domingo, 31 de marzo de 2013

El Ritual de los Condenados XXIV

Capítulo XIX
Godzilla Escapa del Tendido Eléctrico

Dos pasos hacia atrás.  Crisald no encontró el abismo que buscaba para lanzarse, pero sí la mesa ratona del living compuesta de vidrio y madera. Su cuerpo cayó sobre ella y los cristales se deshicieron debido a su peso, los lentes oscuros volaron fuera de su rostro y cayeron cerca de él. Sus ojos quedaron observando una de las lamparas que había traído de su casa cuando se mudo junto a Liena al Penthouse. Estando así en el suelo, aun con algunos vidrios pequeños cortandole la piel Crisald pensó que el piso era un lindo lugar donde quedarse, tal vez para siempre. 

Parte del equipo de Katiana ingresó a la habitación para observar a su Jefa matar al ya famoso Crisald Larenthguer. Se había corrido el rumor de que media dos metros de alto y que era capaz de cambiar de forma. Quienes participaron del tiroteo en Dites Corner dijeron que Crisald echaba el fuego verde de Rolando por los ojos. Otros aseguraban que podía matar a los hombres solamente haciendo uso del característico terror que le acompañaba. 

Crisald no se sentía tan famoso ni hubiese recibido esos halagos de buena gana si es que alguna vez los escuchara. Mientras una de las manos de Katiana  iba hacia su espada larga, la otra se transformaba en una  gorda garra de combate. El Vlaind de Rolando recordaba ese momento en que Godzilla queda atrapada en los cables de tensión bajo el acoso de Mothra y Battra. Cuando vio esa película en el micro cine de la mansión de sus padres a Crisald le parecía ridículo que una criatura como Godzilla fuese vencida por dos contrincantes tan básicos:  Battra estaba bien, después de todo,asustaba...pero ¿Mothra? "¡Por favor, es una mariposa superdesarrollada! (y muy marica por añadidura)" decía. 

Ahora mismo Crisald también había sido engañado, lo habían llevado hasta los cables de alta tensión y aunque movía sus garras como Godzilla en la película intentando escapar, nada de aquello parecía surtir efecto, por el contrario lo enredaba más y más hasta que, sencillamente quedara frito.

- Viertan la gasolina, yo me encargo del muchacho. ¡Rápido monigotes!- Los hombres vestidos de negro y llenos de keblar comenzaron a  vaciar los bidones de nafta por la casa, sobre las fotos de Crisald y Liena, sobre la madera de la alacena y la alfombra del living.
- Bueno pequeño Larenthguer, hasta aquí llega tu aventurita. Una lastima lo de mi sobrina, pero veras.- Dijo Katiana caminando hacia él con la espada en alto, reflejando ya el rostro de Crisald en el filo. - Para hacer una tortilla hay que romper un par de huevos. Cuando toda esta mierda acabe seremos nosotros los que tengamos el control de la Nación.  Hace tiempo que Illagros y otros como yo queremos borrar de la faz de la tierra a ese grupo de maricones que dirigen nuestros destinos. Los leones del Ramkkara llevan mucho tiempo dormidos...Este asunto de los Avistos los despertara...Solo a través del miedo los Vlaind se arman y salen a la conquista, eso prueba nuestra historia. 

Crisald estaba desarmado, excepto por la Desert Eagle, el resto de sus pertenencias habían quedado en la casa de Layla, entre ellas su espada. Alguna parte de su cerebro le indicaba, sin mayor entusiasmo, que debía luchar, matar a esta zorra y a sus zorritos. ¿Pero luego que?. No tenía respuesta a esa pregunta. La muerte de Liena no estaba en sus planes, ni siquiera en sus más crudos análisis de posibilidades. 

- Hasta nun..- La ejecución de Katiana fue interrumpida por uno de sus monos.
- Jefa.
- ¿No ves que estoy matando a alguien idiota?- Contesto ella enfadada. 
Los ojos de Crisald fueron hasta el muchacho, un hombre de voz y aspecto joven a pesar de que el pasamontañas le tapara la cara, el Vlaind podía ver sus ojos y los mismos estaban llenos de duda y de temor. Entre sus manos enguantadas sostenía una MP5
- ¿Prendemos el fuego ahora o cuando usted acabe?-

"¿Que hacer?" se preguntaba Crisald mientras Katiana discutía con aquel pobre novato. "¿Que hacer ahora...? ¿Dejamos que los chicos malos se vayan con sus planes consumados y se cierre el telón  ¿El héroe se pone de pie y salva el día? Pero no hay nada que salvar excepto yo...

Mientras otros de los hombres de Katiana operaban en la casa posicionando las bombas incendiarias, uno de ellos tiro la mesa del teléfono  a pocos pasos de Crisald. El mueble caro de madera cayo cerca de este y un portaretrato del día de su boda dio a parar justo delante de sus ojos. Los dos sonreían para el fotógrafo del casamiento, un Landesiano que no había dejado de verle el busto a su esposa desde que llego al lugar. 
- ¡Bueno! entonces pongan los detonadores para dentro de quince minutos, esto no va a durar mucho más. Grito Katiana-

La sonrisa de Liena en la fotografía era la misma que recibió en el callejón del Dites. Igual de pura y sincera. Su esposa había muerto, es cierto. Él se sentía responsable, él era responsable. Sí. Pero ella había recibido dos disparos en su hermosa y blanca espalda para que pudiera vivir. Aunque no tuvo tiempo para redactar un testamento o una carta de despedida, seguramente sus ultimas lineas hubieran estado escritas en color rosado diciendo "Cuídate mucho Cris, ¡te amo!" con una carita sonriente garabateada al costado. 

El Novato preparaba los detonadores cuando sintió un ligero dolor de cabeza, como una puntada justo por arriba de la nuca. Atribuyo esto a la tensión y continuó programando los detonadores de ultima generación  Alguien le dijo detrás suyo: 
- Jhon, apúrate que no tenemos mucho tiempo. La policía ya viene para acá.

Música
Jhon se dio la media vuelta para conversar con su compañero, pero no encontró ningún comando allí  sino más bien una criatura repugnante llena de postulas supurantes y larguísimas orejas membranosas, despedía un hedor a podrido similar al de la basura cuando esta se acumula por mucho tiempo y sus ojos eran ahora  dos prominentes cuencas amarillentas inyectadas en sangre.

La boca del monstruo mostraba unos dientes afiladisimos listos para arrancarle la cara de un mordisco. Aunque extrañamente, la expresión del monstruo era algo cómica en verdad... cómica y aterradora.

- Adelante, hazlo. Dijo Crisald pero con una sonrisa que Katiana no supo interpretar.  Parecía alegre. A su lado Jhon estaba abriendo la boca como un buzón mientras su compañero lo miraba extrañado.
- ¿Que te pasa Jhon?- Pero el novato no escucho nada de eso. Aquella cosa, parecida a un Gremling le hablaba con su boca babeante. "Vamos a cenar tus testículos esta noche Jhonny"

Katiana miró hacia el pobre muchacho, percibió un olor muy ácido y penetrante. Alguien se había meado encima. Cuando bajo la vista pudo ver un charquito en la alfombra que crecía y crecía. 
- ¿Y ahora que mierda te pasa Jhon? ¡Es un truco mental Idiota!- Dijo Katiana, que al descuidarse no pudo ver como Crisald llevaba su mano hacia su Desert Eagle, lenta y amablemente.

Cuando el comando miró hacia donde hablaba Katiana pudo ver una criatura igual de espantosa, solo que esta vez, en su mirada tenía un parecido a Godzilla, como si fuese un modelo a escala. - RAAR RAARR RAAR- le decía mientras sus garras poderosas se acercaban hacia el lenta pero inexorablemente. El truco a Crisald le salio bien, su zona oscura había penetrado la mente de Jhon, aunque lo de Godzilla fue un error que se calo de sus propios pensamientos, eso a veces ocurría generando que la victima tuviera visiones bastante distintas al mismo tiempo.

Aqui están Jhonny, vienen por ti...se van devorar tus testículos y usaran tus tripas de guarnición .
Jhon dio un salto hacia atrás cuando su compañero quiso ponerle la mano en el hombro. El solo vio un garraso dirigido a su yugular. Sudaba frió  su piel se había puesto tan pálida y su corazón le latía tan fuerte que le golpeaba el pecho debajo del Keblar. 
- ¿Quien mierda trajo a este enfermo a este grupo? Sáquenlo de acá y terminemos con esto de una puta  vez.
Ahora te tomaran entre sus garras para arrancarte las viseras mientras te mantienen con vida, porque la carne muerta no tiene tanto gusto ni es tan tierna , he Jhonny?

- ¡ Aléjense de mi!- Grito Jhon cuando los brazos de Godzilla se elevaron sobre él para sacarlo de la habitación. Crisald actuó rápido y como el rayo giró sobre si mismo y abrió fuego sobre Katiana. Dos orificios rojos emergieron de sus hombros. La sangre cayo en la alfombra al igual que la espada que sostenía. 
Con su psiquis destruida por el Vlaind de Rolando, Jhon comenzó a disparar a todos los Gremlins que había en la habitación,un total de cuatro sin contar, Godzilla que continuaba hablándole muy enfadada con él por intentar matarlos a todos "¡Raar Rarr RAAR!"

Crisald saltó hacia la cocina, rodó en una vuelta carnero y logró que uno de los soldados de Katiana perdiera el equilibrio. Este estaba armado con una escopeta automática.  Ambos lucharon por el arma  mientras Jhon se cubría detrás del sofá favorito de Liena. Los disparos de sus ex compañeros despanzurraron todo el mueble caro mientras el devolvía fuego. Ahora los Gremlins, aparentemente estaban armados con pistolas y rifles. 

Crisald comenzó a forcejear con el comando que estaba en la cocina. Le dio un puñetazo, pero este no soltaba la escopeta. Ambos cayeron cerca de la pileta del lava platos. Crisald vio brillar el triturador de basura cerca de él. Haciendo uso de todas sus fuerzas se desenredo del amarre de su enemigo y le metió la cara en el triturador y lo encendió  La nariz del pobre sujeto quedo echa pedazos en un solo segundo, la sangre broto por toda la pileta y la cara de Crisald. Una vez el comando aflojo el arma para tomarse su desaparecida cara el Vlaind de Rolando tomó la escopeta y lo envió al otro mundo.

Dos compañeros del caído dejaron de prestar atención a Jhon para ir a por Crisald. El Vlaind de Rolando se cubrió en la estantería que dividía los ambientes y disparo la escopeta. El Keblar de uno se deshizo como si estuviera compuesto de porcelana. Su cuerpo se elevó del suelo para caer dentro del cuarto de baño. El segundo deshizo con su MP5  la alacena donde se guardaban los condimentos. Crisald devolvió el fuego y el pasamontañas de su enemigo desapareció tras el estallido de sus cesos. 


En el living Jhon buscaba una granada para deshacerse de Godzilla. El idiota la lanzó sin sacar su espoleta debido al terror y los nervios. La misma rebotó en la cara de Katiana y dio a parar en el reproductor de música de Liena. Como si su fantasma rondara la casa, el mismo se encendió cuando la granada golpeó el botón de "PLAY" la música brotó de los alto parlantes como vomitada desde sus negras y redondas  fauces.
Crisald no iba a luchar con Katiana honorablemente, porque nadie allí tenía un ápice de aquella cosa llamada Honor. Apuntó directo a su espalda pero uno de los comandos se interpusó en su camino, disparando como loco con una Uzi, Crisald se agachó y el soldado solo atino a darle a la colección de platos chonos de porcelana de su esposa.

