martes, 11 de noviembre de 2014

Memorias de la Nevada X

Esa Chica tiene Estrella 

Primera Parte 


Tras martillar, una de las balas dio en la cabeza del oficial más joven. Su gorra de plateada insignia terminó en el suelo de grava al mismo tiempo que su cuerpo se desplomó al costado de la patrulla. El segundo disparo de Jhoony atravesó el hombro derecho de su compañero y el accidentado tiro de este último se perdió tras un blanco fogoneo entre los bosques de Camino Hills.

La Mujer de Ojos Amatistas había llegado y se había ido, vaporizado en la densa lluvia. Pero Jhoony no la necesitaba a su lado todo el tiempo para saber bien que era lo que tenía que hacer. Antes de que el policía se incorporara se adentró en la Cheby y encendió el motor. Tomado por una potente adrenalina (y furia) Jhoony dio marcha atrás lo suficientemente fuerte como para golpear el móvil policial y salió disparado por la carretera con las luces de la patrulla tras de sí intentando maniobrar para seguirlo. Ademas del coro histérico de sus sirenas escuchó las balas de la 22 morder el metal de la parte trasera de la Chevy. 

Dando un violento volantazo a la derecha Jhoony por poco pierde el control de la Cheby intentando tomar la curva que lo llevara de regresó a la carretera Provincial hacía Lapan Grows. Al costado del camino las sombras de los arboles se volvieron gigantes pilares que se elevaban a una oscuridad salpicada de estrellas. Por el retrovisor podía ver a la patrulla, siguiéndole los pasos de cerca en igual desesperado andar. El móvil tenía luces blancas poderosas que se asemejaban a los ojos brillantes de un viejo monstruo de metal, subiendo y bajando, doblando y rechinando por el camino de tierra. 

Jhoony volvió a girar pero esta vez a la izquierda y la Cheby levantó polvo y barro desde su cola. La blanca trompa de la patrulla emergió del mismo como el Perro Cujo de la famosa novela de King. En la ya algo anulada y enloquecida mente de Jhoonny el carro que lo seguía había tomado dimensiones mitológicas. Un troll o un Wargo siguiendo al héroe por tierras extrañas intentando detener al guerrero que va a salvar a la princesa. 

Ve hacía las vías

Susurró la dama. Jhonny podía ver, cruzando los limites del bosque la barrera del ferrocarril bajandose y las señales anunciando el próximo paso del tren. Pero debido a los arboles al costado era incapaz de saber que tan próxima estaba la formación. Por otra parte, si frenaba e intentaba huir a pie sus posibilidades pasaban de pocas a nulas. Gracias a "Los vídeos Policíacos más impresionantes del Mundo" Uno de esos programas de Domingo que solía consumir en la tarde, había aprendido que todos los sospechosos que se fugan acaban atrapados al intentar bajar del vehículo, principalmente por que la Policía los supera grandemente en números y recursos. El ya ni siquiera tenía balas en la pistola. 

Confía en Mí Jhoony. Solo confía en mi.

Woodward apretó el acelerador a fondo y la camioneta salió a toda potencia hacía las vías y la barrera ya baja. Cerró los dientes y los ojos rogando a todos los santos que su misteriosa compañera estuviera en lo cierto y no acabara siendo papilla de Woodward en solo segundos. La camioneta alcanzó el paso a nivel, cruzo las luces como una sombra que traspasa el semáforo de grandes ojos colorados y destrozó la barrera blanca y negra. La Chevy se elevó en los aires por unos segundos y cayo del otro lado con gran estruendo, resbalando y sacando chispas bajo sus ruedas. Cuando Jhoony vio hacía atrás divisó el frente de la patrulla asomarse por las vías, lista y renovada para continuar su persecución, pero antes de que aterrizara el expreso de medianoche de la North Line hizo sonar su claxon, sin embargo no pudo más que arrollar sin piedad la patrulla y arrastrar sus blancos metales hasta detenerse pesadamente varios metros delante.

