sábado, 28 de marzo de 2015

Memorias de la Nevada XX

El Nacimiento de la Mujer Desnuda


I make a rich woman beg
I'll make a good woman steal
I'll make an old woman blush
And make a young girl squeal
I wanna be yours pretty baby
Yours and yours alone
I'm here to tell ya honey
That I'm bad to the bone



"Bad To The Bone"
George Thorogood and the destroyers






Solo unas horas más tarde del ensamble de Lucy Drissen, el doctor Camparelli llegaba a su consultorio. Una vez abrió la puerta del mismo encontró dentro a un hombre vestido con un largo piloto gris y cabello rubio rapado. El visitante inesperado estaba revolviendo los papeles del medico, hechos un desastre en el suelo. Francamente asombrado, Camparelli se dispuso a emitir una queja, pero al primer sonido de su voz el hombre de gris se dio media vuelta echando fuego por los ojos celestes.
- ¿Que mierda paso a la madrugada?- Dijo acercándose al medico envalentonado. 
- ¿Que?..¿Quien..?
- ¡Ya sabe a lo que me refiero Cuatrojos. La piba, intentó escapar. ¿No hizo lo que le pedimos no es así?
- Yo...
Yo nada, venga conmigo Cuatrojos

El hombre de Gris tomó a Camparelli por el brazo y apretó sus músculos con tal brutalidad que el medico hecho un ligero quejido. - Camine y no se haga el idiota. Nos va a meter a todos en un problema.

De la mano de este gorila con facciones teutonicas, Camparelli fue por poco arrojado dentro del ascensor del tercer piso. Cuando la puerta se cerró Stan Laingley, mano derecha de Howard Fells lo increpó:
- Civilacho de mierda. Pensamos que podíamos contar con usted. No tiene idea el daño que le ha hecho a nuestra operación. 
- Es que...ella esta en su habitación ahora, volvió por sus propios medios. ¿Cual es el problema?- Comenzó a balbucear el doctor. 
- Tendría que estar en la puta morgue ahora. No en su habitación. Se lo explicara a mi jefe. 

Ya en la planta baja, Camparelli y Stan salieron por la puerta principal del Tronador Hills. Stan lo llevó al otro lado de la calle y lo arrojó dentro de un Ford Negro con vidrios polarizados. En él Howar Fells y otros dos sujetos aguardaban. El humo del cigarrillo del oficial de inteligencia nublaba el interior del coche, fuera la lluvia bañaba los alrededores.

- Aquí esta Cuatrojos, jefe. Dijo Stan. Luego se volvió fuera del auto e ingresó en el asiento del acompañante delantero. Camparelli miraba nervioso los rostros homicidas del grupo de Fells. Inescrutables y de pretendida amabilidad.
- ¿Quiere un puchito Doc?- Dijo Tigre ofreciéndole un cigarrillo.
- No...no fumo. 
- Que putito...- Rió el conductor. 

Hubo silencio. Howar, sentado a su lado tenía la mirada perdida en el parque frente al hospital. Camparelli notó que estaba armado y llevaba una 45 en una correa sobre la cadera compuesta de tirantes sobre una polera negra. No se atrevió a decir una sola palabra. Finalmente Howar habló:
- No tengo mucho tiempo Doctor. Dijo sin mirarlo. - Sin embargo tengo entendido que la muchacha intentó escapar y que por poco lo logra. 
- Escuche yo no soy un...soy un Medico...
- No sea idiota Camparelli. Dijo Stan. - Nadie le pidió que la vigilara. Para eso estamos nosotros y la policía de mierda. 

Howar hizo una ademan interrumpiendo a Stan.
- Si hubiera hecho su trabajo, no tendríamos que estar aquí desatendiendo cosas de mayor importancia. ¿Por que no le dio la droga que le ordenamos? Debía habérsela suministrado anoche. Pero resulta que anoche el Kiosquero de la esquina la vio. Incluso le compró el diario. ¿Que paso?

En lo que fue quizás el último rastro de arrojo y dignidad del Dr Camparelli, apretó sus puños arañando sus pantalones verdes producto del miedo y dijo intentando sonar firme:
- Eso no es una dro..droga. Es un veneno. No pueden pedirme como medico que la...que la mate. Me niego. 

Howar pareció que iba a montar en furia. Su rostro se puso rojo como un tomate y balbuceo algo inentendible. Pero luego recapacitó y dijo con aquella postura descontracturada que lo caracterizaba:
- Es usted un hombre muy valiente. Y de honor...no como nosotros. Basura desechable del ejército y la marina. Matones y pistoleros. Una vez pensé como usted...- Dijo Howie abriendo la ventana para lanzar su colilla. - Hasta que me uní al ejercito. Estoy de acuerdo, no debería matarla.

Camparelli sintió un ligero alivio. 
- Sin embargo hay algo que me hace enojar mucho de ustedes los civiles ¿Sabe? Me hace enojar más que los guerrilleros como la chica esa. Más que...bueno. ¿Quiere saber que es Doctor Camparelli?

El medico no supo que responder. Pero sintiendo la necesidad de llenar el silencio preguntó, como un estudiante tímido. - ¿Que?

Howar, ágil y mortal, tomó al doctor de la nuca con toda su fuerza y estrelló su cabeza contra el asiento del conductor, rompiendo sus gafas de montura cara. Con la mano izquierda desenfundo la 45 y se la apoyó en la sien hasta que el cañon le dejara una marca en la frente. Camparelli gritó. Pero su chillido de rata fue cubierto por los ladridos de Howard:

- Lo que más me molesta de ustedes es que siempre nos dejan el trabajo sucio a nosotros. No puede matar a la muchacha, porque le parece inmoral y bárbaro. Ahora, dígame una cosa Dr Camparelli ¿Que tanto hizo por salvarle la vida entonces? ¿A cuantas ONG de derechos Humanos elevó su denuncia? ¿La ingresó en la lista de personas no identificadas del hospital? Puso su puta foto en las facturas de luz y cartones de leche? ¡No! ¡Claro que no! ¿Y sabe porque Dr Camparelli? Por que ustedes los civiles de mierda la quieren tan muerta como nosotros. Solo que no tienen los huevos para adjudicarse su muerte. Es cosa de bárbaro, pistolero, matón, ladrón, Ali baba, querer matarla. Pero es cosa de buen hombre dejarla morir. Hipócrita de mierda. 

Lo hecho hacía atrás y quito el arma. 
- Ahora que ha escuchado atentamente mi punto de vista sobre el asunto. Le voy a dar otra oportunidad. Esta noche le inyecta el veneno que le dimos. Pero ya no confió en usted. Mi gente se va a quedar por aquí para asegurarse de que lo haya hecho. Vamos a dejar un auto con tres hombres estacionado justo acá. A la una en punto de la madrugada va a encender dos veces las luces de su despachó. Esa sera la señal de que esta listo. Finalmente, cuando acabé apagara la luz de su consultorio y se ira lejos de aquí. Si no lo hace, mañana va a estar flotando en el Shapuka. ¿Estamos de acuerdo Doctor?

- Sí. 
- Ahora váyase a la mierda. 

***

Era la hora señalada, sudando y temblando Camparelli extrajo el veneno de la capsula con una jeringa. Abrió la cortina de su consultorio y vio al otro lado de la calle a los hombres de gris en el ford negro. Prendió y apagó las luces como le dijeron y salió al pasillo. Miró nerviosamente a los alrededores y se aseguró de que no había nadie allí. Con sus zapatos caros rechinando en el plastificado del suelo abrió la puerta de la habitación de Lucy Drissen. La misma estaba por completo a oscuras y silenciosa como una tumba antigua. 

Lo primero que llamó su atención fue el hecho de que los aparatos que monitoreaban sus signos vitales no registraban vida alguna en el cuerpo que se encontraba tendido en la cama. Se acercó hasta el borde del lecho con la esperanza de que la naturaleza hubiera cumplido la misión de asesinato que le habían asignado. Descorrió sus sabanas y se percató de que las heridas y moretones que la mujer había tenido desde que ingresara en el Fixa se habían desvanecido. Su rostro ya no lucía el parche en el ojo magullado. No había soturas, ni vendajes o tablillas. Sus cabellos negros y ondulados reposaban en la almohada con renovada vida y brillo.  Su cuerpo no estaba cubierto por la bata de hospital, sino que se encontraba desnudo en su belleza y sensualidad sobre la cama.

Respiraba. La forma en que su vientre subía y bajaba indicaba que aun vivía. Sin muchos deseos de permanecer en esa habitación por más tiempo, Camparelli sacó la jeringa y tomó la mano de Lucy para buscar una vena donde inyectar el veneno. Estaba fría, helada como un metal dejado a la intemperie en una nevada. - Dios me libre.- Dijo temblando.

Entonces el brazo derecho de la paciente pareció moverse inquieto, como quien se revuelve en sueños. El medico reculó hacia atrás. Juan miró a ambos lados del cuarto, rogando por encontrar algo que lo sacara de esta situación. Howar tenía razón, ser un homicida por negligencia era más sencillo que ser un verdugo. Pero, como a los ciudadanos de Witters Alley primo más su temor hacía Howar que sus ideas sobre la moral, lo justo o lo correcto. Tragó saliva y mandó la aguja, mientras apretaba el extremo con su pulgar cerró los ojos, negándose un recuerdo visible de lo sucedido para siempre. Dado esto no vio como el veneno tomaba un color oscuro al inmediato contacto con la mujer y como en vez de inyectarse simplemente se vaporizaba como agua hirviendo.

Mientras  creía introducir el veneno, tenía los ojos en el televisor apagado del cuarto de Lucy. Y por un instante le pareció ver que en su cristal se reflejaban dos puntos amatistas. Primero pequeños, invisibles, luego más vistosos y redondos, como el Led de un electrodoméstico al encenderse. La Mujer Desnuda abrió los ojos.

***
Stan y los otros dos hombres que Howar había dejado a cargo de la vigilancia tenían la radio encendida y bebían café mientras aguardaban la señal del tal Camparelli. - ¿Que mierda le toma tanto tiempo? Le hubiéramos dado una pistola...- Dijo Rob. Stan iba a contar un chiste sobre Médicos y armas que había escuchado en Indomedia cuando de repente un agudo estruendo vino desde el hospital.  A altas horas de la madrugada sonó como si alguien hubiera dejado caer un jarrón desde una torre. Un estallido súbito seguido de un golpe opaco y grave. 

