domingo, 21 de abril de 2013

El Ritual de los Condenados XXVI

Capítulo XXI
"Take that look from off your face"*


*"Quítate esa mirada de tu rostro" Oasis -Don´t look back in Anger
Música
Daniela miraba la pistola nueve milímetros que Rise acababa de cargar para ella. A pesar de haberla disparado varias veces aun no se sentía cómoda ante ese pedazo de acero asesino. Debajo de la copa de un alto pino azulado y en compañía de la noche estrellada los Dracidas junto a la Avista  descansaban. Faltaban unas cuatro horas para el amanecer.

Miranda, acostada en un tronco caído se había quitado la campera de cuero y otros abrigos. Ahora solo llevaba la camiseta del Lanchester United que Rise le regaló algunos años atrás.  Con el cabello recogido y extendida sobre el cuerpo del viejo árbol parecía una citadina cualquiera, siempre y cuando no se reparara en los cuchillos, la espada y las dos ballers al costado del tronco y muy a la mano por si acaso.  Fumaba mirando las estrellas con un gesto de tranquilidad que Miranda solo se atrevía a tomar en la intimidad. Rise y Daniela estaban unos pasos lejos de ella. No la incomodaba, el Jethi de Bilingord ya la había puesto sobre aviso de esto.

- ¿Sola?- Preguntó Daniela con un dejo de queja y miedo en su rostro de adolescente.
- Sí. Es menos de un Kilometro sino me equivoco. Solo tenes que ir por la ruta derecho, entrar al pueblo y ver que no halla moros en la costa. Si no ves nada raro nos avisas. 

- ¿Y porque no podes venir conmigo?- Continuo quejándose Daniela. Rise le extendió el arma.
- Porque te guste o no ya sos una de nosotros, o algo así  Ya me asegure de que no hay peligro adelante, no te preocupes. Pero necesitamos de un segundo reconocimiento, en este caso visual. Algunas cosas se pueden escapar de mi Rettem.
- ¿Y si mato a alguien sin querer?- Preguntó Daniela tratando de encontrar la mejor excusa para evitarse el paseo por el lúgubre bosque. 
- De eso se trata en parte Daniela. Tenes que aprender a controlar esos impulsos. No hay que matar a nadie si no queres. Eso me decía siempre mi maestro. Todos tenemos esa posibilidad por lo general. - La tomó por los brazos y la llevó hasta el camino. - Ahora anda, a la primer señal de peligro volves. No lo dudes. 
- Sí Rise...- Dijo Daniela temerosa y algo compungida, como una nena castigada que tiene que hacer alguna tarea desagradable. Rise se aseguró de que la muchacha fuera en la dirección correcta hasta que la perdió tras la niebla. Tuvo la fea impresión de que no todo saldría como el esperaba, ¿Pero cuando las cosas habían ido en la forma planeada últimamente?

Volvió hacia el tronco donde Miranda esperaba. Bajó de la ruta y fue hasta la Dracida de Sigmund que ahora estaba sentada con las piernas entre sus brazos. Las botas brillaban, lustrosas y finas, su pantalón de Jean era una silueta que iba de azul a negro. Probablemente era la primera vez que Rise tenía tiempo para recordar lo mucho que le gustaba esa mujer, después de todo en el aspecto físico no había nada que reprocharle. Siendo incluso un grano en el culo lleno de orgullo y prejuicio aun podía parecer bella. Un verdadero logro, de Rise o de Miranda.

- ¿Ya te la sacaste de encima?- Preguntó Miranda cuando vio a Rise volver.
- No hables así  La pobre esta aun muy asustada, pero a todos nos ha tocado pasar lo mismo alguna vez. No hay nada allá adelante excepto un par de casas y una estación de gas. Pero eso nos da tiempo para nuestro pequeño Concilio Dracida, debajo de los arboles como debe ser.- Rise se sentó a su lado.
Miranda lo vio notoriamente cansado o preocupado. 

- Bueno, ¿Para que necesitas de mi "Amorosa" objetividad?
El Jethi miro al suelo y suspiro. Pedir consejos a Miranda era una buena idea si uno quería tener la certeza de que no se guardaría nada de lo que pasara por su cabeza. Aunque no era lo más sano para el autoestima.
- Decime...¿Como crees que estoy manejando nuestra pequeña operación?
- ¿Y cual es esa operación Rise?
- Mantener segura a la piba y llevarla al bosque lo más rápido posible.
Miranda recordó todo lo contado por su compañero en Oldbridge y dijo:
- Daniela tiene razón  no ha sido un fracaso gracias a los hados. En verdad ni siquiera se porque están acá en primer lugar. - Miranda buscó por debajo de sus piernas un mate que había improvisado con un baso de plástico traído de la casa de Rise, el termo era oriundo de su propio equipaje.
- ¿Como calentaste el agua?- Preguntó Rise  luego de beber.
Miranda le mostró dos de sus dedos e hizo con ellos una pequeña llama. 
- Ustedes si que son muy útiles...- dijo Rise.

- En mi opinión Rise, no estas haciendo nada distinto a lo que hiciste desde que te conozco. En verdad solo estas haciendo lo que mejor sabes, correr. Te escapaste de tu casa, de tu pueblo y de tu vida cuando paso eso de los milicos. Después estuviste en el bosque hasta que te dieron el rango de maestro. Volviste a la ciudad y te volviste a escapar cuando las cosas se pusieron un poco complicadas. Me sorprende que no lo hallas notado antes.

A pesar de que las palabras de Miranda eran dolorosas como cuchillos en su espalda, ella no dejaba de ser una Jethi de Sigmund y en su voz había un cierto tono de cariño o de calidez lo suficientemente sincero como para que esa amistad llevara larga data. El gesto de Rise indicaba que no estaba del todo de acuerdo...aunque sentía que debería estarlo.
- No digo que seas un cagon, sabes que pienso todo lo contrario. Si fuese así no estarías acá con ella. Las cosas se hubieran acabado en Troncor Street entregándola o librandola a su suerte. Pero por mucho que corran los dos de ese sujeto...Karl o quien sea que quiere a esta cosa no vas a lograr salvarla. Ella no necesita un guía de turismo, necesita entrenamiento. Si se acostumbra a ver a su primer referente como Dracida correr en la oscuridad ella seguirá ese ejemplo.

- ¿Y vos que hubieras hecho?- Preguntó Rise alcanzándole el mate a Miranda.

- ¿Yo? En primer lugar creo, creo y remarco la palabra "Creo" que la hubiera salvado al igual que vos. Pero habría matado a todos los hijos de puta que se cruzaran en mi camino. Los problemas se tienen que enfrentar en el momento que surgen, sino te van a encontrar cuando ya estés cansado de correr y no tengas más ideas ni fuerzas, como ahora. ¿Que detuvo tu mano a la hora de acabar con Karl en las dos o tres oportunidades que tuviste?

- Que a diferencia tuya, todavía creo en el código al que juramos obediencia. No hay que matar a todo el mundo para sentirse un gran Jethi.

- A tus enemigos no les interesa ese código Rise. Uno puede jugar a ser un caballero del rey en el bosque, pero afuera es muy distinto. Lo sabes mejor que nadie, mejor que yo. ¿Porque le tenes tanto miedo a un enfrentamiento a la vieja usanza? Se que te has molido a palos con tipos que son dos veces ese tal Karl y con criaturas mucho más complicadas que un Vlaind. Naciste para eso, te entrenaron para eso.

Sí, esa era una de las razones por las cuales Miranda era aun su amiga. A pesar que en carisma y amabilidad distaba mucho del viejo Mitril, la Jethi de Sigmund no había ganado el titulo de maestra Dracida por nada. Aunque no era la clase de persona que regala consejos y buenas palabras a sus compañeros, Miranda sabía como volver a poner los huevos de Rise en su lugar. De no ser por ella, quizás se encontraría en la ciudad trabajando en el gremio de la construcción o algo parecido. Aunque en este momento en particular, Rise soñaba con una vida aburrida, llena de estúpidas anécdotas sobre minitas y peleas de bar.

- A diferencia de los maestros de Bilingord. Dijo Miranda algo nerviosa al notar que estaba sacándose de encima las placas de acero que envolvían sus sentimientos y pensamientos más genuinos. - Los de Sigmund confiamos en que nuestros soldados encuentren la verdad por sí solos. A menudo uno podría repetirle la verdad en la cara a una persona y aun así no la reconocería.  Por lo que voy a evitar darte un sermón sobre el bien, el mal o el deber, como haría Mitril. Te tengo una propuesta...
- ¿Am?-
- Yo voy a seguir a Dani..digo, a E.T para asegurarme de que no se meta en problemas. Pero me voy a mantener lo suficientemente lejos para que no se de cuenta que estoy ahí  Mientras tanto, te dejo un rato a solas con tus pensamientos. Lo que sea que quieras saber sobre vos mismo, lo vas a encontrar en tus propias palabras y hechos.

Aja, y por eso Miranda quería siempre a Rise a su lado. Incluso contra su voluntad, el Dracida de Bilingord lograba sacar lo mejor de su persona y conocimiento, haciéndola sentir más humana y menos bicho raro que de costumbre.

En un gesto de cariño un tanto extraño por parte de Miranda, le palmeó las espaldas sonriendo y le dijo:
Sos un buen tipo Rise, como pocos. Pero a veces sos simplemente demasiado bueno..-
Rise se sonrió. - Voy a volver rápido, no te mueras.
Miranda se alejo por la ruta. 

