hombre, un viejo, una vieja, un lisiado quizás no hubieran dudado en disparar. Pero al verla desde sus miras telescópicas o prismáticos, los Soldados sentían que esa mujer podía ser su novia, su hermana, o aun su madre. Su rostro parecía tener aunque sea una porción de gente que conocían o amaban. Sin contar con que estaba desarmada y solo caminaba. Dado su desnudes podía ser la victima de algún robo, o aun algo peor. Quizás inclusive generado por la soldadesca que ocupaba toda la zona. Para ellos era como si su sargento les pidiera que ametrallaran a un ángel. Y la Mujer Desnuda hizo lo que mejor sabía hacer como Mísinas desde tiempos inmemoriales. Mejor que matar a tus enemigos, es verlos matarse entre sí. 

Se suscito una acalorada discusión entre los oficiales y los soldados. El Sargento amenazó con dispararle en la cabeza a cada uno cada tres segundos si no llevaban a cabo sus ordenes. Para asombró de todos allí, llevado por una ira irreconocible, lo hizo. Disparó y mató al soldado que había elevado la queja primero. Dos segundos de silenció y luego, metralletas y bayonetas peleaban las unas con las otras a las puertas de Witters Alley. Las balas trazadoras perforaban cuerpos y cabezas. Las palas se chocaban en yelmos y las bayonetas buscaban las entrañas de sus enemigos. 

Tomados por el gran poder de Mísinas, alentando la discordia y exacerbando  los odios más primigenios del hombre, el bloqueó de la carretera se vio envuelto en una batalla campal entre oficiales y soldados rasos. Muchos de ellos eran conscriptos que también odiaban profundamente la dictadura de Himburgo.  Mísinas había aprendido mucho sobre el odio y el resentimiento en los últimos días con Lucy y sabía también que Himburgo era una olla que estaba esperando el momento adecuado para estallar, no precisamente en una rebelión, sino tal vez, en una vorágine enardecida demasiado tiempo contenida. 

Al paso gentil de la Mujer Desnuda, algunos civiles supieron de la revuelta, y se unieron a los soldados de la salida norte. Mientras andaba las primeras calles, los Wittenses salieron de sus casas, tirando piedras, agua hirviendo y palos a los Oficiales, que huían en busca de la división Blindada en busca de reprimir la violenta insurrección. Muchas personas enojadas por la crueldad de su propio ejército contra ellos, tomaron las calles al norte y empezaron a levantar barricadas, entre balas trazadoras, casquillos de metralla y, sí también, lanza granadas. De pronto aquella silenciosa noche se había convertido en un concierto de rock que en vez de flashes dispara balas y proyectiles.

La Mujer Desnuda andaba como un fantasma entre ellos, como si fuese la estrella de un videoclip ajena a los acontecimientos. Vio los perros del ejercito salir de sus jaulas hacía los insurrectos con sus colmillos babeando ansiosos de sangre. Un capitán atrapado por la turba siendo colgado desde un poste de luz por civiles y soldados. Bombas de humo y estruendo vs bombas de gas lacrimogeno. Bengalas iluminar plena noche y helicópteros de refuerzo persiguiendo turbas desde el aire con sus reflectores y francotiradores. Uno de ellos llegó a ser derribado por un Wittense que descargó sobre la cabina todo el cargador de una FN MAG. Giró, como borracho y se estrelló contra uno de los camiones de combustible traídos por el ejercito. Produciendo un incendió que no tardaría en extenderse a todo el pueblo. 

Como en la edad media, algunos granjeros, provistos de sus tridentes, luchaban cuerpo a cuerpo con los Soldados armados con FAL. Una verdadera masacre, una vomitada de odio y deseos de asesinar que colmó las alcantarillas del pueblo con sangre de propios y ajenos. Mientras las sombras histéricas de los humanos daban rienda suelta a sus mayores sueños y pesadillas, en el cielo, la Estrella de Mísinas se regodeaba al encontrar su poder de discordia intacto. Una venganza largamente esperada y que solo acababa de comenzar.

