jueves, 29 de agosto de 2013

El Ritual de los Condenados XXXVII

Capítulo Final

El Tren Fantasma
1

El Comodín del Otro Lado del Círculo

 Se Llama Crisald Larenthguer


N/A:
Este Capítulo ha sido divido en varias partes por su extensión. Aquí la primera de ellas.

A 4KM de Witters Alley, Granja de los Woodward, la madrugada anterior a la llegada de Crisald a Witters. 

Jhonathan Woodward, un granjero local que vivía a  4Kilometros de Witters bebía una cerveza Milton en el pórtico cuando vio volar por los aires el pueblo más cercano. A decir verdad la noche anterior había sido endemoniadamente fría como para salir de la casa a tomar. Pero fumaba, y su mujer llamada Pamela (grande como tanque Australiano) odiaba que le llenara la casa con el olor de su vicio. Por lo que, cada vez que Jhonny quería tomar y fumar debía hacerlo fuera de la casa.  Su mujer permitía que bebiera de vez en cuando, pero siempre lo reprochaba silenciosamente por ello. Sea tirando las latas a la basura con un dejo de asco o atosigándolo con su mirada silenciosa y reprobadora.

Cuando desde el horizonte se levantó un hongo de fuego y polvo Jhonny se preocupó, porque su hermano tenía una gasolinera en el pueblo, la única en verdad. Por un segundo temió que esta hubiese estallado  a razón de un accidente. Y aunque sabía que solo una refinería de petroleo podría generar tal escalabro como para ser visto a  cuatro Kilometros de distancia no dudó en entrar a la casa y telefonear. 

El living estaba oscuro, solo la lampara de leer estaba encendida y sobre ella descansaban todas las revistas de moda que leía su esposa, quien en ese entonces estaba también despierta, pues ese estallido la había sacado de su pesado sueño. Nervioso, Jhonny llamó al domicilio de su hermano pero la linea estaba muerta. Intentó varias veces sin conseguir ningún resultado. Mientras sus dedos no dejaban de marcar el numero una y otra vez, Pamela bajó por las escaleras con su batamanta y ruleros:
- ¿Que haces despierto? ¿Escuchaste eso? ¿A quien llamas?-
Él Odiaba que su mujer tuviera la costumbre de hacer tres preguntas por oración cada vez que pasaba algo de noche. 
- Llamó a Mark, el vive en Witters y parece que hubo una explosión...la linea esta muerta. Tendré que ír hasta allá.
- Pff, no seas loco. Ni creas que me voy a comprar esa mierda, vas a ir a Fixa Town a beber como siempre, maricón descarado. 

El insulto favorito de la gigante Pamela era "Maricon descarado" Su reproche no era infundado. Jhonny había tenido serios, muy serios, problemas con la bebida en los últimos años. Poco antes de casarse le había prometido a la entonces joven y bella Pamela que dejaría de tomar y de fumar. Una promesa que solo podía cumplir cuando ella estaba presente. Sus vicios comenzaron a hacerse más divertidos a escondidas. Por lo general compraba el permitido pack de seis latas de Milton en Witters o en Fixa y, si se quedaba manija, se subía a la vieja Cheby de los años 50 (heredada de su padre) y se mamaba en alguna bar hasta el amanecer. Pero eso era cuando todavía era joven como para bancarse litros y litros de alcohol sin quedarse dormido. Ahora, a sus 58 años como mucho llegaba a la tercer lata antes de roncar como un motor descompuesto. 

Con toda su arrogancia de mujer Dragón, la esposa de Jhonny encendió el viejo televisor de la sala. Si había existido dicha explosión de seguro los medios locales ya estarían transmitiendo. Los Woodward no tenían television por cable ni satelital. Solo contaban con una añeja antena que como mucho podía alcanzar ciertos canales de aire. La tele hizo Click y la transmisión habitual de madrugada apareció. Tal y como en casa de Crisald  tiempo atrás emergió una viejo dibujo animado de los 30 donde unos esqueletos hacían divertidas cabriolas.

- Solo están pasando una estúpida caricatura de esqueletos bailarines. Vuelve a la cama o mejor dicho ve a la cama. Mañana tienes mucho trabajado que hacer. 

Acostumbrado a recibir ordenes de su esposa Jhonny colgó el teléfono y casi instintivamente fue en dirección a las escaleras que daban al dormitorio. Su mujer ya estaba de espaldas hacia el cuando nuevamente se detuvo:
- Solo deja que vea que esta todo bien Pam. Mark es más viejo que yo y podría haber salido herido. No tiene nadie que lo ayude. Sera un segundo. Prometo volver rápido.