***
"Creo que vamos bien Dani" Se dijo a sí misma Daniela cuando sus ojos alcanzaron el cartel de bienvenida de Witers Alley. A unos cien metros de allí divisó el anuncio luminoso de la Wako Oil, una empresa cuyo logo era un simpático castor con casco de obrero petrolero. El animal señalaba desde el Neón giratorio al establecimiento apartado y triste.  "Una Animalada de Rendimiento y Velocidad" se podía leer por debajo del mismo. Un cartel de pizarra al costado de la entrada anunciaba "Café, Minutas y Bebidas varias".

Daniela no tenía mucha experiencia viajando a lo largo del país como Miranda, pero sabía que no le sería difícil guiarse en Witters Alley, todos los pueblitos del sur de Himburgo se parecen. Riggensport no era muy distinto a este agujero perdido del mundo, lo único distinto era la comunidad fundadora. Witters era una comunidad tipicamente rural en Himburgo. Casitas bonitas depositadas sobre colinas divididas por muros de piedra prolijos. Bellos jardines, una parroquia, un restoran llamado Joes!, una oficina de correos. La silueta de tanques de agua recortando la noche y calles de tierra o de empedrado viejo. 

La Avista se interesó más que nada por la estación de gasolina, después de todo Rise había dicho que necesitarían un vehículo. Al dar unos pasos hacía ella le vino a la mente, inexplicablemente, el sueño sobre los pies descalzos andando sobre asfalto ardiente. Algo en ese lugar le era familiar aunque nunca había estado allí. Se detuvo en medió de la linea blanca que separaba los carriles de la carretera y observó con detención la entrada a Witters. Justo en frente de la Wako un enorme baldio estaba cercado por unas tablas viejas y despintadas. Entre los carteles publicitarios podían aun leerse las letras pintadas en negro

"Cocoon Club" 
Aeródromo Privado
Debajo una pegatina en letras coloradas rezaba:

Terreno en Venta
555-8895

Daniela pudo percibir muy dentro suyo una profunda sensación de angustia y de melancolía. Desentendiéndose de momento de la misión, la Avista llevó sus pasos hasta la cerca blanca, gastada y fantasmal. Alcanzó una puerta cerrada por un grueso candado compuesta de rejas al estilo militar que llevaba oxidándose unos cuantos años. Sus dedos pequeños se encaramaron en los espacios y una electrizante sensación de tristeza la golpeó en el pecho. Tuvo el deseó de ingresar allí. Pero volviendo en sí se alejó y aceleró el paso muy asustada en dirección a la Wako Oil.

Con su estatura baja y contextura física más bien pequeña la muchacha atravesó la puerta de la Wako, ocultando debajo de su campera la pistola Beretta. Un anciano la observó desde la caja y un hombre de mediana edad volteó su cabeza hacia ella cuando sonaron las campanitas de la puerta.

¿Por que estaba ahí?  Bueno, digamos que después de tantos tiros y corridas quería hacer algo normal. Estaba deseosa de cometer un acto estúpidamente cotidiano como tomarse un café y mirar la televisión del establecimiento. Aunque, sin olvidar su misión,  se poso cerca de la ventana que daba al interior de Witters Alley desde donde podía apreciarse la señal luminosa de una farmacia en turno. Había nafta y una farmacia, le faltaba la ferretería...aunque supuso que no sería difícil de encontrar allí.

El cielo estaba color bordo, como ensuciado por las nubes de la tormenta, o los jirones que quedaba de ella. En la calle principal las ventanas encendidas eran pocas, aunque algunos hombres partían a sus trabajos muy temprano, mayormente a las oficinas administrativas del pueblo más al este. La muchacha pidió un café al anciano y este le trajo algo parecido a aquello en un vasito de telgopor que no evitaba para nada que se quemara la mano con el humeante liquido negro. 

En la televisión (un viejo modelo Jopones Tashita) podía verse un resumen deportivo. Al parecer el New Tower no estaba rindiendo como se esperaba. Los periodistas anunciaban catástrofes para el famoso cuadro si es que el Director Técnico no cambiaba su estrategia. "¿Que no podrían comprar a ese tal Mezzi de Sargentina o algo así?" se preguntó Daniela luego de probar el "Cafe" negro de la Wako.

Ese fue el primer pensamiento estúpido en mucho tiempo. Como extrañaba pensar en las idioteces totalmente intrascendentes de la televisión  "¿Quien sería la nueva Miss Universo?" "¿Que van a estrenar en el cine el jueves próximo? " "Sera cierto que el pibe del delivery de Himburgish Pizza me mira el culo cada vez que bajo a recibir los pedidos de Jhon Trimberg como dijo la recepcionista?" 

"La vida humana, una turbina de aventuras en un vaso de agua donde uno siempre puede ahogarse" Daniela se metió un cigarrillo en la boca y fumó sin importarle el cartel de "Rogamos no fumar". Mas allá de que alguien la mirara mal, o hablara por lo bajo en la mesa de al lado, ¡Que Carajo! era un ser sobrenatural.  "Agradezcan pequeños humanos, si quisiera podría entrar en Shok y....probablemente desmayarme hasta que Rise venga a salvarme de nuevo..."

Estaba teniendo pensamientos más cercanos a lo que le deparaba de aquí hasta su muerte, sea mañana o dentro de 500 años. Lo que antes era muy importante de pronto se transformaba en algo totalmente superficial y estúpido.  Ya no la asustaba el hecho de que la tele anunciara lo peligroso de las calles de la ciudad. Debía estar alerta ante cosas un poco más complicadas que el robo de una cartera. Como por ejemplo, si un Vlaind le iba a volar la cabeza por haber tenido un mal día en su trabajo. Si algún Dracida creyera que era la re encarnacion del diablo y la buscara por todo el país para matarla. 

Ahora ya no era tan importante tener un novio bueno, sino que a su lista de prioridades sobre chicos debía sumarle el hecho de que, en lo posible no fueran Jethis. A ver si todavía les clavaba un cortaplumas en la nuca como a su primer tórtolo en Riggensport. Rise tenía razón  en parte era una gran mierda ser un ser como ella. Debió haberlo aprendido las mil veces que vio la serie de dibujos animados de los X Man en el Chikis mientras almorzaba. En ese momento soñaba con ser como Titania y cagar a palos a todos los boca floja del hotel. 

Ya era algo parecido a ella, con una pequeña diferencia. Meterle un puñetazo a un tipo y sentir su quijada quebrarse en el momento del impacto no era algo muy agradable, nada que ella habría soñado para su vida de chica. Estar tomando un café espantoso en el medio de la ruta escapándose claramente difería mucho del modesto departamento en el Alto Blondres con el que soñaba. La Beretta plateada no se parecía en nada a la caja de cosméticos que había señado en B-Bay el día anterior al tiroteo en su apartamento. Con mucha suerte, si todo salia bien como Rise prometía  podría tener una linda casita en el bosque de cuentos del que venía Miranda, aunque ella no tenía una actitud muy hadesca o elfica sin duda. 

Mientras Daniela conversaba con si misma como no lo había hecho desde su fiesta de 15, cuando creyó que ya era una mujercita, la campana de la puerta volvió a sonar. Sus oídos detectaron el peligro en la forma en que lo hizo. Como una llamada proveniente de las entrañas de la noche "Daniela Vounsheim, presentese en  el departamento de "Encrucijada" para decidir "Destino". Muchas Gracias"

Un hombre grande y corpulento llegó con una bufanda que le cubría la mitad de la cara.  En sus manos sostenía un bate de beisboll. La puerta del café de la Wako se cerró violentamente detrás de él, los vidrios temblaron por un momento. Instintivamente el muchachote primero observó desde sus ojos ojerosos a Daniela y luego al señor del establecimiento. Un pobre anciano con cara de pocos amigos, pero sin duda con una triste existencia como todos allí.

No sonó la alarma, ni tampoco hubo ladridos criminales. Primero se expandió entre los muros de la estación de servicio el golpe del bat contra la cabeza del anciano, cuyos lentes se partieron y cayeron sobre el stand de las golosinas, una de las manos del viejo dio con un frasco de caramelos que se esperacio por todo el lugar. 
- ¡Dame el dinero viejo!- Uno de los clientes se paró de su mesa, detrás del ladrón  Este saco un viejo revolver 22. - No te muevas pendejo.
El pobre viejo, tomándose la cabeza fue a la registradora con la camisa ensangrentada por la propia sangre de su frente.  Daniela miraba, como miraba en el Chikis cuando los monos se ponían excitados con el gatillo.

Dolorosamente Daniela supo que el señor que atendía apenas si ganaba algo de dinero con este improvisado café  Su pensión no alcanzaba a cubrir los gastos de su seguro medico. Cuando los ojos marrones de la victima vieron sus ahorros entrar en los bolsillos de este asaltante, los poderes de Daniela le indicaron que no era la primera vez que le robaban. 

"Daniela Vousnheim, esta es la ultima llamada...."
Música
Bueno, no habría Baby Shower con amigotas tomando el té y comiendo torta mientras hablan como cotorras. Daniela se paró de la mesa y se acercó hacia el ladrón  quien torpemente intentaba llevarse un cartón de cigarrillos "Dromedary" y le daba la espalda.

