miércoles, 13 de noviembre de 2013

Las Notas de Loudwoods VI


Obediencia Debida

La Aparecida 


El pequeño jarro de café decía "Papá" con grandes letras rojas debajo de un león macho con lentes y camisa. Aquel había sido el regalo de Dilan comprado con sus propios ahorros para el último día del padre. La luz de su lampara de leer caía con policial precisión sobre el archivo del caso donde la tinta se confundía con las fotos de las victimas. 

Era la noche anterior a la partida a Loudwoods y Matew, que hace mucho que no tomaba un caso, estaba dispuesto a regresar  a estas largas y oscuras lecturas sobre las miserias de la raza humana, Vlaind o Dracida. Teniendo en cuenta todo lo que había visto y leído y matado en la MI5 durante los últimos cinco años Matew estaba convencido de que la maldad no hace excepciones, sea uno un ser sobrenatural o no. La mayoría de los crímenes eran por las mismas razones sin importar el la raza, el sexo, el trasfondo mitológico o dramático del mismo. 

Todas las Balas de los asesinos siempre están justificadas. De maneras más o menos locas, más o menos idiotas. Pero incluso hasta el más chiflado de los homicidas encuentra una buena razón para matar. No importa que la entendamos o no, que la apreciemos o no. Si no dejarían de ser criminales y serían otra cosa. Las aberraciones que contaban con apoyo popular en la sociedad dejaban de ser crímenes para transformarse, demasiado a menudo, en políticas de estado. Si un chiflado suelto ponía una bomba en una mezquita era un acto aborrecible y condenable. Si Himburgo tiraba toneladas de Bombas sobre países musulmanes, era por amor a la democracia.

Llevaba 3 horas sentando en su escritorio junto a la ventana. La noche fuera era cálida, amable y las estrellas brillaban sobre los edificios, cuyas largas siluetas se reflejaban en las aguas oscuras y misteriosas del río Margun, dividiendo la ciudad en dos. A pesar de vivir en una de las ciudades más grandes del mundo, Matew solo escuchaba el sonido de su respiración, del humo de sus cigarrillos saliendo de sus pulmones. La buena compañera, la brisa fresca de la corriente de aire le traía una tranquilidad inusitada. 

A pesar de toda la mierda que hubiera ahí afuera el había conseguido usar el Rettem y sus poderes para ayudar a otros y aunque muchos Dracidas le dijeran que solo era un idiota trabajando para el Estado, el Dracida de Frigord sabía que el código de los Jethis y el de la MI5 eran en esencia muy parecidos. Juró lealtad al código de la Orden y esta era la mejor manera de cumplir con esa promesa en la modernidad. 

Matew no había encontrado en el reporte demasiada información sobre Idele Diggritt. La victima que  había desaparecido recientemente y cuyo hermano estaba en cama por un balazo de escopeta. Apenas se decía que trabajaba en la "Ballena Macanuda", que era reservada más para nada antipática, bella, amable y bonita. Que era la hija menor de los Diggritt y la niña rebelde de la familia. Sin embargo lo que más llamaba la atención de Matew era la otra victima, esa a la que nadie le importaba: Simone Argoret, la bailarina del club nocturno conocido como "Boom Boom Joe". Un puterio viejo y barato de la zona.

Al parecer Simone era tan bella como Idele, cabellos oscuros, ojos verdes y un cuerpo privilegiado como el de cualquier Vlaind. Hija de una Familia del Norte que había escapado de su casa con sueños de volverse una super estrella de la canción al estilo M. Cyrus. Sin duda , y  a juzgar por una de las fotos del archivo Simone tenía todo para ser exitosa, pero en el pueblo se comentaba que por el mal ambiente de "Boom Boom Joe", una terrible adicción a la Heroína y algún terrible conflicto interno había acabado siendo la atracción principal del prostíbulo. 

No era la clase de victima que llega a los titulares nacionales, ni siquiera a los locales. Aunque sin lugar a dudas tendría un bonito recuadro en los obituarios del periódico local. Con toda seguridad "Lobo de Mar" o como se llamara había descubierto su desaparición tras hurgar mucho en la basura del pueblo. O tal vez tras descubrir que su puta favorita llevaba demasiado tiempo ausente de Boom Boom Joe. 

Aun en Himburgo una prostituta podía desaparecer sin que nadie le importara en lo absoluto, ni hablar en una comunidad tan tradicional y familiar como Loudwoods. Pero viendo las fotos de ambas muchachas Matew imaginaba que los casos estaban conectados. Pero no porque fueran ambas Vlaind solamente. Si el asesino quisiera lanzar una especie de cruzada fanática contra la gente de esa especie siendo un Dracida podría encontrar Vlainds muchos más peligrosos en ese lugar que una prostituta y una muchacha rebelde de 18 años. Observando los ojos de Idele desde el blanco y negro de la foto y los de Simone supo de inmediato que ninguna era una amenaza para un Jethi, al menos en lo estrictamente  bélico. No manejaban poder alguno, ni fortuna propia ni negocios. Por otra parte Matew adivinaba que  Simone podía contar con información delicada. Las putas son, entre otras cosas, una gran fuente muy fidedigna cuando se investiga.

Dejo de jugar con sus ideas, el reporte era muy escueto como para sacar conclusiones y más allá de las primeras palabras de Sean Diggritt, este se encontraba encerrado en la casa de su familia. Si deseaban saber algo de su boca tendrían que pasar sobre sus padres. A ningún Vlaind le gusta que la MI5 meta sus narices en sus negocios y política. Matew auguraba una larga y extensa discusión con ellos aun antes de siquiera verle la cara al desgraciado Sean.

Se escucharon dos golpes en la puerta del departamento. Acostumbrado a todo tipo de cosas Matew se dirigió a la misma con una mano muy firme sosteniendo su Walter PPK. - ¿Sí?
- Soy Helena Matew...
El Jethi de Frigord abrió la puerta y encontró a su nueva compañera. Traía algo de comida rápida recientemente comprada y un portafolios lleno de papeles. - Recuerdo haberte pedido que trajeras comida cuando terminaras en la central...pero no papeles..- Helena pasó dentro y le contesto:
- Bueno me pareció importante saber a donde vamos y estuve investigando algunas cosas en el archivo sobre Loudwoods y los Diggritt.

Matew tomó dos latas de cerveza de la heladera. Le lanzó una que Helena atrapó en el Aire. - A ustedes los Vlaind si que les gusta leer. Eso es bueno, porque yo soy más chapado a la antigua.
- ¿Y como es eso?
Matew destapó la cerveza:
- A menudo cuando le apuntas con un arma en la cabeza a alguien, lo piensa dos veces antes de mentir. Conozco a Marco, siempre se queja de que me "Excedo" un poco. Seguro que pensó que eras una buena candidata para "refinarme".
Helena se sentó en el sofá largo. Marco le dijo muchas cosas sobre Matew cuando conversaron. Entre ellas que si bien era un gran agente, asustaba a todo el mundo cada vez que salía en una misión.
- No pareces muy violento. De hecho no te ajustas en nada que haya escuchado de los Dracidas.
- Bueno, no pongo las cabezas de mis enemigos sobre picas. Pero se cuando dar caricias y cuando dar Rosca, es parte de nuestro entrenamiento como Dracidas de Frigord. Todos creen que somos unos brutos que andan con hachas por ahí y que manejamos motocicletas o camionetas monstruo. Mi orden no tiene buena fama en lo absoluto. En parte eso es bueno, hace que nos respeten más que a cualquiera, por otro lado siempre tengo a los de asuntos internos pegados a mi culo.

Y Helena lo sabía mejor que nadie. Todos los Vlaind conocen bien las historias que se cuentan sobre los Dracidas de Frigord, lo despiadados que eran, lo traicioneros que terminaban siendo siempre. Matew por otra parte no parecía otra cosa que un tipo grandote y buen humorado Himburgues muy contento con su trabajo.

- ¿Sabias que los Daggrit están compitiendo por una licitación del estado?- Dijo Helena alcanzándole unos papeles. Matew vio unas ilustraciones donde se mostraba un gran proyecto inmobiliario para generar, en el norte de Loudwoods, un enorme barrio cerrado. Helena continuo:
- Te presentó a la ciudad de Loudwoods Valley, fundada por  inmigrantes Brusos y Hellenianos hace más de 1000 años según consta en los registros. Al principio no era otra cosa que un caserío que contaba con un bonito monasterio en medio de los bosques de Adton, una posada y una pequeña comunidad de pescadores. Continuo siendo una porquería hasta que en el año 3998 un grupo de exploradores abrieron una mina de carbón en las montañas de la Bruma.

Matew vio la foto de unos mineros entrando en las fauces de una gigantesca mina en evidentes condiciones de esclavos, un hombre vestido con un traje blanco sonreía delante, posando. Helena siguió hablando, recordando todo lo leído como de memoria:
-Un sin fin de refugiados de Brusia y de Hellens llegaron al pueblo a trabajar a la mina durante la crisis económica del 4000. Esto hizo de Loudwoods una ciudad relativamente prospera por un tiempo. Durante la primera y segunda guerra Mundial las minas de Loudwoods alimentaban la maquinaría de guerra Himbueguesa. A fines de los 50 la producción se detuvo por falta del mineral. Hubo otros intentos muy fracasados de parte de los habitantes de encontrar oro o plata en las laderas. Pero no lograron otra cosa que más de 400 muertos en menos de dos años en estas expediciones.
- Gente obstinada la de Loudwoods...- Dijo Matew.
- Tras el fracaso de la industria minera en el lugar intentaron otras cosas, todas ellas sin el mayor éxito, hasta que a mediados de los 70, con la economía por el suelo en todo el país Loudwoods decidió poner todos sus esfuerzos en la industria del turismo. Desde que gran parte de la gente de Himburgo no puede pagar vacaciones en el extranjero, se han llenado los bolsillos de dinero en cada verano. Hace unos  10 años el pueblito llamó la atención de la industria inmobiliaria y no ha dejado de crecer desde entonces. Con todos los nuevos ricos que han logrado con esto están armando suburbios y barrios retirados. Los Daggritt, la familia de la victima era una de las principales inversoras en el terreno hasta que llegó un tal Waigth Parker.
Helena le extendió una foto: Era un hombre maduro, bien parecido de cabellos grises y ojos muy verdes.
 -Parker es el orgullo de la comunidad, un hombre que nació huérfano en el monasterio y que trabajó duro para llegar a ser uno de los más grandes empresarios en ascenso desde el retorno de la democracia. Vive en Loudwoods y tiene una constructora conocida como Rosewalls, tambien es el dueñño de la compañia de electricidad, Energywoods Da trabajo, hace caridad en la iglesia  y...
- Y compite con los Vlaind, Ya entendí Helena y me encanta que hayas hecho todo esto sin que siquiera te lo hayamos pedido. Pero me muero de hambre...