- ¿¡Que!?- Gritó Stan Langley al ver, desde el volante del Ford a Juan Camparelli salir despedido por la ventana del tercer piso y aterrizar en las escalinatas del Tronador como un muñeco de trapo cubierto de sangre. Su cuerpo envuelto en la bata blanca rodó por la escalinata sin vida hasta la acera de la calle. 

- No te la puedo....¿Cuatrojos se Suicido?- Pregunto Rob.

Stan gritó:
- Ya me harte de la pendeja esta. Rob, Phill suban al tercer piso y caguenla a tiros si sigue viva.

- Si señor.- Dijeron ambos al unisono y salieron del coche con sus armas desenfundadas.

Los hombres de largos pilotos y facciones gruesas salieron como habían hecho unas millones de veces tanto en Himburgo como en otros países. Rob volvió unos pasos hacía el auto y buscó en la parte trasera el Rifle FAL. - ¿Que haces enfermó?- Preguntó Stan. - ¡Vas a entrar con eso al Hospital!
- Voy a dejar a la Putita como un queso grullere.- Se marchó siguiendo a Phil sin escuchar las advertencias de su superior. 
Llovía y mucho, el viento era huracanado y como gélidos perdigones las gotas impactaban en los impermeables de los comandos. Lo mejor y lo peor del ejército en muchos casos. Matones con medallas, asesinos legítimos del estado. Los dos cruzaron la calle percibiendo tanto en sus mentes como en sus cuerpos una extraña sensación de rabia y ansiedad que los iba envolviendo, dominando poco a poco llevando sus dedos al gatillo sin necesidad. Mientras subían las escaleras Phil y Rob solo podían pensar en la pendeja que habían violado, en como le habían sacado un ojo con un puñal Indio, en como gritaba mientras la arrastraban de los pelos por la parte trasera del Cocoon Air Club. En las latas de cerveza llenas que usaron a modo de maza envueltas en un pañuelo para golpearla. Sintieron todo el fragor asesino de aquella noche volver a ellos como un fuego indetenible que el recuerdo de Lucy alimentaba. 

Pero de pronto, en sus mentes, ella se reía. Reía mientras intentaban someterla. La golpeaban, la molían a palos con las culatas de los FAL pero, en su mente escuchaban su risita burlona.Atravesaron las puertas del Hospital  como salvajes, echando fuego por los ojos, espuma en sus bocas sedientas. Los dedos listos, las balas aguardando en la recamara. 

En el silencioso vestíbulo el andar alocado de sus borcegos se escuchaba como el repiquetear de martillos de plomo haciendo pedazos el suelo. El guardia de seguridad en la recepción los vio venir a él como los Indios en las películas de Western y sin dudarlo llevó su mano a su revolver. Rob llevó una mano a su bolsillo para sacar una identificación. Pero, envuelto en esa sensación de ansiedad y frenezi Phill levantó el FAL y una ráfaga homicida ametrallo al guardia. La computadora de la recepción se manchó con la sangre del casi anciano. 

El Policía que hacía guardia reemplazando a los heridos la noche anterior creyó que estos eran los terroristas que venían a liberar a la Subversiva en el tercer piso sobre la cual Howar les había advertido. Tras ver al guardia ser acribillado intentó desenfundar su pistola reglamentaría. Rob gritó:
- ¡Phill para...!

Pero era tarde, siete disparos que sonaron como truenos encadenados entre las gruesas paredes del Fixa acabaron con el policía. - ¡¿Que mierda te pasa?! - Pero Phill no escuchaba. Pateó el cuerpo del hombre para sacarlo de su paso y se lanzó sobre el ascensor. Rob no sabía si finalmente se le había salido un tornillo, cosa que suele ocurrir con sujetos como estos. Pero creyó ver en sus ojos un ligero resplandor amatista al marcar el piso de destino. Entre aterrado y confundido Rob entró en la caja del elevador. 

- ¡Te volviste loco pelotudo! ¿Quien te crees que sos? ¿Rambo? - Dijo una vez se cerro la puerta.
-  Me apuntó, la mierda esa me apunto con su arma de mierda.
- ¿Y que harías vos si entrara un enfermo mental con FAL a un hospital?
- Me la chupa...- Espetó Phill. - Este asunto me tiene las bolas por el suelo. Todo por culpa de ese Tigre...
- Ahora como mierda vamos a explicar esta cagada...
- Diremos que los mato la puta esa. Que carajo importa, no pueden tocarnos. Somos los Sultanes del Swing. - Dijo Guiñandole un ojo. - Ahora cuando salgamos, seguro la pendeja y sus amigos terroristas van a estar esperándonos. Van a ver...van a ver... ¿Que no puede andar más rápido esta pija de ascensor?


En efecto pocas cosas en Himbrugo o aun fuera de él podían tocar a los Sultanes del Swing. Aunque Phill pasaría todo el resto de su vida limpiando letrinas en el Cocoon. Sin embargo en ese mismo hospital ahora había nacido un poder que iba más allá de sus armas o su nefasta influencia. Ese poder, ensamblado por Thomas en Lucy ahora controlaba la escena provocando confusión, pánico y ansiedad en sus enemigos tres pisos debajo. Muy pronto como una sombra imperceptible se derramaría sobre Witters Alley. Pero, por ahora y dado su aun frágil estado, dado que el ensamble era reciente (y Jhoony aun no recuperaba el Manuscrito) estaba limitada a su mínima expresión: La Mujer Desnuda. El Cuerpo de Lucy bajó el dominio de la señora de Thomas, de Caroline, y de tantos otros más. Que siempre llega con desgracia y se va, como la parca, dejando un reguero de destrucción detrás.

El ascensor lanzó su pitido sonoro. La campanilla era la señal. Cuando las puertas de acero se abrieron Phill y Rob salieron del ascensor listos para cualquier cosa. Un comando de guerrilla, Carlos el Terrorista, Rondal Gomez, lo que sea. Pero lejos de hallar allí a Ninjas misteriosos que arrojaban doctores por la ventana encontraron a una enfermera que huía despavorida hacía las escaleras desde el cuarto de Lucy.  Su rostro era la viva expresión del horror. Pálida, los ojos desorbitados y las manos intentando en falso ahogar un grito de locura. Como una sombra fantasmal pasó delante de ellos y se desvaneció.

- ¡Señora!- Llamó Rob. - No se que hizo esta piba pero debe haber sido muy feo. 

Ambos se posicionaron para disparar cuando la cabeza de la pendeja asomara por el marco de la puerta entre abierta. Phill, con sus manos temblando en el FAL vio o creyó ver una sombra acercarse a la misma desde dentro. Ametralló la puerta hasta hacerla astillas. El FAL devoró la madera como una perforadora que escupía plomo. El pasillo se llenó de humo y olor a pólvora. Los dos aguardaron silenciosos. Rob se agachó y apuntó en dirección al otro extremo del corredor. 
Algo se les anudo en la garganta. Los cabellos de ambos se erizaron al ver una silueta alta (quizás más alta que Lucy en su estado natural) Avanzaba como una reina envuelta en misterio y tinieblas. Las luces de tubo sobre sus cabezas, que corrían a lo largo del pasillo se apagaron una a una dejando el lugar a oscuras. Las luces de emergencia hicieron un sonido de corto circuito y cayeron al suelo como insectos que caen en pleno vuelo tras ser rociadas con veneno. Los matones de Howar querían disparar pero sus dedos estaban congelados, sus músculos dominados por una presión gélida, como si una tenaza metálica los estuviera dominando. 

Dos puntos amatistas aparecieron en la oscuridad, brillantes, indómitos e implacables.  Se movieron, como midiendo  la distancia entre uno y otro y fulguraron de pronto. Primero vieron unas bellas y blancas piernas salir de entre las sombras, alcanzadas ahora por la luz que provenía de la ventana detrás de ellos. Luego la otra, igual de fina y hermosa. Su busto radiante se desembarazo del humo y la tiniebla, pero estaba cubierto parcialmente por un liquido oscuro, similar al petroleo a primera vista que chorreaba desde sus brazos, cuello y parte del rostro. 

Como si se tratara del capullo de una mariposa, aquellas placas oscuras y viscosas caían a su andar, mostrando, palmo a palmo, la figura de una hermosa mujer, de Lucy Drissen, en su versión ensamble. En su versión Mujer Desnuda. Aquel liquido, una vez en el suelo se volvía un vapor irrespirable, un gas malsano y penetrante. Cuando el último empaste se despegó de su rostro un gesto desprovisto de toda humanidad cubría el otrora amigable semblante de Lucy Drissen. Phill se meo encima al ver como de su espalda brotaban dos enormes alas oscuras, de plumas negras como cuervo que proyectaban una sombra de desesperación sobre sus enemigos. Se abrieron en toda su gloría solo detenidas por el pasillo, incapaz de contenerlas.

Rob fue el primero en reaccionar, logrando apartar sus ojos de los de la mujer hizo, con timidez y horror dos disparos. Las balas se vaporizaron antes de llegar al vientre de Lucy. Ardiendo en llamas y desapareciendo a solo un centímetro de su cuerpo. Caminando hacía atrás, hizo otros tres pero fue inútil. El plomo simplemente se derretía antes de tocar ese hermoso y tornado pecho. 

- ¡Rajemos idiota!- Gritó Rob. Cada vez más cerca de la ventana producto del miedo.
Phil cargó otro cartucho en el FAL y disparó sobre ella. Apretando los dientes como esperando que eso influyera en su poder de fuego. Pero era impotencia lo que tenía, una sensación a la que no estaba acostumbrado en lo absoluto. 

La Mujer Desnuda, adivinando  en ambos enemigos u obstáculos en sus directivas, se acercó a ellos a grandes trancos. Su arrolladora presencia, de enorme porte y majestuosidad, alcanzó a Phill primero. Quitó de sus manos el FAL en un movimiento audaz, como si en efecto se tratara de una guerrillera experimentada. Sin el más mínimo cambió en su mirada o gesto, destrozó a quema ropa el pecho de Phill con las diez y seis balas que le quedaban al cartucho. Antes de que este pudiera caer al suelo, lo aferró del cuello y quebró el mismo cerrando sobre él sus garras sin el menor esfuerzo. Echó el cuerpo a un costado como un niño que deshecha un juguete roto. 