El sonido del televisor en la sala, con la música divertida y algo histriónica hacia que la cabeza de Jhonny doliera como si alguien estuviera metiendole agujas en la nuca. Era por la bebida, su hígado no funcionaba muy bien desde hace tiempo y el menor contacto con aquella bebida le producía a menudo resacas horrendas. La voz de su mujer no hacia nada por calmar esa jaqueca. 

- No. Ve en la mañana...yo te acompañare y veras que no ha sucedido nada. 
- ¿Pero no ves el fuego Pam? 
- Me importa un bledo Jhon. No me vas a engañar esta vez...
- Ven conmigo ahora entonces si no me crees.

Pamela se enojo.
- ¡No quiero! Hace frío, ahora ¡a la cama!- Pamela puso esa cara y ese tono de voz que hacían de Jhonny un perrito bien entrenado. El timbre y las palabras justas eran suficientes para que el alcohólico arruinado de su esposo siguiera sus ordenes. Cuando vio que sus ojos celestes se iban hacia el suelo, La mujer Dragón dio por terminada la discusión y volvió su cuerpo hacia las escaleras para volver a la cama. 

Nuevamente Jhonny iba a aceptar las ordenes de su esposa cuando su brazo se puso rígido y su puño se cerro. Por un instante el granjero sintió que tenía fuego entre los ojos, en el vientre, leguas y leguas de fuego que sus labios intentaban contener, como muchas otras veces. Esta fue la primera en años en que pudo soltarlo:
- Solo ven a la puta camioneta y cállate la boca, bola de grasa.

Pamela miro a su esposo,  a su esposo con esa estúpida gorra del Platino Football Club en su cabeza que le daba ese aspecto de Redneck roñoso y que ella tanto odiaba. Su camisa de leñador abrochada hasta el cuello como un pelele, sus mocasines gastados. Que imagen más patética, todos se reían de el en Fixa Town, ella lo sabia porque trabajaba en la cafetería del pueblo y era el chiste usual. El borracho de Jhonny que se duerme en el tractor bajo el sol del mediodía. ¿Como carajo se atreveia a hablarle así?
- ¿Que mierda dijiste Maricón descarado?
- Que te subas a la puta camioneta y cierres el orto.- Volvió a decir Jonny entre dientes sintiendo cada vez más de ese delicioso licor conocido como el rencor saliendo de su boca, degustado por su vieja lengua.
- ¿Como dijiste?
Jhonny Grito:
- ¡Que me hagas caso gorda pajera!

Pamela bajo de la  escalera, su sombra proyectada por la lamparita detrás se levantó entre los muebles del living y la figura de su esposo. Su rostro fofo estaba lleno de marcas de expresión, de fuego en sus ojos. 
- Decilo una vez más y voy a partirte la espina pedazo de idiota Maricon descarado.
- ¡Vieja inmunda!- 
Pamela le pegó un cachetazo que le dobló la cara. Jhonny cayo de culo sobre la alfombra. Las palomitas de maíz que su esposa había dejado sobre la mesita ratona frente a la tele cayeron rodando por el suelo como en una avalancha diminuta. La Caricatura de los Esqueletos parecía burlarse de los dos idiotas haciendo escalabros en blanco y negro. 
- Más vale que te retractes de lo que dijiste si sabes lo que es bueno.
"Si sabes lo que es bueno" Esa era la segunda frase favorita de su odiosa esposa. Estaba cansado de escucharla tanto como "Maricón Descarado" 

Nuevamente la mirada de Jhonny pareció cambiar, como si acabara de caer en cuenta de lo que acababa de hacer. O al menos eso interpreto su esposa. Se paró lentamente tomándose la cabeza adolorida, se limpio el sudor del rostro y musito en voz baja:
- Tengo que detenerlo. Tengo que hacerlo.
- ¿Que mierda decís? Deja de balbucear incoherencias y anda a la cama. Maricon descarado.
- Tengo que detenerlo.- Con aires y mirada perdida, Jhon tomó su abrigo del perchero al costado de la puerta y las llaves de la Cheby. Afuera el viento rugió como huracanado, llevando su largo lamento por toda la llanura y los sembradíos de los vecinos. 

- Vení para acá, ¡No voy a permitir que te vuelvas a escapar!