***

Helena estaba terminando el café de sobre mesa. Hace siglos que no devoraba comida chatarra como la de Mc Dowals o su competidora nacional "Uncle Peter". Cuando trabajaba en el diario solía vivir de restoran en restoran entre nota y nota. En su casa junto a Peter había tenido que ceder y comer a la forma Vlaind, vale decir nada que no cueste mucho dinero,sea muy fino y agradable a la vista.

La mesa del living de su compañero estaba llena de papeles con información sobre el caso o relacionados. Fotos en blanco y negro, fotos satelitales y a color. Matew fumaba su cigarrillo de sobre mesa con la barriga estallandole de comida. Viendo a Helena sentada frente a él con aquella belleza que parecía renovarse con cada mirada se preguntó cuando fue la última vez que ceno con alguien que no fuera su hijo.  La compañía de la Vlaind era agradable, aunque hablándole del caso lo aturdía. Desde que llegó al departamento era una ametralladora de información, como todo agente nuevo que viene pensando en cambiar el mundo. El ya había pasado esa etapa e imaginaba que Helena pronto lo haría.
- Así que estas insinuando que el crimen de Idele es para alejar los Vlaind de los negocios de Parker. ¿Verdad?- Dijo Matew algo cansado.
- Solo digo que, teniendo en cuenta como se manejan los Dracidas y Vlainds bien puede ser una forma de apretarlos. Si la secuestraran los Vlaind la buscarían de inmediato, pero si desaparece los deja en una posición difícil. Todas las familias tienen recursos para defender lo propio y aunque a los padres no les guste que su nena vaya a jugar a la casita a otro pueblo, no la dejarían abandonada a su suerte. Deben estar investigando por su cuenta ya.

Matew levanto una ceja:
- Es muy probable. Pero no confies demasiado en el amor familiar. He visto padres matar a sus hijos y mucho más. Por otro lado, todo lo que decis esta muy bien ahora, ¿Que hay de esta muchacha?.- Matew extendió la foto de la primera en desaparecer, la bailarina llamada Selene. - No tiene conexión con los Diggritt aparentemente, su familia vive en Lambridge y no tienen negocios por ahí. Era una prostituta que trabajaba en Boom Boom Joe que desapareció una noche. Me inclino más hacía la teoría del chiflado armado que por una cuestión de dinero entre empresarios. De todas maneras estamos hablando boludeces...veremos como va la cosa cuando estemos allá.

El Dracida se levantó pesadamente y llevándose las manos a la cara dijo:
- Muy buen trabajo Helena. Ahora a dormir, mañana salimos temprano. No te quedes toda la noche mirando eso. Lo mejor cuando se investiga algo es dejar que las ideas reposen por un tiempo. Hay cerveza en la heladera y un poco de pollo frito. Hasta luego.

Helena se quedo sola en el living de Matew. Volvió al sillón y no le hizo caso en lo absoluto a su consejo. Estaba emocionada, el trabajo de investigación le hacia olvidar que el planeta daba vueltas, que su prometido debía estar viajando donde su padre para buscarla junto o las muchas ganas de escribir que le habían dado desde que entro en el archivo nacional en busca de información sobre Loudwoods, recordando sus inicios como periodista en el norte.

Acomodó la lampara de leer y tomó el archivo que hablaba sobre Selene. Se sintió mal al ni siquiera preguntar por ella antes de que Matew la mencionara. Lo que realmente la hizo sentir extraña era que a ella misma le parecía irrelevante la historia de una mujerzuela, fuera Vlaind o no. Una actitud digna de su padre tan "Querido" . Comparó ambas fotos y analizando sus cabellos, sus ojos y piel blanquecina. Le impactoó saber que ella bien podría haber terminado igual. Las dos victimas habían escapado de sus casas por la misma razón, el deseo de salir de esa enfermiza burbuja Vlaind, un mundo donde, una vez terminada la adolescencia se debe abandonar todo lo deseado en pos de la Nación.  Si gusta bien y sino también.

Con las letras de los reportes aun flotando entre sus ojos y las fotografías Helena comenzó a quedarse dormida en el sillón viendo en imágenes mentales las mismas cosas que estaban entre las finas paginas mecanografiadas y en la lógica cambiante de los sueños vio muchas cosas deformadas y extrañas, agradables y misteriosas. Finalmente su cansancio la venció y ella se dejo ganar sobre el sofá.

En algún punto de la madrugada Helena despertó en el sofá. Matew había apagado la luz al costado y en el apartamento reinaba el silencio, ni siquiera podía escucharse el sonido de autos o de perros, como usualmente ocurre por esos barrios que no son ni de la clase alta ni de la baja. Noto que el Dracida le había dejado algo para taparse, pero no la arropo.

Tenía mucha sed, así que decidió ir en busca de algo de beber antes de volver a la cama. Caminó hasta la heladera y lo primero que noto era que el comedor parecía gélido. Su escalofrío provocó una danzante nube de vapor frente a sus narices. - Hay va nuestro raro buen clima otoñal. Pensó Helena.  A escasos metros de la heladera sintió un olor que no pudo reconocer de momento. Mientras intentaba adivinar a que se debía sacó la botella de agua y le dio dos tragos largos. Cerró el envase, tiritando de frío y se dio cuenta que tipo de olor era el que estaba alrededor: Tierra, tierra seca. Busco plantas en el balcón o algo parecido a esto que fuera capaz de producirlo pero no lo encontró. Por alguna estúpida razón no quiso prender la luz.

Fue en el exacto momento en el cual estaba por depositar el agua nuevamente en la heladera que percibió una presencia detrás de ella. Era una sensación familiar, algo agradable pero al mismo tiempo fuerte. Helena llevó una mano a su pistola reglamentaría y dio vuelta lentamente, dejando el refrigerador abierto para que su luz guiara el disparo.

No tenía el menor sentido, no había nada detrás. Matew hizo bien en decirle que no se durmiera leyendo los expedientes, ese tipo de cosas alteran la cabeza a los novatos siempre, viendo cosas donde nos las hay. Pero lo sentía, en la punta de sus dedos o en los pelos de su nuca Helena podía percibir a alguien observándola en la oscuridad, o observándola desde la oscuridad.

Cuando tomó todo el valor posible se dio la vuelta con el arma apuntando a la altura de la cabeza, sintiendo que su corazón le iba a estallar de los nervios. Pero lo que estaba delante ya tenía dos huecos limpios en la cabeza.

Era una mujer alta, con sus ropas ligeras rasgadas, dos botas largas y negras de cuero sostenían sus hermosas piernas, lastimadas y llenas de barro.

Era una Vlaind de cabellos oscuros.

Era Simone  mirándola con ojos inexpresivos cuyas orbes celestes brillaban ante la luz blanca del electrodoméstico con dos orificios de bala precisos, dignos de una ejecución ciñendo su frente. Sofia se lanzó atrás, llevada por el temor de lo que solo esperaba que fuera una pesadilla, el arma se le resbaló de las manos y su espalda se choco con la heladera. Quiso gritar pero no pudo, no tenía voz, no tenía el valor de hacerlo. Simone, con su figura cruzada por estrías de sombras provenientes de la persiana abrió su mano hacía ella. Dos viejos rollos de cinta para maquina de escribir eran sostenidos por la palma de su mano.

Los ojos de la aparición estaban clavados en los de Sofia. Helena se había marchado desde que ella apareciera, ahora era de nuevo Sofia, la que no tiene nada de ruda, ni talento con las armas y que no ha tenido una verdadera pelea en su vida. El fantasma de la victima señaló con su dedo indice la maleta que contenía la maquina de escribir. Luego habló y las sombras del cuarto se revolvieron:
- Escribe sobre Loudwoods - dijo -Y lleva la luz allí.




sábado, 9 de noviembre de 2013

Las Notas de Loudwoods V

Blondres Martes 5 de Noviembre 23:05 Horas
Complejo departamental The Picks-Alley

Obediencia Debida 
El Nacimiento de Helena Reeds 

Música
Las llaves hicieron un sonido que no le resultó familiar. Mecánico y algo estruendoso. La puerta negra y estrecha se abrió sin ningún esfuerzo hacía dentro dejando que la luz de tubo del pasillo de su nuevo hogar iluminara el interior del apartamento. Las sombras de los muebles  y cortinas contrastando con la proveniente de la ventana la recibieron. Sofia buscó la perilla de luz y unas dicroicas trajeron luz a su nueva casa en el complejo de departamentos The Picks Alley. Tres torres de 17 pisos cada uno que tenía más aspecto de monoblock reformado que la "Vivienda de Categoría" prometida en el contrato recientemente firmado en la MI5.

Sofia camino con sus tacos golpeando el parque, algo viejo pero en buen estado. Los muebles y la decoración del pequeño living comedor estaban...bien. Bueno sin duda no había racks de lujo, ni ampulosas bibliotecas o sillas Chipendale, pero estaba...¿normal?. La Vlaind dejó sus cosas sobre una mesa de color negro de plástico resistente y se quitó el traje dejando a la vista solo su camisa blanca. Abrumada por su primer día de "Trabajo" en la MI5 tiró los zapatos a algún rincón del tres ambientes y fue hacía la heladera de la cocina, integrada al living. Según le dijo Matew, el departamento venía incluido con comida y bebida para una mes. No vaya a ser cosa que al agente le toque salir a alguna peligrosa misión con el estomago vació y la garganta seca.

La Vlaind abrió la heladera y encontró lo que tanto necesitaba. Whisky Budasky. Una marca relativamente nueva con la cara de Buda en su etiqueta negra que rezaba "Beber para Pensar". Sofia abrió rápidamente la botella larga y fina y tomo unos tres o cuatro tragos. Estaba lejos de ser una bebedora pero durante todo el día había tenido la sensación de que acababa de cometer un muy grave error y eso la tenía más ansiosa que nunca. 

Mientras escuchaba a Mat o Pol Whitman hablarle sobre que se debe y que no se debe hacer en la Sección Roja se perdió a la mitad del reglamento. Esos hombres creían que ella era una Vlaind de la Inteligencia por lo que hubo muchas cosas que no se calentaron en explicarle por suponerlas sabidas. Marco le había dicho que seguro haría este trabajo mejor que cualquiera de los que usualmente eran reclutados por la fuerza. Sofia apenas había disparado un arma en su casa y por obligación de su padre como parte del entrenamiento familiar. Cuando se alejó de la heladera y abrió el ventanal que daba a un pequeño balcón vió brillar entre las cosas de su maleta la espada de su familia, Delaztar. En la espada era bastante buena, pero a comparación de otros regular. 