- Eso costo mucho dinero amigo..- Le dijo Crisald tras volarle una rodilla con la itaca. El sujeto cayo al suelo como un costal de papas tomándose la herida. Desde el piso el príncipe de los Larenthguer le quito el cuchillo que llevaba en la cintura y se lo enterró en la garganta. 

Jhon continuaba tirando con todo lo que tenía, las balas que no daban en su blanco ametrallaban la cocina haciendo volar los azulejos, los vasos y adornos. El estante de cubiertos cayo a pocos centímetros de Crisald. Haciendo cuerpo a tierra como en la colimba (de la cual escapo por estar en el extranjero) el Vlaind se acercó hasta los talones de Katiana, que descargaba todo su poder de fuego sobre el enloquecido Jhon. Sacó el cuchillo de entre sus dientes y se lo envió de lleno en la pantorrilla. Katiana perdió el equilibrio y cayó al lado del Vlaind tras un grito de sorpresa y espanto. 

Otros dos comandos entraron en el apartamento, ya sin balas Jhon opto por la mejor opción  Al grito desesperado de "¡ Están en todos lados!" se lanzó por la ventana panorámica del piso en el que estaba. Cayo en la vereda ante la atenta mirada de muchos transeúntes que escuchaban el quilombo proveniente de la torre. 

- ¡Matenlo infelices!- Grito Katiana mientras forcejeaba por el cuchillo con Crisald. Pero ambos rodaban de un lado al otro como un trompo y sus hombres no podían encontrar la forma de hacer un disparo seguro. La Vlaind de Gerardie abrió sus fauces a pocos centímetros de la cara de Crisald y su dentadura "Colgate" se convirtió en dos mandíbulas de las cuales brotaron colmillos filosos y malolientes, llenos de veneno. Un solo rasguño que perforara la carne y adiós Crisald. Con  los ojos de Katiana volviéndose las cuencas de un espantoso reptil, el Vlaind de rolando intentaba por todos los medios escapar de su mortal mordida y ensartarle de buena vez el cuchillo.


Vio su oportunidad cuando quedo sobre su enemiga con la cabeza apuntando a sus secuaces. Se arriesgo y soltó una de las manos que sostenía el cuello de su contrincante y prendió fuego verde a la entrada del apartamento antes de que ellos pudieran disparar. Debido a la gasolina y los explosivos (aun no colocados del todo) los tres salieron volando derecho por el pasillo del edificio  y aterrizaron en la puerta del vecino. Las llamas se prendieron rápidamente a las cortinas de la casa como también a la alfombra. 

- Voy a matarte Crisald, así me tenga que quemar el culo juro que voy a matarte.- Le dijo Katiana sacándose al Vlaind de encima. Crisald se dio la espalda con la mesada de mármol de la cocina. La mujer, cuya ira estaba patente en sus ojos tenía el cuchillo que Crisald le clavo en la pierna, su bello rostro era una deformidad que comenzaba en su prominente dentadura. El Vlaind de Rolando saco una cuchilla Shintzu de la mesada.

- ¡Porque no te morís de una vez y nos dejas en paz! ¡No vamos a volver a la Humillacion de la Derrota! ¡Nunca!- De aquella boca nacida de algún vídeo juego al estilo Resident Evil tres serpientes negras emergieron lo suficientemente rápido como para que Crisald no pudiera cortarlas antes. Una lo tomo por los tobillos y la otra por el brazo en la que sostenía el cuchillo.

Las criaturas se enredaron tan fuerte en sus miembros que por un segundo el Vlaind de Rolando creyó que le arrancarían las extremidades. Claramente no estaba peleando con Sarcant esta vez. Otra pareja de negros y finos reptiles emergieron de Katiana tomando sus miembros restantes. Levantó a su enemigo por los aires y comenzó a golpearlo contra el mármol de la mesada. Llena de odio y de vergüenza  Katiana estaba realmente dispuesta a morir allí si aquello ayudaba a los propósitos de su hermano. Volver a las viejas épocas y no dar tregua a los enemigos de la nación.

El cuerpo de Crisald chocó contra el suelo, la alacena y el microondas varias veces. El Vlaind solo esperaba que sus manos alcanzaran, en algún momento, cualquier tipo de objeto filoso. - Te iras al infierno junto a toda tu familia y ya no vas a romper más los huevos por acá Crisald. - Decía Katiana, la ultima víbora  (aquella que emergía del centro de las otras cuatro) fue vomitada por la Vlaind de Gerardie, larga y silenciosa tomaba posición en el suelo para entrar directamente por su boca y arrancarle los órganos desde dentro. Mientras tanto, Crisald seguía siendo un muñeco de trapo maltratado por alguna malvada niña.

Aquel ultimo reptil se acercó siseando hasta las piernas abiertas de Crisald y formando una s con su cuerpo se preparó para saltar directo hacia él. No le tomaría mucho tiempo entrar por su nariz o la boca, si es que Crisald gritaba de dolor. Sintió sus asquerosas escamas recorrer sus piernas, su lengua bifida probando la carne que devoraría.

El truco para este tipo de situaciones (que ya se han repetido en muchos años de guerra civil) se llamaba simplemente "Fe". Se usaba cuando todo estaba demasiado perdido en el campo de batalla o cuando era necesario un milagro para dar vuelta los acontecimientos. Llevaba la fuerza de un vlaind de Rolando a limites insospechados. Aunque claro que tenía su costo, pasado el ataque, el esfuerzo era tal que apenas si uno encontraba las fuerzas para moverse. Teniendo en cuenta que había un incipiente incendio en la casa de Crisald probablemente no era la mejor opción, pero sin duda era la única.

De los lentes de Crisald Katiana vio como se proyectaba una luz dorada que los atravesaba  como reflectores que se encienden y se apagan rápidamente  Todas las puertas de la alacena se abrieron a modo de Polstergueit y la heladera tembló y se cayo al suelo. Las Viboras comenzaron a ponerse incomodas, algo estaba quemandolas, algo muy fuerte y ardiente como para que sus delgados cuerpos pudieran resistirlo.

Las llamas de la entrada enfurecieron, se levantaron como siendo alimentadas por algún combustible, el vecino juraría que vio a las llamas convertirse en Leones de fuego por un segundo, rugiendo, alzando su grito de guerra. Las ventanas de los tres pisos superiores estallaron, incluyendo los del apartamento de Crisald. El Vlaind de Rolando movió sus brazos hacia su pecho y las víboras fueron arrancadas de la boca de Katiana. Una sangre negra y pastosa cayo de la boca de la Vlaind. Las otras que sostenían sus piernas sufrieron igual destino. Aquellas cinco hermosas criaturas se revolvieron de dolor en el suelo chillando y gimiendo.

Crisald fue hacia el cuchillo Shintzu y se preparó para la ultima ronda del combate. Katiana, dispuesta a luchar cuerpo a cuerpo (pues creía que en esto tenía la ventaja) transformó ambas manos en garras y permaneció con sus colmillos al descubierto. Detrás de ella las llamas ardían cada vez más, devorando los últimos siete años de vida del Vlaind.

Katiana  amagó un movimiento hacia su vientre. Crisald se corrió pero recibió en el lado derecho un garraso. El príncipe pudo sentir el frio y duro material de aquellas harpas entre las costillas, la visión se le fue de foco por unos segundos, las garras habían entrado muy profundo en su cuerpo. Aun así fue capaz de encajarle la cuchilla en la garganta antes de que ella pudiera alejarse de él.

- Que te mueras bien muerta, ¡puta!- Le grito Crisald hundiendo el filo hasta el mango.
Ella no pudo emitir sonido alguno, pero su rostro se mostraba profundamente enfadado debido a la situación  - Morite, morite, morite. Dijo el Vlaind retirando la cuchilla y enterrándola varias veces en el pecho de su victima. Cuando ella dejó de moverse Crisald tenía el aspecto de un enfermero de la primera guerra mundial.

El hedor a sangre y lo pegajoso de la misma le dieron nauseas. Hizo un movimiento tambaleante para caminar hasta la salida, porque el fuego ya estaba devorándose toda la entrada de su hogar. Pero vaciló y cayo sobre la mesa de la cocina, junto a un cenicero y una botella de whisky. 

Tendido cabeza abajo vio como las llamas crecían rápidamente. No podría arrastrarse por el suelo antes de prenderse fuego como un papel de diario que se echa a la parrilla. Tampoco salir caminando con esa ventilación para sus pulmones que le dejo Katiana antes de morir. A medida que el incendio se propagaba hacia el comedor y le comenzaba a sudar la cara debido a la temperatura Crisald busco a tientas sus Lucky Blend. Vio la Desert Eagle dorada sobre la mesa reflejar la imagen de su propio hogar yéndose al demonio. A esta altura la mayoría de los comandos debían estar huyendo como ratas de allí  apretando el paso y encendiendo el motor de sus camionetas. El Vlaind de Rolando intentó encender el cigarro sintiéndose alguien que esta a punto de ser fusilado. Logró prender el pucho y soltó, cansado, muy cansado el zippo dorado. 

Escucho ruido en la entrada, unos gritos de una mujer. Tal vez fuera Liena, quizás estaba viva todavía  tal vez ella había simulado todo con su gran inteligen...no, lamentablemente no. - ¡QUE MIERDA HICISTE CRISALD!- Grito una silueta del otro lado de las llamas. Claramente no era Liena.. Un aire fresco provino desde la entrada, una fragancia similar a la de jazmines le llegó a la nariz por un instante. Escuchó pasos de tacos altos moviéndose rápidamente hacia él. 

- Tengo que sacarte de acá ..- Unas muy bellas tetas le rosaron la cara. "Que bonito parece morir" Se dijo a si mismo.
- ¿Me escuchas Crisald?. Los dos faros azules de Alaysa estaban sobre él. Su rostro (que Crisald veía de cabeza) se agachó para besarle la cien. - ¿Crisald estas vivo?- Las pestañas bonitas y los ojos bien pintados. 
- Hola...- Dijo con sus ojos hinchados por el humo...
- Quería cocinarte algo Layla, pero tuve que luchar un poco con la carne...estaba dura.
Ella frunció el entrecejo y se rió sin querer hacerlo. 
- Estas loco.
- ¡Bingo!- contesto Crisald.  Ella lo beso en los labios. 

El reproductor de Liena lanzó su ultima pista antes de derretirse mientras ella lo cargaba para sacarlo de ahí.





viernes, 22 de marzo de 2013

El Ritual de los Condenados XXIII

Capitulo XVIII

De Frente al Abismo De Uno Mismo


La bola espejada en el techo disparaba cientos de luces sobre los concurrentes a la fiesta. Había papel picado, música de moda y muchísimo alcohol, como también todo tipo de drogas. Crisald estaba junto a la barra con sus amigos de la universidad observando y juzgando que tan buena (o que tan mala) era la fiesta organizada por el Gran Barón de la ciudad de Merlin, Hellens.