Como Meteoro Jhoony se la había sacado barata, pero sabía que no iba a poder evadir a la policía para siempre. Tenía que llegar a Lapan lo antes posible.


***
Lapan Grows, esa misma Noche

El televisor mostraba su programación
Los Hombres saben como reparar un Auto defectuoso. Y conocen de herramientas mejor que nadie en la casa. Sin embargo ¿Ha pensado cuantas cosas no sabe y que sin embargo son indispensables para usted y su familia? 

Un Hombre calvo mostraba orgulloso su mano envuelta en gazas
Soy albanil y siempre corro riesgos en mi trabajo. El otro día me rebane un dedo trabajando en la casa de un amigo. Fui al hospital, pero había mucha gente y pase horas sin ser atendido. Luego mi esposa me recomendo ir a una clinica privada, pero no tengo tanto dinero. Entonces fue cuando supe de SEA SU PROPIO MEDICO.  Lo estaban pasando en ese momento y con solo prestar atención a los consejos del DR Finin, pude coser mi propio dedo con los elementos que halle en mi casa. Ahora, ya puedo volver a trabajar.

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Un Hombre de unos 50 años, con su túnica medica apareció en Pantalla.
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- Interrumpimos la programación habitual para traerles este boletín de último Momento, - Dijo la Voz de Clara Stepman, presentadora de la cadena H.M.B. - La policía de Camino Hills a emitido una orden de búsqueda y captura para Jhoonathan Woodward. Woodward, de 40 años de edad y oriundo de Witters Alley se tiroteó con la policía local y escapó luego de un incidente poco claro con locales de la zona. Las fuerzas de seguridad le han identificado debido a que en la huida dejo caer varios papeles de su auto como ademas su billetera. 

Durante el enfrentamiento un policía fue abatido por Woodward, quien le disparó en la cabeza. Otro ha sido gravemente herido tras un accidente provocado a razón de la persecución. Volveremos con más información en nuestra edición central. 

Cuando Lidia Allens vio la cara de su nieto en el noticiario y escuchó los detalles de sus pormenores camino a Lapan Grows la esposa de Thomas Woodward supo que, efectivamente, todo había comenzado nuevamente. 

La anciana pensó que tal vez, después de todo, el asunto del libro no fuera otra cosa que una nefasta casualidad. Una broma pesada de Dios hacía ella por los crímenes y faltas cometidas en el pasado remoto en que ella era joven y amaba, tal vez demasiado a Thomas Woodward. En otras ocasiones el pasado tendía colarse en su vida cotidiana, como en las series de T.V, el noticiario o Regresados de la Tumba. Pero esta vez las casualidades estaban convirtiéndose lentamente en un siniestro retorno de males que ella misma había enterrado.

Se alejó de las imágenes del T.V y se sentó sobre su sillón viendo sus manos arrugadas y nudosas bajo las amarillentas luces de la araña del Living comedor. Luego sus ojos se dirigieron al retrato en la pared del gran Thomas Woodward, observándola de soslayo sosteniendo su bastón y con el pañuelo caro en su cuello. Su sombra finalmente había pasado a la claridad. Había dado un paso adelante para mostrarse ante las luces como un actor que re aparece en escena una vez dado por muerto para dar el último golpe que se llevara consigo a todo el reparto. En sus hombros, oculta entre las cortinas de la pintura los ojos Amatistas de Caroline Sunders observaban satisfechos la vejez de Lidia y la pesadez de su fracaso.

¿Sería capaz de enfrentarla esta vez? ¿Podría volver a combatir la influencia cósmica de esa mujer en la vida de su familia? Con 79 años no le quedaban muchas fuerzas para resistir el terror psicológico con el que Caroline Sunders  la había consumido en su juventud. Lo más probable era que muriera de un ataque al corazón. Los años en verdad habían pasado y habían dejado el esqueleto de aquella noche en el estudio de Thomas. 