Jhon bajó las escaleras del pórtico de su casa y siguió avanzando hasta la camioneta. Los gritos de su esposa eran un eco que lo perseguía por detrás como en alguna pesadilla. Los arboles eran formas oscuras y altas, recortando la sombría madrugada, el sol aun no había llegado por allí. Jhon iba a abrir la puerta delantera del vehículo cuando la mano gruesa y poderosa de su esposa lo agarró del antebrazo , con su mirada y tono de mujer dragón le evitó entrar en la cabina. 
- Yo pague por la gasolina, es mía y no las vas a usar para tus andanzas nocturnas. - Pero Pamela tuvo la horrible impresión de que no estaba hablándole a su esposo. Estaba conversando con una sombra del mismo. Su mirada no albergaba vida alguna, ni sentimiento, ni temor. Solo observaba y calculaba como un androide o como un fantasma. 
- Tengo que detener al príncipe. Es mi última carta. Debo recuperar la espada antes que ella la tenga. Todo sera más difícil después.Todo sera duda después.  

- ¿Que? Al único que van a detener es a un...

Pamela no tuvo tiempo de terminar de decir su último "Maricon descarado" Sin previo aviso la mano pesada y nudosa de Jhon la tomó por los cabellos y le estrelló la cabeza contra la ventanilla de la Chevy. Su rostro se tajeo en varias partes, la sangre comenzó a salir con lentitud de su cachetes. Sus brazos cortos intentaban liberarse, pero era incapaz de gritar. De pronto sintió que estaba siendo devorada por algo. En su mente se sentía como si estuviera yéndose por el hinodoro de la existencia, empezaba a sentir el agua girando en círculos en torno a ella. 

Su cabeza fue jalada hacia atrás. Los ojos de Jhon la miraron como si estuviera examinando su sufrimiento, como si estudiara  acerca del miedo y del dolor con un ser que no merecía el mínimo cuidado o respeto. Tan pronto como Pamela abrió la boca para gritar pidiendo auxilio, Jhon volvió a estrellarle la cara contra la puerta de la Chevy. Pero ella era grande y fuerte, seguía viva. - ¡Soltame, pedazo de Mierda!
- Maricón Descarado. Dijo Jhon monocorde. Parecía repetir las palabras en voz alta como si estuviera aprendiendo de esta mortal experiencia. De nuevo mando la cara de su esposa contra el metal duro de la camioneta, la nariz de esta se partió y parte del cráneo hizo crack. El cuerpo de Pamela dejo de luchar. Lo último que sus miembros sintieron fue algo similar a ser licuada en carne viva por un tuvo muy estrecho para caer en algo que, en su cabeza, se dibujaba como algo infinitamente amplio. Pero el recinto estaba lejos de ser el cielo o el infierno. Era como una cueva que se percibe a pesar de no tener luz suficiente como para apreciarla. 

Jhon entró y paso rápidamente al sitio del conductor. Puso la Chevy a toda marcha en dirección a Witters. Bajo el espejo retrovisor de la cabina una estampita de San Jorge Iba y venía bailando una zamba secreta en la oscuridad de la ruta. Jhony la tomó entre sus manos, la hizo un bollo de plástico y la tiro por la ventana mientras la Chevy seguía y seguía...apresurándose antes de que el sol le ganara de mano. Antes de que Crisald hiciera algo bien, algo bueno, algo decente por fin. Algo que le quitaría todo su poder sobre él, su favorito comodín.

Por su parte, lo poco que quedaba de la mente de Jhonny dentro de esa cueva estaba contenta, al menos había logrado hacer lo que la vieja tonada de Cash decía. Lejos de atormentarlo, La Estrella de Misínas había sido piadosa con él.







domingo, 4 de agosto de 2013

El Ritual de los Condenados XXXVI

Capitulo XXIX
Caminos Cruzados 


MÚSICA♫
La tormenta parecía estar acabando, finalmente. Apenas unos dispersos copos de nieve flotaban delante de Crisald en la salida norte de Oldbridgetown. Iban de un lado al otro con la brisa y algunos camiones de la Goodyes que pasaban en sentido contrario, dejando su cantar metálico entre los bosques de Pent y Rent, verdes, negros y blancos, ante la poderosa luz de una luna incandescente. 

El Vlaind llevaba su bolso de armas sobre sus espaldas, el mismo estaba bastante más ligero que la primera vez que lo cargó. A juzgar por su propio aspecto, no era la única cosa que había enflaquecido en los últimos días. A su costado derecho, frente a la carretera recientemente re-abierta, los altos hangares de ladrillo colorado de la antigua linea de ferrocarril decoraban de una manera lúgubre el vacío paisaje. Apenas si había algún ruido más allá del de las botas de Crisald siempre pisando la vereda con un dejo de decisión, pero también de alivio. 