Tampoco Universidad de Abogacía al parecer, ni birretes volando al aire con mamá tomando fotografías del día más feliz de su vida (al menos apariencia). No, ni siquiera un Ken que la pasara a buscar en un convertible para pasear por las playas del sur. 

Daniela sacó la Beretta por debajo de su camperota y accionó el cerrojo. Sintió dentro suyo la fuerza descomunal del desagradable huésped amatista. Los testigos vieron sus orbes brillar como perlas. Su mediana estatura enfrentar la espalda gigantesca del chorro. Miranda también la vio desde el otro lado de la carretera.

El criminal se dio media vuelta al escuchar el arma accionarse y la apuntó con el revolver. Lanzó una risa estúpida,  rebajante. - ¡Ja! Anda a jugar a las Barbies nenita...- Le dijo mientras caminaba hacia la puerta sin perderle de vista.
- Solta el arma.
- Si....claro..
Daniela le quitó el seguro a la berettta. La fuerza dentro de su cuerpo, el fuego arrollador que le estaba cocinando la panza se preparó para enviar a la amenaza al infierno de la forma más efectiva posible. Pero la muchacha vio la cara del ladronzuelo, marcada por el hambre, la mala vida y seguramente mucha droga. Merecía muchas cosas sin duda, pero no la muerte. 

Miranda, al otro lado de la calle, se detuvo. "Veremos que tanta razón tiene Rise y si la cosa se pone complicada, entrara mamá osa" 

- Solta el arma y devolve la guita.- Daniela esperaba sonar como Robert Mitchum, pero se asemejaba más a  la de un ratoncito dentro de su cabeza. 
- ¿Queres que te vuele los cesos pendeja pelotuda?- Dijo el ladrón apuntándola.

Ahora su "Huesped", San Jorge o quien fuera le dio un fuerte tirón mental que estuvo a punto de hacerla caer. Los ojos centellearon de Amatista y el dedo de Daniela se fue al gatillo con deseos homicidas. Su frente sudaba, su corazón golpeaba el pecho como queriendo salir de allí.  Las piernas hormigueaban y las venas latían.

Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo,Matalo, Decia la voz de una mujer en su cabeza. La misma señorita que ahora viajaba en la cabeza de Karl no lejos de ahí  Damelo Daniela, Damelo.... Lo bueno de poder escucharla en entre sus oídos susurrando cosas malas era que podía controlarla. De lo contrario ya lo habría llenado de plomo. 

- Soy una Avista. No una Pendeja.- Daniela disparó, claro que lo hizo. Pero no a la cabeza, ni al pecho. Directo al hombro donde el sujeto sostenía el revolver. El arma cayo al suelo y el ladrón  atónito por estar viendo a esta súbita heroína cayo hacia atrás  La presión en la cabeza de Daniela disminuyo, había vencido. Finalmente había vencido...

Miranda ingresó por la puerta, golpeando con ella la cabeza del sujeto en el suelo. Tomo el Bate de Beisball 
- No creo que haya necesidad de....- Comenzó a decir Daniela. Miranda le dio un limpio golpe en la cabeza, El anciano se sonrió.  La Jethi de Sigmund fue hacia la muchacha para verificar que no seguía "en trance" , pero a juzgar por lo visto nunca había llegado a ese momento. En verdad acababa de usar sus poderes por primera vez sin perder la conciencia. 
- Buen tiro Dani. Le dijo Miranda palmeando sus hombros. 
- Gracias...- Le contesto ella con una sonrisa tímida de su parte.

Los presentes comenzaron a aplaudir lentamente a la muchacha. Ella se sonrió y trato de alejarse de los halagos. Miranda la retuvo:
- Disfrútalos, no vas a recibir muchos en lo que te queda por delante.

Los pocos habitúes de la Wako despacharon al pobre ladronzuelo entre cuatro y ellas volvieron donde Rise.


***

La última vez que Rise estuvo solo estaba borracho, en esta ocasión no tenía esa suerte. Fue hacia los arboles que crecían en el costado izquierdo del camino y divagó entre sus ramas y helechos en el suelo. Todavía llevaba la escopeta al hombro, encendió un cigarrillo.

"¿Que estas haciendo Rise?"
El Dracida se internó en el bosque lo suficiente como para que la luz de la luna ya no llegara hasta él. Vio un tocón y un viejo ficus derribado por la tormenta. Dejo la escopeta en un costado y se sentó. Buscó entre los bolsillos de su piloto alguna petaca de Whisky pero no tuvo esa suerte. El humo de su cigarrillo era apenas visible entre los inveterados arboles de Pent, viejos y algo vencidos ya por el tiempo. Aunque  mantenían cierta vitalidad.

"¿Sabes que mierda estas haciendo?" Se dijo a si mismo pasando sus manos sobre el cabello como intentando despertarse de un sueño o aclarar la vista, porque desde allí no veía nada bueno, con mucha suerte mediocre.  

No había ningún bar en las cercanías al parecer, ni parroquianos felices que escucharan las tontas historias de cada uno. ¿Porque se fue del bosque? Apenas podía creer que Miranda no lo supiera. "¿Como va a saberlo si ni siquiera le dije que la amo?" "Aunque es una Jethi de Sigmund, ya debería haberlo adivinado. Eso sería mucho más fácil, muchísimo más fácil" "Pero sabemos que no fue solo Miranda...oh si, claro que no fue solo ella. Hubiera bastado con empedarme una noche entera en el bar  y decírselo"

Se fue de allí debido a que la felicidad en Hosmusilias se le marchitaba con el paso de los años. A diferencia de muchos otros como él, Rise no encontraba su lugar en el santuario de los Dracidas. Aunque tampoco exactamente en la ciudad de Blondres. El único lugar al que Rise realmente pertenecía era a su casa en Oldbridge Town, con su madre y su padre.

Los bosques son lugares raros, saben que lo son. Son espacios cuidadosamente colocados por la tierra, nunca "quedan mal" en una pintura o a la vista de la ventana. No son un mueble viejo de esos que nos arruinan la decoración. Y en ellos siempre viven cosas aun más extrañas, en las entrañas de ese micro universo verde da la sensación que cualquier cosa podría pasar, o salir. Y en el caso de Pent, teniendo en cuenta su milenaria antigüedad eso era bastante palpable a ojos de Rise.

Ahora sentía que si cerraba los ojos podría escuchar aun los viejos discos de su padre en el living de la casa. Ver los autos de la época pasar por el asfalto y a los universitarios en sus camionetas chevrolet yendo a bailar al "Pitson Shelter" de la Avenida 8. 

Aun seguía ahí, no quería reconocerlo pero todavía estaba en su cama con una remera de los Ramones soñando con alguna modelo de la época mientras escuchaba pasos silenciosos desde el jardín. Nuevamente el recuerdo de aquella fatidica noche vino a él. Y no porque se hubiera ido, sino porque estaba cansado de apartarlo de él. Aunque pronto descubrió que no huía exactamente, sino que corría en círculos esperando en algún momento desembocar en otro lugar.

En la noche de los perros, los militares no entraron al pueblo con bombos y platillos como la mayoría de la gente cree. Una división de infantería acompañada por blindados ligeros se posicionó en las cercanías y monto un puesto de mando en Triton. Todo durante la hora más oscura de la noche. Tanto los camiones como los tanques fueron desprovistos de sus usuales números de identificación  Todo se arregló de una manera perversamente clandestina, no era momento de reprimir abiertamente, eso ya había salido muy mal en el 83 durante la revuelta en Witters Alley.

Una de esas personas que la gente llama "amigos", Timothy Supren era un infiltrado de la Ciberdrone en el sindicato de Ben Keneth, padre de Rise. Llevaba espiando para ellos desde el primer momento en que la fabrica fue tomada. Timothy era amigo del padre de Rise desde que salieron de la escuela secundaria. Pero la vida de proletario no le gustaba demasiado. Unos cuantos billetes de la Ciberdone Sistems, una bonita casa a las afueras y hasta un cargo jerárquico dentro de la nueva planta para el ensamble de Robots alcanzó para que Timothy vendiera a todos sus compañeros. 

La noche en que hubo disturbios con la policía Rise lo vio ser trasladado detenido, curiosamente el único esa noche que acabo en la comisaria de Triton. Se lo llevaron sin esposas entre dos corpulentos hombres de seguridad. Ni siquiera había estado luchando contra las fuerzas de seguridad, o al menos nadie lo había visto abocado a ello. 

Al día siguiente, mientras unos abogados de Blondres discutían el caso con el padre de Rise para sacarlo de la cárcel, Thimothy se encontraba en una tienda del ejercito Himburgues en Triton, señalando uno a uno a los cabecillas y recibiendo un portafolio lleno de dinero más dos pasajes a la exótica Columbia, donde la Ciberdrone le pagaría las vacaciones. 

Thomthy nunca llego allí. Aparentemente alguien intentó asaltarlo en el aeropuerto unas semanas después  aunque en el apuro quizás olvidaron robarle el maletín con más de 100.000 balbans. Nadie en el gobierno o en la Ciberdone quería a un arrepentido dando vueltas por los canales de televisión que hubiera visto los camiones y los blindados que portaban municiones de plomo traídas de Bukrania por contrabando. Claro que las balas de el ejercito era muy preciosas para ser usadas en este tipo de cuestiones.