Rob, sabiendo que era inútil disparar, apuntó a ella mientras, de reojo, buscaba el hueco de las escaleras para huir de allí. La Mujer Desnuda soltó el FAL, que cayo a su lado aun humeando por su cañon. Elevó sobre Rob su mano derecha juntando sus dedos y como si su brazo fuera una lanza lo atravesó de lado a lado con el mismo de un solo golpe. Como si se tratara de una brochette humana subió su brazo para poner el rostro de Rob justo delante del suyo. Las piernas del militar buscaban un suelo que ya no podía alcanzar mientras gritaba producto del dolor. El brazo de Lucy se le había atravesado por completo.

La Mujer Desnuda lo examinó con curiosidad, obteniendo rápidos datos de aquello que su nuevo cuerpo podía sentir. Sondeó su mente en busca de las respuestas que necesitaba mientras el brillo de sus pupilas amatistas latía. Sin que Rob dijera nada absorbió direcciones de calles, ubicación geográfica, nombres de utilidad, día, hora, año, y hasta resultados de partidos de Football. La Mujer Desnuda, a la cual le es complicado comunicarse por el rudimentario método humano, se nutrió de él como si fuera un libro. Uno de muchos que iba a necesitar para llevar a cabo su misión. Su "Prueba de prototipo" como lo llamo Thomas.  Cuando obtuvo todo lo que necesitaba (Como hizo con Camparelli) retiró el brazo de su cuerpo como una espada ensangrentada que vuelve a su vaina. Rob cayo al suelo y se arrastró jadeando hasta morir desangrado pocos minutos después.


Iba a descender por las escaleras. Pero, entonces se conectó con su incipiente base de datos y volvió sus pasos hacía atrás. Debía aprender, a pesar de su poder, esa era la orden. Aprender todo lo que pudiera sobre el medio y su ambiente. Tomó el FAL y llamó al ascensor. Plegó sus alas y estas desaparecieron de la vista dejando solo una espalda común. Al verse en el espejó se sintió confundida. Tocó el vidrió como el gato que no reconoce su reflejo de cachorro. Sonrió al comprender el truco. De la forma que lo hacía Lucy Drissen, uno de los pocos vestigios que quedaba de ella en ese cuerpo.

Al salir por el vestíbulo y ver la ciudad y sus extrañas formas en la calle cubierta por la lluvia se encontró sola. Hace milenios que el ser que anidaba en ese cuerpo no bajaba a la tierra. Ella venía de un lugar en el que todo era igual siempre y donde los cambios no existían. Pero recordaba el mundo en sus inicios, aun antes del hombre. Su mirada sinuosa buscó entre aquellas formas algo reconocible, girando el cuello con lentitud, absorbiendo y transmitiendo información a su señora. Una vez se ubicó comenzó el descenso y caminó, desnuda, hacia  Witters Alley.




Memorias de la Nevada XIX


Emergiendo de la oscuridad que rodeaba su mente podían verse las luces de patrulla. Azules y rojas brillaban con su dejo depresivo inconfundible. En su mano derecha podía sentir la inconfundible sensación de papel arrugado, cosa que todo escritor conoce...En su izquierda el peso vulgar de un arma de fuego. Tenía o creía tener una mueca de satisfacción, parado sobre la cima como el rey de la colina diciendo al mundo entero que finalmente había conseguido remover e incinerar ese puñado de víboras venenosas. Su familia...

***

Cuando abrió los ojos el cielo estaba ya aclarando, pero no era celeste y brillante como acostumbraba serlo en Lapan Grows, sino ceniciento y sucio. El reflejo que producían los despojos provocaba que la luz le dañara los ojos. 
 ¿Puede escucharme amigo? ¡Oiga! Al menos dígame que esta muerto y paso a otra cosa...Dios...es un desastre por aquí

La voz sonaba amistosa y desconocida para él. Cuando su vista pudo enfocar bien vio el rostro amable y gordo de un bombero. Por un breve instante pensó que había comenzado a nevar, algo ligero caía del cielo, danzante y sutil. Pero su color distaba bastante del inmaculado blanco de una nevada. 

- ¿Puede decirme su nombre? - El bombero lo zarandeó un poco. Vio sombras pasar detrás de él y escuchó el sonido de sirenas y autobombas ir por la autopista. Rescatistas a pie caminaban cuidadosos entre las tumbas derribadas por el estallido con sus mascaras.

- Jho...jhoony. Respondió soñoliento.
- ¿Jhoony Que?
- Jhoony Woodward.

Tal vez seguía soñando. O los disparos de los policías lo habían finalmente matado y enviado a un mundo extraño como en alguna de esas novelas de muchos universos que estaban de moda por esos años.  El bombero se sonrió y señalo hacía arriba.
- Eligió un mal momento para venir a visitar a sus seres queridos...
- ¿Como dice?
- Bueno, tendrá que esperar un poco más antes de ser ingresado en la bóveda familiar amigo. 

Jhoony miró hacía arriba y pudo ver claramente el nombre Thomas Woodward en una placa al costado de la entrada de la casa mortuoria donde horas antes había sido acorralado por la policía. De momento, muy confundido no reparó en lo que eso significaba. Más la Mujer de Ojos Amatistas pronto lo haría recapacitar sobre el insólito hallazgo. 

El bombero llamó por radio para avisar que había encontrado a un superviviente del estallido a las puertas de Lapan Grows y se marchó tras darle algunos consejos. Principalmente que esperara a que alguien del servicio de emergencias lo viniera a revisar. "El hospital esta que revienta, no se lo recomiendo".

El granjero se paró y para su asombro las heridas que creía haber recibido no le aquejaron. "Mírame convertida en reina" Escucho o creyó escuchar en su cabeza al ver los alrededores. Los arboles del bosquecillo contiguo al cementerio estaban carbonizados, muchos de ellos aun humeaban lanzando sus volutas oscuras al aire cargado de cenizas, que caían y bailoteaban sobre los cascos rojos de los bomberos. Los coches patrulla habían sido reducidos a una montaña de metal ardiente y achicharrado. 
Las casas y depósitos a dos cuadras del cementerio de Lapan Grows habían perdido pintura, color, forma. Eran cansadas ruinas de lo que fue una vez un barrio comercial de la ciudad. Un bálsamo de llamas las devoraba lentamente cubriendo el horizonte como una muralla roja y negra, se demoraban sobe sus tejados y paredes derruidas. Las llamas trepaban muy alto en el cielo y la humareda se elevaba hasta las nubes perdiéndose a la vista.

 Filas y filas de súbitos homeless esperaban frente a unos camiones militares por sus mantas y comida para esta noche. En su mayoría gente adinerada como los Woodward en el pasado. Había chapas de quien sabe que cosas desperdigadas por el suelo, restos humanos aun reconocibles quemándose de cara al sol, lo que parecían asientos de un tren y, por supuesto, el sello de calidad de La Mujer de Ojos Amatistas: Los huesos y cráneos ennegrecidos  de sus desgraciados perseguidores. 

De pronto, la parte más cercana a la carretera de Lapan Grows se había transformado en un escenario de alguna novela de distopia o bien algo salido de la película "The Day Afther" que pasaban regularmente por el cable en HMB. La computadora había estimado 120 Muertos en las primeras horas. Pero Jhoony leyó luego en el periódico que la cuenta total ascendía al nada envidiable numero de 400 muertos y 632 heridos. 

Como dijimos Jhoony ya no pensaba como tal, su ego había sido rendido y entregado en bandeja a la Mujer de ojos Amatistas y ella señalaba el camino de una forma tan sutil como adecuada. No necesitaba de un Virgilio que condujera a Jhoony hasta ella por los círculos del infierno. Él ya tenía interiorizado, como robot, que debía hacer. Y también entendía que detenerse no era una opción viable...después de todo cada pausa en el camino hasta Lapan resultó en alguna situación, cuando menos, peligrosa.

Jhoony no tuvo que atravesar la verja del cementerio, sino pasar sobre ella pues había sido derribada por el estallido. En la calle contigua los autos y las camionetas formaban una fila de despojos cubiertos por las cenizas. Jhoony alzo su vista buscando el origen de las mismas y parecía que simplemente caían de las nubes, siendo movidas por el viento como enjambres con vida propia. Nevaba y nevaba sobre los tejados, las fuentes, las plazas y juegos para niños. A solo unos metros un carrusel había sido alcanzado por el fuego. Doraemon, El auto de las tortugas Ninja y Cocomiel  aun giraban en el carrusel con sus morros crepitando.

Aun atontado el escritor comenzó a caminar por la calle contigua al cementerio tratando de orientarse en dirección a la casa de su abuela. Dados los cambios en el paisaje de postal de Lapan Grows esto le resultó algo difícil. Más algo le indicó que, tal y como el camino amarillo de Dorothy, debía seguir el rastro de destrucción dejado por su señora para encontrarla. Con su andar al estilo Robert De Niro en Taxy Driver, metió sus manos en los bolsillos y hecho a caminar por Lapan Grows.

Las cuadras cercanas al Cementerio habían sido evacuadas durante la noche. Ahora los negocios en esa calle estaban desiertos y muchos de ellos prontos a derrumbarse. En el muro lateral del campo santo la sombra de un vagabundo pidiendo monedas había quedado proyectada, como la del hombre sentado en una escalinata de Hiroshima. Lo que otrora había sido un perro callejero era una pasta humeante irreconocible. El esqueleto de fauces abiertas de un importante diputado aun intentaba conducir su destruida camionera fuera del armaggedon. Ricos y pobres, buenos y malos, justos e injustos habían sido liberados del peso de la vida gracias al fuego. 

Este era el poder de la Mujer de Ojos Amatistas. Su belleza, para Jhoony, residía en su justicia. Nadie iba a tener trato especial, ni siquiera ella en su castillo de cristal. Todos iban a irse por el mismo tubo de cloacas empujados por la mierda de los siglos. La mierda del primer Dios, la mierda de la primer forma de vida, del primer humano...Nadie tenía pase de lujo allá arriba sobre los nubarrones de la gran sombra. Y eso era lo más justo que la mente de Jhoony podía concebir como el fin de todas las cosas.