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martes, 7 de abril de 2015

Memorias de la Nevada XXIII

La Puerta Del Otro lado del Círculo esta Abierta 

Ahora vas comprando perlas truchas sin chistar, 
"calles inteligentes" alemanas para armar 
y muchos marines de los mandarines 
que cuidan por vos las puertas del nuevo cielo. 

El bronceador "Charlotte" 
te cuida de la radiación, 
rematan el electro de Elvis al morir. 

Fijate de qué lado de la mecha te encontrás, 
con tanto humo el bello fiero fuego no se ve 
y hay algo en vos que está empezando a asustarte... 
cosas de hechicería desafortunada. 

Los Redondos
Queso Ruso



Pánico. A pesar de que el Ejército había cortado las comunicaciones de todo Witters Alley, como también su radio y televisora local, los ciudadanos habían visto en TV como, la noche anterior, Lapan Grows había sido pulverizado en una nube en forma de hongo. Al ver con sus propios ojos helicópteros armados bajar sobre los campos de sembradío o las granjas aledañas desde la absoluta nada. Camiones y blindados surcando sus limpias calles y soldados con mascaras de gas la gente creyó lo que la paranoia mediática/política les había enseñado. La peor pesadilla de su sociedad se hacía realidad delante de sus ojos, en sus esquinas, en sus cielos ahora surcados por los nuevos Blackhawk UH-60. Un Cohete con una estrella roja tenía escrito "Witters Alley" en algún lugar de la atmósfera. 

Como en el institucional de inicio de transmisión, los Tanques  T-72 iban a aparecer en cualquier momento junto a barbaros soldados del ejercito rojo con armas químicas para imponerles libros de lectura marxista y sacarles sus dos autos o meter pobres en sus ampulosas casas. ¡Era cierto! Lucy Drissen era una guerrillera, su plan: La ocupación de Witters Alley de la mano de sus amigos Latinos y Musulmanes. 

De más esta decir que ni el ejército, ni el ministerio de Defensa o, valga el caso, Ciberdrone Sistems había tenido en cuenta el hecho de que su propia población era adicta y enferma a la propaganda que todos los días era sometida. Muchos adultos habían nacido bajó la amenaza del Armaggedon, los que no creían en el gobierno, pensaron de inmediato que por oscuras razones iban a ser detenidos por el Ejército, sometidos a experimentos extraños como en  "Regresados de la Tumba". La única que sabía todo eso a ciencia cierta, la que se había tomado el extenso trabajo de aprenderlo era Mísinas y ahora, como una niña con un granja de hormigas los veía correr y gritar, y temer y morir.

La sangre no tardó en correr. Quienes salieron a toda velocidad en sus autos para escapar del cercó del ejército chocaron contra los 5 toneladas en cada salida. Fueron sacados de sus vehículos por la fuerza y arrastrados a "Zonas Seguras". Ciclistas que disfrutaban de su temprana recreación tomados de los brazos por guantes negros a punta de Fusil. Edificios públicos asaltados como la embajada de Peru en los 90. Voces apagadas detrás de los filtros de mascara de gas. Voces dulces en los alta voces pidiendo una calma inexistente. 

Como en una película de Romanos, los Bárbaros habían llegado, en una horda mortal de botas y fajina oliva gritando ordenes a sus perros, que saltaban como Wargos sobre quien no se detuviera a la orden. Otros más incrédulos intentaron refugiarse en la comisaría del pueblo. Agolpados frente a sus puertas cerradas pidiendo refugio, fueron gaseados por los militares y detenidos. El Intendente, acorralado por cuatro lustrosos rifles FAL Himburgueses firmó todos los permisos, todas las ordenes y acordó hasta la última coma. Habló pidiendo tranquilidad a sus ciudadanos, mientras detrás del decorado su gabinete firmaba declaraciones juradas de secreto y reserva a puño limpió.

La primera muerte se dio en Joes!cuando el jefe de Lucy intentó detener al pelotón de paracaidistas que quiso adueñarse del establecimiento por estar justo en frente del Mirador, una posición clave en la operación. Los soldados lo golpearon tan fuerte con las culatas de los rifles que murió producto de una contusión. El mozo que siempre otorgaba a Gawayn una cerveza a partir de las 22, fue lanzado a la calle y apaleado a la vista de todos los parroquianos. 


