domingo, 26 de mayo de 2013

El Ritual de los Condenados XXX

Comienzo de la Tercera Parte

"El Castillo de Naipes"

Capítulo XXIII
Como una Estrella caída del cielo



Música
Cuando Crisald abrió los ojos, el cartel de Neón de "Los Cinco Gatos" titilaba a su derecha. El vidrio del Zitroen se encontraba picado por la llovizna y el viento  acompañaba la melancólica visión  de una típica tarde otoñal en Himburgo. Levantó su cabeza y se quitó los lentes oscuros para ver mejor, Layla no estaba en el volante, pero sus cigarrillos sobre el tablero indicaban que no iría muy lejos. Tomó uno de estos y lo encendió tras bajar un poco la ventanilla.

Lo bueno de ser un fumador es que se puede saber cuando alguien no planea demorarse demasiado. Uno puede olvidarse las llaves, la billetera, incluso el documento. Pero muy pocas veces se pierden los atados de Cigarrillos, para beneficio del señor Cancer, el fuego para encenderlos es un elemento fácilmente encontrable en cualquier ambiente, sea rural o de ciudad. 

Con el humo azulado de los Gypsis de Layla en la cabina del auto, Crisald se percató de que su compañera se encontraba dentro de "Los Cinco Gatos" haciendo fila para comprar algo de comer o de beber. Misteriosamente, a pesar de los dolores y las quejas repetidas de todos sus músculos el Vlaind de Rolando se dio cuenta que había dormido realmente bien en las ultimas horas del viaje. Tuvo sueños apacibles y sus miembros ya no se sentían resentidos. Mientras observaba el poco transito de la Avenida siete se preguntaba si esto se debía a la falta de alcohol en las ultimas horas o a alguna otra cosa. Algo bueno, de seguro.

El Vlaind, con cierta energía que aun le era extraña, descendió del coche sintiendo las gotas de la llovizna tocarle la nariz como pequeños cristales fríos.  Ya no tenía sueño, ni la pesadez en los ojos del último tiempo. Tuvo el deseo de simplemente empezar a caminar por donde fuera y examinar este pequeño pueblo de la provincia de Platino donde todo lucia tan correcto, tan "en su lugar". Algo que en Blondres no se ve a menudo. 

Entró en el establecimiento y se posiciono al lado de Layla, que para variar llamaba la atención de todos allí  incluso el párroco local que preparaba su sermón para el día siguiente sentado en un banco largo y acolchado que daba a la calle. 

Crisald apoyó su mano con firmeza en el hombro de su compañera. Ella se dio la media vuelta sonriente.
- ¿Vamos a tener una cena romántica?
- Algo así  Cuando termines de comer me voy a tomar el tren hasta The Kings Valley. Vas a tener que alcanzarme en el bosque de los Dracidas. ¿Sabes donde es?-
- No, digamos que no es algo que uno pueda encontrar en el mapa.
- Esta pasado como "Reserva ecológica de Vicent Church" es el pueblo más cercano al lugar. Cuando llegues ahí solo pregunta donde esta el bosque.
- Entiendo. Aunque antes de ir para allá hay dos cosas que tengo que hacer. 
Avanzaron en la fila, Layla pidió una hamburguesa con papas fritas para cada uno. 

- Antes de que me embarque en una cruzada épica por el bien y la justicia hay algo que tengo que saber. 
- ¿Sí?
- Donde cuadra mi familia en toda esta mierda. Después de todo me arrastraste a tu departamento con ese pretexto.
- El problema es que la historia se cruza con otras que debo exponer ante los Jethis. 
- Aja...no se si notaste Layla que me chupa un huevo toda esa palabrería sobre el fin del universo.
- Entonces solo te contare lo que respecta a tu familia, el resto lo podrás escuchar en el bosque.
- Así me gusta.
***

- ¿Y por donde quieres empezar?- Dijo Layla trayendo un cenicero a la mesa de plástico donde estaban sentados. Crisald, con las espaldas recostadas sobre el largo banco acolchonado le respondió sin miramientos:
- Por donde sea que empiece, tengo que saberlo todo.
- Bien, no me guardare nada. Tendrás que vivir con ello....

Crisald no comprendió bien a que se refería con "Vivir con ello". Digamos que los últimos días de su vida había acumulado más cadáveres que la morgue de la ciudad y por el momento eso no parecía llevar consigo muchos problemas de conciencia.

Alaysa se ató los cabellos negros y ondulados, acomodándose en su asiento como quien se prepara para testificar en algún juzgado. Los autos cruzaban por la avenida del otro lado del cristal empañado y empapado por la lluvia, formando cataratas cristalinas entre las luces distorsionadas de los locales de enfrente.
- Supongo que todo empezó en una fiesta que organizo el Barón Ferdinand hace unos 12 años, allá por los ochenta. Vos estabas ahí, aunque eras menos alto y bastante más simpático a los siete años. ¿No lo recuerdas?
- No...de chico íbamos a muchas de esas fiestas con la familia...las odiaba. Siempre quería quedarme en casa jugando al Zintendo. Pero Mamá me obligaba a vestirme como un monigote y a participar de esas cosas tan odiosas.
- Yo sí me acuerdo Crisald, de hecho, llamaste la atención de todos esa noche.
***
Afueras de Blondres, año 5981 Mansión de la Familia Ferdinand.
N/A: Perdón por la Obviedad en la elección de la canción.
Música
Crisald estaba como loco observando el pasillo que llevaba al salón de fiestas de la casa de Ferdinand, ese hombre de cabellos largos y oscuros con aspecto de empresario "Joven" sin duda había invertido bien su dinero en los últimos años. A pesar de que los Larenthguer contaban con una buena fortuna, a Crisald su casa le parecía pequeña, simple y rustica a comparación de este Versalles Himburgues. Paredes imponentes como murallas de un reino, sirvientes que vestían trajes tradicionales y ventanales que parecían salidos del aeropuerto hacia un jardín que a ojos de Crisald (De siete años en ese entonces) se perdían en el infinito.

Había mucha luz, de candelabros y velas, arañas de cristal, pinturas del renacimiento (todas originales, parte de la colección del dueño de la casa) y tantas toneladas de Oro como los conquistadores Bespañoles soñarían. Nada allí sobraba; no era cargada ni grasa. Era justa, era fina y hermosa. Probablemente fue esta la primera cosa que Crisald deseo para él en un pensamiento muy Vlaind. El establecimiento sin duda reflejaba la grandeza de la cual venía su raza y el no dejaba de sentirse orgulloso por formar parte de este circulo tan selecto de personas.

Por detrás llego la vos de su madre, autoritaria y enfadada aunque susurrando:
- ¡Crisald! ¿Donde te habías metido? Te dije que vinieras directo al salón de fiestas. El evento esta por comenzar.
Su padre llegó por detrás, sosteniendo una copa de Champagne y con su sonrisa debajo de su bigote rubio y fino. Robert Larenthguer, el millonario al que todos les caía bien. El hombre de negocios que gustaba de salir de caza con sus perros y leer novelas de Shakespiere en voz alta  dentro de su estudio por un fracasado deseo de ser actor de teatro.
- Vamos Hijo...luego le diré a los sirvientes de Ferdinand que te muestren el lugar en persona.
Crisald fue hacia su padre y madre. En aquel entonces llevaba un corte clásico y horrible para niños, los cabellos peinados con gomina hacia el costado. Una perfecta imitación de Ricky Ricon, aunque algo más moreno y decididamente mucho más rebelde que este último.

Su madre se percató de que sus ropas estuvieran en orden, le ajustó la camisa refunfuñando por que su hijo la había arrugado. Odiaba esa ropa, lo hacia sentir un embutido muy caro y le apretaba los hombros y la entre pierna.  
- ¿Cuanto va a durar este bodrio papá? ¡Quiero jugar al Space ocupants con Jeffrey! (Jeffrey era el mayordomo de los Larenthguer)
Antes de que Robert pudiera responderle su madre le dijo en su tono marcial de Valkiria:
- Cris, este evento es muy importante para tu padre. Aquí hay gente con mucho dinero que podría poner inversiones en la compañía de la familia. Así que más vale que te quedes callado en la cena. ¿Si?
- ¿Y para que queremos más dinero?
- Jajajaja- Rió su padre con su clásica pose de millonario: - Crisald, el Vlaind Humilde algo que no se ve muy a menudo. 
- La economía anda mal hijo. Continuo su madre. - Y en tiempos como estos se debe tomar todo lo que se pueda. Cuando seas grandes y manejes la empresa de la familia vas a saber entenderlo.

Los Larenthguer caminaron hasta el centro del pasillo donde se encontraban dos puertas altas e imponentes, con cerrojos de plata en forma de Leones desafiantes. El muchacho ya podía escuchar el sonido de la banda del otro lado del salón. Se habían retrasado debido al trafico y el evento había comenzado hace unos  15 minutos, pero formalmente la cosa empezaría dentro de una o dos horas hasta que todos los invitados saludaran al Señor Ferdinand, quien esperaba paciente del otro lado de las puertas. Su padre arreglo su corbata y palmeó a su esposa en la espalda:
- Bueno cariño, a vender y a hacer negocios- Iba a golpear las puertas cuando por detrás el sonido de la voz de una mujer, en un gemido bastante tímido y chistoso se les cruzó por los oídos.

Bajo las palabras de Layla, Crisald recordaba por primera vez el momento. Una mujer alta y muy hermosa llegaba sola desde las escaleras que ascendían al primer piso. Venía apurada tratando de colocarse un zapato. Su vestido era de color azul profundo y sus cabellos eran sin duda la cosa más hermosa que un hombre pudo haber visto en la tierra. Largos, poeticamente ondulados y rubios. Llevaba un collar con una gema del mismo color que el vestido sobre sus pechos y extendía sus manos hacia Robert.

- Esperen por favor...- Dijo la mujer terminando de colocarse el zapato y acomodando su bolso.

Era Liavenna Enarmarr. Así entro en su vida y en la de su padre esa mujer. Por llegar tarde a eventos a los que nunca asistía, por que él se demoro mirando la opulencia de la mansión Ferdinand. O porque Liavenna cambio de planes a último momento esa noche.

- No tengo el agrado de conocerla señora...- Dijo Robert.
- Liavenna, Liavenna Enarmarr señor Larenthguer. El profesor Klauss me ha hablado de usted...- La Vlaind se sonreía como una pequeña de 17 años nerviosa ante tanta gente. Nada en el recuerdo de Crisald ajustaba a lo que siguió  7 años atrás de la actualidad.
- Lamento haberlos detenido, pero no quiero ser la última en ingresar tarde.
Su madre y su padre se rieron.
- Conocemos de usted por su nombre, es una eminencia dentro de nuestra nación señora. Dijo la esposa de Robert saludándola.
- Bueno, no suelo venir a este tipo de cosas. Pero cuando me dijo mi ayudante que era para recaudar fondos para los niños con HIV no me pude negar. Fui medica en otros tiempos y siempre odie ver a los niños sufrir...Hablando de niños..-Dijo Liavenna llevando sus ojos a Crisald. - ¿Quien este pequeño tan buen mozo?
El padre poso sus manos sobre Crisald. - El es Crisald. Mi hijo Crisald Larenthguer.
- ¿Y Que edad tiene este muchachito?- Dijo Liavenna inclinándose sobre el chico. El Vlaind de Rolando la miraba absorto. ¿Porque su maestra del primario no podía ser así de hermosa y perfecta como esta mujer?
- Siete. Recién cumplidos.- Contesto el muchacho.
- Siendo un chico tan bonito debes tener muchas novias...- Repuso Liavenna.
Crisald miró a su padre sin saber que contestar. Pero nadie le dijo que decir, por lo cual apelo a su "finura Vlaind".
- ¿Novia? No...¿No quiere ser usted mi novia señora?- Pregunto inocente el Vlaind.
- ¡Crisald! No seas insolente. Chisto su madre.
Liavenna no le quitaba los ojos de encima y viceversa.
- Mmmm, bueno no tengo pareja para esta noche ¿Porque no entras conmigo al salón como mi acompañante?