Al parecer, debido a los colores mixtos de la noche, el amanecer estaba pronto. El Vlaind había optado por caminar hasta el norte, y si daba crédito a los dichos de Alaysa (Ahora devenida en una especie de Pitonisa o Maga de las Mil y una Noches) iba a encontrar a "otros"  que de alguna manera que él era incapaz de adivinar, lo llevarían a Liavenna. 

Por el momento podía darse por satisfecho; Todos estaban muertos, flotando en el río estigia como marionetas desesperadas en un pozo de desgracia. Y si bien eso no iba a traer de regreso a sus finados amores, al menos  podría dormir un poco más tranquilo esta noche. Porque Jhon Trimberg, Sarcant, Illagros y Katiana eran los personajes de reparto de la película que realmente merecen la muerte. La clase de asesinatos que las personas aplauden en el cine, o citan a modo de broma entre amigos. Y como bien sabía el Cinefilo Crisald; un buen malo a menudo tiende a llevarse tantos aplausos como el protagonista. 

No estaba aliviado porque considerara que su tarea hubiera terminado, sino que, como buen Vlaind de Rolando era consciente que si Liavenna llegaba a matarlo al menos podría llevarse su orgullo a la tumba. Como les gusta a los de su clase, preparar el lecho, las armas y el tremolante casco para el duelo final sin importar el resultado.

El sonido de un coche a sus espaldas lo quito de sus pensamientos, se habían perdido sobre las montañas de las Sorrim, cuya silueta ya era visible desde allí. Las ruedas levantando el agua y la escarcha, acompañadas por el suave pitido de unos frenos le indicaron al Vlaind que, para variar, algo o alguien venía por él. La falta de las luces delanteras le decía también que sea lo que fuera era algo secreto e importante.

Crisald se volteó sin muchas ganas y vio el Ford de los años 60 estacionarse a dos metros de él. Era uno de esos autos que utilizaba el servicio secreto en tiempos de hippies y La guerra del Congo. Crisald lo reconoció al instante, solo un melancólico como X era capaz de andar todavía en esa cosa. Aunque, por el brillo de sus aletas negras se adivinaba que sabía como mantener un auto de colección. Por las dudas, llevó su mano a la Desert Eagle en su cintura, las cosas habían cambiado tanto que hasta era factible que X viniera a arrestarlo de buena manera.

El hombre, de sombrero y sobretodo toco dos veces la bocina y bajo del auto. Venía solo como siempre y con una colilla de cigarros finos en sus labios. Labios que no intentaban esconder una sonrisa de triunfador. Tipos como X siempre terminan ganando, sea ya por su vejez, por su habilidad de escurrirse entre las burocracias y las guerras como aceite de motor o por nunca jugarse demasiado por nada. Otra gran receta para mantenerse vivo en este mundillo.

- Si venis a matarme X, hace fila....- Dijo Crisald en tono amistoso, aunque también de advertencia.
X se río con su tonada Himburguesa y de espía. 
- Ja, Hijo...no te dispararía ni que Balabord me lo pidiera. (Eso en el mundo Vlaind significa "Te dispararía si Rolando me lo pidiese)
- ¿Venís a llevarme en cana o algo así? Preguntó Crisald.

X negó con la cabeza y se acercó al Vlaind afablemente, sosteniendo sus sombrero para que el viento no se lo llevase. - No...no hijo. Solo vengo a conversar. Creo que te estas poniendo un poco paranoico.
- No hay porque ¿verdad?- Soltó Crisald 
- Ven muchacho, siéntate...- X le señalo un banco en la acera. Uno de esos lugares improvisados para esperar autobuses.
- Prefiero caminar, tengo mucho que recorrer. - Respondió Crisald desconfiado.
- Vamos, sabes que estoy de tu lado...
- Pruebalo.
X se acercó a Crisald y apoyo su oído en el corazón del muchacho. Luego dio dos golpecitos con su puño y volvió a escuchar. 
- ¿Que haces payaso?- Dijo Crisald riéndose.
- Aja...seguís vivo. Esa es mi prueba ¿Suficiente?
Crisald se sentó de muy mala gana. Odiaba que X estuviera siempre un paso delante de él.

