martes, 30 de septiembre de 2014

Memorias de la Nevada VI


Thomas

El Ensamblador 


La radio de su Chevy emitía "Young Girl" hacia la soledad y tranquilidad de la campiña Himburguesa ya a las afueras de Fixa Town. En el camino Jhoony había decidido comprar un anotador de bolsillo donde escribir las ideas y recuerdos que había tenido en las ultimas horas intentando encontrar un sentido más claro a aquello que, como tornado, lo interpelaba en la noche.

Mientras devoraba un sanguche de bondiola comprado a un  vendedor ambulante, las manos fuertes del granjero escribían nuevamente en papel. Solo que esta vez, lejos de ser una novela, plasmaba en la libreta el sueño que tuvo esa tarde luego de dormir una pesada siesta en el limite norte de Witters Alley. Esperaba, en algún momento, volver a leerlo y encontrar allí algo que pudiera darle pistas sobre la Mujer de Ojos Amatistas. ¿Quien era? ¿De donde había venido? y sobre todo "Que quería". De momento Jhoony estaba convencido de que era algo meramente Psicológico y había encontrado en esto un pasatiempo para hacer algo que a menudo no hacia:

Conocerse a sí mismo o, mejor dicho, volver a conocerse. Cuando acabara con esto y la improvisada y condimentada cena, llamaría a su abuela para comentarle que tenía pensado visitarla. Tras muchos años de estar fuera de esta actividad, Jhoony escribió de nuevo y se sintió muy bien hacerlo, aunque solo fueran pensamientos. Son los pensamientos los que te llevan a escribir y aun invisible a sus ojos, en el asiento trasero ella lo sabía y lo alentaba.





 ***
Sus manos se veían más jóvenes de lo que él las recordaba y presionaban las teclas como un profesional, sin necesidad de mirar el teclado o buscar allí las letras adecuadas para formar rápidas oraciones. Cada una de ellas convertía la nada en algo llenando poco a poco el vacío de cosas maravillosas, lumínicas y hermosas. De pronto ante sus azorados ojos las imágenes difusas de su mente se convertían en una realidad sentida y tangible que giraba y giraba todo alrededor de su mente, ansiosa por explorar el inmenso espacio que cabía en el universo de su propia imaginación. Él era la luz brillante que motorizaba la alocada carrera  de una galaxia en expansión.

En solo un segundo durante una tarde aburrida, una noche de insomnio o una mañana campestre Jhoony podía convertirse en un Dios de proporciones inmensas que con solo abrir una mano  en el vació podía dar nacimiento a trillones de planetas y galaxias que se abrían delante de sus ojos como un pasillo cuyas paredes se tornan a los costados hasta encontrar la plenitud de la inmensidad. La brillante y ardiente luz de la creación.

El rayo de información lumínico atravesaba su cuerpo, su carne, sus nervios y como en un shock eléctrico sin dudarlo sus manos se ponían a trabajar sobre el blanco de un papel para generar una gran sinfonía de inacabable beatitud. Siempre de la mano de la mujer de ojos Amatistas iba a visitar sus creaciones, valles, montañas, ríos, criaturas bondadosas, malignas, seres humanos, alienigenas. En el punto en que Jhoony se dio cuenta que existía un canal, una ruta hacia todo lo que su mente inquieta era capaz de crear  (pero incapaz de compartir) Jhoony empezó a escribir y no se detuvo.

A su lado la mujer de Ojos Amatistas le besaba el oído con sus dulces palabras.
Dame obediencia y devoción
Dame trabajo duro y sacrificio
Dame todo tu amor por la vida
y todo tu temor a la muerte.

Dame todos tus deseos y todas tus pesadillas
Yo las puedo transformar porque las puedo comprender.
Y porque las comprendo te amo.
Y tu me amas por que comprendo todo lo que deseas transformar. 

Jhoony miró a su derecha  de la maquina de escribir esperando encontrar el rostro de la Mujer de Ojos Amatistas, aquel cuyo nombre había olvidado y que suponía era el ensamble de todas las cosas que el añoraba tener en un solo y radiante semblante. Ahí estaba como siempre la foto de Thomas Woodward, su abuelo, con sus palos de golf. A su lado, por detrás, el cuerpo de una mujer se adivinaba pero no estaba allí la cara que el esperaba recordar, aunque sabía que fehacientemente allí estaba la clave de su misterioso personaje. En sus pupilas se encontraba la radiante luz, el ardiente deseo y el amor eterno.

Donde debía situarse la mirada que lo transporto hacia el viaje maravilloso que supone escribir había un hueco ahora. Un hueco negro cuyos bordes eran de fuego. Pequeño, ínfimo en un principio como la puntada de una aguja. Más a medida que escribía ese hueco se hacía cada vez más y más grande. Jhoony no dejaba de escribir, a pesar de que sabía que el agujero se haría inmenso. El vidrio del porta retratos se quebró en mil pedazos y la goma de borrar sobre el escritorio fue succionada por el hueco, como imantada hacía una dimensión de gélida oscuridad.

Sin  quitar los ojos de la fotografía las manos de Jhoony no se detenían, tomaban mayor velocidad segundo a segundo. Las teclas se soltaron, sus dedos se clavaron en los alambres, sus uñas se partieron ante el metal de la maquina, pero Jhoony seguía sin saber exactamente porque, aparentemente también lo había olvidado.

Los botones de su camisa salieron disparados y también fueron devorados por el hueco, pronto las mismas hojas de su resma de papel salieron volando como cientos de pájaros en bandada que son tragados por un hambre voraz. La mesa de teléfono, los trofeos del abuelo se marcharon también por aquella negritud insondable en la cara de la mujer de la foto, perdiendo vida, color y forma, todos los objetos grandes o pequeños se marchaban dejándolo en un cuarto que empezaba a perder el papel, siendo arrancado de las paredes por la titanica fuerza que no encontraba saciedad en su inmenso apetito.

Una vez solo quedo él sentado frente a la maquina de escribir, cuando todo lo demás ya había sido tragado por la vacuidad en la fotografía a Jhoony solo le restaba poner el punto final en su obra para terminarla. Si la terminaba, al igual que todas las cosas que lo rodeaban, también sería devorado. Dudó y la gruta en la foto rugió como furiosa o molesta. Entonces Jhoony recordó, como si nunca lo hubiera olvidado que La Mujer de Ojos Amatistas también podía devorarse su dolor. Dio el punto final y para siempre, gratamente, desapareció en su interior.

***


My lady soon will stir this way
In sorrow known
The white queen walks
And the night grows pale
Stars of lovingness in her hair
Needing unheard pleading one word
So sad her eyes she cannot see

White Queen (As It Begin)
Queen


En el pequeño apartado de enfermería del Tronador Hills Fixa Town Hospital dos enfermeras de guardia tomaban un mate esa madrugada mientras su televisor portátil mostraba los créditos finales de "El Gato Felix" en Mute. De momento lo mejor que podía ofrecer uno de los canales de aire para esas horas perdidas en el espectro televisivo. Sobre uno de los escritorios donde una de ellas llenaba formas e informes una pequeña radio portátil emitía la música de trasnoche de FM Walk, una de las radio más populares allá por los ochenta.

Y siendo ya las  Dos y media de la madrugada queremos invitar a todos los insomnes a olvidar el espantoso clima que asola el Sur de Himburgo este Julio con "The Monkees" y su clásico "I´m a Believer"

El ritmo de la música contaminada por la estática de un receptor en malas condiciones era seguido de cerca por el murmullo del lápiz con el cual la enfermera llenaba la ficha de la reciente ingresada. Gracias a la información del primer parte medico, todo lo referido a síntomas y estado de salud fue fácil de rellenar en los espacios pre fijados para este tipo de documentos. Más una vez terminada su rutinaria labor Debora Vilson preguntó a su compañera, quien miraba el televisor como hipnotizada, el nombre de la Muchacha.

- No lo se...aun no ha despertado y quien la ingresó no dio detalles tampoco. Aunque era un cura de lo más apuesto.
- ¿Un Cura apuesto? Eso me gustaría verlo...- Repuso Debora mirando hacía su compañera con el lápiz en su mano.
- Se un tal Frederick Merry. Incluso dono unos Veinte Balbans al Hospital...
- ¿Solo Veinte? Que agarrado.

Debora regresó a su tarea y volvió a ver el casillero donde decía "Nombre y Apellido" vacío, en blanco.
- Entonces ¿Que nombre le pongo?
Su superior se encogió de brazos.
- No se, lo que se te ocurra por el momento. Cuando despierte le preguntaremos.

Debora se llevó el lápiz a la boca intentando pensar un nombre. Finalmente, con lo primero que le vino a la cabeza y sabiendo que tarde o temprano sabrían su verdadero nombre garabateo sobre la ficha:
Nombre y Apellido:
La Mujer Desnuda.

Se sonrío por su estúpida travesura y continuo con sus otras tareas.

***

Del otro lado del pasillo, cruzando sus luces de tubo que parecían extenderse hasta el infinito y su piso plástico del tipo que rechina al caminar estaba la puerta ligeramente entre abierta de la habitación donde Lucy Drissen había sido internada. Como en una broma de mal gusto para quien ingresa con un ojo menos  su receptor de tv colgado en la esquina de la habitación, cerca de la ventana, dejaba el Gato Felix atrás para dar paso al cierre de transmisión. Desde su cama Lucy pudo ver y escuchar el institucional obligatorio con el cual terminaban todas las emisiones.

Su vista cansada y algo borrosa de momento pudo percibir las figuras de los barcos, corvetas, destructores y gigantes portaaviones de ultima generación de la Marina surcando las aguas del globo. Submarinos equipados con misiles nucleares saliendo a la superficie, la bandera de Himbugo hondeando en alta mar, Royal Marines asaltando playas y lanzándose desde helicópteros al mejor estilo Rambo y otras películas populares de la época. Las imágenes triunfales de la maquina de matar Himburguesa eran acompañadas por las palabras del Primer Ministro en uno de sus más celebres discursos de apertura en su Segundo Mandato. 

Himburgo es un león hambriento, tal y como aquel que flamea en nuestra bandera sobre el firmamento, defiende con sus garras y fauces salvajes a sus hijos para que nazcan seguros , los educa para que siempre estén hambrientos de progreso, hambrientos de libertad y de Justicia. De todas las razas, de todas las clases, de todas las regiones, nosotros, Hijos de esta gran Nación Vamos mancomunados  hacía adelante sin dejar a nadie atrás.  