Robert, un gran vendedor dijo:
- ¡Ja! Maravilloso, Le invitamos a que se siente en nuestra mesa si es que no es molestia para usted.
- Me parece una genial idea. No es de buena educación hablar de dinero en la cena, pero tengo interés por sus pozos petroleros en Salef del norte.

Las puertas se abrieron y Crisald tomó de la mano a Liavenna ingresando con ella al salón de fiestas. Robert dijo por lo bajo a su esposa: - Y vos no querías que el viniera...¿Viste como la cautivo? 
***

- La Mujer de Azul. Dijo Crisald llevándose la mano a la cara. Alaisa asintió. En los cielos comenzaban a desmoronarse las nubes en forma de agua. - Ahora la recuerdo...sí. Creo que cronológicamente la relación entre mi viejo y mi vieja empezó a irse a la mierda a partir de esa noche. Por eso Liena dijo que eran amantes.
- Te pasó algo muy feo en esa fiesta...¿Lo recuerdas?
Crisald se llevó la mano a su barbilla, tratando de prender las luces en ese cuarto inmenso de su mente llamado "Memoria". Últimamente el único pasado importante para Crisald iba desde la muerte de sus seres queridos en adelante, lo demás se había ahogado en muchas botellas de Whisky durante los primeros años que vivió con Liena.

Vino a su cabeza la imagen de una estatua de un soldado que llevaba un yelmo tenebroso, afilado y monstruoso. El recuerdo de un frío mortal entre sus miembros y el apagado sonido de los gritos de su madre a unos metros de allí. Su cuerpo cayendo inerte en la hierba verde del jardín...la voz de la mujer de azul detrás de la de su madre. ¡Señora Larenthguer! aguarde yo soy doctora...
- Creo que enferme...¿Puede ser? Enferme de gripe o algo parecido.
- No. - Dijo Alaysa - Te dio una enfermedad muy particular entre los Vlaind...
Como si acabara de ganar dígalo con mímica Crisald gritó recordando de pronto:
- ¡Atrisus! ¡¡Esa noche me dio Atrisus!!

***
Witters Alley 0.23 Hrs
Tres bolas de fuego iluminaron el cielo en menos de siete segundos. El primer pan de dinamita estalló al costado del Goodyes haciendo que el poste de "Bienvenida" de Witters Alley saltara por los aires envuelto en llamas, la madera se partió en cientos de afiladas astillas. El camión perdió el equilibrio y se inclinó a la derecha por la fuerza descomunal de la explosión,  Rise apretó el segundo detonador. Desde la canaleta surgió un arrollador estallido que destrozó la parte media del vehículo  partiendolo en dos mitades casi iguales. Por último, cuando la cabina del conductor aterrizó sobre el camino, rebotando entre chirridos y chispas, la tercera bomba le dio el golpe de gracia, levantando hacia los alrededores todas las piezas restantes. Los neumáticos en llamas se dispersaron tanto atrás como adelante del camino, rodando solitarios, con aspecto enloquecido sin destino seguro.

El pavoroso estruendo de los metales y las esquirlas fue disminuyendo rápidamente hasta que solo quedo el murmullo de piedritas de asfalto cayendo en torno al lugar. Finalmente el silencio cubrió el área y lo único que podía escucharse era el murmullo de las llamas crepitantes en torno a los restos del Goodyes. Hasta que la voz de Rise rompió con el mismo:
- ¡Dani, Miranda, las dos atrás de mi formando un triangulo. Por debajo del piloto salio la Remington, brillando con su negro cuerpo antes las llamas.
Miranda desenfundó las dos Ballers y Daniela le quitó el cerrojo a su Beretta.

- ¿Esta vivo Dani?- Pregunto Miranda tratando de que sus ojos cruzaran la humareda dejada por el incendio del cartel de bienvenida.
- Creo que sí...- Respondió ella sin quitar sus ojos de la montaña de chatarra ardiente.
Música
Como preparado por fuerzas oscuras, hubo un silencio desamparado por unos breves segundos. Los tres compañeros tuvieron el mismo pensamiento. Lo que fuera que estaba enterrado entre los restos del Goodyes no sería Karl, ni un Dracida, ni siquiera algo Humano. Rise se aferraba a la escopeta sin quitar su vista de las llamas y el humo, aguardando aquel instante cegador en que el asesino emerge por sorpresa y comienza la jalea. El Pikerl en la culata de la hitaca empezó a brillar modestamente. Miranda lo vio, pero no dijo nada, ni siquiera se atrevió a mover la lengua. Sabía su significado mejor que nadie.

Daniela, con los ojos encendidos en amatista reparó que en el suelo, a pocos metros de ella, había una cosa negra similar al aceite. Humeaba y, si la esquiva luz no le mentía, se movía muy lentamente. Como gimiendo y achicharrándose ante las inclementes llamas.

Era Sangre.
No, no era colorada. Era profundamente oscura como las cosas que yacen más allá de los muros de la noche donde ya no alumbran las estrellas. Era la sangre de lo que sea que se escondía entre los escombros.

- Miranda, despeja el área por favor...- Dijo Rise Cargando la hitaca, soñando con que la figurita tallada en la culata por Miranda cumpliera su función.

La Dracida de Sigmund guardo una de las ballers en su cinturón y con la mano izquierda abierta hizo un movimiento sutil, como de danza. A su orden el humo empezó a alejarse de allí al igual que el polvo, que ya los cubría a los tres. La llovizna que había comenzado hace algunos minutos mojaba el asfalto y castigaba el fuego. 

- Esta herido, eso seguro. Dijo Daniela. - Sin dejar de observar aquel liquido negruzco.
- ¿Que tanto...?- Pregunto Miranda.
- Lo suficiente como para estar sangrando...- La Avista señalo con su cabeza el extraño material.

El velo de humo y polvo se marchó a la orden de Miranda. Tras correr la cortina se apareció la silueta de Karl, aun no visible a la luz, sino como una forma oscura entre las largas sombras de los pinos del bosque. Los tres pudieron percibir fácilmente el sonido del hacha rasgando los materiales debajo de su filo, torpe y dormida descansaba en el único brazo que le quedaba a Karl. Las bombas habían hecho bastante estragos en su cuerpo. Su extremidad superior izquierda se había desvanecido, era solamente un colgajo de músculos y piel de 60 centímetros de largo.

Ninguno de los tres compañeros se digno a moverse antes de verlo claramente. Tenían una morbosa curiosidad por saber en que cosa se había transformado el monstruo que los perseguía. Finalmente un neumático en llamas le ilumino el frente. Karl paso a su lado observándolo como quien ve algo desconocido, o que no espere que se encuentre allí.

Ahora el Jethi de Frigord tenía la mitad del rostro llena de pequeños pedazos de acero candente pegados a su piel. Aun humeaban formando graciosos vapores y un olor nauseabundo. Su ojo izquierdo había perdido las cejas y parte del cráneo. Como en una lamina de Biología del primario, toda la extensión izquierda de la cara, a excepción del cerebro, había sido desprovista de piel, gran parte de ella todavía se aferraba con hidalguía a su cuello. De los labios le quedaba apenas un 30 por ciento, el resto era dominio de unos dientes y encías superantes de sangre...de sangre tan negra como el carbón, lustrosa y espesa se derramaba del brazo para hervir debajo del asfalto ardiente.

La criatura que dominaba al Jethi de Frigord ya había conseguido destruir la psiquis del pobre hombre de Lindisia. La había aniquilado, estrangulado. Su último suspiro fue el llamado a la MI5. Ahora el huésped indeseable tenía lo que quería por fin. La suma de errores de sus contrincantes la habían llevado hasta Daniela.

Ahora avanzaba hacia ella y los otros dos Dracidas. En un movimiento robotico pero celérico levantó el hacha de combate y la lanzó con una fuerza descomunal directo hacia la muchacha. Hacia la Avista. Elmer giró sobre si misma tan precisa como un misil de ultima generación, riendo con cada vuelta carnero que daba.  Cruzó las llamas y el aire bajo las gotas de lluvia y se preparó para abrirle en dos el pecho. ¿Para matarla? No, claro que no. Para tener el control sobre ella una vez más y dar rienda suelta, de verdad, a sus propósitos oscuros.

La espada de Mirada se interpuso ante Elmer. El acero chocó y desperdigo su grito en los alrededores silenciosos. Volvió a manos de Karl como un bumerán. Este reanudo su avance, lento y jadeante. A pesar de que los músculos de su cara se encontraban en un rictus espantoso a todos le dio la sensación de que reía frenéticamente.

- Bueno. Nos toca Miranda. A la cuenta de tres.- Dijo Rise.
Música
Sin necesidad de un cronometro los tres le saltaron al ataque aguantando el miedo y el horror que les producía la cosa que rodeaba a su enemigo. Atravesando las llamas  los tres compañeros salieron al ataque decididos. Rise disparó con la Hitaca, pero Elmer pudo bloquear el disparo. Los perdigones se desviaron en variadas y peligrosas direcciones. Rise volvió a intentarlo varias veces con las vainas de los cartuchos saltándole por detrás del hombro a medida que corría. Uno impacto en la pierna derecha y otro directo al estomago. La camisa blanca de Karl estalló emanando aquel liquido negro fuera de él.

Miranda fue armada con su espada en una mano y la Baller en otra. Sin demasiado puntería atinó a la mano que sostenía a Elmer y esta cayo al suelo, quejándose . La espada de la Dracida profundizo la herida provocada por Rise haciendo un tajo limpio de abajo hacia arriba. Gracias a su habilidad se alejó de Karl antes de que este pudiera atacarle. Daniela desprovista de armas cuerpo a cuerpo le impacto con dos balas en la cabeza sin moverse de su posición.

Como todos esperaban, el contra ataque de su enemigo estaría a la altura del desafió. Y aunque ellos no lo supieron, la sangre en la que Rise baño sus espadas y balas estaba haciendo efecto. La criatura que habitaba en Karl no podía concentrarse percibiendo el ardor del Rettem en las balas que su cuerpo había recibido. Ardía como fuego para ella, como solo la luz puede corroer las tinieblas.

Del brazo inexistente de Karl emergió una especie de fino y escamoso tentáculo. Algo repugnante y lustroso ante las llamas. El mismo salio eyectado, lleno de tensión homicida y tomó a Miranda por el talón cuando esta se alejaba. Ella sintió como si el lazo de la mujer maravilla estuviera atrapándola. La levantó a unos 10 metros del suelo y la llevó con la potencia de un tornado hacia los restos de la cabina del Goodyes.

La Dracida de Sigmund pudo sentir el agua de la lluvia golpeándole la cara por unos  2 segundos, como si se encontrara de pronto en el centrifugado de un lavaropas asesino. Daniela, quien aun tenía cierta conexión con ese bicho atino, contra toda probabilidad, con su beretta a la parte superior del tentáculo. Miranda cayó profesionalmente en el suelo, haciendo una vuelta carnero.

