lunes, 30 de septiembre de 2013

El Ritual de los Condenados XXXX

Epílogo
El Pasajero

La nieve cubre el cañón del arma. Dispara y la nieve se va, dejando lo negro del arma al descubierto. Dejando lo negro del alma  al descubierto, al igual que la imagen de quien la empuña. Cuando se aprieta el gatillo la oscuridad de la noche se hace nieve por un instante y como fulminado por el rayo del Cronida Zeus el otro desaparece. Casi mágico...muy cerca del poder que deseamos tener desde que cobramos conciencia. Que los problemas desaparezcan, se esfumen bajo la cortina de humo de nuestras bombas. Que se desintegren en el fuego como una foto desagradable de alguna ex pareja en la hoguera. Que se vayan lejos de nosotros y nunca, nunca más retornen a acosarnos, a tocarnos, a hablarnos o a cuestionar nuestras acciones.

A juzgar por su nula capacidad de sentir imaginaba que ya estaba muerto. Quizás ya se encontraba en el vacío tan promocionado por Karl y otros amigos de ruta, porque no era capaz de percibir  ni siquiera su mera existencia. Como si su alma se encontrara desprovista de su cuerpo, de su cerebro y corazón. Como si, en esa negra e infinita sala que tenía (aparentemente) entre ceja y ceja ya no hubiera tiempo, espacio, dolor. Solo un aletargado sosiego. 

Crisald tuvo un abuelo llamado Peter Larenthguer que le había hablado sobre esto. Peter era el modelo a seguir de todos sus descendientes: Un Vlaind de Rolando que a los 18 años fue a la segunda Guerra Mundial como paracaidista voluntario y volvió con honores, sin un rasguño. Su padre lo odiaba, porque en la vejez se había vuelto un viejo de esos que le reprochan a su hijo no ser como su Nieto. Crisald no lo frecuentaba demasiado, pero en la época de festividades Peter pasaba al menos una semana en la casona, mayormente mostrandole a él lo mejor que era con respecto a su padre Robert. El cuadro del anciano con uniforme y sombrero texano en la casa de Crisald pertenecía a Peter. Y a decir verdad, Crisald era muy parecido a él en personalidad. Rudo y puteador. 

Peter le había enseñado a Crisald a disparar todas las armas que llevaba en su bolso. A menudo practicaban tiro en los terrenos traseros de la casa y fue este quien le legó la Desert Eagle Dorada. Hecha por las manos del buen abuelo y el poder Vlaind de modificación de la materia.

Sea como fuera su abuelo le dijo alguna vez que, luchando en Landesia contra los Nazis la bomba de un avión Stuka había caído muy cerca de él en el 44. "Imagina que todos creyeron que había muerto junto con Farrel y Weggan, que ahora eran un cumulo de tripas esparcidas por todo ese puto sembradío de maíz. Pero estaba bien vivo Cris. Bien vivo. ¿Sabes porque no me moví ni un centímetro hasta una hora más tarde? Porque, Namidian me perdone, nunca me sentí tan bien en toda mi puta vida. Ni siquiera cuando me case con tu abuela, o cundo nació tu padre. Era como estar muerto sin estarlo...todo negro, va ni siquiera puedes pensar en colores cuando estas en ese estado. De más grande pensé que es eso a lo que los Budistas llaman Nirvannna. No, no esa banda de drogadictos que te gusta tanto. Es como un estado mental donde de pronto, todo lo que alguna vez te preocupó,  te interesó o deseaste tener simplemente deja de ser importante. Es por un muy corto tiempo Cris y supongo que esa es la verdadera muerte. No esos figurines de los cristianos. Me refiero a que...uno muere realmente cuando ya no hay razón para vivir. Cuando ya todo lo que te emociona, te moviliza pasa a ser poco importante. No creo que el cuerpo pueda seguir viviendo sin el espíritu. Solo Namidian y los Dioses lo saben, pero yo creo que es así. 
- ¿Y porque no moriste abuelo?
- Por tu abuela y por que deseaba tener un hijo, como todo Vlaind debe tener. 

A diferencia de Robert, el abuelo Peter no hablaba de cosas que no conocía o no sabía. Era un Vlaind bastante huraño que había alcanzado la sabiduría que solo el tiempo y una guerra pueden dar. Había viajado por todo el mundo  como importante empresario y se dejo morir junto a su esposa cuando la familia de Crisald fue asesinada. Ya tenía entonces algunas canas y arrugas, lo que significa que por mucho se negara a admitirlo la guerra le había dejado heridas realmente profundas de la clase que pueden envejecer a un ser eterno como un Vlaind. Psicológicas y sentimentales.

Por ende, Crisald pensaba que tal vez se encontrara en el Nirvanna. La decisión de salir o no le pertenecía exclusivamente a él. Sabía que, como en un juego de niños, si no elegía algunas de las dos opciones rápidamente  la muerte lo tomaría como un sí. Y eso tampoco le preocupaba mucho en realidad.

En verdad el muchacho Larenthguer no tenía un gran afán por regresar de donde había venido. Todo lo que podría haber movilizado su corazón, inclusive su deseo de venganza, estaba muerto. No imaginaba de momento algo como "Rehacer su vida" ¿Que vida iba a re hacer? ¿Y como? No lo seducía la idea de volverse un pastor evangélico o ir a trabajar en alguna ONG como muchas personas en su situación. No le interesaba que las personas lo vieran como un Héroe caído reformado. Como una estrella de rock en decadencia que deja las drogas tras 20 años para participar en campañas anti-drogas. Pero era triste al mismo tiempo pensar que no le quedaba nada porque vivir. Era deprimente entender que ya no lo motivaba nada en lo absoluto con 25 años de edad. 

Sin duda esto estaba muy lejos de la vida que había planeado para él. Estaba a kilómetros de distancia de la casa en el lago junto a Liena y dos niños. El sentado como su abuelo Peter en la mesa diciendo cosas sabias y prodigiosas. No se acercaba en lo absoluto a filmar su propia película de monstruos o tener su banda de Rock. Tal vez, al fin y al cabo Crisald nunca había hecho, de verdad, lo que realmente deseaba desde que salio de la adolescencia. 

A los 18 años su padre le dijo que era hora de ponerse serio, de sentar la cabeza, de ser un buen Larenthguer. Sin duda sus enseñanzas no habían contemplado la posibilidad de que una fiera salvaje y sobrenatural arruinara los planes de su muchacho.  Aunque, siendo sinceros, tampoco era justo echarle toda la culpa a la estrella de nosequien. Después de todo, ella tenía razón en algo, fue él quien hizo de su vida, hasta los 25, la leal copia de su padre. Una carrera saludable como contador que no le emocionaba en lo absoluto, una pareja con la cual no iba a poder compartir su gusto por los excesos y  discos de Jimmy Hendrix en  un apartamento en el centro. 

En ese entonces el Vlaind pensaba en la vida como un vídeo juego. Uno iba de pantalla en pantalla hasta que, cuando se alcanzaba el puntaje máximo aparecía el vídeo celebratorio y fin. Él había logrado todo eso en 25 años. El más apuesto de la familia, el  mejor de su clase, y un futuro seguro y brillante por delante.

Ja-Ja Muy divertido Papá ahora dime una cosa. Ya gane el juego, ya pase todas las pantallas, no siempre tan divertidas, pero las pase. ¿Y ahora? ¿Ya puedo estudiar dirección de cine como te dije? ¿ya puedo tocar la guitarra? y, decime por favor ¿Como se van a tomar vos y mamá la cosa si decidiera divorciarme? Ay, Liena es una mujer perfecta, pero no es para mí. He descubierto que no compartimos otra cosa que un gran amor entre ambos. Y eso no siempre es suficiente en una pareja. Eso es solo apropiado cuando esta seis pies bajo tierra como vos ¿sabes? No me alcanzaba con quererla mucho. 

- ¿Y que tal si empezas de nuevo "BOmBOm"- Dijo Liena. - Nunca es tarde para eso. Te lo dije cien veces tonto. Pero nunca me escuchaste porque siempre pensaste que era una idiota. Y como me gusta decir, no sabre mucho sobre muchas cosas pero si se otras cosas sobre otras cosas. Y se que uno puede empezar de nuevo. Lo descubrí en casa el día que te fuiste. Oh sí, no seré la mujer más inteligente del globo, pero como esposa era perfecta. Y sabía porque te habías ido. Abrí el placard y vi que no estaban tus armas. ¿Sabes que encontré también BomBom"? Una tarjetita de ese amigo abogado de la Fundacion Ferdinand. El que tramitó el Divorcio del Gran Baron. Bueeeno no sere Einstein pero entendí que sucedía, que lo tapara con esa pantalla de constante idiotez, es otra cosa Amor. 

Vamos, no me mires así pipi, ¿Me vas a decir ahora que no sabes lo que es la Negación? En eso, lindo, eramos iguales. Con la diferencia de que yo me hacia la pelotuda y vos el homicida. 

Claro que ya lo sabía y acaso te dije "¿Que mierda es esto?" acaso te dije "No se te ocurra divorciarte de mi ahora pendejo merquero? No Cris. Me puse a llorar como una idiota en el sillón que da a mi ventana, nuestra ventana favorita con la bata recién puesta. Entendiendo que me habías hecho el amor en la terraza porque sabías que no ibas a volver. Tal vez regresaras vivo, pero no ibas a volver conmigo.  ¿Me viste andar llorando por los rincones porque mis sueños de vida se habían hecho pedazos de esa manera? No, porque siempre te lo dije, desde que te conocí. Se puede empezar de nuevo y con lo de tu familia quise transmitírtelo a mi manera. Por un tiempo lo entendiste. Por un tiempo fuimos felices juntos y sabía que podíamos ser felices separados.

Si te queres morir, es solo porque nunca antes te preguntaste que hacer con tu vida. Ya aprendimos Cris (mientras duro nuestro accidentado matrimonio) que lo difícil es estar vivo. Lo Jodido es estar vivo bebe. 
- ¿Y por que mierda querría vivir entonces Nena?- Dijo Crisald enojado.
- Porque llevas muchos años muerto ya, pitufito...





***
Arriba todo era azul. Azul claro, como pincelado por un niño entusiasta. El cielo estaba radiante de brillo y el calor continuaba. Crisald sintió en sus manos algo suave y terroso, pasto tal vez. Se dio cuenta que tenía el cuerpo acostado con cuidado cerca de unos arboles. En todo el lugar podía percibirse la fragancia discreta de la naturaleza salvaje, la poca que queda en Himburgo. Ya no sentía la nariz cargada por el ceniciento polvo de Witters Alley ni el ardiente fuego alrededor. A juzgar por lo liviano que se sentía allí tendido imaginó que le habían quitado la gabardina.

El sonido de unos motores de hélice llegó rápidamente desde el oeste. Quizás si estaba muerto después de todo, o había cambiado vidas con el abuelo Peter. Como plateados ángeles dos aviones de reconocimiento de la guardia nacional pasaron a poca altura, mostrando sus anchas alas, bien pintadas y vigorosas como aviones de maqueta. Surcaron el cielo de la misma forma que el sonido de sus motores acaricio la mente confundida del Vlaind. Rugieron hasta desaparecer en el silencio.

Lentamente Crisald regresó al mundo de los vivos, pieza por pieza. Primero la noción de conciencia, luego la vista, el oído y por último el tacto. Ese no vino con bonitas visiones como los Aviones de la Guardia nacional. Sino más bien que llegó con misiles de dolor desde los ojos hasta el dedo más pequeño de sus pies.

Si bien era lógico que semejante caída le iba a traer dolores espantosos, Crisald creyó por un instante tendido en el Bosque de Pent que ese tipo de sensación, un cóctel de dolor, miedo y calma todo revuelto en su cabeza y en su corazón era lo más parecido a nacer. Por unos breves segundos se convenció que de esa forma se debió haber sentido cuando salió de la panza de su madre. Porque ya la conocía, increíblemente ya conocía esa sensación. ¿Donde estoy? ¿A donde estuve? Quiero volver pero lo que esta aquí afuera se ve muy bonito también...pero hace frió...no lo se, quiero volver, tal vez lo haga luego, esto parece interesante.