En cada escuela, en cada fabrica, en cada ciudad o pueblo de esta Nación hay un León que defiende lo que ha ganado receloso y esta dispuesto a luchar contra cualquier contrincante hasta la misma muerte por los derechos y libertades que este país ha ganado con tanto esfuerzo. Jamas debemos permitir que los advenedizos, internos o externos, las ideologías con simpáticos disfraces  o el terror pongan en peligro las libertades Cristianas y Occidentales que han hecho Grande el espíritu de esta nación, la nación Himburguesa, ¡La Nación Indispensable!

Poco antes de que terminara la propaganda con un Pallance radiante siendo aplaudido por sus votantes, la mano de un hombre alto fue hasta el interruptor y apagó el ruidoso aparato. Estando todo el cuarto en penumbras Lucy imaginó que se trataba de un medico o tal vez una enfermera. Entonces aquella voz de acento norteño llegó a sus oídos, al igual que el caminar de unos zapatos caros dirigiéndose al costado izquierdo de la cama.
- Lo siento, solo tenía interés por ponerme al tanto de las peculiares novedades- Dijo aquella voz, era igual a la de ese anciano que había visto en la carretera. Anciano que ella creía había sido parte del shock o del cansancio tras su accidentado encuentro con Peter Leggins.

Junto a la ventana, que mostraba una noche lluviosa y un cielo encapotado hasta el horizonte, la silueta oscura de un hombre se sentó en una pequeña silla de cojines negros desgastados y buscó en su bolsillo algo. Cuando el objeto se mostró ante la luz Lucy se percató que era un viejo reloj de cadena, como aquel que utilizaba el conejo de Alicia, aunque obviamente mucho más pequeño. El anciano cerró el dispositivo y se acomodo en la silla cruzando sus piernas.

- ¿Es usted quien me trajo aquí?- Preguntó Lucy.

El viejo se aclaró la voz.
- En parte. 
- ¿Es un doctor?
- No. No lo soy. 

La conversación fue interrumpida cuando, de pronto, una enfermera abrió un poco más la puerta de la habitación, como queriendo revisar que todo estuviera en orden. Finalmente ingresó y preguntó a su compañera en el cuarto de enfermería:
- ¿Vos le apagaste la tele Debora? ...¿No?... Pobre...

Sin decir "Hola" "Buenos Días" o "Como se siente" y francamente sin importarle una mierda si Lucy Drissen estaba despierta o no, la mujer encendió nuevamente el televisor. Al ver que la transmisión del canal había terminado cambio a otro donde un pastor evangélico pasaba su programa gravado, lo puso en Mute y se marchó. 

- Bueno, creo que alguien se le olvido que, a pesar de todo, no estas sorda. - Dijo el anciano. Si bien Lucy no podía verle claramente imaginó que sonreía y así era. Antes de que ella pudiera decir cualquier cosa el viejo habló nuevamente con un tono solemne, como el de un psiquiatra  o un profesor experimentado luego de volver a ver su reloj.

- No tenemos mucho tiempo Lucy por lo que voy a ser claro. Antes de que me lo preguntes diré lo siguiente: No soy un Doctor, un familiar o alguien de tu especie. No soy un fantasma, ni un Ángel ni un Demonio. Ciertamente no soy Dios ni Lucifer; por suerte estoy por encima de las dualidades que han generado la fe y la mente Humana a lo largo de su historia. No hay Bien o Mal para mí, ni día y noche o Luz y oscuridad. Desde ahora en adelante soló tu seras capaz de verme, oírme y, llegado el caso, sentirme. También debo aclararte que, aunque te sea muy difícil de creer a lo largo de nuestra charla tampoco soy producto de tu mente o de una condición de stress post traumatico. Soy el Ensamblador y mi tarea ensamblar una pieza con otra. Teniendo en cuenta que para alguien de tu especie puede ser algo perturbador llamarme de esa manera, te diré que el nombre que este cuerpo tuvo alguna vez es Thomas Herald Woodward. Por lo que, si lo deseas, puedes llamarme así. 

Lucy hizo silencio y el sonido de la lluvia afuera se mezclo con el de su forzada respiración. Con la relativa certeza de que estaba alucinando contesto:
- Déjeme dormir.

Thomas habló y en su voz Lucy Drissen no pudo encontrar un ápice de emoción o sentimentalismo. Su tono era como el de un muy frió doctor o un científico loco que expone ante el héroe sus planes de dominación mundial. 

- Lamento informarte que eso no sera posible Lucy. Veras - Señalo el suelo con firmeza - Tu vas a morir en este hospital. Cualquiera de las cosas que creas que deberían suceder ante un acto tan bárbaro como del que has sido victima no ocurrirán. Lamento apresurarme a aquello en lo que ni siquiera has pensado aun, pero el tiempo es corto y necesito que tomes una decisión antes de que mueras, sea por tus heridas o por otras causas. 

Ningún oficial de policía vendrá a tomarte declaración. Ningún Medico hará un esfuerzo valiente por salvar tu vida. Ningún medio, local o externo, vendrá aquí con su cámara y anotador para escuchar la terrible historia que quieres revelar a esta sociedad.

Thomas hizo silencio aguardando una protesta o asegurándose de que tenía su plena atención. Aclaró su garganta y continuo.

- Tu madre, sin dudas, ira a la prensa al no dar contigo y no encontrar respuestas convincentes de las autoridades. Tu madre vivirá para ver el descrédito de todos sus dichos y la prensa local la tratara como una loca. Con mentiras, medias verdades y una gran imaginación por parte de los Servicios de Inteligencia ella pasara a ser una anciana delirante que cree en los Platillos Voladores y en un gobierno demasiado dado a las conspiraciones. Permanecerás "Desaparecida" hasta el retorno a la democracia a inicios de los 90. Finalmente, ya cuando tu madre este enterrada en ignominia, una comisión del gobierno te integrara a una larga lista de Nombres donde, más allá de todo, solo seras eso: Un Nombre tipeado en una maquina de escribir por una activista de derechos Humanos. Tus Victimarios, a pesar de comparecer en algún que otro tribunal vivirán mucho más que tu o tu madre para retirarse con honores del Ejercito como los relativamente polémicos "Héroes" de tiempos difíciles. Más allá de algún escrache o la ausencia del saludo de sus vecinos, no habrá mayor castigo ni justicia. 

Imagino que  para ti todo lo que digo, dada tu edad y personalidad, no es otra cosa que un gran y gigantesco delirio. Sin embargo es bueno que desde ahora te hagas a la idea de que nadie va venir a esta habitación pues ni yo, ni mi Maestra, sino tu pueblo, tu país y esta sociedad toda ya han firmado tu sentencia de muerte en la total clandestinidad como los de aquellos que viste en la parte trasera del Club. Seras, como ellos, tragedias que al estar ligadas de una forma u otra a las cuestiones políticas de la época estarán siempre marcadas en la mente de este país como menos importantes, más entendibles y menos inspiradoras que la del perro en la carretera que Peter Leggins arroyó. Frases como "Algo habrá Hecho", "En esos años era necesario" o "Esporádicos excesos" "Obediencia debida" "Cadena de mando" irán como un convoy de confortables mentiras delante y detrás de tu nombre para siempre. 

Aun, si sobrevives, creo que no me es necesario ayudarte a imaginar la clase de vida que tendrás. 

Lucy aun algo convencida de que su mente había fabricado al anciano y sus palabras volvió el rostro lejos de él hacia la derecha. Cuando lo hizo sintió el parche barato que habían puesto en el lugar donde otrora se encontraba su ojo derecho. 

Sola, sintiéndose más fría que un vació viejo en el frezer, aun oliendo el hedor de su propia sangre, Lucy se puso en posición fetal, dando la espalda al anciano. Ya regresando del planeta fármacos recordando lentamente el episodio del Cocoon, sintió una profunda indignación del tipo que genera la tristeza ante lo que, desde cualquier angulo, es injusto. Tal y como la muerte o la súbita desgracia. Por primera vez en su vida, cuando alzo sus manos en la oscuridad buscando ese punto de apoyo al que recurre nuestra psiquis ante momentos difíciles no encontró barra de sostén. Llámese Dios, amistad, amor o cobijo y eso la hizo sentir muerta antes de siquiera pensar en la dama de la guadaña.

Ahí estaba, con un montón de aparatos conectados a su cuerpo quebrado e irreconocible. Escuchando los esporádicos susurros de la vía del suero y del monitor que intentaba anunciar hacía la oscuridad y nada misma  como un solitario Arquímedes que milagrosamente Lucy Drissen aun estaba viva ¡Eureka! . Pero estar viva la había convertido en un problema para la sociedad que la rodeaba y, como a muchas otras cosas incomodas o problemáticas habían dispuesto tirarla a la basura.

- Yo solo quería...ir a Bailar. - Dijo aferrándose a la almohada con cada vez más fuerza. - No se nada de que me habla...- continuo con la voz pronta a partirse por el llanto.
 - Yo solo quería ir a Bailar...


***

Love of two is one
Here but now they're gone

Came the last night of sadness
And it was clear she couldn't go on
Then the door was open and the wind appeared
The candles blew and then disappeared
The curtains flew and then he appeared
(Saying, "Don't be afraid")

Come on baby
(And she had no fear)
And she ran to him
(Then they started to fly)
They looked backward and said goodbye
(She had become like they are)
She had taken his hand
(She had become like they are)

Come on baby
(Don't fear the reaper)



Blue Oyster Cult - Don't Fear The Reaper 
Lidia Allens, abuela de Jhoony, disfrutaba de su programa de trasnoche en su casa de Lapan Grows. Eran antiguas reposiciones de un Show de horror de los años sesenta conocido como "Regresados de la Tumba". Los ruidos de puertas chirriando, cajones abriéndose y mujeres gritando le daban vida al viejo y oscuro living de la casona sobre la colina. Afuera, detrás de las cortinas largas y las ventanas imponentes los rayos de la potente tormenta golpeaban el campo y de las grises gargantas de las gárgolas que custodiaban la entrada principal chorros y chorros de agua no dejaban de caer sobre el jardín.

Vos en Off
- Entonces Doctor...El Barón Dellins..esta ¿Vivo?- Dijo la actriz principal.
- No...no...algo mucho peor. - Dijo la voz de un actor con acento extranjero sosteniendo un imponente monóculo. - El ha Muerto y Muerto ¡ha Regresado!

