martes, 28 de octubre de 2014

Memorias de la Nevada IX

El Cruel Camino a Aquello que Amamos


I'll make you happy Baby, 
just wait and see 
For every kiss you give me, 
I'll give you three 
Oh, since the day I saw you 
I have been waiting for you 
You know I will adore you 
'til eternity 

The Ronettes - Be My Baby


El cielo cubierto por las densas nubes abrió una ventana hacía el cosmos donde podía verse a la Luna con su exacta mitad cubierta por la oscuridad seguida por un luminoso cortejo de densas estrellas. Debajo de las mismas, entre los densos bosques de Camino Hills y las sierras envueltas en sombras Jhoony Woodard estaba parado en medio del súbito desastre que se había originado. Aun con la canción de The Police, "Cant Stand Loosing You" en la cabeza vio a los dos oficiales locales bajar de la patrulla con sus manos sosteniendo las brillantes 22.

Limpiando la sangre derramada, el lento llanto de la lluvia mojaba su gorra del Platino F.C  y le quitaba, palmo a palmo, las manchas que tenía por sus manos y pecho. En el aire había una tensión cada vez más creciente que tenía poco que ver con él o los policías apuntándole. Por alguna razón que en el momento Jhoony no pudo comprender le recordó a un embudo o bien al hueco negro y sibilante de sus pesadillas. 

- Bájela si no quiere terminar en una caja de piano amigo. - Dijo la voz ronca de uno de los Policías
- Bájela suavemente y lancela a mí, sin trucos.
- No vamos a repetirlo. - Continuo el más joven quitando el seguro del revolver y accionando el percutor. Jhoony escuchó el tambor del arma girar. 

- Yo....- Empezó a balbucear Jhoony.



Tenía miedo. Y esa era una sensación que Jhoony conocía mejor que muchos de ustedes. La pistola automática aun estaba en su mano derecha, con dos Balas extra. De su cañón goteaba el agua de la lluvia haciendo brillar su cromado revestimiento. Los faros de la patrulla le dañaban la visión. Los policías eran sombras detrás del gran reflector, se ocultaban tras la luz como siluetas difusas y peligrosas. 
***

¿Ya Sabes que Título escogerás para tu libro Jhoony Querido?

En los últimos días había intentado recordar de que se trataba, con mayor exactitud, el libro que había comenzado a escribir. Y debido al tiempo había olvidado mayor parte de el; solo era capaz de recordar a la Mujer de Ojos Amatistas y su castillo de Cristal. Todo lo demás estaba emborronado, había una densa capa de oscuridad que le impedía ver más allá del amable y caluroso personaje de mirada de ensueño. Como la luz del faro que impide ver lo que yace más allá de su brillante candil.

Lo que intentaba ocultar el luminoso fulgor de su mirada era lo mismo que  atenazaba sus músculos y secaba su boca ahora mismo. El Miedo. Fue el miedo lo que llevo a Jhoony Wodward a escribir su libro encerrado en el estudio de su abuelo Thomas. Pero se necesita mucho más que algunas frustraciones adolescentes y temores infantiles para llenar las paginas de una maquina de escribir de manera inusitada. La conexión que hacían sus dedos con ese teclado antiguo era automática, no existió linea argumental planificada, capítulos 1 y 2, personajes o tramos basados en otras obras. Fueron largas, imaginativas y cansadoras sesiones de vomito literario. Tal vez poner en palabras aquello que Jhoony no era capaz de decir a su corta edad. Hasta ahora creía que debía tratarse de una historia de terror, después de todo eran sus favoritas cuando niño.

El cuadro que formaban los policías armados delante suyo, ocultos tras la gran luz de la patrulla y el simbronaso de nervios que le producía el saber que con que solo uno de ellos apretara el gatillo el estaría muerto, logró que la cabeza de Woodward diera un clic importante, tal vez el último que realmente tendría significado para él:

Quien se ocultaba en la oscuridad, debajo del amable castillo de cristal de la Mujer de Ojos Amatistas era el mismo que preguntaba una y otra vez sobre el título de su libro. Pero no era un Yupie de Wallstreet, tampoco un personaje literario. Su nombre era Duck Welton, tío materno muy querido por todos en la familia. Duck tenía una forma de hablar muy seductora y magnética,  como justamente un financista muy exitoso, un comediante o un abusador de menores. No era ninguna de las dos cosas anteriores a la última.

Duck asistía a las reuniones familiares de los Woodward en la casa de Lapan Grows, una casa enorme donde no es difícil esconderse, se vaya de uno o de a dos a cualquier sitio. Y de la mano llevaba a Jhoony al baño  de servicio cuando el pequeño  tenía que hacer sus necesidades y sus padres estaban cansados de llevarlo. Duck, tan servicial y paciente con los chicos de la familia siempre se prestaba para hacer el favor. No tenía hijos ni esposa, pero era bueno con los niños.

Extrañamente a veces la luz del baño de la planta baja de la casa no funcionaba y Duck le pedía que buscara el interruptor guiando su mano amablemente a cualquier parte de su cuerpo menos al interruptor. Eso se repitió varias veces, cada navidad, año nuevo, cumpleaños de la abuela Lidia o reuniones de temporada donde todos la pasaban en grande haciendo parrilladas en el patio de la casa.

Woodward ya sabía y había asumido hacia tiempo lo ocurrido con su tío. Fue alcanzado la adolescencia que se digno a tomar el trago amargo que su subconsciente le servía desde la niñez, como una macabra sopa de letras que contiene pesadillas, miedos irracionales para alguien de su edad y una gran angustia nocturna a la hora de dormir solo en su habitación con la luz apagada. Sueños con enormes llaves de luz que intentaba una y otra vez prender; pero que era incapaz de alcanzar, o baños públicos donde terminaba encerrado.

Mientras creció y se hizo adulto había alojado el episodio de abuso en el archivero mental de "Cosas que le ocurren a la gente". Cuestiones dadas por el azar, la mala suerte y tal vez descuido paternal. Aunque no culpaba a sus padres o a personas de su círculo intimo sobre lo ocurrido. Sin embargo este horroroso episodio de su infancia era solo conocido por él. Ya una vez pudo cobrar conciencia solo pensó que era tarde para llorar por la leche derramada y que eventualmente nunca dejaría a sus hijos solos con algún extraño. Aunque también algo de su inexistente paternidad en muchos años de matrimonio ocultara cierto temor de repetir el mismo error con su propia criatura. Nadie lo sabía, ni siquiera Pam. Era un secreto que había decidido guardar.
Música
Ahora que lo pensaba, con dos 22 apuntándole a la cabeza en manos de dedos nerviosos....Bueno, sí había otra persona que lo sabía tal y como había ocurrido. No solo lo sabía sino que lo había ayudado a escapar del daño que le provocaban las visitas a casa de su abuela y las parrilladas de los Woodward.

Ella había llegado a él entonces, bajando desde su castillo de plata en una noche de verano en casa de su abuela, vestida de plata y blanco con sus brazos bien abiertos y los labios vueltos en un beso liberador. Había cruzado el cosmos, las nubes de tormenta y atravesado la oscuridad como un cometa cortando las densas sombras por él y para él. Tal y como Beatriz con Dante, tomó su mano para llevarlo allá por sobre las estrellas. En el primer momento en que necesito encontrar una figura con la cual compartir lo que a todas luces era imposible de siquiera racionalizar a esa edad.