Se levantó de su silla con pesadumbre y caminó trabajosamente hasta la cocina de la casa, conectada al Living por un largo corredor, oscuro y anciano. Cruzó por la amplia habitación y deposito sus manos en la mesada, llevando sus ojos a la ventana que daba al patio trasero. Desde aquel ventanal tipo victoriano la noche y la tormenta perdían su sonido. El viento traía ecos de viejos lamentos bajo el floral y lagrimas que derramaban los arboles en el jardín. Subiendo por la loma de la parte trasera de la casa podía verse la estatua alta de un Ángel que el mismo Thomas había decidido levantar allí una vez. Debajo, en su pedestal de mármol caro las gotas se escurrían por el bajo relieve que anunciaba:

THOMAS WOODWARD

La angelical figura y su rostro inexpresivo miraba a la casa como vigilandolos a todos allí. Ella, personalmente, odiaba la cosa gótica esa, pero su marido había exigido traerla directo desde el Cementerio de Lapan Grows para ser enterrado allí el mismo año en que conoció a Caroline. A Lidia no le quedaban dudas que había sido idea de la zorra fotógrafa. Pero a pesar de que llevaba muerta unos 50 años nunca había conseguido quien quisiera comprar el monolito religioso de mirada cansada. De niño a Jhoony le gustaba ir allí y jugar con sus soldaditos a lo largo y a lo ancho de la pequeña colina verde. Nada más y nada menos que sobre los huesos de sus antepasados.

Al igual que con el estudió de Thomas, la última vez que Lidia se digno a pasearse bajo la mirada insomne del ángel sobre la colina fue hace 50 años en una noche de tormenta como esta, con los relámpagos evidenciando ante sus ojos la brutalidad que había acometido. La anciana daría lo que fuera por volver a encontrar la fuerza que tuvo aquella noche. Lidia nunca había sido una mujer complicada, de contestar mal, de dar cachetazos a los hombres que se desubicaran con ella ni de agarrarse de los pelos por un macho con otra chica. Había sido criada, como tantas otras norteñas, como una mujer cuyo papel en su vida era la de servir a sus hombres. Primero a sus padres, luego a sus hermanos mayores y menores y por último a su esposo.

Venida de una familia extremadamente católica y conservadora había sido todo un reto a su educación el casarse con un hombre mayor como Thomas. Al menos hasta que los Allen descubrieron la fortuna de los Woodward y su posición en Lapan Grows. Lidia, la triste y anodina Lidia, había pasado su vida haciendo simplemente las cosas que uno considera correctas. ¿Por que la seguía esta maldición? ¿Por que se empecinaba en volver sobre ella una y otra vez? No tenía respuestas y la parroquia local tampoco. Por lo que paso, el resto de sus años, sumida en una vida que se tornó cada vez más gris a medida que su hijo y nietos se alejaron de ella.

No estaba arrepentida sin embargo. Aunque no esperaba lo de Thomas. Pero ella creía en el Bien y en el Mal. Caroline Sunders era el mal. No una invención de su cabeza, no una impresión dudosa dependiendo de un punto de vista. Ella lo había visto y había vivido con la muchacha durante más de un año y podía asegurar frente al propio Jesucristo que Caroline Sunders era un ser maligno.
***

Como dijimos, todo comenzó con el maldito manuscrito. Ella había leído algunas lineas y trataba sobre de algo tan estúpido que apenas podía creer que Thomas se tomara en serio las ideas de su amiguita. No...borro el título de su mente, porque el título era Caroline Sunders. Se ocupo de que ese nombre de mierda se perdiera junto con ella para no ser encontrado ni repetido nunca más al menos, hasta que la tierra se parta al medio. Pero la idea a Thomas le gusto tanto que hizo poner esa tétrica estatua en el patio de la casa sin consultarle en lo absoluto.

El manuscrito, al menos en las primeras paginas que ella leyó, trataba sobre un tal Igrrisen. No era exactamente un ángel, pues Thomas había tomado de su amplio conocimiento de Mitos Balbaneses unas criaturas que aparecen en ciertos relatos del Folklore Helleniano y, más tardíamente, Himburgues. Ningún mito popular como los Dracidas o los Vlaind desde ya, sino de la clase que solo un gran erudito en la cuestión es capaz de conocer.