Sus juveniles ojos, de apenas diez y ocho años de vida atravesaron las siluetas, las cabezas y espaldas negras danzantes frente a él para fijarse en la mujer que conversaba animada junto a un tipo de color. Un codazo de Rodrigo lo golpeó en el costado derecho.
- ¿Que estas viendo macho?- Preguntó su amigo humano con dos grandes vasos de cerveza en su mano que acaba de retirar de la barra. Recién llegaban y estaban ansiosos por comenzar a celebrar el fin de curso. 
También se celebraba la victoria numero  60 en las elecciones nacionales de la regente de Hellens, quien como en los últimos 60 años no había encontrado un competidor que quisiera presentarse al escrutinio. Pero no importaba, las cosas en Hellens siempre habían ido bien y al parecer así seguirían por muchas décadas. Como decía un afiche de campaña "Que  las cosas sigan bien...más les vale que las cosas SIGAN BIEN"
- ¿Quien es la chica esa?- Preguntó Crisald vestido con una remera y unos Jeans. Nada que acostumbrara vestir desde hace algún tiempo últimamente.
- Ni idea Cris. Pero esta tremenda...

A unos diez metros de allí  la mirada azul de la muchacha de cabellos rubios y nívea tez se cruzaron con los de Crisald. A su lado, un hombre de color le susurró algo al oído y ella pareció reírse  Fue la primera vez que  el Vlaind de Rolando la vio sonreír y, aunque muchos otros bultos en la pista (descocados, borrachos y drogados) le impedían ver gran parte de su cuerpo, bajo las luces esquivas de la pista Crisald tuvo la impresión de que esa mujer era la más bella en todo el  lugar. Como buen Príncipe  el joven y alegre Larenthguer no se podía ir de la fiesta sin llamar su atención al menos. Estaba acostumbrado a ganar en todo lo que se proponía , sea en el Fútbol,  jugando al truco o al Mortal Kombat. Con cada trago frío que recorría su garganta llenándola de fresca cerveza (y nubes de vapor en su cerebro) Crisald iba juntando fuerzas para ir en dirección a la misteriosa Vlaind en el centro de la pista, acompañada por lo que parecían guarda espaldas. 

- ¿Quien es, Rodrigo?- Volvió a preguntar al cabo de unos minutos mientras sus amigos formaban un circulo en el boliche conformado por todos los egresantes del curso. 
- Ya te dije que no se Cris. Pero parece la hija de un presidente o algo parecido...- Respondió el muchacho, 
- ¿La Hija de un Presidente?- Preguntó Crisald tras lanzar un fuerte eructo.
- No dije que era...pero parece....
- ¡LA HIJA DE UN PRESIDENTE!- Rugió Crisald levantando sus ojos hacia el techo donde giraba la pelota de espejos, elemento que siempre le recordaría a la estrella de la muerte en Star Wars. 

Estando en un primer estado de embriaguez, Crisald caminó hasta la barra para pedir más cerveza. En su casa era difícil cometer excesos como estos, su madre no miraba con buena cara que "Cris" se juntara con humanos y mucho menos que fuera  a fiestas de este tipo. Pero mamí y papí estaban cruzando los mares del norte de Hellens. En algún  salón muriéndose de aburrimiento en discursos del "Club Pomposo Himburgues" .

Pero él estaba aquí  en Hellens. Un lugar donde todo parece muy correcto hasta que el reloj marca las  12 de la noche. Todo tipo de clubes nocturnos se llenaban durante el receso de clases con sus puertas bien abiertas para que una masa de jóvenes y de turistas los llenen con sus hormonas descontroladas en la Reperwang, calle de Merlin conocida por todos los putañeros culposos de la nación teutona.

Rodrigo lo acompaño hasta la barra, Crisald sacó un manojo de billetes y los desparramó sobre la barra. La Aria muchacha se sorprendió al ver toda esa cantidad de Balbans delante de ella. Crisald Dijo en un muy perfecto Helleniano:
Geh, ruf einen Krankenwagen, wenn Sie wollen (Vaya llamando a la ambulancia si quiere)

La muchacha se río y comenzó a cargar del barril toda la cerveza que Crisald podía pagar con su modesto poder adquisitivo.

El Vlaind se paró de puntas de pie para localizar a la mujer que había llamado su atención
 - Vos espérame acá y vas a ver que vuelvo con ella de la mano Rodrigo...- Dijo Crisald apartando, sin mayor cuidado, a Analeth. Una chica Landesiana que lo había histeriqueado en el curso durante los últimos tres años de su vida. 

Sus amigos le habían dicho que esta vez, Analeth estaba interesada en él después de que se enterara la posición de sus padres en el país del norte. Según su círculo intimo en esa fiesta se le iba a "Regalar" y quizás la única razón por la que el Vlaind asistió a dicho festejo en vez de que quedarse a leer libros sobre cine (como era normal en él durante esos años) era debido al imperioso deseo de cojer y dejar a Analeth. Así de simple y así de satisfactorio. 

Cuando Crisald empezó a caminar o a tambalearse en dirección a la muchacha Rubia (La hija de un presidente, pensaba) Analeth lo tomó de la mano al grito de "¡Hola Cris!". Pero su filtreo se perdió en una fuerza mucho más poderosa que la de su histeriqueo, quizás la potenciaba algo que ya actuaba por entonces en la vida del Vlaind de Rolando. Bufó y le dijo algo a su amiga en el oído, Crisald se perdió en un mar de gente. Aunque Analeth solo vio  alejarse  una chequera del tamaño de un portaaviones.
Había un pasillo entre toda esa multitud, un corredor mágico como el camino amarillo que Dorothy encontró en el mundo de Oz. Como si el Moisés del amor hubiera dividido los mares de personas que los separaban el piso lustroso del boliche estaba abierto para él. Para que se casara con la hija de un presidente, según soñaba en su delirio etílico.  Se ajustó la remera y los cabellos (ya en ese entonces largos) y caminó hacia ella y su séquito de guardaespaldas como si se tratara de Jhon Trabolta. 

Ella lo recordaría y reiría sobre ello muchas veces, comentándolo en reuniones familiares.  Crisald comenzó a bailar en dirección a ella de una forma tan patética que terminó por ganar su simpatía  Haciendo alarde de los movimientos aprendidos en el entrenamiento Vlaind, parecía que Crisald era capaz de mover sus pectorales como si se tratara de tambores, su expresión seria y pretendidamente sensual hizo estallar en risas a la mujer.

Llego hasta ella, dos de los monos delante de la mujer se interpusieron entre ambos. - ¿Que pasoooo? - Dijo Crisald casi cayéndose delante del hombre de color que lo aferró con fuerza de una manera para nada amistosa. 
- Esta bien, déjenlo...- Dijo la muchacha tratando de aguantar la risa. 
El Vlaind de Rolando le extendió una mano sin quitar sus ojos de aquella mirada tan especial. Llena de misterios, pero también de alegría.
- ¡Hola!- Le dijo ella sacudiendo su apretón de manos de forma cómica. - Y usted es...-
- Yo soy...- Dijo Crisald tratando de ponerse en pie y lucir serio. - Crosald...no, no, Crisald Larenthguer ¿Y usted es?
- Liena. Hija del Gran Barón de Merlin. -
- Usted....no me intimida, señorita- Respondió Crisald - Porque resulta...- El Vlaind trataba de encontrar las palabras en esa nube de pedo que tenía en la cabeza. ¿Había dicho que era la hija de un Barón o del Presidente de Merlín? Hasta donde recordaba Merlin era una ciudad y no tenía Presidente...¿O sí?
 - Usted..yo, resulta que yo también soy el hijo de un presidente.- dijo al fin bamboleándose. 
- ¿En verdad?- Contesto Liena divertida. Los Guarda espaldas esperaban una señal del acompañante de Liena para sacarlo de ahí.
- ¡Sí!-
- ¿Y de que país viene usted?- Crisald comenzó a tomar la mano de Liena para llevarla con su grupo de amigos. Ella estaba dispuesta  a hacerlo, siempre y cuando se lo permitieran. 
- Yo soy Presidente, digo residente de...de...- Miro la bola de espejo. - La Galaxia- . Si. La Galaxia de...Himburgo. ¿Le molestaría mucho si la invito a pasar un rato con mis compañeros de grado?
Liena, aburrida como estaba de estar parada allí junto a los demás Vlaind de su casa (que claramente no sabían divertirse como Crisald) hablo mirando detrás.  Los ojos del descendiente de los Larenthguer encontraron, de súbito, a una persona a espaldas de la mujer. Un hombre alto de cabellos castaños y rostro adusto. 
- Tío, estaría bien si yo...
- Sí Liena...anda..- 

***
Apartamento de Crisald 23 Hrs.

Esa fue la primera vez que Crisald vio a Liena. Y sin darse cuenta a Illagros, el asesino de su esposa. Acostado sobre la mesa de la cocina de su departamento, con una botella de Whisky a su lado, los sueños le recordaban a Crisald que su vida podría haber sido bien distinta. Quizás hasta se hubiera casado con la puta de Analeth después de todo...pero tomó otro camino bajo las alocadas luces de un boliche Helleniano a la edad de  18 años. ¿Podría haber hecho otra cosa? No, lo dudaba mucho. De haberse casado con esa  prostituta pretenciosa, que ahora subía fotos al Snapbook tomando mate junto a su familia en algún cumpleaños familiar, seguiría como ahora. Tirado sobre la mesa, con un cenicero reventando de colillas de cigarrillos y el gusto oscuro del remordimiento en la boca apenas aliviado por el alcohol; y las llamas de un incipiente incendio a su alrededor. 

La madera de la mesa comenzaba a tomar temperatura. Sus ojos apenas abiertos, adoloridos por el combate. Sin ganas de levantarse, sin ganas de apagar las llamas, sin ganas de morir en una posición algo más noble.

No solo su mujer había muerto por su culpa, se había desquitado con si mismo cogiéndose a otra mina en menos de 24 horas. Una forma bastante particular de duelo. No hubo funeral, no hubo lindas palabras de familiares ni atardecer junto al féretro  No hubo ni siquiera llamadas de condolencias de familiares. A él le correspondía igual deceso, anónimo y fugaz. 

No dejaba de repetirse"X tenía razón, X tenía razón" . Sin mover su cabeza de aquella posición tan extraña intentaba encender un cigarrillo. El destello de su encendedor se reflejo en el cañón dorado de la Desert Eagle sobre la mesa, su cañón sucio debido a las cenizas y la sangre. 

***
Anteriormente 
Saliendo del departamento de Alaísa 
19 Horas. 
Música

Aun en su estado de Shok, o de ceguera temporal debido a la presión que soportaba su divino cerebro, tras dos o tres bellos coitos con Layla, decidió que iba a bajar a la calle a comprar cigarrillos unas horas antes de los eventos actuales.  Y le pareció al abrir la puerta de salida del edificio que el cielo estaba más oscuro que otra veces y que la lluvia ya no caía igual sobre el asfalto. El aire tal vez se encontraba más frío que otros inviernos, la música del Kiosko donde compró sus Lucky Blend ya no sonaba igual en sus oídos.

"Pero no es nada de eso Cris" Dijo la voz de Liena en su recuerdo. Tan pronto como el Vlaind abrió el paquete y se metió un cigarro en la boca, al instante en que la llama de su Zippo dorado encendió el extremo del pucho se dio cuenta de una cosa: No hacia falta que Liena se lo dijera. No era necesario que las furtivas palabras de se hicieran eco detrás de sus espaldas ni que su padre le repitiera por novena ves que "Debemos controlar nuestra zona oscura Cris" mientras fumaba su pipa en el estudio y el jugaba con sus cochecitos de juguete a los cinco años. 