En un acto reflejo sus pulmones tuvieron la urgencia de llenarse de aire y su estomago de vomitar todo el liquido amniótico de mierda que venía mamando en grandes porciones. Los demás no escucharon este quejido, su dolor, su desconcierto era todo suyo, pero el cielo azul y los avioncitos también. Otro, grande y colorado de los bomberos paso lentamente por allí, tapando por unos segundos la luz del sol y marchándose detrás de las verdes copas de los arboles. Los bordes de las hojas estaban revestidas de dorado y el viento soplaba manso acunando sus copas.

Giró su cuello a la derecha y vio a los Dracidas y a la Avista. Daniela estaba en una posición muy sugerente, arrodillada en el piso.  El espacio entre sus pantorrillas y sus caderas dejaba ver un bonito trasero. Estaba manipulando un  objeto similar a un baso de madera. Fue su primer erección en mucho tiempo y la dejo ahí sin ánimos de inhibirla en lo absoluto. Debido a los caballos de fuerza listos para correr en su entrepierna por un segundo creyó que habían pasado millones de años desde la última vez que se había excitado de esa forma tan adolescente. Permaneció unos segundos tendido solo mirando el cielo, como el preso que vuelve a ver la luz del día tras cumplir su condena el brillo le dañaba los ojos.

Rise y Miranda examinaban, también sentados en el piso, un mapa de carretera. Debían ser más o menos las  8 o 10 de la mañana. -No quiero pasar por The Kings Valley Rise. En esa ciudad los Chorros andan con bazookas y tanques.
El Jethi hizo un chasquido con los labios:
- Ay Miranda no seas nazi. ¿De donde sacaste eso?
- De Radio Imperio, es la única que se sintoniza en el bosque. El gobierno mantiene a esos vagos con planes, después con esa plata compran la droga para vender. Hasta tienen nexos con esos musulmanes terroristas de Salef...cambian droga por armas de asalto.
Daniela se estalló de la risa, Rise también.
- Preciosa Miranda. Dijo Rise a tono de burla. - Lamento informarte que Radio Imperio no es precisamente la mejor manera de informarse. También dicen que la gente del bosque de Hosmusilias son comandos del ejercito Rojo preparando una invasión. ¿Vos sos una sucia Roja Brusa?
Miranda lo miro absorta, como si  su fe en los Medios de comunicación acabara de irse por el caño. Lo miro perdida, desolada.
- E...No...no que yo sepa.
Daniela volvió a estallarse en risas. - "No que yo sepa"  ¿Que no sabes lo que es un comunista Miranda?- Pregunto divertida.
Miranda se enfadó al ver que efectivamente había algo de lo que sabia poco y nada. Se cruzó de brazos y miró para otro lado.
- A Rise le interesan esas pelotudeces de política. Yo soy una Jethi, me preocupo por cosas que valen la pena.
- Bueno Dani, ya te encontramos trabajo en el Bosque de Hosmusilias. Vos y yo podríamos armar un curso sobre "Historia Básica de la Balbania Moderna"
- ¡Que te parece un curso de...- Miranda se detuvo a media bronca. Vio los ojos azules del Vlaind mirándolos como si acabara de llegar de otro planeta. - Heills guarde la medicina de Sigmund. Parece que también funciona con Vlainds. - Dijo Miranda sorprendida y orgullosa de las posiciones que había administrado a Crisald mientras estaba en otro universo.
- Hola bello durmiente. - Dijo Daniela. Rise saludo con una mano.

Crisald, aun inmóvil hizo el titanico esfuerzo de mover su brazo derecho y señalar lo que tenía Daniela entre las manos. Ahora el vaso de madera contaba con una pajilla de algún metal y en sus bordes se podía ver algo verde oscuro.
- Eso....¿Eso es algún tipo de droga?
- Sí, legal, pero droga en fin.- Apuntó Rise con sus ojos de nuevo en el mapa.
- Suficiente para mí.-  Crisald quiso pararse pero el dolor le estalló en la espalda como una bomba compuesta de agujas filosas y oxidadas, cayo con la cabeza al suelo gimiendo. Al menos el dolor indicaba que no estaba paralizado de la cintura para abajo como el idiota de Illagros.

Daniela se acercó a él y lentamente lo ayudo a poner la espalda derecha. Crisald probó esa cosa. Era muy amarga y de momento le resulto algo horrible. - Puaj. - Exclamo tras tragar. - ¿Ustedes comen pasto o algo así?
- Es Mate. Dijo Miranda. - Nada que hallas probado antes Ricky Ricon.
- Pelotuda...- se quejo por lo bajo Crisald. Tenía la cabeza matándolo como para lidiar tan temprano con los sarcasmos de la Dracida de una manera más original.
 - ¿Tu amiga tiene como costumbre ponerle sobrenombre a todos los que conoce? Pregunto Crisald sintiendo que su voz le era levemente ajena.
- Sí, pero es su forma de ser amable. Se muere porque la quieran un poquito nada más. - Una lapicera golpeo a Daniela en la cabeza.
- ¡Ay!- Se quejó con falsedad Daniela. - ¿Por que hiciste eso?
- Por bicho atrevido. Contesto Miranda sin mirarla.

A pesar de lo feo que le había resultado el mate al Vlaind, el gusto que le dejo en la boca le pedía que le diera un sorbo más. Le recordó al momento en que probo el cigarrillo o la cerveza. Nunca los vicios son algo delicioso al instante, casi como una advertencia que nadie escucha. - Dame un poco más de eso.
Daniela bebió del mate primero y cebo otro para Crisald. Luego le examinó las heridas de los brazos.
- ¿Por que lo chupaste?- Preguntó el Vlaind desconcertado.
- Porque el mate se toma de a varios, se comparte la bombilla.
- Eso es como que todos usen el mismo  cepillo de dientes, ¡que asco!...- Volvió a quejarse Crisald.
- Si fueras un Vlaind como la gente te harías tu propia bombilla...- dijo Miranda
- Y si vos fueras...
- No le hagas caso. Toma esto porque no hay otra cosa de momento. Te va a hidratar y te va a dar energías.

Crisald volvió a tomar mate y mágicamente le resulto solo un poco menos feo que la ultima vez. Era cosa de bárbaros eso de andar tomando de la misma bombilla. ¿Pero quien era el para hablar de modales? Daniela no detectó más heridas que las ya antes vistas. Sin duda las pociones de Miranda hacían efecto, mitigando el dolor y acelerando la cicatrización.

La noche anterior ella y Daniela habían ido en busca de algunas plantas especiales que necesitaba Miranda para hacer una infusión conocida como Lieveen. Era un té que se hacía con flores de Gola, del tipo que crecen en bosques viejos tales como Pent o Hosmusilias. Era un analgésico creado por los Jethis de Sigmund muy usado en los campos de batalla que relajaba el cuerpo y daba un buen sueño. Había todo tipo de variedades, era el té de tilo versión épica y Fantástica. Miranda le agregó un poco de su propio Rettem para que las heridas de Crisald cicatrizaran muy rápido. Por suerte su medida (una gota de sangre) fue la correcta, de lo contrario le hubiera proporcionado una ulcera o envenamiento. Ahora podría volver al bosque diciendo que acababa de descubrir que, por alguna razón desconocida, la medicina Jethi servia para tratar también a los Vlainds, como si tuvieran algo en común en sus cuerpos que los hacía ligeramente tolerantes al Rettem que tanto intentaron destruir en el pasado.

- ¿Donde estamos? ¿Seguimos en ese pueblo horrible?- Pregunto Crisald a la Avista.
- No. Estamos a unos 8 Kilometros. Nos tuvimos que ir con vos a cuestas antes de que llegara el ejercito y los bomberos. Rise dice que es mejor que nos pongamos en marcha tan pronto como puedas moverte.
- ¿Todavía nos persigue esa...esa...?
- No. Contesto Daniela. - Y no la vamos a ver por un largo tiempo creo yo. Por cierto, gracias, fue muy noble de tu parte.

¿Cuando fue la ultima vez que alguien le había dicho que acababa de hacer algo noble y bueno? se sentía muy distinto. Daniela, con su rostro bello y algo exótico parecía contenta, menos lacónica. Pensar que de alguna manera el había ayudado a que tuviera esa bonita expresión juvenil lo hizo sentir bien. Un buen primer paso al menos.
- Estabas medio muerto cuando te sacamos de ahí. Miranda paso toda la noche buscando unas flores junto conmigo en el bosque. Tuvimos que...desnudarte y bañarte. Como ademas darte unas posiciones por vía oral. ¿Te sentís bien?

Por un segundo la frase "Te sentís bien" hizo que la cara de Daniela se trasfigurara en la del medico que lo atendió luego de su desmayo en la casa de los Ferdinand. O en los ojos preocupados de Liavenna tratando de examinarlo sobre la mesa del salón. Ahora comprendía lo  que decía Alaysa sobre el magnetismo de los Avistos hacia las otras razas. Estar cerca de la chica era estar bien, en paz.
- Bueno...no creo que pueda aguantar otro Round con esa...cosa. Pero sí.  Con que me tome unas vacaciones por un par de días voy a estar como nuevo.
- Rise dice que en el bosque vamos a poder descansar bien. Están resolviendo como ir hasta allá haciendo el menor escalabro posible dadas las circunstancias.
Con un dejo de satisfacción Vlaind Crisald dijo:
- Si tienen problemas con la MI5 puedo llamar a un amigo que trabaja ahí. No es el jefe pero tiene una posición importante. Capaz que hace lo suyo para que no nos persigan si le explico, más o menos, que no tuvimos nada que ver.

Daniela le quitó la venda que tenía en el pecho y la cambio por otra. Desde el hombro izquierdo hasta el estomago había sufrido un corte bastante largo aunque poco profundo. - No creo que quiera tener que deberle algo a la gente del gobierno. Es un poco...- Crisald terminó la frase por ella.
- ¿Zurdo?
Ella asintió.
- ¡Ja! un Jethi Zurdo. Eso si que haría reír a los míos. Son raros estos Jethis. Nunca tuve nada contra ellos en verdad, pero si que son raros. Especialmente la señora sobrenombres.
- Yo soy la más rara de los tres.- Crisald no pudo evitar enternecerse.
- No. Dijo el Vlaind mirándola a los ojos. - Más allá de que seas una Avi...Avista si es que sos tal cosa, me pareces la menos rara. Creo que al ser nueva en esto sos más fresca.
- ¿Que edad tenes vos Crisald?- Pregunto Daniela ligeramente ruborizada por los músculos tonificados del Vlaind que veía mientras aplicaba vendajes.
- 25. Para los Vlaind soy un recién nacido todavía. Cuando llegue a los...100 capaz me toman como alguien adulto. Pero si las cosas siguen así no se si voy a llegar a los 30.
Daniela volvió a reír como una adolescente que coquetea con el chico guapo de la clase.
- Deberías dejar de tomar.
- ¿Perdón?
- Ah, sí, como Avista puedo ver algunas cosas que capaz...Perdón, no me des bola. Todavía no controlo del todo mis poderes.
- ¿Podes ver dentro de mi alma o lo que sea?
- Algo como eso.
- ¿Y que ves?
Daniela hizo un silencio largo.
- Veo un chico bueno, pero un poco...
-¿Loco?
- solo.
- Sos mejor que mi Psicoanalista. Podrías vivir de eso ¿sabes? Con tus poderes podrías adivinar lo que la gente piensa de verdad y ayudarlos por una módica suma.
- Quería ser abogada...pero pasó...bueno esto pasó.
- No, los abogados son una mierda...seguí el consejo, si algo sabemos los Vlaind es como hacer mucha plata. Eso o detective privada. O Periodista, o Espía bueno...todo lo que signifique meterse en la cabeza de la gente y saber que esta pensando.
O decirles que pensar- Se Dijo la Avista a sus adentros.

Daniela estaba bastante encantada con Crisald. Ademas de las cosas profundamente oscuras que podía ver en su cabeza, también sentía que el muchacho tenía una desesperada urgencia por tener un amigo de verdad en el mundo. Y tenía un humor negro bastante atractivo. Tras unos minutos Crisald sintió que podía pararse al menos con ayuda de Daniela y lo logró, con muchas quejas de por medio.

- Bueno, parece que los Vlaind son más fuertes de lo que me dijeron. Dijo Daniela.
- Obvio. A pesar de todo no dejamos de ser hijos de Namidian.