Rise quien se había acercado lo suficiente, le dio un culatazo con la Hitaca  en la mejilla sana de Karl. El Pikerl sí funciono. Un destello verde eléctrico, acompañado por el sonido de un cortocircuito súbito achicharró por un corto tiempo el lado derecho del rostro de Karl. Este se ladeo claramente herido, pero alcanzo a Rise con Elmer debajo de las costillas en un instante fatal. El acero se le hinco muy hondo y Rise trastabillo.

Con las gotas de lluvia nublandole la visión vio cara a cara a quien había sido Karl. Ahora una caricatura gore de su rostro lo observaba fijamente con su cara humeante y ojo al descubierto. Los dientes brillantes y el maxilar rígido de odio. Porque Insisten Dracidas... Dijo la voz de una mujer.  Les he abierto las puertas del paraíso. 

El Jethi de Bilingord no hizo caso a sus engañosas palabras y soportando el dolor del vientre, con Elmer mordiendo como loco, tomo a su espada Aistriena  y se la enterró en el vientre, lleno de aquel liquido repugnante. La cosa gimió, un alarido atravesó las profundidades para emerger de la boca abierta de la bestia. El filo Dracida, con sus dos Dragones tallados en la hoja salio por la espalda. Rise la sacó para una nueva cuchillada. Pero su enemigo no le dio la oportunidad. Quitó a Elmer de Rise y lo empujó con su antebrazo. El Jethi cayo al asfalto caliente. Desde allí vio a Miranda lanzarse sobre Karl armada con su espada en forma de S. Escuchó la voz de Daniela venir hacia él.


Sobre su cabeza Miranda y Karl tenían un duelo de aceros. Elmer subía y bajaba con la fuerza de Mjolnir, el martillo de Thor, lanzando chispazos azules donde quiere que impactara. Miranda hacia lo imposible por no perder la guardia bajo los impactos de semejante mole. Rise tanteó entre el metal y las rocas buscando su hitaca. Miranda casi perdió la guardia pero se recompuso.  Rise gritó apurado, recordando lo que Daniela había hecho con la Lata de cerveza:
- Mi Hitaca Dani...-
La muchacha respondió Avistamente y en un santiamén su escopeta volaba hacia sus manos de manera recta y sagaz  producto de la telequinecia de la Avista.
Miranda, que sostenía esta lucha desigual cuerpo a cuerpo gracias a ser maestra de Esgrima hirió a Karl en su hombro con el filo de su espada ganando tiempo para Rise. - ¡Dale Rise la puta madre...!

Karl uso uno de sus poderes de Frigord conocido normalmente como "Inutilizar". El mismo se trata de golpear con el mayor uso de Rettem posible cualquier miembro de un enemigo. Si bien no causa dolor ni fracturas, duerme el  o los músculos que se impacten. Aprovechando el cansancio de su enemiga soltó a Elemer por un segundo y su puño derecho salio disparado hacia el brazo en que Miranda sostenía su espada. Por un momento el brazo de Karl tomo un fulgor azul oscuro, fueguino. Dio de lleno en el antebrazo de la Jethi de Sigmund y el brazo de esta quedo temporalmente muerto, dormido. La espada cayo y reboto en el suelo. La compañera de Rise creyó que aquí se acababan sus días de Dracida cuando la mole de Karl volvió a tomar a Elmer del suelo.

Los dedos del Dracida de Bilingord alcanzaron el gatillo de su escopeta justo a tiempo. Miranda saltó lejos de Karl y Rise le reventó ambos pies a Karl de dos escopetazos.  Simplemente se desintegraron en una mole de huesos y carne bajo el implacable plomo. Daniela tomó a Rise y lo alejó de Karl lo más que pudo.

Dracidas y Avista se agruparon para tener un respiro. Obviamente que el cuerpo del Jethi de Frigord estaba lejos de expirar pero de sus deformadas fauces se emitía un quejido lastimero de dolor y de odio, un odio sobrenatural y visceral.

Miranda, haciendo uso de su instinto o su conocimiento, levantó su mano derecha apuntando a Karl con el brazo bien extendido. Antes de que este pudiera recuperarse Miranda le hecho su fuego, que cruzó la distancia entre ambos como un desodorante al que se le pone delante un encendedor. El agua en torno a los dos se hizo vapor y las llamas envolvieron a Karl en menos de un segundo. Este empezó a girar sobre si mismo tratando de apagarlas, ensordeciendolos a todos con su griterío histérico que parecía ser emitido por muchas voces agónicas. Los Tres compañeros lo llenaron de plomo mientras hacia esto y al cabo de una tonelada de balas se quedo allí tendido, chamuscandose boca arriba en perfecto silencio.

- Ya esta...- Dijo Rise viendo sus restos carbonizados arder.
- Eso espero...la verdad que no era para tanto...- Contesto Miranda tratando de recuperar el movimiento de su brazo hábil.
- No...no lo esta..- Contesto Daniela . - Hay mucho más de donde eso vino...

Música
El cuerpo de Karl empezó a elevarse del suelo como si una mano invisible lo levantase. No se sontenia con sus desaparecidos pies, sino que flotaba con los brazos bien extendidos. Algo parecido a Cristo en la Cruz o ascendiendo a los cielos en Pascuas. La sangre negra que brotaba de todas sus heridas chorreaba de manera violenta, cayendo al suelo para volver a levantarse a modo de remolino. No era sangre aquello que lo cubría al estilo de brea...era una cosa viva...una cosa con conciencia y deseos Asesinos.

Rise, Miranda y Daniela se alejaron unos pasos, asustados y expectantes. La sustancia oscura cubrió por completo al Dracida haciéndolo parecer un humanoide compuesto por petroleo. Desde sus espaldas nacieron, arrancando la espina y la carne dos grandes alas . Como un polluelo que rompe el cascaron, las largas y emplumadas extremidades emergieron a modo de cuchillas. Un circulo de fuego eructo del suelo, cercándolos y alargando sus fueguinas lenguas hacia la noche. Dos cuencas amatistas aparecieron donde se encontraba el rostro de Karl y el liquido espeso empezó a caer al suelo nuevamente descubriendo otra figura, mil veces más infernal que la anterior.

Debajo del capullo había una mujer desnuda, con el fuego que ella misma había levantado iluminando su cuerpo vibrante y divino. Las plaquetas se separaban de su piel tersa y perfumada con fragancia a Jazmín. Sobre ella las nubes de Witters formaban un embudo que terminaba en un punto fijo en el cielo, donde giraba sobre si misma la estrella Amatista de Misinas, escupiendo rayos lacerantes en algún punto del universo.

La batahola de un céfiro violento vino desde arriba, como una ducha de providencia ancestral u poder infernal. El liquido negro liberó a su hija, La mujer Desnuda de la carretera flotando a 2 metros del suelo sobre ellos, con sus ojos ardiendo en llamas del mismo color que su ama, las alas largas de cuervo proyectando su sombra de agonía sobre la tierra y un gesto de rectitud, de juez. Una expresión de malévola sabiduría. Sus ojos los examinaban con un dejo de intriga pero también de desprecio.

Sus cuerpo, que acababa en dos piernas acaloradamente bellas, bajó de un saltito al suelo. Elmer voló a su diestra y tomó su figura original para convertirse en un mandoble  límpido y maravilloso. Nada más y nada menos que la espada de San Jorge que Merry fallo en "entregar" a Daniela. La mujer alzo la misma delicadamente posandola entre sus pechos redondeados.

Miranda, Rise y Daniela no tenían que recurrir a Google para saber quien era la Mujer Desnuda. A pesar de que físicamente no era muy parecidas, claramente se trataba del poder que había cuidado, acompañado y aterrorizado a Daniela desde su nacimiento en una clara manifestación física. Ella la había visto en sus pesadillas y también en la vigilia, siempre a su lado. Era el rostro detrás de todas las sombras y de todos los miedos.
Su Guardián
Su  malvado ángel guardián...
La Mujer Desnuda, la Ruina de  Witters Alley 18 años atrás.



domingo, 19 de mayo de 2013

El Ritual de los Condenados XXIX

Capítulo XXII

La Venganza del Loco 


Música

Los Jethis de Sigmund duermen mucho. ¿Por que? Porque es durante el sueño que su Rettem se "re agrupa" y crece en ellos. A pesar de tener, probablemente, los poderes más envidiables de su especie (el manejo de los elementos) el uso de los mismos requiere una cantidad de Rettem bastante alta. Y cuando deciden descansar lo hacen a lo grande. 

El mate no había bastado para mantener los ojos verdes de Miranda abiertos. Todo estaba preparado, no hacia falta más que colocar los explosivos en los puntos indicados por Rise en la mañana. Sintiéndose algo inútil la Dracida decidió echarse una siesta. Una siesta en los hombros de Rise, que estaba sentado a su lado, apoyando las espaldas contra la fría chapa del galpón.

Viendo como el abdomen de su compañera subía y bajaba, Rise se percató de que el calor que ella le producía era sin duda mucho mejor que el de su sucio, viejo y manchado piloto verde oscuro. Quizas, cuando la cosa terminara (si es que terminaba) sería un buen momento para considerar colgar al viejo compañero de aventuras en el placard.

Pero dentro suyo era conciente que estaba otra vez soñando. Sí, Miranda podía ser muy hermosa tanto en el exterior como en el interior. Sin embargo era poco probable, por no decir imposible que fueran pareja. Allí tendida sobre él es probable que Miranda tuviera pensamientos similares a los de Rise. "Vamos Miranda, Rise es atractivo, es cariñoso y fiel. Quizás nada que encuentres con esa forma tan de mierda que tenes de aproximarte a las personas. Ahuyentando a todo el mundo con tus dichos de sabelotodo. Y es por eso mismo que no podría salir con Rise. Por que lo haríamos sufrir hasta que nos de una buena excusa para alejarlo por completo de nuestra vida"

Que la vida es una broma un poco sádica todos lo sabemos y creo que en parte de eso trata principalmente este libro. A simple vista nada impediría que Rise y Miranda se enamoraran el uno del otro siendo una pareja de esas que discuten toda la vida, pero que se aman. Pero muy a menudo la gente no toma las decisiones correctas y a la mayoría de nosotros nos queda solamente mirar atrás cuando los años y las oportunidades ya están lejos de nuestro alcance. Otra cosa sobre la que trata este libro, las malas elecciones.

La boda en el bosque, la casita en el país encantado de Mitril y el final de la película con el nacimiento de un niño no es nada que pueda ocurrir entre dos personas como ellos, por el simple temor a perderlo todo en un instante cegador como le ocurrió a Crisald. O nunca llegar a concretarlo; la vida de los Dracidas nacidos en la ciudad es una vida de sueños truncados. Arriesgarse a soñar se convierte en, seguramente, la prueba más difícil para ellos.

Daniela se encontraba fuera esperando tener alguna señal del hombre que buscaba. Las luciérnagas ya vagaban de un lado al otro encendiendo sus lamparitas, cortando la oscuridad donde no llegaba la luz de la carretera o el anuncio de la "Wako Oil". Mirandola desde la puerta, Rise podía ver a la Avista parada observando el horizonte, los bosques y las montañas que se extendían por el sur. Con su Beretta mal disimulada en la parte trasera de sus jeans. Algo en su interior le dijo que Daniela lo haría bien, quizás parte de eso era su culpa, en un buen sentido por primera vez.