"No es nada de eso Cris"- Se dijo a si mismo luego de que un autobús pasara a pocos centímetros de su cara mientras cruzaba la calle sin prestar atención a los autos de la avenida. 
"Lo has perdido todo." 
¡Asi es Cris!- Grito Liena en su recuerdo, vestida con su Pijama saltando para abrazarlo alguna mañana de domingo, tras algún sonido de disparo proveniente del estrés de su cerebro. 

Todo....

Quizás todo era Liena para Crisald, de una manera bastante tonta y adolescente  Ella era todo, todo lo que amaba, todo lo que odiaba, lo que lo molestaba y lo que lo hacía  vivir. Pero no dejaba de ser una piedra angular en la vida que llevaba. La foto en el escritorio de su trabajo, el perfume para que las cortinas no tomaran olor a cigarrillo y para que el desván siempre tuviera fragancias "De la montaña". También era la molesta vocecilla en la mañana, istrionica e histerica a veces. Liena era la pregunta pelotuda de cada cena. Pero también era la Cena. Era la charla aburrida sobre parientes y estrellas del cine después del sexo, pero no dejaba de ser el Sexo. Era  mucho más de lo que la victima de un Patricidio podría esperar y era el dolor de saber que se caso con una mujer que era mucho para él.

En definitiva había sido su vida en los últimos siete años. La roca en el zapato de la cual quejarse cuando todo, alrededor y en apariencia, esta magnifico. Sí, la época en que todo estaba teñido por el color dorado del sol cuando entraba en la habitación luego de hacer el amor en el sillón del penthouse. O cuando lo arrastraba hasta el cantobar a unas siete cuadras de su casa las noches de sábado.  Aunque en verdad le gustaba bastante ese lugar, porque desde adolescente había soñado su propia banda de rock. Era mejor que lo llevara allí antes que a las fiestas familiares, que detestaba, pero para la cuales ella siempre se vestía tan bien que se la podría confundir con una princesa de Allion.

Liena nunca se vestía así para él, ni siquiera para celebrar su aniversario (cosa que hacían por lo general en privado o con unos pocos amigos, todos de ella). Y Crisald sabía porque Liena nunca se producía tanto como en las fiestas con parientes, porque quería mostrar que estaba orgullosa de su esposo  y gritar a cuatro vientos que Crisald era suyo y de nadie mas. 

Los autos seguían pasando, tratando de esquivar al enfermo vestido de negro en medio la Pallance Avenue, tocaban sus bocinas debajo de la nieve y sus ruedas hacían lo posible por no resbalar. Crisald dejo de caminar de una forma Suicida y miró al cielo desde donde la nevada venía. Ignoró al policía del otro lado de la calle que tocaba su silbato y le ladraba enfadado por estar poniendo en peligro las vidas de cientos de personas por su depresión y locura. 
- Idiota. Le dijo el Oficial mientras lo tomaba por los brazos para llevarlo al próximo semáforo.- ¿Acaso quiere matar a alguien?
- No sería nada que no halla echo antes oficial. Le respondió Crisald alejándose de él y caminando de nuevo hacia el departamento de Alaysa, aunque ya no reconocía las calles. 

Avanzó con la colilla del Lucky Blend quemandole los dedos bajo la atenta y sorprendida mirada de los transeúntes,  gente adinerada que iba de compras por las ricas tiendas de la ciudad de Blondres. Sorprendidos por su andar zombie bajo la nieve que se volvía remolinos de papel picado.


Tambaleandose como un fantasma bajo las luces del alumbrado publico que se encendían en el ocaso. Las torres empresariales, monolitos espejados en negro comenzaron a desaparecer en la nocturnidad. Crisald sabía que caminaba en dirección al apartamento de Alaysa aunque tomó una dirección distinta, siendo arrastrado por su propia psiquis. 

Pronto oscureció en Blondres y Crisald se dio cuenta que llevaba una hora o más dando vueltas. La nieve se le enredaba en los cabellos dorados y la gabardina negra. Los ojos rojos, verdes y amarillos de los semáforos de la rica ciudad parecían luces de emergencia bien distribuidas entre la blancura del suelo y del cielo. 

Con sus lentes sobre sus ojos el Vlaind de Rolando dirigió su mirada a un cartel de una empresa telefónica,  la Centnel. Liena estaba allí  en una gigantografia sobre un Mcdowals repleto sosteniendo el ultimo modelo de celular a la venta, vestida de manera empresarial, de camisa blanca y pollera negra. Mientras las botas negras del Vlaind de Rolando dejaban huella en la abultada capa de nieve que dejaba sobre la ciudad la tormenta volvió a encontrar a su esposa en una muchacha que esperaba el autobús  fumando. No sería raro que un muerto fumara, después de todo, ya estaba muerta. Y creyó volver a encontrársela en la pastelería de la esquina de Pallance Avenue y Queens. Giró sus talones en otra dirección  huyendo de todo lo que se cernía sobre el a modo de Tzunami. Pero no había escape de este laberinto, no importaba cuanto corriera ni que tan fuerte apretara los dientes y el gatillo.

Con sus manos ya en los bolsillos de la gabardina debido al frío  Crisald llegó. ¿A donde? Pues al único lugar donde su corazón quería ir, a casa. Siendo las 21 Horas estaba parado justo delante de las escaleras de su edificio en la Pallance Avenue rodeado por el sonido de los autos en la calle y la opulencia habitual. El parque Richmond delante con sus esculturas clásicas y fuentes escupiendo agua a los cielos. La torre Wissfield, moderna y fría delante de su casa. La cinta policial en el lugar donde había estallado en mil pedazos la camioneta de Sarcant y su amigo. El portero observándolo atónito. Aquel mismo lugar donde había prometido a Liena que debia ise por un tiempo y que ella estaría bien.
-Estas cara a cara con lo que tu mismo has creado chico. - Se dijo a si mismo poniendo su rostro entre sus manos. - "Y no hay lugar de salida esta vez, si es que alguna vez lo hubo."

***

En la mesa de la cocina del Penthouse, Katiana, la hermana de Illagros llevaba un largo rato esperando. A diferencia de este, ella sí se tomaba muy en serio las ordenes de Liavenna y si esta le había dado la misión de acabar de una vez con el asunto de los Larenthguer ella lo haría  ¿Que plan maléfico e intrincado tuvo que armar para saber donde encontrar al Vlaind al cabo de un tiempo? Ninguno.

Katiana, de la Orden de Gerardie (como su hermano aunque sin sus conocimientos Orientales) sabía como cualquier persona normal, común y corriente que un viudo por mucho que deteste a su esposa, a menudo regresa al hogar.  Sea para recordar buenos momentos y llorar, para tirar a la mierda todas las pertenencias de la bruja, preparar el funeral, invitar amigos a hacer una fiesta...lo que fuera. Ni siquiera la enaltecida prole del Ramkkara estaba falta de todo este tipo de cuestiones. La Ausencia de una persona, amada u odiada, divina o humana, no deja de ser una Ausencia. A menudo todos los sobrevivientes tratan de poner las cosas en "orden" tras su partida. Katiana era consciente de que Crisald haría eso más temprano que tarde.

Una vez Liavenna le dio las directivas, fue a la armería de la casa de los Enarmarr y se dirigió junto a un grupo de apoyo modesto hasta el barrio donde vivía la feliz pareja Larenthguer. Con sutileza, haciéndose pasar por una buena amiga del señor del pent house, preguntó al portero si este había regresado a su hogar. El mismo indico que no, manifestándose muy preocupado por la ausencia de los dos propietarios. Katiana entonces no hizo otra cosa que montar una vigilancia discreta frente al edificio relevando a sus hombres en turnos de seis horas cada uno. Obviamente no cometió el estúpido error de Sarcant de estacionar una camioneta negra y sospechosa justo cruzando la calle. "Que tipo más básico ese Sarcant" Dijo Katiana cuando se entero de su percance con Crisald.

Con los infinitos recursos de Liavenna, en menos de 24 horas, Katiana tenía una red de vigilancia nada envidiable en torno al hogar del Vlaind y esperaba noticias pacientemente en el bar de la esquina. Cuando debía dormir se echaba en la camioneta que los había llevado hasta allí  lejos y escondida de la vista de Crisald en un garaje cercano.

Un poco antes de las 22 horas uno de los hombres llamo al celular de Katiana para indicarle que el objetivo se encontraba cerca de su hogar. Sin perder tiempo la Vlaind se poso sobre su cuerpo un piloto color caqui y lentes oscuros que le daban un parecido con Marilin Monroe, se perfumó y salio.  Apresuró el paso lo más que pudo e ingresó a la casa de Crisald por el Garage junto a otros miembros del equipo. Subió más tarde por el elevador con cuatro de sus hombres y abrió la cerradura de la casa sin forzarla.
- Ustedes pónganse en posición, yo lo voy a esperar dentro.
- Sí señora.- Indico el jefe del grupo.

La llamada al celular de Katiana de Arcard fue precedida por una de Illagros. Mientras ella sacaba una botella de Whisky en la cocina de Crisald le hablo rápido y cortante:
- Ya sabes lo que tenes que hacer Hermanita. Lo quiero muerto como un perro.- Dijo su hermano.
- ¿Eso es lo que quiere la Bruja no es así? - Contesto ella encendiendo un cigarrillo.
- No importa lo que quiere la bruja. Ya sabes, si haces lo que te digo, la mitad de las pertenencias de esa familia de mierda viene para nosotros. Ahora van a arrepentirse por sacarnos la concesión de los pozos petroleros de los Balcanes. Deja que la Bruja siga jugando a los Caballeros del Zodiaco, nosotros nos ocupamos de lo nuestro.
- Como digas hermanito. Katiana apagó el celular. Arcard nunca pudo alcanzarla para decirle que "intentara negociar con Crisald". Justamente lo que Illagros quería.

Para el momento en que Crisald compraba una copia del Day Lay Sunday donde se podía ver una foto de Karl bajo el titulo "ARMADO Y PELIGROSO" los soldados de Liavenna se ponían en posición  Al ser ella una mujer de mucha importancia en el mundo Vlaind podía disponer de las cuadrillas de las fuerzas armadas Vlaind. Tipos hechos para pensar poco y disparar mucho, tan bien armados como el SWAT. Ahora mismo, la versión moderna y occidental de los Ninjas se encaramaban por las escaleras de la torre donde vivía el objetivo. Algunos llevaban bidones de gasolina y granadas incendiarias. Todos, sin excepción , vestían de azul oscuro y pasamontañas, solo sus fulgurantes ojos Vlaind podían ser vistos de esa forma. Como monstruos que aguardan al héroe en el bosque encantado y tenebroso, hicieron rápidas señales con sus manos y comunicaciones susurradas por handi. Crisald iba a morir allí  debía morir allí  no importaba el escalabro que tuvieran que hacer.