Cuando Rise vio al Vlaind de pie sostenido por Daniela, que lucía pequeña e inocente al lado de el muchacho se sintió muy aliviado de no haberse peleado con él. Los Jethis resisten mucho el dolor, pero los Vlaind de Rolando son lo más parecido a los Dracidas en eso de "hacerse mierda y levantarse". Eso los hacía la orden más peligrosa a la hora de la batalla. Eran duros como una roca, si fueran menos impulsivos (por no decir Chiflados) de seguro hubieran hecho polvo a los Dracidas en Strickland.
- ¿Ya podes caminar?- Pregunto Rise.
- En hora buena. Yo no pensaba cargarlo.- Añadio Miranda.
- Con un poco de ayuda creo que sí.
- Bueno entonces mejor ponernos en marcha. - Rise tomó su piloto verde, colgó su escopeta al hombro y se puso la espada en el cinto como le gustaba hacer en el bosque. Miranda y Daniela cargaron con otros pertrechos y Crisald se ofreció a llevar las municiones, que eran lo más pesado. Tras hacer algunos pasos, alcanzaron un bonito claro del bosque lleno de Helechos.
Rise  se detuvo y dijo:
- Bueno, algunas cuestiones antes de partir.- El Dracida se paró delante de lo que era su...¿Compañía? Miranda y Daniela lo observaban esperando su consejo, orden, comentario o lo que fuera. Algo en su tono de voz hacía que los demás aguardaran lo que tenía para decir, o en su forma de pararse. No le gustaba mucho sentirse tan milico...o tal vez desde que la Mujer Desnuda se le puso enfrente encontró la forma de disfrutarlo secreta y discretamente. Por que, en definitiva, era un Jehti de Bilingord le gustara o no. Hasta el Vlaind, auxiliado por Daniela, lo miraba esperando a que hablara. Se sintió ligeramente sobrecogido por las miradas de todos allí con el radiante sol dándole en sus cabezas. Le recordaba demasiado a lo que tanto había evitado en los últimos años. Pero logró dejar a un lado su muy mala imagen de sí mísmo por unos segundos que a Miranda le parecieron prodigiosos.

- Bueno, como imaginan lo peor ha pasado de momento. Pero que nos hallamos sacado a la Estrella de encima no significa que lleguemos al bosque en una pieza. Los cuatro ya debemos tener un historial de crímenes gordo como la biblia y si nos para la policía podemos darnos por muertos. Por lo que hay que evitar todo contacto con las fuerzas de seguridad posible. Por ahora deben estar preguntándose que carajo paso en Witters, así que hay que aprovechar la confusión. Iremos a pie por la carretera hasta Fixa Town. Si alguien, cualquiera sea, nos pregunta que hacemos acá vamos a decir que somos sobrevivientes del estallido. Crisald hará de medio muerto por que es el que tiene más aspecto de cagado a palos. Nadie en los alrededores va a poder evitar enternecerse ante este chico tan bonito así que los hombres nos van a abrir el paso. Si la policía viene a meter las narices, nos vamos a portar como refugiados de Bretoslavia, lloren, aúllen, maldigan y todo lo demás. Miranda y Daniela haciendo pucherito sera suficiente para convencer a cualquier policía que me vea con cara de terrorista.

Paso dos: Cuando lleguemos a Fixa Town vamos a tomar el tren. Miranda cargara la moto en el vagón de Furgón y todos tendremos un lindo momento viendo el paisaje. Nos tomara casi 24 horas si pagamos el servicio expreso que sale normalmente a las 22 horas. Estaremos en la provincia de Aron en la mañana. Cuando bajemos en la estación de Ikersville, ya muy alejados de este quilombo de policía y militares, podremos tomar prestado algún vehículo.
- ¿Como vamos a pagar los pasajes Rise?- Pregunto Daniela.
Todos miraron de inmediato al Vlaind. Crisald se sonrió
- Sí...sí...tengo mucha plata como cualquier Vlaind, pagare los gastos del viaje como recompensa por haberse tomado la molestia de sacarme de ese infierno. Solo tengo que pasar por algún banco antes de subir al tren. No tengo efectivo y no sería prudente usar la tarjeta de Credito. Tengo amigos en Lambridge que pueden facilitarnos auto o camionta para hacer lo que queda del trayecto desde Ikersville hasta su bosque loco.
- Bien, adelante entonces señores. Miranda y yo iremos delante, Daniela en medio y Crisald nos cubre las espaldas.
Miranda bufo mostrando su poco interés por tener al Vlaind detrás de ella. Jamas le confiaría las espaldas a un asesino de Namidian. Rise noto este gesto y agrego:
- Siempre y cuando Crisald no tenga ganas de matarnos a todos por el honor y la gloria del Ramkkara.
- Si los hace sentir mejor, dejare que la Dracida de Sigmund lleve mis Armas. - Crisald desenganchó a Epsurren y a su Desert Eagle. Vale decir que ningún Vlaind que se precie de serlo (más aun si es de Rolando) entregaría las armas de la familia aun Jethi. Hubo quienes se incineraron en una fortaleza en el pasado antes de hacer algo semejante.

Miranda estaba a punto de aceptar sin ningún problema. Pero su tradición tan amada le jugo en contra esta vez. Ella sabía, más que cualquiera ahí, que los Vlaind de Rolando NUNCA entregan sus espadas a un Dracida. Tal cosa solo había sido echa una vez como muestra de amistad y de paz. Era el gesto de un verdadero Príncipe y no de un lunático.
- No.- Dijo seca la Dracida. - No hará falta. Con que E.T te tenga vigilado me alcanza.
***


Llevaban dos horas de caminata bastante amena. Los Cuatro en fila mientras el mediodía daba paso a un colorado atardecer. El Jethi de Bilingord observaba detenidamente los alrededores y en apariencia nada peligroso andaba por allí. Por un segundo tuvo la tonta impresión de que ese camino, al costado del bosque de Pent se debió ver exactamente igual en la antigüedad, a excepción del asfalto claro esta. Pero tanto él como Miranda podían sentir una larga calma bajo el abrigo de un ya descendiente sol. El sonido de sus pasos se repetía con una tranquilidad hipnótica. Una llamada de Crislad los espabilo.


 - ¿Que paso?- Preguntó Rise.
- Emm. Nada, pero creo que acabo de encontrar la espada que Daniela necesita.

Todos se acercaron a Crisald. Este señalaba una especie abertura entre los arboles. Miranda se percató de que allí había caído algo pesado a gran velocidad y desde mucha altura. La hierba de los alrededores estaba ligeramente quemada. Pero la espada señalada por Crisald descansaba, refulgente, sobre un montón de flores blancas.

Daniela, que había estado esperando tener su propia espada desde hace mucho corrió emocionada hacia donde el Vlaind indicaba. Pero igual que todos allí se llevó una sorpresa agridulce. Era la hoja que había utilizado la Mujer Desnuda. La llamada "Espada de San Jorge"
- Por Heills. - Dijo Miranda persignándose. Rise se llevó las manos a la boca tratando de ahogar un grito.
- No creo que sea buena idea llevarnos esa...cosa. - Dijo Rise.
- ¿Por que no?- Pregunto Crisald encogiendo los hombros.
- Es la espada de la Mujer esa...
- ¡Ay! ¡Pero que bicho más obstinado!- Dijo Crisald retrocediendo con el mal recuerdo que le quedaba de Woodward con su cara abierta al vació.

Daniela la tomó entre sus manos, la hoja brillaba y reflejaba su rostro en su pulido acero. Pero no sentía nada malo u oscuro ante ella. Sino que más bien le dio la loca impresión de que el arma estaba contenta de tenerla con ella. Más que contenta, aliviada.
- Tiene unas inscripciones en la hoja ¿Alguien sabe que lengua es esta?
Miranda, experta en todo ese tipo de cosas se abrió paso y las leyó desde una prudente distancia. Pero quedo mucho más desconcertada de lo que esperaba.
- ¿Estas seguro que esta era la espada de la mina esa?- Le pregunto a Rise. Este asintió.
- Uno simplemente no se olvida de cosas así Miranda. Me martillo la cabeza durante 40 minutos o más. ¿Por que preguntas?
- Sí, no es que uno deje reliquias milenarias tiradas en el medio de la nada. Añadió Crisald.
Miranda volvió a leer de nuevo las inscripciones en la hoja, pero le costaba creerlo.
- Porque esa lengua es Bajo Sixvandez. La lengua de los maestros Dracidas de Hosmusilias. Es una espada Jethi Rise. - Tomó  San Jorge entre sus manos y observó el escudo marcado en el pomo. Era un sello con la forma de un dragón envuelto entre hojas de Italcaro. Un árbol que solo crecía en el Bosque de los Dracidas.
- Esta hoja...esta hoja fue forjada en el bosque Rise. No soy una experta en metales pero...
Crisald le pidió la espada y la miro de cerca.
- Como buen Vlaind yo se sobre metales.

La observó con el detenimiento de un artesano. Como ya saben los Vlaind tienen como característica la modificación de los elementos y de niños tienden a hacer todo tipo de cosas con metales a modo de juego y entrenamiento.
- No se si fue forjada donde decís Miranda...pero sin duda fue reforjada ahí. Son varias aleaciones de Metales distintos.- Crisald mostró los puntos en la espada donde esto podía ser visto. - Una parte coincide con lo que aprendí alguna vez sobre las armas de los Dracidas. Pero esta mezclado con otro tipo de acero, se parece bastante al Arudar Vlaind. Si fuera solo una espada Jethi mi mano se estaría quemando como si sostuviera una plancha ardiente.
- ¿Arudar?- Preguntó Daniela.
- Si, es el metal sagrado Vlaind. Con eso hacíamos las armaduras doradas y revestíamos las armas en el pasado. Es único y según la leyenda fue creado por Sítiva, Diosa de la forja y Ungil, nuestra señora de la guerra cuando los Dioses eran todavía amigos. Es una cosa tan hermosa o más que el Oro pero resistente como el acero. Solo los Vlaind pueden manejarlo y por ende multiplicarlo con el Don de Namidian. No se extrae de la tierra.

Claro que a nadie le hacía mucha gracia llevarse el arma de la mujer desnuda con ellos. Pero Rise pensó que no sería mala idea que Daniela la tuviera, después de todo las armas no hacen el mal, sino las personas que las usan.
- ¿La llevamos o no?- Preguntó Crisald sosteniéndola.
- ¿Dani?- Pregunto Rise.
La Avista vio los ojos del Vlaind y los dos Dracidas.
-  Sí. Me corresponde asumirme como lo que soy y no le tengo miedo más a eso. Que haya sido el arma de mi "Madre espiritual" no significa que tenga que usarla de igual modo. Si mi función en esta vida fuera matarlos a todos ustedes creo que ya lo hubiera intentado hacer, era lo que la Mujer Desnuda quería hacer de mi. Pero si hay algo que se en mis entrañas, y es la razón por la cual estoy con ustedes, es que los Avistos no son lo que todo el mundo cree. Así como ustedes (Los Jethis y los Vlaind) no se están matando por cuestiones del pasado, creo que mi..."raza" bien puede aprender de ustedes. Cuando estemos en el bosque los demas me van a ver, me guste o no, como la representante de esa especie y planeo demostrar que más allá del poder que nos domina, es posible liberarnos. Tomare la espada como prueba de eso, estoy segura que tal y como un Avisto, no fue forjada con el propósito de aniquilar a todos los Dracidas y Vlainds. Por eso ha sido reforjada en el bosque. Tal vez en algún momento otros lo supieron y quisieron dejar prueba de ello en la hoja.

Todos hicieron un breve silencio reflexionando sobre las palabras de la muchacha. Ella escudriño sus rostros cansados y ojerosos, pero al mismo tiempo aliviados.
- Llevemos entonces el mensaje al bosque Dani. - Contesto Rise al fin.
- Y a pesar de todo E.T se sigue ganando sus Scooby Galletas. Dijo Miranda palmeando su hombro.
 -Hubieras sido una gran Jethi de Sigmund E.T

El ocaso bañaba con su anaranjado las copas de los arboles de Pent. Las largas sombras del bosque comenzaban a alargarse hasta el otro extremo de la carretera. Algunas luciérnagas habían aparecido en el camino, brillando con la intensidad acostumbrada junto a las primeras estrellas sobre el cielo cada vez más azulado. La noche golpeaba las puertas en el este y algunas nubes blancas se enredaban entre las ya visibles cumbres de las montañas de las Sorrim. 