La Vlaind apoyó sus manos en la baranda negra del balconcito. La vista de su nuevo hogar daba a la rotonda sobre la cual estaban los tres edificios de "The Picks Alley" Un pequeño Pino crecía allí en soledad, detrás un muro blanco de 8 metros de altura daba hacía los terrenos del ferrocarril. Y más allá se alzaban los imponentes edificios del Centro de Blondres, con su ventanitas como diminutas y amarillentas estrellas. Ahora mismo un tren pasaba en lontananza haciendo al paisaje parecer un modelo a escala.

Bebió otro trago, la bebida le abrazó la garganta y le dejo en su boca ese gusto dulzón y fuerte. Una Brisa fresca más no fría le beso los cabellos rubios y agitó con templanza las cortinas baratas de la ventana, el pino y sus agujas bailaron a su orden. Sofia apretó con más fuerza la baranda, estaba molesta, estaba confundida y tenía ganas de volver corriendo a su casa con Peter. ¿Que mierda acababa de hacer? ¿Quien le pidió que lo hiciera? Claramente su plan no había sido la cosa brillante que imaginó hace pocos días en la casa del mirador. Claramente sus brazos pequeños no podrían sostener con la fuerza necesaria una espada o apretar el gatillo  sin miramientos como debería hacer tarde o temprano en este trabajo. Tampoco había dejado una gran impresión en su compañero. El Dracida había sido amistoso después de todo y ella se comportó como lo que él veía en ella: Una Niña rica con berrinches adolescentes.

Bien, tal vez no fuera la soluciona más genial que se le hubiera ocurrido a la Vlaind en lo últimos 27 años. Tranquilamente podría haberse mudado a algún país en el extranjero y hacerse pasar por vidente. Podría haber olvidado por completo el poder de sus notas y trabajar en la empresa de bienes raíces de su futuro esposo. O simplemente destruir la estúpida maquina de escribir y ya...

Tomó tres tragos largos, ambiciosos y buscó entre sus bolsillos un cigarrillo. Lo encendió con el Ronson que Peter le regaló para un aniversario de novios. La pequeña flama, llena de gas, salio eyectada para ser bruscamente interrumpida por la tapita dorada pequeña.

Como Vlaind de la Orden de Balabord Sofia tenía la convicción de que sus poderes, incluyendo el extraño portento de sus notas, debía servir para un bien mayor. Debía ser útil para la comunidad, para las personas y la afición de los Weedweber no era particularmente la caridad. Odiaban a los humanos, odiaban a los Dracidas y a toda cosa que no sea Vlaind. Por algún avatar extraño del destino (o a modo de castigo Divino) Sofia resultó en una Vlaind muy interesada por los hombres y sus cosas. Creía que los Vlaind debían ayudar a los humanos con sus fortunas y poderes, no intentar someterlos o engañarlos. Tal vez fuera por ello que, alguna fuerza misteriosa y sin nombre, le había dado la capacidad de reparar las desgracias ajenas por medio de su maquina de escribir, su talento como periodista y la quema del papel al final para cerrar el ciclo. 

No entendía porque y en cierta forma le interesaba muy poco. Solo sabía que esa cualidad tan única dentro del mundo en el que vivía pronto sería usada para hacer cosas espantosas, egoístas o malvadas.La MI5 era el único lugar del que había escuchado que era posible hacer algo "Bueno" por otros y aunque el costo fuera alto...no veía otra salida.

Estupidez o no había sido un acto noble de su parte. Se acostumbraría al trabajo, se acostumbraría a no ver nunca más a Peter, ni escribir notas en diarios y hasta tal vez, a nunca terminar "La Torre de las Tormentas", su nunca conclusa primera novela. Tras acabar la mitad de la botella Sofía miró a la noche delante de sus ojos:
- Mi nueva vida...a la mierda con todo lo demás. - Sostuvo la botella de Budisky con fuerza como si dentro de su cristal encerrara los últimos  27 años de Sofia Weedweber, como si fuera una lampara de genio que actúa en reversa. Se abre para tragárselo todo. La lanzo al vació. - Se acabo.

Lo que rescataba a Sofía de ser una maníaco depresiva como su madre era el temple de acero de su padre, al que llegaba a detestar a veces. Pero había que reconocerle al viejo que le había pasado algo de su increíble adaptación a los cambios y la resistencia a la perdida. 

Se quitó toda la ropa y la dejó en la cama de dos plazas, solo mantuvo sobre su blanca piel  una musculosa vieja que usaba para dormir y un culotte negro. Del Living trajó todos los productos que había comprado en una farmacia durante el horario de descanso en la MI5 y se internó en el baño. Un cuarto con azulejos amarillo claro y algunas marcas de humedad. Se dio una merecida y larga ducha caliente mientras sus dientes se apretaban los unos a los otros, intentando contener el dolor. Fue incapaz de hacerlo y lloro debajo de la reconfortante ducha. Pero era un llanto resignado, lagrimas del sin retorno y no de angustia o incertidumbre. 

Tras lavarse se miró al espejo, su cabello rubio mojado le caía a ambos lados de la cara, como le gustaba a su prometido que lo llevara. Siempre le decía que aun para ser una Vlaind, su color de pelo era especial, distinto a los otros y que la reconocería donde fuera por esa tonalidad tan dorada como única. La vlaind, aun entre el vapor sobrante de la ducha saco una tijera y empezó , lenta pero vigorosamente a cortar su cabello, que caía sobre el lavabo como hojas que se desprenden de un frondoso árbol. 

Mientras los tijeretazos iban y venían una nueva Sofia comenzaba a aparecer en el país del otro lado del espejo, su anterior parecido a Alicia se desvaneció tras las volutas de vapor para transformarse en otra persona. Alguien que no tenía familia, alguien que no llevaba aun un anillo de plata por una boda nunca llevada a cabo, alguien que no sabía en lo absoluto como escribir dos párrafos de una nota o de un libro. Alguien sin pasado y por ende sin dolor. 

Los Vlaind de Balabord tienen, entre otros poderes, la capacidad de modificar la materia Viva ademas de la normal. Esta habilidad en particular los hace especialistas a la hora de cambiar de aspecto. Pueden, con algún largó trabajo, llegar a cambiar por personas completamente distintas y hasta de sexo. Este poder era el que Sofia más conocía,  aunque nunca había cambiado su rostro o cuerpo, de niña solía cambiar la tonalidad de sus ojos para tenerlos más parecidos a  los de su padre, celestes. Al menos en la niñez, cuando todavía lo admiraba como solo una niña puede hacer.

Pasó sus manos por los ojos verdes y, tras un destello blanco como la luna (producto del Don de Namidian) sus orbes eran celeste oscuro, fríos, bellos e inexpresivos. Tan mortales como los de la bestia, atractivos como el pecado e impenetrables como murallas.  Una vez tuvó el pelo a la altura del cuello, haciendo uso del mismo poder Vlaind pasó sus manos suaves sobre su pelo y este se tiño de negro azabache, tan oscuro como un cuento de Edgar alan Poe. Cuando acabo se acercó al espejo y observó a la nueva persona que estaba delante suyo. - Ni Balabord  podría haberlo echo mejor. Se dijo así misma satisfecha con su pequeña transformación . A decir verdad Sofia se dio cuenta que se parecía a una estrella porno con ese look, pero al menos sería una estrella porno de las que son lindas en serio. 

Cambio de hábitos, cambio de casa, cambio de forma...no era una mala forma de empezar. Sí iba a hacer esto, si en verdad iba a alejarse de lo que la hacía Sofia Weedweber entonces tenía que tomárselo en serio. No alcanzaba con el pelo y los ojos, tampoco con el uniforme de la MI5 que colgaba en el placar que la hacía parecer un personaje de Hombres de Negro. Sí en verdad iba a llevar esta tarea hasta el puerto deseado lo mejor era zambullirse en el juego del todo. Por lo que abrió otra botella de Whisky Budisky y se perdió en ella acostada en la cama. No sea cosa que recordara que hace  5 años que no dormía sola.

***
Pensando como si estuviera construyendo un personaje para alguna novela se le hizo hasta divertido. A la mañana siguiente saltó de la cama y se calzó la camisa blanca, la pollera negra hasta las rodillas, los estiletos oscuros y sobre su cuello anudo la corbata fina. Con la taza del primer café de la mañana se miró al espejo...algo faltaba.
- ¡Lentes!- Buscó entre los bolsillos del saco y encontró unas gafas oscuras bastante bonitas. 
A la luz del amanecer entrando por la ventana le gusto un poco lo que veía. Llevo sus manos a la correa para su Desert Eagle Dorada (que también se había llevado por precaución) y examinó su figura angulo por angulo.  Sin duda podría comprarse este personaje que acababa de inventar. Solo le faltaba un buen nombre de cobertura...recordó el nombre que había pensado usar de Seudónimo por si necesitaba de alguno como escritora. 
- Helena Reed. Dijo ante el espejo repitiendo el nombre en su cabeza a medida que tomaba su maleta y comenzaba su primer día oficial de trabajo como Agente de la MI5. Como todavía no le habían entregado el auto prometido Sofia decidió usar el Subterraneo. Tan pronto como sus tacos golpearon las baldosas de la Bringwing Street atrajó las miradas de muchos Blondinenses que se dirigían a sus ocupaciones diarias. Sus largas piernas caminaron entre ellos con la decisión y sensualidad de una estrella y cuando entroóen la estación "Patriots" sabiéndose armada no pudo evitar sentir una profunda sensación de poder y atrevimiento.

Música

Poco después sus zapatos subían las escaleras de la salida del metro a una cuadra de la MI5. El sol brillaba como pocas veces antes en Blondres, los autos pasaban rápido por la Tony Clair Avenue y los ciudadanos, perdidos en sus asuntos eran como cientos de hormiguitas obedientes de muchos colores. Los semáforos, los policías en las esquinas y el grito ininterrumpido de "Diario" hicieron que Sofia empezara a sentirse Helena Reed, nacida en Blondres según su cobertura.  Con cada metro, cada paso, cada cigarrillo Sofia se quedaba en la casa del Mirador. Helena veía la nunca antes visitada ciudad de Blondres como un lugar donde todo sus miedos y rencores no podían alcanzarla.

Cuando pasó por el Hall de entrada de la MI5 la recepcionista ni siquiera se mosqueo. Eso significaba que estaba haciendo bien su trabajo. Si todos creían que en efecto ella era una espía sensual y mortal, tal vez ella podría llegar a creerlo y de manera mágica convertir aquello en una realidad. Una vez las puertas del ascensor se abrieron en el piso siete, exactamente a las 7:00 de la mañana Matew la vio llegar desde su cubículo y no pudo hacer otra cosa que borrar de su mente la fea imagen que le había quedado de Sofia.
- Buenos días Matew.- Dijo Helena sentándose en el escritorio asignado junto al de su compañero.
Matew examino cuidadosamente todos los cambios en Sofia...esperaba que la rubia poética y grácil llegara esa mañana con un montón de caprichos y preguntas, esto no ajustaba en nada con su imagen.
- Buenos días...Sofia. Parece que los Vlaind si se adaptan a los cambios...- Mona también la observaba tras salir un segundo de su oficina y casi va a preguntarle a Matew quien era la mina esa sentada en el escritorio de la piba nueva.
- Parece que te gusto mucho lo que te dijeron anoche. Nadie usa el uniforme ya...- Dijo Matew llevando sus ojos a las largas piernas de su nueva compañera.
- Bueno...como te dije, me gusta trabajar bien, este donde este.
A Matew le agrado también la buena onda que su compañera empezaba a mostrar. Aunque se quedaba con la rubia, no le quedaba nada mal el pelo oscuro y sus ojos azules tenían una fuerza renovada que los Verdes no.