Los lideres de la comunidad respetados en Witters, todos ellos marcados hace siglos por Howar desde el Cocoon Club eran obligados a colaborar con el ejército. Si algún amante de la libertad se negaba, era encerrado en la comisaría local. El Párroco , el columnista principal del Witters Now y el jefe de la asociasión de Vida Silvestre terminaron entre barrotes y criminales comunes. Cualquier pobre idiota que intentara entrar en Witters era enviado por donde había venido tras el clásico sonido de una metralleta preparando el cargador. 

Al finalizar la primera etapa de la Operación Pájaro Negro 2, cinco ciudadanos habían muerto, tres producto de la represión, otros dos, enfermos cardíacos que se desplomaron en plena calle producto de la lustrosa y metálica sorpresa. Aunque esto es según los datos que el ejército proporcionó sobre el asunto una vez retornó la democracia. Organizaciones de derechos humanos estiman que el total de victimas directas fue de unos  veinticinco muertos y cincuenta heridos. Fallecimientos producidos de manera indirecta (falta de agua, comida, medicinas etc) siete. Datos oficiales no computaron nunca las "Victimas colaterales" También existe el rumor de que tres de los muertos fueron arrollados por un pelotón de tanques M60 cuando intentaron una suerte de "Protesta" en la plaza principal de Witters. Pero ni los civiles ni los militares sabían que lo peor estaba por suceder. Pues desde lo alto la Mujer Desnuda, junto a su señora, observaban como los cronidas del Olimpo como y de que manera debían caer sobre esta enardecida y desesperada banda de humanos. 

Mísinas ya había marcado el punto de aterrizaje, aquel negro hueco de radar aun pendiente entre Fixa y Witters. Lo que los militares creían que se trataba de simples "Anomalías" eran, en verdad, puertas. Huecos generados por la propia Mísinas para que ella o sus agentes pudieran ingresar en el mundo mortal. De el otro lado del Círculo la puerta estaba abierta y desde ella vendría el ardiente golpe final.

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Memorias de la Nevada XXII

La Hora de Mísinas


Ya todo estaba en su sitió. Las piezas del tablero que había acomodado con tanto esfuerzo y calculo habían acabado haciendo exactamente lo que ella predijo. Ahora empezaba a recuperar su poder y sapiencia tras años y años de antigüedad. Tuvo suerte de que La Mujer Desnuda no se enfrentara ante enemigos más capaces en el hospital. Pues en efecto, estaba débil como un recién nacido. Así como la estrella de Mísinas operaba a su mínima potencia dado su amnesia, la Mujer Desnuda solo era capaz de actuar de forma limitada a comparación de lo que podría provocar una vez restituido su nombre y esencia.

Era la estrella de Mísinas, la antigua devoradora de mundos, de almas. La que siempre esta hambrienta, la que siempre esta vacía. El punto amatista en el cielo que se aparece cada unos tantos milenios sobre el cielo y fulgura e irradia rayos de poder que atraen a los gentiles y los desesperados. Un faro en la noche que lleva a un acantilado de desesperación a quienes caen bajo su influjo. No había bien o mal para ella, pues como dijo Thomas, ella era más antigua que el bien o el mal. Más vieja que los Dioses de Balbania, más anciana que la luz o las sombras. El lado vacuo de la completud de la vida. El negativo de una fotografía el universo. 

Un poder hace milenios olvidado en los anales de la historia del hombre. Y lo que era peor para ella, una estrella derrotada, vencida por Arcón El Hechicero en el Monte de Sitún cuando sus influjos dominaron la mente y el poder del Ignoto Igrrisen, el primer ser en rebelarse ante los dioses.

Su forma de actuar había sido siempre la misma y le fascinaba el hecho de que el mismo truco funcionara una y otra y otra vez. Irradio amor, carisma,  cariño, comprensión, sabiduría a todos los seres de pensamiento. Excluyo a uno, tal vez dos. Los excluyo de mi luz hipnótica, seductora, de mi presencia magnifica hasta que sus almas imploren estar a mi lado. Como Jhoony, como Lidia. Los dejo fuera, los hago seres desdichados y grises cuya mente solo es capaz de desear lo que no tienen. Y lo que no tienen soy yo, la princesa de plata en el castillo de cristal. Con una sonrisa amorosa y una espada traicionera última y fatal.