Música de Horror.
Y en solo minutos continuamos con el especial "Regresados de la Tumba"


La abuela de Jhonny de unos Setenta y nueve años estaba sentada en el sillón puesto justo delante del viejo receptor de tv. Una manta azul oscura cubría sus añejas piernas y su boca abierta escupía jerontes ronquidos hacia la soledad de su hogar. Casona importante de principios del siglo pasado que no compartía con nadie.  A su izquierda el gran retrato de Thomas Herald Woodward cobraba tonalidades brillantes con cada relámpago o las dispares luces del Tv Kataro.

Mientras se encontraba en un pesado sueño dado a su edad, la señal de la television se interrumpió de súbito y el estallido de la granulada estática la hizo despertar súbitamente. Donde antes se podían ver los avisos comerciales ahora la famosa "lluvia" dominaba todo el espectro de la pantalla y su horrísono sonido le taladraba los oídos. 

- Y me cobran 50 Reales(N/A: Moneda Himburguesa antes del Balban) al mes por esta mierda que llaman "Cable". Si se corta con la lluvia como la antena, es lo mismo. Ladrones.- Dijo la anciana buscando entre los pliegues de su manta el control remoto. Más, aun soñolienta, detuvo su accionar cuando el televisor volvió a la normalidad. Sin embargo, lejos de emitir el programa que estaba allí hace unos instantes, apareció una muy antigua caricatura de esqueletos danzarines conocida como "La Danza de los Esqueletos"

- ¿Y ahora que paso?- Uno de sus nudosos dedos apretó el botón para cambiar de canal. Más no importaba que numero apretase (ni que tanto se empeñara en apretarlo) la caricatura permanecía allí tan cínica como inamovible. 

Cansada del horroroso servicio de la "Novedosa" T.V por cable, se levantó del sillón y apagó la television. El vació de sonido que produjo la súbita interrupción de los esqueletos y sus monadas dio paso a un silencio de cementerio en la casona. Silencio que por un segundo pareció total e inamovible hasta que la lluvia volvió a golpear contra los ventanales de la sala. 

Sin demasiado más por hacer esa noche Lidia Allens tomó su bastón junto al gran sillón donde se sentaba durante horas a mirar T.V y comenzó el lento ascenso hacía su recamara en la primera planta. Con el trabajo acostumbrado puso el bastón en su axila izquierda y tomándose de la baranda subió por las grandes escaleras de la casona. 

Tanto su hijo como más tarde sus nietos habían intentado que la inflexible anciana vendiera ese vejestorio tétrico que tenía por hogar. Los nuevos ricos y estrellas de cine que vivían en Vincent Town, a solo 20 Kilometros, tenían ahora por costumbre pagar pequeñas fortunas por casas como la de Thomas Woodward. Reliquias que de un modo u otro habían sobrevivido a los bombardeos de la Segunda guerra Mundial. La casona sobre Shepard Street, alejada del centro de Lapan Grows era una de esas pequeñas mansiones que construyo la burguesía pujante  a mediados del siglo 19 y sus jardines era tan extensos como los de una quinta. La vieja Lidia, quien había heredado de su esposo Thomas una gran fortuna, podía mantenerla sin problemas hasta el día de su muerte, que no estaba muy lejos a pesar de su buen estado de salud. 

A pesar de que fuera incomodo para ella subir y bajar tantas escaleras se había aferrado a ese inmueble como si fuese lo último que quedara en pie de su matrimonio con Thomas y los años de felicidad que vivió junto al anciano escritor. Lidia tenía diez y ocho años cuando se caso con el excéntrico y caballeresco Thomas de ya cuarenta y ocho. A pesar de la edad y los muchos años que habían pasado desde su fallecimiento Lidia nunca había tenido otra pareja y había llevado su vida en una soledad casi religiosa. No tenía demasiado contacto con sus hijos y nietos. Vivía sobre la colina, encerrada en su propio mundo de programas de television, novelas de romance baratas y el cuidado de su jardín.

Cuando la anciana se encontraba ya en la segunda planta, a pocos pasos del estudio de Thomas, se percato de que la luz del mismo estaba encendida. Podía ver el amarillezco fulgor entre las rendijas de la puerta de madera. Lidia nunca entraba en ese lugar pero era consciente de que bien podría haberlo hecho su mucama. Con una mueca de disgusto dijo en voz alta:

- Esa Latina...claro, no es ella la que paga las cuentas.- Dio un golpecito con el bastón.

Mientras los relámpagos seguían iluminando el semblante siempre orgulloso y alegre de Thomas, Lidia se quedo mirando tan solo la puerta de aquel cuarto. Aun le sorprendía, dados los recuerdos de su ultima visita al lugar, como algo tan espantoso podría haber ocurrido en un lugar tan pequeño como ese.

No había luz en la segunda planta, a menudo la antigua instalación eléctrica de la casa fallaba y las fases tenían la costumbre de ir y venir con tanta regularidad como un colectivo. En cierta manera, tal y como Lidia, la casa se caía a pedazos en muchos aspectos, pero el estudio estaba tan intacto como Jhoony lo recordaba y, por consiguiente, como Lidia lo dejó hace más o menos cuarenta años.

En un rapto de valor posó su mano sobre la perilla, que estaba muy fría. Un haz de luz amarillenta cruzaba desde el cuarto al pasillo producida por la puerta apenas abierta. El Deja vu era tan evidente como tenebroso para Lidia Allens, la joven esposa del viejo Thomas Woodward, pero no la más joven de sus amantes. Ni la última.

Lidia no tenía que hacer un esfuerzo para escuchar aun las risas del otro lado de aquella maldita puerta que siempre estaba cerrada con llave, excepto la ultima noche que estuvo allí. No le hacia falta Fosfovita para recordar las sombras proyectándose en la pared junto a la ventana, enredándose las unas con las otras entre gemidos de placer y promesas de eterno amor. A menudo esperaba envejecer lo suficiente como para olvidarlo, o que el alzheimer le diera el golpe final que borrara de su cabeza las dos o tres horas que la atormentaron para el resto de su vida. Sin embargo Dios había sido lo suficientemente cruel con ella para legarle una gran memoria, casi fotográfica, que se desplegaba delante de ella de tanto en tanto como un film de horror que se repite una y otra vez en diversas formas y ordenes. Pero todas terminaban ahí, en ese estudio.

A veces en la noche se recordaba a si misma limpiando con una esponja y un trapo viejo el suelo. Sus manos llenas de espuma y los hombros adoloridos por el esfuerzo. Fregando y fregando, intentando roer todo rastro de culpa mientras sus lagrimas se confundían con el agua de la cubeta. Otras veces, en el verano, el aire límpido que llegaba con dicha estación la hacía rememorar esa tarde en el club de caballeros junto a los perros de Thomas. Y un sin fin de veces  más, especialmente cuando miraba la TV, el olor a tierra y la pala en su mano una noche de lluvia como esta.

***

Decidida a no dejarse llevar por su imaginación la anciana ingresó al estudio y no le asombró que todo estuviera exactamente igual. No había nadie adentro, ni el fantasma de su esposo se encontraba allí como era de esperar. El cuarto, que la mucama limpiaba, estaba reluciente. Los libros de Thomas ordenados prolijamente, el escritorio y la maquina de escribir. La mesa pequeña con el antiguo teléfono aun conectado y nada más.

La vieja se sintió una tonta, y aliviada se reconcilio con esos viejos muebles y los buenos recuerdos de sus primeros años de matrimonio con Thomas. La forma en que se sentaba en su regazo a leer algunas de los poemas o cuentos que el había escrito en voz alta. A veces le sorprendía lo mucho que tendía a olvidar que había buenos recuerdos en esa casa también. Sin embargo su sosiego terminó cuando encontró el porta retratos junto a la maquina de escribir que Thomas había dejado allí para inspirarse en su último trabajo. Con una mueca de desagrado tomó el cuadro que escondía la fotografía en blanco y negro, ya algo sepia aun a pesar del cristal, que estaba ligeramente roto en su parte inferior.

Era una fotografía de mediados de los cuarenta en la cual Thomas estaba con sus palos de golf en el "Club De Caballeros de Lapan Grows"

Vestido con su clásico Traje gris a medida, sonreía hacía Lidia quien tomó la fotografía el fatídico día en que Thomas conoció al otro extraño personaje a su lado. Una chica de unos veintidós años de cabello largo castaño llamada Caroline Sunders. En la imagen podía verse a la muy hermosa muchacha con los atavíos de quienes practican el deporte de la equitación. Sobre sus  hombros cargaba los palos restantes de golf. Como siempre, en su mano derecha Caroline llevaba una fusta de caballo y tenía esa mirada de "Zorrita prostituta" tan adorable que Lidia despreciaba. Su hermoso y poético rostro era acompañado por sus finos cabellos al viento.  

Antes de que pudiera dejarla en su lugar en un ademan de rechazo el teléfono en la mesa contigua empezó a sonar. La campanilla la quitó de inmediato del recuerdo de esa tarde memorable en el Club de Caballeros. Imaginando que se trataba de su mucama para avisarle que no iría al día siguiente (como tendía a ocurrir demasiado a menudo) la anciana tomó el tubo con cierto mal humor en sus gestos y en su vos sin soltar la fotografía.

- ¿Hola quien molesta a esta hora?- Dijo la anciana. 
- Hola abuela.- Dijo Jhoony. 
- Ah...hola Jhoony ¿Como anda todo en Witters?
- Bien abuela...- Dijo Jhoony con cierta prisa en su voz. - Mira no tengo mucho cambio, pero solo quería avisarte que te visitare. Llegare en unos días allí para buscar algo ¿Esta bien?.

Lidia, quien no pensaba que cosa podría buscar su nieto en la antigua casa respondió.
- Seguro Jhoony, siempre puedes venir a verme cuando quieras. ¿Te olvidaste algo la última vez que viniste con Pam? Creo que ella dejo uno de sus sombreros. 
- He No abuela, Pamela no ira conmigo esta vez. Es una tontería pero me gustaría que si podes le digas a la mucama que lo busque. Debe estar en el estudio del abuelo.

La voz de Lidia se contrajo como la de un ganso al que toman por el pescuezo. Enredo nerviosa sus dedos nudosos entre los cables del teléfono. Sus ojos volvieron por un instante a aquel porta retrato.
- ¿Que cosa Hijo? - Preguntó nerviosa.
- Nada...unos papeles viejos. Deben estar en el escritorio del abuelo, en alguno de sus cajones. Lo va a encontrar fácil porque son muchos atados por un clip, tienen mi nombre en la portada o eso creo. Dile que lo tenga a mano para cuando llegué, no creo que me quieras revisando todo el estudio del abuelo...- Dijo Jhoony sonriente. - Bueno, tengo poco cambio y estoy en un publico de Fixa, en unos días me veras por allí. Besos abuela, voy con regalos.