Lapan Grows fue, para ella, una forma de mostrarle a Jhoony lo hermoso del fin. Ella nunca entendió porque, al pasar de los años, el ser humano a temido al final, cualquiera sea su forma: Una peste, una guerra nuclear, una catástrofe natural.... Para la Mujer de Ojos Amatistas los humanos se empeñaban en vivir y sufrir en su mundo lleno de mierda. Envueltos en sus añoranzas ridículas pasajeras, sobre todo en el último siglo. Angusitandose por aquellas cosas que no tienen o nunca tendrán. Machacandose para conseguir aquellas cosas que solo traerán más sufrimiento en una espiral sin fin.

Sería un error decir que la vieja estrella amatista no era empatica con esa especie. Quizás los entendía más que todos los otros entes y Dioses que pasaron por Balbania desde la concepción de su existencia. Sí hubo alguien que sufrió por primera vez el dolor de la separación, del rechazo o el apartamiento fue ella. Y la única forma que concebía para evitar el sufrimiento de cada ser viviente en el universo era, justamente, quitandole lo que inevitablemente le dolerá: La vida.

Al cabo de unos minutos por avenida destrucción Jhoony hallo su Chevy estacionada en una esquina. Jhoony vio su pintura colorada brillando ante la luz del medio día. Su parabrisas estaba cubierto de cenizas al igual que la parte de carga. Su puerta abierta como por un invisible botones lo invitaba a subirse. Dentro el hacha esperaba reposando sobre el asiento contiguo y la pistola 45 aguardaba en el tablero del vehículo.

Jhoony miró a los alrededores y no encontró una sola alma allí. Todas las fuerzas de seguridad trataban de apagar el incendió en los pastizales de la carretera o en el norte. Los civiles vivos habían sido llevados al Club de Lapan o al hospital en caso de necesitar atención. El terreno estaba despejado para que Jhoony fuera en busca del dichoso manuscrito a casa de su abuela.

La Mujer de Ojos Amatistas tocó la bocina de la Chevy queriendo apresurar a su galante caballero. Terminemos con esto de una vez querido. Se nos acaba el tiempo. 
Jhoony se puso al volante y cerro la puerta. La Mujer de Ojos Amatistas martilló el arma para él:
Yo sere Boony y tu seras Clide. 

Woodward empezó a maniobrar la Cheby y se perdió de la vista entre las calles desiertas de una ciudad fantasma. Reconoció finalmente una de las avenidas que llevaba a la casona de su abuela en el extremo este y aceleró a todo motor hacia el ultimo destino de este oscuro viaje. En el asiento del acompañante La Mujer de Ojos Amatistas contaba los segundos ansiosa por volver a ver a Lidia y al fin concretar su plan truncado en el 46 por los celos de una insignificante humana y un viejo revolver de la guerra mundial.

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Memorias de la Nevada XVIII

"La estupidez humana tiene el mal habito de salirse de control"
The day Afther/1983

Fear the Future
Metro 2033

La Operación Pájaro Negro II

Estación de Radares de Alerta Temprana "Kilo"


La alarma no dejaba de sonar...

Sam Teckler aferró sus manos sudorosas al barandal de la pasarela sobre el centro de comando Kilo. La luz roja de la alarma principal iba y venía dejando paso, en cortos intervalos, a la luz verde de las pantallas de los operadores. El resto del Bunquer era un arcoiris de circuitos luminosos trabajando a contra reloj. En menos de veinte segundos "Kilo" había pasado de la rutina del día a día a intentar confirmar lo que la pantalla mostraba en todas las estaciones del país. El murmullo ensordecedor de los más de cien soldados enviando y recibiendo comunicaciones llenaba el reducido espació como un coro desesperado de contenida ansiedad. Mujeres de uniforme iban de escritorio en escritorio llevando papeles y datos de hojas perforadas. 


ALERTA ROJA
"Impacto de Dispositivo Nuclear Táctico"

Se leía en grandes letras rojas sobre el tablero eléctrico en el centro de la sala. Los grandes caracteres formaban figuras sombrías sobre el rostro de Sam. "Por la virgen que sea uno de esos simulacros de mierda" Pensó tras encender un cigarrillo. Sin embargo el sabía muy bien que nunca antes se había preparado un ejercicio en condiciones similares. Por lo general se ensayaba bajo la premisa de un ataque Soviético, Latino o Chono. Y aun los escenarios de ataques terroristas eran siempre pautados de antemano. Pero en el remoto caso de que estuvieran probando la destreza del comando de vigilancia y la rapidez de respuesta de las fuerzas con capacidad nuclear había algo que nunca antes había sucedido en sus más de treinta años de servicio: Las desconcertantes anomalías del radar. 

Sam Teckler acababa de discutir el asunto con el jefe en Lapan Grows y el Coronel Falldon estaba igual que despistado que ellos acerca de esos "puntos ciegos" de igual tamaño y condiciones que el de Witters Alley. Dos horas después de cortar con su camarada en armas la alarma sonó y en el punto donde existía aquella "Anomalía" sobre Lapan hubo un estallido feroz que se cobró la vida de al menos 120 personas que viajaban en uno de los trenes de la Northline aquella noche. Desde entonces la suma de victimas estimadas no hacía más que aumentar. Ahora llegaba a los 250.

En letras pixeladas sobre un tablero podía leerse "Lapan Grows" y unos gráficos en forma circular daban cuenta del alcance de la onda expansiva. Al menos un terció del sur del poblado había sido pulverizado. 

- Señor, Lapan acaba de confirmar. - Dijo un Oficial a su lado tras cortar el teléfono. - No es un ejercicio. - El oficial extendió el comunicado en una cinta de papel perforada. Mientras Sam leía cejudo el muchacho continuó con la voz anudada por los nervios.

- De la anomalía o punto ciego apareció por un segundo un objeto no identificado que impactó a las afueras de Lapan Grows. El operador que lo vio dijo que de haber pestañeado ni siquiera lo hubiese visto aparecer en la pantalla. Solo un destello y luego....
- ¿Me esta diciendo que esa cosa vino del cielo?- Preguntó Sam.
- Eso me temo señor. Provino de la sombra en el radar. Desde el impactó el punto ciego ha desaparecido como si nunca hubiera existido. 
- Los misiles crucero son difíciles de detectar, aun para nuestros radares. Un submarino enemigo podría haberlo disparado.- Añadió Ruby, su adjunto.
Sam negó con su cabeza:
- Es ridículo...Un misil crucero hubiera venido del mar en ese caso. Alguna de nuestras estaciones tendría que haberlo detectado. ¿Como carajo va a cruzar todo el país desde Sain Custer hasta Lapan sin ser visto? Debe ser un error.
- Los soviéticos han experimentado con misiles de corto alcance.
- Vos y yo sabemos bien que eso no explica...
- O un ataque terrorista. Ronald Gomez ya lo hizo en Blondres en el 75. Volaron un cuarto de la ciudad con un dispositivo portátil de fabricación Brusa.- lo interrumpió.
- Pero en ese caso Lapan no hubiera recibido la lectura de un impacto, sino solo la explosión.

Sam se sentó en su silla sobre el centro de mando y examinó las pantallas cuidadosamente con aires pensativos. Dominó su ansiedad como el profesional que era y luego espetó con aires sombríos:
- Si esto es un ataque...nosotros somos los próximos. Witters Alley es el único lugar que ha reportado el mismo problema que Lapan, al mismo tiempo y del mismo tamaño. Hay que poner de aviso a la gente allí. Brody...
- Señor. Dijo el Oficial de Comunicaciones.
- Comuníquese con Triton Parade, ordene a la base de la Aerotransportada que se ponga en alerta verde. Díganles que estén listos para evacuar civiles a mi Orden e inicien planes de contingencia.
- Sí Señor.
- Comunique al alto mando que, por la autoridad que me confiere el Gobierno, estoy poniendo esta región en DEFCON 4.
- Así se hará Señor.

Una bocina grave emitió un sonido sombrío y en el tablero principal sobre la gran pantalla apareció en grandes letras.
DEFCON 4
En perfecta sincronización, como una coreografía practicada hasta el hartazgo todos los miembros de Kilo se pusieron a trabajar. La primera fila, delante de las pantallas descolgó sus auriculares y los posaron sobre su cabeza, bajando rápidamente el micrófono. La segunda linea comenzó el siempre aterrador proceso de verificación de todas las estaciones de radar y vigilancia dentro de Himburgo o bien en bases a lo largo y ancho de Balbania Occidental. Todos estos jóvenes temían notificarse que, desde algún lugar de este planeta cientos de misiles habían sido lanzados y que tenían no mucho más de diez minutos para confirmarlo, siete si se trataba de Brusia. Luego, informar al alto mando, y responder.

Kilo entró en comunicación con todas las fuerzas de respuesta nuclear y elevó su alerta a condiciones de defensa a verde. Es decir, extremar las medidas de seguridad y aumentar la vigilancia . En otro sector se corría en la computadora un inventariado de todas las armas nucleares de Himburgo para asegurarse de que este ataque no había sido un accidente. Más allá se establecían comunicaciones con los altos mandos de la marina, el ejercito y la fuerza aérea como también el gabinete de ministros.

Para Sam había algo de sombrío y de bello en ver a todos sus hombres trabajar como hormiguitas, sin pensar, repitiendo una y otra vez lo ensayado durante años. A veces le sorprendía como el ser humano podía ser tan incansablemente meticuloso y ordenado a la hora del armaggedon. Como si fuera necesario un orden especifico de las cosas antes del fin de todas las cosas.

Uno de los soldados se paró desde su estación e informó:
- Señor. El Ojo de Pallance confirma que no ha habido ningún movimiento sospechoso de las fuerzas Soviéticas, Chonas o Latinas.

N/A: "El Ojo de Pallance" era el nombre que recibía la vigilancia satélite de los silos nucleares y fuerzas enemigas desde el espació

Una mujer agregó quitándose los auriculares:
- C.A.T  Confirma que todas nuestros  elementos nucleares están en su sitio. No ha sido una de las nuestras.
- ¿Bombarderos?- Preguntó Sam.
La mujer rubia respondió:
- Misma respuesta.
- ¿Submarinos?
- Igual. Todos confirman que sus unidades no han registrado movimiento o lanzamiento alguno. Solo faltan los que están debajo de los hielos continentales. Tardaran una Hora en salir a la superficie y transmitir.
- ¿Que hay de Zafira?
- Zafira no reporta nada inusual Señor.