Todos caminaban sin decir palabra, metidos en sus propios pensamientos o llevando sus ojos hacia la larga cadena montañosa al oeste, con sus copas nevadas rutilantes coronadas por las tiaras estelares de la noche Balbanesa. Debido al bloqueo de la Carretera en Fixa Town no se habían topado con un solo auto o camión. Pero sortearían el bloqueo aduciendo que eran refugiados. Daniela y Miranda interpretarían un chistoso numero frente a la policía local. Daniela se golpearía el pecho como una mujer Musulmana y Crisald diría que la inexpresividad de Miranda se debía al shok generado por la explosión. 

Detrás de la Jethi de Sigmund Daniela podía ver las siluetas de los cuatro acompañadas junto a la motocicleta de Miranda. Al tener tan cerca ahora las rocas de las Sorrim notó el pequeño túnel para un tren abandonado hace siglos.  La Avista tuvo el recuerdo de  cuando entro a un Tren Fantasma de una feria en aquellas vacaciones en Saint Custer junto a su madre biológica. En verdad no rememoraba el trayecto (que ya a esa edad le había parecido la versión cutre de las cosas que ella podía ver en la vida real y que nadie entendía) sino el momento en el que salio corriendo del trenecito llorando hacia los brazos de su madre.

Era una sensación similar. En cierta manera la Avista sabía que los cuatro acababan de pasar las noches más oscuras y tenebrosas de sus vidas. Tal y como en un paseo de ese tipo, se habían aferrado al carrito con las manos clavadas como garras en la barra de acero protectora, con los ojos fijos en las tinieblas tratando de adivinar que cosa horripilante vendría tras la próxima curva o la cortina de humo artificial.  Ella se había aferrado a Rise, seguramente poniéndolo en el lugar de su difunto hermano mayor. Rise saltó del miedo ante la risa desencajada de un vampiro mal dibujado en los brazos de Miranda. Pero Miranda también lo había abrazado fuerte cuando paso a su lado el fantasma fluorescente. 
¿Y Crisald? Sus ojos amatistas se volvieron a él por un segundo. El Vlaind iba con la mirada puesta en el suelo, cansado. Al notar que ella lo miraba le sonrió. 

Crisald había sido el chico temeroso de la última fila que no tiene con quien compartir el asiento y solo puede agarrarse de la vara de acero, agachar la cabeza e implorar por que el terror que ve delante de sus ojos sea la mejor y más alocada ficción que ha presenciado ser humano alguno. Por eso se llevaban bien, ella había ocupado ese mismo asiento desde los 8 años en adelante. Y mientras los carritos pasaban con desesperante lentitud hacia las sombras cerraba el dulce entrecejo intentando no llorar. Ambos eran iguales en ese sentido. Pero una cosa los diferenciaba de manera notable.

Cuando Daniela se bajó del paseo, pudo correr hasta los brazos de su madre y llorar como una condenada bajo las dulces caricias de Veronica, sonriente y alegre por una última vez. Crisald bajaría del carrito y no encontraría a nadie que le diera el maternal sosiego ante las tinieblas que lo rodeaban. Eso hacia que Daniela sintiera por Crisald una genuina ternura. 

Todos allí habían comprado un boleto para subir a los andenes de un tren enloquecido y fantasmagórico. "¿Pero quien paga para asustarse?" se preguntó en su cabeza Daniela mientras miraba las espaldas de Rise avanzar con ese caminar despeinado que lo caracterizaba.  "¿Por que las personas piden, a cambio de dinero, ser atemorizadas?" La Avista dio con la respuesta:

Uno entraba allí para asegurarse que detrás de Drácula, el hombre lobo, el esqueleto fosforescente o la bruja de risa grabada, había solamente un montón de poleas y arneses metálicos que les proporcionaban movimiento. Pero la vida se la daba el pasajero, el espectador. Y si uno se las otorgaba también tenía el poder de quitárselas. Solo había que animarse a remover el disfraz del monstruo. A mirar debajo de la cama o dentro del armario porque ya da vergüenza pedírselo a tus padres. A caminar por el cementerio sabiendo que los muertos, muertos están. A mirar una película de terror con la luz apagada  porque, en definitiva, se sabe que uno sobrevivirá para ver el amanecer salir por la ventana como cada día normal. Uno siempre sabe que puede, animarse es otra cosa; y los cuatro: Rise, Crisald, Miranda y Daniela  acababan de terminar su espantoso recorrido por las Umbría más espesa de este universo. No del vacío,  de la Gran sombra, ni la de la Mujer desnuda sino de sí mismos.

En otras palabras había que ingresar  al tren fantasma para descubrirlo o vivir con esos temores por el resto de su vida. El verdadero precio a pagar no era el boleto comprado al vendedor frente a la barraca de feria de sonrisa leonina. Sino más bien atravesar las sombras. Atravesar las tinieblas era la única forma posible de llegar a la luz al final del recorrido. Y la única forma de apreciar de verdad la luz por primera vez.

FIN


***
N/A:
Como imaginan volveremos a ver a Rise, Crisald, Daniela y Miranda en otras aventuras referidas a la próxima guerra contra Misínas y los Avistos. Pero esa ya es otra historia que no tiene lugar aquí pues "El Ritual de los Condenados" no sería compatible con la "Épica" que dicho relato requiere. Si se quisiera continuar más allá de este punto sería abrir una nueva gama de historias, personajes y preguntas que no encuentran lugar en la obra. Este libro trato de como las fuerzas del bien pudieron, a pesar de todo, unirse en un pequeño grupo de "bichos raros" que muy a pesar de sus errores, lograron encontrar el camino correcto para no caer en el Vacío de la desesperación. Si lograran llevar ese mensaje a sus respectivas especies, es otra historia.

Por último les dejamos nuestro vídeo en agradecimiento a todos nuestros lectores y amigos alla afuera

martes, 10 de septiembre de 2013

El Ritual de los Condenados XXXIX

Capítulo Final 
El tren Fantasma 
Parte III

La Danza de los Esqueletos 


La Frase indicada con un asterisco (*1) en este capitulo pertenece a Alija Izetbegović, presidente de Bosnia y Herzegovina desde 1992 a 1996 sobre el disparador de la guerra de los balcanes.



Los murmullos entre Rise y Miranda eran bastante audibles, sobre todo cuando pasaron a la fase de gritos por un corto lapso para reanudar el susurro nervioso. En lo que respecta a Crisald y a Daniela estos se estaban entendiendo bastante mejor con sus espaldas apoyadas en los restos de Witters Alley y habían acabado ya la mitad de su Milton, que aunque caliente y con un dejo de sabor a cenizas, era lo mejor que uno podía servirse allí dadas las circunstancias actuales. 

Sin demasiados tapujos Daniela le contaba a Crisald sus aventuras con Rise desde que salieron de Blondres e intentaba, como podía, explicarle los acontecimientos referidos a la Mujer Desnuda. Por segunda vez el Vlaind se disculpó por, básicamente, haber estado a punto de matarla. Pero a Daniela estas cosas ya no le llamaban tanto la atención como en aquel entonces y dijo poder "Comprender" la situación según la planteo el muchacho de Rolando. Ademas la Avista era consciente de que Crisald estaba bastante interesado por comprender aquella otra parte de la historia que se encontraba detrás del telón mientras él iba barrio por barrio dejando casquillos humeantes. Era como tener la mitad de una historia o de una foto y tener que juntarla con otro para lograr una total comprensión de lo ocurrido. Crisald pensaba internamente que, si oía a Daniela y le creía, si iba al bosque y escuchaba, quizás encontrara una pista sobre la decisión que debía tomar llagado el momento. Aunque Crisald ni siquiera lo sabía plenamente entonces, lo que hacía charlando con Daniela era buscar una cuña que justificara los dichos X . La mejor razón para no hacer aquello que sentía que debía, ir hasta el final: Matar a Liavenna. 

Para estas alturas las migas que llevaban echas Daniela y Crisald llegaron al punto de las armas. Intrigado Crisald le preguntó:
- ¿Y no tenes una espada de Avisnosecuanto?-
- ¡Avisto!- Recriminó ella.
- Bueno, bueno, parece que todos ustedes están muy susceptibles con eso de los nombres....Hay gente que busca "Vlaind" Con B larga en las bibliotecas y nadie se escandaliza por eso.  ¿Tienes un arma de A-Visto o no?
- No. Solo tengo esta Beretta de Rise. 
- Que irresponsable, tendría que armarte mejor si estas tan en peligro como parece. Le hubieras hecho más daño a Karl escupiéndole en la cara que con esa cosa. Tenes que buscar un calibre pesado, de esos que fabrican al pedo porque ni los hombres pueden usarlas bien, por eso los príncipes Vlaind usan las Desert Eagle. En manos de un hombre común es una cosa aparatesca e imprecisa. Pero nosotros podemos controlarla como si fuera la honda de Daniel el terrible. O en su defecto usar una espada, santificada por algún maestro o bendita por un sacerdote es mejor. 
- Rise dijo que puede que en el bosque me den una. Siempre y cuando no traten de matarme cuando lleguemos.- 
- Lo único que se de ese lugar al que llaman "Santuario" es que es una especie de bosque gigante donde viven un montón de Jethis que no han visto la vida moderna. Mi viejo me contó que supuestamente las mujeres andan desnudas y los tipos comen con las manos...esas cosas. Y que la gente como tu amigo se va ahí cuando quieren estar de vacaciones. 
- ¿Tu papá sabía de estas cosas?
- No, pero siempre le gustaba simular que sabía de muchas cosas. Era medio actor. De hecho quiso ser actor de Teatro pero mi abuelo no lo dejo, le dijo que esas eran cosas de maricón de Sixfrid. 
- ¿Sixfrid?-
- Sí, es la Orden Vlaind que tiene más inclinación por las cosas artísticas. En la antigüedad Sixfrid era el bardo favorito de Balabord y el poeta más aclamado en el reino de Allion. Su orden, más que nada, es una especie de club de artistas ahora, pero en la antigüedad solían llevar el cantó de guerra en el combate como también las arengas. Se los conoce por ser los más abiertos a tratar con los Dracidas, eso, en cierta forma le costo la vida a su fundador también.
- ¿Que le paso?
En el rostro de Crisald se dibujo una sonrisa culposa.
- Rolando lo mató, eran muy amigos, muy cercanos. Pero muchos entendieron su acercamiento a los Jethis por "Traicion" y bueno...la gente de mi Orden no es muy tolerante con esas cosas. 
- ¿Y la gente de tu Orden siempre anda matando así como así?
- Sí  fuera de otra forma, no estaría por acá. 

Crisald se levantó y estiró la espalda. Había sido una bonita charla de unos 40 minutos. Por un momento Daniela le recordó un poco a su hermana pequeña o incluso a la misma Liena en sus buenos momentos, preguntando las cosas con una inocencia tardía. - Bueno, no se que estarán deliberando allá en frente, pero me aburrí de esperar sentado. Si no te molesta voy a salir a caminar un poco, con algo de suerte encuentro otra cerveza. Debe haber un almacén que halla sobrevivido a este quilombo. Cuando aparezcan tus amigos, llámame, no me voy a ir muy lejos. 
- Bueno...

Daniela observó la calle que bajaba al centro del pueblo en dirección al norte y por un momento, entre el humo y los despojos le pareció ver a alguien allí. Iba a advertirlo, pero de súbito algo en su corazón le dijo que el Vlaind ya lo sabía, de una manera o otra. Dirigió sus ojos hacia Crisald y terminó de hablar:
- Si me necesitas, también llámame. 

El Vlaind no entendió a que se refería. A pesar de que la muchacha le cayera bien no veía en que forma podría necesitarla si las cosas se complicaban. Ademas a juzgar por lo visto en los alrededores no había una sola alma con vida en ese pueblucho. Asintió con la cabeza y comenzó a caminar por esa senda, con los ojos clavados en las lineas que dividían los carriles de la calle en doble sentido, al cabo de unos minutos se perdió de la vista de Daniela bajo las inclementes volutas de humo negro del incendio.

***
En algo tenía que darle la razón a la piba, Ella era la prueba de aquello que le resultaba tan extraño y onírico. Crisald meditaba con estas cosas en la cabeza mientras sus piernas iban calle abajo en dirección al centro de Witters, donde el fuego y la furia de la Mujer Desnuda se había desatado con mayor intensidad. Como en una ultima acción desesperada, La madre espiritual de Daniela, (su supuesta guardiana) había llevado mayor parte de su ataque hacia el norte pensando que tal vez alcanzaría a la muchacha con sus llamas. Pero gracias a Miranda, estaban muy lejos ya de allí cuando esto sucedió. Por desgracia los habitantes de Witters Alley no tuvieron tanta suerte y en su mayoría fueron carbonizados junto a sus casas despidiendo un hedor a mortandad difícil de olvidar para todos los que presenciaron el desastre provocado.