Jhoony cortó la comunicación y dejo a Lidia sosteniendo el teléfono con la mirada perdida hacia la nada misma. Su estomago rugió y empezó a revolverse como una lavadora descompuesta. Intentando mantener el control llevó sus ojos al escritorio. Sobre la alzada del mismo aun estaban los viejos papeles de los que Jhoony hablaba, una pequeña pila toda unida por clips. Aparentemente la mucama ya había dado con el accidentado manuscrito, a pesar de que Lidia se había encargado muy bien de esconderlo en el ático junto a otras cosas viejas hace muchos años atrás.

Dado el desorden en el que estaban las paginas era evidente que su empleada lo había leído y como mostrando respeto hacia el anónimo creador de tal belleza lo depositó en su lugar de honor, justo sobre la maquina de escribir, aguardando ser corregido. O Terminado.


Las manos de Lidia no pudieron sostener la fotografía, esta cayo al suelo y el cristal terminó de romperse del todo. En un absceso de nervios Lidia  fue corriendo al baño contiguo  a vomitar seguida por la atenta mirada fueguina de Caroline Sunders en la fotografía. Foto que, de ser en color, mostraría dos hermosos ojos color Amatista que inspiraron a un anciano y enamorado Thomas.

Y a su desesperado Nieto también.




FIN DE LA PRIMERA PARTE
VÍDEO DE CIERRE 
PD: El vídeo contiene pistas sobre el Libro. 

SEGUNDA PARTE AQUÍ











lunes, 22 de septiembre de 2014

Memorias de la Nevada V

Para que el Mal Triunfe
Solo hace falta que los Hombres Buenos no Hagan Nada.


***
Now I entitle swim for blood and birth
I entitle swim for what it's worth
Cause lines get drawn 'n' lines get kicked 'n' blurred
Indelible is what I need to spread the word

'n' tell me now (tell me now)
'n' show me how (show me how)
To understand (understand)
What makes a good man?
To tell me now (tell me now)
Hey walk the line (walk the line)
Hey understand (understand)
What makes a good man

From me?


"What Makes A Good Man?"
The Heavy



Un Buen Hombre 



La madrugada en que Lucy Drissen desapareció, Peter, su supervisor en la estación de servicio, se preparaba para marcharse a Fixa Town muy decepcionado como todo el mundo por la fallida semi final de la Selección Himburguesa. A pesar de ser el gerente de dicha estación de servicio, siempre era quien se iba ultimo para asegurarse que estuviera todo en orden a su llegada por la mañana. 

De lo que vio desde el Mini Bar sobre el asunto poco puede decirse. Hubo cierta agitación en el Cocoon y por razones que en ese momento no se supo explicar evidentemente la fiesta terminó temprano. Imaginó que, al igual que él, pocos estaban de ánimos para celebrar una derrota tan trágica. Victimas del existimo digno del deporte, la gente del Cocoon había preparado todo para que la fiesta coincidiera con el paso a la final del equipo a la copa del mundo. Todos los pronósticos indicaban que Himburgo debería ganar cómodamente luego de una campaña inigualable hasta entonces. A la mañana siguiente todo el merchandaising y banderitas amanecería tirado a la basura....aunque no sería lo único que terminara por desaparecer de la vista y del recuerdo aquella noche.

Peter Leggins salió al estacionamiento hacía su viejo Ford blanco una vez terminó de apagar las luces. Como era costumbre de un empedernido fumador se encendió un cigarrillo a pesar de que ya la llovizna empezaba a convertirse en lluvia de verdad. Quebrantando su propia ley de no fumar cerca de los surtidores de Gas admiró el inmutable silencio en que Witters (y francamente, el País) había quedado inmerso tras la derrota.

Mientras el humo de su cigarrillo se elevaba sobre su calva unos pasos apresurados llegaron desde la oscuridad. Peter miró a su derecha y encontró a un hombre de color que llevaba una guitarra enfundada. Era un anciano de unos setenta y algo con un bonito sombrero panameño y un abrigo grueso. Su rostro afable fue iluminado por el alumbrado publico junto a la estación.
- Oiga buen hombre...¿Ya cerró?- Preguntó el músico sonriendo.
- Sí. ¿Que se le ofrece?- Preguntó Peter sin ganas de ayudarlo en lo absoluto.
- Estoy con mi nieto en el auto y quiere un chocolate. Imagine como esta el pobre luego del part....
- Esta cerrado señor.- Dijo el jefe de Lucy Drissen.
- Ah...- El anciano músico mordió sus labios y miro en rededor buscando otro lugar donde comprar un chocolate a su triste nieto. - Bien, probare en otra estación, gracias.

Peter Leggins hizo un gesto parecido a un saludo de mala gana y le dio la espalda. Cuando llevo su mano a la puerta del ford la voz de Jimmy, el Músico, brotó por detrás. Pero en un tono más bien suspicaz.
- ¿Va para el Norte?
Sin ánimos de conversar, pero llevado por lo que él consideraba "La mínima buena educación con un negro" (Algo así como, en lo posible, no romper la ley) Peter contestó con la colilla del cigarrillo en su boca.
- Se.
- Si fuera usted miraría bien el camino. En una noche con lluvia muchas cosas pueden pasarse por alto a la vista...
- Aja...
- Y lo que los hombres de bien desechan, el mal lo recupera. Y cuando lo recupera, lo deforma.


Peter solamente le dedicó una mirada de soslayo y se metió en el Ford para salir lo más rápido de allí. Cuando rebasó el auto de Jimmy, el Músico de Blues, este le elevó el pulgar con una sonrisa. En el carro algo destartalado del hombre de color podía leerse una etiqueta que explicaba, en cierta manera, el extraño hablar del hombre.

Iglesia Evangélica de Riggensport

 Coro de Gospel
"Cristo Bajó del Sol"

- Negro loco....- Musito Peter y fue con su auto en dirección al norte bajo la lluvia cada vez más fuerte.

***
La Lluvia de Julio aumentaba y la velocidad del auto de Peter También. Como en aquella primera escena de "El Resplandor" el vehículo del supervisor de Lucy Drissen avanzaba en total solitud por la ruta cuatro que atravesaba sinuosa las colinas al oeste de Himburgo mostrando a su derecha los viejos bosques de Pent. 


Esta medianoche comience su fin de semana temblando de miedo en nuestro ciclo "Regresados de la Tumba" Las mejores historias de terror adaptadas en television por los más exitosos guionistas del cine. Solo por el Canal 8, el Canal de Calidad. 

A una hora de viaje por la carretera Peter volvió a abrir y cerrar su Zippo para encender un cigarrillo. El parabrisas de su auto luchaba una desventajosa batalla contra la tormenta aquella noche. Tal y como dijo el anciano músico, el clima aguardo a que el Ford blanco se encontrara en medio de la ruta para abalanzarse sobre la tierra como Odin en su cacería salvaje. La luz brillante de los instrumentos del tablero eran los únicos vestigios de esa materia en la cabina del conductor y el cejo entrecerrado de Peter no se amilanaba con la música del radio que emitía "I Drove All Nigth" de Roy Orbison tras el tétrico anuncio de Canal 8.

Ligeramente molesto o apurado por llegar a casa de su madre enferma, a la cual iba a visitar regularmente los fines de semana, Peter apenas prestaba atención a lo que tenía delante del camino. Las franjas amarillas bien delimitadas en el asfalto iban y venían por debajo del viejo Ford Falcon. Ahora las mismas empezaban a describir una curva cada vez más cerrada de mala fama en la 4. En tormentas como estas era muy común que los adolescentes borrachos o los poco aplicados conductores nocturnos se estrellaran contra los arboles del bosque de Pent a la derecha. Arboles que aparecían solo de tanto en tanto reflejados por el pálido alumbrado publico que les daba esa tonalidad fría y fantasmal. 

Lo que ocurrió aquella noche en que Lucy Drissen desapareció se sometió a discusión durante muchos años luego del asunto. Lo cierto es que Peter Leggins era un hombre bastante respetado por la comunidad de Witters Alley. Más allá de su poco humor a la hora de tratar con sus clientes (especialmente negros), Peter siempre contribuía con donaciones al hospital de chicos especiales al este de Witters, fiaba a todos sus clientes si lo juzgaba necesario, pagaba a tiempos a sus empleados y otras aristas pequeñas en la vida de un hombre que lo hacen, a ojos de terceros, Un Buen Hombre

Peter Leggins era un sujeto de esos a los que las personas tienen por lo más cercano a la decencia a lo que uno esta dispuesto a acceder sino quiere convertirse en la madre teresa de Calcuta. Dono mi dinero a los niños pobres y desafortunados, no le cobro de más a los jubilados, pago mis deudas y siempre voto al candidato progresista en las elecciones. Excepto por la última, el resto de las cosas eran tips a incluir en la ficha de la vida que Peter tenía en su haber.  Tras este episodio la mitad de los vecinos de Witters intentaron justificarlo con el terror que pudo haberle producido las consecuencias a venir, la otra mitad esperó a que la Dictadura se marchara para lincharlo de palabra en conversaciones privadas.

Otra de las cosas que hacía al dueño de la Wako alguien querible era su gran preocupación por los animales. Junto con otros vecinos había logrado levantar una clínica veterinaria en el pueblo que cuidaba a todas las mascotas y animales salvajes que necesitaran atención, sea ya por los peligros de la vida animal o bien por la usual crueldad del hombre para con los animales. Irónicamente fue su piedad hacia las pequeñas criaturas de Dios lo que lo llevó a encontrarse en un relato digno de "Regresados de la Tumba" aquella noche.

Cuando el Ford llevaba ya una hora y medía fuera de Witters Alley, camino a Fixa Town, el auto dio un pequeño sobresalto en la curva más cerrada de la carretera 4. El sacudon fue tan de imprevisto que su cigarrillo cayo de sus manos por debajo del asiento y por poco pierde el control total del vehículo. Las llantas se deslizaron por el humedo asfalto como patinando sobre hielo y de puro milagro el Ford no salió despedido hacía los pinos debajo de la carretera. Una vez pasada toda la conmoción, cuando aliviado noto que estaba vivo y el auto intacto, Peter tomó y apagó el cigarrillo y salio a ver que cosa había arrollado accidentalmente. 