El Dracida buscó algo debajo de su escritorio. Retiro un estuche de plástico y lo puso sobre su escritorio.
- Ábrelo...lo vas a necesitar.
Helena desajustó las clavijas y encontró dentro una Pistola Walter PPK de color negro. Junto a una credencial  que debía rellenar con su nombre y rango. Debajo de la tarjeta de plástico había un cuadrado rojo que rezaba
"Agente 748. Sección Roja de la MI5. Esta Persona tiene permitido no responder a los interrogantes de los  miembros de las fuerzas de Seguridad  a ecxepcion que medie una Orden del Ministerio de Defensa. Se ruega coperar con el Agente en todo lo posible. 
Ministerio de Defensa de Himburgo

Las letras oscuras y en molde de la MI5 brillaban ante la luz de tubo sobre su cabeza.
- Solo falta la foto carnet y que pongas tu nombre de cobertura.- Dijo Matew
- ¿Ya puedo hacer los honores?- Preguntó Sofia.
Mona vino por detrás.- Sí, luego sacamos la foto.
Sofía tomó un bolígrafo del bolsillo de la camisa de su compañero. Miro el espacio en blanco por un segundo y con decisión escribió:
Helena Reed 
Matew y Mona aplaudieron como en una tonta celebración de oficina.
- Bienvenida a la Agencia. Si queres vamos a tomar algo para celebrar. Vas a tener que acostumbrarte a esta persona ya que vamos a trabajar juntos por mucho tiempo.- Dijo Matew amigable.
- Eso va a tener que esperar. Dijo Mona. Les extendió unos papeles a ambos:
- Su caso cobra vida propia señores. Anoche balearon al hermano de Idele Diggrit en Loudwoods. Parece que la estaba buscando y un masculino en un sedan negro le llenó la panza de plomo cuando salio de un bar. Para su suerte, esta vivo y despertó hace unas horas. Marco los quiere Mañana por la tarde en el lugar. Teme que esto sea peor de lo que pensamos en un momento.
- Me dijiste que íbamos a ir el Lunes Mona...- se quejo Matew pensando en su hijo.
- Lo siento, pero ordenes son ordenes. Ya sabes como es...seguro que lo arreglan en un minuto y están devuelta por acá  como mucho el jueves que viene.

Helena pregunto:
- ¿Vamos a ir armados?
Matew y Mona se rieron alto y claro.
- Obviamente que vamos  a ir armados. Ningun chiflado me va poner un tiro con una escopeta, te lo puedo asegurar.- Dijo Matew
- Tengo otra arma, una Desert Eagle dorada Vlaind. ¿Puedo usarla en vez de esta otra?
Sus dos compañeros volvieron a reír.
- Sofia...digo, Helena la Walter PPK es el arma reglamentaría por una buena razón. Es un calibre pequeño que puede ser muy efectiva contra humanos y aunque es poco probable que mates a un Dracida o un Vlaind con ella al menos le dolerá lo suficiente. No podemos andar con armas como la tuya por la calle, porque si le pega a una persona inocente le seccionas un brazo. ¿Entendes?
- No le hagas caso. Dijo Mona. - Lleva la reglamentaría y...la Desert Eagle. Usa cualquiera de las dos, pero con inteligencia. No le tires a nada con la Desert Vlaind que no sea un Dracida o un Vlaind. Nada más. De todas formas tenemos una armería muy completa en el subsuelo donde los agentes elijen el equipo adecuado.
- ¿Y la espada de mi Familia?- Pegunto Helena.
- Eso esta bien, te vamos a dar alguna ropa especial para llevarla. Pero acordate: Las espadas solo se usan cuando es necesario. No podemos ir a los mandobles por el centro de Blondres a menos que nuestra vida este en juego. ¿Ok?
- Ok. Dijo Helena entendiendo.
Mona se alejó, pero volvió sobre sus pasos solo para evitar futuros problemas:
- Bueno Helena no pareces la clase de idiota que lo haría, pero por las dudas lo vuelvo a explicar como anoche:
No se pueden lanzar granadas de mano si nada justifica su uso. No se puede abrir fuego alrededor de gente inocente si no es indispensable. No se puede usar tus poderes a la vista de civiles. No se puede utilizar los artefactos de inteligencia para uso personal...
Matew la detuvo:
- Mona, no la abrumes. Yo ya le di la lista de los "No se puede". ¿O no Helena?
- Es verdad Mona.
- ¿Y cual es la regla numero Uno Helena Reed?- Pregunto Matew como quien habla a una alumna.
- Que todas las reglas terminan en :Siempre y cuando no corra peligro la vida de terceros o se comprometa a la Agencia.
Mona negó con la cabeza:
- Si no fueras un buen tipo Matew, temería por mi puesto cada vez que vas en una misión.
- Si no fueras mi jefa, Mona, te diría que te quiero mucho. - Le Guiño un ojo. Mona lo golpeo con el reporte que sostenía:
- Caradura...- Dijo alejándose. Luego gritó a lo lejos:
- Ya saben, a las 9 les informamos los últimos detalles y después, a hacer su trabajo señores.- Luego añadió a los demás agentes en el piso, la mayoría recién llegados y dormidos:
- ¡Y pónganse a laburar que esto no es una guardería para gente sobrenatural!

Matew se paró para ir junto a Helena a la armería del subsuelo.
- ¿Ya puedo llamarte compañera?- Le preguntó mientras iban hacía el elevador.
- Eso supongo. Perdóname si ayer me porte medio como una idiota. Estaba un poco nerviosa, no sabía bien que hacer.
Matew la dejo pasar primero al ascensor.
- No te preocupes, todos fuimos nuevos alguna vez. Vos me enseñaras algunas cosas sobre Vlainds y yo sobre Jethis. En el medio aventuras y disparos. Nada que no hayas visto en la inteligencia Vlaind supongo.
Helena miró hacia el suelo recordando de pronto que, el cambio de ropa y de look no le daba la experiencia necesaria para esto.
- Seguro. No hay problema...nada que no este en los libros de la Sección ¿verdad?
Matew lanzo una risa clara.
- ¿Libros? eso es para los humanos del piso cinco.- Dijo despreocupado- En la Sección Roja no tenemos manuales de procedimiento ni tiempo para estudiarlos. Siempre y cuando tengas facilidad en la investigación y sepas tirar...bueno con eso basta.
Sofia simuló una risa despreocupada, aunque por dentro estaba ardiendo en nervios.
- Claro...mi jefe en la inteligencia Vlaind decía lo mismo.
Ya empezaba a hacer bien su trabajo. Mintiendo era tan buena como cualquiera en la Sección Roja.



jueves, 7 de noviembre de 2013

Las Notas de Loudwoods IV

Blondres/ Himburgo lunes 4 de Noviembre 5013
Oficinas de la MI5-Tony Clayr Avenue. 6.30 Horas


Obediencia Debida

Nueva Pareja
Nueva Misión
Mismo Crimen



Ya eran las 8:30 de la mañana. Matew había dejado de momento el espantoso Reporte de uno de los novatos sobre una supuesta red terrorista conocida como "Sol Naciente" en Salef del norte. Después de 5 años trabajando allí a Matew no le asustaban en lo absoluto estos clubs de alunados fanáticos religiosos con un par de Ak-47´s  y un compendio de fracasadas operaciones. Lo que tenía al Agente con los pelos de punta era la forma en que el Informe se había redactado. Era una cosa tan ambigua y falta de datos que Matew llegó a sospechar que el Agente a cargo de dicha operación ni siquiera había viajado al  terreno para investigar. Le enfadaba que le hicieran perder tiempo y dinero a La MI5 con reportes tan mal logrados. La idea sobre lo mal que se escogía a algunos miembros del personal volvió a su cabeza. Entre ellas la de un joven Vlaind que entró con una bomba al Edificio de la MI5 luego de que un tipo que desconocía en lo absoluto le dijera "Ten esto y llévalo a la sede central. Es muy secreto y solo puede abrirse allí". Ese día si no fuera por Marco Warren todos habrían muerto en la explosión.

Mientras iba hacía el departamento de "Informes y Reportes" Mona lo encontró en el estrecho pasillo alumbrado con luces de tubo frías y pintado de amarillo claro.
- Mat...-Dijo con sus ojos cubiertos detrás de unos bonitos lentes. Ahora ya estaba despierta, radiante y bella como siempre.
El Dracida se detuvo al escucharla.
- ¿Se?
- Marco quiere verte en su oficina. Parece que te van a asignar una misión de calle.
Matew iba a protestar pero Mona se le anticipo a la defensiva.
- No, no se de que trata. Solo se que me pediste que le dijera a Marco que te diera, de vez en cuando, trabajos más interesantes que estar sentado en tu escritorio y....
WooW pera un segundo. Dijo Mat Riendose. - Solo quería decirte que hasta el sábado no voy a poder. Tengo que cuidar de Dilan. Después no tengo problema, estoy hasta los huevos de leer estas porquerías.
- No se cuando ni donde te van a enviar. Pero No es nada urgente así que capaz puedas ver a Dilan esta semana. ¿Joana sigue teniendo problemas con que lo veas? Porque tenemos buenos abogados por acá...
Matew la interrumpió tras recordar cierto horrendo episodio que por poco no lo dejo lejos de su crío.
- No.- Dijo seco. - Ya lo superamos. - Tene..-Le dio el reporte a Mona. - Decile a Franchesca que esto es una porquería y que sera mejor que revise todos los informes y cables en busca de algo llamado "Sol Naciente" El agente que lo investigó desaprovecho todo lo recopilado en su departamento, hay que volver a hacerlo.
Monta asintió. - Bueno, no le va a gustar pero el agente se las tendrá que arreglar con ella.