Miranda era una roca dura como las montañas allá atrás. Ni siquiera Mitril podría haber cambiado su forma tan errática de ser. Pero tal vez sí había cumplido la deuda pendiente con su madre. Tal vez sí había conseguido salvar a Daniela, en todo sentido de la palabra. No solo estaba viva, sino que ademas comenzaba a aprender como defenderse en lo que le quedara de años por esta tierra. Y otra cosa que esperaba haberle enseñado a su compañera era a no rendirse. La forma en que sus ojos escudriñaban el horizonte ya casi nocturno indicaban que eso, al menos, había quedado claro para ella. 

Rise acostó con cuidado a Miranda sobre la mochila que habían traído y la cubrió con su piloto verde. Fue hasta la Avista y le alcanzó uno de los últimos Lucky Blend que le quedaban. - ¿Como va la guardia? Preguntó con el humo del cigarrillo envuelto entre su rostro. 
- Bien Rise. Muy bien. Contesto ella. - Ya lo tengo, lo puedo manejar.- Dijo Daniela sonriendo contenta. 
El Dracida se sentó en la hierba. - ¿Y como se siente ser una Avista? ¿Que es lo que tenes para enseñarnos?
Daniela se sentó a su lado y tomo una cerveza que estaba bebiendo desde hace un rato.
- Bueno...ahora puedo ver de una forma distinta si me lo propongo. Estoy haciendo algo parecido a lo que me contaste que ustedes logran con su Rettem. Pero en este caso es algo distinto. La visión de las cosas materiales o las imágenes que normalmente captan los ojos se ponen borrosas, se desvanecen si me concentro mucho en Karl. 


- ¿Y que se ve?
- Una especie de oscuridad al principio, pero una oscuridad con una sensación de gran profundidad  Como si entraras a un cuarto que nunca has visto con las luces apagadas. Lo que queda es tantear en esa umbra. Buscar la impresión de la persona...como una huella digital que te halla dejado en tu interior. Y entonces una vez la encontras es como tener un rastreador.

Rise miraba a Daniela atónito  La forma en que hablaba y su gesto tan paciente sin duda le daban aires de "E.T" al parecer, ahora que había conseguido controlar la cosa homicida que vivía en ella o doblegarla a su voluntad su semilla había comenzado a crecer finalmente. 
- Todo eso sin entrenamiento y en menos de 3 horas...- Dijo Rise levantándose y tomando un trago de la cerveza. - No lo puedo creer. Ahora entiendo porque Karl te tiene tanto miedo. Si van a venir muchos como vos no me sorprendería que nos caguen a palos como si fuéramos novatos.
- No diria que no he sido entrenada.- Dijo Daniela mientras sus cabellos se agitaban por las rafagas de viento que andaban por alli. - Me parece que mi...lo que sea, aprende por medio de la observación  Como cuando un bebe dice sus primeras palabras por haber escuchado al padre o a la madre repetirlas. No se si lo notaste, pero disparo con la mano izquierda igual que vos.
- ¿Como?- Pregunto Rise.
- Claro..Estuve pensando mucho en esto Rise. ¿Viste que los chicos tienen una edad en la que aprenden muy rápido? ¿Como una esponja que chupa todo lo que ve?
- Sí...si-
- Algo así. En teoría, si uno nace siendo humano para luego convertirse en cualquier otra cosa supongo que en cierta forma es como volver a aprender a caminar o a hablar cuando se es niña.
- Sí, entiendo tu punto Dani. Pero no puedo negarte que me da bastante miedo cuando lo pienso. Una raza con la capacidad de aprender tan rápido...nos extinguiría si quisiera.
- Hay algo peor. Dijo Daniela con un dejo triste. - Creo que si quisiera podría dejar que esa cosa amatista tomara el control. No se si soy más peligrosa ahora que antes. No soy de las personas que se enojan, pero si algún día...me pasara algo como no se, algo que me haga enojar mucho...estoy segura que tendría la tentación de abrir la cajita de pandora. 
- Bueno, nunca escuche de nada llamado "Avisto" Supongo que en el bosque encontraremos respuestas mejores que los desvarios que oí de Karl la ultima vez. Me alegra tenerte de mi lado, aunque me costo siete balazos...
Daniela se hecho a reír.
- Mira, también aprendí a hacer esto. Daniela tomo el ultimo trago de la Lata de cerveza Milton y la deposito en el suelo.
- Sí, conmigo siempre se aprende como tomar, de eso no hay duda. Dijo Rise.
- Shhh, estoy tratando de concentrarme.

Al cabo de unos segundos Rise pudo observar que la lata, bajo la mirada de Daniela, comenzaba a temblar lentamente. El pedazo de aluminio perdió el equilibrio y rodó por el suelo. Se detuvo abruptamente a los pies de Daniela y luego, se estrujo sobre si misma sin que ella la tocara. En menos de un segundo el cilindro se había convertido en un tirabuzón, igual que el brazo de Karl en Troncor Street.
- Me cuesta un poco la ultima parte, eso de estrujar.
Rise, entre aterrado y orgulloso de la chica dijo:
- Ya lo dominaras...- (Como en cinco minutos seguramente o algo así pensó)

- Ya casi se va la luz, anda poniendo los explosivos, a Karl no le falta mucho más...
- Bien...voy a despertar a Miranda.
- Pero...- dijo Daniela.
- ¿Pero?- Pregunto Rise.
- Hablando de desvarios...Bueno no creo que me des bola así que mejor anda con Miranda.
- Decime...- Insistio Rise.

Daniela hizo un silenció, miró a la Wako Oil de enfrente y luego volvió sus ojos a la entrada del Galpon.
- Hay algo en este lugar Rise. Algo que me es extrañamente familiar y nunca vine antes a este pueblo ni siquiera pase viajando a otros lados. Pero ese galpón...
- Lo se, es un poco tétrico, también lo sentí. Pero no hay otro lugar mejor.
- No me refiero a eso sino más bien a que en estos cien metros a la redonda me siento muy...no se no tiene sentido. Pero...es como si sintiera que en este lugar paso algo muy triste. Algo que me llena de tristeza como cuando vez una foto vieja de algún amigo muerto.
- A veces, Dani, los lugares donde pasaron cosas feas guardan una cierta energía o una carga negativa. Este bendito País tuvo campos de detención clandestina en la epoca de la dictadura y fosas comunes por todos lados. No me sorprendería que hubiera una por acá. Lo mismo pasa pero al reves. Cuando lleguemos al bosque de los Dracidas vas a notar algo parecido, solo que en vez de algo opresivo va a ser una sensación muy reconfortante.
- De todas formas deben ser boludeces. - Dijo Daniela, sin creer una sola palabra de lo que acababa de decir.

***


Avanzando como avanzan los titanes, el Goodyes y sus muchos kilos de peso rugían por la Ruta 4, los faros delanteros iluminaban el camino como los ojos de algún monstruo hambriento en busca de alguna presa. En una escena que bien podría encajar en "Viernes 13" el loco del hacha (como se empezaba a llamar en los Diarios locales esa mañana) iba en busca de almas que cegar. Como la muerte que alza la guadaña bien alta antes de cegar la vida de los condenados. Como el ángel  de espada y alas negras que cierne su sombra sobre los campos.

Cualquiera esperaría , dada la situación,  que el conductor estuviera drogado, borracho, o fuera uno de esos metaleros descontrolados llenos de anabolicos y deseos de violencia. Muy por el contrario Karl apenas si había probado los brebajes de Satanás o las mil variedades de drogas que podían encontrarse en el deposito del Chikis. No había a que echarle la culpa, ni siquiera videojuegos o películas violentas.  Así que la música que sonaba dentro de la cabina del Goodyes, distaba mucho de Marilyn Manson
Música
A todos nuestros hermanos y Hermanas, FM The Miracle les extiende sus bendiciones siendo las  23 horas en la República Himbuguesa. Que Dios bendiga su rebaño Balbanes. 

FM The Miracle, La Radio que escuchan los ángeles continua con "La Vida en pecado"
Hoy es una hermosa noche hermanos, las estrellas brillan sobre el campo que nuestros padres, nuestros abuelos labraron con sus manos. Los árboles que trepamos de niños siguen hoy en pie, fuertes, resistentes como el Junco. Y quiero bendecir a todos nuestros oyentes, que el amor de nuestro señor Jesucristo les llegue desde nuestra estación en Witters Alley de FM Miracle. 

La mano derecha de Karl se separo del volante para tomar el estereo del camión  Sin siquiera mirarlo, lo arrancó del tablero con su fuerza descomunal y lo lanzo por la ventana. - Hijos de puta. Dijo para si mismo, mientras Elmer aparentaba dormir sobre el asiento a su lado. Aunque obviamente, estaba bien despierto. 

La luz colorada de la cabina del camión de la Goodyes bien podría representar los humores de Karl a esta altura de su vida. Las llantas del acoplado avanzaban a una velocidad más que suicida, Fanática. El alumbrado eléctrico de la carretera pasaba por los lados como cercanas estrellas por las que cruza un cometa amarillo, la pintura del camión de la Goodyes. Karl apretó el acelerador lo más a fondo que pudo cuando vio el letrero "Witters Alley 2KM" corrió la palanca para aplicar los cambios adecuados y dobló a la izquierda, con el acoplado a punto de salirse de la carretera, resbalando en la escarcha. Pero pudo controlarlo y seguir camino. 

Karl acababa de perder la Fe, efectivamente, la mujer y Elmer habían conseguido que su plan diera frutos. Aplastar la única cosa que el Dracida de Frigord daba por sentada en su vida. Como diría Illagros, el ultimo caramelo en su frasco. Ser un buen hijo de Dios no había servido de una mierda, ser todo lo contrario al parecer tampoco. 

Era tarde para empezar de nuevo, muy, muy tarde para regresar a su casa en Lindisia y ponerse un comercio, para estudiar medicina o volver con Layla. La vida le había demostrado a Karl que cuando se empecina con uno no hay Dios, ni Cristo ni Rettem que valga. Aunque hace tan solo  9 horas pensaba exactamente lo contrario. 

El sueño con la virgen María y el padre amistoso en el confesionario ahora habían sido reemplazados por cosas mucho más reales y por consiguiente mucho más dolorosas. Como pequeños duendecillos dentro de su cráneo  todas las personas que alguna vez sintieron amor o cariño por el debatían que había salido mal en la vida del muchacho.

"Quise hacer las cosas bien, realmente lo intentamos Karl. Me he fumado toda la mierda de este mundo espantoso por intentar lograr algo bueno de esto. Pero no hijo, no. El mundo tuvo un plan bien distinto para el gordito al fondo de la clase. Mi vieja dejó que esa basura de Padrastro entrara en mi casa. MI CASA 6 meses después de que papá falleciera. Otro Alcoholico desgraciado que por suerte hace rato cruzo el Río Estigia"

El Camión paso por arriba una vaya de contención que la policía había depositado hace algunas horas atrás  obviamente, gracias a la señora de la risa (de ojos amatista) los oficiales estaban muy lejos de allí cuando esto sucedió. La madera de las vayas voló por los aires como la puerta de un castillo ante un ariete. La parte derecha del acoplado golpeo el capo de una patrulla, sacándola de la carretera para estrellarla contra uno de los arboles del bosque. 