Desde ya descontaba que se tratara de una persona, pues no había visto ninguna y aun así, lamentablemente para él, el sonido y el agitar del auto se parecían demasiado al que hace cuando arrolla una ardilla, perro o gato. Quitó de la guantera una linterna muy grande que llevaba consigo cuando iba de pesca al Margun y salió.

El haz de luz atravesó la noche como una espada láser de la Guerra de las galaxias. Las pesadas gotas de la tormenta se encandilaban al contacto amarillo de su linterna para desaparecer en un instante. El aguacero le empapó la campera inflada en un segundo dejando inútil el poco impermeable. Había bruma entre los pinos del bosque debajo y el único sonido en rededor era el repiquetear de las gotas sobre el suelo y las piedras de la colina a su derecha. 

- ¿Que mierda habrá sido eso?- Se dijo a si mismo tras ponerse sobre su calva la capucha del abrigo. 

Tras asegurarse que ningún otro vehículo se aproximaba en el doble carril de la 4 comenzó a caminar hacia el lugar donde había escuchado aquel impacto y sentido el crak de algo que sin lugar a dudas debieron ser los pobres huesos de un animal muy imprudente.  Mientras andaba la linterna buscaba rastros de sangre o pelaje en el negro camino y justo a pocos pasos de un cartel que imploraba reducir la velocidad había un perro callejero pequeño casi partido a la mitad por las llantas del ford. Su boca abierta y ojos desorbitados iluminados por su linterna no daban señales de vida alguna. Había muerto de inmediato.

Apenado Peter se puso en cuclillas sobre él como quien da una ultima mirada al cuerpo de un hombre valiente. Pensó que de estar vivo aun el animal podría intentar llevarlo a la clínica de Witters, pero a juzgar por la planitud de su pobre abdomen y las tripas expulsadas fuera, no sería necesario. 
- Lo siento viejo.- Dijo Peter.  Se demoró unos instantes antes de volver al auto pensando que con la pala que llevaba en la cajuela podría levantarlo de allí y darle una sepultura algo más digna que la del asfalto en el bosque contiguo. Aunque con solo lanzarlo allí (como basura) alcanzaría para sentirse mejor luego de su homicidio no premeditado de un pobre perrito. 

Pero detrás de él otro crimen, mucho más horrible y cien veces más premeditado se levantaba, como en Regresados De La Tumba. Aun a pesar de la terrible lluvia, del viento sacudiéndolo todo como un enloquecido lobo Feroz que sopla y sopla, más allá del perro muerto en la carretera y el remordimiento de Peter, amante de los mismos, sus oídos captaron primero el splash de un paso en falso sobre un charco de agua. A esto siguió un murmullo tan agónico como inentendible.

Si algo le dijo al jefe de Lucy Drissen que tenía que darse la vuelta fue el hedor a sangre que rápidamente inundo sus fosas nasales. Cuando su vista se alejó del perro hacía el agua entre sus zapatos, iluminada por su linterna, noto como lo cristalino se iba tornando cada vez más y más oscuro en ribetes tan alocados como espesos.
- Yuda....- Escucho decir a sus espaldas. - A....yu...yuda.- Decía una voz que parecía debatirse entre el llanto y la capacidad de hablar. 
Peter sintió un escalofrió y dio por fin la vuelta. A solo dos metros de él la sombra alta de lo que sin dudas era una mujer, una silueta recortando la noche, le exigía con sus manos extendidas y un pesimo equilibrio que la ayudase. Peter, llevado por el susto se echo unos pasos hacía atrás. La cortina de la lluvia dificultaba su visión y le hacía pesar las pestañas. No era capaz de reconocer a quien le hablaba, pues ninguna luz la evidenciaba, pero caminaba como un zombi de la noche de los muertos vivos hacía él con cada vez mayor y mayor esfuerzo.
- A...yudaa por..favor.

El supervisor de la Wako sintió como una de las manos de esta persona se enredaba en su hombro y apretaba con muy poca fuerza el mismo. La figura se tambaleó amenazando con caer sobre él, o mejor dicho derrumbarse sobre Peter. En una acción reflejo producto del temor Peter la empujó hacía atrás, pero aun así ella alcanzó a mantener el equilibrio.

Un trueno estallo en el cielo acompañado por un vibrante relámpago, en ese pequeño intervalo de luz Peter alcanzó a ver un ojo vaciado, por el cual manaba negra sangre, condensada en un rostro que le era familiar. El otro, castaño, estaba tan hinchado como una pelota de Golf. Una vez la luz de su linterna junto coraje para develar su identidad Peter encontró en la carretera el rostro casi irreconocible de Lucy Drissen. 

Desnuda, con la palidez de los muertos y sus hermosos cabellos pegoteados sobre la mitad de su cara producto de la sangre que manaba de sus muchos cortes y heridas, principalmente el ojo derecho. Los mismos pechos con los que él soño más de una vez estaban llenos de tajos carmesí, las uñas "Reblon" siempre bien pintadas y cuidadas partidas de manera erratica y cruel. Uno de sus dedos echado atras, lupsado por completo al igual que su hombro izquierdo. El vientre parecía ser lo único que sus captores habían decidido no dañar, pero de su vagina aun corría con perversa lentitud mucha sangre que describía un camino desde su auto hasta él. 

La mirada de Lucy Drissen esa noche era tan dolorosa y abierta como la de un animal que mide el poco tiempo que le queda tras ser arrollado. Peter lo sabía por que había visto esa imagen un sin fin de veces junto a su comunidad de cuidadores de mascotas y especies silvestres. Muchas veces luego de esto soñó con venados y corderos muertos en la ruta, aspirando las ultimas cuotas de aire que la muerte esta dispuesta a darle. Peter supo que era ella y supo también que llevaba así un tiempo largo, tal ves dos o tres horas caminando desnuda en la ruta cuatro rogando por que alguien la viera.

No voy a mentirles, Lucy Drissen estaba viva cuando fue lanzada a la carretera. Estuvo viva mientras la maniataron en el frigorífico y estuvo viva mientras la golpearon brutalmente luego de violarla. Viva y con fuerzas para gritar cuando la arrastraron de los pelos por la parte trasera del Cocoon-Club hacía el estacionamiento del Aeródromo de mismo nombre. Lucy Drissen estuvo viva, tendida en la carretera por más de dos horas mientras los autos y camiones de quienes eran vecinos y amigos del pequeño Witters Alley pasaron "sin verla". Y Cuando Lucy se paró, con sus últimas fuerzas e hizo señales a un camión de la Goodyes que pasó delante de ella tampoco la vieron. 

Lucy Drissen se quedo tendida al costado de la ruta incapaz de moverse, apenas con la energía suficiente para susurrar un pedido de ayuda hacía los camiones y autos que pasaban, cada veinte o treinta minutos por la ruta más transitada del país. Y al no encontrar respuesta alguna de los conductores comenzó a arrastrase penosamente hacía el sur, donde creía que estaba Witters Alley.

Donde creía que tenía amigos.

Como congelado por una pistola alienigena, Peter se quedo parado mirándola, intentando que su cerebro encontrara una respuesta clásica al problema de la chica en problemas. Subirla al auto y llevarla al Hospital de Fixa era sin duda lo primero que debía hacer. Rápidamente la tomó entre sus brazos y dejo que su cabeza ensangrentada se apoyara en su fuerte hombro. Cuando sus manos rosaron la espalda desnuda de Lucy sus dedos se resbalaron producto de la lluvia y la sangre.

- ¡Lucy! ¿Que? ¿Que te paso?- Dijo Peter incrédulo.

Fue entonces que Lucy dijo algo que la transformo, de verdad, en un monstruo salido de "Regresados de la Tumba". Dijo algo que a menudo produce que la gente salga corriendo de cualquier victima o ser decente como si acabara de transformarse en el Lobizon.

Lucy Drissen dijo la Verdad:

- Fueron...los...milicos...- La mano quebrada de Lucy se aferro aun más estoicamente al brazo izquierdo de su Jefe. - Fueron los milicos Pe...peeter. Los del Club. Ayu....dame

Lucy Drissen dijo la verdad y no sería exagerado afirmar que la verdad la Mato.

La palabra mágica para espantar a todos los Himburgueses indiferentes  en esos años era "Milicos". Si Lucy hubiera escogido otras palabras o si no hubiera dicho nada en lo absoluto seguramente hubiese sido Peter quien le llevara de urgencia al Hospital público de Fixa Town. Aun aquellos a los que les importaba poco y nada la política como a Peter Leggins tenían un terror reverencial hacía el gran monstruo que se escondía detrás de sus campechanas vidas. Y le temían porque, al igual que los niños, tenían demasiado miedo para ver debajo de la cama y confrontarlo.

Para gente como Peter, la Dictadura en Himburgo no era más que un gobierno "De derecha" Después de todo no había un militar sentado en el sillón del primer ministro, sino un político muy carismático conocido como Jack Dwaigth Pallance. Los rumores sobre campos de detención, gente desapareciendo, brutal represión policial, eran cosa para los que les gusta "La política" ese bicho que se lo come todo, se lo traga y corrompe a los hombres de bien, que como Peter debían avocar sus esfuerzos a causas blancas como el cuidado de animales, trabajar y ser buen vecino.

El jefe de Lucy no sabía si ella era una subversiva, una terrorista Marxista o una fanática Musulmana de Salef del norte. Pero a decir verdad tampoco le interesaba demasiado saberlo, porque saber un poco era para los militares saber algo  y para el gobierno saber algo era como saber mucho.

Peter Leggins, el hombre que amaba a los animales, se alejó de Lucy Drissen en pasos cada vez más seguros y musito:
- Te...tengo a mi madre enferma Lucy, esta muy grave. El...el hospital esta...a cuatro kilómetros. Seguro llegaras.
- Pe...ter- Dijo como zombie Lucy cayendo de rodillas ante él, su última esperanza.
- Te dejare la...la linterna y mi abrigo. Repuso culposo Peter.- Tomate los días que quieras...

Sintiéndose un gran héroe dejo su abrigo mojado y la linterna a los pies de la casi muerta Lucy y se subió a su ford a la mayor velocidad que sus zapatos le permitieron. Antes de cerrar la puerta escucho el llanto desconsolado de su empleada y por el retrovisor la vio tomar el abrigo con un dejo de resignación. La figura desnuda y abatida de la chica se perdió en el espejo lentamente y Peter no volvió a verla nunca más.
***
- Todo un Hombre ¿Verdad?- Dijo la voz de un anciano detrás de Lucy.
- ¿Co...como?- Pregunto Lucy sin saber de donde o quien le hablaba en aquella oscuridad.
- Siento asustarte Lucy, Soy El Ensamblador.  Pero puedes llamarme Thomas si lo prefieres.