"Era tan tarde que no podía escucharse ni el sonido de un ratón"  Recordaba Rise rememorando la frase con la que comienzan muchos cuentos navideños. El dormía en su cama y creyó escuchar alrededor de las  tres de la madrugada el sonido de pasos furtivos. Vio una sombra pasar junto a la ventana, luego otras dos. A pesar de haber tenido el valor para salir a romperse el marulo con la policía  el muchacho de quince años solo apretó las cobijas de su cama teniendo la peor sensación de angustia que alguna vez su cuerpo experimento. Sus manos empezaron a sudar y su frente también, pero nada, nada en este universo iba a sacarlo de la cama.

Una luz se prendió en la casa contigua, se escuchó el grito ahogado del vecino. Cuando asomó sus ojos verdes desde su propia ventana vio a un tipo encapuchado apuñalando a otro por la espalda, directo a sus pulmones, detrás de él su esposa, la señora Ramona, era arrastrada de los pelos por un segundo...¿Que eran esos tipos? O mejor dicho ¿Quienes eran? ¿Brusos Comunistas? ¿Ya habían llegado? ¿Ninjas Comunistas de Chonia?

A su corta edad, aun entendiendo mucho mejor las cosas que otros de su pueblo, Rise podía imaginar que la policía fuera una mierda. Pero no el Ejército, papá había estado con ellos en la segunda guerra mundial. Los boinas rojas habían acabado con los nazis. Podían ser rudos y brutales, pero no malvados. Volvió a refugiarse en su cama, su bunquer improvisado protegido por posters de rock and roll y una imagen de San Miguel que su madre le compró alguna vez. Una estatuilla que brillaba en la oscuridad sobre su mesa de luz.

Escuchó a su padre susurrar algo en el cuarto de arriba. Pasos rápidos de botas sobre su cabeza que indicaban que Ben estaba apurado. Luego unos gritos de su madre que intentaban contener el sollozo de sus ojos. El silencio siendo quebrado por pequeñas intervenciones sonoricas le provocaba una ansiedad tal que tuvo que saltar de la cama para, al menos, abrir un poco la puerta de su cuarto y escuchar mejor.
- NO BEN, NO EL REVOLVER.- Grito su madre en un alarido de espanto. - PENSA EN NOSOTROS.
- No te metas mujer.. están rodeando la casa, ya vienen.
Estas dos frases provocaron que el corazón de Rise se cayera al suelo y volviera a subir lentamente, las luces se destiñeron y las manos se pusieron calientes como planchas. ¿Que significaba "Estan rodeando la casa?"
El sonido de ropa contra ropa, algo que en la cabeza de Rise pareció un abrazo desesperado.
- No quiero perderte como a papá.- El abuelo materno de Rise murió en un accidente de transito cuando su madre tenía 4 años.
Ben intentaba tranquilizarla, aunque en sus susurros estaba dispuesto a continuar con la lucha hasta el final.

Desde la calle se escuchó perros ladrar y aullar, como en los viejos cuentos los lobos venían por los cochinitos  incautos y dormidos en sus casas de ladrillo. - No Ben, estoy harta de esto, harta, voy a abrir la puerta y vamos a entregarnos.
- ¿Te crees que nos van a llevar detenidos mujer? Nos van a meter a todos un balazo en la nuca y a tirarnos a alguna fosa común. A vos, a mí y a Rise.
- ¡No me hables como a uno de tus compañeros! Si hubieras sido menos Zurdo...
Slap.

Rise sabía como sonaba una cachetada, al menos en las películas de amor. Porque su padre jamás le había puesto una mano encima a su madre antes. Siempre discutían de política en la casa de los Kenneth. La abuela de Rise solía decir en sus visitas que la "Intransigencia política" de Ben iba a traer desgracias.

Y Ben escogió el peor momento para hacerlo, pensó que de esa forma iba a tranquilizarla. Pero su esposa corrió escaleras abajo, Rise vio su camisón blanco descender por las escaleras. Sus cabellos rubios sueltos al viento como los de una princesa en apuros, los pies descalzos de una santa tratando de no tropezar en la madera y sus manos levantadas hacia adelante como si estuviera tratando de atrapar algo que se le había escapado. Hoy, quince años después  tirado sobre el pasto de un bosque Rise supo que aquello que su madre trataba de atrapar era la cordura.

Música
Miranda tenía razón  Rise aun se encontraba saliendo de esa habitación siguiendo a su madre hacia el desfiladero, como en alguna historia nórdica.  Joven y lleno de miedo, el Dracida de Bilingord corrió detrás de ella pero no pudo sino rozar con sus dedos el camisón blanco. Se golpeó la quijada y las rodillas en ese salto mortal. Cuando miro a su costado su padre estaba sobre la escalera, armado con el viejo revolver traído de la guerra y sus ojos brillosos por las lagrimas.

Rise se levantó, sangrando por la boca por haberse mordido un labio. Cruzó hacia la cocina y allí estaba... ahí estaba.
"¿Que estas haciendo Rise" "'¿Acaso sabes que mierda estas haciendo?" Seguramente fue la primera vez que se hizo esa pregunta en su vida. Por que en la cocina su madre estaba levantando las manos en forma de rendición delante de un soldado del Ejército Himburgues armado con un rifle de asalto acompañado por un perro sacado del propio infierno. Un doverman del tamaño de sus pesadillas.

La luz de la linterna en el rifle del soldado le recordó a los reflectores que veía en la televisión cuando en las series se rodea un edificio. Por sobre el hombro del militar se podía apreciar el nuevo aspecto de su pueblo. Casas en llamas, luces rastreadoras, camiones negros cargando personas a los golpes y un Tanque derribando la barricada que su padre había levantado junto a él y a otros.

Esa era la foto de su vida, casi todas las acciones que vinieron luego se debieron a esto. Su mamá intentó escaparse y nunca pudo atraparla, su mamá se rindió y el nunca pudo perdonarla por ello. Ni siquiera ahora, con ella viviendo en el bosque de Mitril bastante alunada y loca.
- ¡Mamá!- Grito su voz, raspándose sus cuerdas vocales por la potencia inusitada de su voz. Ella giró su cara hacia él y tuvo el tupe de sonreír  - Anda a la cama cielo.- Atrás los pasos apresurados de su padre gritando el nombre de ambos-

Los Soldados del Ejécito, por ordenes del primer ministro  Pallance, no buscaban banderas blancas entre los obreros de Oldbridge. El milico accionó el cerrojo del rifle Fal y lo levantó hacia el pecho de su madre. Ben llegó por detrás y disparó con el viejo revolver. No fue nada Jethi lo que ocurrió ese día  a excepción de Rise, claro esta. La bala del revolver dio en el perro, la del F.A.L en el hombro de su padre. La sangre de ambos empapó al joven Dracida de ambos lados.

A partir de allí  cada vez que escuchara "Dont Look Back in Anger" recordaría a su madre sonriendole como si acabara de ganar una partida de Monopoly. El Rettem de Rise despertó definitivamente esa noche, en esos segundos en que toda su vida se le estaba cayendo encima como un castillo de naipes. De un solo empujón corrió a su madre y golpeó en la mejilla al soldado antes de que este pudiera salir de su asombro. Basto un puño para que quedara en el suelo.

En el Jardin de enfrente, en vez de las gemelas Filton jugando con sus muñecas, cuatro tipos  armados hasta los dientes saltaban la cerca blanca en dirección a su casa.  Cuando volteó su madre estaba sentada con las espaldas apoyadas en la alacena de la cocina llorando semi desnuda. Su padre se tomaba el hombro sangrando.
- Corre Rise, corre, yo te voy a encontrar, haceme caso.

Tomó el consejo de Ben y huyó por el jardín trasero con sus pies pinchándose en las piedritas que habían puesto allí a modo de adorno. Las manos se le rasparon al saltar la cerca divisoria. Salió a la calle con los pulmones y el corazón estallandoles. El cielo estaba iluminado por bengalas,  los camiones del ejercito rugían a su lado, uno casi lo atropella. Desde la parte de carga saltaban al piso docenas de militares armados. Muchos disparaban sin necesidad sus armas, otros apaleaban con las culatas a los detenidos en el suelo hablando de manera amenazante.

Corrió, sin mirar hacia donde, solo dejo que sus piernas lo llevaran a cualquier lugar fuera de esa locura. El viento le volaba los cabellos por los hombros y el frío se le metía en la entrepierna. Las balas de los F.A.L zumbaban por sus oídos,  sus pies desnudos se manchaban con la sangre de conocidos. Vio hombres derribar puertas con barras de acero. Otros tratando de subir a sus autos y ser sacados a los golpes. Muchos de sus amigos del colegio siendo encapuchados, con las manos atadas y amenazados por perros del ejercito, solo contenidos por gordos gozosos de su malicie. Oldbridge parecía un bosque encantado donde los perros no dejaban de ladrar un segundo. La batahola de gritos acompañada de aullidos caninos sería el sueño repetitivo que Rise nunca contaría ni siquiera a Mitril.

Estuvo cerca de acabar igual que muchos esa noche, un Jeep de los Royal Marine le salió al encuentro cuando se encontraba cruzando hacia la biblioteca estatal. Muchas manos saltaron hacia el con voces de alto que solo querían que se detuviera para mandarlo a algún campo de trabajo. Rise se liberó de ellos sin mayor problema, pero resbaló en el barro justo delante de las escalinatas de la vieja capilla de San Jorge.