Miranda estaba en lo correcto, este tipo de situaciones en Himburgo disparan alarmas que nadie se toma a la ligera. Lo usual hubiera sido que a esta altura el Ejercito estuviera movilizándose a la zona al mejor estilo película de zombies. Pero a los cuarteles más cercanos en Triton Parade no había llegado una sola orden y cuando el Oficial al mando de la división aerotransportada 604 se comunicó con sus superiores le informaron que esperara ordenes y se mantuviera en alerta roja.

Aun algunos años después de este acontecimiento la demora de las fuerzas de seguridad del primer mundo fue motivo de interrogantes y combustible para teorías de conspiración. Himburgo ya había sufrido a fines de los años 70 un ataque nuclear por parte de un grupo terrorista en el oeste de la ciudad de Blondres, con un radio de Daño similar al acontecido en Witters. Claro que esa vez si había sido un artefacto atómico (viejo y casi inservible por suerte para los Blondinenes) y no un ser sobrenatural venido de otra dimensión.

Otro antecedente similar ocurrió en Lapan Grows, al norte del País, matando a más de 400 personas y reduciendo el este del pueblo a cenizas y escombros. Aquel acontecimiento aun esta considerado "Clasificado" en los Archivos de la Inteligencia Militar como el casi inmediato incendio en Witters allá por el 83. En estos dos hechos nunca se terminó de aclarar que fue lo que ocurrió y el Gobierno jamas abrió la boca sobre este asunto por razones que ahora habían sido pulverizadas junto con La Mujer Desnuda y Witters Alley.

Pero como ya habrán adivinado cierta influencia muy poderosa del otro lado del Círculo no estaba interesada en que se sumaran payasos a esta fiesta privada. Quería el terreno limpio para evitar confusiones y, en lo posible, salvar la chapuza en la que se había transformado su maquiavelico plan. Aun tenía una posibilidad, una mínima posibilidad de éxito, todo dependía de Crisald Larenthguer y de cuanta fuerza más podía ejercer ella sobre él.

Jhon Woodward, aun con la sangre de su esposa en sus manos, estaba en Witters  subido a la Chevy en la entrada norte del pueblo aguardando, con sus dedos casi arañando el volante. De hecho estaban clavadas en el mismo y le sangraban las falanges mientras sus ojos miraban el fuego de la ciudad, se reflejaba en sus orbes como danzantes demonios.

Obviamente ya no era el cuerpo de Jhon Woodward, sino lo mejor que pudo hacer la Estrella de Misínas tras la derrota de la mujer desnuda. Un manotazo de ahogado, nada genial ni arrollador a comparación de la escala dimensional que toman sus planes. Pero ahora, en este preciso instante, todo dependía de si Crisald iba a matar a Liavenna, si iba  tirar del gatillo o no, si iba a caer de nuevo bajo sus falsas promesas de sosiego o si iba a despertar. En resumen, de si el muchacho guardaba alguna esperanza para él o no.


***

Las botas del Vlaind daban sus pasos calmados por las lineas blancas que dividían los carriles de la ruta. No tenía mucha idea de a donde ir, el paisaje de ruina era bastante repetitivo y escaso en novedades. Cuerpos calcinados, autos hechos una montaña de fierros ardientes, principios de incendio sobre tejados o plazoletas pequeñas en medio del camino. Ahora la nieve en el norte de Witters había sido cambiada por ceniza blanca o negruzca que llovía del cielo con la intensidad de una tormenta. Aquel polvo de muerte se posaba como diminutos cuervos sobre sus anchos hombros y ensuciaba sus lentes oscuros. Una calesita de un jardín de niños giraba aun sobre su eje cubierta de fuego, como impregnada de  Napalm. Las hamacas y los toboganes se consumían lentamente delante de la escuela, una mole ahora colorada y hedienta.

Recordó las imágenes que había visto más de pequeño en la television sobre conflictos en países con nombres extraños como Alhastan, Eliran, Bretoslavia o Salef del Norte. Lugares exóticos para su mente donde (según su padre) había gente dispuesta a hacer estallar un cinturón de explosivos en un autobús escolar o llenar hornos con personas porque no les gustaba su religión. Cosa que para él era tan sensato como matar a alguien porque no le gustaba el color de su camiseta, o al menos pensaba así en ese tiempo.

De pequeño Crisald sentía una cierta inquietud, curiosidad o más bien fascinación por saber porque las personas se mataban las unas a las otras con tanto afán. En su  infantil etapa de preguntar "¿Por Que?" charlaba con Robert sobre esos asuntos. Por lo general su padre esbozaba muchas y lógicas respuestas hasta que ya le era incapaz de hacerlo. Explicarle a un niño de 6 años porque las personas tiran Napalm sobre otras es una cosa complicada. Para la mente de un pequeño con mucho Western en la cabeza no hay política, ofensa o religión que valga. El mal es mal y el bien es el bien. Bombardear con Napalm esta mal. Muy Mal.

Y hablando de cosas que están mal ¿Que puedes decirnos Crisald Larenthguer?  No has sido precisamente un pacifista en los últimos días. Y ahora como dijo X, tienes la oportunidad o mejor dicho la Segunda oportunidad para hacer las cosas bien o mal. Claro que eso dependerá de lo que la gente considera "Bien o Mal" Sí alguien tiene un manual sobre como ser una persona decente, por favor, envíenmelo por correo. 

Matar a Liavenna o no hacerlo.
No Matar a Liavenna y volver a mí ...¿Casa? Una esta bombardeada y abandonada. La otra se prendió fuego.  Todavía puedo usar la Viza dorada en algún hotel creo...
Escapar a algún país de Sudamerika y cambiar tu nombre por "Cristobal Lorenzo". Jugarla de turista tonto en el clima de Buenos Aires, conocer a otra turista con más royos de película que cerebro  frente a ese coso...como lo llaman...¿Obelisco? 
O Pegarte un tiro y ya. 
Mmmm sí, esa tal vez sea la más inmediata y sensata de tus ideas.

Matar a Liavenna o no hacerlo.....

Era  eso lo que daba vueltas por la cabeza de Crisald desde que conversó con camino aquí. Y salvar al muchacho Jethi de los escombros fue la primera cosa que motivaron las sabias palabras de ese viejo Leon Vlaind. Sin duda había visto la vida de muchos chicos como Crisald irse por el retrete en todos esos años, desde la antigüedad hasta hoy, en apariencia, los vicios de la Orden de Rolando no habían cambiado en lo absoluto. 

Larenthguer caminaba algo molesto entre los despojos que lo rodeaban.  A veces, quizás producto del cansancio, cerraba los ojos y creía estar de nuevo abajo de la nieve, en algún callejón oscuro sangrando mientras perseguía a los hombres que había jurado matar. O bien, en cuclillas sobre el mausoleo de su familia.  Dios hijo, tu cuerpo ya no puede soportar este ritmo. Se dijo a si mismo limpiando los cristales de sus lentes. La luz producida por las llamas reflejó su rostro en las gafas...A veces apenas te conoces Crisald. Y otras estas tan seguro de esto como el día en que comenzó. ¿Como fue que comenzó...?

Todos los que conocemos a Crisald sabemos bien que no podía importarle menos que le dijeran que Liavenna era importante en los próximos años. Su vista era demasiado corta y su odio demasiado urgente como para pensar en si Liavenna era la versión Vlaind de Jesús o Gandalf el blanco. Sin embargo desde que Liena murió en sus brazos en ese callejón gélido de Blondres, empezaba a poner las cosas en perspectiva y a tratar de analizar que beneficios, reales, físicos, contrastables, le había otorgado esta locura. Era extraño pero con la cabeza tan aturdida por los tiros a veces apenas recordaba como había llegado a, por ejemplo, matar un tipo como Rick. Hubiera sido más sencillo interrogarlo a fondo antes de llenarlo de plomo. Sin duda se habría ahorrado muchos problemas. Entre ellos, la muerte de su esposa. Pero en ese momento Crisald no tenía ganas de escuchar excusas, teorías de conspiración, tenía ganas de matar y ya. Incluso la cuestión del Ritual podría ser  era una mera y complicada excusa para llevar a cabo su deseo homicida. 

Sin duda su nombre, su apellido estaba salvado, nadie iba a meterse con otro Larenthguer en muchos años sin antes pensarlo dos veces. Si es que hay otro Larenthguer después de mi.  Pero al mismo tiempo la idea de dejar a esa, a esa...asesina con vida hacía que sus venas ardieran de odio de nuevo. Impulsándolo a hacer tal y como X le dijo. Tomar un auto, hacer 10 Kilometros y llenarla de balas. Lo que viniera después lo pensaría entonces. Aunque Alyasa tenía razón: Esa táctica lo había dejado al borde de la muerte más veces de lo que pudiera contar. El Después siempre era mucho peor de lo que su cegada cabeza podía imaginar.

En verdad (y le asombraba no haber reparado en esto antes) el Ritual de los Condenados bien podría haber acabado ayer. Había enviado al inframundo a Rick, Katiana, Illagros y Jhon Trimberg. Eso le daba un total de 4. Si se sumaba a Karl, Liavenna y Arcard serían siete. Pero los primeros bien podrían reemplazar a sus dos padres, a su hermana Menor Dana y a Liena. Eso bastaba para él.

Bueno...alcanzaba en términos meramente matemáticos. ¿Que hay de todos los demás monos de los cuales siquiera se su nombre? No alcanzaba, le sobraba. Tenía tantos en su saco como para hacer una oferta de 2 x 1 al señor del inframundo. Allá abajo las almas debían estar en proceso de devaluación con los ¿50? ¿100? ¿150? ¿Cuantos? Hace rato había perdido la cuenta. Y sin embargo, su corazón, sentía que necesitaba más. Pero claro, así Crisald asesinara a todos ser vivo en este universo, siempre sentiría que faltaba. Porque la muerte nunca trae la vida, era así de simple.

En estas cosas no había títulos finales después de la derrota del villano. Las cosas seguían y seguían, a una velocidad cada vez más violenta y mortal. ¿En donde se detendrían? Él no lo sabía y probablemente nadie podría adivinarlo. Claro que Alaysa le había dado la respuesta a esa pregunta, pero no quería darle lugar. Lo que seguía tras la muerte de Liavenna era la victoria de un poder inmenso sobre todos ellos. El golpe de gracia, la playa de desembarco para sus planes. 

Y ya no podía, aunque quisiera, no creer en nada de eso. Daniela estaba ahí. Esa muchacha no era producto de ungüentos mágicos de Sixfrid para tener buenos viajes místicos,ni la verborragia sin sentido de tipos como Karl. Daniela era, en definitiva, aquello por lo que su padre se había metido en esa banda de alucinados con mucho dinero y tiempo libre. 

Papá, en que estabas pensando. Aunque sin duda he heredado eso de ti. No pensar demasiado las cosas. No calentarse por lo que venga después  Lo importante es vivir el momento. 
-Engañar a tu madre fue algo genial,  engañarla con una especie de Bruja loca, bueno creo que no lo pensé demasiado en su momento. ¡Pero que divertido fue!
- ¿Por que papá? 

-Bueno Cris- Le dijo Robert alguna vez sentándolo en su regazo jugando al padre de television que le gustaba interpretar, con su pipa y camisa de leñador. - Cuando seas más grande lo entenderás. Y mientras miraba lo que quedaba del colegio primario de Witters se dijo:
- No papá, tengo 25 y no lo entendí  Como dice esa Canción de Creedence (Someday never comes). ¿Que cosa te hizo ser un marido tan infiel? ¿Que hace que un tipo como vos se meta en esas cosas tan extrañas? ¿Que clase de cosa es tan malvada o estúpida como para desperdigar semejante cantidad de muerte por una chica de  18 años? Creo que es la misma pregunta sobre la guerra que nunca me pudiste responder, solo que con actores bastante diferentes ¿Verdad? ¿Por que somos tan ciegos?

Es irónico viejo, pero si yo hubiera matado a Daniela esa noche en su departamento nada de esto habría sucedido.  Mmm sí ahora lo recuerdo, fue así que empezó. 
Música

Ese pensamiento llegó cuando sus ojos se concentraban en el fuego que se elevaba por sobre los marcos de las ventanas de la escuela primaria y el calor comenzaba a hacerlo sudar. Sus oídos percibían el sonido de la pequeña calesita chirriando lastimeros gemidos agonizantes y el repiqueteo de las llamas en todo el norte.