Matew cambio de dirección hacía la oficina de Marco Warren, su jefe directo y coordinador de los equipos de investigación. Como "Jefe de Piso" Marco era el encargado de despachar las misiones a todos los agentes, supervisar su trabajo y administrar los recursos de la Sección para que todo anduviera sobre ruedas.  A pesar de ser  un Vlaind, todos le tenían afecto. A diferencia de otros que ocuparon antes su puesto era un sujeto amable que sabía hacerse respetar sin sacar chapa de su poder dentro de la Agencia o hacer trabajar a los agentes hasta romperles el espino. Su pasado como Policía en los suburbios de Blondres le daba la capacidad para trabajar en equipo y ser un líder natural. El cargo que tenía se lo había ganado con mucho esfuerzo y una intachable hoja de servicio para la MI5. Mona lo escogió porque era el único de los nuevos que podía dar el ejemplo que deseaban en la Agencia para la nueva democracia.

Tamara "Fumona" Holowitz (como la conocían en la sección) vio a Matew acercarse a la oficina de Marco. Presionó el comunicador para avisar de su llegada. Desde la puerta vidriada Matew divisó a Marco venir hacia él con una sonrisa. Sus cabellos cortos oscuros y ojos marrones no eran la típica apariencia para un Vlaind. Sin embargo todo lo demás denotaba que lo era. Tenía un porte noble y distinguido difícil de hallar en era la Sección Roja, donde la mayoría rozaban la vida criminal antes de ser reclutados.

- Buenos días Matew, pasa...- Dijo Marco con su acento sureño. Le alcanzó una silla y el agente se sentó. Se conocían hace bastante y las formalidades habían quedado atrás hace mucho tiempo. Rapidamente el agente vio que sobre el escritorio de Marco había un archivo del departamento de Informes con la palabra "Clasificado" en grandes letras rojas. Warren se apoyó contra la ventana de su oficina que dejaba ver el clima gris y lluvioso de Blondres, como todas sus calles apiñadas de autos por la hora pico.

- Me dijo Mona que tenías algo para mí. Dijo Mat.
Marco asintió.
- Bueno, no me olvide de que me pediste algunos trabajos un poco más...difíciles que evaluar reportes. Lo cierto es que en la última semana revise varios casos que pudieran interesarte, pero la verdad es que son todas misiones muy peligrosas para alguien que tiene un hijo. La mayoría en el extranjero  siguiendo terroristas en Salef del norte, haciendo contra inteligencia en el bloque Oriental o entrenando guerrilleros en Bretoslavia y Amerika del Sur.
- Ajam. Dijo Matew con cierto Alivio. A esas misiones se las llaman "Tipo D" (De "Dead tipe" en Himburgues) donde las posibilidades de volver con vida son de un 50%. Por lo general se las entregan a los agentes más nuevos para probar sus talentos de manera...mortalmente eficaz. También se las conocía como tipo "G" (Goverment) y eran trabajos sucios, muy, muy sucios y espantosos en los que los hombres comunes ya habían fallado.

- Esta mañana llego esto...- Le extendió el reporte. En su caratula interna se leía "Loudwoods Valley, asesinatos y desapariciones"
Marco comenzó a explicar:
- Lo mando uno de nuestros informantes en el sur de nombre código "Lobo de Mar" me pareció que se ajusta a lo que buscabas.
Matt comenzó a pasar las hojas, había algunas fotos de lo que parecía un pueblo común y corriente del sur de Himburgo. Otra de una bailarina de cabaret en un brindis y finalmente la de una hermosa muchacha de aspecto joven en una fotografía de grupo junto a otras personas en algo similar a un bar.
- Que belleza...- Dijo Matewn observando a la muchacha con su sonriente rostro encerrado en un circulo rojo con fibron.
- Dame un segundo. - Dijo Marco y llamó por el comunicador a Tamara. - Que pase la piba nueva Tamara.
Matew paro las orejas como un pasto alemán
¿Piba Nueva? Oh no...Penso Matew Otro idiota con muchos video juegos en la cabeza y nada de entrenamiento. 

Cuando las puertas de vidrio detrás de él se abrieron Matew quedo estupefacto, era nada más y nada menos que la Vlaind que había visto en el McDowolas unas horas atrás, su traje rojo resaltaba con todo lo blanco y cristalino de la oficina de Warren. Cuando entró al despacho un perfume caro y sensual invadió la habitación y sus largas piernas le quitaron el aliento al Dracida de Frigord por unos segundos. Si bien sus senos no iban a ser la portada de "Man´s Stuff" el próximo mes, todo lo demás bien valía una mirada. Se dirigió hacia la silla contigua a Matt con gracia y naturalidad, su cabello rubio parecía  brillar al tomar contacto con la luz del día. Era fina como una princesa, misteriosa como la luna y hermosa  como el amanecer, era....
- Te presentó a Sofia Weedweber Mat, Vlaind de la Orden de Balabord y a partir de unas horas agente de la MI5.
Oh Sí...oh Sí...Re formuló el agente en su cabeza.
Matew saludo o al menos eso intento todavía muy impresionado por esta mujer. Sintió un dejo de vergüenza al recordar la forma en que la miró cuando se encontraron en el McDowals. Ella no pareció impresionarse ni sorprenderse.
- Buenos días, un gusto Matew, Marco me hablo muy bien de usted. Dijo estrechando su mano.
- Gracias, igualmente. ¿Se conocen?-
Marco interrumpió a Sofia que por unos segundos pareció vacilar.
- Nuestras familias son conocidas. Sofia es oriunda de Real Himburgo y decidió hace poco sumarse a la MI5, viene bajo mi recomendación especial. Para suerte tuya no vas a tener que explicarle demasiadas cosas o entrenarla. Como todos los Vlaind Sofia ha sido entrenada desde chica en algunas de las cosas que hacemos por acá, lease manejo de armas de fuego, esgrima, pelea cuerpo a cuerpo, el uso de nuestros poderes y, lo que es más importante: Como convivir con humanos y no morir en el intento. Ha trabajado ademas en el Servicio de Inteligencia Vlaind, por lo que ya tiene experiencia en estas cosas.

El Dracida de Frigord estaba algo atónito. En sus 5 años de trabajo nunca le habían asignado una pareja Vlaind. Y lo que lo tenía algo enojado era que por más que Marco quisiera dorar la píldora esta chica no dejaba de ser una Vlaind. Algo hermoso para mirar y disfrutar sino se trabaja con ellos.Gente altiva, fría y por lo que recordaba con una ligera tendencia a enloquecer.

Ahora me toca una Niña Rica muy creída...

A pesar de su cejo fruncido Marco continuo hablando dando por hecho que Sofia sería su compañera.
- Bien...el reporte que tienes entre las manos da cuenta de una desaparicion en una localidad  sureña, Loudwoods Valley. Al parecer una familia Vlaind de la localidad conocida como los Daggrit se pusieron en contacto con "Lobo de Mar" porque su hija de  19 años desapareció después de haberse ido a trabajar a esa ciudad. Según la madre de la chica ella es una adolescente problemática que no quiere saber nada con el mundo de su especie y tiene la costumbre de vivir cerca de mortales llevando a cabo su modo de vida. Cansados de tratar de obligarla a hacer lo que sus padres querían le regalaron una casa en las playas de Loudwoods para que acabaran los berrinches. Sin embargo hace unos días que no saben nada de ella...

Sofia, que sabía mejor que nadie allí lo que significaba intentar rebelarse contra las costumbres de su especie dijo:
- Aunque no es común entre nosotros, los Vlaind, no es la primera vez que eso sucede. Dijo con calma.
- Es verdad Marco, creí que me ibas a dar algo como la gente y no una adolescente que seguro se escapo con el novio de turno para rebelarse de papí y mamí.
La Vlaind miro a Mat con un dejo de bronca. Sea porque se identificara con la chica o porque el Dracida hablaba de los Vlaind como unos niños ricos y malcriados.
- La mayoría de los que se separan de su familia, en nuestra especie, lo hacen por motivos políticos o diferencias ideológicas. No hay tal cosa como la edad del pavo en un Vlaind, si a eso se refiere...- Añadio Sofia mostrando un poco de su orgullo.
- Mire señora...-Comenzó a decir el Dracida. Marco los interrumpió.
- No es por eso que los llame. Como bien dice Sofia esto nos importaría un carajo si Lobo Marino no hubiera descubierto la desaparición de Otra Vlaind hace 3 meses en el mismo pueblo. Una Bailarina que ganaba dinero en un club nocturno de la zona de apellido Argoret.

Matew asintió:
- Ahora me gusta más...- Dijo.
 Sofia lo miró como quien observa a un bárbaro de la edad media. ¿Que tenía eso de genial o de atractivo para este Dracida? Su padre los odiaba, le parecían una raza de matones sin norte ni propósito más que matar. Tal vez no estaba tan equivocado en ello.
- En mi opinión esto puede ser nada en lo absoluto. Pero el hecho de que haya dos mujeres Vlainds desaparecidas bien puede significar que un Jethi local este haciendo algo indebido. No lejos de Loudwoods hay una base militar de la marina y todos sabemos que los Jethis suelen trabajar en las fuerzas armadas. Quizás sea uno de esos pirados que todavía creen que nuestras razas siguen en la guerra santa.
- Como también puede ser un violador humano...-Dijo Mat augurando para él una investigación que solo iba a conducir a lo más obvio, cosa que ocurría seguido.
- Ningún Vlaind podría ser reducido por un hombre mortal, al menos en condiciones normales. Incluso una muchacha de 18 años ya sabe como defenderse gracias a nuestra educación tradicional. Nos cuidamos mucho de los hombres desde hace miles de años.
Marco asintió:
- Es verdad lo que dice Sofia. Repito...puede ser solo un caso local como algo importante. Ademas los padres de Idele Daggrit, la que desapareció hace poco, financian muchas de nuestras operaciones en la costa de Hellens. Digamos que minimanente tenemos que hacer como que nos importa.

- ¿Entonces cuando partimos Capitán?- Dijo Matew emocionado por abandonar su escritorio, aunque fuera a una Misión pedestre y previsible como parecía ser esta.
- Bueno todavía tengo que discutir eso con Mona. Lo más probable es que partan el Lunes que viene. Sofia tiene que hacer todo el proceso de reclutamiento, firmar papeles y demás. Hasta entonces te recomiendo que busques lo que puedas sobre este tal Loudwoods.Y en tu tiempo libre, bueno, explicale los detalles que se nos escapen a Sofia sobre como se trabaja acá.

Ambos salieron de la oficina. Matew le preguntó con amabilidad deseando hacerla sentir cómoda. Su percepción Dracida le indicaba que la Vlaind se sentía en otro planeta que fingía entender. - Bueno, ¿Hiciste algo parecido a esto antes? Me refiero a investigar, pelear, matar etc.
Sofia sonrió. Tenía que admitir que más allá de parecer un bárbaro el Dracida era simpático (y apuesto, cosa rara en esa especie)
- Trabaje un tiempo para la Inteligencia Vlaind. - Soltó con Naturalidad mientras caminaban en dirección a los panels de Matew.
- Bueno, de todas maneras te imaginas que todo lo que ves y escuchas acá no puede comentarse a tus antiguos compañeros de trabajo.
- Sí. Soy una Vlaind Matew, se como es nuestro mundo y conozco el contexto. Ya lo discutí con Marco anoche.
- Bueno de todas maneras te lo van a repetir hasta que te mueras. Especialmente cuando hagas el tramite para enrolarte. Es la primera vez que veo que un Vlaind se sume a nosotros de manera voluntaria. ¿Que te atrajo de este lugar?- Dijo el Dracida mientras caminaban juntos hacía su cubículo nuevamente.