El olor a tierra y mugre se le pego a la piel y a su cabeza para siempre. Los militares lo tomaron por una de las piernas y comenzaron a arrastrarlo en dirección al Jeep. Uno de ellos le dio tremendo golpazo con una porra que le hizo ver las estrellas. Pero tal y como se decía en el pueblo, la capilla obro otro milagro  La voz de alguien joven, pero con tono de autoridad retumbo entre las casas:
- ¡Basta!, ¡bárbaros!- Rise levantó la cabeza y vio a ese joven párroco  el Padre Merry, parado delante de la iglesia con sus ojos echando fuego.
- Dejen la locura, esta es la casa de Dios.
- ¿Conoce a este agitador padre?- Pregunto un Sargento.
- Claro que lo conozco, no es un terrorista. Ahora váyanse de acá si no quieren que llame ya mismo al arzobispo de platino y ustedes acaben limpiando letrinas toda su vida. Estas tierras pertenecen a la Iglesia Católica.
La Radio del Jeep, con su voz rasposa, llego detrás:
Papá Oso a Zorro, Papá Oso a Zorro, responda Zorro.Cambio 
- Aqui Zorro, adelante Papá Oso.Cambio
Perro Rabioso requiere apoyo en la estación de trenes. Varios civiles armados con armas de pequeño calibre. cambio
- Copiado  Papa Oso Vamos para allá. Cambio y fuera.

Cuando escuchó que el Jeep se alejaba Rise, exhausto,  se dejó caer allí.  El padre Merry lo levantó del barro y le limpio la cara. Lo alzó entre sus brazos porque el muchacho estaba casi al punto del desmayo (debido al Rettem, seguramente) Lo llevó de esa manera subiendo las escaleras de la capilla y le dijo:
- No te preocupes hijo, aca no ingresa ningún mal, sea del hombre o de Satanás.
Rise solo atino a decir
- Mi vieja...hay que salvar a mi vieja...
Quince años más tarde, en el bosque de Pent Rise se dijo a si mismo:
- Supongo que todavía estoy intentando atraparla..-

Vio a Daniela y a Miranda volver por la carretera, ambas hermosas a su manera.
- Pero esta vez, no se me va a escapar. -Se Dijo.





domingo, 7 de abril de 2013

El Ritual de los Condenados XXV

Capítulo XX

Un Mal Día en Oldbridge Town



Música
Hub Becker estaba sentado en su oficina administrativa en la planta de despacho de la Goodyes. La vieja radio Silco sobre el archivero anunciaba otra venida de lluvias y tormentas sobre el área Rural de la provincia de Platino y probables chaparrones en la zona norte de los suburbios. Becker miró por la ventana y se maldijo a si mismo por no haber traído un paraguas desde su casa. Había sido un día muy bonito, como pocos en mucho tiempo. Pero el fuerte resplandor solar que iluminó los campos unas horas atrás murió con el ocaso y dio paso a una noche larga, fría y aguada. 

El sonido de los portones se escuchó hasta el otro lado del patio. Uno de los camiones de la empresa venía de un largo viaje desde Lambridge y estaba estacionado lentamente cerca del área de descarga. La gorra roja de Bob Walton, camionero con más de 15 años en la empresa se podía ver asomando desde la cabina. La pintura amarilla del camión la hacia resaltar. Hub salió de su oficina a saludarle, era el ultimo viaje del día para Bob y tenían pensado ir en busca de algunas cervezas camino a su casa en el sur de Oldbridge. Pero tan pronto como Hub cruzó la puerta de su oficina vio una sombra arrastrarse por el muro, como bajando de él con mucho cuidado.  Bob también la vio y fue hacia el camión en busca de una llave inglesa. 

La Goodyes había sufrido algunos intentos de robo de mercadería en los meses anteriores, por lo que se había decidido poner un muro protector para la playa de estacionamiento de los camiones como ademas un par de guardias de seguridad privada. Sin demorarse mucho más, Hub fue en busca de los mismos temiendo que otra vez algún pobre diablo estuviera fantaseando con encontrar las joyas de la corona en el deposito de la planta.

Con su marcado sobrepeso y la panza contenida entre tirantes pasados de moda Hub Becker caminó entre los pasillos de la planta, un lugar para nada lujoso ni bien acondicionado. Un ambiente de machos, hierros, repuestos para los camiones, archiveros administrativos, cafés a medio terminar y cigarrillos abandonados en ceniceros de oficinas ya desiertas. Era tarde en la madrugada y la mayoría de los trabajadores se habían marchado a sus casas.

Hub llegó hasta la cafetería de la planta, pintada en un color verde espantoso y compuesta por mesitas de madera de baja calidad. Cerca de las planillas del menú posters de mujeres semi desnudas guardaban el ambiente, donde el único sonido que se escuchaba era de un viejo ventilador girando al mínimo de su potencia:
- ¡Custon!- Grito Hub. Pero no hubo respuesta. Se acomodo sus pantalones y fue a buscarlo al baño.
- ¡Custon! ¿Donde mierda te metiste?- Los pasos de Hub doblaron en el próximo pasillo hacia el cuarto de baño. Golpeó la puerta dos veces:
- ¡Custon! otro vago de Witters Alley se metió en la playa de estacionamien...- El sonido de un disparo grueso y apagado le llego a los oídos.  Gracias a Dios muy lejos de donde se encontraba. Pero Hub era veterano de guerra y sabía reconocer aun como sonaba una escopeta automática   

Decidido abrió la puerta. Solo su experiencia de más de 5 años en Alhastan pudo prepararlo para lo que vio. A los pies de los mingitorios cuatro hombres yacían muertos, tres de ellos decapitados, sus cabezas vueltas hacia arriba en un rictus de terror. Obviamente Custon estaba entre ellos, el brazo seccionado aun sostenía su arma 9 mm. El ventiluz del cuarto de baño estaba abierto, no había que ser Sherlok Holmes para saber que desde allí había ingresado un intruso. ¿Pero porque matar a los guardias de seguridad, esconderlos en el baño y luego salir de nuevo afuera al patio?

Era sencillo de adivinar si uno era un Jethi o un Vlaind. Cualquier arma blanca "inteligente" (tal y como Elmer) podría abrir el ventanuco y despanzurrar a cualquier pobre diablo sin sufrir un rasguño. ¿Pero quien llevo los cuerpos hasta allí  ¿O que los atrajo a todos al baño? No había rastros de sangre que llevaran desde el pasillo al baño. Obviamente Hub no reparó en estos detalles, porque era un hombre común. 

Hub salió de allí corriendo en dirección al teléfono en la cafetería. Los tubos de luz del pasillo pasaban a gran velocidad, la adrenalina provocó que la boca se le secara y el corazón se le agitara. Si bien el sargento Becker no recibió ninguna medalla por haber estado en el desierto luchando contra esos Hadjy si se llevó un millón de espantosas memorias y enfermedades provocadas por el síndrome de la guerra. Entre estas una insuficiencia cardíaca. 

Las manos sudorosas del pobre hombre intentaron tomar el tubo, se le resbaló entre las manos y lo cogió en el aire. Mientras marcaba con sus dedos gordos el numero de la policía vio la gorra roja de su amigo Bob venir desde la ventanita que daba al pasillo. Su bigote de camionero no lucia tan orgulloso como otras veces. 
- ¡Bob!- Dijo Hub. - ¿Por Dios que esta pasando?- 
Su compañero llegó al marco de la entrada de la cafetería con su vientre ensangrentado, sus gruesos brazos lo tomaban entre sus manos.
- Un idiota...esta..intentó..- Se sentó en una de las sillas.  En los oídos de Hub el sonido del pulso telefónico parecía perpetuarse una eternidad.
- Intentó robar el camión...pude darle con la llave en la cabeza...pero me alcanzó con un disparo antes. 
- Quédate tranquilo, ya viene la policía ..-  
El sonido de la puerta del pasillo abriéndose no tranquilizo ni a Bob ni a Hub. 
- Policía de Oldbridge Town- Dijo la voz de una mujer del otro extremo del teléfono. 
- Hola si, este, habla Hub Becker de la planta de Goodyes, algún enfermo acaba de...
El sonido del centro de comando de la Policía de Oldbridge al fondo de la comunicación fue interrumpida por una súbita estática.
- ¿Hola? ¿Hola?-
Hub creyó escuchar la voz de alguien o de muchos detrás de la granulada estática  pero no tuvo mucho tiempo como para reparar en ello.

Cuando la cara de su compañero Bob se convirtió en una de desamparo miró instintivamente hacia la ventana que daba al pasillo. Sangrando por la frente un hombre alto de tez caucásica y pelo bien peinado estaba allí.  Su mirada cubierta detrás de lentes oscuros a la moda, como si se tratara de un surfista californiano endemoniado. Su abrigo de cuero brillaba debajo de la luz blanca de los tubos y su brazo derecho se levantaba directamente hacia Bob apuntando con la escopeta.
- La llave. - Dijo roboticamente cuando entro a la cafetería. Hub todavía sostenía el tubo.
El camionero llevó sus manos a los bolsillos, pero el Caballero de Dios no tenía tiempo para el moribundo. Le disparó al pecho, sin piedad, sin contemplaciones y sobre todo sin necesidad. Aunque Karl estaba en un estado de "Gracia" demasiado nuclear como para recordarlo ahora, eso mismo había sucedido en la casa de los Larenthguer. Algo había provocado que en vez de matar a uno (el padre de Crisald) mataran a docenas. 