La Mujer de Ojos Amatistas, con esas orbes tan hermosas, ya adivinaba todo su dolor con solo una mirada y a los ojos desconcertados de Jhoony Woodward terminando de armar un rompecabezas que muestra una cara monstruosa ella respondió con una brillante sonrisa repleta de amor. Un amor que nadie más podría igualar. Porque era parte de una ficción y en la ficción las cosas simplemente pueden andar bien.

Jhoony era un niño entonces y los niños tienen la envidiable capacidad de creer como usted y yo creemos en las leyes de la física que una princesa puede bajar desde las encumbradas estrellas a buscarle. Es capaz de creer que aun fuera de las cosas que sus sentidos pueden percibir hay un orden mucho más rico, luminoso y propio. Quienes no lo pierden, demasiado a menudo, terminan escribiendo libros o suicidándose, dependiendo como corra su suerte.

Cuando su abuela le daba la llave del estudio a Jhoony en cada sobremesa festiva inconscientemente Woodward encontraba un cerrojo que lo separara de Duck. Dentro de esas cuatro paredes ya estaba fuera de su alcance y podía contemplar a la Mujer de ojos Amatistas en la fotografía. Ella lo miraba, lo vigilaba desde la foto y con eso alcanzaba para que él se sintiera protegido bajo sus amables orbes. Su tío a menudo preguntaba que hacia encerrado allí tanto tiempo y hacia siempre chistes guarros sobre eso. Jhoony decía que estaba escribiendo un libro y de allí en adelante, en cada encuentro familiar su tío, con mirada y dientes de tiburón preguntaba ¿Que título has escogido para tu libro Jhoony querido?  Nunca se lo dijo. El podía tener poder en muchas cosas de este mundo, pero no en ese, no en Su Mundo.

Estaba equivocado, había invertido el sentido de la historia. No era un libro de terror, era una historia de amor. Había escrito una historia de amor donde más allá de los nubarrones de la densa oscuridad de la gran sombra, suspendida con gracia entre las estrellas estaba ella, su ángel guardián de mirada capaz de atravesar la carne. El tenía que llegar hasta ella para alcanzar el confort y la luz, el abrazo amable de una victima a un corazón dispuesto a recibirlo.

La Mujer de Ojos Amatistas era real porque su dolor era real y su miedo también. Y las espadas más gélidas del dolor habían formado a fin de cuentas a su señora. Como le prometía en sueños, El miedo se había convertido en amor, el dolor se había convertido en el sosiego de un hombro donde llorar, en un lugar donde derrumbarse hasta flotar libre, ligero como un copo de nieve en una nevada que lo cubre todo con su blanco. Ella podía ver lo que todos ignoraban y no necesitaba contarle nada porque ella ya lo sabía todo. Eso lo liberaba del cruel trabajo de intentar explicarle a alguien lo que a ojos de un niño es inexplicable.

Ahora tenía una  45 en la mano y acababa de matar a un hombre para ir en busca de una mujer imaginaria porque, igual de imperceptibles que Duck, las sombras volvían a cerrarse sobre sí. Lo apretaban, lo asfixiaban en cada claudicación hacía terceros, en cada paso no realmente deseado de su vida se habían acumulado como bloques llevándolo a repetir una y otra vez la misma farsa. Haciendo todos los días de su vida una tediosa existencia sobre cosas no realmente queridas, ni realmente amadas. Había pasado el resto de su vida dejando que los otros tuvieran el poder que a Duck le negó. Que ingresaran y dominaran aun en aquella pequeña parte de su mente que en los últimos tiempos solo se activaba cuando estaba borracho o melancólico. Lo único que verdaderamente había venido de él era ese libro y dejarlo a parte para regresar a su casa o ir a prisión sería la consagración de sus errores.
***
Estoy aquí, no tengas miedo Jhoony. Ya no tienes nada de que temer.

Imperceptible al exterior, caminando con suavidad hacía él venía la Mujer de Ojos Amatistas. El tiempo parecía haberse detenido, aunque la lluvia caía. Mojaba sus cabellos y su traje, pero el barro no la manchaba y los objetos no detenían su andar. Los traspasaba, dejándo inutil la barbarie del hombre y venciendola a cada paso.

Jhoony temblaba, ella se acercaba, pasó por entre los Policías y se paro delante de él. Sus ojos despedian aquella luz indomita y sus labios se volvieron en una sonrisa hacía él. Lo tomo del brazo con la cual él sostenía la 45. Sintió su respiración en su nuca, su piel suave rozar su nariz, el olor a fresas en sus cabellos golpeando su mejilla producto del viento y la potencia de su mano derecha tomarlo por las espalda afirmando sobre su carne todo su inevitable e inigualable cariño.

Pero esta vez,  Tu has venido hasta mi.

Lo Beso con pasión, se unió a él por un breve instante y Jhoony se sintió despegar aunque seguía en el suelo. La Dama se poso a su lado y con la gentileza de un ángel elevo su brazo armado. Sostuvo con delicadeza su muñeca y deslizo con paciencia el dedo de Jhoony hacía el gatillo. Jhoony vio al policía actuar en camara lenta, vio su rostro transformarce en la mirilla de la pistola. Las gotas de la lluvia golpeando el cañon, salpicando los dedos fuertes de Jhoony y la perfecta mano de su amada, su amor más alla del tiempo, del espacio, de lo despiadado, de lo truculento, de lo doloroso y de lo mortal.

- Nunca te deje....- Susurro Jhoony. Luego miro a los Policías. - Ellos me alejaron de tí.

Las Balas salieron mordiendo el aire, cruzando la noche y enviándolo todo al infierno en tan solo 3 disparos, como Mike en el Padrino. Salieron escupidas como grandes torrentes de acero asesino que no encuentran reparo hasta su propósito, el asesinato en pos de lo que amamos.

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martes, 14 de octubre de 2014

Memorias de la Nevada VIII

El Escritor de Best Seller 


Lidia Allens no era una maga ni una gitana de la feria de Lapan Grows. Pero desde el momento en que vio los ojos amatistas de Caroline Sanders aquella tarde supo que algo raro andaba con ella. Y con el tiempo aprendió que si lo único extraño hubiera sido el color de sus pupilas nada peor que un divorcio hubiese ocurrido entre ella y Thomas Woodward, cuya infidelidad y gusto por las jovencitas era, como mínimo, bien sabido por todos.

La Abuela de Jhoony podía tolerar la vergüenza que supone ser la esposa del hombre infiel en una sociedad tan conservadora como la clase alta Himburguesa y, llegado el caso, hasta era capaz de soportar con cierto estoicismo norteño ser madre soltera con un niño que alimentar. Pero el pequeño infierno que debió tolerar durante las aventura de su esposo con Caroline Sunders se tornó en poco tiempo algo tan terrorífico como abominable su final. 