***
Apartamento de Crisald  22:30

Crisald atravesó las puertas de vidrio de su edificio de categoría  conocido como "Billson Tower". El portero lo saludo amistosamente dejando su trapeador para acercarse a charlar. Esta de más decir que el Vlaind de Rolando no estaba para conversar sobre el clima, el fútbol o los vecinos. Los únicos tres tópicos de conversación  que se pueden tener en el palier de un edificio de ese tipo. Crisald fue directamente hacia los tres elevadores de la torre. Notó rápidamente como los tubos de luz, bien disimulados sobre cristales de buen material perdían algo de corriente para volver a encenderse. Aquello lo hizo girar la cabeza hacia atrás de modo paranoico. 

- Una amiga suya estuvo preocupada, debería llamarla.- Dijo el Encargado.

El Vlaind de Rolando se detuvo de inmediato, las botas golpearon la cerámica cara en el suelo. Giró su cabeza en dirección al conserje y se quito los lentes:

- Dígale que estoy muerto.- Continuo camino en dirección a los elevadores. El portero volvió a barrer negando con la cabeza. El señor Larenthguer a menudo era buen humorado, como también bastante loco, lo había visto muchas veces en las reuniones de consorcio a las que asistía (y a Crisald le encantaba ir a asustar a sus vecinos)

Las puertas de acero se abrieron y el Vlaind ingresó en la cejuela de metal. La música de bosanova comenzó a sonar tan pronto como se cerraron. Ese era un genero musical que Crisald solo conocía debido a los documentales que miraba su madre sobre países exóticos para los Himburgeses como Brozol. Lo único que sabia de ellos el Vlaind de Rolando era que ganaban muchos mundiales, entre ellos el que celebraron en Himburgo en el año 5966. Recordó a Liena cantando en perfecto Mortugues aquella tonada cada vez que volvía un poco copeteada de alguna fiesta. 

El sonido de las válbulas hidráulicas del elevador y su caja levantando y activando cerrojos de seguridad rebotaba como pelota de ping pong en el hueco del mismo. Los cables subían y bajaban como pequeños monstruos que saltan sobre el techo del mismo. Crisald tenía sus manos delante del regazo, enguantadas en negro y miraba atentamente los números del led cambiar como una cuenta regresiva al revés.
"Algo va a suceder" Pensó el Vlaind cuando estaba por llegar a su piso. "¿Pero que Sigue?"

Muchas cosas estaban sucediendo en ese preciso instante, entre ellas la titanica lucha entre Lauro y Merry.  Pero Crisald estaba todavía relativamente protegido por el ojo de la tormenta que él mismo había desatado. Los eventos que disparó su padre se habían llevado su casa en el primer acto, lejos de ese elevador siete años atrás. Como en el inicio de una película  donde se necesita captar al publico con una buena escena, llena de efectos especiales y drama de luces y sombras. Explosiones, tipos malos, tipos buenos. Villanos cerca del triunfo, Héroes lejos del mismo.
"Estas cara a cara con lo que tu mismo has creado chico" Volvió a pensar

En el segundo acto de esta tragicomedia que era su vida,  la tormenta arrasó su sanidad mental y sueños. Las pesadillas habían cambiado de foco, el monotematico guion de sus visiones nocturnas sufrió un cambio debido a un nuevo libretista, él. Un sádico que acabo por propiciar el asesinato de su propia esposa en el "nombre" de la "Familia". Ahora, suponía,  estaba en el intermedio, ese momento para que todos los espectadores se frotaran las manos ansiosos de saber como acabaría esta película de acción de bajo presupuesto. ¿Se quitaría la vida? ¿Se la quitaría algún otro? ¿Que iba a pasar con la Femme Fatal que conocimos solo unos minutos atrás en el segundo acto?

¿Que sucederá con Crisald Larenthguer? ¿Sera el cazador casado ? Diría el presentador cerrando la emisión de la semana pasada. ¿Acaso el mal volverá a triunfar sobre él? Lo sabremos todo en el próximo capitulo de: "EL CHIFLADO QUE ASESINÓ A SU ESPOSA"

Ahora mismo, allí parado en el ascensor los Créditos empezaban a aparecer tras la advertencia de apagar los celulares y no Charlar en la sala. En algún lugar de este universo enfermo y espantoso, cruzando las estrellas y las galaxias un hombre de gorra cargaba la lata en el proyector y el sonido del mismo invadía la sala aumentando más la ansiedad del publico.

La puerta del Pent House apareció en el fondo del pasillo, Crisald dejo el ascensor y avanzó hasta allí buscando las llaves en el bolsillo de su gabardina. Ahora la famosa pantalla con los números en blanco y negro se aparecía tras un fugaz blureado y errores de la cinta.
5

Crisald introdujo las llaves en la cerradura y giró las mismas con el tintineo particular de un llavero de "Pokamon" que Liena le había regalado a modo de chiste un tiempo atrás.
4

El cerrojo hizo clank y su cuerpo asomo del otro lado. La casa andaba rara, no solamente por la ausencia de Liena, el olor o la fragancia no le era reconocible.
3
Liena no usaba perfume barato ni tan fuerte como ese que acababa de entrar en sus orificios nasales dándole una sensación que iba desde las nauseas hasta la más profunda alarma. Hizo dos pasos más en dirección a la cocina
2
Liena estaba sentada en la mesa de la cocina, bebiendo Whisky y fumando. El se sentó para unirse a ella tras un largo día de trabajo. Iba a sentarse a escuchar la sarta de idioteces poco interesantes que tenía para contarle.
1
Liena sostenía una pistola automática y le sonreía. ¿Se habría enterado de que quería el divorcio?

BANG
No era Liena la que estaba en la mesa de la cocina. Liena estaba muerta...
"Estas cara a cara con lo que tu mismo has creado chico, y no hay lugar de salida esta vez, si es que alguna vez lo hubo."






domingo, 17 de marzo de 2013

El Ritual de los Condenados XXII

Capitulo XVII
Karl en:

Locuras Animadas de Ayer y Hoy

En la sala de juegos de la mansión de los Enarmarr la televisión holográfica último modelo sintonizaba el canal 4. Frente a la misma Illagros practicaba sus habilidades matemáticas en el pool. Como buen Vlaind que era, la matemática era su área principal de estudio y le gustaba hacer cálculos sobre la trayectoria que tomarían las bochas dependiendo como las golpeara.

Afuera era una bonita noche a pesar del frío. Liavenna había ido en busca de Lauro y Arcard se encontraba sentado junto al teléfono esperando noticias de su señora. Desde el piso de arriba Illagros podía escuchar al Vlaind tamborilear con sus dedos el tubo del teléfono  ansioso. A él, lo que le pasara a Lauro le importaba muy poco, aunque si estaba interesado en lo de la muchacha.

Y Esta fue otra emisión de “Sea su propio Medico”- Dijo el locutor de la televisión –El programa que le evita tener que visitar el Hospital publico y le enseña a atenderse con la calidad de los mejores profesionales.- Otra voz más gruesa y empresarial continuo: Este momento ha sido auspiciado por LABORATORIOS SIKAL- LA DROGA QUE HACE BIEN.

La cortina estrambótica y chillona del noticiero llegó a oídos de Illagros. Quien se distrajo al ver en la televisión a una de sus ex novias. Mary White, quien era entonces una entusiasta estudiante de comunicación en la universidad de Platino. Ahora algo más rellenita y decididamente más sobria presentaba las noticias de las 21 horas por la H.M.B

Buenas Noches Himburgo, yo soy Mary White y de esto se habla en el país
La imagen aérea de un incendio apareció en la pantalla. 
- La localidad de Triton Parade continua luchando contra el incendio que se desato después de una inmensa explosión en el centro de la ciudad. Por el momento esta se ha atribuido a una fuga de gas en las calderas de “El Olimpo” Hostería Local. A pesar de que no se han encontrado victimas fatales, el alcalde Jonas Smith ha decretado el estado de emergencia debido a que las llamas se extendieron a muchos edificios aledaños. 

El ministerio de Seguridad Interior ha cerrado hasta nuevo aviso la carretera numero cuatro. El titular de dicha Cartera Barry Hiks afirmo esta noche que “No hay indicios de que se trate de un ataque Terrorista”. Aunque  quince minutos antes de la explosión los Radares de la Fuerza Aérea detectaron un objeto pequeño que se movía a gran velocidad proveniente de los Suburbios al norte de Blondres. Los peritos enviados por la Agencia de Investigación Espacial De la Nacion, S.I.NA (N/A: Sus siglas están en Himburgues) se encuentran actualmente revisando el lugar para aseverar o descartar el impacto de un pequeño Meteoro.

- En el plano de la Política Nacional:
- En su discurso anual en la sociedad de Beneficencia cristiana el primer Ministro Dugget ha llamado a los empresarios y a la Oposición ha Confiar en el rumbo de la economía y abandonar las políticas neo liberales que, según dijo “Llevaron a la peor crisis que halla sufrido el país desde la Segunda Guerra Mundial"

Por otra parte, desde la Union Indutrial Himburguesa se le pidió al primer Ministro que de Señales claras  a los inversores sobre el rumbo del país.


Illagros estaba por apagar el televisor holográfico usando su voz (pues así se encienden y apagan los televisores de este tipo) cuando vio que en la pantalla la horrible cara del jefe de la Unión Industrial era remplazada por una toma de la entrada de Oldbridge Town
En nuestra historia del día;  la policía de Oldbridge Town sigue en la búsqueda del responsable de la muerte de siete oficiales en un impresionante tiroteo en la biblioteca publica de dicha localidad. 

Según testigos presenciales el hombre mediría aproximadamente un metro noventa y viste con un largo abrigo negro. Es un sujeto caucásico y corpulento. Posiblemente armado y extremadamente peligroso. Aunque descartaron que se trate de una Celula Terrorista, se lo busca intensamente en los alrededores de Oldbridge Town.

La policía informo que creen que el responsable aun ronda en las cercanías del poblado debido a que habría salido muy herido de su enfrentamiento con las fuerzas de seguridad. Ahora mismo se ha pedido auxilio a las autoridades provinciales de Platino para dar caza con el criminal y llevarle a la justicia.

El Servicio de inteligencia nacional (H.I.S)  y la MI5 investigan si el susodicho sospechoso no ha estado detrás de los recientes tiroteos en Troncor Street que dejaron, entre ambos  más de 20 muertos.

Tanto el alcalde de la ciudad de Blondres, Milton Chapman como el gobernador de la provincia de Platino, Gregor Sallt se acusaron mutuamente de no ser lo suficientemente duros contra la inseguridad que hace estragos en la periferia de la ciudad de Blondres.

Unos pasos pesados llegaron desde el extremo del salón. Debido a su caminar Illagros adivinó que se trataba de Arcard. – Apagado. Dijo Illagros y la imagen proyectada desde una pequeña mesa ratona se desvaneció.

- ¿Illagros?- Pregunto el viejo Arcard con vos cansada y angustiada.
- Ajam...
Cuando el Vlaind de Gerardie vio el rostro de Arcard supo que este se encontraba muy apesadumbrado aunque al mismo tiempo aliviado. – Dime...
- La Jefa llamó.
- ¿Y bien?
- Lauro cumplió su propósito hasta el final. 

Acongojado por el amor que le tenía al más “Joven” de los Vlaind que partieron al sur hace muchos años Arcard se sentó con el rostro lloroso en un sillón amplio.
- Lucho en verdad como un León. Mato a la madre de la chica y evito que Elogios la pudiera usar para encontrarla, luego combatió contra Merry hasta herirlo gravemente, pero murió hace ya unas horas. 