Pero en definitiva el tal Igrrisen tenía forma humana y alas. Andaba por ahí en los inicios del mundo junto a otros amiguitos alados volando alrededor de una montaña de tres picos llamada Situn. Allí todos estaban muy contentos con sus vidas menos Igrrisen. Pues, al parecer, la estrella que él más adoraba había dejado de hablarle y guiado como al resto de sus compañeros. Devastado por la falta de su estrella, el buen Igrrisen iba en su búsqueda por el cosmos pasando muchas penurias en su viaje y enfrentando cien mil peligros. Inicialmente, el texto de Thomas iba a ser títulado "El Extraño Viaje de Igrrisen" Debía ser, según sus propias palabras "Una Saga épica de grandes proporciones"

La única postura que tenía su esposa con respecto a la historia era que rozaba lo "Anti Cristiano" o "Lo pagano" Pero desde ya que a un hombre rico e ilustrado como Thomas Woodward esas criticas no lo conmovían en lo absoluto y le emocionaba la idea de escribir una saga utilizando sus muy amplios conocimientos en la cuestión ya utilizados (aunque de forma menos ambiciosa) en sus relatos anteriores.

Día y noche trabajaba en él, muchas veces ella se iba a la cama y los dos continuaban en el estudio. Thomas escribía en compañía de Caroline y esta revisaba el trabajo recién terminado para hacer las correcciones u observaciones pertinentes. Lidia mentiría si dijera que en un primer momento no sintió una profunda envidia por no poder compartir con Thomas aquel momento tan especial de su vida en declive. Pero ella no entendía o no quería comprender el genio creativo de su esposo. Pasaba las noches preguntándose de que forma podía sentirse útil en esta gran tarea ademas de preparando café o mate para los dos pequeños genios.

Paso el verano y Caroline empezó a quedarse más seguido en la casa al punto que para el mes de Abril Thomas le ordenó a Lidia que preparase una habitación de huéspedes para que ella pudiera quedarse en la casa "el tiempo que deseara, sin que nada le falte". "Sin que nada le falte" significaba que Lidia se vería reducida a más o menos la servidumbre para con la putita que gustaba montar, ademas de caballos, a su marido.

A pesar de que odiara reconocerlo, llegó a tener algo parecido a una amistad con Caroline, cuyo magnetismo sobre la gente era simplemente impresionante. Había algo en esa muchacha que hacía a uno querer pasar tiempo con ella. Pasaba noches y noches durmiendo sola en su cama escuchando sus cuchicheos, debates y risas a solo cinco pasos de su habitación deseando ser parte, de alguna forma, de aquello que ellos estaban haciendo en el estudio. Pensaba en que libros había leído ademas de "Tengo una Oveja Dolly" , "La cabaña del Tio Tom" y por supuesto, la Biblia.

En el otoño las cosas empezaron a volverse turbias. Varias veces despertaba a mitad de la noche y encontraba a Caroline observándola desde la puerta entre abierta de la habitación como un fantasma, que lejos de tener cadenas y una manta sobre la cabeza, tenía un rostro humano. Tan agradable en el día como terrorífico en la noche.

Las veces que Thomas se ausentaba por alguna cuestión de negociosos ella pasaba varios días sola junto a Caroline. Y la jovencita tomaba actitudes cada vez más...raras. Al no haber un hombre en la casa consideraba que pasear desnuda por los pasillos no era un pecado mortal. Tenía un cuerpo tan armónico y fresco como  su rostro. Cada pose, cada mirada, cada andar parecía sacado de una revista de arte erótico y Lidia empezó a sentirse cada vez más y más en pugna con ciertos deseos "Anti Cristianos" o "Paganos". A veces Caroline tomaba su mano, paseando por el jardín, A veces le besaba la frente diciendo "Buenos días" y en cada ocasión Lidia experimentaba un estremecimiento con el cual debía luchar mentalmente. Cuando Caroline estaba cerca de ella, cuando Thomas se marchaba al sur a vigilar sus campos allí, Lidia se daba cuenta que solo con ella era sumamente Feliz. Feliz como Igrrisen y la estrella que perseguía.  En el último viaje de Negocios de Thomas a Landesia, tras tomar algunas copas en la habitación de Caroline Lidia decidió hacer como el tal Igrrisen e ir a por su estrella que tan bien la hacía sentir.