Y el manuscrito...esa cosa tenía poder y había tenido poder sobre Thomas desde el momento que decidió comenzar a planear su "Primera Novela" tras un moderado éxito como escritor de relatos cortos que se publicaban en diarios tales como "El Imparcial Himburgues" o "Lapan News". El manuscrito de su esposo nunca conoció las teclas o la tinta de una maquina de escribir. Sino que fue escrito a mano a manera de borrador pre eliminar en unos tres cuadernos antiguos bajo consejo y edición de Caroline Sunders. La muchacha que apareció una tarde en el club de caballeros para no irse nunca más de su vida o la de su esposa. 

Como dijimos, una tarde en la que se celebraba el día de San Jorge el ya algo polémico matrimonio entre Thomas (65 años) y Lucy (18) se encontraba en el campo de golf del club de caballeros disfrutando de una muy agradable tarde soleada cuando una muchacha con modos y aspecto de estrella de Hollywood se apareció de la nada misma. Vestida con su uniforme de montura, la jovencita de cabellos castaños largos, ojos color amatista y rostro cinematografico dijo ser una gran admiradora de Thomas y pidió que le sacaran una foto con él con su cámara. Dicha fotografía, tomada por Lidia, era aquella que se perpetuo desde entonces en el escritorio de Thomas sin mayor razón aparente. Cuando algo molesta su esposa le pregunto porqué él solo dijo que pocas veces recibía halagos por su trabajo y menos de una chica tan bonita como Caroline. 

Desde ya que la cosa no quedo en la foto y el autógrafo improvisado en una libreta pequeña que llevaba Thomas ese día. Caroline seguía apareciendo por aparente casualidad en el camino del matrimonio en distintas reuniones sociales, eventos de caridad o ferias del pueblo. Cuando Lidia preguntó a sus conocidos sobre la tal Caroline, nadie supo decir de donde venía, donde vivía o quienes eran sus padres. Ella se autodenominaba una "Adicta a los viajes y la fotografía" con sueños de convertirse en una reportera gráfica de algún gran medio al estilo "Life". 

Sin embargo aun sí la zorrita estuviera buscando algún contacto dentro de la billetera o la bragueta de su esposo, a Lidia no le importaba demasiado. Más una noche, mientras ella y su esposo cenaban en el salón comedor de la casona sobre la colina Thomas manifestó con su usual modo Himburgues que Caroline intentaba convencerlo de escribir una novela que lo sacara del submundo literario y lo llevara hacía la popularidad.

Lidia sabía que la idea cuadraba por completo con Thomas. La clase de persona que ama los aplausos, los halagos y ser el centro de atención en cada evento en el que asiste con chistes de salón blanco, anécdotas de viaje y argumentos políticos bastante polémicos para los 40 tales como el voto femenino, cuidado del medio ambiente y abolición de la pena de muerte. Más lejos de ser una gran estrella, Thomas era más reconocido en Lapan Grows por sus fugaces aventuras sexuales, su fortuna y su insistencia en invertir en una compañía de Computadores novedosa llamada "C.C" La que en el futuro sería conocida como Ciberdrone Sistems, la mayor contratista de defensa del estado desde los 70 en adelante que desarrollaría los adelantos necesarios para misiles balísticos, sistemas de Radar, y drones militares. 

No fue el deseo de crear una "Opera Prima" ni el aliento de una insólita jovencita lo que llevo a Thomas a dedicarse 24/7 a su libro. Sino más bien el incipiente virus de una enfermedad que comenzaba asolar Himburgo y gran parte del mundo en el siglo XX. Un virus que Caroline Sunders sabía contagiar muy bien: El Deseo de ser Famoso.

Hijo de familia rica con cuatro hermanos exitosos, Thomas no había hecho más de su vida que ser un hombre rico y extravagante sin mayor interés por profesiones tradicionales como la medicina, la ingeniería agraria  o las leyes. Y al igual que su nieto tal vez, había pasado gran parte de sus años buscando aquella cosa que le diera cierto sentido especial a esa existencia que lo hacía sentir tan vacío como solitario. Su dinero heredado  no lo hacía sentir realizado y el amor de quienes se le acercaban por el tamaño de su billetera era tan efímero como los Reales (Moneda Himburguesa hasta los 90) que la misma contenía. Lo único que los Woodward veían como algo ridículo y sin futuro alguno era su inclinación hacia las letras y las lenguas extranjeras. Un trabajo poco digno o de bajo renombre para unos hacendados del norte de Himburgo con una innumerable lista de Héroes de Guerra, Gobernadores y Jueces en su álbum familiar. 

Ni siquiera Lidia conocía gran cosa del pasado de su esposo, pero a menudo creía que el hermetismo de Thomas sobre su familia y niñez tenía como razón un cierto vacío dentro de él que no alcanzaba a llenarse con las petulantes y poco interesantes vidas de los hombres de dinero. Poeta a casi escondidas, Thomas se apartó de su familia para vivir en Lapan Grows trabajando de maestro universitario en La Royal Himburgish University y, en su tiempo libre, escribir un sin fin de relatos cuya mayoría pasarían moderadamente desapercibidos hasta el final de sus días.

Lidia no sabe si fueron los aires de "Juventud" que trajo consigo Caroline o su renovado concepto del Marketing y la Publicidad pero desde que la conoció Thomas solía repetir una y otra vez que su nuevo libro lo haría famoso. "Estaras en la portada de todos las revistas Thomy" Solía escuchar decir a Caroline cuando acababan el borrador de algún nuevo capítulo. 

Entre tanto Thomas empezó a preocuparse por cosas a las que antes jamás había prestado atención, tal como su aspecto físico, su angulo en las fotografías que tomaba Lidia o Caroline. Sí su barba estaba muy corta o muy larga, si su traje estaba a la moda y que impresión dejaba en cada lugar que visitaba. Leía una y otra vez las criticas que recibía por sus relatos cortos en los diarios y fue en busca de periodistas que estuvieran interesados en su trabajo literario para escribir artículos sobre los mismos en los medios locales. También empezó a mostrarse disconforme por la forma en que vestía su esposa y llegaba a casa con ropas más del estilo de Ingrid Bergman que de una mujer callada y algo pacata a decir verdad como era Lidia. 

Lo que Lidia no sabía era que Caroline no solo estaba haciendo escribir a su esposo, sino que estaba transformándolo lentamente en un idiota más preocupado por el personaje que interpretaría una vez el libro estuviera terminado que por el libro en sí. Una figurita comercial que lejos de abrir mentes con sus teclas, lejos de buscar aquel sentido único e inigualable que todo escritor desarrolla en su obra, se encontraba ansioso por convertirse en una brillante estrella que ocupara paginas y paginas de revistas mostrando su opulenta casa, su hermosa esposa joven y aparente "Ángel" creativo de producción inigualable. Todo Un Best Seller. 

Caroline Sunders estaba transformando a Thomas en la clase de persona que Lucy Drissen moría por ser de la forma que fuese y con mayor o menor grado de esfuerzo. El rostro de todo aquello que futuras generaciones querrían ser apartándose cada vez más y más del verdadero sentido de sus vidas o el origen nato y tierno de sus sentimientos. Dominados como Thomas por el terror a pasar desapercibidos en un mundo en el cual quien logra saltar la valla de la ignominia se transforma de inmediato en un ejemplo de vida. 