"El chupa culos de Jhon Trimerg y el estirado de su viejo, aprovechándose de mi inocencia y de mis deseos por convertir la basura en flores. La Harpía de Alaysa jugando con mis sentimientos, engañándome a cada paso que daba, embriagándome con su veneno de serpiente. La iglesia, los Jethis, la universidad de Medicina. 
¿Lo querían no es así? ¿Lo querían verdad?"

El Camión tomo la salida hacia Witters Alley, con el metal chirriando y gruñendo como un dragón que acaba de despertar de malas. Tal y como Karl, que abría sus ojos por primera vez en su vida para encontrar que todos sus pasos solo lo habían llevado más cerca del vació.  Una de las ruedas del Goodyes aplasto un cartel de "Cuidado Animales Sueltos", pasando por debajo de vehículo haciendo chispas todo alrededor. 

- ¡Lo querían! Acá lo tienen, un loco de mierda, un enfermo mental!- Karl comenzó a tocar el Claxxon del Goodyes acercándose a una parte del camino donde había cercas de alambre. Con ansias de destrucción las arrollo todas con el acoplado  con una mitad en la ruta y la otra fuera de ella. Dos o tres buzones fueron devorados por las ruedas asesinas. 

Mientras continuaba en su raid de destrucción tomó el teléfono celular de la guantera del camión,  aquel que pertenecía a su dueño original.  Sin mirar el camino marcó rápidamente un numero que conocía bastante bien, a menudo alguien se lo daba cuando trabajaba en el Chikis para Jhon Trimberg. Lo llamaban "La linea del Buchon" y se utilizaba normalmente para informar al estado sobre la actividad de otras mafias rivales. Todo eso se anotaba y se analizaba en la MI5 y el HIS, obviamente se actuaba de ser necesario.

- Ahora van a saber lo que puede hacer un enfermo mental.- Murmuró mientras aguardaba que alguien atendiera. En Blondres, el teléfono del agente Marco Warren sonaba en su oficina. Escuchó la voz de una mujer del otro lado del tubo.
- General Dynamics. Mariana al habla. (El nombre de cobertura de la Agencia era ese desde hace un tiempo)
- Hola señorita, habla Karl Godson. 
Tan pronto como la agente escucho su nombre llamó con señas a su compañero a la oficina. Marco y otros agentes escucharon lo que tenía para decir Karl por altavoz. En el piso de abajo de la MI5 las grabadoras comenzaron a rodar sus cintas.

- Si mire, soy el tipo que voló la Hostería el Eden. Trabajó para Liavenna Enarmarr desde hace siete años más o menos. Dentro de su Mansión hay un tal Illagros, es Bruso, ya lo deben conocer. No tengo mucho tiempo para hablar ahora. Lo importante es que Illagros de Sipea es el hombre que buscan. Es un doble agente de la KGB que hace servicios financieros en Himburgo. Luego lava el dinero para dárselo a los comunistas.

Ademas de eso, en su casa van a encontrar muchas pruebas del espionaje industrial que él y otros debajo de su mando llevan a cabo desde hace 15 años. El usa como base de operaciones legal los negocios de la Señora Liavenna Enarrmar. Busquen la Financiera "George & Asociados", Illagros es el dueño de la sociedad mayoritaria de la compañía  Si mandan a su gente ahí van a encontrar mucho más que libros sobre economía o marketing.  Entre ellas un librito llamado "Operacion Sofia" ¿Saben que es eso?- Karl activo el manos libres y volvió a tomar el control del camión.
- ¿No, que es Karl?- Contesto Mariana haciendo una mueca como de chiflada a su compañero-

- Bueno, básicamente es un plan de los sectores Vlaind más radicalizados para exterminar a la jefatura actual. Eso significa que, si no se apuran, van a tener una guerra civil entre Vlainds como no se vio en los últimos  1000 años. Illagros, con estos últimos actos que ya son conocidos por los medios, quiere ganar poder dentro de ese mundo para hacer una especie de Golpe de Estado en la Nación Vlaind. Supongo que, en un año de elecciones como este nadie quiere mucha violencia en las calles. Imagine por un segundo lo que puede llegar a pasar si esa operación se lleva a cabo.  Lo que vivieron en la ultima semana va a ser un duelo de pandillas callejaras. Usted es Vlaind, ya lo sabe.

Marco Warren tomó el teléfono:
- Hola Karl, Habla Marco Warren. ¿Como podes probar todo lo que decís? Sos sospechoso de...
- Hola señor Warren, mire no tengo nada que perder ya, esa es la verdad. Pero no me voy a ir al infierno yo solo. Lo único que tiene que hacer si no me cree es hacer una pesquisa en la financiera y en la Mansión Enarrmar. Van a encontrar suficientes Armas para empezar la tercera guerra mundial. 

Rise ya se encontraba en posición de ataque, a cien metros del cartel de Bienvenida de Witters. Miranda lo acompañaba y Daniela aguardaba impaciente en la Wako Oil, armada. Todos podían ver el camión subiendo la colina derecho a los explosivos. Rise echo mano al detonador e hizo señales a todos para que estuvieran listos.

Karl continuaba:
- Estoy por llegar a destino señor Warren. Si me pregunta si voy a testificar le diría que si, pero lo más probable es que me muera justo antes de eso. No tiene una idea lo que han crecido los Vlaind desde la caída de la dictadura. ¿Cuanto le tomaría a algún enfermo mental como Illagros elaborar un plan para sacar del medio al gobierno de sus negocios? 
- Seguramente no mucho Karl. Dijo Warren satisfecho. - ¿Por que no vienes a Blondres y lo hablamos en profundidad?
- Lo siento Señor Warren. Ya jugué mis cartas, ahora usted haga su trabajo. Yo soy de la Orden de Frigord ¿Sabe? Tendría que estar ahí con usted haciendo la diferencia entre los chicos buenos y los chicos malos. Me salio para el culo, mala leche. Pero al menos, aporto mi pequeño grano de arena para construir un mundo mejor.

Rise estaba como petrificado midiendo la distancia con sus ojos verdes clavados en la cartelera. Hizo otras señales para que Miranda y Daniela sacaran sus armas. Contó hasta 10.

- Mire, la señora Enarmarr, a pesar de todo no es mala. Ella piensa a otro nivel, no le importan los chanchullos ridículos de sus súbditos, esta en otro vuelo. El problema no es la reina, sino el afil. - La comunicación se corto. Tan rápido como esto sucedió  Marco llamó al departamento Legal de la MI5 para ver si podían conseguir unas cuantas ordenes de Allanamiento. Medio MI5 bajo su bando fue corriendo a corroborar lo dicho por Karl, el loco de mierda. El nombre de Illagros empezó a ser buscado en cada reporte de los últimos 20 años.

Mientras la maquina represiva del estado se caía de culo ante la posibilidad de tener un desastre en las calles de las ciudades más pobladas del país  y mucha gente con bigote corría a atender teléfonos y a gritar ordenes en las  8 provincias de Himburgo, Rise poso su dedo sobre el botón del detonador . Para cuando Elmer se percató de la presencia de los Jethis, Karl ya estaba sobre la dinamita. Pero el Fuego que el acababa de encender con su llamado sería mucho más difícil de apagar.

jueves, 9 de mayo de 2013

El Ritual de los Condenados XXVIII

Capítulo XXI
Solos Por La Carretera 


Cercanías de Oldbridge Town 10:30 Hrs

Rose Sigwid, Valkiria de la casa de los Sigwid, observaba atónita a Illagros conversar por el teléfono en la sala comedor. Como Valkiria de la Mansión  el trabajo de Rose no era solamente ser la matrona o señora de la familia, sino también mantener la seguridad de todos sus miembros. Inclusive el barón local, su esposo Alfred. 

Liavenna había pedido que hospedaran a Illagros lo que durara su tarea en ese pueblo que estaba dentro de los limites del  baronazgo Sigwid. Al ser señores relativamente pequeños en el mundillo de la política Vlaind, lo menos que querían los Sigwid era ignorar un pedido de alguien tan importante como Liavenna Enarmarr. Illagros había llegado hace sólo un día y medio a la mansión  pero su forma arrogante de actuar y de hablar se había desmoronado cuando, a dos horas de su arribo, vio por las noticias que la Hostería El Eden había volado en mil pedazos. Y con los reportes de la mañana siguiente en la televisión  sobre un tal Karl Godson ya identificado por las agencias de inteligencia, los nervios de Illagros estaban destrozados. Ahora mismo, a las 10 de la mañana de un día que paso de soleado a lluvioso y frío  Illagros finalmente había logrado comunicarse con la Mansión Enarmarr. Casi inexplicablemente, los teléfonos de Oldbridge y sus cercanías habían estado muertos desde el incidente de la bomba. 

Aunque era "Casi inexplicable" para los Sigwid, Illagros tenía una buena sospecha de lo que estaba sucediendo. La cosa que llevaba la chica, se estaba volviendo contra ellos en serio y con toda seguridad ahora Karl era más un zombie  controlado por "El poder del otro lado del Circulo" que un agente de Liavenna.

Fumando un cigarrillo atrás del otro y con el cuello de la camisa desatado, los pelos revueltos por el insomnio Illagros hablaba con Arcard:
- Dios Arcard, esta loco, loco de verdad. La chica debe estar controlandole el cerebro, no lo se. 
- Cálmate Illagros. Entiendo que lo que sucedió con tu hermana te tenga preocupado. Dijo del otro lado Arcard con su voz calma y gruesa.
-¡Me chupa un huevo mi hermana Arcard!- Gritó de pronto ante los azorados Sigwid. - ¿No viste lo que dijeron en la tele? Ha, claro, ustedes son muy intelectuales para guiarse por los medios de comunicación humanos ¿verdad...?
- Baja un cambio y habla conmigo Illagros. ¿Que te tiene tan chiflado? 
- ¿¡Que que me tiene tan chiflado!? ¿Que Que!!!- Illagros golpeó el tubo contra la mesa y le dio un largo sorbo al Whisky que le trajó una de las sirvientes, volvió a encender un cigarrillo y hablo atropellándose con sus propias palabras:

- Dijeron que La MI5 y la HIS ya lo tiene identificado Arcard. Ya saben quien es y el gordo idiota no tuvo mejor idea que bolar una hostería  ¿Sabes lo que pasa cuando un Vlaind o un Jethi comete una acto considerado Terrorista? ¡Todo el puto Ministerio de Defensa nos va a venir a buscar con los perros Dracidas de la MI5 y van a cancelar toda la operación  Tenemos que matarlo Arcard...yo lo haré  que la señora me de la orden y te...
- Bueno... cálmate un poco Illagros. Karl no debe estar muy lejos de ahí  anda a buscarlo. Si no quiere hacer su trabajo tenes mi autorización para matarlo. La señora ya sabe lo que esta pasando, el Gran Barón Ferdinand mando a X de la inteligencia Vlaind esta mañana para hacer algunas preguntas...
- ¡No!- De nuevo estrelló el tubo contra la mesa del teléfono - Te lo dije, ese hijo de puta de Ferdinand siempre juega para el lado del gobierno. Cuando esto acabe voy a cortarle la sucia garganta. ¿Me imagino que Liavenna entiende la gravedad de este asunto verdad?
- Esta en una reunión ahora con Ferdinand en Blondres. Ella sabe manejarse. Vos ocúpate de lo que tenes que hacer. 