Sofia no estaba preparada para la pregunta, la única respuesta era la que ella misma se había jurado no revelar a nadie. Quería  escaparse de su padre, de su familia, de sus tratos y negocios. En otras palabras deseaba lo que a los Agentes de la MI5 tanto les pesa: Otra vida a escondidas de todo lo que ella había conocido y convertirse en invisible para no ser rastreada por aquellos que la querían devuelta, por aquellos que podrían salir dañados debido a su único y maravilloso don.

- Digamos que, como las chicas desaparecidas, me canse de mi familia. Siempre me gusto vivir la vida a mi manera y sin tener que deberle todo a la fortuna de los Weedweber o sus influencias en el sector privado.- Dijo Finalmente la Vlaind con su voz tan neutra como misteriosa. No era la verdad, pero era parte de ella.

A pesar de su desconfianza natural hacia los Vlaind Matew tuvo que aceptar que esa respuesta le gusto bastante. -Bueno, sin duda elegiste el lugar apropiado para trabajar duro. Ten en cuenta esto Sofia, en la Sección Roja el que no trabaja duro, no dura. Y me refiero a dos balas en tu cabeza en menos de lo que canta un gallo. Viendo el lugar podrás pensar que esto es parecido a alguna de esas dependencias estatales llenas de burocracia. Lo es, en el piso de abajo donde trabajan los humanos. Acá arriba todos los días pueden ser el último, especialmente durante los primeros 3 años. Como las películas de Bond pero sin la suerte, ni las minas, ni la plata ni las felicitaciones de la reina al final de cada aventura.

Sofia no se dejo amedrentar:
- No te preocupes, se bien donde estoy metida.
- Eso espero.- Contesto Matew.

La Vlaind fue llamada por Pol Whitman para comenzar a firmar todos los papeles que acabarían con su vida pasada y le darían un marco legal a la nueva. No se creyó el cuento de su nueva compañera. Llevaba muchos años trabajando en la MI5 como para saber muy bien cuando alguien le mentía, por lo que una vez Sofia estuvo lejos comenzó a preguntarse en que lugar podría obtener algo de información sobre ella para corroborar sus dichos. Después de todo, no dejaba de ser un Agente de la MI5.

***
Martes 5 de Noviembre Loudwoods Valley 21:30 Horas


Sean Daggrit iba por la acera de la avenida 3 de Loudwoods Valley. En sus manos llevaba los volantes con la cara de su hermana menor que venía pegando en los postes telefónicos desde hace unas horas. La neblina se abría paso entre los callejones y los edificios de la avenida 3, el alumbrado eléctrico de la ciudad le daba a la misma tonalidades frías y de ensueño. El asfalto brillaba producto del mal tiempo recientemente  pasado y los autos estacionados en las veredas tenían sus vidrios empañados. El sonido de sus caros zapatos golpeando las baldosas grises se perdía delante y detrás de él, provocando un eco que lo obligaba a girar su cabeza de tanto en tanto.   

Los ojos verdes de Sean se alegraron al ver el cartel de neón Rosado de "La Ballena Macanuda", la cervecería donde Idele le había dicho que trabajaba la última vez que lo llamó por teléfono a su casa en las afueras de Loudwoods. Con su campera de cuero marrón con cuello de corderoy fue en dirección del cartel con forma de Ballenato sonriente. El sonido producido por el cartel era un zumbido cansado pero constante. Cuando abrió las puertas las campanillas del otro lado anunciaron su llegada. 

Tan pronto como estuvo dentro sintió el amable calor de la calefacción y la voz chillona de un anciano:
- Ya cerramos ¿Que no vio el cartel?- Dijo Donald Steves, dueño de "La Ballena Macanuda". A juzgar por su rostro arrugado y el desprecio en sus palabras a Sean no le pareció tan macanuda la ballena. 
- Perdón, llame esta mañana y me dijeron que viniera después de las 21. Busco a...- Hurgó en sus bolsillos y saco un papelito: -Susy.
Donald Steves era la clase de comerciante que era lo minimamente educado como para no espantar futuros clientes. Le volvió a echar una mirada desconfiada y dijo:
- Sí...Susy. Siéntese que ya la llamo.

Sean Daggrit se sentó en un taburete frente a la barra y mientras el anciano de camisa blanca y lentes gruesos iba hacía la cocina, llevó sus ojos a todas las botellas de whisky, cerveza, vodka, ron y demás apiladas delante. Como Vlaind Sean nunca había tenido el placer de visitar un bar humano. O al menos no una cervecería como esta. Sus padres le habían dicho que estos tugurios siempre estaban llenos de mugre y criminales, de gente ruda y peligrosa. Sin embargo, ante lo que estaba delante de sus ojos podía comprender porque a Idele le gustaban tanto los humanos. El ambiente de "La Ballena Macanuda" con su madera pulida, sus taburetes de sillones acolchonados y las campanas de vidrio que cubrían las minutas era amistoso, afable. Nada que ver con los Súper Restoranes o bares "Modernos" de la rivera del Dako donde él y sus amigos solían ir por unas copas.

En la espera pudo ver que no estaba solo en el bar. Un hombre alto y de cabellos canos estaba en la barra también, aunque de espaldas a él. Vestía un sobretodo largo de color caqui y al parecer bebía una cerveza Milton mientras veía los últimos minutos del partido de esa noche. Sean sintió al ver sus cabellos algo ralos que algo en su interior le decía que ese no era un hombre común. Una sensación de pesadez, de agobio le invadió por unos instantes. Pero esta se desvaneció cuando una mujer de unos 60 años de cabellos castaños con algunas canas salió de la cocina. Tenía puesto un delantal donde se leía su nombre bordado junto a una ballenita negra: Susy Towers. Al ver a Sean, como toda mujer anciana que es abuela lo trató y le habló con toda la calidez que su esposo Donald le había privado.
- ¿Eres el hermano de Idele verdad?- Dijo acercándose para saludarlo cruzando la barra tras abrir una pequeña puertecita. 
- Sí, un gusto. El Vlaind se sintió algo incomodo cuando ella le beso el cachete.
- Eres tan apuesto como tu hermana...¿Que edad tienes hijo?
- 24. Puntualizo, ruborizado el Vlaind. Las ancianas humanas eran mucho más agradables que las matronas Vlaind. Idele le había contado eso por correo electrónico. 
- Señora - Comenzó a decir Sean, acomodando sus cabellos peinados prolijamente al costado. - Como sabe mi hermana, bueno, esta perdida y la policía todavía esta esperando a que se cumplan 48 horas. Quería, si no es mucho pedir, que me dijera si ella le comentó algo que la preocupara en los últimos días...algo que pudiera ser importante. Muchos, incluso en mi familia, piensan que seguro Idele se fue a algún otro pueblo. Pero yo la conozco y siempre estamos en contacto, nunca deja su celular sin atender y si es así siempre llama al rato para avisar que todo va bien. 

Lo cierto era que Sean se sentía como un estúpido haciendo lo que hacía. Pero a pesar de que no se habían cumplido ni dos días desde que Idele no contestara el teléfono el sabía que algo extraño estaba pasando. Lo sentía de la forma que solo un Vlaind puede predecir una desgracia. Y había soñado...había soñado
- Entiendo joven, yo también me preocuparía por como esta la calle ahora...más siendo ella tan bonita.
Había Soñado con Palas
Susy siguió hablando. El hombre en la barra dejó su dinero allí y se marchó. 
- Bueno...Idele es una muchacha que no habla mucho como ya debes saber. Pero trabajaba como ninguna otra persona ha trabajado aquí excepto yo en mis buenos años, pero los inviernos me pasaban factura y la contrate hace un mes para que sirviera las mesas.  Solo tuvimos problemas con ella la última semana, va "Problemas", tuvo algunas ausencias. Dijo que tenía muchos vómitos y mareos. Hace más o menos cinco o seis días el medico le dijo que debía hacerse una prueba de embarazo.

Sean primero se alegró por la noticia. Luego recordó que su hermana estaba desaparecida y quizás embarazada, eso cambio su brillante semblante a uno distinto. 
- ¿Y estaba embarazada señora Susy?- Pregunto el Vlaind.
- En efecto. No se si la prueba le dio negativo o positivo porque si se la hizo no me lo dijo. Pero con 5 Hijos y 3 nietos esta señora sabe muy bien como luce una mujer encinta. No te preocupes Sean, lo más probable es que este algo asustada de decirle a tus padres. Después de todo no estaba casada. 
- ¿Quien sería el padre? ¿Tiene alguna idea? No me dijo que estaba saliendo con alguien.
Susy se llevó su mano a la frente tratando de recordar...
- No sabemos su nombre. Idele parecía algo reservada en ese sentido pero lo llamaba "Mi Chico del Faro" Quizás no fuera más que un amante transitorio...nada que de mi época pero eso no es mi problema. Solo me hablo de él una vez y me dijo que trabajaba como cuidador del Faro de Loudwoods, en la Uno y 150. Ella siempre mencionaba una historia...no la recuerdo ahora...
- La Isla gris. - Dijo Sean. - Era sobre una princesa que se escapa del reino y se casa con un vigía de faro. Una historia tonta del sur que nos contaban de chicos. 
- ¡Esa misma!, quizás Dondald sepa como se llama el muchacho. Susy giró y grito a la cocina: - ¿Como se llama el nuevo cuidador del Faro Donald? Ese que anda en moto
- Vincent. Dijo Donald saliendo de la cocina para unirse a la conversación. - Si tu hermana andaba con ese idiota entonces el tuvo algo que ver. Se fue al faro porque acá en Loudwoods nadie lo quiere. Dicen que vendía droga en el parque del anfiteatro. Un tipo alto y de pelo oscuro, muy desalineado y con modales de criminal. 
- ¡Gracias! Dijo Sean parándose. - ¿El Faro es aquí cerca?
- Esta en el extremo este del pueblo. Andate hasta la Uno y dale derecho hacia tu derecha hasta ver el faro. Hay una casa grande y vieja al lado...-
- Lo se, mi hermana vivía ahí, esa casa la compramos para ella. ¡Gracias de nuevo señores!
- De nada hijo, que tengas suerte.Dijo Susy. Donald solamente hizo un movimiento con su cabeza a modo de saludo.
Música
Al abrir las puertas escucho el sonido de alguna radio. Seguramente de un auto en la cercanía. Trato de adivinar cual era mientras se dirigía  a su carro.