Hubo un silencio largo y pesado. Illagros simulo muy mal su tristeza-
- Es una...pena.
- Sin embargo nos ha dejado como regalo una importante victoria. Dijo Arcard volviendo a los aires de Capitán que inspiraban su figura. – Según Liavenna Merry no nos estorbara por un largo tiempo, porque hondo se ha clavado el filo de Ipsalav en su corazón  Ahora Elogios nos teme y deberá re pensar su estrategia, por lo que tenemos una última oportunidad de encontrar a la Avista sin que él se meta en el medio. 
- Entiendo. Dijo Illagros casi indiferente a todo lo que Arcard decía. - ¿Y cuales son las ordenes de la Señora?-
- Quiere que ya mismo pongas a Karl de nuevo en movimiento. Se esta hospedando en la posada “El Eden”. Llámalo y dile que la muchacha se dirige al norte, casi con seguridad al bosque de los Dracidas, Hosmusilias. Si la encuentra aun podemos salvarnos de este asunto. 
- Lo llamare, pero creo que es bueno que sepan que Karl no esta en sus cabales, o al menos ha empeorado. Según las noticias tiroteo a siete policías de Oldbridge, ahora lo busca la MI5. No se cuanto pueda servirnos así de chiflado.
- Recuerda que tu te hiciste cargo en la reunión de solucionar ese asunto. La jefa quiere que vayas y supervises todo. El Helicóptero estará listo en una hora más o menos.
- ¿Pero porque ir si Karl...- Illagros recordó lo visto en las noticias. – Claro...si Karl se muere o si se le sale  su último tornillo yo me encargo de dejar todo en condiciones.
- Exacto. Además ahora se ha sumado una dracida más a la custodia de la chica según la Señora. Quizás necesite algo de ayuda.
- Bien, llamare a uno de mis...
- No- Lo corto en seco Arcard. – La Señora quiere que vayas solo. Tal y como Lauro se fue. Además con lo que se están apresurando los acontecimientos mejor no andar con nadie que no conozcas de manera personal. Elogios aun puede engañarnos.
- Bien.. iré solo y le mostrare a la “Dama” que estoy a la altura de la tarea. ¿Alguna noticia de Crisald?
- Nada por el momento, eso también me perturba. No hemos oído de el en las ultimas horas, seguramente esta planeando como continuar ahora que su mujer esta muerta. Tu hermana y yo nos ocuparemos de ese asunto, quizás todavía podamos convencerlo de negociar. Pero la muchacha es lo más importante... Apresúrate a llamar y a viajar. Yo tengo que hacer los preparativos para el funeral. 

***

La hostería “El Eden” era un lugar muy famoso en los alrededores por haber sido una belleza del Art Nouvou en la pequeña comunidad ferroviaria. Antes aun de que Rise naciera había sido la sede de la alcaldía del  pueblo y cuando se construyo en los 50 un edificio especial para la misma (monumentalista y frío)  la administración se mudo allí. Fue más tarde comprada por una familia adinerada de Landesia y se la convirtió en una hostería apartada del centro del pueblo con amplios jardines tanto al frente como en su parte trasera, que lindaba con los hermosos bosques de Rent y tenía vista al famoso Río Margun que pasa por allí.

Karl podía ser muchas cosas pero le gustaba la comodidad y los lujos de una época que el atesoraba, su niñez. O al menos atesoraba sus fantasías en dicho tiempo, porque en verdad su infancia fue bastante triste. Utilizando los infinitos recursos de Liavenna descanso en ella varios días.

Aquella larga casa de techo con muchas ventanitas sobresaliendo de entre sus tejas le recordaba a su pueblo natal, Lindisa, construido por inmigrantes Landesianos que llegaron a Himburgo en los tiempos de la colonia. 

Sus fuentes con forma de mujeres desnudas, las arañas  con preciosos cristales y la ornamenta de la madera en forma de plantas y flores vestía al “Eden” de una manera única en Himburgo. No pocas veces, periodistas explotaban la melancolía de la “Belle epoque” haciendo algún reportaje sobre aquella casona. 

El Eden tenía una lista ilustre de visitantes, un famoso Tanguero Sargentino conocido como “El Zorzal” se hospedo allí antes de dar un famoso concierto en la ciudad de Blondres y toco en privado para los habitúes solamente armado con su voz y su guitarra. Políticos de la talla de Tony Clair la habían elegido muchas veces como bunker de Campaña y escritores depresivos y melancólicos hicieron en ella las primeras notas para sus más famosas novelas o cuentos. Entre ellas una sobre un detective infalible de principios de siglo que a menudo tocaba el violín y gustaba de fumar pipa (y consumir otras cosas también)

La Hostería tenía el tipo de energía que hace a los seres humanos imaginar o soñar con las cosas más maravillosas. Sus paredes color Beige y sus portalámparas que simulaban ser antorchas (aun mantenía en sus pasillos muchas lámparas de aceite), el salón comedor con escenario para bandas u obras teatrales rodeaban a los clientes como invitándolos a soñar con el pasado, ese tiempo que siempre parece haber sido mejor.

Pero la joya de “El Eden” era el cielorraso pintado en el último piso. Ahora solamente visible desde el pulmón de las escaleras principales. Una pintura sobre Adan y Eva en los Jardines eternos del cielo cerca del manzano que los arrojo a la vida en la tierra estéril. De autor desconocido “La Inquietud de Adán y Eva” era una de esas cosas que la gente va a sacarle fotos para subirlas al Snapbook junto a una sonrisa de satisfacción. Karl la pudo ver tan pronto como levantó los ojos para ir a su cuarto en el tercer piso, le pareció horrendo que se encontrara llena de manchas de humedad y de polvo. Según le comento el botones, debido a la mala economía que asolaba Oldbrigde desde la llegada de Ciberdrone Sistems no tenían los fondos para restaurarla. Un proyecto en la legislatura del poblado dormía entre muchos otros esperando la llegada de las elecciones locales para curar la pintura.

Ahora, dos días y medio después de haber sido espantosamente baleado por Daniela, Karl seguía igual que cuando llegó. Lanzado en la cama recuperando fuerzas y pensando en las cientos de preguntas que le vinieron a la mente luego de la extraña visión que tuvo: La chica con alas. Daniela ocupaba ya gran parte de su torturada mente, buscándolo y encontrándolo a menudo en sus sueños.

La luz de la luna iluminaba el cuarto de Karl, oscuro y silencioso en la noche. Sus heridas habían sanado hace ya algunas horas, aunque no fue fácil quedarse quieto en la cama mientras sus enemigos escapaban de él. Pero en ese lapso de tiempo nadie, ni siquiera el dueño de la hostería había perturbado la hibernación del Dragón de Frigord.

Mientras las horas y las luces de los días pasaban, Karl solamente se dedico a estar tendido en la cama con los ojos clavados en el techo, en otras observando las afueras desde la ventana donde ahora la Luna partida a la mitad lo observaba. Su percepción de Dracida le indicó desde el momento en que se acostó allí que algo en ese cuarto lo acariciaba, le daba fuerzas para que la cara de le reconstruyera más rápido luego del disparo en su ojo.

A medida que sentía como sus propios órganos y tendones se iban volviendo a unir debido al Rettem Karl había tenido sueños o algo parecido a ellos, porque en cada uno de estos se veía a si mismo de pequeño en los suburbios del sur de Blondres, donde habitaba en una casa humilde junto a su madre y su padrastro, ese espantoso ser humano que  lo golpeaba y maltrataba sobrio o ebrio, enfermo o sano, feliz o triste. 

Mirando las aspas del ventilador de techo girar Karl recordó que en su niñez el único momento en que sentía bien era cuando visitaba a su abuela, una bondadosa mujer Afro Americana que lo llevaba los Domingos a la Iglesia local luego de prepararle un delicioso almuerzo al estilo mediterráneo. Ella cocinaba todo tipo de cosas que a los Niños fascinan: Milanesas, de pollo o de ternera, Pizzas (todos los tipos que pudo probar), pollo frito; a veces comida chatarra pero sabrosa. Hamburguesas caseras y gigantes. Gran parte de su ligero sobrepeso en su niñez tenía que ver con su abuela.

Otra cosa que recordaba de aquellas épocas era que su abuela era la única en la familia que tenía un televisor color. Un viejo modelo Tillps de esos que tenían las perillas del volumen y el sintonizador al costado de la pantalla ovalada.  Frente a esa caja mágica Karl miraba todos los sábados los Looney Tunes junto a su abuela, que los disfrutaba tanto como el mientras tomaban la merienda. Durante las vacaciones, cuando su madre lo enviaba a vivir con su abuela al menos por unos 15 días por orden de su padrastro, también miraba todos los ciclos de cine, incluso el de trasnoche. 

Si, en esos años endemoniados la única persona que mostraba amor por el niño Karl (regordete, tímido y educado) era su abuela, la Miss Jones Brown. A diferencia de Verónica, Miss Jones no era una evangelista a ultranza ni una chiflada. Sino más bien una persona amable que sabía quedarse con lo mejor de su religión. A menudo repetía “La gente lee la Biblia y se preocupa más por el demonio que por Dios. ¿Qué tanto miedo le tienen al Chivo? Un verdadero cristiano no le teme al cornudo porque tiene a Jesús en su corazón”

Cuando su padrastro, un Medico cirujano adicto a la Cocaína (cuando todavía era legal y se compraba en la farmacia contenida en un pequeño frasco) lo apaleaba a menudo Karl contenía su ira pensando en poner la otra mejilla. “ Algún día te iras de la casa y ese hombre malvado con el que se caso tu madre ya no podrá golpearte. Si tu le pegas primero entonces te rebajas a su nivel. Cuando tengas su altura, ya no te pegara, créeme"  le había dicho su abuela mientras tejía con sus lentes de culo de botella.

“Eso era lo único en que estabas equivocada Abuela, tuve que sacarle siete dientes de un puñetazo cuando despertaron mis poderes para que ese cerdo se quedara en su lugar” pensaba Karl mientras las sombras del cuarto arreciaban sobre él y la luna parecía brillar de manera más intensa sobre su abrigo de cuero.

Debido a estas vivencias lo único que Karl quería hacer de grande era transformarse en cura. Iba a menudo a la iglesia con su abuela e hizo muchos amigos allí  Pero cuando Bill supo que Karl quería ser un hombre santo lo alejó lo más posible de esa “mala influencia” argumentando que, de hacer el seminario, se transformaría en "Un marica homosexual, como todos esos cerdos” por el contrario quiso alimentar su interés en la medicina lanzándole por la cabeza los volúmenes de anatomía 1 y 2 de la universidad donde enseñaba.

Efectivamente Karl viajó a Blondres a la edad de 18 años para estudiar Medicina, más su amor por los misterios del señor lo acompaño toda su vida. Fue así que asistió regularmente a seminarios de iglesias evangélicas donde era posible convertirse en pastor. Allí  en el bajo blondres conoció luego a toda la runfla de los Dragones Negros. Pero en estas reuniones también se cruzo a Layla, su bella ex novia.

Cuando finalmente conoció bien de que se trataban sus poderes y habilidades Karl opto por ser una especie de Ministro religioso de los Jethis. Después de todo la función de su Orden en el mundo Dracida era más o menos la misma. Aunque en vez de llevar la Biblia llevara una Mágnum 44, tenía su pequeño rebaño entre los pobres, los drogadictos y las putas del Chikis

Mezclo cristianismo con los libros Dracidas y con eso andaba bastante bien, lo suficientemente seguro de que lo que estaba haciendo era relativamente correcto. Después de todo el único ser Humano decente que había conocido en su vida era su abuela. Y la gente que mataba o apretaba no pasaban de Yonquis despreciables, sean Jethis o no.