- ¿Bien?. Escupió el Vlaind de Rolando.
X encendió otro cigarrillo con su zippo dorado. 
- ¿Venís a decirme que tenías razón X? ¿Que debí...escucharte y reflexionar sobre tus sabias palabras?
- Sabes bien que podría hacerlo...- Meneo la cabeza - Pero no lo voy a hacer, porque soy tu amigo. 
- ¿Entonces?
- Vaya descalabro que hiciste hijo...Nadie creía en la cúpula que podrías llegar tan lejos. Pero ellos subestiman nuestras "locuras". Por mi parte, imagine que era muy plausible que acabaras con todos esos bastardos y...por eso mismo, no te saltó encima todo el poder de la Nación para detenerte. Lo que me enviaron a preguntar es lo siguiente amigo. ¿Ya esta? ¿Ya acabo?

Crisald iba a responder, pero en un ademan, X le impidió continuar y dijo:
- No, claro que no, ¿Cierto? Estas cosas nunca terminan de verdad, siempre hay un primo, un hermano, una novia/o que falta. 
El Vlaind iba a protestar pero X volvió a interrumpirlo:
- Liavenna, claro falta la señora Liavenna y su buen amigo Arcard. Ese si que es un problema...
- Voy a patearle el culo como a todos sus chimpancés...
- No, ese no es el asunto Crisald. Cuando mates a Liavenna seguramente te preguntaras "¿Y acaso el Jefe de la Orden de Rolando no estaba al tanto? ¿Quienes la cubrieron cuando pregunte a mi regreso de Hellens? ¿Cuando te darás por satisfecho?
- Con Liavenna me conformo. Me he vuelto menos quisquilloso con el tiempo. 
- Pero estas yendo al norte en vez del sur...ella vive no muy lejos de aquí. 
- Primero tengo que ir a otro lugar. ¿Eso te importa?
- Sí. - X se levantó del asiento y camino algunos pasos sin rumbo. - Cuando vayas allá, donde Alaysa va, puede que las cosas tomen un giro inesperado en tu contra. No hablo de muerte ni de nada parecido. Solo ten en cuenta, como supongo que ya lo sabes, que Liavenna sera extremadamente importante en los años venideros. Yo no voy a pedirte que no la mates por dos razones, 1: Se que no me vas a hacer caso como la ultima vez que hablamos. 2 No te pediría una cosa así conociéndote.  Sin embargo, este viejo león cree que hay algo mejor para vos allá afuera que la vida de llanero Solitario. Si es así la Nación olvidara este raid de sangre y terror. Quedaras limpio.

Crisald se quedo callado. X subió la oferta:
- Tengo amigos entre los Dragones Negros, ellos son como nuestros Paramilitares. Si tiramos de la cuerda no van a perseguirte. 

Crisald se levantó conteniendo su enfado:
- Mira X, no soy tan idiota como cuando era chico. Si me estas amenazando...
- No, no. No es una amenaza. Hijo - Puso su mano sobre el hombro de Crisald. - Tuviste una oportunidad cuando conversamos en el bajo, ahora tienes otra. No muchos Vlaind con tu prontuario tienen esa posibilidad. ¿Cuanto de lo que te dije efectivamente sucedió?

Crisald miro hacia abajo.
- Todo...
-Ya has tenido tu venganza. Resulto bastante compatible con los intereses y los limites de la Nación Vlaind. Ahora deja que la política haga lo suyo. Insisto, no es una amenaza, pero es el favor que te pedimos por haberte bancado todo este tiempo. Cuando llegue el momento, piensa dos veces antes de apretar el gatillo. Hay muchas cosas más en juego que tu honor ahora. 
- ¿Vos también te comiste ese delirio? - Bufo Crisald.
- Ese delirio te trajo hasta aquí amigo. 
- No puedo creerlo, vos sos un tipo inteligente...¿De verdad pensas que...
- No importa lo que yo crea, sino lo que mis jefes piensan. Tarde o temprano se acercaran a Liavenna por su gran conocimiento en torno a estas cuestiones tan ocultas y cuando descubran que alguno de nosotros la mato...bueno, no habrá país donde esconderse.
- Ya le dije a Alaysa que me chupa la pija sus fantasías de Harry Potter.
- ¿Y porque estas acá entonces? Si no crees en nada de esto, ten.- X le extendió las llaves de su auto.
 - Ve a la Mansión de los Enarmarr esta a 10 Kilometros al sur doblando a tu derecha.  Acaba con esto de una vez. Vamos, hazlo. ¿No puedes hacerlo verdad?- X le tomó por los brazos como un padre que da una lección a su hijo. O un Coach que prepara al boxeador:
- No puedes hacerlo porque eres un Vlaind Crisald, no importa que tan poco desees serlo, ni siquiera las reacciones químicas de tu cerebro, no podes porque sabes, igual que yo y hasta al más idiota de nosotros sabe que Liavenna esta viva por una razón y que debe permanecer así al menos un tiempo más. Porque sabes que nada de lo que ocurrió desde que mataron a tus padres ha sido normal. 