Estaba  emocionado y aliviado. Si su hermana había quedado embarazada de algún humano de la zona entonces era normal que desapareciera. Tener relaciones con hombres mortales estaba muy mal visto por los Vlaind más "Tradicionales" por no decir " atrasados" del sur. Si bien por lo general el producto de esas relaciones era un Vlaind hecho y derecho (debido al poder del Numen de Namidian) esos chicos estaban destinados a ser vistos de reojo por sus familiares como "pequeñas vergüenzas"  Sean, que aun confiaba estoicamente en la bondad de todos los seres imaginaba que sus padres, tarde o temprano, se pondrían contentos con la noticia. Y al mismo tiempo estaba seguro de que su hermana, tras todas esas discusiones, debía andar aterrada imaginando que lo tomarían como una desgracia.

La calle continuaba muy oscura y las luces de la Avenida, blancas y distantes parecieron titilar por unos breves segundos. Sean colocó sus manos en los bolsillos al sentir el frío golpearle la cara de manera súbita y se dirigió en dirección a su propio auto con toda la rapidez que sus piernas podían otorgarle. Sus ojos volvieron al bonito centro de Loudwoods con sus locales cerrados y carteles de Neon de diversos negocios, en su mayoría destinados al turismo. La larga paz de la noche se extendía por toda la avenida 3. Poco antes de llegar al cruce donde había estacionado un auto negro emergió de la neblina. Era un modelo viejo, por lo poco que pudo distinguir antes de que la oscuridad de la calle se lo tragara parecía un Sedan modelo 1953, de sus ventanas emergía el sonido del rock and roll. Poco después de que este rebasara su posición comenzó a detenerse lentamente. Sean reconoció la tonada, "Hey Joe" de Jimmy Hendrix. Recordandó que sus preocupaciones eran mucho más importantes que el modelo de un auto y reanudo su marcha. Unos pasos después escucho detrás de él un llamado:
- Oye muchacho. 
Sean se dio media vuelta. El Sedan estaba detenido debajo de una farol de calle defectuoso. La luz se entrecorto mostrando por menos de un segundo la clara silueta de un hombre, pero se esfumó como devorada por la noche antes de que fuera capaz de ver su rostro. Nuevamente la sensación de agobio. El Vlaind dio un paso atrás y comenzó a llevar una mano a su propia arma. Aun alguien como Sean, bueno por naturaleza, no era tan estúpido como para salir al mundo humano desarmado.
- Tu hermana esta en el otro mundo y si tu familia la manda a buscar, van acabar igual. ¡Fuera de este pueblo! 
La luz volvió por un instante, pero esta vez vino con el sonido ensordecedor de una escopeta de doble caño que lo aturdio y lo golpeo. Como el Sedan negro luego se perdió en la noche de Loudwoods Valley, huyendo detrás de la niebla mientras Sean caía abatido por el disparo. Vivo o muerto, no lo sabía aun, a la sangre en su vientre no le parecía importar,no dejaba de correr manchando el asfalto de la avenida.



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Las Notas de Loudwoods III

Blondres/ Himburgo lunes 4 de Noviembre 5013
Oficinas de la MI5-Tony Clayr Avenue. 6.30 Horas


Obediencia Debida

La Vida en la Sección Roja


Empezar la mañana mirando el noticiero de las seis no era la mejor manera de tener un buen día en Blondres. Matew sabía muy bien que lo peligroso de los medios de comunicación no es lo que dicen sino lo que callan, cualquier agente de la sección Roja de la MI5 sabía muy bien que la noticia del día no debería ser la tormenta en el norte, sino más bien las acusaciones contra el nuevo primer Ministro sobre crímenes de Guerra perpetuados durante la guerra de Alhastan en el pelotón que comandaba. Sin embargo ahí estaba James. C. Caan  parado al lado de bomberos y policías con su vestimenta estilo Sport diciendo ante los damnificados  "Me siento honrado de estar entre tanta gente valiente, trabajadora y humilde que sin importar las banderas políticas o las diferencias se ha sumado a las tareas de rescate. ¡Viva Himburgo, Viva Real Himburgo y su hermosa gente!"

Facho asqueroso...este país no aprende más. Dijo la voz de Mona, jefa de Matew y de todos los agentes de la Sección Roja.

Para variar el Jethi de Frigord había llegado primero que nadie al séptimo piso de Tony Clair Avenue 635. A diferencia de su jefa, Matew tenía el semblante despierto. Se encontraba parado con la cabeza ligeramente inclinada hacia arriba para ver el televisor que colgaba del techo de la cocina/Break Room. Sus cabellos oscuros y ligeramente ondulados y su barba de unos tres días le daba un aspecto mucho más entero que el de algunos de sus compañeros. Matew tenía espaldas anchas, de esas para las que parecen haber sido creadas las camperas de cuero, como la que llevaba puesta. Su estatura y rasgos duros le daban el respeto que sus jeans algo gastados le quitaban. Sus ojos oscuros eran afables y exhalaban una buena onda poderosa para ser las  6:30 de la mañana en un Lunes gris.

Miró a Mona, que para cambiar de habito llevaba un cigarrillo sin encender en su boca desde la última media hora y sostenía entre sus manos una taza blanca gruesa. De no ser porque pareciera que acababa de levantarse Mona era una muy esbelta mujer de cabellos oscuros largos (siempre atados rígidamente como ella) y ojos verdes grandes. Llevaba una musculosa negra que hacia honor a (las ya sometidas a escrutinio y discusión en secreto) mejores Tetas que el MI5 haya visto desde el 5045, cuando fue fundada.

- ¿No te gusta nuestro sistema electoral Mona? Pensé que habías venido a Himburgo para disfrutar de las bondades de la democracia liberal- Dijo Matew mientras le alcanzaba la jarra de café.
- Para nada. - Contesto tras dar un sorbo a su bebida. - Son todos lo mismo. En Brusia tenemos un dictador, por lo menos podemos decir que no tenemos la culpa.
Matew se sonrió. Mona se había transformado en una Dracida de Bilingord amable desde que la ascendieron a jefa de Sección. Cuando se encontraba como Coordinadora de los equipos de agentes era un autentico grano en el culo. Seguramente  una vez que cambió su cara de perro buldog descubrió que ser amable hace de tu trabajo algo menos trabajoso. Sin embargo nadie discutía su muy Bilingord habilidad para poner a la gente a laburar. Imaginen que si cuesta ya lograr que un hombre cumpla con sus tareas en la forma debida, 10 veces más difícil es tratar de lograrlo con seres que cuentan con todo tipo de habilidades y poderes sobrenaturales.

- Este café es espantoso...-Dijo Mona tras darle un segundo trago.
- Lo se, por eso me voy al Mcdowals a desayunar hasta las 7 ¿Te traigo algo?- Preguntó.
- Otro trabajo...- Contestó Mona irónica. - Hoy tengo que revisar a los pibes nuevos y soportar todo tipo de preguntas estúpidas. - Mona comenzó a imitar la voz de un idiota promedio: "¿Y si soy un agente de la MI5 me van a dar una lancha como la de Bond? "¿Y voy a tener licencia para Matar?" "¿Y me van a dar vacaciones a fin de año?" "¿Puedo usar mis poderes para lo que quiera mientras no estoy acá?" "¿Puedo tirar Yuikens como los Ninjas Zombies?" "¿Y no tienen Katanas?"
Matew agregó:
- Todavía me acuerdo del pibe ese que llegó diciendo que quería ser Agente de la MI5 porque había violado a una nena de 4 años y se había muerto en sus brazos. Le dijo a Whitman que deseaba redimirse siendo uno de los nuestros...no duro ni dos minutos.
- Eso pasa más de lo usual aunque te parezca mentira. Se creen que somos una sociedad de Beneficencia y no una Agencia de Inteligencia.

Matew se volvió a reír mientras iba en busca de su mochila. - Ese...- Dijo puntualizando con sus dedos para anotarse un tanto en las discusiones usuales que tenía con Mona sobre como se manejaba la Agencia.- Es el problema de este lugar. Deberían ser todos ex Canas o Ex  milicos y nada más. Mira...Vos sos una ex Asesina profesional, Marco es un Ex policía, Frisa era una Ex agente de la KGB. Todos los que están abajo en el cuadrito de Honor llegaron con entrenamiento por acá. Sin contar a Nehuen, Richter y Squall. Los demás son un montón de vagabundos que no tienen un carajo que hacer con sus vidas y vienen acá a estorbar. En Brusia y en Hellens a esos tipos los pone delante de un pelotón de fusilamiento a la primera queja. Acá chillan porque trabajan de Lunes a Sábado semana por medio.

Mona asintió sin deseos de entrar de nuevo en la vieja discusión sobre quien era apto para ser reclutado y quien no. Matew se subió al ascensor y marcó la planta baja.

La sección Roja de la MI5 era  la oficina del organismo que reclutaba Dracidas y Vlainds para que, entre otras tareas, contuviera, investigaran y apresaran a cualquier miembro  de las dos especies que estuviera haciendo algo ilegal o potencialmente peligroso. También eran los encargados de detener y cubrir cualquiera actividad paranormal dentro de las fronteras de la gran Nación Himburguesa. Casi todos los países del globo tenían un departamento como la Sección Roja. Los primeros en ver el potencial político y bélico de estas dos antiguas razas fueron los Bolcheviques en Brusia. Porque uno necesita de toda la ayuda posible para crear un estado Comunista en el continente que invento el capitalismo. Según los reportes de la MI5 los Soviéticos tenían un total de 5000 Dracidas y Vlainds entre la KGB y el Ejército Rojo. Hellens le seguía de cerca con  4200. Todos los regímenes totalitarios que aun persistían en Balbania veían con muy buenos ojos tener a estas criaturas tan silenciosas como mortales entre la maquinaria represiva del estado.

Himburgo cuya democracia había retornado unos 15 años atrás iba tercero con, más o menos 3900. En verdad estaría casi primero de no ser por todas las largas y cruentas guerras, incursiones militares, "Misiones de Paz", golpes de estado, arreglos de elecciones y asesinatos políticos perpetuados en los últimos 20 años del País. Una Gran Potencia militar Industrial no puede escatimar en esfuerzos para mantener su hegemonía y la sangre debajo de la Bandera  flameante del Dragón y el León era tan humana como Dracida y Vlaind.

El trato ofrecido era bastante sencillo: Durante 3 años el aspirante (que por lo general era secuestrado por la fuerza una vez se lo descubre como Dracida) es alejado de todo contacto con quienes lo conocieron. Todo rastro de su existencia es borrado del mapa. En una época se mataba a los familiares, en los últimos años descubrieron que era más sencillo y barato simplemente fingir e informar su muerte a los mismos.