A lo largo de la historia veremos bien de que manera cruda y realmente paranormal La Mujer de Ojos Amatistas sometió a Thomas y, eventualmente alcanzó a Jhoony. Sin embargó de todas las armas con las que cuenta el terrorífico e inveterado poder del cual proviene el fulgor amatista de sus iris, ella, la Gran y Enorme estrella en el cielo sobre los nubarrones negros de las sombras, siempre supo muy bien que su poder no residía directamente en ella sino en el Deseo de los hombres por trascender. Sea en los grandes o pequeños, en los poderosos y los débiles, en los tontos o los sabios, en los lindos y los feos, el Deseo de ser Observados era igual en todos ellos. La ansiedad por ser único e irrepetibles también.  

La Mujer de los Sueños de Jhoony Woodward solo necesitaba de una Utopía, grande o pequeña, para transformarla y deformarla en una inequívoca y trágica desgracia que saciara su hambre voraz. Thomas había sido su campo de pruebas en los 40. Jhoony y Lucy su desembarco triunfal en este Siglo donde ya disponía de un ejercito de idiotas a lo largo del globo buscando la misma falsa inmortalidad.


***
Camino Hills 18:15 Horas

El tip-tac de las gotas golpeando el vidrio delantero de la Cheby iba acompañado por el repetitivo canto del limpia parabrisas. Lejos de encontrarse preocupado como Howar o triste como Lucy, Jhoony gozaba de una libertad que pocas veces antes había experimentado en su vida. Alcanzando el norte de Himburgo, tal vez uno de los más bellos paisajes que tenga esta nación para mostrar, sus manos conducían con gentileza la Cheby por la carretera  5 que nacía desde Fixa Town hasta Lapan Grows, su pueblo natal y destino en este viaje. 

Escuchando uno de sus singles favoritos, los ojos de Jhoony se deleitaban al ver como el gran paisaje se abría delante de sus ojos. A pesar del día nublado y la densa bruma que bajaba de las colinas, las piedras, el pasto verde oscuro y las accidentadas colinas de El Valle de los Reyes mezclandose con los densos y viejos bosques de Niuvet, todo parecía estar en su lugar. Inclusive sí mismo. Ni preocupado por el transito, la temperatura, su dinero, su trabajo o su esposa, Jhoony se sentía como en sus veinte . Antes de mudarse a Witters, antes de trabajar el campo que había heredado y por su puesto antes de convertirse en un alcohólico.

La idea de ir hacía su libro nunca terminado le generaba una suerte de ansiedad amable, como quien va en busca de un viejo amigo que se ha mudado lejos de casa. Pero al mismo tiempo sabía que la Mujer de Ojos Amatistas esperaba y él, su primer caballero no tenía deseos de ser descortés con la bella dama de sus sueños. Haría una última parada en Camino Hills, un pequeño pueblo entre las colinas del Valle y partiría  directamente a Lapan Grows por la carretera 7 que se conectaba con la cinco justo allí.

A medida que oscurecía la luna se iba volviendo cada vez más grande y brillante a su parecer, derramando gotas de plata sobre el gran río Palaras debajo del precipicio por el que la ruta bordeaba caprichosamente con un barandal flaco como única protección para conductores incautos. Demorarse demasiado en el paisaje podía llegar a ser un problema. El Valle de los Reyes y casi todo el Norte de Himburgo estaba plagado de viejos fantasmas de una nación algo melancólica y cansada, con tantas guerras y sangre sobre sus verdes pastos. Aun en las más antiguas leyendas sobre Dracidas y Vlainds el gran valle estaba recubierto por una gran energía sobrenatural, supuestamente despedida por los miles de buenos huesos que descansaban bajo las raices de sus fuertes arboles de troncos negros. 

Aun con una ruta cruzando todo en el medio a nadie le sorprendería demasiado encontrarse con un elfo, con un Vlaind, un Dracida o una galante princesa. Aunque, en versiones más modernas y menos exitantes los alienados Himburgueses también habían localizado supuestas pistas de aterrizaje alienigenas del planeta Zilum.

Fuera lo que fuera que obrara allí entre los tumulos, las lapidas de nombres desdibujados por el tiempo y los monolitos de piedra salefianos, a Jhoony le producían aun más deseos por recuperar su viejo manuscrito. Y aunque a muchos les podría parecer un capricho algo tardío en un hombre de cuarenta años durante este misterioso viaje plagado de recuerdos el buen Jhoony Woodward había llegado a la conclusión de que, de una forma y otra, las personas con las que se había relacionado siempre habían intentado con éxito alejarlo de aquellas cosas que él realmente amaba en un principio. Y que, en el caso de su libro fue más un hallazgo accidental producido por una gama de adultos poco tolerantes con su gran imaginación, que el afable aliento paternal de las películas.

A lo largo del tiempo, en su vida para nada excitante, simplemente había dejado pasar todas las oportunidades que tenía de convertirse en algo mejor que un granjero que se emborrachaba para no soportar a su esposa. Antes de eso había sido un universitario aburrido para no tener que tolerar las frustraciones crónicas de sus padres con respecto a sus elecciones en su vida. Y ahora, cuando a sus cuarenta ya esas cosas le podían importar una verdadera mierda, seguía jugando el papel que se le había asignado desde su niñez. Ir solo en busca de aquello que le proporcionara una rápida solución económica en la vida moderna. 

Puede que la historia de Thomas se hubiera repetido en Jhoony y la Mujer de ojos Amatistas evidentemente conocía la frustración del eterno retorno. Piezas de un muro que lentamente se van posando uno sobre el otro, sostenidos por su propio peso que impiden cada vez más ver el radiante horizonte de nuestros propios deseos. Deseos que a menudo toman forma en una etapa muy colorida e inolvidable de nuestras vidas como la infancia. Sentirse arrancado de aquel brillante amanecer para ser llevado a un mundo de metales y oscuridad  era un dolor que ambos compartían. Y la melancolía que supone poder visitar aquellos lugares solo desde la foto de wallpaper de tu computadora también.

Fue así por tanto que Jhoony Woodward llegó aquella tarde a Camino Hills y ya desde los primeros tramos del camino pudo sentir el resonar de su corazón al encontrarse en un ambiente que desde hace tiempo no visitaba. Casas en medio de los densos bosques, un sin fin de reposterias Hellenianas atiborradas de turistas, calles de tierra en la mayoría de los casos, una iglesia, una comisaria, una escuela y en verdad no mucho más. Olor a naturaleza por donde se viera, carteles pasados de moda de gaseosas con estrellas de cine más muertas que los reyes enterrados en las cercanías y la siempre imperante sensación de paz.

Para la gente de Camino Hills, ese pueblo era una porquería donde ni siquiera existía una Pizzeria decente, pero a la vista de un hombre tan tragado por la mierda como Jhoony era como la pequeña aldea de Asterix en La Galia en medio de la Roma de Nerón es decir, sin hilarantes romanos. Ya acercándose el anochecer ansiado por los grillos para lanzar su canto Jhoony paró en un bar llamado Tory Tabern para comer.