A decir verdad Crisald no estaba seguro que todo el componente de lo que sus ojos percibían fuera real. No recordaba haber visto tantas llamas desde su posición anteriormente, algo en su cabeza le dijo que acababa de entrar en una especie de mundo onírico entre lo real y lo ficticio. Entre lo que él fehacientemente sabia que "era" y lo que sentía que es. Sin importarle la gran cosa, demente o no, se encendió un cigarrillo que encontró  en el bolsillo de su gabardina negra. Pero en vez de usar el Zippo dorado, tomó del suelo una madera ardiente y succiono para obtener el gusto del tabaco entre sus labios. Percibió la diferencia entre el olor a cigarrillo con respecto al del poblado en llamas.

Siguió caminando en dirección a ese horizonte anaranjado y en ebullición constante, crepitante y soñoliento, con los extremos de la calle a sus costados, con los bonitos jardines de las casas paquetas deshaciéndose ante la inclemencia de las llamas. En el aire flotaban partículas de lo que alguna vez fue vida, ahora desvanecida y desperdigada al viento como diminutos átomos. El pensamiento regresó
 Si yo la hubiera matado esa noche en su departamento nada de esto habría sucedido.  

Esto es real amigo. Lo que ves no es una alucinación  Te gustaría que lo fuera, uno de esos viajes con LSD que te dabas de pibe en Hellens con Rodrigo en la Universidad después de ir a las protestas contra la guerra o contra la dictadura en Himburgo.  ¿Eras un pacifista lo recuerdas? Mucho antes de conocer a Liena incluso, ibas a marchas por la paz en ese bonito país de cuentos que es Hellens. Tal vez cuando esto acabe vuelva a Merlin, tal vez con Alaysa...con el fuego quemándote los talones como siempre, llevándose todo lo que amas como un huracán que se levanta a tus espaldas. 

El Vlaind volvió a ver calle atrás y ahora el humo cerraba la carretera, impidiéndole ver por donde había venido, tal y como en un sueño donde uno siente que el escenario cambia dinamicamente según los pensamientos y deseos de uno, pero uno es el mismo. Uno es inequívocamente el mismo aunque todo lo demás halla sido tragado por las inclementes tinieblas de la mente.

Pero esto es real muchacho, lo más real que has visto en tu vida. Pensó.  Lo sientes en tu piel, en tu cabeza rallada por la merca y por el Whisky, aun estas despierto, lamentablemente despierto. Ya no queres dormir. 

Sus ojos se posaron en el cuerpo calcinado de un hombre delante de él. Era un esqueleto grande y robusto, sus costillas parecían recién sacadas de la parilla y su cráneo oscuro, de tono carbón, estaba vuelto hacía arriba, con sus cuencas vacías. Con un dejo de indiferencia el Vlaind lo tomó entre manos y sintió el hueso aun caliente.

Tuvo un curioso pensamiento, como si hubiera visitado este lugar muchas veces antes. Quizás en sueños o en pesadillas. Los esqueletos que estaban dispuestos de curiosas maneras entre las llamas y los escombros le produjeron una sensación de deja bu. 
- He visto esto antes. - Se dijo a sí mismo. - Aunque no exactamente así. Pero conozco esta....- Sus lengua no quiso admitirlo. Le costo pronunciar la palabra pero la soltó:
- Pero conozco esta pintura....

Lo que tenía a solo unos pasos de distancia eran los cuerpos de unos pobres muchachos que venían de joda cuando la mujer Desnuda voló todo en cien mil pedazos. Eran unos siete chicos de no más de  24 años, por como estaban dispuestos los cadáveres al parecer habían intentado alcanzar un auto (que ahora era una pelota de metal derretido y humeante).

Recordó una frase oída al pasar en las noticias.
"Sentí que las puertas del infierno estaban abriéndose y nosotros empezamos a quemarnos por el calor de sus llamas" *1

***
Daniela vio a Rise venir desde el sur junto a la Motocicleta de Miranda. Parecía que al igual que ella disfrutaba este extraño e inusual momento de paz. Más allá de que la decoración fuera algo cutre, Daniela podía percibir que los tres (o los cuatro contando a Crisald) se encontraban en una especie de burbuja que separaba Witters Alley del resto del mundo. El Jethi venía canturreando mientras sostenía por el manubrio a la moto, "La Niña".  En sus hombros llevaba orgulloso su escopeta también recuperada sin daño alguno.

Cantaba en Bespañol sin ninguna dificultad y una tranquilidad envidiable.
Estas en el kiosko
tomando una cerveza
con el tiempo
seguís con la cerveza. 
A lo lejos se ve una patrulla
alguien grita:Alla viene la yuta! 
Descarten los tubos, empiecen a correr. 
La yuta esta muy cerca
no da para correr
El oficial:grita contra la pared
documentos acompañenme! 
Demasiado tarde para correr

Cuando alcanzó a la Avista, tirada sobre los escombros como si estuviera tomando sol la saludo.
- Hola Dani, ¿Y nuestro amiguito?
La Avista iba a responder, pero de pronto el sol, los pajaritos y el calor primaveral pareció desaparecer para ser reemplazado por un horrendo presentimiento. Quizás la burbuja acababa de romperse.
Demasiado tarde para correr Pensó, como si el Dracida, inconscientemente hubiera tenido una premonición musical.

Tal vez fuera el hecho de que Daniela aun guardaba  algo de su "Cordón Umbilical" con el poder que había concebido su diseño o simplemente sus poderes Avistos seguían mejorando con el tiempo. El Dracida  adivinó en los ojos de la chica que algo andaba mal o bien iba a camino a estarlo.
- Me dijo que iba a caminar, pero que volvía al rato.
- Bueno, Hay que ir a buscarlo, tenemos que salir volando de acá. Miranda se fue a ver que onda los alrededores y estuvo viendo algunos Helicópteros. Así que tenemos que levantar campamento.

El sonido de las botas de Miranda golpeando es asfalto llegó hasta ellos. Venía trotando, ni muy apurada ni muy preocupada. - ¿Que dicen los Animales del Bosque Oh Legolas?- Bromeó Rise.
- Que te calles. - Soltó Miranda. - Y que hay movimiento en Triton. Los Helicópteros se fueron, pero están cargando Soldados en camiones.
- ¿Puede hablar con los animales de verdad?- Pregunto Daniela .
- Sí, con los gatos y los pájaros principalmente. ¿Por que?- Dijo Miranda.
- ¡No es justo! Yo también quiero hablar con los animales.
- Elegiste el club equivocado E.T, lo siento.
- Cuanto a que si lo intento...
- Bueno, bueno. Cambien figuritas de Jethis y Avistos más tarde , hay que buscar a ese Vlaind y salir de acá.
Miranda se sonrió en secreto imaginando algo tan ridículo como un album de figuritas de Jethis y Vlainds.  ¿Acaso no había una Squall Compañy que había lucrado mucho con eso ya?

Mientras Rise y Miranda cargaban con lo que podían para buscar a Crisald en el norte, Daniela ponía sus ojos y su concentración en el horizonte por donde Crisald se había ido. A pesar de que ya nadie dudara de su destreza en lo que abarcaba adivinar cosas, Daniela todavía se sentía relativamente insegura ante la mirada de Miranda. Tuvo la loca idea por un momento de que las barreras de fuego en el centro del poblado eran algo más que un incendio común. Tal vez fueran las murallas de otra ciudad, infinitamente más grande. peligrosa y subterránea.
O puertas...

- ¿Vamos Dani?- Le Dijo Rise sacándola de sus pensamientos.
Daniela no le contesto. Tenía la cabeza en otro lado.
- ¿Que le pasa a E.T? Siempre que se pone así hay bardo Rise.
- ¿Daniela?
- Crisald no esta solo.
- ¡Te dijo que era mala idea!- Bramó Miranda enrojeciéndose de furia.
- No, no es que este con otro Vlaind o eso. Esta con...la sombra que lo sigue. La sombra que vi  cuando entró en el departamento Rise.
O la que yo sentí en su casa. Pensó Miranda.
- No quiere dejarlo. - Apuntó Daniela.
- Bueno, vamos. Si se vuelvo loco vamos a tener que matarlo entre los tres como al loquito del hacha.- Dijo Miranda.

***

Un, Dos, Tres Tierra a Crisald Responda Crisald

Al ver las cadavéricas facciones de los restos humanos allí, en torno a la carrocería derretida del automóvil
el recuerdo llegó a Crisald con el sonido de la memoria y la calidad visual de un televisor HD
Música


Había visto lo mismo cuando entró a su casa y encontró la caja musical con aquella carta que comenzó todo el alocado viaje de Crisald a través de la noche y de su propia noche cerebral. Aunque claro que en una escala mucho más pequeña y cínica, pero sin duda igual de extrañamente oportuna. Sus oídos dejaron de lado el sonido de las llamas crepitando y pasaron al de una música divertida emitida desde un anciano televisor Tashita en los restos de su casa en Kings Road.

Un televisor ajeno a la casa según lo recordaba y que se había encendido sin motivo aparente cuando él se encontraba en la habitación de sus padres buscando nuevas y alocadas pistas para llevarlos al paraíso de su especie. Emitiendo una caricatura de esqueletos danzantes  de mediados de los años 30  a un horario improbable en un canal de aire. Un objeto que, por aparente accidente lo llevó a la caja musical que abrió las puertas del único apocalipsis en el que Crisald estaba dispuesto a creer, el personal. Eso abrió las puertas del infierno para él....

Un televisor donde, detrás de los fondos cuidadosamente dibujados una sombra observaba cautelosa. Aquella a la que Daniela se refería y la única capaz de verla como si estuviera en el mundo de lo visible, por que ambas estaban hechas de la misma materia. Porque las dos se conococian desde el momento en que nació.

Las palabras que dijo tras repasar las simpáticas imágenes de los esqueletos bailarines no se sintieron parte de una reflexión propia, sino como de conjunto. Como sí todos los que estaban envueltos en este viaje la concibieran al unisono:
- Ellos estaban destinados a Bailar.- Dijo viendo los cuerpos carbonizados - Se suponía que los esqueletos tenían que bailar...como en la caricatura. Como en la imagen de Ungil en la caja musical o como...

O como el dibujo en el libro de las Artes Secretas Auresianas.- Pensó

El Vlaind sintió como los ojos se le cristalizaban. De pronto todo su cuerpo, sus nervios, sus venas, todo el conjunto tuvo un ligero disparo de adrenalina. Como un hombre que abre la puerta de su casa tras regresar de la oficina y encuentra un desconocido allí. Se asusta, se le hiela el corazón, el cerebro clava los frenos de emergencia,  hasta que enciende la luz y encuentra que lo único que esta allí es su propio reflejo.
Un, Dos, Tres Tierra a Crisald Responda Crisald


Dentro de los ojos vacíos del cráneo que sostenía de modo Shakespereano Crisald recordó las "Pintorescas" ilustraciones que acompañaban el texto de "El Ritual de los Condenados", capítulo particular que servía de guía para novatos en esta cosa de Venganzas con condimentos sobrenaturales de su especie. La vio tan claramente como cuando puso el libro debajo de su lampara de escritorio en su departamento de la Pallance Avenue.

Era el mismo cuadro que colgaba en la sala especial de Liavenna, o la misma pintura que ella viera hace cientos de años en casa de su amiga Alaysa. Esqueletos que giraban, (Bailaban) cayendo en forma de espiral hacía lo que parecía un pozo oscuro y sin fondo. El grabado no escatimaba en lobreguez y casi que fue esa imagen la que convenció a Crisald de hacer lo que hizo. Lo que tenía alrededor, ese salón del infierno en miniatura en el que se había convertido Witters Alley, era la representación a escala de la señora que dominaba ese Vació.

Aquella noche mientras sus ojos se clavaban en las lineas gruesas de tinta que describían aquella distopia alucinada de algún loco Auresiano de la antigüedad Liena no estaba en la casa. Y fue solo por eso que se animo a echar un vistazo antes de que ella regresara. Pero cuando Liena volvió él estaba en tal estado de trance que no la escuchó llegar. Soló reaccionó cuando ella cerró la tapa del viejo vademécum y le dijo, dulce y hermosamente tonta como siempre:
- ¡Ay Crisald, que cosas más horribles que lees últimamente! 
El se había sonreído en ese entonces. La vio con su tapado de oso y su cara picaresca, le dio un beso en su mano y le hizo el amor sabiendo que era muy probable que fuera la ultima vez que compartirían el lecho.
Un, Dos, Tres Tierra a Crisald Responda Crisald
Aqui Crisald...adelante tierra.