Sea lo que fuera aquello que hablaba con Karl ya se había devorado su cerebro. Se encontraba alojada como un parásito en sus cesos cambiando la paleta de colores de su realidad. Para el Jethi de Frigord era como experimentar un hambre que no deja de apretar en el estomago, un impulso violento  que desea llenar algún tipo de vacío en su persona y que para ello necesita, urge, de generar miedo y terror en los demás. Devorar sus voluntades para crecer y crecer hasta que sea momento de reventar y llevarse con ella todo el puto universo. 

Karl giró su cabeza hacia Hub. Detrás del Dracida apareció Elmer flotando a un metro del suelo.
Apresurese Jefe, la muchacha ya sabe que estamos aquí. 
- La llave. Repitió Karl a Hub. El hombre de mediana edad busco el llavero en el cinturón de su viejo y finado amigo y se la extendió, temblando como un niño.
- Que Dios lo bendiga. Dijo el asesino sonriendole sin mostrar los dientes y se marchó a la playa de estacionamiento. 
***

Daniela se gana sus Scooby Galletas



Música
La bruma se alzaba a los lados de la carretera. Rise, Daniela y Miranda llevaban caminando dos horas  luego del incidente ocurrido con la flecha dorada de Liavenna. La Jethi de Sigmund llevaba consigo a "La Niña", porque se había negado a dejarla abandonada en mitad del bosque de Pent. Esto provocó que avanzaran bastante más lento de lo que lo hubieran echo en condiciones normales. 

Otro contratiempo inesperado surgió luego de que levantaron sus cabezas de la canaleta. Cuando Miranda intentó encender su motocicleta (con la idea de ir al poblado más cercano y conseguir algún transporte adecuado para los  4 (porque la niña también contaba) la misma se negó a encender. Miranda cuidaba mucho a la "Niña", Rise no le había puesto ese nombre debido a que le recordara a la calavera de Colon. Sino porque efectivamente Miranda la atendía como si se tratase de un ser humano. Pero al no tener mucha experiencia con ese tipo de aparatos era Rise quien se encargaba de repararla o mejorarla. Los Jethis de Bilingord tienen aquel maravilloso don para manejar y arreglar cualquier vehículo o arma con la pericia de un experto. Sus amigos tienden a abusar un poco de estas cualidades de tiempo en tiempo...

En medio de las sombras del Bosque de Pent, en la carretera solitaria y fría  Rise la revisó por todos lados mientras Daniela sostenía la linterna y Miranda fumaba lejos de allí como esperando el parte medico de un familiar en problemas. Rise no encontró nada malo en apariencia, simplemente no arrancaba y ya. Para enojo de Miranda fue Daniela quien dio con la respuesta más plausible teniendo en cuenta el contexto 
-Tal vez esa cosa...la Flecha Rodada...
- Dorada, Flecha Dorada.- Dijo Miranda corrigiéndola.
- Bueno quizás eso le hizo saltar algún circuito.
- No, eso solo ocurre cuando se encuentran un Jethi y un Vlaind o cosas por el estilo, como paso en Troncor Street el día que escapamos de Karl. - Contestó Rise alcanzando el manubrio a Miranda para que llevase la moto consigo a pie. 
- No se. ¿Y si hubiera dos personas muy fuertes peleando aquí cerca?- Continuo Daniela, queriendo demostrar a Miranda que sus vacaciones con Rise no habían sido en vano y que era algo más que "un bicho raro".
- Pfff, por favor nena. Dijo Miranda con aires de superioridad.- He visto muchas peleas a lo largo de mi vida entre personas más viejas que este bosque y el radio de efecto de aquella onda magnética no supera los cien metros.

Daniela asintió  porque estaba consciente que Miranda nunca le daría la razón en nada. Aunque desde que salvo a su motocicleta la trataba con un poco menos de desprecio. Sin embargo no dejaba de desconfiar de ella.

Ahora habían pasado ya dos horas de aquel asunto y avanzaban en fila en dirección al norte. Rise tenía su escopeta sobre los hombros y su piloto verde se perdía entre los brazos de bruma que recorrían todo el lugar, cercado por los viejos e inveterados arboles de Pent. En su cara estaba patente una especie de satisfacción  como si se tratara de un Cowboy que viene de luchar con los indios y vuelve al pueblo para tomarse una pinta en el salón.

Daniela estaba sumida en sus pensamientos observando un extraño claro lunar formado en dirección al oeste y su cabeza no la dejaba tranquila. Mientras sus zapatillas transitaban el asfalto frío de la carretera y sus tobillos se enredaban en la bruma,  Daniela intentaba conciliar en un pensamiento coherente las sensaciones que invadían su cuerpo. Sentía que algo estaba mal, no particularmente allí, sino más bien en varios puntos.

La muchacha que Rise conoció en Troncor Street no era una chica callada ni abstraída,  era el entorno y las cosas que había visto en los últimos días lo que la había vuelto un tanto cerrada. Aunque la comparación era claramente maligna, Miranda no estaba tan equivocada al llamarla "E.T" por lo bajo. A menudo la encontraba mirando al cielo como embobada, con la blanca faz de la luna reflejándose en sus lentes.

Lo cierto era que en esos largos silencios Daniela estaba intentando utilizar lo poco que conocía de sus propios poderes para que le dieran una buena fotografía de la situación  Y si no lo dijo a sus compañeros de ruta se debía a que una vocesita en su cabeza le indicaba que aquello era lo más seguro para todos. Cosas peligrosas estaban sucediendo en muchos puntos de los alrededores, al sur, al este y al norte se concentraba una energía que a Daniela le era bastante familiar, bastante parecida al tipo de impresión que disparaba el padre Merry. Una suerte de fogata que se prepara lentamente para provocar un pavoroso incendio.

Cuando se encontraban en la camioneta, antes de que la misma volara por los aires había soñado con una hermosa flor blanca solitaria en un verde campo como de ensueño. Ese tipo de paisajes que aparecen en los wallpaper que incluyen como muestra los sistemas operativos. La flor se abría lentamente, cada jugoso y grueso pétalo se movía en la dirección correcta en el tiempo indicado. En el centro de esta podía verse una luminancia amatista que tomaba fuerza lo suficientemente lejos de su vista. También había vuelto a soñar con aquellos pies desnudos sobre asfalto ardiente solo que esta vez muchas patrullas de policía venían delante de las fueguinas piernas a toda velocidad con sus sirenas aullando en la bastedad de la ruta.

Podría ser un sueño cualquiera, podría ser solo producto de todas las cosas tan perturbadoras que vivió  Sin embargo en la cabeza de la muchacha ese retoño era ella misma. Daniela abriendo el capullo para mostrarle a los demás lo hermosa y lo peligrosa que podía ser cuando llegara la primavera. O lo aterrador de aquello que vivía en su interior, cubierto de hermosas imágenes que son solo el velo para algo mucho más macabro.

Cuando estuvo a escasos pasos de su compañero le habló en voz baja, como temiendo que el bosque fuera capaz de escucharla.- ¿Rise?

El Jethi de Bilingord estaba observando todos los alrededores con su vista aguda. A pesar de que en ese tramo de la ruta 4 no había tendido eléctrico  Rise (como todos los de su orden) era capaz de ver muy bien en la noche. Cuando Daniela se aproximó noto que los ojos de su compañero despedían un brillo casi imperceptible, de hecho imposible de notar si no se es parte del club de "Los Bichos raros". 
- ¿Que estas mirando?- Preguntó la muchacha.
- Me estoy asegurando de que no halla sorpresas desagradables delante y a los lados. Con el Rettem  un dracida de Bilingord puede ver en un angulo de 180 grados, también escuchar y sentir tan bien como un lobo estepario. 
- ¿Y hay algo?
- No, sí pude ver un par de jabalíes  a unos veinte metros de nuestra posición en dirección al sur. Dos venados cruzaron la carretera hacia el oeste a dos Kilometros de aquí.  Fuera de eso este lugar esta desierto y no se si alegrarme o preocuparme por ello. 
Detrás de Rise se alzo la voz de Miranda, siempre en ese tono de maestra ciruela que tanto la caracterizaba.
- ¿ Y a vos te dieron el rango de Maestro? Explícale a la piba como haces...en ves de decirle lo groso que sos. 

El Jethi de Bilingord volteó y le sacó la lengua a Miranda disgustado:
- Era lo que estaba por hacer, traga libros. - Rise se sentó a descansar un poco al costado de la carretera. Daniela y Miranda lo imitaron.
- Bueno Daniela, los Jethis de Bilingord usamos este tipo de trucos para entrar en territorios hostiles o guardias enemigas. Los Vlaind no pueden percibir el Rettem tan bien como nosotros por lo que llevamos siempre la ventaja en combates nocturnos o escaramuzas. 
- ¿Y como ves? Es una especie de visión nocturna o algo?
- No. No se "Ve" con los ojos solamente. En el bosque, a este truco se le dice "Unswig", que significa "Rastreador". Nos enseñan a utilizar el Rettem como si fuera un sonar de un submarino ¿Sí? Algo parecido a como funcionan los radares militares. Se lanza una onda hacia adelante que se encuentra con otros objetos o energías  Esa onda (que sería el Rettem nuestro) rebota contra dichas cosas y vuelve a nosotros con la información. Nos da una imagen mental de aquello que ha encontrado. 
- ¿Y a que tanta Distancia podes "ver" Rise?
- Eso depende de que tan bien entrenado estés y que tan fuerte seas. Se dice que Bilingord podía llevar su "Rastreador" por encima de las montañas. En mi caso, creo que no mucho más de  2 Kilometros, 3 con muchísimo esfuerzo. 
- Y para eso lo entrenaron toda la vida...- Dijo Miranda alcanzándole a Rise un poco de agua mineral.
- Ahora contanos E.T. Dijo Miranda - ¿Que dicen tus sensores? .
Daniela hizo silencio y miro a Rise como buscando su aprobación para hablar.
- Ya eres parte de esta alegre compañía Dani. Vamos, iluminanos con tu saber...- Dijo Rise en serio y en broma al mismo tiempo.