Arcard desconectó el teléfono.  Illagros siguió hablando solo unos segundos. Cuando se percató de que nadie escuchaba sus caprichos corto con violencia el teléfono.  La Señora Sigwid continuaba parada del otro lado de la sala muy asustada. ¿Que el gobierno iba a hacer que

A pesar de que Illagros sobre actuaba un poco, cuando el gobierno se metía en estas cuestiones los Vlaind tendían a ponerse muy nerviosos. A  menudo, cuando uno se salia mucho de la linea tacita del Ministerio de Defensa había confiscaciones de bienes, auditorias de la oficina impositiva en las empresas Vlaind y un millón de preguntas. Los políticos armaban algún quilombo entre los barones Vlaind para que volvieran a quedarse en su lugar. A menudo la MI5 terminaba asesinado a alguno de ellos como para dar el ejemplo entre los demás y ya.

A Illagros no le preocupaba el dinero, ni la fama, ni siquiera su hermana muerta esperando que alguien la reconociera en la morgue de Blondres. Sino que estaba seguro que sería él quien pagaría el pato...Liavenna no iba a entregar a Arcard con toda seguridad y lo tenía entre ceja y ceja desde que pasara aquel asunto con Liena.

- Señora Sigwid...- Dijo Illagros tomando su piloto color caqui del perchero de la habitación.
- ¿Si señor Zarovich? Contesto ella educada y formal.
Illagros se puso otro cigarrillo en la boca pero no lo encendió.
- He...voy a salir, necesito un auto...
- Seguro, tenemos un Haudi listo como pidió la señora. Llamare al Chofer...
- ¡No!- Grito por los nervios. Bajo el tono. - No este...yo...yo manejo...es lindo día ademas...- Un trueno resonó sobre sus cabezas.

El Vlaind salió corriendo hacia la cochera. Luego de decir alguna puteada en Bruso volvió a su cuarto, tomó todas las armas que pudo cargar y se marchó trotando al garaje de la mansión  Entre los muchos pasillos y escaleras de la casona de los Sigwid Illagros podía sentir como la soga de la muerte se iba apretando en su cuello. Lo único  lo único que tenía que hacer ese gordo estúpido era esperarlo en la Hosteria. Matar a la piba y ya. Entonces él mataría a Crisald, pum, misión cumplida.

Liavenna se transformaría en la heroína más grande de la raza Vlaind desde Balabord y entonces el sería el teniente de la mujer más poderosa de la nación Vlaind y con ese poder de fuego finalmente iban a borrar de la faz de la tierra a todos esos blandos, tibios, amantes de humanos como Ferdinand. Y después a los jethis.

Sí, todo iba a ser maravilloso. Otra vez el sueño de la dominación mundial, de ser la única raza...Todo eso acabado en un segundo por un enfermo como Karl. Iba a matarlo, aunque no fuera necesario, merecía que le volara la cabeza.

Illagros se metió en la cochera luchando por controlar sus propios movimientos. Casi se lleva por delante la persiana metálica del garaje  Cuando esta se abrió la lluvia cubrió el parabrisas. Hizo unos pocos metros por las calles de Oldbridge y frenó cerca de una plaza. Allí se llevó las manos a los ojos y se recostó en el asiento.
- Bueno Illagros, no esta todo perdido...si agarramos a este gordo pelotudo antes de que la MI5 llegue a él todo puede solucionarse. Así que ahora cálmate y búscalo ..somos profesionales.Soy profesional. Soy Illagros Zarovich de Sipea, estos Dracidas y Humanos no son nada...nada...

Knock Knock Escuchó el Vlaind llegar desde la ventanilla del acompañante. Saltó como una araña echada a la sarten. Había un hombre, un Vlaind vestido con un largo piloto negro, debajo llevaba una camisa blanca. Otra mujer, más baja que él pero sin duda mucho más bella lo acompañaba. Ambos vestían igual y tenían lentes oscuros en un día nublado. La chica era sin duda una Jethi, podía verlo en sus facciones.

Ese Knock Knock, la vestimenta de estos dos sujetos, el hecho de que fueran un Vlaind y una Jethi trabajando juntos y el BMW negro estacionado en la acera de enfrente bien le podría recordar al final de una película sobre mafiosos. Era la ley.

Antes de que el Vlaind volviera a golpear el vidrio, Illagros bajó la ventanilla con el comando desde el volante. La voz marcial y fría por el placer de serlo ingresó en la cabina del auto:
- ¿Illagros Zarovich de Sipea?
- Sí, ¡ese soy yo!- Dijo Illagros tratando de contener sus nervios y queriendo parecer amable como Kathy Bates en "Misery" frente al Sheriff del pueblo. 
El hombre desplegó una placa. Pudo leer muy bien las letras en negro altas y militares "M.I.5" El color rojo debajo de la tarjeta indicaba que era de la sección especial sobre asuntos de Dracidas y Vlainds. 
Sí...se parecía mucho al final de alguna película sin duda. La mujer al lado del oficial sonreía con suficiencia.
- Soy Marco Warren, agente especial de la MI5, sección Roja. Ella es mi compañera, Mariana Martinez.
¿Podría bajar del auto para que le haga algunas preguntas?
Illagros volvió a sonreír y palmeo el volante.
- Bueno justo ahora iba a...visitar a un amigo.
- Sólo tomara cinco Minutos señor Zarovich. No se preocupe, no venimos a arrestarlo.- Dijo la mujer.
- Bien...bien...porque no...Je.

Sentirse un sospechoso de la Ley y el Orden no era parte de la rutina de tipos como Illagros. En Brusia estaba la K.G.B pero en Brusia el tenía buenos contactos con gente del partido Soviético  Les proveía de armas y buena información de occidente. Incluso en eso estaba cagado, hace rato que la HIS lo tenía marcado como un probable informante al bloque oriental.  Del otro lado de la Cortina de Hierro Illagros era intocable. 

El Vlaind se bajó del auto y el Agente Marco Warren, de aspecto más amistoso que la mujer, abrió un paraguas para él. La muchacha saco una libretita y una pluma fuente. La lluvia arreció y el Bruso comenzó a sentir muchas ganas de estar a muchos kilómetros de allá en su mansión de verano en Bukrania o haciendo pozos petroleros en Dapakistan. 
- Señor Zarovich, ¿Conoce usted a este hombre?- Pregunto Warren mostrando una foto de Karl.
- mmm No, creo que no le he visto nunca. No al menos que recuerde. ¿Por que lo pregunta oficial?
- Bueno, trabajó mucho tiempo para los Dragones Negros. Su nombre también aparece relacionado con Liavenna Enarmarr. Tenemos entendido que usted trabaja también con la señora. ¿No es así? - Pregunto Mariana
- Si...bueno yo hago, yo trabajo como asesor en finanzas para la familia Enarmarr.
- ¿Desde hace cuanto tiempo Señor Zarovich?
- Ja, bueno como imaginaran desde hace unos...mil años aproximadamente. 
Todos se rieron del chiste. Aun siendo Jethis o Vlainds la cantidad de tiempo sonaba exagerada. El sonido de las gotas de lluvia, cada vez más gordas golpeando el paraguas negro de Warren provocó que tuvieran que elevar la voz. Una camioneta 4x4 paso rugiendo por la calle. La gente en los alrededores apretaba el paso.
- ¿Recuerda si la Señora Enarmarr ha mencionado alguna vez el nombre de este sujeto, al menos al pasar?
Inquirió Warren,
- E...no. No que yo recuerde. (Si sigo diciendo la misma frase van a darse cuenta que estoy mintiendo. Menos mal que la piba no es de Sigmund)
- Usted es originario de Brusia, ¿Verdad señor Zarovich?- Pregunto Mariana.
- Sí, así es señorita...más precisamente Bukrania, pero claro que hace mil años no llevaba ese nombre. 
Todos rieron de nuevo. Illagros estaba tratando de matar sus nervios a fuerza de chistes malos. 
- ¿Cual seria el lugar exacto de su nacimiento?
- Kharkiv
- ¿Y como es que el gobierno Bruso le permite salir del país con tanta regularidad? Algunas personas esperan años solo para hacer un tour de 6 días en el pais. - Pregunto Warren.
- Bueno, imaginara que ser Vlaind tiene algunos beneficios, aun en el mundo Socialista.
- Seguro..seguro. Dijo Mariana anotando todo. 
- Este...¿algo más?
- No, eso sería todo. Ya puede marcharse.

Illagros, no acostumbrado a tener encuentros peligrosos con la Ley, bajó la guardia y fue directo a su auto. Cuando se encontraba abriendo la puerta para huir de allí. Warren dijo, dándose la vuelta.
- Una Ultima cosa...Señor Zarovich.
- ¡SI! dígame.- Contesto Illagros golpeándose la cabeza para salir del auto una vez mas.
- La Señorita Katiana Zarovich, su hermana...¿Ella también trabaja para Liavenna Enarmarr verdad? 
- Este...bueno, mi hermana y yo no nos llevamos muy bien. No se nada de ella desde que se...caso. ¿Por que lo pregunta?
Warren sonrió por lo bajo, conteniendo una risa macabra.
- Ella fue encontrada muerta en el domicilio de un tal Crisald Larenthguer, también Vlaind. Al parecer mantuvo una conversación con usted poco antes de morir. 
- ¡Claro! sí...este, ella justamente me dijo que...me dijo que quería que nos reuniéramos porque hace mucho no nos veíamos.  Ella por lo general me pedía también consejo Financiero. Pero nunca hablábamos de su vida privada o su trabajo. Claro que supe de su muerte, ahora iba con su esposo justamente para darle mis condolencias. (Esa fue una buena mentira Illagros, el idiota de Rupert vive en el norte)
Mariana saco una libretita.
No me digan que también se murió. Pensó Illagros

- ¿Rupert Willow? Pero señor Zarovich....- Comenzó a decir Mariana
No, no no esta muerto. Por Balabord que ese hijo de puta este más vivo que nunca.
- El vive en Lambridge...¿No le queda muy lejos para ir en auto?
- Iba camino al aeropuerto señorita.
- Si quiere podemos llevarlo nosotros Señor Zarovich.- Contesto Warren. - Debe querer llegar lo más rápido posible, nosotros podemos pasar por la ruta  4 que esta cerrada por seguridad. De lo contrario tendría que tomar un rodeo por la 6 hasta la provincia de Godsfields. 
- No, mire...estoy tan apenado que deseo estar a solar un tiempo ¿Entiende?
- Claro Señor Zarovich, como prefiera. Estaremos en contacto. 

Los agentes del MI5 se metieron dentro del BMW negro. De haber tenido un Helicóptero seguramente ya estarían volando hacia la Fiscalia local en busca de una orden de Arresto para Illagros. Pero no era tan simple cuando el sospechoso era un Vlaind, incluso venido de Brusia como él. 

El nervioso Illagros los vio marcharse por el asfalto. Tan pronto como doblaron en la esquina de Los Cinco Gatos, se desplomó sobre el volante. 


***
Salida de la Ruta 7 hacia la provincia de Platino, Blondres 10:51
Música
"Y ahí vamos de nuevo" pensó Crisald cuando Alaysa tomó la salida hacia la ruta siete en una curva bastante cerrada entre los bozinasos de los demás conductores. Delante de ellos se describía una larga recta cuyo doble carril era marcado por lineas amarillas. Aquellos largos rectángulos  pasando siempre debajo del capot del coche le recordaban a Crisald las cintas con las que la policía selló su casa. Un símbolo bastante inequívoco de "Game Over" en todo el mundo.