Música

Absorto Crisald soltó el cráneo y este cayo rodando como una pelota de fútbol hasta detenerse en una piedra. Si la hubiera matado en su departamento, nada de esto hubiera ocurrido. Si no la hubiera matado en su departamento todo esto habría sucedido. Dios muchacho donde mierda estamos...hizo unos pasos atrás como deseando huir del espanto, pero las llamas lo cercaban.

Ahora era el momento en que Crisald comenzaba sentir mucho miedo de verdad. Tal vez fue esta la primera vez en su vida en que el muchacho de Kings Road tuvo terror de en serio. La imagen del grabado, la de Witters y la de la estúpida caricatura se confundían como celuloide superpuesto, distintas escenas finales para la misma película de horror.

Se suponía que tenían que bailar y eras vos quien tenía que poner la música. 

Luego de pasar insomne algunas horas Crisald salió de su apartamento en busca de Rick, el primero en la lista que estaba seguro había sido parte del plan. Cuando cayo la noche en el bajo avanzó y lo mató al dicho de "Idu Era Sivallion" Como si de pronto no hubiera sido suficiente con el idiota de Rick apunto a la cabeza a una muchacha de  18 años tan asustada como una liebre ante un perro de caza.
Tenían que Bailar mucho tiempo antes que esto...

Pero algo dentro suyo evito que la matara, fue la única vez en este raid enfermizo que Crisald había pensado dos veces antes de asesinar a alguien. Hasta tenía un buen motivo que calculo antes de salir. No debía haber testigos, en ese momento todavía era cauteloso. El era un Vlaind de Rolando, sus muertos siempre estaban justificados, bien administrados como los fondos de una compañía privada. Pero no la mato. No la mato ni a ella ni al Dracida. Solo tuvo la necesidad, el impulso irrefrenable de salir corriendo de allí. Nada que se parezca a la rutina de alguien que esta, concientemente, jugando el todo por el todo y dándose por muerto tan pronto como inicia su aventura. Algo parecido a alguien que huye horrorizado de lo que acaba de hacer...

Más tarde que temprano y para detrimento de la Estrella de Mísinas, Crisald lo comprendió. Había sido la propia brutalidad y desmesura de la estrella la que acababa de dejarle las pistas a su alcance. Pensando en las cosas que había escuchado de parte de Alaysa y lo que le comento Daniela sobre sus aventuras tras ese pequeño encuentro el Vlaind de Rolando dio con la clave del plan:

Ay Muchacho, se suponía que vos tenías que despertarla. Vos eras el hombre perfecto para ese trabajo, un loco, un enfermo que sale armado en la noche en busca de venganza. El Cowboy desbocado, el tipo que detona un cinturón de explosivos en un bus escolar. Claro que no tenías que matarla, solo debías entrar  de súbito a mitad de la noche, de sorpresa como una pesadilla en la vigilia y asaltar la casa de una piba que jamás había visto siquiera un arma de juguete en su vida. 

Apuntarle con la pistola a la cabeza, que sienta la muerte cerca, que vea la muerte delante de ella, la sombra inexorable que viene en su búsqueda dentro del negro nido de una Desert Eagle para que todo su sistema de defensa se activara  ahí mismo. Disparar y que ella...hiciera lo que se suponía que debía hacer. 

Y entonces todo estaba hecho y dicho...Pero no sucedió  No le diste lo que quería, no te dejaste llevar por que siempre odiaste matar gente inocente. Por que sos producto de una tragedia de ese tipo y esta cosa, sea lo que sea, puede tener poder sobre muchas cosas pero no, todavía no ha alcanzado esa parte de tu mente amigo. Esa vocesita en tu cabeza que te dice que hagas las cosas bien una vez
Una vez.

Una vez hace las cosas bien Crisald. 

La habitación secreta en tu mente donde guardas las cosas más preciadas, como el poco amor que te queda por este mundo de mierda. Como los recuerdos de lo que pudo haber sido tu vida si hubieras pensado las cosas un poco mejor, si te hubieras esforzado en ver...en VER. En ver un poco más arriba de la mirilla de tu Desert Eagle y observar...
Las estrellas.....


Las estrellas. 

Muy lejos de Allí, como una estación de escucha de la Guerra Fría, la Estrella de Misínas recibía esta información y empezaba a temblar. El Vlaind estaba por...
O La Estrella 

Oh muchacho...eres el comodín de esta porquería incluso antes de que la piba lo fuera. Si es verdad lo que cuenta Daniela, cuando le fallaste, ella opto por alguien parecido, no igual, pero parecido: Karl. Otro demente como vos con muchos deseos de hacer un mundo mejor a los tiros. Y por sobre todas las cosas lleno de ira porque esta lleno de miedo. Finalmente el payaso ese se le dio vuelta también  Y como dice la canción: Si Juan y Pinchame se fueron al Río, Juan se ahogo, ¿Quien quedo?

- Crisald Larenthguer. - Dijo en voz alta, rodeado de fuego y de silencio.
El Vlaind acababa de abrir los ojos, era hora de usar su recurso favorito. El dolor iba a vencer sobre él, nada de que preocuparse. No iba a dejarlo ir.

- Por tratar de sacar a otros del Vacío, arrimaste a todo el puto universo al mismo. Solo tenes que empujarlo un poquito y ya esta. Sos el único que esta dispuesto a matar a Liavenna y con toda seguridad las cosas se torcerán a tal punto que tendrás la dorada y única oportunidad de lograrlo.

Daniela llegó corriendo primero a la cuesta de la calle y al observar hacia abajo divisó al Vlaind. Quienes la seguían también alcanzaron a ver su figura negra, pero delante solo veían una carretera en llamas y una Chevy justo a unos 300 Metros de él aparentemente detenida. La Avista por en cambio, veía detrás de la Chevy una sombra alta, como la  silueta de una mujer a la distancia. Una persona sin rostro ni ropas, solamente las lineas oscuras que formaban una sombra difusa y calma que observaba o aguardaba.

Música

No...Dijo Crisald sintiendo que las llamas de Witters se arremolinaban en torno de él.
No. Dijo el Vlaind poniendo flores en las escalinatas de Kings Road comenzando el crudo Otoño.
No. Repitió en posición fetal en la cama matrimonial

No  Crisald, lloramos frente al mausoleo de la Familia, lloramos borrachos y drogados hasta que el guardia del Cementerio tuvo que sacarnos a la rastra pelea y puteadas de por medio. Gritamos de miedo y de bronca. Caminamos por las calles en la nevada buscándolos a todos, a todos. ¿Quien me va a devolver eso? ¿Quien me va devolver la bronca y la impotencia que sentí? 

No Crisald, sentiste las balas en el pecho pero también las balas en la espalda de tu esposa. Los huecos que dejaron en tu alma como papel picado.

No los dejes ir amigo, no los dejes en el olvido, no los pongas en la vitrina de buenos recuerdos ni en el álbum de momentos dorados de la familia Larenthguer. Por que eso es igual a matarlos, eso es lo mismo que asesinarlos de nuevo pibe, no podes darte ese lujo. No podes dejar que las tumbas se herrumbren por el olvido, que se llenen de polvo por que ya no tenes ganas de ir a verlas. El dolor te hace sentir vivo, te hizo sentir vivo todo este tiempo y si lo dejas, si aflojas la mano que sostiene la pistola te morís vos. 

¿Que quien es tan estúpido como para destruir una ciudad entera por una piba de  18 años? Vos Crisald, sos igual a ella, sos su verdadero hijo y llegó el momento de que mamá  se enorgullezca de su pequeño; Haciendo siempre lo que se debe hacer como un buen Vlaind de Rolando. Pasaste toda tu vida haciendo lo que la gente esperaba de vos, cerrar el círculo sera fácil muchacho, bang bang. Y después  Ah, ya lo sabemos...Claro que lo sabemos. La única luz al final del túnel para vos, Crisald, es la de la bala que te vas a meter en la cabeza cuando Liavenna este muerta. Por que no habrá más razón para vivir. Van a encontrar tu cuerpo colgado en algún hotel barato del bajo con dos botellas de Whisky en la mesita de luz y una nota suicida que nadie va a quedar vivo para leer. 

¿Eso es lo que queres que sea de tu vida? ¿Un idiota con mas balas que neuronas en el cuerpo? No muchacho...Hace las cosas bien una vez en tu vida. Una sola cosa bien como cuando no le disparaste a la piba, como cuando te casaste con Liena porque la amabas de verdad y a pesar de todo sabias que ella también  Usa la cabeza, enterra a los muertos. Sí por al menos un corto tiempo no necesitaste del dolor para sentirte vivo, podes volver a intentarlo ¿No es así? 

- Claro que Si Cris, siempre se puede volver a empezar - Dijo Liena en las playas de Hellens durante un bonito y cinematográfico atardecer. 

Pero corrimos en la nieve. Corrimos bajo las luces de  la calle armados y peligrosos como Charles Bronson. Nos levantamos todas las mañanas pensando en como matar a Liavenna junto a nuestro desayuno amerikano. Le dimos el beso del adiós a Liena pensando en matarla. Dios, hasta volvimos a tomar pensando en asesinarla de la forma más creativa y oscura que nuestra cabeza podía desarrollar. 

Pasamos todas esas noches bajo la lluvia sin dormir, sin comer, alimentándonos de Whisky, cigarros y comida rápida  Vomitamos en todos los retretes sucios que encontramos, ¿Pusimos las manos en la mugre por todos ellos para rendirnos ahora? ¿Ahora? ¿Ahora que lo tengo a un disparo de distancia? No puedo hacer eso, que el mundo me perdone pero no puedo dejarlos, no puedo permitir que la nieve cubra los cuerpos de mis seres amados. Que la nieve se los lleve como una tormenta de cruda amnesia auto inducida. 

Misínas sonreía ahora, se frotaba las manos lista para abrir la bocota. El dolor había triunfado. Así es muchacho el dolor siempre gana el final de la partida, porque nada puede reemplazarlo, nada puede terminar por aplacarlo y muchos menos estos seres tan inferiores y cortos de mente. Tenía el tenedor y el cuchillo con la mesa ya servida. Olía la fragancia de su bocado.

No puedo abandonarlos ahora.

Eso es Crisald, sabía que no ibas a decepcionar. Tienes mucha razón, nada va a devolverte ese dolor excepto más sangre y más muertos. Hagan lugar ahí abajo por que este boliche va a estallar en menos de lo que canta un gallo. Este boliche va...

Del otro lado de la calle del universo, justo en frente a  Misínas, lejos, pero lo suficientemente cerca para ser visto algo dorado, gordo y bastante fiaca abría un ojito. Luego abrió otro y se sonrió, con una risita divertida de recién nacido.

- Nadie hablo de rendirse Amor. - Dijo Liena, apoyando sus manos blancas en la Desert Eagle dorada imaginaria que apuntaba a la cabeza de Liavenna, derrotada y sangrante delante de su vengativa figura. Como un recuerdo del  futuro que vendría. 

Tal y como profetizó la madre biológica de Daniela, ese gordo amarillo, el que Merry vio por primera vez en el loquero  y el que puso a Karl en el momento y lugar indicado, jugo también su última carta y se reveló ante su histórica enemiga saludándola con la picardía típica de alguien como  la Mujer Desnuda, del otro lado del campo, del otro lado del Círculo también.  Le enviaba una palmada en el hombro a ese robre pibe  Himburgues llamado Crisald Larenthguer.

- Nadie habló de rendirse, Sino de apuntar más alto Tontito.- Dijo Liena, y elevó su brazo hacia arriba.

Crisald levantó los ojos y la vio al fin. Gorda, flameante e histérica  desgarrando la negrura del espacio y girando,  siempre girando y revolviéndose sobre sí misma . Ahí estaban sus padres, su hermana, sus Sirenas de la casa de Kings Road. No habitaban en el cementerio, no habitaban en la tierra. Eran prisioneros de aquella cosa espantosa y titanica. Eran la carnada que él tanto se había esforzado en morder. El Tenía que liberarlos  no de la muerte, no de Liavenna, no del Inframundo. Tenía que liberarlos de Ella, sea quien sea, cueste lo que cueste.