***

Casi que vuelve sus pies hacía la Cheby corriendo cuando la fantasía de El Señor de los Anillos murió con la abrupta aparición de una bandera Neo Nazi colgada dentro del Bar. Pero la mirada del gordo pelado sirviendo cervezas por poco lo obligo a sentarse en la barra junto a otros especímenes de la raza aria Himburguesa. En verdad el bar no estaba nada mal, se mantenía fiel al estilo mágico de Camino Hills, pero resulto ser una cueva bastante aceptada por los habitantes para todo lo indeseable que anduviera dando vueltas por Camino. 

La música del bar tampoco estaba mal, pero Jhoony había visto demasiadas veces en T.V como en estos pequeños lugares uno sale, o bien con una navaja en el estomago o un balazo en la cabeza...se pague o no la cuenta. Mientras el grupo "SOÑA. SABE" cuyas discretas y deliberadas iniciales eran "S.S" elevaba gritos los demás ejemplares comensales elevaban el brazo derecho y agitaban sus inexistentes cabelleras. 

Educado como Lord, Jhoony exageró lo más posibles sus ya de por si buenos modales para con los residentes. A pesar de ser Nazis al parecer sabían muy bien como hacer un buen sanguche de Milanesa y la cerveza Helleniana " HellRaiser Barbara" era muy superior a las lavadas Milton o Tikoon. Terminó en tan solo 30 minutos, dejó toda la propina que podía y se ganó la sonrisa del dueño. Por obligación hizo algunos chistes sobre Judíos con los compañeros de la barra y antes de mearse encima del miedo fue hacía su Cheby para huir de allí discretamente.

Atravesando las luces de colores rojas y azules de Torys Tabern, llegó hasta la puerta. Fuera ya era de noche y debajo de la luz blanca del alumbrado publico vio a tres habitúes de Torys examinando la Cheby. Rogaba a Dios y a San Jorge que fueran coleccionistas de autos antiguos, pero dudaba que alguno de ellos tuviera escrito en su campera de Jean "Cráneo En Llamas" junto a su numero de serie de la prisión.

Cuando disponía subirse a la misma uno de los tres, de larga barba castaña lo interpeló en un tono demasiado amistoso para ser sincero.
- Oiga Campeón...Que lindo chiche que tiene he...
- Gracias...en..en verdad no es mio. Es decir es de mi esposa. Pero la manejo yo. Je. 
- Yo tenía una igualita, pero me la sacaron los policías de mierda porque dijeron que era robada. - Continuo el barbudo acariciando con su mano la puerta de la camioneta. 
- ¿En verdad? Je...- Jhoony no tenía ni idea como lidiar con estos sujetos, pero al igual que en el bar apelo a su buena educación como si esta fuese un seguro de vida. 
- ¿A donde va Amigo?- Pregunto el tal Cráneo en Llamas, interponiéndose entre él y la cheby. 
- Voy a...Lapan Grows. Voy a ver a mi abuela...je.
-OOOOhhh. Dijo Craneo en Llamas. - Pueblo de Ricos....
- Mujeres hermosas. Dijo el tercero, pelirrojo y algo desdentado.
- ¿Podemos ir ? Nuestras motos se quedaron sin gasolina...
- No...es decir, me encantaría pero...mi abuela esta enferma y tengo que llegar rápido para darle una medicina que allá no se consigue.
- Somos motociclistas amigo, siempre llevamos prisa. Dijo El Barbudo haciendo reír a todos menos a Jhoony.

Fue entonces que Jhoony sintió por primera vez (aunque no por última) una punzada muy fuerte en la nuca que le hizo llevarse las manos al entrecejo. Al cerrar sus parpados le pareció ver el resplandor amatista de dos ojos brillantes y sensuales. De momento no supo si fue el cansancio por el viaje, alguna enfermedad mental nunca antes diagnosticada por sus médicos o simplemente...ella. Pero de pronto le pareció que habían sido tipos como estos los que lo habían hecho sentir un trapo de piso durante su vida. 

Cuando abrió los ojos vio al desdentado con sus marcas en la cara por su mala vida y nudillos raspados producto de varias peleas. El sujeto con el Cráneo en Llamas tatuado en la frente con su arrogante expresión criminal y brutal, y al barbudo intentando esconder una pistola automática en su cintura sin demasiado éxito. 

- Vamos amigo. Pareces un buen sujeto.- Dijo El barbudo.
- Si, pareces de esos que hacen favores siempre. Hablas como que has leído muchos libros ha.- Continuo el pelirrojo.

- Lo siento, no puedo llevarlos. Contesto Jhoony ya algo más seco y menos pelele. 
- Yo opino que sí. - Dijo el barbudo llevando una mano a la 45. - Es más creo que no llevas tanta prisa como nosotros. ¿No es así amigos?
Los demás reos asintieron.
- Muévete pelele sureño.- El cañón de la pistola brillo ante la luz del farol de calle. 
Jhoony se rindió.
- Solo...solo déjenme tomar mis cosas ¿sí?

Asintieron.
- Si caperusita, tendrás que ir por el bosque para llevar la medicina a la abuelita...- Dijo Cráneo en Llamas riendo junto a los demás.

***

Lo que ocurrió inmediatamente después fue una de las cosas más atrevidas que un granjero como Jhoony hubiera hecho. A sus cuarenta años vivía aterrorizado por la Inseguridad como la mayor parte de los Himburgueses. En la calle siempre alguien podía matarte, sea un ladrón, un terrorista, un loco religioso o un activista ecológico. La violencia estaba ahí para quedarse en Himburgo, disparada por los militares, disparada por los desafortunados transformados en caza fortunas o por los tubos dentro de las televisiones repitiendo una y otra vez palabras como  "Eliminar", "Destruir", "Terminar" "acabar" y sobre todo: Matar. 

Consumidor de todo ese tipo de temores, como quien llena un carrito de supermercado con todo tipo de miedos y paga por ellos con una sonrisa, Jhoony efectivamente había decidido no arriesgar su vida por su camioneta. Cuando abrió la puerta para sacar las cosas de la guantera, tales como sus documentos, libreta y demás, vio o creyó ver en el retrovisor a la Mujer de Ojos Amatistas triste por su decisión. En el preciso acto de tomar sus cosas para salir de allí pensó cuantas veces esta misma escena se había repetido en sus cuarenta años. Puede que los actores hayan cambiado al igual que la escenografía, puede que el guión hubiera sufrido muchos cambios pero el Story Board era el mismo:

En un Cuadro estaba Y en el otro simplemente...no.