Lo que los Hombres de Bien Desechan, el Mal lo Recupera  y cuando lo Recupera, lo deforma. 
Pero Peter Leggins ya estaba muy lejos de allí como para comprobarlo.

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Memorias de la Nevada IV

El Rompe Cabezas 


Los pasos de Jhonny debían ser cautos. En el ampuloso y oscuro living de la casa de su abuela el silencio era tal que hasta el más mínimo chasquear de sus tobillos al caminar podría despertar al fantasma que habitaba allí. Una vez en el centro de la habitación divisó las largas escaleras contra la pared que llevaban al estudio en la planta superior. Como una larga serpiente o monstruoso cienpies la guarda de la escalera contra la pared que ascendía a la primera planta llevaba al estudio de su abuelo Thomas. La luz estaba encendida y una sombra encorvada se proyectaba desde la habitación hacía la pared donde colgaban los cuadros y fotos familiares.

Clin!
Escuchó Jhoony. Era la campanilla de la maquina de escribir. Retumbó entre las gruesas paredes de la casa y se perdió en los campos adyacentes, donde la larga tormenta se adueñaba del mundo. Con una llave inglesa en su mano, aun vistiendo el Jardinero de trabajo que tenía puesto, Jhoony tuvo el valor de subir las escaleras, siendo su perfil iluminado constantemente por los relámpagos. Cuando alcanzó la primera planta se alivió al notar que el estudio estaba vació y que el timbre que pensó escuchar era producto de su imaginación. 

Cuando volteó para regresar por donde había venido, el clásico sonido de las teclas siendo presionadas por un inspirado escritor se escuchó por unos breves segundos. Alarmado y asustado Jhonny salto hacía atrás. La hoja depositada en el carril clamaba en tinta fresca:


"Thomas ya no es tu abuelo, Thomas es el Ensamblador...
Y el ensamblador viene a destruirnos.
***

one two three...
hail t.v.
watching dirty harry
made a man of me
here I stand, t.v. man
I've got all the angels

eating out of my hand...
I got the good,
bad and ugly traits
but even dirty harry was allowed to make mistakes...

The Bolshoi T.V. Man 
El Televisor emitiendo la música de moda en aquel restoran al paso hizo que Jhonny Woodward quitara su cabeza adormecida del plato donde una Hamburguesa sin terminar había cumplido el rol de improvisada Almohada. Tomando papel de un servilletero de Coca-Loca Jhonny volvió al mundo de los vivos tras un pesado sueño que lo ataco a mitad de la tardía cena. A su lado un anciano vagabundo estaba estirando su mano hacía la cerveza Milton en Lata que no había terminado. Cauteloso el viejo retiró la mano tan pronto como Jhonny despertó y se alejo de allí como si nada hubiera ocurrido.

Lejos de ganarse las miradas reprobatorias de los clientes de Chippys Food, un parador de mala muerte con un cartel de neón verde defectuoso, Jhonny obtuvo aquello que nunca le fue difícil encontrar en otras personas del genero humano, la total indiferencia. Del otro lado del local, en una barra larga color salmón una camarera se pintaba los ojos cansados y un camionero al paso intentaba quitarse un moco difícil de extirpar. A su lado, en uno de esos grandes ventanales que ostentan los solitarios paradores la lluvia empezaba a morder el cristal con cada vez mayor intensidad. Sobre su cabeza cubierta por una gorra del Platino F.C podía escucharse el eterno zumbido de los tubos de luz. 

Sorprendido de que nadie le haya extendido la cuenta por adelantado, el pequeño, frío y cansado Jhoony Woodward por poco se arrepentía de lo que había hecho. Pensó en Pamela despertando a la mañana siguiente sin  encontrar rastro de él. ¿Llamaría a la Policía? ¿Se angustiaría al ver que no era capaz de encontrar rastro alguno de su paradero?...

No, eso hubiera ocurrido al año de estar casados o tal vez hace una década. Jhonny solía desaparecer de su hogar en la noche para ir a Beber a Lewington´s. Un local de bebidas pretencioso en la ciudad de Fixa Town cuyo único verdadero atractivo eran las camareras con ropa sugerente que trataban a uno como a un rey. Pamela iría allí sin dudarlo de no hallarlo en casa, para amonestarlo y humillarlo delante de otros clientes al grito de "Maricón Descarado"

Chippys food distaba bastante del colorido, adinerado y algo pretencioso Lewington´s y la chica que estaba del otro lado del mostrador aquella noche, preocupada por su lápiz labial barato, no se le acercaba demasiado a una modelo de publicidad, sino más bien a un personaje de caricatura o una directora del colegio secundario. 
Lo bueno de ir al bar de Fixa Town era que las chicas bonitas  sonreían a Jhoony de la forma que cualquier caballero espera que una dama le sonría, convirtiéndola en la versión devaluada de una geisha o una dama de las Mil y una noches siempre contenta de servir a su hombre, por supuesto, gentil y adinerado. 

Irónicamente Pamela no había sido siempre una gorda malhumorada y estúpidamente caprichosa. Cien mil veces Jhoony se sintió agradecido a San Jorge, su santo patrono, por haberle legado una chica tan hermosa como compañera para el resto de sus días. Antes de conocerla, cuando trabajaba en la granja de su padre y asistía a la Universidad con la idea de convertirse en profesor de Literatura, iba a Lewington´s esperando que la caridad del capitalismo le entregara un buen culo para mirar sin culpa, la sonrisa de una negra, de una asiática, latina o caucásica a cambio de una muy barata merienda. Sabía ya en ese entonces que la cama y el cuarto de esas chicas no estaban incluidos en las cartas o la abultada propina, ni siquiera en la providencia divina que el pudiera invocar esperando un milagro. Pero, en cierta forma estaba acostumbrado a no tener nunca demasiada suerte en nada. 

Al ver la lumbre de un relámpago mientras repasaba sus difusos recuerdos de universitario Jhoony volvió al asunto del libro. Seguramente había sido en la adolescencia cuando sus anhelados sueños de sentirse algo más que un fantasma crearon, letra por letra, a la Mujer de Ojos Amatistas. Mujer cuyo nombre no era capaz de recordar y empezaba a imaginar el porque.

La Mujer de Ojos Amatisas era un personaje bondadoso y amable con ciertos dotes divinos en su narración que sentía piedad de los desafortunados hombres y les guiaba desde un muy alto sitial donde las estrellas encontraban su verdadero origen. Un cielo que se abría una vez se cruzaba una capa de nubes gigantescas de lacerantes relámpagos como la tormenta que ahora mismo se desarrollaba. Vivía en una suerte de castillo que flotaba sobre el espacio y desde la cima de su trono observaba con sus faros hermosos la desgracia y la alegría de todos los seres gentiles.

A sus cuarenta años esa idea le parecía como mínimo estúpida e infantil. Pero a los once o catorce Jhoony solía pensar que ella era la única persona de este mundo capaz de comprenderlo y darle consuelo llevándolo en sus dulces manos a volar por sobre la tormenta para encontrar reposo en lo alto de su Castillo al caer la noche aquí, entre los crueles mortales. Los crueles mortales, en ese tiempo, eran sus compañeros de colegio y el maestro de Literatura Himburguesa en el Wetson Institute.

Los Woodward no eran personas adineradas ni Cultas allá por los 50´s. Sin embargo para ese tiempo la mayoría de las familias de Lapan Grows lo eran. Se habían beneficiado enormemente tras la guerra por la subida en los precios de todos los insumos necesarios para reconstruir una nación arruinada por la Segunda Guerra Mundial. Especialmente en la industria maderera.

Pero los Woodward eran granjeros y no precisamente grandes hacendados como los de Vincent Town. Por lo que Jhoony nunca contaba con todos los útiles necesarios para ir al colegio, ni tenía el uniforme nuevo y brillante a cada comienzo de año. Su madre había hecho lo imposible por que nadie se diera cuenta que los mocasines, el sombrero de paja y la chaqueta en verdad habían sido de su hermano mayor Mike.

Ser el único muchacho pobre y "desafortunado" en un curso de pendejos malcriados lo hacia blanco de todas las bromas y comentarios maliciosos posibles inventados por sus padres y reproducidos por sus hijos. En el alma y pensamiento de un chico relativamente callado más preocupado por su mundo y fantasías internas que en matemática o geografía, las primeras decepciones entre lo que se supone que sera el mundo y lo que en verdad muestra una vez corrida la mascara dorada se cuentan día por día.

A veces pensaba que los maestros, como tiburones, podían oler en él esa "Debilidad" y "Sensibilidad" que lo hubieran hecho un gran escritor, pero que para ellos no representaba otra cosa que un costal de mierda al que se podía recurrir cada vez que se tenía un mal día. Si se portaba bien, sus compañeros lo hacían sufrir y sí se portaba mal, sus maestros lo ajusticiaban como si se tratara de Billy the Kid.

En el cerebro del pequeño Jhoony Woodward la figura de la mujer de ojos Amatistas, el color más hermoso del que tuviera conocimiento a su edad, no emitían esos terribles juicios sobre él y le daban un fuerte y cariñoso espaldarazo cuando sus padres hablaban maravillas de Mike para no hablar de Jhoony. Sobre el cual tenían la modesta opinión del silencio.

Debió haber sido entonces que, al encontrarse ante el océano de posibilidades que supone una hoja en blanco frente a un chico muy triste apareció la Mujer de los ojos Amatistas sonriendole desde el otro lado de la tormenta para indicarle que aun él podía tener un mágico amigo sincero que lo hacía único y especial como ser humano.

Sentado en el algo destartalado asiento de aquella mesa blanca, Jhoony empezó a comprender que la elección de un nombre corriente para tamaño ser era, desde ya, una tarea que estaba por encima de todas las palabras que pudiera conocer a sus catorce años. Por lo que la Mujer de Ojos Amatistas debía representar a todas las mujeres que Jhoony alguna vez anhelo tener  a su lado hasta conocer a su actual esposa.
Música
Las camareras de Lewingston´s, Pamela, la chica de la que se enamoró en su primer adolescencia, esa que le gustó de un anuncio de Radios portátiles, la otra que co conducía el famoso programa de preguntas y respuestas "La Pregunta Himburguesa", la que atendía en aquella tienda de zapatos cerca del Deluxe Lapan Cinema. Todas, de una forma  u otra se habían condensado en una sola imagen que su mente vio nacer tan pronto como golpeó con furia el teclado de aquella maquina de escribir de su abuelo Thomas.