- Bien, Brody, pon al Ministro de Defensa en la linea.

***

Lo que ocurrió solo minutos después dejo a Sam perplejo. Ahora estaba en la oficina sobre su modulo de mando. Una pequeña y fría habitación decorada al estilo 70's con un gran ventanal que veía hacía la pantalla principal de la computadora y sus operadores. Los números de victimas habían ascendido a un estimado de  355. El comando general del estado mayor había aumentado el nivel de alerta a Amarillo. DEFCON 3 se leía sobre en el tablero superior de la pantalla. Esto implicaba que todas las fuerzas armadas de Himburgo debían estar preparadas más rápido de lo que se supone en condiciones normales. También que la fuerza aérea de Himburgo y sus bombarderos de largo alcance debían estar listos  en quince minutos y esperar ordenes de movilización.

- Falldon.- Dijo Sam al coronel de Lapan Grows - Acabamos de entrar en DEFCON3 ¿Que mierda esta pasando en el norte?
- Uno de nuestros satélites espía parece haber detectado Submarinos brusos saliendo a la superficie. En media hora van a entrar en rango de ataque. Se supone que es un ejercicio, por lo general dan la vuelta antes de llegar a esa posición. Lo han hecho antes. Pero bajo las actuales condiciones...
- ¿Estas seguro que esto no es un simulacro?
- La gente de aquí ha sido rostisada Sam...llueven cenizas sobre Lapan...parece muy real para mí.

El Intercomunicador lanzo un pitido.
- Te dejo Falldon, voy a hablar con el Ministro de defensa. Quédate en linea...
Música 
Sam pasó a la otra llamada. Pero las primeras palabras que emergieron desde el otro lado de la linea lo dejaron perplejo. - Buenos días Sam... Todo se ha aclarado ya. Le ordeno que baje el nivel de alerta de su estación a DEFCON 5 y suspenda las maniobras de evacuación en el área entre Fixa Town y Witters Alley.

- ¿Fue una falsa alarma entonces?- Preguntó Sam aliviado.  Pero el Ministro solo hizo un silenció tan largo como sombrío. Finalmente añadió:
- La situación esta controlada, si a eso se refiere. Ahora mismo el General Russel va en compañía de un hombre que hablara en representación de mi ministerio, como ademas del gabinete. Puede olvidarse de cualquier cuestión referida a una guerra nuclear. Nada de eso esta sucediendo.
- Señor no se si ha sido bien informado pero las anomalías...
- Las anomalías ya le han sido explicadas al Primer Ministro. Son parte de...bueno. El Doctor Kraphussen sabrá explicarlo mejor que yo.

Extrañado pero esperanzado en que todo terminara en un estúpido y novedoso ensayo, Sam dio las ordenes pertinentes, imaginando que al igual que Kilo las demás estaciones de alerta temprana harían igual en el resto del país. Una vez comunicadas las directivas bajó al modulo de mando, pero trascurridos viente minutos desde que bajara el nivel de alarma en su estación, las demás continuaban en situación de DEFCON 3.

- A que mierda esta jugando esta gente...- Mascullo Sam con un cigarrillo sin encender en sus labios.
- ¿Quiere que vuelve a llamar al Ministro Señor?- Pregunto Brody

- Eso no sera necesario. - Dijo la voz grave y amistosa del General Russell. Sam se dio vuelta y vio a su superior junto a un hombre flaco y algo encanecido que llevaba consigo una maleta. Ambos, recién llegados iban en compañía de un oficial de Policía Militar. Russel tomó la mano de Sam en un fuerte apretón. Algo en su mirada y tonó de voz le dijo al Coronel que tenía algo entre manos.
- Es un placer volver a verlo General. Saludo Sam.
- Parece que estas a punto de mearte Samy...- Dijo Russel con una sonrisa en su rostro colorado de bebedor. - Ya...cálmate, no esta pasando nada. Esto es todo una maniobra de distracción.
- No estoy seguro de comprender...- Contestó Sam riendo nervioso. - ¿Entonces la explosión y lo demás fue un simulacro?

- Sera mejor que lo discutamos en tu oficina hijo...- Contestó Russel paternalista. El hombre de traje gris y cabellos canos detrás de él señalo el camino hacía la misma.

***
Tal y como ocurrió a Lucy Drissen el destino de los hombres y mujeres de Witters Alley fue decidido sin invitarlos a la discusión. Mientras ellos dormían esa madrugada, salían a trabajar, o se afanaban en cuestiones de la cotidianidad, varios metros bajo tierra en un bunquer frió el monstruo que ellos habían elegido ignorar se preparaba para lanzarse sobre Witters con la misma frialdad matemática.

Russel cerró la puerta de la oficina de Sam y mientras este tomaba asiento dijo caminando hacía la pantalla con voz grave:
- Lo que vas a oír ahora Samy, no puede salir de esta habitación. ¿Entiendes?
- Claro que sí señor. Pero, en lo posible me gustaría que fueran claros. Porque hasta ahora no tengo la más puta idea de lo que esta pasando. 

- Oh, buen hombre. Dijo el científico con acento Helleniano mientras mascaba un chicle. - No hay nada de que preocuparse. Lo que esta sucediendo es una operación conjunta entre el Estado Mayor y nuestra compañía, Ciberdrone Sistems. Algo totalmente natural...

Sam recordó a la computadora mencionado a la empresa como dueña de los archivos del evento similar ocurrido en el  46.

- ¿Se refiere a las anomalías?- 
- En efecto mi buen señor. - Dijo Kraphaussen. Luego miró al General como esperando que este aprobara sus dichos. Russel afirmó con su cabeza y se mantuvo distante mientras Kraphussen  explicaba.
- Mire, en el 46 ocurrió algo muy similar a la situación presente. Aun los radares precarios de esos años de la posguerra detectaron esta...ese...hueco si se lo quiere en sus lecturas. La investigación dio como conclusión que un pequeño meteorito, de no más de un metro de largo había impactado contra las montañas al este de Lapan Grows. Hubo un incendió forestal muy grave, pero pocas victimas. Solo unos desafortunados campistas.

Sam, quien había sido informado sobre eso por su adjunto, secundo. Pero mientras Kraphussen  hablaba en un esforzado Himburgues un negro presentimiento se posó en su corazón. Sabía muy bien de lo que eran capaces las compañías de armamento con beneplácito del Estado. El horror tecnológico sobre el cual se paraba Himburgo, como el bunquer mismo donde se encontraba tenía escrito "Ciberdrone Corp" en todas sus piezas.

- Lo llamativo de aquel evento, señor, fue que en la zona de impactó los bomberos y fuerzas de rescate encontraron esparcido por los alrededores un liquido negro. Similar al petroleo en aspecto aunque de una composición química de naturaleza por completo distinta. Tal elemento fue guardado por el gobierno por muchos años en los que fue meticulosamente investigado. Sin embargo, en esos tiempos no pudieron encontrarle utilización alguna. Por lo que, alrededor de los 60s nuestra empresa compró aquella muestra. Ya con nuevos métodos y mejor tecnología que en la posguerra descubrimos que entre otras cosas, tenía la propiedad de pasar inadvertido ante las ondas de Radar. Aun las más sofisticadas. Aparentemente el liquido se encontraba rodeando el meteoro cuando este cayo. Es increíblemente resistente....

Russel intervino:
- ¿Recuerdas el proyecto Pájaro Negro Samy? 
- Sí. De ahí salieron las bases para desarrollar el Caza-Bombardero F-117 que es invisible a los radares. Eso nos puso a la delantera en los setentas. De hecho, fue así que ganamos la Guerra de Preta según dicen. Tomamos a todos por sorpresa con esa tecnología. 
- Maravillosa memoria señor Teclker. Dijo Kraphussen  entusiasmado. - El F-117 fue un logró histórico en la ingeniería militar Himburguesa. Y tal fue posible gracias a lo que aprendimos del material que le acabo de mencionar. Piense que la muestra era menos de un litro y de ella obtuvimos nuevas direcciones que jamas se nos hubieran presentado de otra forma. O al menos, habríamos tardado muchos años más en conseguirlo.

La cara de Sam empezó a volverse pálida, adivinando que querían decir (y hacer) en su centro de mando, tan cercano a Witters Alley, como ademas el propósito de bajar la alarma en los alrededores.
- Actualmente...- continuo Kraphussen  - Por pedido del gobierno, Ciberdrone esta desarrollando el proyecto Pájaro Negro II.- Abrió el maletín y mostró algunos bocetos del aeronave. Era un enorme prototipo. Como un vendedor de autos usados a un comprador renuente Kraphussen dijo sonriente:

- Le Presento al B2, el futuro bombardero furtivo nuclear intercontinental de la fuerza aérea Himburguesa. Es una maquina preciosa, ¿no es así?. - Sam no respondió. Le importaba una mierda el proyecto lo que fuera. Quería que se sacaran la careta de una vez y le dijeran "No haga nada. Necesitamos que...."

- Lamentablemente...- Dijo Kraphussen - La muestra de material que tenemos ya ha dado todo lo que podía dar como para utilizarla en esta belleza. El tiempo y el descuido sufrido entre el 46 y los 70s la han mal logrado en muchos aspectos. Y para alcanzar nuestra meta es necesaria una muestra nueva que no sea alterada por la torpeza estatal...Desde que esta estación y Lapan han reportado las misteriosas anomalías nosotros hemos pensado que esta es una única oportunidad para tomar nuevas muestras. Imagine que sí con la primera, contaminada por todo tipo de personas y ambientes, conseguimos el F-117. Piense lo que podríamos lograr con la nueva.