Una noche calurosa, la conversación hizo un alto mortal cuando los ojos negros de Lidia se enfrentaron con los Amatistas de Caroline. Lo que ella era incapaz de decir con palabras, lo dijo con su cuerpo. Apoyó la mano en su rostro, suave como la más tersa de las sedas y Caroline llevó sus dedos a sus pechos de pezones marcados y erectos. Hasta ese momento, con el viento que entraba por la ventana haciendo danzar el flequillo de Caroline estaba por arrepentirse. Pero la jovencita, de piernas como el demonio y boca dispuesta a amar pintada en un color violacio se acercó a su oído tomándola por las caderas. Dijo en un susurro secreto:
Música
- No he venido por Thomas. He venido por ti. Ha sido siempre por ti, Lidia...

Caroline le besó el cuello y subió con sus labios hasta los suyos en un candor insoportable de resistir. El tempano de hielo en el cual Lidia vivía desde su pubertad estalló en un sin fin de pedazos, enredándose con temor a descontrolarse entre los brazos y las piernas de Caroline. Mientras ella le proporcionaba dulce placer Lidia no podía dejar de pensar que la odiaba porque Caroline representaba todo aquello que ella era incapaz de ser.

Ahí estaba esta mujer, entre sus piernas sin preocuparle en lo absoluto lo que hacía, sin tener que rendir cuentas a nadie mañana. Sin pensar en que diría el cura del pueblo al escuchar semejante cosa en su confesión. Aferrándose con fuerza a la espalda de Caroline, desnuda y de gentil sentir, sintiendo como sus cabellos acariciaban su entrepierna, tan imperfecta a sus ojos, Lidia se dispusó a simplemente no temer, no temer entre sus caricias y por vez primera soltar las riendas de su ser.

Lidia dejó que la princesa del castillo de Cristal la llevara por el cosmos de todo su cuerpo entre las sabanas de la antigua cama bajo el pesado semblante del Ángel en el patio trasero. La jovencita sabía lo que hacía y como la más dulce de todas las maestras le enseño, una y otra vez, el camino hacía la estrella que perseguía. Caroline no la hizo suya, dejo que Lidia la tomara para sí, dejó que Lidia buscara en todo su cuerpo, su piel, su cabellos aquello que tanto necesitaba y urgía por salir. La pasión de sus besos, el aferrar de sus manos, lo dulce de sus caricias y el entrecortado gemido de su voz quebradiza hizo que Lidia sintiera estallar las supernovas del espació  en su vientre una y otra y otra vez con cientos de meteoros saliendo despedidos, ardientes, ardientes con deseos de consumir hasta la última chispa de pasión que le quedara.

Pero cuando Thomas regresó, al día siguiente. La adorada luz que Caroline había proyectado sobre ella se alejó de nuevo sin ningún deseo de regresar y Lidia quedo sola de nuevo, en su mundo gris, pacato y reprimido. Volvió a pasar las noches sola, en su cama vestida con su camisón viejo. Sin Thomas, sin Caroline, sin nadie. Con la cruz de Cristo delante de su cómoda lamentándose por lo que había hecho. Escuchando una y otra vez los cuchicheos, gemidos y placeres de la gustosa secretaria y el anciano. Otra vez apartada de la luz que la hacía feliz y cada vez más y más alejada...como en el estúpido manuscrito de su esposo, de la estrella que la había acogido en su seno por un instante tan breve como inmortal al cual su cabeza quería, sin descanso, regresar.

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