Era la primera vez que veía el paisaje durante la luz diurna, y no tenía mucho más para mostrar que de noche. Vacas, graneros, algunos barrios privados e infinitos kilómetros de alambre de púas. La diferencia más importante en este caso era que no era él quien conducía y que ya no estaba solo. Aunque, por el momento Layla no había hablado demasiado. A pesar de que sus ojos estaban concentrados en el camino delante, en el brillo de sus pupilas Crisald podía adivinar que en este momento pensaba en muchas cosas. Datos y memorias que él seguramente nunca podría terminar de entender.

- Ya ha empezado a llover de nuevo. Dijo Alaysa buscando un paquete de Gipsys sobre el tablero del auto.
- Creo que nunca ha parado desde que esto comenzó ¿verdad?- Contesto Crisald, luego de sacarse los lentes para ver mejor. Efectivamente, cortando el cielo de cuento azul a unos kilómetros delante se podía observar la lluvia que se cernía sobre la zona de Oldbridge y Witters.
Layla se sonrió.
- Ahora sos vos el que habla como salido de Harry Potter. ¿Que tenes en mente?
Crisald, quien por alguna extraña razón se sentía algo más claro para pensar y hablar que antes contesto serio:
- No lo se. Pienso que tendría que haber matado a este idiota hace siglos. Si bien todo empezó hace una semana, siento que llevó en este auto una eternidad. Todo se complico demasiado...nada de esto estaba en mis planes.
- ¿Que edad tenes Crisald?- Pregunto Alaysa doblando nuevamente en una curva más amable. Dos caballos corrían al costado del alambrado y un granjero local iba a la par con dos perros.
- 25.
- Con los años vas a entender que para los Vlaind a veces un día, sólo 24 horas, pueden ser tan fatales como una eternidad. Las cosas tienden a desplomarse mucho más rápido de lo que se levantan.
- Brindo por eso. Dijo Crisald tomando de un termo el café que compraron en un supermercado Willy's antes de ponerse en marcha. - ¿Cuanto tiempo nos va a llevar llegar hasta Oldbridge?-
- Seis horas, siete si contamos una parada para almorzar o comer algo más que no sean bizcochos y café.

El Vlaind se recostó en su asiento por un segundo. "Y ahí vamos de nuevo, genial" 
"Otra vez en la ruta. Bajarse en alguna estación de nafta, cargar. Ver el sol ocultarse por las montañas de las Sorrim. Fumar hasta que mis pulmones revienten. Esperar a que se haga de noche en algún café local. Buscar las armas. Buscar al tipo. Bang Bang. Y todo de nuevo en menos de lo que canta un gallo. 

Era quizás la primera vez que Crisald empezaba a sentir el cansancio que suponía andar la noche larga de Himburgo armado con una Desert Eagle, esquivando balas y metiendo otras tantas. Sintiendo como el frío del otoño se le metía entre los pliegues del abrigo, percibiendo el olor a pólvora sobre él a donde fuera que vaya.

Observando la campiña verde con el sol dándole de frente en el parabrisas Crisald recordó un sueño que solía tener de pequeño. A diferencia  de las quimeras actuales, era un sueño repetitivo extremadamente divertido para un niño de 9 años que iba a colegio privado y vivía entre sirvientes. En su sueño (que casi siempre llegaba en verano) él era el sheriff de un pueblo del lejano oeste.  Una visión seguramente alimentada por series de T.V que miraban sus padres, que eran niños como él cuando se estrenaron, y que Crisald miraba a pesar de detestar el evidente Tecnicolor anaranjado en la piel de las personas.

Música
Sea como fuera en ese sueño él era el Sheriff de un pueblo del lejano oeste. Con una brillante placa en su chaleco y un sombrero blanco. Cabalgaba sobre un hermoso corcel negro y la gente del pueblo lo saludaba bajando  sus gorros. A pesar de tener  9 años, incluso en la visión  todos allí parecían quererlo y respetarlo. Era su pueblo, su placa y su revolver, el tipo más bueno y jodido de los alrededores. Uno o dos bandidos venían en su búsqueda,  el disparaba haciendo martillar el percutor con su palma, pero no mataba a nadie, los chicos malos huían apabullados por su Colt y se tropezaban como en algún programa de Benny Hill. El sacaba su lazo bajo el sol radiante del desierto y el alguacil se los llevaba. Todos aplaudían...

Casi entre sueños dijo en voz alta para sí mismo:
- Y todos a bailar en el granero del viejo Ben Cartwrigth...

Mientras iba en busca de Rick aquella mañana en la que prometió a Liena regresar rápido a casa, salio también de día, con sus espuelas imaginarias sintiendo que era el Sheriff del pueblo, Clint Easwood, Robert Mitchum o hasta incluso Jhon Wayne. Una parte de él quería ir a caballo hasta el bajo, como deberían hacer los ancestros de su Orden en otra época, de armaduras doradas y brillantes. Que las personas a su alrededor en la Pallance Avenue cantaran "Allá va Crisald, el les enseñara a esos bandidos!" Que alguien lo invite un trago luego del duelo. Que alguien pintara su retrato sobre su caballo como el del abuelo Peter en la Mansión familiar.

Le gusto demasiado matar a Rick, disfrutaba ver su propia sombra reflectada contra la acera congelada de la ciudad, como la silueta alargada que cabalga al ocaso. Sentir el acero de su Desert Eagle entre sus manos antes de abrir una puerta, antes de enviar al infierno a cien mil hijos de puta. Salir en el Haudi como los Dukes de Hazzard. Y no había nada de que sentirse culpable, cada bala que disparo de Rick en adelante tenia mil razones en sus átomos que componían el plomo. Cada cartucho de escopeta llevaba consigo libros gordos como una enciclopedia de dolor, de mucho dolor. Un sufrimiento que sólo podía ser explicado a través de la sangre y la violencia.  Una especie de Lenguaje que no se estudiaba en la Universidad de Hellenes. Y un tipo de incendio que ningún Whisky podía apagar.

Claro que no lo había pedido, ni planeado. El asunto había llegado a el como una bala perdida, Alaysa tenía razón ..hace muchos años que ya no quedaba en él "elegir". Eso era para la  tele, para los Cowboys de Bonanza o la gente de Amores en Peligro. Para los periodistas que condenaban "La Justicia de Mano propia". "Vengan y cuéntenme como se cura el dolor". A lo que la gente responde "No hijo, claro que no se cura..." ¿Entonces de que Mierda estamos hablando?"

Sí, eran pensamientos como esos los que tenía cada vez que visitaba el cementerio, o la casona tiroteada y abandonada de su familia. El punto era que no sanaba y si ahora resulta que él tenía que vivir con ello de aquí hasta los muchos cientos de años Vlaind que le quedaban, entonces al menos, como mínimo  se iba a asegurar de no hacerlo solo. ¿Y si algo salía mal? ¿Si mataba por error a alguien?...Entonces para Crisald la respuesta era bastante simple "Disculpen señores, ustedes todos tan morales. ¿Cuéntenme que mierda salio bien en todo esto?
***
Witters Alley 11:20 Hrs
Música
Y Ahora Continuamos con "Amores en Peligro" - Dijo el televisor portátil que Rise había dejado sobre la mesa de trabajo.
-¡Ay Ricardo! ¿Acaso no teméis enfrentarte a Karlova? Terrible Barón de Crusania es él. Matador que gusta de sembrar la negra muerte en naciones extranjeras. 
- Claro que Temo mi señora. Pero como quien camina en círculos me encuentro. Ya no ha de demorarse más este encuentro entre ambos. ¿Habeis visto a mi pequeña hermana Daleila? ¡Ay ya no soporto verla exhausta de tanto terror que le tiene al matador de Crusania. 
Voz en Off de la Acrtiz principal. Ricardo afila su espada mientras ella lo observa desde su ventana, mediante a ellos una lluvia fuerte y un céfiro violento
"Ricardo, te habéis ido a luchar al norte contra los Salefianos y jure que nunca más te dejaría marcharte. Ahora llegas y te vuelves a marchar a un destino incierto, a pelear contra soberbio enemigo. ¿Acaso te diré lo que siento por ti, mi caballero, cuando ya  vuestra sangre yazca fría sobre el suelo?-

La Voz de Miranda le llegó desde sus espaldas, en un tono alegre. Deposito delante de los ojos de Rise la escopeta.
- Le hice un pequeño arreglo.
Rise examinó el arma y noto que, tallado en la culata había un símbolo que le era descocido.
- ¿Estuviste haciendo manualidades?- Pregunto con sorna.
- Es un Pikerl. Un símbolo Ritual de la Orden de Sigmund para que los espíritus de la tierra acompañen al guerrero. Esto se paga muy bien en el bosque de Mitril.
Sintiendo a Miranda detrás de él, su aliento, su cadera apoyando su trasero y todo lo demás Rise se sintió parte de la telenovela que escuchaba mientras trabajaba en los detonadores.
- ¿Cuanto tengo que poner?- Respondió. - Sabes que no tengo un peso...
Miranda le dio un golpecito en la nuca.
- Es gratis idiota.
- Gracias.

Los Detonadores a radio control estaban listos, aunque cualquier persona no acostumbrada a "atar cosas con alambre" como Rise pensaría al verlos que son cachivaches de algún científico loco. Para los Dracidas y la Avista, siempre y cuando sirvieran a su propósito no importaba de que forma lucieran. Pero Rise no estaba sólo preocupado por la cuestión del radio control. Como era usual en ella, Miranda tenía el genial (u odioso) habito de ponerse bastante simpática y mimosa cada vez que Rise se preparaba para volar algo.

Sí los Vlaind de Rolando son los Chiflados de la gente de Namidian, los de Sigmund hacen su parte en el bando Dracida. Incluso un tempano de hielo del ártico como era Miranda era capaz de estallar en algún absceso complicadamente explicable de Pasión sexual (u Homicida). No sería la primera vez, en otros trabajos, mientras se formaban como Jethis en el bosque la Jethi de Sigmund tendía a...(Si...creo que es momento de decirlo) coquetear con Rise. Todo para que, pasada la acción  volviera a comportarse como un perro viejo y malhumorado con él.

Si cualquier Jethi de las demás 3 ordenes estuviera en esa posición  no tendría mucho problema en hacer a un lado el trabajo para pasar un par de buenas noches con su compañera. Pero la vida quiso que Rise fuera de la Orden de Bilingord. El trabajo siempre estaba primero, el DEBER, escrito con MAYUSCULAS se les pegaba en la frente como una pegatina de parabrisas. Y la hora de bajar la guardia para divertirse un poco a menudo los encontraba solos.

- ¿Y bien Rise?- Pregunto Daniela levantando uno de los explosivos caseros.
- Ya esta todo listo. Tenemos suficiente C4 como para llevar a Karl volando hasta la luna. ¿Alguna novedad de nuestro invitado?
- Nada que reportar por ahora. Dijo Daniela. - Esta lejos todavía. Pero seguramente llegue esta noche.
- ¿Que tan tarde?
- Mmmm no lo se, ¿Por que?
- Porque no puedo poner los explosivos mientras allá luz de día.
- Esperaremos entonces.- Dijo Miranda. - No te preocupes Rise, va a salir bien.- Continuo Miranda. - Voy a buscar un poco de comida, ¿Queres algo Rise?-  El Dracida negó con la cabeza.La Jethi de Sigmund se alejo por la puerta del galpón.