Sam, contestó molesto:
- ¿Que tengo que ver yo con todo eso?
-Sam...Samy...- Dijo Russel. - Hijo. Con el B-2 los comunistas y los demás van a quedar a años luz de distancia de nosotros. Imaginatelo, podríamos enviar a cientos de estos bombarderos y aniquilar a esos brusos en un pestañeo sin que siquiera lo sospechen. ¿Cuantas vidas se salvarían en el caso de una guerra nuclear? No solamente ganaríamos...Cuando tengamos esta arma todos, desde los dictadorcitos Latinos como Ronald Gomez hasta el putisimo Comite Chono van a pensarlo dos veces antes de desafiarnos. Este B2 puede llegar a Amerika Latina en solo seis Horas. O alcanzar Mosgu en una . Estaríamos cambiando el balance nuclear para siempre a nuestro favor.
- Y eso sería solo el principio. Agregó Kraphussen 

Sam se paro de su asiento y espetó:
- Bien, al grano Señores. ¿Que quieren que haga? 

Kraphussen  miró a Russel y guardó las cosas en su portafolio. Ahora le tocaba a él hacer el trabajo sucio. 
- Nada, personalmente pedí que te mantuvieran al margen de todo esto. Yo tomare la responsabilidad. Como tu inmediato superior, Sam, te relevó del mando de esta estación hasta que concluya la operación.
- ¿Y en que consiste básicamente esa operación? Preguntó Sam incrédulo ante los acontecimientos.

- Dejaremos que esa cosa caiga en Witters Alley sin previó aviso a sus habitantes. No podemos arriesgarnos. El profesor dice que impactara en los bosques entre Fixa y Witters. El numero de victimas es...aceptable para esta operación. Apagaremos el radar y enviare a la aerotransportada de Triton a cerrar el área que rodea el pueblo. Se impondrá la ley Marcial a los habitantes. Nuestros muchachos, bajo la guía de Kraphussen recogerán el material. Si quieres avisar a algún familiar o amigo, sin mencionar los pormenores, te quedan unas horas más antes de que esa cosa caiga sobre ellos. 






domingo, 22 de marzo de 2015

Memorias de la Nevada XVII

Buen Viaje Lucy Drissen

Between the velvet lies
There's a truth that's hard as steel
The vision never dies
Life's a never ending wheel

Holy Diver
You're the star of the masquerade
No need to look so afraid

Jump on the tiger
You can feel his heart but you know he's mean
Some light can never be seen

Holy Diver
You've been down too long in the midnight sea
Oh what's becoming of me

Ride the tiger
You can see his stripes but you know he's clean
Oh don't you see what I mean

Gotta get away
Holy Diver


Dio - Holy Diver

Devuelta en el hospital. De regresó al enorme monstruo blanco y silencioso donde habían trascurrido los últimos días de su vida. Lucy iba caminando a paso cansado de la mano de Thomas Woodward mientras en sus pasillos tanto enfermeras como policías la buscaban afanosamente. El poder de el Ensamblador impedía que dieran con ella. Finalmente, para alivió de todos, Lucy Drissen se había convertido en lo que tanto esperaban. Una chica invisible. Alguien que puede pasar con sus miserias y desgracias por debajo de sus narices sin siquiera ser percibida, escuchada o advertida. La muchacha, tomada de la mano de su verdugo y amigo, sonreía pensando en lo irónico de la situación.

- No te preocupes por ellos Lucy.- Dijo Thomas una vez llegaron al cuarto. - Muy pronto te verán volver y, cuando lo hagan, habrán deseado jamás encontrarte. 

La muchacha se sentó en el borde de la cama mientras el anciano abría su maleta. En la televisión la HMB mostraba el primer reporte acerca de lo ocurrido en Lapan Grows. Un hongo de fuego y polvo grabado por un aficionado. 

- Bueno...si acaba de empezar la guerra, creo que escogí un buen momento. ¿No le parece?

Thomas, de espaldas negó con su cabeza.
- No...esa es la señal de mi Señora. Su ciclo ha comenzado. 
- ¿Por eso estaba tan apurado?- Preguntó la joven.
- En efecto. 

El escritor retiró de la cama todas las sabanas y cobertores. Acostó a Lucy sobre el colchón y acomodó sus brazos y piernas en forma recta. - No tienes nada que temer. Dijo Thomas gentil. 
- ¿Dolerá?- Preguntó Lucy.
- Como todo en la vida. Solo un poco al comienzo. Pero luego no habrá más dolor, te lo prometo.

Lucy intentó calmarse, pero no podía evitar sentirse algo triste por abandonar lo que ella conocía como vida. Aun a pesar de todo lo que le había ocurrido en tan poco tiempo sus sentimientos volvían hacia su madre y gato Elmer. A cosas muy tontas también, como sus posters de estrellas de cine y cintas de Rock and roll. ¿Habría algo como eso en ese otro mundo? ¿Acaso las recordaría siendo ensamblada a ese ser? ¿Conocería su señora a Brian Adams? La discusión sobre el asunto de "Alabado, Alabado" volvió a su cabeza y dibujo en sus labios una sonrisa resignada. Obviamente no. Pensó.

- Estas muy nerviosa Lucy. Dijo Thomas.
- No es que sea para tanto...- Contesto ella irónica. 
- Todos esos pensamientos que te confunden se irán en solo segundos. 
- ¿Me permite una última...cuestión?- Preguntó. -No quiero irme llena de nervios y miedo... 
- Lo tenía pensado. Se lo que quieres y sería ridículo que te lo negara. El viaje puede ser muy perturbador para un alma Humana. Pero tengo una forma de hacerlo placentero. 

La mano de Thomas se posó sobre su frente y le cerró los parpados. 
- Espere...No quiero que sea un sueño. Los sueños son falsos aun cuando no sabemos que estamos soñando...

Thomas sonrío satisfecho. - Veo que has aprendido mucho de nuestras charlas. No te preocupes, lo que sigue sera tu propia versión de "Alabado, Alabado", con el toque personal de un viejo escritor. Esto se repetirá una y otra vez  en tu mente. Nada más sabrás hasta el final de todas las cosas. Confía en mí.

La luz se apagó.

***

Thomas sabía que el peor día de tu vida puede pasar a ser el mejor y viceversa. El acto menos premeditado de las 24 horas de nuestro andar puede conducirnos tanto al abismo como a la alegría. Algo de él lo sabía, aun muy en lo hondo de sus entrañas lo sabía. Una mañana de campo junto a su esposa en el club de caballeros cambió para siempre su existencia. Para él lo más doloroso de las tragedias no eran los eventos en sí, sino lo que viene más tarde pasado el vendaval. Ver atrás y analizar como fue que llegamos a esa dolorosa situación y sobre todas las cosas preguntarnos si tal fue producto de nuestra responsabilidad o el simple y cruel azar. Como un rayo o la copa de un árbol maduro todos los posibles caminos germinan en nuestra mente y, naturalmente, nos preguntamos como de todas las infinitas posibilidades en la rueda de la fortuna nuestra bolilla fue a caer justo ahí. En casi todos los casos, tan honda se torna la cuestión que llegamos a pensar que, bueno hubiera sido, que dicha tragedia le hubiera ocurriera a alguien más y no a nosotros.

El fantasma de todo aquello que pudo ser o habría sido persigue al deudo y a la victima como un monstruo ominoso que, lejos de reducirse, con el tiempo solo se agranda más y más. Los años nos enseñan, con cada día, un ejemplo distinto de lo que pudimos haber sido. Y, asombrosamente, nunca nos paramos a pensar que de haber actuado distinto en dichos casos nunca habríamos sido nosotros mismos. Después de todo la vida se trata de algo tan sencillo y devaluado como ser "Uno mismo"

Vapuleado y acosado por las fauces impiadosas de nuestra sociedad, nuestro ser más primario lucha una guerra desigual cada minuto de nuestras vidas ante los ojos de los demás y el juicio que estos emiten implacables. Pero, las semillas de aquello que somos y, queremos ser, volverán a germinar una y otra vez. Depende de nosotros cuidarlas y alimentarlas o podarlas con denuedo hasta el día de nuestra muerte.

Thomas  podía crear simplemente un recuerdo falso en la mente de Lucy Drissen. Borrar a Howar de su memoria, inventar una historia de fantasía en la cual era salvada por su estrella de Rock favorita o, simplemente apagar la mente de Lucy para que se fundiera en el vació de Mísinas. Pero él no dejaba de ser un artista y como todo hombre dado a estas cuestiones sentía que la despedida de Lucy Drissen debía ser algo especial porque, como ella le había dicho, en efecto sentía piedad por la joven . Algo que no había olvidado a pesar de su señora. 

- Buen Viaje Lucy Drissen.
***

La noche  luego del encuentro con Howar Fells en la Wako-Oil, Lucy se despidió de Peter Leggins al acabar su turnó y se subió a su bicicleta tras posar sobre sus hombros su mochila rosada. Conectó los auriculares  y encendió el Walk-Man. Antes de empezar a pedalear saludo a lo lejos a quien llegaba para ocupar el resto de las horas el puesto de playera. Miriam Leed. No la conocía demasiado, pero estaba en ella ser bien educada. La chica rubia sonrió y agitó su mano tras posarse la gorra del uniforme de playera.


La bici se deslizó con gracia sobre la avenida principal de Witters Alley. Sobre la torre de agua del pueblo las estrellas del norte brillaban con su fulgor intenso y el sonido de su campanita hacía eco en el mortecino silenció del pueblo tras la derrota en el partido. Sintió el viento fresco de aquella noche agitar sus cabellos rizados y oscuros y disfrutó como siempre de la bajada pronunciada de la calle. No había autos por lo que se animó a lanzarse como una kamikaze en el cruce principal con el semáforo en rojo. Las mariposas que produjo esto en su estomago la hicieron reír. El dueño de Joes! la vio pasar como un relámpago de luz plateada bajó las luces del alumbrado público y le gritó:

- ¡No te mates que mañana tenes que venir a laburar Lucy! -

Ella no escuchó exactamente lo que decía, pero separó una mano del manubrio para saludarlo a la pasada  e hizo sonar la campanilla de la bici.

Al cabo de unos minutos ya estaba entrando por la puerta de su casa. Dejó la mochila en el perchero y encontró a su madre durmiendo delante del televisor. Elmer, su gato siamés estaba hecho un bollo al lado. Despertó y aun soñoliento se le acercó a los saltos a pedirle comida. Lucy lo tomó en brazos y le dio un beso sonoro en la cabeza gris. - Creo que lo único que queres de mí es la comida ¿No gordo?-

Una vez lo depositó en el suelo, Elmer corrió como desesperado a la cocina. Lucy le llenó el plato y fue hacía su habitación. 
- Tengo que llamar a las chicas...- Se dijo mientras se quitaba los Jeans. 
Pero tengo un sueño mortal...