La muchacha miró hacia el sur y perdió su mirada en la carretera. Miranda pudo percibir de pronto como las pupilas de la muchacha tomaban aquel color tan misterioso, brillaron en la noche por tan solo un segundo y luego se apagaron. Consecuentemente, ella saco la mano de la culata de su arma de fuego.
- ¿De que Orden es Karl?- Preguntó de pronto la muchacha.
- Frigord. Contesto Rise levantándose y mirando al sur junto con Daniela.
- Ya no lo es, ahora es como yo.
- ¿¡Como!?- Pregunto Miranda.

Daniela se encogió de hombros y miro a ambos Dracidas tratando de sacar conclusiones:
- Bueno, así lo siento al menos.  Ya no me despierta la misma sensación que antes, es decir... el tenía un aura bastante atribulada, dubitativa, incluso había un dejo de nobleza en él.

Rise buffo y miró al suelo, pateo una lata de gaseosa que fue a parar a la canaleta a la izquierda.
- ¿Nobleza? Sea lo que sea que estas fumando, dámelo Dani. Ese tipo es repugnante.
- No dije bueno, dije noble. - Puntualizo Daniela. - Me refiero a que antes me daba una sensación más humana. Cuando trabajaba en el Chikis Karl siempre me daba miedo pero al mismo tiempo sabía que si se le diera la oportunidad el podría hacer una nueva vida. Siempre estaba hablando en el hotel con el jefe...ese Jhon, de que deseaba re emprender su vida y hacer algo mejor con ella.
- Son dichos de mono mesiánico Dani. Dijo Rise.
- Me parece muy interesante este comité sobre moral señores, ¿Pero que mierda pasa con ese Karl?- Interrumpió Miranda.
- Me refiero a que es como yo porque cuando a mi me dan esos ataques, mi parte racional desaparece, en mi cabeza todo parece muy claro. Como una computadora que lee números. Dejo de analizar la información  simplemente ejecutó.  Si ustedes no tienen mucha idea de como funciono yo menos. Ahora Karl esta en esa misma fase.
- Bien por el. Dijo Miranda yendo a buscar la moto. - ¿Y eso en que nos afecta?
- Que viene a buscarnos, con toda seguridad. Dijo Rise
Daniela asintió.
- Entonces solo tenemos que matarlo. ¿Cual es el problema señores? Dijo Miranda. - Es uno contra tres o dos en caso que E.T no pueda ayudarnos.
- Ya no sera igual, si es verdad lo que dice Dani entonces vendrá cambiado. No sera tan fácil Miranda, primero Daniela le encajó siete tiros, uno de ellos en el ojo. - Dijo Rise tratando de hacer entender a Miranda. Daniela vio un cambio en él, no era exactamente miedo pero tampoco euforia. Por un segundo le recordó a un Halcón que se prepara para volar. Eso la hizo sentir más segura a su lado.
- Karl se levantó como si le hubiéramos tirado con pistolas de cebita. Segundo, como 9 policías del pueblo lo volvieron a llenar de plomo, pero salio caminando de ahí. Caminando..
- Es un Jethi de Frigord, ¿Que esperabas Rise? - Contesto Miranda. - Tendrían que haberle cortado la cabeza cuando tuvieron la oportunidad.
- Con todo respeto...-Dijo Daniela siempre tímida y con la mirada gacha. Se sentía como en una discusión entre papá y mamá. - Creo que nunca fue un Jethi de Frigord...del todo al menos.
Miranda iba a preguntarle a Daniela que podía saber ella de estos asuntos, pero Rise la detuvo y dejo que ella hablara.
- Emm, muchas cosas que no tienen lógica sucedieron desde que salimos de Troncor Street. Primero que nada ese Vlaind que entró a mi departamento no tiro del gatillo cuando pudo hacerlo. Después nos escapamos del edificio al día siguiente teniendo delante a todo el Chikis disparando contra nosotros. Cuando se suponía que debía hacerlo o tuve mi oportunidad, no mate a Rise. Algo lo impidió...

Miranda podía ser muy obstinada, pero sabía reconocer cuando las cosas no tenían lógica alguna. Rise le había contado mayor parte de la historia que ahora rememoraba E.T y ciertamente no tenía mucho sentido. Ella misma había visto Dracidas morir en situaciones mucho menos peligrosas.
- ¿Osea que la providencia nos ha traído hasta aquí?- Continuo Miranda en tono de burla.
- Al menos eso cree Karl y con ello le bastaría para levantarse aun si lo pisara un tren. Apunto Rise. - No me gusta creer en esa clase de chapuza religiosa como saben. Pero lo que sea que esta atrás de Dani, ahora esta con Karl.
Miranda frunció su cejo.
Daniela interrumpió a Rise:
- El punto me parece que es el siguiente...- Daniela se llevó su mano a la barbilla y escogió bien sus palabras. Tenía deseos de que Miranda cerrara la boca luego de que ella hablara.
- Así como Rise puede "ver" con su Rettem, lo que sea que tengo yo alberga una increíble capacidad para analizar los sentimientos y anhelos más profundos de las personas. Desde el primer ataque que me dio a los 11 tuve la habilidad de conocer en profundo el corazón de las personas, ¿En eso estamos de acuerdo verdad?
Los Dos Dracidas asintieron.
- ¡Bien! en mi opinión ese conocimiento puede ser usado para dos cosas dentro de este mundillo de criaturas sobrenaturales y poderes. Para ayudar a las personas a encontrar su camino, digamos, o bien para que sigan el que a uno mejor le parezca.  Si ya de por si es posible manipular a alguien sin ser un mago, imagínense si pudiéramos conocer en detalle que quiere de su vida cada persona y que esta dispuesto a dar por ello.

Como dije, Karl era la clase de persona que vive esperando una oportunidad para rehacer su vida. Y seguramente en cada momento  en particular ha creído encontrar ese sentido. Pero como todos sabemos, a nadie le llega un fax de Dios diciendo que es lo que necesita hacer. Por lo que Karl va de fracaso en fracaso frustrándose cada vez más, lo que lleva a uno a terminar haciendo cosas como trabajar para los Dragones Negros.

Los Dos dracidas la miraban atónitos,  a Miranda le llegó a asustar la forma de hablar que tenía la muchacha, le recordaba a su maestra de meditación en el bosque. Daniela continuo:

- Ahora bien, alguien o algo con el suficiente poder como para mantener esa esperanza viva en su corazón podría desbarajustarle el cerebro sin mucho esfuerzo. Karl es de Frigord, ya esta marcado por...no se como lo llamaran ustedes, pero digamos el "destino" su tipo de personalidad. Alguien que siente placer a la hora de hacer justicia. Un tipo realmente enamorado de los viejos tiempos de leyenda. ¿Realmente creen que le sería difícil a alguien convencer a Karl de que él es un enviado de Dios? Es lo que todos los tipos como él esperan, como esos locos en Amerika que pasan de ser pastores evangélicos a asesinos seriales. Solo se necesita un empujoncito y un poco de fuegos artificiales para hacer saltar los pocos caramelos que quedan en el frasco de ese tipo de personas.

Miranda hizo un chiste, pero en un sentido más cariñoso que de reproche:
- Bien cerebrito, ¿Y que sugieres que hagamos? ¿Debatimos con el sobre el diseño inteligente?-
-  Lo que Dani quiere decir es que Karl esta totalmente cegado por una especie de...No se, una voluntad superior a él y a nosotros. Por eso se levanta y se levanta. Y va a venir hacia nosotros al grito de "Fi..Fa..Fo..Fu!" hasta que lo matemos. No podemos esperar que se rinda y probablemente nos siga hasta el bosque así tenga que pelearse contra toda la policía de las tres provincias en el camino.

Miranda asintió. - Bien, me gusta como esta resultando nuestro pequeño grupo. Te ganaste tus Scooby galletas Daniela. ¿Y que vamos a hacer Capitán Kenneth?

Rise no esperaba esa pregunta y por un momento no supo que contestar. Por lo que la evito transitoriamente. - Seguiremos el plan original, iremos camino al pueblo más cercano o en busca de un vehículo. Daniela, siempre obediente  se puso en marcha. Rise se acercó a Miranda y le dijo:
- Dentro de un rato voy a necesitar de tu amorosa objetividad.
- Ya era hora...


***
Música
Las copas desnudas de los arboles delante de "El Eden" arañaban la noche, intentaban llegar a las estrellas con sus nudosos dedos. El oficial  Willy esperaba dentro del patrullero mientras sus compañeros conversaban dentro con el Botones de la Hosteria.  Nada importante había pasado jamás en Oldbridge Town. Apenas algunos casos de robos menores, discusiones de pareja y muertes debido a accidentes de trafico.