Daniela empezó a reír tan pronto como la Dracida se fue. Rise le echo una mirada de reproche.
- ¿Que es tan Gracioso señorita Vounsheim?
La Avista se sentó sobre la mesa de trabajo y calmo su risa.
- Ustedes...
- ¿Y que sabes de nosotros Daniela?- Preguntó Rise con gesto de desgano. Ella continuo hablando orgullosa de su propia broma.
- Te dije que los Avistos tenemos una gran capacidad de análisis de los sentimientos de las personas. Si acá sigue subiendo la tensión sexual entre ambos esos explosivos nos van a matar a nosotros.
Rise le tiró la espada de él y de Miranda. La muchacha, aunque sorprendida, consiguió tomarlas rápidamente en el aire.
- Pensa en eso mientras limpias las espadas...y seguí pensando en Karl.

***

Camino a Witters,  Bar  The Forest Path Km 25 Ruta 4.  17:30 Hrs

Ahora en FM Love me, las mejores canciones del alma en "Solos en la noche"
Música

-  Me rompió el corazón ¿sabe?- Dijo Karl sentado en la barra al lado de un anciano de camisa de algodón a cuadros tipicamente leñadora. Era un trabajador local con acento autentico de Platino, casi inentendible para los citadinos de Blondres. Pero el Jethi de Frigord estaba familiarizado con el mismo gracias a su abuela Brown.
- ¡Pero era una belleza hijo! Mira que felices se ven juntos...
- Lo se buen hombre, lo se. Me dejo porque le dije que era inmoral que bailara en un club nocturno. Pero no porque lo reprobara ¿Entiende? Sino porque ella...ella merecía mucho más. Mucho más... había ahorrado dinero para que nos mudáramos a Amerika, a la parte donde tienen lindas playas ¿entiende?
- Si hijo, si...te comprendo. Tuve una esposa, murió hace unos años. La extraño con cada hueso de mi cuerpo...pero tengo a mis hijos. Ellos son como ella en otra forma ¿sabe?
- Hijos....siempre quise tener niños. Hasta había pensado en sus nombres, Peter y Paula. Hermosos nombres para niños.
- Seguro habrían sido buenos niños. - Dijo el Anciano palmeando su espalda. Pidió un trago más para él e invito a Karl con otro. Este lo aceptó. - ¿A donde se dirige? Creía que la ruta 4 estaba cerrada
- Lo esta, pero la compañía necesita que lleve este cargamento. Argumento Karl cuya cabeza comenzaba a nublarse debido a la cerveza y la poca comida de los últimos días.
- Usted parece un hombre muy trabajador y cansado hijo. Lo veo por la forma de su cuerpo y su cara. Ha tenido días difíciles.
- No se imagina...
- Yo también trabajaba mucho. Quería darle lo mejor a mi familia ¿sabe? Era policía de Oldbridge. Incluso en un pueblo tan pedestre como ese las rondas nocturnas eran interminables. Mi mujer se preocupaba mucho por mi...Cuando era más joven creía que lo importante era eso, el trabajo. Ahora, cuando mi esposa falleció me pregunte cuantas cosas podría haber hecho si tan solo me hubiera retirado 10 o 5 años antes. Tal vez ella habría tenido una vida más tranquila, sin preocuparse ¿sabe?, tomando el té en el pórtico de la casa los días de primavera.
- Lo entiendo...
- Si fuera usted hijo, entregaría el paquete y me iría al demonio. Buscaría a la chica de la foto, haría lo imposible por volver a conquistarla y luego...bueno, la vida dirá  Tal vez consiga un trabajo como remisero o algo que le permita estar más cerca de ella. Tendrán sus niños y su casa.

Karl, quien alguna vez rogó por tener un padre o un abuelo de verdad asentía con sus ojos húmedos  Se quito los lentes y se limpio la cara con una servilleta.
- Es gracioso ¿sabe Hijo? Cuando eramos jóvenes  o al menos cuando yo lo era, nos decían que vivíamos en un país libre, no como en Brusia donde todo el mundo hace lo que le dice un dictador comunista. Se supone que es nuestro derecho ser libres para hacer la vida que queremos. Pero, de alguna forma, en Himburgo o en este lado de la cortina de Hierro, no necesitamos de dictadores ni prisiones para hacer lo que quieren que hagamos sin chistar. Yo lo entendí de viejo, usted es joven. - El anciano dejo la paga para otro trago y volvió a palmear a Karl amistosamente. Luego le susurro al oído:

- Tómese otro trago. Le quedaran  10 Balbans. Pida que le den el cambio en monedas. Con la mitad de eso llame a la compañía y dígales que se vayan a la mierda. Con la otra mitad llame a la chica, vale la pena.

La Radio seguía pasando temas melosos. Había un grandote maloso al punto del llanto en la barra, un tipo que de ser otra la vida y otra la historia, habría sido no más que un gordo bueno. De esos que siempre invitan a cenar a sus amigos de la universidad...O uno de los Médicos que te dicen "No le dire que deje de fumar, porque soy un fumador empedernido, pero...tenga aquí estos folletos del centro de ayuda al fumador. Cuando lo sienta, llamelos"

Música

Karl levantó los ojos hacia las luces del bar. Pequeñas y redondeadas como las de un camarin.
Toda la vida haciendo lo que quieren los demás. Pensó. Pagó y le exigió su cambio en monedas, tal y como el sabio anciano dijo. Se paró de su asiento tras localizar con sus ojos el teléfono publico del establecimiento. El logo de la Centnel sobre el aparato cambiaba de color con los destellos de la iluminación del club.
Toda la vida haciendo lo que decía mi padrastro, después mi maestro. Más tarde Jhon y ahora los Dioses. Que se caguen ellos, todos y cada uno de ellos. Depositó las monedas con el rostro del emperador Alexander en ellas y las escuchó caer a pesar de la música,  rebotando entre otras como anunciando un Jackpot.

Marcó el código de Área para celulares. La voz de una grabación le preguntó si deseaba hacer una llamada de larga distancia. Con su dedo gordo apretó el 1 para "Sí". El sonido del tono cambio para anunciar que estaba tratando de comunicarse con el Celular al que estaba llamando.
Sí, a veces hay que preguntarse que quiere uno. Aun en el mundo de los Jethis no todo es Ordenes, Misiones y Deber. También hay vida, tal y como ese Rise del Bajo. Algo de su percepción Dracida le decía que ese llamado podía cambiar el curso de los eventos actuales. Cada bip del teléfono era algo que Karl estaba tirando a la basura, Liavenna, Dios, Los Dioses de la Mitología Dracida, el código Jethi, El código de Justicia de la Orden de Frigord.

Una vida caminando en callejones oscuros por cosas que ni siquiera me importaban en un primer momento. Noches interminables rompiéndome la espina para un montón de figuritas en estampitas, tipos colgados de cruces que ni siquiera esta probado que existen y recompensas entre mediocres y amargas.
- Su llamada esta siendo conectada, Aguarde por favor.
Creo que el único Ángel que vi en mi vida fue este viejo borracho. Más sabio que todos los Maestros de mi raza. 

El ringtone de Alaysa despertó a Crisald. Ella se sintió ligeramente inducida a atender el celular. Algo que no solía hacer, muchos tenían su numero, pocos su interés.
- Dice numero desconocido. Dijo a Crisald
- Debe ser algún telemarketer...-Respondió el Vlaind casi en sueños.
- No, voy a atender. Puede ser importante.
La tapita del celular se abrió con su clásico Klack. Karl escuchó del otro lado el sonido de una carretera, las voces de otros coches en la misma y el aullido del viento sobre la carrocería de su auto. La vio, la imaginó igual de hermosa que en la fotografia, la única imagen mental que le quedaba de su ex novia. Que era  lo mismo que decir que era la única imagen mental de sí mismo en estado puro, libre, como diría el parroquiano fugaz.
- ¿Hola?- La voz de Alaysa se le clavó como una flecha envenenada en el corazón  Dulcemente agotada, hermosamente despistada y cansada. Cansada como él de correr en círculos en la noche fría de Himburgo.
Al Jethi la voz se le atragantó.
- ¿Hola, quien es?
- Lay...la?-
- ¡Karl!- Gritó ella del otro lado de la linea.
- Hola..eeem..hola.- Siguió Karl sin saber que decir.

Algo ocurrió entonces. Crisald, despierto tras escuchar el nombre del sujeto al que iba a matar vio como las luces del Zitroen iluminaban la silueta de una mujer caminando frente a ellos. Desnuda y con ojos color amatista. Saludaba moviendo su mano derecha con una sonrisa de maldad y el encanto de un demonio ancestral.
- ¡Cuidado Alaysa! Grito el Vlaind.
Karl no escuchó el sonido de la fuerte frenada, ni a Alaysa tratando de conversar con el segundos después  Ni siquiera llegaron a sus oídos las puteadas de Crisald para con su compañera. Sólo la voz de una mujer, parecida o igual a la de su ex novia, pero en un tono bien distinto. Claro que no se trataba en lo absoluto de Layla.
- Vete al infierno Idiota. - Siguió a ello la maquina telefónica. Su Llamado ha sido desconectado por el receptor. Para volver a internarlo pulse...
Elmer se despachaba en risas en el camión. - Así se hace jefaza...¿Por poco y se nos escapa he?
- Por poco...- Contesto la voz de la mujer que hablaba a Karl. - No más Paradas en la ruta Elmer, cuando Karl se empeda se pone dificil de controlar.

La Risa de ella se hizo eco entre los bosques. Karl cortó el teléfono y volvió al camión con la cabeza gacha. La Radio seguía pasando canciones melosas cuando se marchó de allí. El compañero de tragos se había desvanecido en la neblina de la carretera hace rato, Karl nunca volvió a verlo. Si alguien preguntara quien era o de donde venía nadie sabría decirlo, por la simple razón que sólo Karl lo vio. Para el Barman llevaba una hora hablando solo.

Encendió un cigarrillo en el estacionamiento. Volvió a echar una mirada a la fotografía de Alaysa bajo las luces de neón del parador.  Apretó la mano derecha, fuerte, como si en ella pudiera encerrar todas sus frustraciones. Se demoró en los ojos azules de Layla junto a él saliendo del Cine en una primera salida. Se veían simplemente felices, no más, no menos.

Ahora Estaba parado con la cabeza gacha bajo la llovizna, fumando. Sintiendo el frió y la desolación de los alrededores. Al igual que cuando fue el único que asistió al funeral de su abuela a los 24 años de edad una gris tarde de octubre. O cuando el medico le dijo a los 21 que su madre sufría de un cáncer terminal. Igual de resignado la noche en que Layla lo dejo en su departamento de la Pallance Avenue.
- Supongo que algunas cosas, simplemente, no se pueden cambiar. - Dijo acariciando con el pulgar la fotografía. Se agachó y la dejo con cuidado en el suelo del estacionamiento. Poso sus ojos sobre cada linea, cada detalle. Desde su campera de cuero hasta los pliegues de su enrulada cabellera. - No, nunca te merecí.

En el norte Rise y Miranda tomaban mate esperando a que se hiciera la hora. Más cerca el uno del otro que de costumbre. Crisald se reía viendo a Layla intentando sacar el auto fuera de la canaleta del camino donde había quedado. Pero Karl se subía solo a la cabina del acoplado para marcharse hacia la noche.

Solo, como siempre...y por última vez.