Pensó tras acostarse en su cama echa por su madre. El sueño por poco la vence, había sido un día realmente arduo, sobre todo a la mañana en Joes!  Llamó por teléfono a sus amigas y les comentó sobre Howar y el Vip que le había prometido. Lo apuesto y educado que era. Acordó él encuentro a las 12 y se metió en la cama tapada hasta la nariz.

El teléfono y su campana estridente la sacaron del profundo sueño en el que había caído aquella noche. Era Victoria:
- ¡Lucy! ¿Donde estas? ¿Estas en tu casa todavía? Boluda apúrate que no vamos a llegar...

Lucy miró la hora y tuvo el impulso de salir volando de su cama hasta la ducha.
- No se...tengo un sueño tremendo Vicky...
- Veni un ratito aunquesea. ¿Cuando vamos a tener otra oportunidad como esta? ¡El Cocoon esta buenísimo! Quiero ir a un baile que no sea una juntada en el granero de los Stapleton.

La joven se levantó.- Bueno, ya voy.

Todavía meditativa en el lecho mullido de su cama Lucy se prometió:
- Cinco minutos más y voy...

Su madre la despertó en la mañana del sábado. El sol ya estaba en lo alto del cielo y eran alrededor de las doce del medio día. - Lucy, hija, te traje el mate...¿Te sentís bien?

Abrió los ojos y se incorporó de un salto. - ¿Que...? ¡Ay! ¡Las chicas me van a matar! me quede dormida...

La Sr Eckert  se hecho a reír y se sentó en la cama.
- Re dormida...te vinieron a buscar a eso de las 12. Pero no hubo forma de que te despertara...y ademas, me daba un poco de pena. Parecías uno de esos perezosos de "Mundo Animal"
- Me tendrías que haber despertado mamá...tenía una fiesta y me había invitado un chico.
- Habrá muchos chicos y muchas más fiestas hija.

Tras desayunar, la madre de Lucy entró el diario del sábado. Lucy estaba jugando con Elmer en la mesa de la cocina recién bañada y cambiada.  - Ay nena...- Dijo la madre. - ¿Vas a salir esta noche con las chicas?
- No se ma. ¿Por?
- Mira...-

En la portada de Witters Now estaba la foto de una chica rubia. Tardó en reconocerla, pero cuando lo hizo ahogo un grito de asombro. 

Macabro Hallazgo


Miriam Leed de 17 años de edad, playera de la Wako Oil en el acceso sur fue hallada muerta al costado de la ruta 4 en el kilómetro 148 camino a Fixa Town. Su cuerpo presenta varios signos de golpiza y violación. Fue vista por última vez con vida en el boliche Bailable Coocon-Club. La policía sospecha de vagabundo local visto en los alrededores horas antes de su desaparición. 

Lucy Drissen antepuso su horror a un pensamiento tan extraño como consolador.

Dios, podría haber sido yo...

Elmer, como es costumbre en los gatos al ver al dueño leer apoyó su gordo cuerpo sobre la nota que Lucy leía ávida de información. - ¡Elmer! Los gatos no son transparentes ¿Que no lo sabías tonto? -

Corrió al animal y volvió a la foto pensando.
o...
Capaz que no. 
Tendría que tener mucha mala suerte supongo...pobre piba, parecía simpática. 


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viernes, 20 de marzo de 2015

Memorias de la Nevada XVI


El León Hambriento II

Esta vez (¡por fin!) 
la prisión te va a gustar
el reo semental se va a licuar
en la prisión
¡Gatas lindas, sirenas llenas! 
¡Camisa apretada, 
pezón radioactivo! 
Reclamando el botín para la prisión... 
del dios-feliz-prisión... 
el dios Barbazul de esta prisión. 
Tu aullido esta vez (¡quiera dios!) 
no se va a oír en la prisión
¡Puede la virgen labial brillar! 
¡En risas pillas, manzanas firmes! 
¡De viejas feas como monos, 
puaj!! 
De antiguas lobas-pulpas que
reviven
el amor letal de esta prisión.

Los Redondos - Barbazul versus el amor letal


Lucy Drissen aun sostenía en sus manos los papeles que el viejo Thomas llevaba en su valija. Agotada por la deprimente lectura observaba con su único ojo el cristal de la ventana del cuarto de hospital. A su lado, el silencioso y meditador Thomas parecía dormir o bien calcular con sus ojos cerrados y manos sobre el regazo. La habitación estaba a oscuras y el rumor de la lluvia formaba una cortina de sonidos que ocupaban el viejo tejado y se extendía hacía los arboles fuera.

Los titulares actuales y futuros traídos por el anciano en esa especie de bolsa mágica de Félix el gato no eran nada alentadores:
"La policía apuesta a una huida voluntaria"

"Eckert denuncia: el club es responsable"

"Eckert y su simpatía por la revolución latina y Ronald Gomez. ¿Influencia marxista?"

"Madre lunática acusa ahora al ejército"

"La clásica campaña de los movimientos de izquierda, generar desconfianza de nuestras instituciones" Declaró el Intendente de Witters Alley.

"Madre de joven desaparecida: "Odio a este gobierno fascista" Habría dicho en una reunión.

"Vecinos hablan de discusiones y gritos en casa de los Drissen" 

"Creemos que Lucy Drissen escapó de su casa con un Hombre mayor y se fue del país" Afirma Walter Wilkings

"Peter Leggins se suicida tras ser señalado como autor de la desaparición de Drissen. ¿Caso Resuelto?"

"Vagabundo Local bajo sospecha como probable co Autor"

"Milton Gawayn aparece colgado en su celda"

 "Probables conexiones de Drissen con la guerrilla" 

INFORME ESPECIAL: Lucy Drissen: Una vida entre los boliches, la izquierda extremista y los excesos."

"A veces los hombres no pueden contenerse ante mujeres provocativas como Lucy"..." Dijo el Párroco local de Witters Alley.

"Lucy Drissen: Una chica que quería ser modelo a toda costa."

"Esa noche no vio el Partido. No le importaba mucho el país" Afirmó compañera de Trabajo.


***
Aun si Thomas Woodward fuera solo un demente que tenía por objetivo perturbar a victimas como ella, algo de verdad había allí. A esta altura a Lucy no le quedaban dudas que, si los titulares no eran exactamente iguales, al menos serían parecidos. Las palabras del anciano daban vueltas en su cabeza una y otra vez mientras veía el tiempo y la poca vida que le quedaba pasar. ¿Que clase de vida le quedaba? aun sí lograra contra todo pronostico salir caminando del hospital? 

Lucy decidió por tanto darle una última esperanza a eso que llamaba "su vida" Tironeo del brazo del anciano para despertarlo y este reacciono, observándola como siempre con aquella mirada inquisidora. - ¿Y bien? ¿Ya has tomado una decisión?
- Casi...- Dijo Lucy. - Tengo deseos de hacer un trato con usted. 
- Bien...-  El anciano miró su reloj y afirmo con la cabeza. - Aun hay algo de tiempo. Creo...¿Que trato quieres Lucy?
- Recuerdo que usted me dejó 50 reales para corroborar todo esto comprando los diarios que, supuestamente aun no habían salido publicados entonces. Pero me jugo sucio abuelo...
- ¿A que te refieres?- Pregunto Thomas levantando una ceja.
- No puedo caminar, de hecho creo que no llegaría ni a la puerta de la habitación por mis propios medios en este estado. Ademas, las enfermeras no me dejarían salir caminando así como así. Por lo que si esta tan necesitado de que tome una decisión con respecto a esto va a tener que, acompañarme o darme el poder para caminar. Supongo que una cosa tan rara como usted debe poder hacer eso y mucho más.

El viejo se paro y hecho una risa triunfante, como la de un capitán de navío. 
- Va a ser un día muy frió en el infierno Lucy cuando un ser como yo deba mentir a la hora de convencer a otros. Te daré las fuerzas necesarias para salir caminando de aquí o aun escapar de tus captores humanos si aun lo deseas para llegar hasta el kiosko de diarios en la esquina de esta calle. 
- Adelante entonces. Quiero terminar con esto de una vez...-

***
La muchacha sintió un escalofrió al tomar su mano gruesa. Los dedos firmes de Thomas le dieron seguridad para ponerse de pie.
 - Despacio ahora, ten cuidado de no resbalar...- dijo Thomas suave.
- Duele mucho...-se quejo Lucy Drissen.
Thomas paso su brazo sobre sus espaldas para que se apoyara en él.
- No te preocupes, yo aliviare el dolor.

La escena podría ser considerada conmovedora. Thomas Woodward un ser ominoso sin el mayor interés por ella en particular tomó de la mano a Lucy y la ayudo a ponerse de pie. Juntos hicieron los primeros pasos hacía la puerta de la habitación. El hospital estaba inmerso en un silenció sepulcral que solo el rumor de la lluvia parecía perturbar, ademas del zumbido de los tubos de luz blanca. 
- Abriré la puerta, no te preocupes.- Dijo Thomas y giró la perilla.

Una vez fuera de la habitación Thomas la ayudo a pararse. Apoyó su mano en su cadera y un calor agradable y fraternal provocó que el dolor cesara rápidamente, dándole energías. 
- Ahora podrás caminar sin mayores problemas. Pero te advierto Lucy...lo que encuentres allí afuera tal vez se más duro de lo que crees ahora. Ya no serán mis correctos aunque misteriosos recortes de diarios Himburgueses. Sera tan real como tu, o este hospital.
- Bueno...de una forma u otra tengo que descubrir que tan podrida está esta manzana. 
- A la vista se adivina el gusano. No tortures más tu alma jovencita. 

Lucy hizo una pausa, dudando por un momento. Luego respondió muy seria, casi con un gesto de sabiduría grave:
- Si algo aprendí en este tiempo Thomas, es que nada enseña más rápido que el dolor.

***

Lucy caminó fuera de la habitación y vio el cuarto de enfermería delante. Sabía que no la iban a dejar salir como pancha por su casa. Y en verdad ignoraba que desde hace tiempo Howard había dispuesto seguridad del departamento de policía de Fixa en cada acceso esperando por si acaso. La muchacha tragó saliva, puso la cabeza en alto lo más que pudo y caminó con paso firme hacía las escaleras en el centro del pasillo. 