Crisald se alejo de X entre enojado y caprichoso. Su maestro/amigo le dijo:
- Como te dije, no voy a pedirte que hagas algo que no quieres. Solo puedo decirte que lo pienses...Ser un Vlaind de Rolando es mucho más que matar, también significa matar en el momento oportuno, ni antes ni después. Tenlo en cuenta...

El Vlaind no le respondió.
- ¿Ya esta?
- Si hijo. Ya esta, ven, te voy a alcanzar hasta el pueblo más cercano. Witters Alley...no voy a  hablar de este asunto, por lo visto necesitas un buen descanso. Solo te voy a pedir una cosa, como promesa. Júrame que vas a usar el cerebro cuando llegues allá. Como retribución por evitar que te arresten en estos días...
Crisald se sonrió:
- Bien...bien...usare el cerebro. Pero quiero ir caminando hasta allá...siento que...no se. Que es importante.
- Eso es usar el cerebro como un Vlaind. Rió X. - Hasta luego hijo. Se tomaron de las manos y se dieron una abrazo de machos, vale decir, apenas un apretón de poca duración. - Buena suerte allá afuera Crisald. 

El Vlaind volteaba para continuar caminando cuando la voz de X llego por detrás:
- Me olvidaba, me tome la libertad de recomponer el cuerpo de Liena. Un amigo de Balabord lo hizo con las cenizas que quedaron en el callejón. Pensé que a ella le gustaría tener al menos un lugar donde descansar un poco más apropiado según su personalidad. Esta en el cementerio de Doomstone, con su apellido de casada. Pusimos unas margaritas...
- Gracias, lo recordare.

Sobre las montañas el sol de la mañana ya reflejaba sus rayos, largos y anaranjados desde el oriente. Crisald comenzó a caminar sintiendo que era una especie de Vagabundo ultimo modelo. El carro de X se alejó en la dirección contraria y el sonido de su motor se perdió a lo lejos.  Mientras andaba de esta manera tuvo una sensación de ansiedad imprevista. Dejo de caminar y miro en torno suyo. Escucho algunos ruidos de perros que venían de una casa aledaña y vio debajo de sus pies a una sarihuella salir disparada para meterse dentro de un arbolito. Unos instantes antes de que su ser Vlaind acabara de comprender lo que significaba esa sensación de Inminencia  una luz blanca ilumino todo el cielo, por un instante pareció medio día.Gracias a que llevaba sus lentes oscuros no quedo ciego de momento, una mole de aire caliente lo golpeó como un gigantesco bat de Beisball y el Vlaind solo pudo atinar a lanzarse a la canaleta de la Ruta.

Después de un millón de simulacros escolares en caso de una Guerra Nuclear todo buen Himburgues sabe como actuar ante la primer señal. Duck And Cover (Al suelo y a cubierto). Se puso en posición fetal lo más abajo posible y escucho el desastre provocado por La Mujer Desnuda. La tierra tembló por unos doce o trece segundos, el árbol al costado cayo, sin llamas pero caliente como carbón, la Sarihuella se refugio entre sus brazos.

Sí acababa de comenzar una Armagedon Atómico Crisald se prometió que revivirá para dar cuenta de la mala suerte que tenía, se lo juro mientras se apretaba contra la tierra sintiendo el calor ascender de manera ridícula para ir bajando paulatinamente. Los postes telefónicos al costado de la ruta salieron disparados como escarbadientes soplados por un gigante. Creyó ver una vaca en llamas surcar el cielo nocturno a modo de cometa. Pasada la conmoción, 10 o 12  minutos después levanto la cabeza, temeroso.

Allí donde estaba Witters había una torre de fuego, humo, polvo y sombra de delgado tallo pero abultada y redondeada cabellera colorida. 
***
2 Horas Más Tarde, Witters Alley

Dos ojos celestes llegaron luego de que alguien retirara algunos escombros. La luz le daño por unos segundos y creyó ver, detrás de las orbes amables algo dorado y precioso. Se preguntó si en verdad acababa de despertar de una pesadilla o si se encontraría en una sala de hospital tras un coma de 50 años para descubrir que nada de lo vivido había sido real. Que el accidente en la ruta con sus padres huyendo del gobierno había derivado en un alocado sueño.
- Aguanta ahí amigo, voy a sacar las piedras, no te muevas...