En unas lineas de su libro el besaba a la Mujer de Ojos amatistas de cara al Atardecer al punto de una noche maravillosa sobre las estrellas. En la siguiente estaba tomando cerveza lamentándose por no haberla alcanzado cuando tuvo su oportunidad. En un fotograma se casaba con la hermosa Pamela en la iglesia de Lapan Grows y a continuación tenía que salir a fumar a escondidas de la casa con una lata de Milton entre las pelotas como si fuese un adolescente de mal comportamiento.Ya la había dejado una vez. Y la llave Inglesa que sus dedos alcanzaron por accidente debajo de los papeles decía que esta vez el iba a estar en todos los putisimos cuadros que al carajo se le ocurrieran. 
La mano se encaramo sobre la herramienta y salio despedida hacía atrás como la masa de un titan para estrellarse en la nariz del barbudo con la  45. Sintió la sangre de su nariz desprenderse de sus fosas para derramarse sobre su puño cerrado y decidido. El arma de fuego cayo al piso. Cuando Craneo en Llamas fue hacía el con una cadena entre sus manos, Jhoony escapó de puro milagro de la misma agachando su cabeza justo a tiempo y golpeó con su mano libre el estomago del idiota. Infundado por la Mujer de Ojos Amatistas lo dejo sin aire y este dio algunos pasos hacía atrás. 

El Bate de beisball que escondía el Pelirrojo lo golpeo en el brazo pero no le dolió lo suficiente como para detenerlo, pues en verdad, había probado dolores mucho peores en su vida. La llave inglesa de Jhoony le fracturó la mano que sostenía el bat y luego le provocó una fisura craneal en el costado izquierdo de la cara. 

Sorprendidos, por no decir, asorados por la súbita respuesta del pelele Jhoony Woodard los mal vivientes intentaron contra atacar. Jhoony, quien sabía poco y nada de armas, tomó la pistola y sin contemplación, llevado por su largamente contenida ira, disparó. Una de las balas dio en la rodilla de Cráneo en Llamas quien pasaría a ser cojo de por vida. La otra pegó en el hombro del barbudo quien recién se recuperaba del golpe. Finalmente, el pelirrojo, intentando sacar una navaja, recibió los disparos. Una y otra vez  Jhoony accionó el gatillo con mayor  decisión sintiendo el olor a pólvora y escuchando los casquillos rebotar en la puerta de la cheby. La sangre rellenó los espacios entre la grava del camino y cayó desplomado debajo del cañón humeante de la Colt ardiente. 

Pasado el crimen, dominándolo todo el silenció, luces azules y coloradas de un móvil policial acabaron con el rampage homicida de Jhoony. Al cual las voces de dos oficiales la parecieron venir desde otro mundo. Para cuando cayo en cuenta de todo lo ocurrido en esos fatales cuarenta segundos se vio a si mismo cubierto de sangre con una pistola Colt en su mano izquierda y una llave inglesa salpicada de sangre en su derecha. Un hombre muerto a sus pies y otros dos revolcándose en el suelo de dolor, lanzando puteadas a cada santo que conocían.  Se llevó las manos a la cara, intentando alejarse de lo que había hecho. Imaginó que tendría tiempo de pensar en ello en la comisaria local.

No importaba demasiado, tanto y en cuanto, la Mujer de Ojos Amatistas siguiera sonriendo junto a él.

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miércoles, 8 de octubre de 2014

Memorias de la Nevada VII

Un Puente hacía el Olvido 



We built the bridges
We now sleep under
We frame the door ways
We may not pass through


Bridges
Rise Against

Como en cualquier otra mañana de los últimos veinte años, Gawayn, el vagabundo de Witters Alley despertó con una fuerte resaca producida por el licor barato al que su limosna podía acceder. Desafortunadamente para él el Mundial había terminado para Himburgo y ahora los comerciantes habían abandonado la tregua mundialista para convertirse en los mismos agarrados  de siempre. Aunque Joes! continuaba supliendolo de una cerveza Milton y cena gratis cada noche. A pesar de que Gawayn odiaba a la gente religiosa, tenía que aceptar que los evangelistas dueños del lugar eran los más generosos de todos. 

La diferencia en relación a otros días era que esta vez no despertó producto de las estrías de sol que cruzaban el viejo puente ferroviario debajo del cual dormía. Sino debido al monstruoso sonido de camiones, grúas y palas mecánicas accionándose casi inmediatamente una después de la otra. El rugido de los motores de cada una de esas moles de acero perturbó el siempre apacible silencio del arroyo Shapuka y el viejo puente que Gawayn había escogido como improvisado hogar.

Los camiones del ejército habían dejado de descargar allí sus sucios asuntos desde terminada la actuación del equipo nacional en el Mundial. Y Gawayn había regresado al puente pensando en encontrar la paz que tienen lugares como estos, alejados y olvidados por todo el mundo menos los vagabundos como él.

El puente había sido en años mejores uno de los primeros orgullos de Witters Alley a inicios del siglo pasado. Sobre él no solo iba el ferrocarril sino también todo lo que se podía extraer de las minas al oeste y nor oeste del pueblo. Incluso, no muy lejos de allí podían verse las vías adentrándose en un túnel de montaña cerrado en los 60 junto a la mina de carbón.  Aun algunos habitantes de Witters intentan descubrir como fue que el pueblo sobrevivió a la quiebra de la Witters Coal Compañy. Cuyos propietarios eran, ademas, los fundadores de la ciudad. Gawayn sabía la respuesta, sobrevivieron lastimosamente como muchas otras ciudades del sur. 

Pensando que tal vez a alguien se le había ocurrido re abrir la mina (una vieja promesa de todos los intendentes de Witters desde su cierre) Gawayn salió de abajo del puente como un troll del siglo xx y trepo por los matorrales esquivando las latas oxidadas y la basura del hospital de Fixa como ademas, ciertos pedazos de restos humanos dejados por los invisibles invasores del Coocon que el arroyo había arrastrado hasta los pilares.

Una vez al nivel de la carretera se encontró con cientos de hombres con casquetes amarillos y jardineros de trabajo. De haber tenido una cámara Gawayn hubiese sacado una foto. La última vez que hubo tanto trabajo en Witters debió haber sido en la posguerra. Ahí estaban los modernos logos de la compañía constructora Bixie Brothers con sus azules letras brillando de cara al cálido sol de la mañana en un día perfecto. Vio ingenieros, capataces, obreros y maquinistas apresurados por comenzar tareas que de momento el desconocía su propósito. 

Fue entonces que, tras divisar a los enormes diez y ocho ruedas llegar por la ruta 4 cargando material de construcción, dos hombres de casco blanco con ropa de oficina y modernas radios en sus cintos le llamaron de manera un tanto brusca. Quien parecía el respetable líder del proyecto llegó donde Gawayn y dijo:
- Oiga...¿Usted vive aquí?- Señalo el puente.
- ¿Ve alguna casa por acá? - Contesto Gawayn en su usual modo.
- Bueno, dele un beso de despedida viejo. 
- ¿He?- Preguntó el vagabundo. 
- Lo vamos a volar en mil pedazos. 
- ¿¡Que!?
- Que lo vamos a volar en mil pedazos le digo. Y no es su puta casa como para que tenga que darle explicaciones. Solo váyase, estamos preparando la demolición.