- Apunta más alto Cris. - Dijo cerrando los ojos. - Mira la foto completa por una puta vez.
Música

El Vlaind se prendió otro cigarro, esta vez con el Zippo y se paro con la espalda recta, sintiendo los calores del fuego rodeándolo, haciendo que su sudor fuera una pantalla candente alrededor de su frente y su cuello. Observó como caían las cenizas sobre los esqueletos inertes, que dentro de algún agujero oscuro bailaban el vals del vacío.  Las cenizas venían directo del hueco de la Estrella, inclemente ocupando todo el cielo, volviéndolo amatista y tormentoso sobre Witters Alley, acercándose inexorablemente hacía la tierra listo para tragárselo a él también.

Tenía lagrimas en los ojos, cristalinas gotas de tristeza que se hicieron polvo al tocar el asfalto ardiente. Se quitó los lentes y los tiro al suelo con cierto desdén, como el soldado ciego que se quita la banda de los ojos  rogando con cada tramo de sus tripas poder ver la luz. Una luz que no llamaba demasiado su atención, una luz que daba por sentada hasta que se la quitaron de improvisto. La del Sol.

- No voy a completar este circulo de atrocidades. - Dijo llevando su mano a la Desert Eagle. Desde el fuego escuchó el rumor de un motor venir desde el norte, chocaba cosas, golpeaba obstáculos en su camino. Si bien no era visible debido a las lenguas de las llamas, altas y terribles como muros del averno, Crisald adivinaba que era una camioneta que venía a toda velocidad por la carretera. También creyó escuchar que alguien gritaba su nombre. Eran pasos rápidos que intentaban alcanzarlo antes que la trompa de la Chevy de Jhon Woodward.
No, no viene por mi. Me necesita...-Pensó.

- Liavenna no mato a mi familia pedazo de basura.- Dijo Crisald con la voz mortecina a esa mole de energía que se hacia presente en su cabeza.  Desenfundo su pistola. - Tampoco fue Karl.

- ¡Crisald!¡ Salí del medio del camino!- Escuchó decir a alguien detrás suyo. Parecía la voz de Daniela. La Avista solo veía a Crisald parado e inmóvil, rodeado por las llamas y la punta brillante de la Chevy avanzar como el golpe frustrado de un gigante que acaba de perder la mano de poker con alguien que, a ultimo minuto encontró un As. La sombra seguía mirando, ansiosa. El Gordo amarillo seguía riendo. Misínas no.

- ¡¡Crisald!!- Seguía gritando Daniela.
El volteó pero por un segundo no la vio a ella sino a Liena. Corriendo con su bolso caro al aire y agitando sus manos con su sonrisa alegre. El Vlaind apunto al aire con la Pistola y dijo:
- Fuiste vos, seas quien seas. - Disparó imaginando que la bala llegaría hasta donde sea que viviera esa cosa. Nunca se sintió tan pequeño e inútil como ahora. Arrojó la pistola lejos de él y abrió la gabardina, alzó los brazos como cristo listo para levantarse entre los muertos:
- Que te cojan puta. Yo No voy a hacer tu laburo.

Woodward terminó por golpear un poste telefónico caído y emergió de entre las llamas delante del muchacho, llena de ira y de fuego en su candente motor. Los ojos del conductor estaban tan amatistas como los rayos de la estrella de Mísinas, apretó el acelerador hasta casi romper el dispositivo y aplicó todas las palancas necesarias para arrollar....a Daniela.

Crisald ya sabía que no iba a matarlo, no hasta que hiciera lo que se suponía. Era a la piba a la que tenía que sacar del camino, iba a seguir al Vlaind hasta ahí y eso sería su fin. Lo iba a seguir porque podía ver su sombra, lo iba a seguir para advertirle. Claro que una embestida de una camioneta no mataría normalmente a una Avista, pero tal vez sería suficiente para dejarla indefensa y volver a tomar control sobre la muchacha, recuperar la espada y acabar de una buena vez con el asunto, el Vlaind sobreviviría, milagrosamente y haría lo que debía.

O al menos así se suponía que debía suceder. Si quieres hacer bien las cosas, tienes que hacerlas tu mismo...Cualquiera de las dos opciones eran validas ante la inminente derrota de todo su petulante y antiguo poder. Iba a deshacerse de Daniela porque estaba revelando todos sus sucios secretos. Por que irónicamente, ella acababa de despertar a Crisald y no al revés, igual que la Basura de San Jorge.

El vlaind la vio, vio que la Chevy iba a pasar a dos centímetros de él para engañarlo y embestir a Daniela. Cerró los ojos por lo que pensaba era una ultima vez, y con los brazos en forma de cruz grito:

- Aca tenes a tu comodín, ¡hija de puta!- Saltó a su derecha, hacia el carril por donde llegaba Jhon Misínas Woodward y aterrizó en la parte delantera de la Chevy. Haciendo uso de su destreza Vlaind, inflamada ahora por nuevos bríos traídos por la claridad saltó a la parte de carga con la habilidad de un doble cinematográfico.

El fuego de la carretera cercaba el vehículo de ambos lados, la camioneta avanzaba en linea recta entre las llamas como un avión en medio de una tormenta de fuego. Crisald rompió el vidrio trasero de la cabina del conductor y enganchó su mano en el borde para sostenerse. La sangre comenzó a correr rápidamente de su mano producto de los vidrios rotos. Jhon giró la cabeza casi 360 grados en un santiamén para ver al Vlaind. Su rostro había sido remplazado por un hueco semi circular donde se podían ver cientos de miles de estrellas y planetas. Era como una ventana a otro universo en cuyo centro pendía un punto amatista cada vez más brillante. Crisald pudo percibir en su mente y en su cuerpo lo inmenso, lo infinito, lo desesperado, lo frío y lo trémulo de ese lugar que se mostraba en la cara de Jhon Woodward.

Daniela lo vio también y lo entendió por fin. No era una sombra lo que estaba detrás de Crisald, había sido un problema de perspectiva. Era un hueco, un agujero, una puerta, una abertura hacia el corazón de las tinieblas más siniestras.

- Hasta que nos conocimos amiguita.-  Dijo el muchacho para nada impresionado. Ya había visto eso, ya lo había sentido en vida desde hace siete años. Ese truco no iba a funcionar con él, gracias nada más y nada menos que a la Estrella que se lo presentó de primera mano. Un grave error.

La camioneta apuntaba a Daniela como un misil tele dirigido. Crisald, aun aferrándose de la ventana trasera de la cabina sacó por debajo de sus ropas a Epsurren y con toda la fuerza de su brazo derecho seccionó el techo de la Chevy, la chapa salio volando hacia un costado y se perdió en el fuego. El pelo del Vlaind se desato, la colita de pelo ardió y los soltó al viento candente que lo rodeaba.  El cuerpo de Woodward estaba a su merced.

Te lo Di todo Idiota, te lo dí todo, todo lo que deseabas, ingrato Vlaind. Dijo la voz de la estrella trasmutada en las cuerdas vocales de Woodward No puedes abandonarme, No puedes dejarme ahora que estamos tan cerca de GANAR.

El Vlaind se adentró todavía más en la cabina del conductor. Daniela miraba toda absorta, congelada por el poder que le había dado la vida, esperando ese golpe mortal y definitivo. Crisald le respondió:
- La única que me dio todo de verdad, fue mi ex esposa, pedazo de mierda.
TE DI LO QUE PEDISTE, LO QUE QUERÍAMOS  LO QUE QUERÍAMOS CRISALD. RECUERDA, Recuerda el DOLOR. Nunca los volverás a ver, nunca los liberare, siempre estarán aquí  Aquí en mi vientre girando y girando, bailando y bailando hasta que el Mundo deje de existir. Te seguiré en tus sueños, en tus pesadillas. Nunca lo superaras, no los podrás olvidar porque son quienes te han dado la vida. Su muerte te hizo lo que eres ahora Vlaind y me lo debes todo a Mí. Yo te hice quien deseabas ser, quien verdaderamente deseabas ser: El Matador. El Verdugo. El Justiciero. 

- No me engañas, soy demasiado bueno mintiendo ¿Lo recuerdas? Y como dice la canción. - Crisald levantó Epsurren con ambas manos logrando por un segundo el equilibrio de un artista sobre la Chevy, el acero brillo, rutilante y límpido, como la luz de un faro en una opresiva tormenta nocturna, cortando las llamas como un iceberg de hielo blanco.  - Lo siento nena, pero tengo que dejarte. - Y descargó sobre la cabeza (hueco) todo el odio, toda la bronca, todos los cuerpos en la morgue, todas las lapidas, todas las balas, todas las decepciones y sobre todas las cosas todo el dolor sobre Woodward.

El aceró ingresó sin dificultad, hizo uno sonido similar al de un trueno, como si estuviera quemando cosas malditas, como si estuviera atravesando a Drácula con un crucifijo. La hoja pasó de la cabeza, cruzó los dientes y terminó en la traquea del cuerpo sometido de Woodward. Poco antes de que la trompa de la Chevy diera en el vientre de Daniela, Crisald  se tiró sobre el volante y logró en el momento exacto sacar el automóvil de la carretera con un movimiento preciso hacia la izquierda.

Con la camioneta convertida en un descapotable, esta se estrelló contra un volquete repleto de escombros de una demolición en la zona. El golpe fue duro, durisimo, como una nave que se choca de lleno contra alguno de las rocas que rodean saturno. Literalmente el frente del vehículo se pulverizo en menos de un segundo, Crisald intentó saltar y lo hizo a medias. Al menos lo suficiente como para que su cabeza no quedara estampada contra el volquete, pero producto de la inercia, el Vlaind salió disparado hacia el asfalto y cayo rebotando como una pelota de goma tamaño humano. Giró de lado demasiadas veces como para que pudiera contarlas y acabo a unos 20 metros detrás de Daniela. Cuando se detuvo el silencio se expandió entre los alrededores como con practicada lentitud.


Estaba vivo (creía al menos) y finalmente había silencio. Hermoso, inmutable y espacial silencio en su cabeza, tan torturada en los últimos ¿Días? ¿Meses? ¿Años?
¿Que importancia tiene amigo? Hiciste una cosa bien, nada que haya pasado en los últimos siete años ¿verdad? Ahora, concéntrate en el hermoso silencio. Si hubieras apartado todo el ruido de tu cabeza, todos los sonidos de disparos desde que bajaron a tu familia en adelante tal vez podrías haber escuchado alguno de estos grandes éxitos de tu vida:

"Cuando seas grande lo entenderás"
"¿Quiere ser mi pareja esta noche Mease Crisald? "
"Liavenna sera muy importante en los próximos años." 
"Solo prométeme que vas a pensar dos veces antes de jalar el gatillo" 
"Usa la cabeza Crisald" 
"Que cosas tan horribles estas leyendo últimamente" 
"Yo conozco a mi Cris, no dañaría ni a una mosca" 
 "Cada bala tiene un nombre, hijo" 
"Idu Era Sivallion, eso significa: El Vació nos espera"
"Esto era lo que buscabas, si no te gusta, no es mi problema"

La cara de Daniela apareció un poco antes de que la negrura tomara todo su rango visual. Hablaba algo que él no llegaba a escuchar. Y parecía llamar a otros que estabas detrás muy alarmada. Su aspecto debió ser horrendo, pensó.

"Presta atención a lo que diga el señor Cura"- Le susurró Liena ante el altar. "No lo arruines"
"¿Crisald Larenthguer?"
"¿Si?"
"Esta dispuesto a tomar a Liena Amanda Friedke  aquí presente, Como esposa para cuidarla, amarla y protegerla en la dicha o en la desgracia, en la salud o enfermedad hasta que la muerte los separe?
"Sí, Acepto"

Y por último la más importante y sincera de todas Muchacho:
"Te amo Cris"- Le susurró ella al oído antes de besarle. 
Flash de Cámara familiar. Sus ojos fueron al fotógrafo Landesiano tan mirón-¿Como amor?
"¡Que te amo tontito!"
"Yo también nena"

- Y todavía lo hago. - Escuchó Daniela que decía el Vlaind antes de que se desvaneciera. Pero la sombra que pendía sobre él ya no estaba allí, Miranda se percató igual al llegar.
Dios,(Liena) estaba hermosa. Pero yo ya estaba Sordo desde entonces...