Sin embargo la aparición de esta chica derrumbó por el suelo todo su sistema de creencias. Si la muchacha había intentado matarlo en dos oportunidades probablemente significaba que el pastor había errado el camino hacia la luz. Nadie le creería. Seguramente ningún Vlaind de los que andaban con Liavenna estarían dispuestos a aceptar que, cuando Daniela le dispar, el vio el cielo. No, nada de Jerusalem dorada y San Pedro diciendo “Te esperábamos joven Karl”

Vio el Cielo, el de verdad... ese que no es capaz de ser imaginado por mente alguna aunque este compuesto por elementos terrenos como los Riscos con suelo floreado que vio Rise al ser atacado por Daniela. No le hizo falta ver ángeles viniéndole a dar la bienvenida, los sintió  percibió su perfume, su gracia sobre él, él abandonando su cuerpo mortal y la inmensa  felicidad de sentir que la muerte, a fin de cuentas, era una maravilla muy compleja para ser comprendida en la vida terrenal.  

Pero así como Rise se lo tomó bastante bien (y en el poco tiempo que estuvo allí saco muchas conclusiones que vivo no hubiera podido) Karl le agregó su toque personal al asunto, como era usual en sí. Para Karl ese era el Cielo...Pero ¿Cual de Todos?

El cielo al que podría llegar si se redimía de todos sus crímenes, porque la visión despertó en  Karl una increíble sensación de culpa que estuvo a punto de llevarlo al suicidio unas horas atrás. Algo en los ojos de Daniela le decía a Karl que también tenía un lugar allí  A pesar de todo lo estaban esperando, siempre y cuando corrigiera el camino. 

Redimirse, de eso se trataba todo el asunto ¿Cómo tenía que hacerlo? Bueno, eso era en lo que pensaba allí en la habitación viendo el ventilador girar lentamente y escuchando el sonido de los camiones de la Goodyes por la carretera.
El sonido de la puerta del cuarto abriéndose lo saco de sus pensamientos. Escucho claramente la madera crujir. Karl observo a su derecha y una luz blanca emergió del pasillo, resplandeciente y cálida como un día de verano. Llenaba las paredes y los muebles vistiéndolos de blancura inmaculada y a lo lejos, en el epicentro de aquella luminancia a Karl le pareció escuchar el hermoso canto de muchas voces. 

Aquel modesto cuarto en el que se encontraba se perdía allí donde la luz nacía  como siendo tragado por la misma. Casi salido de un cuadro surrealista, el suelo, las paredes y hasta el ventilador se estiraban hasta la puerta, como los brazos de un pulpo  o los cuellos de cientos de serpientes.

Karl. Susurro una voz  desde el otro lado, no exactamente el otro lado del cuarto.... El sonido dulce aunque quebradizo de aquella voz le resulto extrañamente familiar. Pero era así solo porque es el tipo de tonada que los desesperados, los condenados, sueñan con escuchar cuando se han perdido en la noche. El sonido de la piedad y de la magia. De la salvación inesperada, de la mirada amable luego de los golpes. De la caricia cuando los ojos no desean secar sus lagrimales. Karl...


Atontado pero confiado en aquello que veía  el Dracida de Frigord se paró para ir hacia aquella cálida emanación blanca inmaculada. Caminó cubriéndose la vista ante el resplandor
Karl...

- ¿Quién eres?- Dijo el Jethi.
Sigueme Karl, no temas...ve hacia la luz..

Grandote y algo brusco el Dracida llegó al umbral de la puerta y por un segundo le pareció que detrás de aquella gran proyección había una silueta femenina con los cabellos hasta la cintura. No era una silueta negra, pero tampoco de otro color. Quizás no tenía color en lo absoluto. Imaginó que estaba viéndola con el ojo de la percepción más que con la vista.
Entra Karl...Entra..
Dio dos pasos más y lo primero que percibió mientras la blancura disminuía fue el sonido de un órgano eclesiástico. Sus notas, tan límpidas y envolventes provocaron que se le erizara la piel. Cuando la luz abandono sus ojos Karl se percató que estaba dentro de una hermosa iglesia cristiana, ninguna que pudiera reconocer realmente. Pero tenía un techo muy alto, repleto de imágenes del via crucis.

A su izquierda estaba el altar, donde ardían candelabros de plata y suspendido sobre el mismo entre bellos vitros por donde cruzaban las luces del medio día estaba el hijo del Señor.

De frente a Karl se extendían los típicos bancos para rezar y un confesionario alto con los símbolos acostumbrados. Karl...Karl... repetía la voz de aquella mujer. Solo con escucharla el Jethi de Frigord imaginaba que era una persona dulce y hermosa como su propia abuela. Una persona que sentía piedad por él y quería ayudarlo.

La puerta del confesionario se abrió por si sola invitándolo a entrar. Sobre el mismo pendía un cuadro de la virgen María rodeada por ángeles  Hermosos ángeles de alas blancas y rostros alegres. Los ojos de la Virgen eran de color Amatista, o quizás eso le pareció a Karl por un instante. Supo entonces que la mamá de Dios lo estaba invitando a confesar sus pecados.

Tuvo que medir sus movimientos para entrar en la casilla de madera, pero logró arrodillarse allí y dijo la frase mágica:
- Perdóname padre porque he pecado.

La voz joven y amable de un hombre respondió del otro lado.
- Cuéntame Hijo Mio...
- He matado a muchos hombres en mi vida, herido a otros y asustado a más de los que pueda contar.- Dijo Karl con sus manos en forma de rezo. – Pero lo hice porque creí .. creí como un tonto que esa era la palabra del señor. Pensé que podía entender a Dios y me equivoque, he pecado de orgullo.
- Comprendo mi amigo. Muchos, a lo largo de la historia, han creído entender por completo los misterios del señor. Amarga siempre es la cosecha que nos deja el orgullo. Dime hijo, ¿Qué has podido cosechar matando a tantos hombres como dices?
- Nada padre...- Dijo Karl mientras lloraba. – Mi vida...mi vida ha perdido todo propósito noble desde hace tiempo y aunque quiero encontrar una senda siempre me pierdo...
- No estas solo mi amigo. Cristo siempre ha caminado a tu lado, levantándote cuantas veces has caído  Pero ahora que puedes ver tus errores el te mostrara la verdadera senda del señor. Él siempre esta mostrando las señales para ir en su dirección, si estas lo suficientemente atento veras que Él te guiara hacia tu destino.
- ¿Y si lo echo a perder como antes? Porque yo quería ser un hombre de Dios como usted cuando era joven. Pero en vez de eso me deje envolver en las mentiras de los hombres quedando solo como ahora.
- Si eres un buen Cristiano y si a menudo te arrepientes de tus pecados El pondrá los vientos correctos en tus velas para llevarte a tu misión. Presta atención y escucha el consejo de nuestro Señor Jesucristo, que nunca es tarde para volver a la correcta Senda.
- ¿Y si mato a alguien más? ¿No me odiara? ¿Cómo puede tener piedad de alguien como yo?
- Antes matabas por orgullo, por dinero o por poder Hijo ¿No es así?
- Sí.
- ¿No sería mejor salvar vidas en vez de acabarlas? 

Aquí Karl estuvo a punto de escoger la decisión más noble y correcta en muchos años. Sería Medico en menos de lo que canta un gallo. Era una forma muy creativa para desentenderse de toda la porquería en la que vivía y aun así cuidar de los inocentes, como su código Dracida indicaba que debía hacer. Casi se para y vuelve corriendo a la habitación gritando “¡Eureka!, ¡Eureka!”.

Como alumno de la Universidad de Blondres (Aun gloriosamente laica y publica a pesar de los ataques que sufrió durante la época del Imperio)  Karl había obtenido calificaciones asombrosas. Seguramente, sin saberlo todavía, mucho de su Rettem se enfocaba en su capacidad de análisis o empatía con los pacientes que llegaban al Hospital escuela en Walton Road, en el centro del Bajo Blondres.Y sin duda era mucho mejor pare el diagnostico que su estúpido padrastro, a quien intentaba superar en su área de Cirujano.

Imaginen un doctor que usando sus poderes es capaz de comprender, con exactitud, que le duele y como le duele a un paciente. Un Cirujano con el pulso más perfecto  que se ha visto, que no se cansa en las largas operaciones ni de los horarios de guardia. Si toda la llama de Karl se hubiera aplicado a la medicina humana sin duda alguna se hubiera convertido en un hombre de renombre, con una profesión noble y entregada a su labor con el metodismo de un cura. 

Le faltaban solo dos materias para recibirse cuando el Rettem golpeó la puerta de su vida. A la edad de 24 Karl paseaba por los pasillos del Walton Hospital cuando se cruzó con un paciente que había muerto la noche anterior, un fantasma de pura cepa. "Hicieron un mal trabajo conmigo querido" Le dijo al pasar debajo de los tubos de luz del pasillo.

Vio todas las cosas extrañas que ven los Dracidas y aquel fuego, traicionero para muchos, lo alejó de las personas por tener “un aire oscuro”  . En los bares del bajo que visitaba a menudo converso cierta vez con Gregor Trimberg, padre de su ex jefe. Gregor era un mafioso que en esos tiempos comenzaba ganar poder en el barrio luego de asesinar a los cabecillas de la mafia Brusa. Lo reclutó rápidamente; el resto ya lo conocen. Ahora sus conocimientos valdrían para sacar las balas de los criminales del bajo.

El párroco dentro de la garita, sin embargo, tenía algo muy distinto para indicarle.

-¿No podrías volver a ser un hombre del señor como en tu niñez redimiéndote de tus actos salvando a otros de esos crímenes tan innobles? Porque él te dio la fuerza, la valentía y el espíritu para hacerlo. Te dio el Poder para lograrlo...fuerza que has malgastado haciendo el mal. Ahora quizás sea tiempo de cambiar de bando, ¿No lo crees?
- ¡Sí!- Dijo Karl recordando lo pensado en la Biblioteca.
- Como sabes, muchos grandes pecadores fueron luego santos y con buenos actos borraron los malos, como quien antes robaba comida y luego la reparte. Como el romano que echaba a los leones a los Cristianos y luego los defendió a capa y espada.
- ¡Sí!- Grito Karl, cuyas ideas sobre medicina murieron allí definitivamente.
- Gracias padre...Gracias padre. Ya se lo que tengo que hacer...
***

El teléfono sonó y Karl se sacudió en su cama. La luz, el cuarto, la luna y la oscuridad estaban iguales. Pero el ya sabía que no se había tratado de un sueño. Desde su reposo tomó el teléfono. Era Illagros. 


La voz bravucona de Illagros le informo de la situación,  pero Karl dejo de escuchar su tonada Brusa cuando volvió a percibir algo fuera de lo común.