Cuando se retiraron los ojos y vio el cielo gris y negro producto de las cenizas, Rise supo que por suerte estaba vivo y que lo acontecido con la Mujer Desnuda en efecto había ocurrido. Dos o tres segundos después el dolor lo invadió por todas las partes de su cuerpo como para confirmarle lo que acababa de descubrir. No podía moverse, sentía el peso de un mamut sobre él. 
- ¿Como te llamas?- Dijo de nuevo la voz con una tonada que le era familiar. Como de los suburbios...
Rise tosió expulsando una cantidad infernal de polvo y de cenizas. Por un segundo pensó que sus pulmones iban a encenderse en llamas si seguía tosiendo. 
- Rise...- Contesto adolorido.
- Bueno Rise, no te mueras. Solo tengo que sacar esto de acá y ya seras libre. 
El Dracida escuchó el sonido de algo metálico cayendo y rebotando entre paredes, seguramente derruidas. Su campo de visión se amplio, ahora podía ver el techo a punto de derrumbe de la zapateria, cables colgando por todos lados y un hombre rubio, alto y bien parecido. 
- ¿Podes caminar?- Volvió a preguntar. - No, mejor sera que te lleve, te están buscando por allá. Escuche gente gritar tu nombre al sur de este cenicero tamaño familiar. 

El sujeto le extendió la mano y Rise no tuvo que reconocerlo, porque el mismo se presentó ante él con una sonrisa amable de caballero Himburgues. - Crisald Larenthguer.- Rise le tomó la mano y este puso el brazo del Dracida sobre su hombro. - Vamos, hay que bajar a la calle. Hay una montaña de cascotes ahora...despacio y con paciencia. -Ese nombre le decía algo pero no llegaba a conectar todos los cables que la mujer Desnuda le mezcló luego de su explosiva salida.

Rise apoyó la pierna derecha y el dolor subió hasta su cerebro como un cohete. 
- Pensé que ustedes soportaban mejor el dolor...- Dijo el Vlaind.
- ¿Nosotros?- Pregunto Rise aun embobado por el estallido.
- Sí, ustedes los Dracidas...

El Jethi de Bilingord se dio cuenta tarde, por segunda vez, de que un Vlaind lo estaba cargando. Que un Vlaind estaba  a su lado mientras el yacía completamente indefenso debido a sus heridas. Instintivamente lo soltó y cayo al suelo, rodando por los escombros hasta la calle con su pierna rota lanzando chispazos infernales de dolor. 

- ¿Que queres de...mí?- Pregunto el Jethi en el suelo, intentando encontrar un arma que no tenía.
- Nada. Venía caminando para acá cuando vi que todo este pueblo se hundía en el infierno. Como estoy de paso vine a echar un vistazo y pude sentir la presencia de un Jethi. Resulta que estoy buscando a uno que se llama Karl Godson. - Dijo Crisald mientras se acercaba a Rise. - Pero en vez de eso volví a encontrarte. Diría que es una coincidencia, pero no he tenido mucha suerte con esas cosas en el ultimo tiempo.

Echado en el suelo Rise miraba y trataba de entender, pero de momento era incapaz de lograrlo. Este tal Crisald Larenthguer acababa de sacarlo de un edificio en ruinas. Intentó recordar lo que había leído sobre él en los diarios de la biblioteca de Oldbridge. Mencionó a Karl, lo cual ayudo a que el Jethi hiciera memoria.
- Vos sos el Vlaind que...
- Si yo soy el Vlaind. - Dijo seco Crisald. - Pero no me interesa matar gente que no tiene nada que ver con mis asuntos.
- No fuiste tan amable la ultima vez que nos vimos. - Espeto Rise.
- Creo que ustedes los Jethis se toman las cosas muy a pecho...-

Rise iba a contestar "Mira quien habla" pero fue interrumpido.

Un disparo al aire sobresalto a ambos. Cuando Crisald miró a su derecha encontró a Daniela, seguida por Miranda (que ya desenvainaba su espada) listas para lo que fuera. Daniela, quien solo recordaba que Crisald había intentado matarla hace no mucho tiempo había hecho un disparo de advertencia.
- Aléjate de él. - Dijo con la voz marcial de una Avista
- En efecto se toman las cosas muy a pecho.- Dijo Crisald. - ¡Tranquila Hipster! No vine a matar a nadie. Tu amigo estaba sepultado debajo de una puerta de acero y una tonelada de piedra, si queres lo devuelvo a como estaba...
- Aléjate de él basura Vlaind. - Dijo Miranda con sus ojos relampagueando.
- ¿Basura Vlaind?- Se rió Crisald - Con razón no les va tan bien como a nosotros en la ciudad. Tengo una noticia para usted señorita comosellame, la guerra termino en el año ¡CUATRO MIL!. Bien Hoja del Bosque o como te llames, "Hombre de cabellera dorada" se alejara del semi muerto. Solo quería ayudar....