- Sí, el Enfermo que están buscando esta aquí  Es el cuarto numero 304 y una vez lo tengan, por favor saquen el disco de Edith Piaf. Nos estuvo torturando con eso toda la noche...- Dijo el botones, alzando su voz por sobre la música conversando con la policía.
- ¿No ha salido del cuarto?- Pregunto uno de los oficiales.
- Solo una vez, un poco antes de que ustedes llegaran. Pidió el disco que están escuchando y nada más.
- Sera chiflado pero culto. Bromeó un cabo.
- Callate Parkson...- Ladro Starson, el Sargento.



Starson, el viejo sargento de la estación de policía más cercana llegó caminando hasta el patrullero con una mueca en su rostro. La chaqueta de cuero oficial del departamento y la gorra con una guarda de cuadros blancos y negros se asomo por la ventanilla:
- Willy, llama refuerzos. Según el botones el sujeto que buscamos esta acá  - Dijo el oficial de unos 60 años con su vos rasposa. 
- ¿El maniático de la biblioteca?- Pregunto Willy asustado. 
- Ajam, al parecer se encerró en su cuarto. Debe estar armado así que andaremos con cuidado, creo que entre los cuatro podremos. 
- Pero no sería mejor esperar a los refuerzos sargento...recuerde que mato a siete policías. 
- Siete idiotas del barrio rico tomados por sorpresa. Llama y quédate acá por si las cosas se ponen jodidas. 
- Sí señor.

Starson, un policía de esos que la gente quiere en el barrio y le invita con café, mate o torta frita, caminó hasta la hostería mientras las gotitas casi diminutas de una lluvia le golpeaban el cuero de su chaqueta. Otros tres de sus hombres esperaban en el hall, uno de ellos ya estaba tomándose un café de la maquina expendedora del hotel. 
- Bueno muchachos, adelante. - Dijo Starson. Miro hacia el Botones con el cejo fruncido. - ¿Cual dijo que era el numero del cuarto? 
- 304, En el primer piso, justo el del medio. 
- Bien, vamos.
Al botones le sorprendió la facilidad o la tranquilidad con la que Starson se tomaba la cuestión  Antes de que comenzaran a subir las escaleras el recepcionista pregunto:
- ¿Va  haber tiros?
- Esperemos que no llegue a eso, aunque si fuera usted me iría de aquí. 

Starson y sus hombres desenfundaron sus 9 milímetros y comenzaron el ascenso hacia el cuarto de Karl. Cuando arribaron al pasillo, Strason tomó la delantera y se posiciono al costado de la puerta con su numero  304 brillante bajo la tenue luz de las lamparas. Con sus espaldas en la pared toco la puerta dos veces.
- Abra, es la policía. Le doy 10 segundos ¿Escucho?
***

Tan pronto como llegó al departamento de policía la información de que el sospechoso se encontraba en el Eden, 9 unidades móviles salieron del garaje aullando como maníacos  Las luces rojas y azules iluminaban las fachadas de la avenida 7, todos los comercios allí se vistieron de ambos colores mientras los automóviles de la policía local rugían por la acera junto a dos camiones que contenían la unidad de apoyo.

- Oficial Timing. Dijo por la radio el líder del operativo. Willi levantó la suya en el patrullero. - Si señor.
- Escuche, voy con dos agentes de la MI5, no se muevan de donde están y no abra fuego a menos que el lo haga primero. El alcalde no quiere otra masacre como la de la biblioteca, llegaremos en quince minutos como mucho. 
- Si señor. 
La caravana de las fuerzas de seguridad se desvió al este por la calle 45 en dirección al Eden. Para ello deberían cruzar el nuevo puente que pasaba por el arroyo Limonero, como se lo llamaba comúnmente allí. Las calles estaban desiertas y los vidrios empañados debido al frió.

Willy habló por el Handy a su capitán pero este no encendía  Lo revisó y volvió a intentarlo  su voz se perdía en un eco de interferencia. - ¡ Capitán!- Grito desde la ventanilla del patrullero. La lluvia se hizo más pesada y constante. El oficial Willy tuvo la inefable sensación de que cosas muy malas estaban por ocurrir allí  en el poblado de paz de Oldbridge. Sus zapatos se resbalaron en el barro producido por las lluvias. Nuevamente intentó comunicarse por Handy pero de este solo emergió la sombra de una voz, si es que era tal cosa, en medio de una estática tan inteligible como perversa.
"Idu Era Sivallion "

Starson dejo pasar  15 segundos en vez de 10 antes de derribar de una patada la puerta. Al no recibir ningún tipo de respuesta hizo unos pasos hacia atrás y le dio un fuerte patadon a la madera.  Algo allí hizo "Clank" o tal vez "Plip" Ninguno de los tres tuvo siquiera un segundo para adivinarlo.

Desde la entrada Willy pudo ver la mitad del primer piso volar en cientos de pedazos. El polvo y las llamas de la explosión iluminaron todos los alrededores, cientos de cristales y esquirlas cayeron sobre Willy y su patrulla. La sirena de la misma murió con un grito ahogado. El fuego iluminó los arboles aledaños como endemoniados pinos navideños.

- ¡Jesus Maria!- Grito Willy corriendo a ponerse a cubierto en caso de que otra bomba estallara. Porque eso, sin lugar a dudas había sido un explosivo colocado por el enfermo mental de la biblioteca.

Entre tanto, los refuerzos de la policía se acercaban al puente. El conductor que dirigía el primer carro en la caravana prestaba atención al camino con sus antinieblas encendidos. Los campos a los costados, en posecion de terratenientes estaban vacíos a ecxepcion de algunos animales pastando allí. Las gotas de lluvia chocaban contra el parabrisas y todos los oficiales dentro de los autos se preparaban para la Redada. Desde su posición se podían ver las ventanitas de la hostería mas allá del puente en la ladera norte del arroyo Limonero.

- Apresúrate Chilton.- Dijo el jefe del operativo, un hombre canoso y de lentes.
- Si señor.

Cuando Chilton volvió a poner sus ojos sobre el camino noto que alguien caminaba en sentido contrario por el costado de la ruta, era una mujer alta de cabellos muy largos color negros y aparentemente se encontraba desnuda. Sus senos fueron por un instante iluminados por las luces de los coches patrulla. En los 3 Segundos que pasaron antes que la rebazaran, uno de los policías hizo un chiste guarro, Chilton tuvo un escalofrió al ver los ojos de esa mujer, quizás fueran la luces de sus sirenas, pero centellearon en amatista. La mujer, alta y de cuerpo humano aunque con aires sombrios saludo con sus manos pequeñas. Chilton se distrajo de esta extraña visión cuando la radio emitió sonidos extraños. Algo parecido a los gritos de Willy...

Cuando el jefe del operativo levanto la suya para saber que estaba ocurriendo Willy se le adelanto. No hizo mucha falta en verdad, todos vieron la explosión del otro lado del río unos segundos antes, excepto Chilton que había visto a la extraña figura femenina.
- ¡El hijo de puta acaba de volar La Hostería  Necesitamos unidades adi- La interferencia se transfirió a todas las radios de los demás agentes. Los sobrevivientes juraron haber escuchado voces en sus aparatos. Voces como lamentos escondidos detrás de la interferencia.
- ¿Que mierda esta pasando ahí Timing?- Dijo el jefe del operativo pero mientras su radio solo recibía la transmisión especial desde el infierno (porque a eso sonaban aquellas voces) el compañero que conducía le advirtió:
- Señor, creo que viene un camión de frente.
- ¡Pero si cerramos la carretera!, ¡esquivalo!. - Era tarde para eso, dos de los 9 vehículos ya estaba en la mitad del puente de un solo sentido cuando la fachada de un camión de la Goodyes apareció  El pobre diablo tocaba su bocina en vano mientras veía al camión de acoplado doblar en dirección al puente a una velocidad más que suicida.

En la cabina, el siniestro conductor de tez blanca y cabello bien peinado hacia atrás  accionó los cambios para imprimir a su transporte la mayor velocidad posible. - Fue buena idea Elmer. Dijo Karl a su compañero filoso. Desde su ventana podía ver el patrullero clavar los frenos desesperadamente, resbalando debido a la nieve y lluvia acumulada en los últimos días. Dos hombres bajaron  y saltaron al río congelado.

El Goodyes se llevó por delante el primer auto como si se tratara de un tren. El metal chirrió,  saco chispas que iluminaron los lentes oscuros de Karl. El primer patrullero sirvió de ariete para los otros siete, muchos de ellos tratando de desviarse a un costado. Con muchas toneladas a su favor Karl los empujó como si fuera un niño que juega con autitos de carrera. La Brigada especial, que llevaba dos agentes de la MI5 salió a tiempo de la carretera y bajaron de la caja de la camioneta abriendo fuego contra la parte delantera del Goodyes.

Karl sacó una mano del volante y levantó de debajo de su asiento el rifle F.A.L. Fue increíblemente certero para la velocidad y la posición en la que estaba disparando. Tres de los miembros del equipo especial fueron aniquilados como patitos en fila esperando ser cazados.  Lo último que vieron los agentes del MI5 cuando
paso junto a ellos fue una señal de Fuck You por parte de un gélido Karl en dirección al norte, a Pent, a Daniela, Rise y Miranda.