Acostumbrado a ser corrido de muchos lugares sin demasiadas explicaciones Gawayn iba a ir en busca de sus casi nulas pertenecías cuando se dio media vuelta para preguntar con cierta emoción.
- Oiga jefe...
- ¿Sí?
- ¿Tiene trabajo para mí?
- ¿Ha trabajado antes en construcción?
- Hice muchas trincheras y bunquers en Alahstan en la batalla de la noche interminable.
- Vaya al trailer de color azul. Ahí verán que se puede hacer...
- ¿Que van a construir? 
- Un nuevo puente y un barrio privado alrededor. 
- ¿Y me van a dar una casa cuando termine? 
- Una patada en el culo le vamos a dar cuando termine. Pero va a ganar experiencia. 
- Construyó una casa en la que se que nunca voy a vivir. Es irónico, ¿No lo cree?
- Eso también...- Contesto el Supervisor señalando a su derecha. Allí otros operarios montaban un enorme cartel donde podía leerse:

"Reacondicionamiento del Puente Shapuka"
Administración Pallance
Himburgo Va Hacia Adelante y no deja a Nadie Atrás.

***
Anochecía en Witters Alley y los últimos rayos de un sol agónico entre negras nubes acariciaban los tejados, antenas de television, torres de agua y anuncios publicitarios del poblado en un domingo tan aburrido, deprimente y calmo como cualquiera en el Sur de Himburgo. En Joes! el empleador de Lucy decidía llamar a casa de la joven para saber si iba a trabajar el Lunes. No se preocupo al no verla el sábado, Lucy no solo era la más joven de sus camareras sino también la más trabajadora, si había decidido tomarse el día sinceramente no lo preocupaba, se lo había ganado. 

En contraposicion su otro empleador, Peter Leggins, volvía de Fixa Town por la misma carretera donde tuvo su hasta ahora secreto encuentro, intentando que los nervios no lo hicieran estrellarse definitivamente en el camino e imaginando diversas explicaciones para dar a su madre cuando esta, inevitablemente le preguntara por su hija. A pesar de haberlo practicado delante del espejo todo el fin de semana aun no le sonaba convincente, sus ojos lo delataban y una madre lo sabría. 

Y mientras el tiempo pasaba con la lentitud acuciante de cualquier Domingo, Howar Fells armaba su pistola Colt  45 Commando sentado en una de las mesas del Coocon Club dejando que sus pensamientos se perdieran en el reflejo producido por el brillar de las balas que cargaba allí en silencio. 

El club había permanecido cerrado todo el fin de semana y los vestigios de la última fiesta aun pendían de las paredes como los jirones de vencidas banderas. Guirnaldas de papel crepe colgaban desprolijas de las paredes y las columnas, el confeti desparramado por el suelo se mezclaba con las manchas de vomito de los bailarines habitúes y, cruzando la puerta para "Personal Autorizado" aun estaba el vaso de plástico donde Lucy bebió su último trago entre la sangre y los casquillos dejados por el León Hambriento Himburgues

Los Sultantes del Swing, el nombre de la compañía de Inteligencia que conducía el melenudo Howar, estaba en descanso tras su pequeña pero importante participación en el Operativo Fénix. Estos adecuados caballeros Himburgueses se habían hecho expertos en la desaparición de personas y el aniquilamiento de poblados enteros durante la guerra de Alhastan allá por los 70s. En las ardientes y crudas arenas de aquel desierto grupos como estos, mayormente compuestos por comandos y fuerzas especiales indisciplinadas eran enviados tras las lineas enemigas para infiltrarse allá donde fuera que los barbudos montañeses anduvieran. En violentas incursiones sorpresa arrasaban aldeas y detenían al azar la mayor cantidad de Alhastanos posibles para luego interrogarlos bajo tortura.

Ademas de aprender que la tecnología y los bombardeos masivos no eran muy efectivos contra poblaciones decididas e insurgentes, el Ejército himburgues también aprendió en esos cruentos diez años como cometer crimines de lesa humanidad que harían enrojecer al más despiadado de los dictadores extranjeros. "Los Sultanes del Swing" (Nombre escogido por Howard) habían servido en El Congo del norte, La E.C.C, Salef del norte, Indomedia,  Columbia, Alhastan, Triggers, Baresto y básicamente casi toda nación donde Himburgo enviaba "Cuerpos de paz", "Intervenciones humanitarias" y otros eufemismos para definir "Ocupación militar extranjera" en el Nuevo Himburgo.

Cuando estos finos ejemplares  regresaron del extranjero fueron tomados por las organizaciones de Inteligencia de Himburgo para una nueva misión. Llevar las operaciones encubiertas a casa y aplicar lo aprendido fuera entre fronteras. A menudo mezclados en fuerzas policiales locales o destinados a hacer inteligencia en lugares donde la presencia del ejército sería, al menos, incomoda para el educado ciudadano Himburgues.

La Nación jamas había conocido un estado de tal represión interna sino tal vez durante la ocupación Helleniana en la Segunda guerra mundial. La asombrosa diferencia (a la distancia) era que los Nazis no encontraban mayor problema en mostrar sus campos de concentración a lo largo y a lo ancho del país ni se molestaban en ocultar sus horrendos crímenes. La Dictadura Sí.

El Cocoon era una de las muchas tapaderas que existían en casi toda ciudad o pueblo de Himburgo. A veces alojados en Comisarias y otras veces, sí las fuerzas locales no eran de confiar, aparecían de la misma nada "Negocios" "Clubes" "O.N.G´S" de dueños fantasmales y clientes inexistentes en cuyas bambalinas se administraba, direccionaba, dirigía y ejecutaba la masacre. Howie había llegado para quedarse en Witters Alley por un largo tiempo o al menos eso pensaba hasta esta tarde.

***

Como dijimos Howie se encontraba sentando en una mesa del V.I.P cercana a la barra armando y desarmando su pistola junto a otros miembros del grupo esparcidos por el club intentando matar el tiempo. Howar cargó la Colt en el exacto momento que Tigre, el más grandote y mayor de ellos ingresó por la puerta trasera al volver de su permiso de fin de semana.

Howar detestaba profundamente a "Tigre" y lo habían plantado en su unidad desde Base por, básicamente, no encontrar a nadie en el extranjero que lo quisiera. Si alguien lo viera se sorprendería de que una mole de músculos y cicatrices pudiera recibir ordenes de un tipo flaco y joven como Howard. El "Tigre" se había ganado su fama de sádico asesino en Alasthan como torturador. A menudo pavoneaba entre sus compañeros diciendo que salía en misiones nocturnas solamente armado con un viejo Cuchillo robado a un Congoles jefe de tribu. Cuchillo, que entre otras cosas, corto sadicamente varias veces la piel de Lucy Drissen y quitó de cuajo su ojo. 

Tigre iba a dirigirse sin mayores palabras a la parte trasera del Club cuando Howard, en un tono indiferente le habló sin mirarlo a la cara.
- ¿Como estuvo el permiso?
- Como todo permiso jefe, agitado. 
- Espero que no te hayas hecho daño. 
- Ni un rasguño...

Tigre siguió caminando hacía la puerta de "Solo Personal Autorizado" y Howie iba a dejarlo marcharse, más interesado en limpiar su arma que en conversar con él cuando un comentario de otro miembro del grupo al saludar a Tigre llamó su atención. 
- Te perdiste la fiesta el Viernes...- Dijo chocando su mano.
- Ja, Clay, Rod y yo tuvimos la propia.-  Contesto Tigre con un abano en su boca. Los demás mencionados rieron y afirmaron con énfasis.