La enfermera de turno la vio pasar junto al cuarto de enfermería y elevó su voz:
- ¡Señorita! ¡Señorita!. No puede salir del cuarto sin autorización.- Se acercó a ella y con falsa dulzura la tomó por los brazos para regresarla a la misma.

A la primera palabra de la enfermera, Thomas salió del cuarto a paso firme. - No la toque. dijo y un fulgor amatista se hizo evidente en sus ojos azules. - ¿Y usted quien...?- Para asombro y maravilla de Lucy Drissen, el escritor tomó a la mujer por el cuello y la elevó varios centímetros del suelo. La cara de la enfermera se hincho como si fuera un globo esperando a estallar de un momento a otro. Intentó liberarse del brazo recto y fuerte de Thomas, pero su agarre era implacable. El anciano lanzó a su victima contra los vidrios del cuarto de Enfermería y esta los atravesó con un grito ahogado. Aterrizo en el pequeño escritorio cayendo al suelo junto al teléfono y los papeles sobre el mismo.

- No me van a dejar salir. Dijo Lucy.
- Yo me ocupare de eso. Ahora haz tu parte del trató.

Lucy comenzó a correr en dirección a las escaleras, sabiendo que Thomas la seguía de cerca aunque no de manera visible. Bajó por las mismas los tres pisos, empujando a todo aquel que intentara detenerla o llamara su atención. Abrió la puerta de servició hacia la planta baja y allí encontró una triste recepción donde dos policías bebían un café en la madrugada. De inmediato, al verla se pararon y llevaron sus manos a sus armas. 

- Señora ¿Tiene algún problema? Dijeron tras echarse una mirada de preocupación entre ellos. El recepcionista de la guardia se quedó mudo al verla allí parada, semi desnuda y en aparente buena condición física. Había visto el penoso estado en el que había llegado.

Lucy no hizo caso y al ver detrás de los mismos la salida principal se hecho a correr en esa dirección. Los oficiales intentaron atajarla. Pero cuando el primero se abalanzó sobre ella sintió que acababa de chocar con un muro de concreto invisible. Se desplomó y ya no se movió El segundo, asombrado por lo que veía llevó una mano a su comunicador. Sin aparente razón este estalló haciendo un estruendo que reboto entre las paredes del Tronador Hills. Inconsciente y humeante el oficial cayo al suelo como fulminado por el rayo.

Vamos Lucy, Corre.

Dijo la voz de Thomas. Ella hizo tal cual. 

Al abrir las puertas plegadizas  la lluvia fuera la recibió empapandola de pies a cabeza. Era la madrugada entrada y no había nadie en la calle, sino tan solo algunos autos que pasaban por la avenida a gran velocidad. Congelada por el viento gélido que soplaba sobre Fixa Town corrió con todas sus fuerzas hasta el Kiosko de diarios, que recién abría y tenía todos los matutinos aun envueltos al costado de su armazón de acero. 

En los cien metros que la separaban del pequeño y solitario Kiosko, Lucy tenía esperanzas de encontrar titulares muy distintos. Que dijeran que su madre la buscaba, que sus amigos la extrañaban, que habían hecho una marcha en su nombre pidiendo justicia en el centro de Witters Alley. Su ser primario aun se negaba a creer en que el mundo fuera como Thomas decía. Como Sherlock Holmes en el precipicio sostenido de una rama, aun se aferraba a aquella esperanza. Y Thomas sabía que esa esperanza la apartaba de su ensamble. Por lo cual, debía ser destruida por cualquier método necesario. 

A medida que la lluvia torrencial mordía sus miembros y apelmazaba sus rizados cabellos nació en ella un fuerte optimismo. Estaba despertando de una pesadilla, el coma le había descalabrado los sesos y con gentileza la gente del Fixa le explicaría lo sucedido cuando la atrapasen. Por que de lo contrario, malo o bueno el viejo, debería aceptar que ella había nacido, crecido y vivido en una prisión mucho más grande que el Coocon, que Witters Alley.

Lanzó los 50 Balban al suelo y por poco se abalanzó sobre la pila de diarios. El hombre quedó tan impactado por su frenezi que solo atino a quedarse callado y a apartarse lentamente de ella. Lucy abrió los paquetes envueltos en papel madera, ya algo mojados por la lluvia en algunos casos y deshaciendo el envoltorio como un chico que espera una gran sorpresa el día de su cumpleaños el horror le saltó a la cara como a Pandora al abrir la caja. 
Estaba en la portada de todos los diarios de alcance regional o nacional, con foto incluida en muchos casos. Los títulos eran iguales o peores de lo estimado por su extraño compañero de cuarto. Era una guerrillera marxista ultimada en un enfrentamiento, una mujer de vida errática o provocativa, una zorra descarriada, una chica buena, una chica mala, una chica inocente, una chica culpable. 

Lucy lanzó su llanto al vació de la noche que rodeaba la gran tormenta. No por lo que los diarios dijeran de sí exactamente, sino porque ahora había dejado de ser un monstruo anónimo a una bestia intrigante, una desgracia que es noticia y divertimento para otros. Thomas estaba equivocado, las mentiras que se lanzaron para desvirtuar toda verdad no solo eran horrendas, sino que también atractivas. Atractivas para las amas de casa que tomaban el té, para los programas especiales en televisión sobre crímenes espeluznantes o para los conservadores que la señalaban como el triste ejemplo de una sociedad decadente. Sea por el militarismo creciente de Himburgo, por el machismo imperante, por el incipiente feminismo. Monstruo bueno o malo, como King Kong su cuerpo y memoria ultrajada había sido puesta en exhibición a toda una nación de zombies en vivo y en directo.  

Cayo de rodillas sobre la áspera acera, sosteniendo aun muchos fasiculos y diarios, estrujandolos con sus bonitas manos como si en ese esfuerzo pudiera hacerlos desaparecer. Gritó a las nubes en un fútil intento de hacer salir la frustración. Ahora entendía mejor las palabras del anciano, no había real diferencia entre una salida limpia de la cuestión o una sucia. No había salida. Todo el sistema podrido que en el que había nacido podía reproducirse como un cáncer, reformarse, re adecuarse y continuar infectando todo lo que tocaba. Cualquier cosa que viniese a desafiarlo, a ponerlo en peligro pasaba por un prisma donde los colores y las sombras se mezclaban de tal manera que formaban un gigantesco monstruo asesino: El León Hambriento Himburgues. Hambriento de noticias, hambriento de sangre, hambriento de ventas, de verdades y de mentiras. No importaba que comiera, siempre y cuando llenara por un instante su apetito voraz y asesino. Todo lo demás era secundario. 

En efecto  finalmente era "Famosa" incluso la revista "Personajes" había hecho un extenso articulo acerca del policial que hacía morder las uñas a la nación. Sabían a que escuela había ido, con quienes se había acostado, cual era su estrella de rock favorita, que tan bien o que tan mal trabajaba en Joes! Dependiendo el medio era la cara de una trajedia inenarrable o el accidentado resultado de una política represiva igualmente indispensable para la supervivencia de la nación.

Soy la bonita aspirante modelo con historia triste.
Soy la puta marxista-latino revolucionaria  que planeaba poner una bomba.
Soy una pelotuda que no sabía lo que hacía.
Soy la amante advenediza de un idiota como Peter Leggins.
Soy el ejemplo de la represión de la dictadura. 

Soy todo, todo, todo eso junto...lo bueno, lo malo, lo feo, lo ominoso, lo sombrío, lo triste y lo alegre. Menos los que yo siento que soy en verdad. Soy una cara a la que todos le encuentran un significado. cualquier significado menos uno con el que este de acuerdo. En pocas palabras, aun viva, Lucy Drissen dejó de existir desde el momento en que entró a ese club.

Tal y como en su anterior encuentro, la mano firme de Thomas se posó sobre su hombro. Lucy intentaba, con esfuerzo dejar de llorar. - Te lo advertí. Dijo con su voz grave. - El hombre es aun más cruel que los Dioses Débiles del Cielo. 

- Viejo...- Dijo Lucy pasando de la tristeza a la rabia. Apretando sus dientes y puños. Se paró y lo miro directo a los ojos. Y quebrada, se abrazó a él tomándolo por sorpresa, se aferró a sus fuertes espaldas como la nieta que Thomas no tuvo. Él, algo aparetesco, la abrazó con firmeza. 

- Vives en una prisión de muros invisibles, Lucy Drissen. Cuando uno cae otro se levanta. Ya de concreto, de hierro. A veces de palabras o pensamientos. Tu especie ha decidido recluirse en una mentira que se alimenta a sí misma sin cesar. Convierte los monstruos en héroes y los héroes en monstruos. No importa cuanto corras, a donde vallas. Los muros se moldean a gusto de todos y cada reo camina creyendo que es libre de los barrotes que otro le ha levantado. Pero solo acondiciona su celda como un prisionero que pinta cuadros para fantasear con la libertad. Bien o mal, culpa e inocencia, hermoso o horrible, luz y oscuridad son, como te dije antes, una ilusión para que tu especie se sienta a gusto en el transitar de sus días mientras buscan una autentica salida del cruel laberinto en el cual les han soltado los Dioses-Débiles-Del-Cielo. 

- Le daré lo que me pide. Dijo Lucy secándose los ojos. Pero ahora su mirada ya no era la del venado de sacrificio sino una mucho más clara y resuelta. - Pero solo con una condición. Usted dijo que estos hombres que me....bueno ya sabe. Dijo que no van a recibir mayores castigos por eso. ¿No es así?

Thomas asintió.
- Una vez haga lo que tenga que hacer quiero que me prometa que van a recibir lo que merecen. Quiero verlo, sentirlo y recordarlo. 
- Sería bueno probar la eficiencia del ensamble en esa forma. Dijo Thomas nuevamente frió. - Pero te advierto Lucy Drissen que los poderes y modos del ser al que seras ensamblada no serán agradables, aunque sin duda efectivos. Y si te arrepientes a mitad del proceso ya no habrá vuelta atrás.
- ¿Usted cree que ellos sienten arrepentimiento? 
- No.
- Entonces yo tampoco.

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