Como en un cuadro posmoderno que forma un rostro a partir de otros cientos. Rostros que no tienen nada de especial ni particularmente atractivo hasta que se ponen todos juntos para formar una imagen superadora y única. Semblante que se cae a medida que la realidad del mundo empieza a arrancar una a una pasados los años. Con las primeras canas, las primeras decepciones,  las primeras partidas, ese gran retrato del mundo que uno le gustaría que fuera se va cayendo dejando detrás de ellas solo el negro, frío y horrendo vacío que las piezas intentaban disimular.

Jhoony no era el más profundo ni despierto poeta no publicado en Himburgo, pero sabía bien como se sentía cada vez que volvía del colegio golpeado por sus compañeros o cuando algún maestro le hacía notar las hilachas en su viejo uniforme. Sabía como se sentía caminar debajo de la lluvia tras ser rechazado por una chica. Y ahora sabía como todos los adultos lo que se siente que tu matrimonio halla acabado en un fracaso rotundo y que tu vida sea todo menos aquello que armaste en tu cabeza alguna vez ante la pregunta "¿Que vas a hacer de tu vida cuando esto acabe?"

Se sentía exactamente igual que aquello que esta detrás del enorme rompecabezas. Real y vacío.

A sus cuarenta años Jhonny acababa de descubrir, tras ese extraño sueño sobre el estudio de su abuelo que en algún momento había perdido de vista a la mujer de ojos amatistas y que ahora, con su supuesta vida realizada, con su supuesto salario bien ganado y respetable profesión, con su supuesta felicidad y supuesta estabilidad la quería de regreso hacía él así el libro estuviera en el rincón más exiliado y oscuro de este universo.

Razonable o no, Jhonny no podía echarse atrás. Y si todo lo que en teoría iba a realizar sus expectativas cada mañana de su vida hasta el día de su muerte no le proporcionaba otra cosa que un horrible estado de conformidad bien podría cambiarlo por el antiguo, vibrante y seminal deseo de escribir una novela sobre una Mujer de Ojos Amatistas que cuida y ama a todos los seres gentiles de este mundo sin oponer objeciones ni mediar decepciones.

Pero aun era incapaz de recordar su nombre. ¿Que nombre se le puede poner a un sueño de semejante magnitud? ¿Que nombre cuadra en la entronización de todas las mujeres? O mejor dicho a la más acabada y perfecta realización onírica de lo que uno anhela como Mujer. Esos sueños erráticos, inconstantes, melancólicos e imposibles como los que solo puede producir la publicidad. Sueños que, en cierta manera chicas como Lucy Drissen intentan desesperadamente  convertir en realidad.

Claro que tenía un nombre, pero no era "Clara"o "Juana". Era...era..
-¡Un título!- Dijo en voz alta emocionado.

 Uno que sin lugar a dudas había escogido para su novela. Aun era incapaz de recordar cual era, pero al menos ya estaba seguro de una cosa. El titulo del libro era el nombre de la Mujer de ojos Amatistas, solo necesitaba que su cerebro diera la última vuelta de tuerca para que fuera capaz de recordarlo.

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viernes, 12 de septiembre de 2014

Memorias de la nevada III




Himburgo Va Hacia Adelante
Y
No deja a Nadie Atrás


El brillante cartel de Neón del Cocoon Club alumbraba la entrada desde donde emergía la música de la pista de baile. Fuera, formando una larga fila todos y todas las jóvenes de Witters Alley aguardaban ansiosos la apertura al publico del Cocoon Club, un establecimiento privado que llevaba algunos años haciendo fiestas para sus miembros y que,  esta noche, daba una abierta a todo el publico por muy poco dinero.

Lucy Drissen, camarera de JOES! en la mañana y playera de la estación de servicio de la Wako durante la noche movía sus sensuales caderas en la fila junto a dos amigas, Liliana y Victoria. Ya habían bebido lo suficiente en la casa de Victoria y estaban bastante listas, entonadas etilicamente, para cerrar la noche en Cocoon Club. Un lugar al que normalmente accedían solo los ricos de Witters Alley. ¿Que cuantos ricos podía haber en un pueblo tan pobre como Witters? Bueno, los suficientes para tener un prestigioso y colorido Club Privado. O al menos eso se decía en el pueblo desde que se instaló al lado del viejo aeródromo.
***
Ya nadie recuerda a la pobre Lucy Drissen, pero su fotografía apareció en los periódicos regionales en julio del 82; 18 años antes de los eventos narrados en "El Ritual de los Condenados" Era una época bastante distinta a decir verdad. Por empezar la dictadura estaba en su punto más sangriento y represivo. A pesar de que las verdaderas amenazas al régimen habían sido eliminadas hace bastante, la presencia del ejército y los servicios de inteligencia en la vida civil era muy fuerte todavía.
Todo tipo de desgracias ocurrieron desde el 75 hasta el 90 en Himburgo. Todas supuestamente necesarias para crear esa super potencia mundial en la que se transformó el país en esos años. Una nación que apenas había sobrevivido a la segunda Guerra Mundial ahora estaba en la cúspide de su poder.

La Administración Pallance tenía a sus ciudadanos aterrorizados mirando la television. A madres y padres agitando banderitas en cada desfile, comprando bonos de guerra, leyendo y repitiendo propaganda como el eslogan "Himburgo va hacia adelante y no deja a nadie atrás". Las imágenes de modernos aviones de combate despegando en misiones nocturnas para bombardear países de nombres impronunciables y las alertas casi siempre falsas de ataques terroristas eran muy comunes en ese tiempo por Himburgo.

Y quien les escribe no miente diciendo que en el fondo, en lo más hondo y oscuro del corazón de esta sociedad enferma, la gente disfrutaba de todo eso. Al menos, la clase media y alta que había tenido siempre el anhelo de ocupar un lugar privilegiado en Balbania. La clase trabajadora, bueno, no pudo ser parte de esta fiesta de casi 20 años, especialmente porque la mayoría había sido por completo sometida (a tiros y palazos) por el Gobierno entre el 75 y los 80.

Sea como fuera, no es de esperar que nadie recuerde ya la historia de Lucy Drissen y el Cocoon Club. Después de todo, cuando la mierda salta por cada alcantarilla que se destapa  a menudo es difícil diferenciar el tipo de mierda que nos cubre.

En fin, Lucy Drissen era una mujer muy hermosa. Tenía el cabello largo y enrulado, siempre brillante. Unos pechos prominentes y un trasero tan ardiente como fino. Realmente hubiera podido cumplir su sueño de ser una Super Modelo de la época si los desgraciados eventos de aquella noche no hubieran tenido lugar en el Cocoon Club. Hace tiempo que la joven de 22 años asistía a todo tipo de castings para television, cine o publicidad gráfica. Fue una verdadera lastima que el mundo fuera privado de su belleza y espontaneidad. La forma en que sonreía y saludaba a los clientes de JOES o la Wako tenía locos a todos los hombres de Witters Alley y tremendamente celosas a sus esposas.

El Problema de la Hija de Puta es que encima es Adorable solía decir la esposa de su Jefe en la gasolinera frente al Cocoon Club y el aeródromo de mismo nombre. Y es muy cierto. A ciencia cierta no sabría decir que tanto o que tan poco aire había en su cabeza, pero era una chica producto de su época:

Mucha música pop en su colección de discos, el cuarto empapelado por posters de estrellas de rock y un bonito gato Siames al que llamó Elmer por ser tan gruñon y arisco con todo el mundo excepto con ella. Fuera de las revistas de moda, los chicos y las salidas al Cine Teatrum de Witters Alley,  Lucy Drissen no tenía mucho más. Y para ser sincero ¿Quien tiene mucho más en la cabeza a esa edad? Nunca sabremos ya si Lucy sería modelo, abogada o se pondría un salón de belleza en el poblado falto de uno decente.

Lamentablemente lo único que podemos asegurar de ella ahora, 18 años después, es que su belleza era tan física como espiritual. La clase de mujer que ilumina un mundo con su sonrisa, y que también puede apagarlo con abrir la boca. Tal vez fuera esa misma vacuidad de su ser la que despertó la atención de la extraña compañera de Jhoony Woodward.  Una hermosa imagen sin nada detrás.

***  
La misma tarde en la cual Jhonny Woodward tuvo el irrefrenable deseo de buscar ese viejo libro, Lucy Drissen comenzaba su turno nocturno de playera en la gasolinera de la Wako Oil. A solo pasos del cartel de bienvenida del pequeño poblado todo tipo de transportes, desde autos hasta grandes camiones repostaban allí para seguir camino a Fixa Town. El centro comercial más grande de esa parte de la provincia de Platino donde se concentraba gran parte de la actividad económica como ademas el Ferrocarril de cargas. 

Más allá de la emoción previa por el partido que se disputaría esa noche, el día paso tan calmo y corriente como cualquier otro en su turno de trabajo. Lucy atendió a todos los clientes con la amabilidad y frescura acostumbrada en ella y recibió las correspondientes propinas de los conductores. Ya para las  21 Horas el flujo del trafico de la ruta 4, la cual atravesaba Witters Alley, comenzó a desaparecer. Nadie en los alrededores estaba dispuesto a perderse el partido de Semi Finales y en el mini bar de la Wako los empleados estaban sentados esperando que comenzara el mismo.

Cuando Peter Leggins, supervisor de Lucy la invitó a dejar su puesto para ver a la Selección esta se negó. No solo no le importaba demasiado el mundial, sino que también necesitaba algo de dinero extra para comprar una nueva Radio portátil Yanso. Para cuando el reloj debajo del Cartel de Neón giratorio marcó las 21:50  Witters alley parecía un pueblo fantasma. 

El Castor con sombrero de obrero petrolero giraba sobre su propio eje. El rumor eléctrico producido por las luces brillantes del cartel era una cantata solitaria y el viento que llegaba desde el sur movía los pinos a la entrada del pueblo. Lucy, parada al lado del surtidor solo vio un gato cruzar la calle para perderse en la fila de arboles a su derecha. Como si fuese parte de un espectáculo de terror, la bruma cercó los alrededores estirando sus brazos entre arbustos, yuyos y piedras. 