Ademas de ser un  hijo de puta, Howar era militar de carrera y no basura desechable como Tigre, por lo que le gustaba estar informado de las cosas y siempre volver a chequear las actividades de cada miembro para evitar posibles malentendidos o sobre entendidos. Por lo que antes de que Tigre se marchara Howar le preguntó tras levantarse de la mesa:
- Tigre..
- ¿Si Jefe?
- ¿Te ocupaste del asunto del Viernes no?- Preguntó solo por descarte.
- Me insultas How, ¿Cuando no me he ocupado de lo que me mandas? La Putita esa gritó hasta el final, desearía que fueran menos escandalosas...por poco y nos deja sordos.

- Entiendo, sigue con lo tuyo.

Por tercera vez la pelota de músculos giró hacia la puerta de "Personal Autorizado" cuando algo hizo ruido en la cabeza de su superior. 
- Espera..
- ¿Me?- Contesto Tigre con mala Gana.
- ¿A que te refieres con que "Grito hasta el final"?
- ¿Que?.
Howar, entre cuyas virtudes no estaba la paciencia continuo y quienes lo conocían bien allí dentro notaron como sus mejillas se empezaban a colorear. 
- Eso dijiste..."Gritó hasta el final"
- Sí eso Dije Jefe. ¿Que tiene de malo?

Ahora Howar empezó a arrastrar las palabras como Joe Peshi cuando toma velocidad antes de descarrillar en "Buenos Muchachos".
- ¿No le metiste una bala en la cabeza?
Tigre miró a sus compañeros, sin entender porque la preocupación de Howar y balbuceó.
- Me imagino que le volaste la jeta de un cuetazo y dejaste el cuerpo en el Shapuka.

Su subordinado empezó a reír mostrando sus dientes amarillos y exhalando humo de su abano.
- Que pasaa amigo...¿Por quien me tomas? ¿Por uno de tus soldaditos? ¿Crees que no se....
Howar se llevó la mano al entrecejo y todos vieron las pistola en la izquierda golpear contra su muslo nerviosa, impaciente.
- ¡Le Pegaste un tiro o No! Eso quiero saber. 

Tigre quien temía a Howard más que cualquier otro de sus subordinados retrocedió y trago saliva. Se parecía más a un gatito asustado que aun torturador. 
- Los chicos....yo...no. - Intentó una falsa risa mientras se justificaba, como un niño que dice una mentira poco creíble. 

How no necesito volver a preguntar. Los ojos en las caras de los tres designados para la tarea lo decía todo. El silencio se le hizo de pronto insoportable.
- ¿¡Esta Muerta o no esta Muerta la piba esa pedazo de pajero!?

Tigre se encogió aun más. Explicó moviendo sus manos nerviosamente. 
- How...How, calmate. Estaba casi muerta cuando la dejamos, no hay forma de que halla sobrevivido. Los chicos y yo agarramos a la putita tal y como dijiste, la llevamos a la parte trasera y nos divertimos un poco. Ya en camino estábamos un poco...entonados por la fiesta, por lo que recién ahí nos dimos cuenta que no llevábamos armas de fuego. Después la dejamos en el medio de la nada en la parte más oscura de la Ruta. 
- ¿Casi Muerta? Me importa una mierda si estaba medio, casi o apenas Muerta. ¿Como podes asegurarme que esa pendeja esta muer-ta. 
- No solo la violamos Jefe, también le dimos con la caja de herramientas de la camioneta. Ni Rocky Balboa podría resistir esa cantidad de golpes, lupsaciones y fracturas. Quien te crees que era ¿Superman? 

Howar y sus botas caminaron en dirección a Tigre lentamente y antes de que su subordinado pudiera reaccionar le doblo el brazo hasta casi el punto de quiebre. Con su otra mano apoyo su cabeza contra la barra del club y luego presiono el cañón de la 45 contra su cien.  Tigre sentía que Howar intentaba clavarsela en la cabeza con cada vez más fuerza.
- ¡No Jefe!-
- Escúchame una cosa pedazo de mierda. No te quería en mi unidad, solo te acepte por que le debo un favor a BASE. Te detesto y en cuanto pueda voy a recomendar que te manden devuelta de una patada en el culo a ese desierto de mierda. Pero entre tanto, más vale que hagas exactamente lo que te digo, descerebrado. Mi unidad es profesional y vos sos la manzanita podrida que me esta infectando la cosecha que tanto trabajo me costo hacer con estos hombres. Ahora, vos y los otros van aprovechar lo que queda de su Domingo de permiso para asegurarse de que esta muerta. Y si por obra de Dios todo poderoso la puta esa se levantó de entre los muertos como Lázaro la van a buscar en todos los hospitales de la zona. Cuando vuelvan más vale que estén seguros....Quiero estar tan seguro como si me lo dijera un escribano, no, mejor, quiero una puta foto de su putisima tumba con la madre llorando de rodillas en la lapida ¿Esta claro? La quiero en los obituarios de mierda para mañana. 

Ustedes se preguntaran porque Howar estaba tan preocupado por cubrir un crimen durante una Dictadura tan poderosa. Desde ya que aun si el caso fuera de público conocimiento no haría temblar la estructura de poder de una Super potencia. Pero en esos años las Organizaciones de inteligencia tenían, como mayores enemigos, a otros Servicios que a menudo buscaban quedarse con los negocios de las zonas que controlaba cada una. Cualquier desliz de una de ellas era usado por las otras para quedarse con el control operativo de dichas zonas. El Ejército y la Marina se disputaban hace tiempo el suroeste de Himburgo y los negocios derivados del mismo. 

Los Milicos no vivían solamente de su sueldo allá por los ochentas. Una Base territorial como la del Coocon traía dinero de muchos otros lugares como la prostitución, la venta de drogas ilegales, el crimen organizado, el mercado negro de armas, concesiones para proyectos inmobiliarios de testaferros y demás delitos que nutrían los bolsillos de los grupos de tareas y sus superiores. Witters, particularmente, estaba negociando junto a varías compañías la construcción de un gran barrió privado como ademas la demolición del antiguo puente ferroviario sobre el Shapuka. Junto con las ruinas del puente se irían los cuerpos de las victimas del operativo Fenix sosteniendo los cimientos del "Nuevo Himburgo" sobre los huesos de sus antiguos habitantes.

La misión  de Howar otorgada por Base era, ademas de la conocida, servir como fuerza de presión a la legislatura e Intendencia local para que no dudara un segundo más de lo debido en entregar todas las concesiones inmobiliarias a Bixie Brothers; compañía muy bien conocida por esos años por sus lazos con los altos mandos del Ejército Himburgues. 

La Historia de la muchacha joven e inocente siendo brutalmente violada y golpeada por la gente de Howar era tentadora para cualquiera de sus enemigos en las otras armas que deseaban contratos como él previamente mencionado y de más esta decir que sí BASE no obtenía su dinero Howar iba a tener que pagar por él centavo a centavo, o bien Bala por Bala.

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