Entonces en el momento exacto, les dejo venir a mi, como perros rabiosos. Algunos odiándome, otros amándome. No importa, solo deben tener su mente fija en mí. Y cuando llegan a los pies dulces de mi trono aquellos que quieran dominarme y destruirme solo serán dominados y destruidos. Como Lidia. Y quienes lleguen a mi lado deseando poseerme y sujetarme serán poseídos y sujetados. Todos al final creen que han vencido, como Igrrisen. Todos se creen capaces de dominarme, de devorarse mi poder. Pero mi poder es el vació, y ellos se vuelven vacíos también.

Con el tiempo había aprendido que muchos no hacen la diferencia entre una cosa y la otra siempre y cuando alcancen el final del sufrimiento. Un anhelo que compartían dioses, humanos y razas no humanas de la antigüedad. Quien se lanza a un precipicio no hace distinción entre la hierba o el desierto a la hora de estrellar su cabeza contra el suelo. 

Sí, aun faltaba bastante como para darse el título de vencedora. Esta vez no iba a fiarse ni a subestimar a los seres humanos. Iba a esperar, a jugar un tiempo con la Mujer Desnuda allí en Witters. Regodearse de las fuerzas que albergaba, de lo invencible de su materia. Si los humanos querían ese liquido negro que recubría a su enviada cada vez que llegaba a la tierra, que lo junten de a montones. Después de todo le hacían un gran favor masacrándose entre sí. Como un veneno que se administra en pequeñas dosis infectaría a cuantos fuera posible. Leyendo y analizando sus pensamientos y deseos, para atraerlos a ella y devorarlos. Una, y otra, y otra, y otra vez. 
***

De noche como siempre, como a menudo se había hecho en otros casos tales como el de la huelga en Oldbrige Town. Sin embargo, esta vez el Ejercitó no iba a reprimir disturbios. Ni siquiera a secuestrar lideres políticos o sindicales. Aun así, en este tipo de despliegues se informaba a la tropa que cualquier ciudadano que no acatara las ordenes del personal militar o entorpeciera de forma alguna la operación era considerado una amenaza para su seguridad y la de su equipo. 

Aunque sigue siendo injustificable, cabe recordar que las fuerzas armadas estaban aun en DEFCON 3, por lo que los rangos más bajos que participaron en la operación se subieron a los transportes y helicópteros bajo la perspectiva de un posible ataque nuclear extranjero o alguna operación encubierta de una nación enemiga. La peor pesadilla para el ejército en esos tiempos no era una conflagración atómica, sino la aparición súbita de fuerzas enemigas en territorio Himburgues. Como en aquella película de Patrick Swaice "Red Dawn". Según se ha rebelado en tiempos de democracia se creía posible que varías células dormidas de grupos terroristas de izquierda se lanzaran a la toma de cuarteles y posiciones clave antes de una masiva  invasión soviética sobre Balbania Occidental. En la mente de los comandantes y su tropa, el primer ataque ya había ocurrido y el segundo muy probablemente tomaría lugar en Witters. ¿De que forma? Nadie lo sabía.

En la noche el enorme dragón de aceró de Himburgo se aprestaba para la ocupación militar de un área de gran tamaño. El General Russel observaba desde Kilo los movimientos de sus tropas por satélite. Aquella mole incomprensible, el Leviathan al que los Himburgueses habían otorgado todo el poder a cambió de seguridad se levantaba en la oscuridad de la noche como un cíclope que ha escuchado el alarido de su hermano herido por el diestro Ulises. En los Helicópteros muchos soldados decían a sus compañeros "Vengaremos lo que hicieron en Lapan". Algunos incluso llegaron a creer que el ataque en Lapan había sido en venganza a la desaparición de aquella guerrillera marxista conocida como Lucy Drissen. 