- Tira tus armas y pon las manos sobre la cabeza. -Ordeno Miranda.
Crisald, que llevaba una temporada de tiros, golpes y patadas con una tonelada de monos Vlaind no iba a arrodillarse ante tres Dracidas. A pesar de que fuera una mujer muy bonita, Crisald no iba a perder su arrogancia natural al encontrarse con un Jethi.
- ¿Perdón?- Preguntó el Vlaind.
- ¡Ahora!- Grito de nuevo Miranda.
Crisald se enojo. Saco rápidamente su Desert Eagle y apunto a Miranda.
- Estas muy lejos del bosque Campanita.
- Somos tres contra uno, Rapunsel. - Dijo Miranda quitando el seguro.

Iban a continuar en esta peligrosa senda, por peligrosas enseñanzas que arrastraban desde pequeños cuando la voz de Rise y de Daniela, a unisono gritaron:
- ¡Basta!- El Jethi de Bilingord se levantó con la ayuda de Daniela.
- Miranda, baja las armas...- Grito Rise.
La Jethi de Sigmund siquiera se movió.
- Es una Orden Miranda, ahora.

Sin decir nada, y todavía mascando su orgullo Miranda guardó las armas. Crisald hizo lo mismo, Daniela también. El Vlaind de Rolando se sentó sobre la pila de escombros y encendió un cigarrillo, sonriendo con su cara pálida hacia el sol de la mañana, el frió era un recuerdo lejano y ante la luz blanquecina el clima se había vuelto muy agradable.
- Gracias por lo de los escombros. Dijo Rise poniéndose su compañía al hombro, como se esperaba de un Capitán de Bilingord. Si el Vlaind hubiera querido matarlo, lo habría hecho mientras estaba inconsciente. Y gracias a que no era tan dogmático como su compañera de Sigmund se había vuelto muy bueno en desactivar este tipo de discusiones potencialmente peligrosas.
- De Nada. Dijo Crisald.

El viento sopló, arrastrando las cenizas de lo poco que quedaba del pobre pueblo, el piloto de Rise hizo aquel sonido particular. Los Dracidas y la Avista miraban al Vlaind, el Vlaind los miraba a ellos como esperando que sucediera algo, algo que ellos eran incapaces de decir o de explicar. Crisald fue el primero en hablar:
- Bueno señores, no tengo mucho tiempo por lo que voy aprovechar este encuentro con gente de su especie Dracida. Miren, estoy buscando a este sujeto- Crisald sacó de su gabardina la foto de Karl que había tomado en el Chikis. - Se llama Karl, es un Jethi de Frigord. ¿Lo conocen?
- Sí. Dijo Daniela. - Llegamos hasta acá escapando de él. ¿Por que preguntas?
- Bueno, me gustaría mantener eso en secreto.
Rise tomó la foto y se la devolvió:
- Esta relacionado con la masacre de Kings Road ¿verdad?
Crisald se quito los lentes, relativamente sorprendido por las respuesta del Jethi. Lo miro de arriba abajo y luego vio a las otras dos mujeres. Recordando lo dicho por Alaysa  y camino alrededor de los tres mientras hablaba.

- Lo que voy a decir puede sonar un poco...chiflado pero, por casualidad Dracidas...¿Ustedes no habrán pasado los últimos días escuchando ciertas...teorías, sobre el fin de la especie cierto? Cosas tan, pero tan locas que solo pueden ser entendidas por gente como nosotros, o Karl.
Daniela, Rise y Miranda se miraron entre ellos. El Jethi hablo:
- Prosigue...
- No se desde cuando o como conocen a Karl, pero por casualidad ¿El alguna vez les habló sobre una muchacha que iba a enviarnos a todos al sempiterno vació y todo eso?
- Parece que tenemos un amigo en común...- Dijo Daniela.
Crisald prosiguió:
- Y si me dicen que están yendo al bosque encantado...perdón, a Hosmunoseque me..me..voy a tener que retractar de muchos de mis dichos en las ultimas 48 horas.

Ninguno de los tres negó nada.
- Me cago en X y en Alaysa...Entonces ella es....- Balbuceo el Vlaind señalando a Daniela. Como imitando a la Mujer desnuda, Daniela solo saludo amablemente con su mano, sonriendo de manera picaresca. Luego dijo:
- Idu Era Sivallion Crisald Larenthguer.