Acompañada solamente por un mate que le trajo una compañera antes de que comenzara el partido, Lucy escuchó de pronto el sonido de motores llegar dese el sur. A pesar de la bruma era claro que uno o dos vehículos con sus antinieblas encendidos pasarían delante de ella. Sonriendo satisfecha e imaginando su nueva radio Yanso caminó hasta su puesto y puso nuevamente el gesto de "Bienvenidos a Wako Oil, una animalada de rendimiento!"

Fue entonces que delante de ella apareció, haciendo gran estruendo, un camión de cinco toneladas con camuflaje militar. La potencia de los faros de aquella bestia de acero por poco y la deja ciega. El claxon de otro detrás del primero ensordeció por un momento a la pequeña Lucy Drissen, quien se veía como Juan y sus habichuelas  delante del gigante bramando Fi-fa-fo-fu. Cuando la mujer se alejó del haz de luz de estos camiones noto que eran un total de cuatro, todos de transporte. Ninguno de ellos llevaba placa identificadora u numero de serie alguno.

Para su sorpresa no fue el cabo que manejaba el primer camión quien bajara a pedirle combustible. Sino un hombre sentado del lado del acompañante. Con un gesto de apuro, el sujeto de cabellera frondosa y enrulada (estilo 70´s) bajo del camión y corrió en un trote hacía ella. Era bien parecido, tenía ojos claros color celeste y vestía una camisa de jean acompañada por botas altas tipo texanas. Más allá de su vestimenta civil era claro por su forma de caminar que era militar.

- Bienvenido a Wako Oil. Una animalada de rendimiento. ¿En que puedo ayudarlo?- Preguntó Lucy con su dulzura acostumbrada.
- Hola...- Dijo el hombre de Jeans y mirada nerviosa. - Necesito un paquete de Jockey´s Race

Lucy Drissen podría no ser la mujer más despierta en Himburgo. Sin embargo lo último que esperaba de un sujeto que baja de un convoy Militar es que le pida Cigarrillos. - ¿Están cerrados no?- Preguntó el hombre mirando por sobre el hombro de Lucy.
- El Mini Bar y el Kiosko Sí. Están mirando el partido...- Contestó la muchacha lamentando no poder ayudar al sujeto. 

Otra vez el segundo camión militar toco el Claxon apresurando al fumador.
- ¡Para!- Gritó en respuesta. - Ya vamos...- Otra voz le reprochó su actitud.
El Sujeto de camisa de jeans buscó entre sus bolsillos ajustados rápidamente unas monedas.
- Sería mucho pedirte que me traigas un atado...por favor, estoy desesperado por fumar...¿Como va el Partido? No pude ver ni escuchar nada...

La muchacha había visto un sin fin de idiotas durante el año que llevaba trabajando como playera de la Wako. Sin embargo este muchacho joven parecía verdaderamente nervioso y desesperado por fumar (O saber como iba el partido) Por lo que, sin nada mejor que hacer Lucy fue en busca de un paquete de Jockey´s Race y cobro en la playa de la estación los mismos.
- Mil gracias amiga...¿Como va el partido?- Dijo el sujeto.
- 1 a cero vamos ganando. Acaba de terminar el primer tiempo.
- ¡Buenisimo! Mil gracias querida...¿Como te llamas?
- Lucy Drissen...
- Howar Fells....- Le estrecho la mano. - Me tengo que ir Lucy, pero si no tenes nada que hacer esta noche, podes venir al Club de acá en frente. ¿Lo conoces? Van a dar una fiesta a la noche. Para devolverte el favor te dejo pasar sin cargo ¿Dale?
- ¡Sí! Siempre me muero de envidia cuando veo a todos los chicos y chicas que van ahí. Pero es muy caro para mí. 
- Vos venite tipo a las 12 y yo te hago pasar a vos y a las amigas que quieras. Soy amigo del dueño. ¿Quedamos así?

Lucy aceptó sin dudarlo. Howar era muy apuesto y con eso le bastaba para aceptar la invitación, aun si no lo conociera. Después de todo era muy raro pensar que un militar pudiera tener alguna mala intención para con ella o al menos "esa clase de malas intenciones". Howar corrió en dirección al camión de Cinco toneladas y junto con los otros cuatro cruzaron las puertas del viejo aeródromo, a pasos del club, para desaparecer en la neblina. 

***

Esa noche Lucy volvió a su casa en bicicleta pensando en la cita de la noche. Comentó animada por teléfono a sus amigas sobre la imprevista invitación al club más caro del pueblo y se rió tontamente cada vez que alguna de ellas bromeó sobre sus cualidades de seducción. Lucy no era una carmelita descalza y nadie lo sería con ese cuerpo y esos gestos tan sexualmente asesinos. Pero estaba lejos de ser una gran devoradora de hombres. Como cualquier muchacha de su edad le gustaba divertirse, con o sin hombres en el medio, para luego reír a carcajadas con sus amigas. Esas eran, básicamente, las expectativas de la noche para Lucy Drissen.

Hasta este momento no sabremos sí Howar tenía pensado llevársela a la cama. Sí su libido sexual había despertado y estallado cuando bajo del Camión de Cinco Toneladas en busca de un paquete de Cigarrillos. Según quienes lo conocieron, solo quería devolverle el favor a la chica por haberle ayudado sin necesidad de hacerlo. Y aunque sin dudas esperaba pasar la noche con la playera de la Wako como todos los hombres que la habían visto allí, en ese momento estaba sumido en preocupaciones mucho más oscuras y secretas.

***


Howar cumplió con su palabra y tras esperar solo unos minutos en la fila del Cocoon Club, llegó junto a otros tres hombres de su misma edad. Saludo amablemente a Lucy y sus amigas y las llevó por la puerta principal. Según dijeron en reportajes recientes Liliana y Victoria, Howar se mostró relativamente distante y nervioso cuando las invitó a pasar. Cuando cruzaron las puertas y se instalaron en el V.I.P del Cocoon Howar y sus acompañantes desaparecieron de la vista por muchas horas. 

A Lucy Drissen no le importaba demasiado si el muchacho de rulos había perdido interés en ella, después de todo su cuerpo ataviado en un vestido negro corto que resaltaba su busto atraía las miradas de todos los clientes del boliche. Aunque por fuera luciera como un Galpón a base de Hormigón, por dentro el establecimiento era colorido. Sus luces de color fuxia y azulado iluminaban la gran pista de baile en el centro. Una barra curvada y alargada a la izquierda con tres Barman bastante decentes y la infaltable bola de espejos en el centro. 

Las tres amigas formaron un grupo cerca de la barra y pasaron una linda noche rodeadas por la música y las miradas que atraía Lucy Drissen y su cabellera abultada. Cabellera Abultada que iba y venía con demasiada frecuencia en dirección a la barra de los tragos. Probablemente debido a que era la única persona en Himburgo que no había sufrido el golpe inesperado de perder la Semi Final. 

Otra gentileza de Howar fue otorgarle a Lucy y sus amigas canilla libre en lo respecto a la bebida. Teniendo en cuenta que no todos los días uno se cruza con semejante cantidad de alcohol de primera marca gratis Lucy no dejo ni una gota de Vodka sin probar aquella noche. Animada y francamente ya perdiendo bastante la compostura la bella playera de la Wako tomó en un abrazo a ambas amigas y les dijo gritando:
- ¡Donde esta Howar! ¡Tengo que darle las gracias!
- Lo vi por allá al fondo. - Dijo Victoria. 

Aquella inocente y hermosa mujer que estaba lejos de ser una adulta a pesar de su edad hizo lo posible por no caer al suelo mientras caminaba con sus tacos altos hacia el fondo de la pista. Golpeó, empujó y sintió algunas manos en su trasero. Lanzaba puteadas a la oscuridad que la rodeaba por los indiscretos bailarines.

Cuando dio un salto para ver mejor encontró a lo lejos la cabellera de Howar entrando por una puerta que rezaba "Solo Personal Autorizado". - ¡Howie!- Gritó extendiendo su mano hacía él. El muchacho intercambio con ella una mirada de angustia o preocupación y cruzó la pequeña puerta al otro lado de la pista tan apurado que olvido cerrarla. 

Decidida a por lo menos decirle "Muchas Gracias" al hombre que le había abierto las puertas a un mundo de lujo que le era ajeno, Lucy Drissen se abrió paso entre las sombras que se interponían ante ella y llegó a la pequeña puerta de acero pintada de verde con el cartel "Solo personal autorizado". Lo que ocurrió a continuación, según las amigas de Lucy fue tan espeluznante como rápido.

Con el equilibrio de un palo de escoba Lucy intentó volver donde sus amigas pensando en que bien podría molestar al tal Howie, después de todo estaba detrás de una puerta "Para personal Autorizado". Tan errática como sus pensamientos, Lucy hizo unos pasos hacía atrás pero fue empujada sin querer por un hombre que bailaba con su pareja. La muchacha cayo entonces hacía adelante con un trago a medio tomar en sus manos y el peso de su cuerpo empujo la puerta hacia adelante, abriéndola violentamente. Lucy dio un giro de 360 grado como una bailarina de ballet intentando mantener el equilibrio y se vio de pronto en una habitación donde hacía un frió endemoniado. 

Todos recuerdan que, antes de escuchar el grito de horror de Lucy Drissen, la música se detuvo abruptamente por solo unos cuatro segundos, dejando el aire vació para que los pulmones llenos de horror de Lucy ante una montaña de cuerpos atados y con bolsas en sus cabezas rasgara el crudo cielo hasta las estrellas. 

Lucy escucho la puerta de acero cerrarse tras de sí. Sus ojos desorbitados por el súbito horror en el que se había adentrado a ciegas fueron hacía atrás con su dulce boca ahogando un nuevo grito. La culata de una Nueve Milímetros le impactó entonces en la nuca y las luces blancas se apagaron junto con cualquier rastro inocencia que su joven vida pudiera guardar. 

Ese pequeño cuarto detrás de la pista de baile pertenecía al Cuarto Batallón de Inteligencia del Ejército Himburgues. Lo que otrora fuera una cámara de Frigorífico funcionaba como salón de Interrogatorio del comando Primero de Operaciones especiales. En esa cámara amplia se amontonaban, colgados por sogas de sus pies, los más de 30 Detenidos y secuestrados en el operativo Fenix que esperaban ser trasladados esa madrugada por avión desde el Aeródromo Cocoon Air Club hasta el Campo de detenciones clandestino Zafira, al noreste del país, Lapan  Grows.

Himburgo iba Hacía Adelante
Y no dejaba a Nadie atrás.
A Nadie...
O nada...


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