Ajenos a que la lanza de Uptunar, la Diosa de la Guerra, apuntaba hacía Witters Alley con su infausto refulgir, sus ciudadanos se demoraban en despertar del sueño ciego en el que habían vivido desde comenzado el régimen de Pallance. Y como siempre andan juntas ambas hermanas, Aspota, la Diosa de la muerte, elevaba su cruel mandoble sobre todos ellos devolviendo una sonrisa a su hermano mayor. Pirtv Mv, Horror. 




***



A los primeros rayos del sol un repartidor de diarios bebía un té sin gusto alguno en el pequeño mini-bar de la Wako Oil. Ahora la surtidora había pasado a manos del hijo mayor de Peter Leggins. Franz Leggins que tenía otras tres Wako a lo largo de la ruta 4. En esa mañana fría el repartidor de diarios miraba desentendido su té cuando notó que el liquido empezaba a temblar.
Música


Extrañado se estrujó los ojos cansados producto del sueño. Pero el té vibraba. No, la mesa vibraba.  Al cabo de unos minutos la mampostería, los frascos con caramelos y el revistero también. El cada vez más cercano murmullo de algo metálico cubrió el silencio de la mañana. Era un sonido como de cadenas acompañado por el grave cantar de un motor diésel. Agudo y caprichoso.

Franz salió del mini bar y encontró a la reemplazante de Lucy mirar absorta la carretera hacía el sur. El repartidor de diarios lo siguió también curioso. El suelo temblaba como si un subterráneo estuviera pasando debajo de ellos. Allí, a pocos metros del cartel de bienvenida de Witters una sombra alta de andar pesado salía de entre la bruma del caminó. Parecía, en sombras, un elefante sin orejas con una trompa recta y larga. Tenía también unas antenas que emergían de la cabeza, suspendida sobre un cuerpo chato. Una vez la mole de aceró se encontró a la vista del alumbrado público el repartidor de diarios soltó el té de sus manos, completamente asombrado. 

Un enorme tanque M60, con su comandante sobre la torreta estaba cruzando las puertas de Witters Alley. Detrás de él le seguían ¿Cuantos? ¿diez? ¿veinte? ¿Cien? no. Eran setenta camiones militares de cinco toneladas, como esos que aparecieron en el pueblo durante el Mundial. Solo que esta vez no llevaban muertos, sino soldados en uniforme de combate. La División aerotransportada de Triton Parade  acompañada por el noveno regimiento de blindados pesados del ejercitó Himburgues formaba una enorme fila de vehículos de todo tipo que se perdía a la vista. 

- Han de estar de paso. Dijo Franz a la playera. - Deben ir a la Base de Targal en el norte. 

El oficial al mando del tanque M60 (que llevaba un mono de peluche colgado del cañón) detuvo su marcha a pocos metros de la Wako, bloqueando el cruce de caminos donde comenzaba oficialmente la ciudad. Su motor lanzó un grito gutural y ensordecedor y se posicionó en diagonal. Su torreta giró apuntando al norte. Los camiones que le seguían detuvieron su marcha en una frenada sincronizada. Oyeron gritos, compartimientos abriéndose y el sonido de borcegos militares multiplicarse sobre el asfalto. Los ladridos de los perros empezaron a despertar a los vecinos.  Un megáfono, instalado en uno de los camiones, extendió su comunicado militar, en un tono tan medido y contenido que despertaba sospechas.

Habitantes de Witters Alley, les habla el Ejercito Himburgues. Se les ruega permanecer dentro de sus hogares y mantener la calma. Esta es una Operación de Contingencia. Por motivos de seguridad se ha impuesto la Ley Marcial en esta Ciudad y sus alrededores. Hagan todo lo que les indiquen las autoridades y cooperen con las mismas por su propio bien...

 Por su propio bien...

Aun absortos por la súbita aparición de las fuerzas armadas, la playera, Franz y el repartidor de diarios vieron como unos hombres, con mascaras de gas y Rifles Fal en sus espaldas comenzaban a desplegar una alambrada con increíble velocidad delante del cartel de bienvenida. Uno de ellos clavó una estaca al lado del mismo y puso sobre la misma un cartel en grandes letras coloradas sobre fondo blanco que rezaba: 

Prohibido el Paso

Zona Militar

Centinelas con Orden de Abrir Fuego a Discreción



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