- ¿Me escuchas bola de esteroides? Tenes que matar a la piba, al Jethi y a la otra Jethi. Pero como la Jefa no confía en que un Dracida pueda hacerlo solo voy a ir para allá  Así que mejor que me esperes en la Hosteria. Ya tuviste suficientes vacaciones. ¿Si?
- Sí...Illagros.- Dijo la Voz de Karl desde el otro lado, fría y metálica.
- ¿Me estas escuchando Pedazo de alcornoque?
- Sí. Repitió Karl como robot.
- Bueno, llegare en mas o menos hora y media si el clima mejora un poco capaz menos. No te muevas de ahí.

Clank. Karl le corto. Illagros puteo en Bruso.
- ¿Y bien?- Pregunto Arcard a Illagros.
- Esta del marulo...pero hará lo que digamos.


Karl escuchó lo suficiente, vale decir solo lo importante. Pero sobre el final de la conversación su mente estaba muy ocupada observando la puerta del cuarto que daba al pasillo. Otra vez brillaba como si alguien hubiera puesto una bombita de muchos watts detrás. Casi Karl podría esperar que David Coperfield saliera de ella diciendo que todo había sido uno de sus maravillosos trucos.
Sal Karl...Sal del cuarto ahora...Dijo la voz. El Dracida le hizo caso.


****
El Jethi abrió la puerta que daba al pasillo de la hostería y este se encontraba vació  Todas las luces del mismo, puestas en unos bellos portalámparas que simulaban ser viejas antorchas iluminaban de forma cálida aunque algo vacilante. Una larga alfombra color salmón se abría paso por el corredor hasta una escalera que subía hacia el tercero de cuatro pisos en “El Eden”

En un estado bastante similar a la borrachera, Karl pudo ver como las luces del corredor se encendían y se apagaban una tras otra para volver a encenderse en una misma dirección. Esto le recordó a las señales de los aeropuertos en las pistas de aterrizaje.

Cauteloso, entre temeroso y excitado el Dracida caminó entonces hacia donde las luces indicaban, es decir escaleras arriba. Paso a paso subió las escaleras antiguas. La araña que colgaba sobre su cabeza se mecía lentamente en el techo de manera misteriosa, sus pequeños cristales se golpeaban el uno al otro y brillaban como diamantes exquisitos.

Fuera la ventisca regresó y con ellas sus aullidos lentos y apagados. Pudo ver desde el ventanal como los arboles del jardín eran altas sombras que se levantaban en la nocturnidad, yendo de un lado al otro lentamente como saludándolo desde fuera. Karl llegó al descanso de la escalera y volvió a ver la pintura “La Inquietud de Adan y Eva” pero esta vez no vio en ella una sola marca del paso del tiempo, no había humedad ni polvo...el efecto de la araña que colgaba desde el centro del tejado hacia que ambos hijos de Dios brillaran de una forma entre santa y pulcra.

Sube Karl...Sube...no te detengas, tenemos poco tiempo.

El Jethi apresuró el paso y llegó al tercer piso, en el corredor de esta planta las luces volvieron a hacer de guía para el obnubilado Karl. Le indicaban que ingresara en la última habitación a la izquierda. El numero 304.

Entra allí Karl.
- ¿Pero no hay alguien que este ocupando esa habitación?- Preguntó el Dracida.
      Ya no, vamos, apresúrate.

Aun sin saber exactamente en que lugar de ese pasillo estaba la realidad y en que rincón la fantasía  el Jethi llegó al extremo del pasillo y antes de que pudiera poner su mano sobre la manija la misma se abrió  tal y como hizo la  suya unos minutos atrás. El Cuarto numero 304 estaba vació y despedía un olor que le era reconocible, a pólvora y a muerte.

Tras alcanzar un living modesto que miraba al Río en la noche, las luces se prendieron como indicándole a Karl que fuera hasta el cuarto de baño, de donde podía oírse el agua correr. 
Adelante, no temas querido, adelante....

Este Jethi de Frigord no es el tipo de sujeto que teme entrar a un cuarto ajeno, pero desde la visión de la iglesia y la confesión todo había tomado un tono de ensueño. Un tipo de sensación que a Karl lo hacia sentir tan frágil como un pequeño de siete años que le teme a los fantasmas.

La puerta del baño crujió y un búho en el jardín delantero rompió el silencio de la noche. La luz se encendió sin que el Dracida buscara el interruptor y se topó de pronto con una bañera llena de sangre. De ella sobresalía una mano que sostenía una Colt 45 plateada muy parecida a la suya, solo que en este caso en el mango en vez de haber un martillo había una cruz cristiana. El cañón tenía el bajo relieve de bellas hojas que rodeaban toda la estructura superior y en el dorso del mismo podía leerse “Separad la Paja del Trigo”

El fiambre allí muerto era Walt Ripons. Un desequilibrado mental de esos que se preparan para el día del juicio final. Oriundo de Golanda, Walt era el hijo de una familia rica que no había conseguido tomar gusto por las finanzas o el mundo empresarial. En un viaje al desierto Salefiano con unos amigos a la edad de 19 años estuvo en contacto con otros idiotas llenos de dinero que creían en básicamente, cualquier profecía del fin del mundo que estuviera de moda. 

Ahora, acercándose el año 6000 un batallón de adoradores del misticismo barato había elaborado la teoría de que el Apocalipsis estaba cerca. Los raros eventos, nada ajenos para los medios en las últimas semanas sobre gente con espadas matándose por ahí, la nevada que cubría Blondres de manera empecinada y demás noticias sensacionalistas convencieron a Walt de que era hora de ascender a los cielos. Especialmente cuando vio en la televisión que una pelota de fuego del tamaño de un globo de aire caliente había chocado a pocos Kilómetros de allí. Para Walt esa era la señal de que el Anticristo había llegado a la tierra.

Toma el arma Karl.

Karl cogió la Colt. 
- ¿Qué debo hacer ahora?
- Como en las viejas canciones, los Dioses te han dejado las armas para la victoria. Ve al armario y toma todo lo que puedas-

El Jehti hizo como indicaba la voz. Cuando abrió las puertas del mismo encontró kilos y kilos de municiones. Junto a un Rifle Fal de culata plegable y un escopeta automática.  En la locura de los sectitas que seguía Walt se decía que una vez llegado el anticristo se desataría una peste al estilo Zombie que llenaría las calles de las grandes ciudades de terror. Karl pudo ver, entre todas las brillantes balas un ejemplar de “La Ultima Era: La era del Sol”. De este Best seller partían la mayoría de las pelotudeces Findemundistas. Tal ejemplar fue escrito por un Dracida conocido como Simon Evans. Un Jethi que utilizo su entrenamiento y dinero para llenarse de dinero. Sus aseveraciones eran tan descabelladas que hasta Karl pensó que era un idiota luego de leer su libro.

Volviendo a Karl, este tomo todo lo que pudo consigo. Saco unos lentes oscuros gruesos para poder sacarse el parche y evitar asustar a medio planeta con el. 
Antes de marcharte hay un regalo para ti en la sala. Es el arma que Heills ha preparado para sus guerrero.

El Dracida caminó hasta el living, donde antes no había percibido nada más que desorden y encontró sobre la mesa una hermosa hacha de combate. Era del tipo que utilizaban los Jethis de Frigord en los combates durante la antigüedad, sagrada y bien forjada su propósito era la justicia y expiación del mal. Karl tenía una en el Chikis, pero era una mala imitación de un Hacha Frigord original. Estas piezas a menudo se fabrican solamente en el Bosque de Hosmusilias donde se guardan los secretos de su forja milenaria. Esta de más decir que Karl nunca había ido allí.

¿Como había llegado hasta allí? ¿Que mano negra y misteriosa la depositó en el cuarto numero 304? Karl no lo sabía. Pero no importaba demasiado, su herramienta de justicia, su posgrado de Jethi de Frigord estaba allí brillante bajo la luz tenue de las lamparas del cuarto. 

La famosa Hacha de Frigord es similar a la lanza de Hatanst, no hace falta transportarla porque puede ser invocada por su portador cuando este desee utilizarla. Para ello solamente debe mencionar su nombre y por obra de los hados la misma aparecerá en sus manos. No puede ser robada por otro que no sea su maestro y están quienes dicen que tienen alma propia.

Llámala, Karl, dale un nombre a tu compañera en la cruzada que emprenderás.
- La nombrare "Elmer". Dijo Karl luego de recordar las tardes con su abuela. - Siempre quise tener un hacha como la de Elmer Gruñon. Ven a mí ahora Elmer...

El hacha flotó lentamente hasta sus manos. – Tu ordenaras y yo te seguiré  Dijo la voz de aquel afilado objeto Dracida, capaz de cortar acero y piedra como si fuera papel.

Ahora ya estas listo, guerrero de Heills. ¿Sabes que debes hacer?
Karl negó con la cabeza.

Al norte se dirige la enviada del mal que vive del otro lado del Circulo. Ya ha comenzado a juntar a su rebaño, el Dracida de Bilingord y la de Sigmund son sus primeros seguidores  Inocentes del mal que les acecha la llevan nada más y nada menos que a Hosmusilias, el santuario de tu raza. Allí pervertirá el único refugio que queda de vuestra cultura y pueblo para transformarla en la plaza fuerte de Satanás  ¡Debes Salvarlos a ellos y  a todos los Jethis Nobles que aun viven en este mundo! Adviertelos sobre el mal que vive en la muchacha y que vuelvan a la buena senda

- Lo he hecho mi señora, pero ellos no escuchan. Dijo Karl tomándose la cabeza, acongojado.
Dos veces Advierte el Señor, más nunca una tercera. Abras de separar la paja del trigo entonces. Apresúrate ahora, apresúrate y salva a tu raza Karl antes de que se pervierta.

Llegando por el camino que entraba en la Hosteria, la policía de Himburgo hizo su acostumbrada entrada. Siete coches de policía llegaron con sus sirenas zumbando en la noche, frenando violentamente y abriendo las puertas de los autos como payasos en una rutina cómica. Las voces ásperas y apagadas de sus radios invadieron el silencio acogedor de  "El Eden".

¡Alli estan Jefe!- Dijo Elmer. - Roñosos agentes de Mísinas. ¿Les haremos morder el polvo verdad Maestro?
- No lo se Elmer. Dijo Karl dubitativo y atontado.
¿Karl? ¿Acaso no has escuchado nada de lo que te he dicho? Asómate a la ventana del Comedor y veras...- Respondió la voz de la mujer. 

El Dracida hizo como le ordenaron. Los Oficiales estaban hablando con el Botones que lo había llevado a su cuarto. Le pareció ver que este gesticulaba nervioso y aterrado por haber estado hospedando un asesino. La policía pidió refuerzos por la radio e ingresó al vestíbulo de "El Eden".
¿Vas a dejar que ellos impidan la salvación de tu gente?
- No...pero pensé....
No hay "Peros" Karl. Estas en capilla ¿O acaso no recuerdas todos esos horrendos pecados que cometiste?- Continuo la voz. ¿Acaso quieres que le demos a otro la Gran Cruzada? ¿Quieres que le demos a OTRO tu ÚNICA oportunidad?
- ¡No!-
¿Quieres volver a ser un insignificante matón de la mafia? 
- ¡No!- Repitió Karl llorando.
¡Entonces haz lo que debes!
- Si Jefe, ¡haz lo que debes!- Dijo Elmer.

Karl cargó sobre su cuerpo grandote todas sus armas y salio por la puerta del cuarto con un Fal en su mano derecha y la escopeta automática apoyada sobre su espalda.  El televisor de la habitación contigua rugió cuando paso a su lado.