Al agente se le otorgaba una vida inventada con lujos de detalle y por los próximos 3 años cumpliría servicio en la agencia de Inteligencia. A cambio de esto se le pagaría mensualmente un sueldo más que envidiable (20.000 Balbans al mes aproximadamente) se le otorgaba una bonita casa en las afueras o un lujoso apartamento, un auto nuevo a elección, otro auto BMW para cumplir su trabajo con las herramientas más sofisticadas  que se tuvieran y obviamente si todo sale bien la posibilidad de hacer carrera. Si se negaba....se lo mataba.

Claro que ni un auto nuevo, ni una casa a estrenar ni semejante sueldo valen dar la vida de manera obligada para el Estado y sus intereses. Pero lo cierto es que si uno era un Dracida era la mejor vida a la que se podía aspirar. El estado estaba al tanto de los muchos problemas que tiene esta especie para encajar en el mundo de los hombres y lo que prometía era usar sus poderes y habilidades para causas "Justas". Si tenemos en cuenta que la Sección Roja trata casi exclusivamente casos peligrosos relacionados con Jethis o Vlainds tipos como Matew sentían que estaban manteniendo a los hombres seguros de gente como él con ambiciones y sueños tan sangrientos como estúpidos. A Matew le alcanzaba con ello para sentir que los 5 años trabajados en la MI5 habían valido realmente la pena.

Para él eso ya había pasado. Logro sobrevivir 3 largos años en las calles de Blondres dándose coscorrones con Dracidas, Vlainds, espectros, Nigromantes y toda la runfla usual. Desde hace dos años que se lo había puesto a hacer tareas bastante menos peligrosas (y sin duda mucho menos emocionantes) como revisar casos viejos, supervisar el trabajo de otros agentes más nuevos, ir a reuniones para compartir información con las otras Agencias y demás. Un cargo más parecido al de un funcionario que el de un Agente. Lo bueno de ello era que ya no tenía que usar su cobertura y si lo deseaba estaba en derecho de retirarse para seguir con su vida.

La verdad era que no había mucho en su vida antes de la MI5 que no fueran trabajos mal pagados en el puerto de Bartiel, Herkania (una provincia a noroeste) donde su poderes y fuerza descomunal de la orden de Frigord servían para cargar bolsas en cargueros o bien para cagarse a trompadas en los bares de la neblinosa ciudad junto al río con marineros ebrios. Mas, quizás debido a la Orden a la que pertenecía, Matew era la clase de persona que encara y desarrolla tareas con un optimismo y energía envidiable.

La Orden a la que pertenecía no tenía muy buena fama entre los Jethis. En la antigüedad los Dracidas de Frigord eran quienes mantenían el orden dentro de la especie e impartían Justicia. Una mezcla entre un cura y un juez que muy a menudo acababa por transformarse en un Inquisidor sanguinario. La fuerza y resistencia superior que llevaban en ellos les facilitaba mucho este trabajo, sea peleando con Vlainds o con Jethis los de Frigord siempre cuentan con grandes chances de vencer. Todo lo que aprenden durante su entrenamiento esta  pensado para que, llegado el caso, puedan derrotar a cualquier enemigo que este violando "El Balance natural de las cosas", "Las Leyes de Heills" y en este, caso para la MI5 las reglas de convivencia básicas con los hombres.Para suerte de sus jefes, Matew todavía tenía en su lugar todos los Jugadores, por ende, era eficiente, valiente, duro, resistente y sobre todas las cosas Obediente. Por añadidura, muy apuesto.

Mientras estuvo bajo "Cobertura" (es decir los primeros 3 años) solo cometió el grave error de intentar tener una familia. Pensó que su sueldo y lujos otorgados por el estado alcanzarían para que las mentiras no saltaran a la vista ni dañaran a su esposa. Joana todavía creía que Matew era piloto de Himburgish Airlines y que era debido a esto que se ausentaba durante muchos días de la casa lo que duro su matrimonio. Luego de haber tenido que pasar su embarazo y maternidad en la cuasi total soledad debido al trabajo de su esposo se divorciaron por el bien del bebé. Fuera de esto, Matew no tenía nada de que arrepentirse en los últimos tiempos.

***

Cruzando la calle hacía el McDowals su celular empezó a sonar. Solo había dos personas que tenían autorización para llamarlo a esta hora: Mona o Dilan, su hijo pequeño a quien veía los fines de semana . Su ex esposa tenía la custodia desde hace unos 4 años y cumplía a rajatablas con el régimen de visitas. Para bien y para mal de Matew.
- ¡Hola pa!- Dijo la voz alegre de su hijo desde el Celular de la Centnel Corporation.
- Dilan...¿Ya estas desayunando?-
- Sí, mamá me dijo que te llamara para contarte que hoy aprendí a hacer el café.
- ¿De verdad?- Dijo Matew sonriendo.
- ¿Vos sólito y sin ayuda de Ma?- Silencio, intuyó que su hijo se reía, escuchó sonido de platos en el fondo.
- ¡Sí!. Te separe una taza para que tomes el sábado cuando vengas a casa.
- Gracias hijo, seguro esta rico.- Si bien Matew no confiaba demasiado en las posibilidades culinarias de un niño de 5 años, se tomaría la taza así estuviera hecha con granos de Crayones y marcadores escolares.
El tubo del teléfono paso de manos tras una sonora queja de Dilan:
- Matew...¿Como estas?
- Bien Joana...recién entrando al laburo.
- El sábado veni a la hora de siempre  pero..¿Podrías cuidarlo hasta las 12 de la noche digamos...?
Matew cruzó la calle y entro en el local de Mc Dowals, el aroma a café recién hecho le invadió la nariz.
- ¿Por?- Pregunto El Dracida. Su ex esposa nunca le pedía cosas como esta y quería escucharla rogar un poco.
- Bueno tengo planes.- Esa respuesta de Joana estaba lejos de la que él esperaba.
- ¿Algún trabajo extra en la oficina?
- Una cita Mat.
Silencio...escucho a su hijo pequeño gritar para que lo oyera : - ¡Con un Lisiado!.  Joana contesto a su hijo por lo bajo. - Shhh no es un lisiado Dilan, Sony tuvo un accidente.
- ¡Camina como un transformer!- Protesto Dilan
- Joana- Interfirió Matew. - No te preocupes. Iba a llevarlo al cine, después vamos a ir a comer algo y lo dejo en tu casa a las 12:30
- Gracias Mat..lo aprecio mucho. Perdona que no te haya dicho...
- No hay problema. Yo también estoy viendo gente.
- ¿De verdad?- Contesto Joana simulando entusiasmo.

- Seguro. Mintió - Una...- Sus ojos buscaron algo en el lugar que le diera una buena idea para una mejor mentira. Encontró a un cliente leyendo "Mans Stuff" con alguna modelo cuyo trasero debería tener su propia órbita debido a su tamaño.- Una bailarina.- Dijo finalmente.
- Me alegro por vos Mat- Contesto ella.- ¿Como se llama?
Mat volvió a ver la tapa de la revista "ROBERTO-EL TRAVESTI QUE ENLOQUECE A LOS HOMBRES
- Roberto...- contesto Matt sin pensarlo dos veces
- ¿Como?
- ¡Che,Barba Negra!- Grito alguien detrás de él. - ¿Podría desalojar la puerta? ¿Algunos tenemos que trabajar sabe?- Era un hombre calvo con aspecto de banquero entrado en años. Matew  dijo: -Dame un segundo Joana. - Tapo el altavoz del celular: - ¡Callese!- el destello de sus ojos oscuros y el tono militar en que pronuncio estas palabras hicieron que el banquero desistiera de su actitud y le pasara por el costado para ingresar a la fila de quienes pedían café.
- ¿Estas experimentando....cosas Mat?- Pregunto Joana riéndose.
- No, se llama Rob...Romina. Sí, Romina. Me tengo que ir a trabajar Joana, nos vemos a la noche. Besos a Dilan, decile que ande pensando que quiere ver en el cine.

***

El sol vino y se fue tan pronto como Matew compro el café en el Mcdowals frente a la MI5 y tras tomar el diario gratis que ofrecían (El Imparcial Himburgues)  se sentó en su mesa favorita, la que daba directamente a la calle y tenía esos largos bancos para que se sentaran un trillon de adolescentes que se habían rateado del colegio. Ver y analizar la concurrencia mañanera de un McDowals era un vicio secreto de Matew. De hecho, llevaba haciéndolo desde que el mismo se rateara del colegio en Herkrania. Sacó de su mochila el caso que estaba supervisando, pero prefería esta vez dejar a un lado el trabajo hasta regresar a la oficina y se dedicó simplemente a ver por la ventana o al interior del lugar.

Ahora las luces del local de Comida Rápida se habían encendido nuevamente luego de que el Sol fuera tragado por la inevitable lluvia. Todo tomó unos colores verdes oliva o grises, como el del diario que leía por encima. El golpeteo de la lluvia sobre la ventana lo energizaba, para Matew había cosas poco más lindas que una mañana lluviosa en la ciudad. Por alguna estúpida razón le daba la sensación de que cuando llovía las cosas cobraban más vida, más movimiento, menos robotico y citadino. La radio del local tocaba canciones de los 80s y los habitúes del McDowals leían con silencio religioso las noticias sobre las primeras medidas del nuevo gobierno, electo solo un mes atrás. Las letras negras y sobrias del Imparcial Himburgues anunciaban:
"El Nuevo Gobierno envía al Parlamento un Polémico proyecto de Matrimonio Gay" Debajo en un recuadro: "El Cardenal Solsfon preocupado por la integridad de la familia. Carta urgente al Papá Francisco"

El estomago se le revolvía por estar de acuerdo con una medida de ese dinosaurio de la Guerra Fría que era James.C.Caan, el flamante primer ministro. Un tipo cuyo lema de campaña había sido  "Los Comunistas trabajan mientras usted Duerme" en las elecciones del 5007 no podría haber cambiado tanto en solo 6 años. Sin embargo había bajado bastante el tono...bizarro (por no decir delirante) desde entonces y al parecer logro engañar a la sociedad apareciendo como "Un Liberal Popular".

Leyó los titulares de deportes y anticipo que Pol Whitman, jefe del departamento de Reportes, iba a estar de mal humor. El Chalsea seguía en uno de sus peores campeonatos de la historia, cada vez más cerca de perder la categoría. Para alegría de Matew el Herkania Boys seguía haciendo un trabajo aceptable venciendo al Platino Club por 3-1 de visitante.


Fue cuando iba a levantarse para ir a la oficina cuando sus ojos fueron más allá de la mesa delantera hasta la que se encontraba en la esquina opuesta a la suya. La sensación fue como la de una vara de hielo cruzando su espina dorsal. Ya sabía lo que esto significaba...pero no había problema, estaba en un lugar publico y la verdad es que más allá del impulso de su Rettem para ponerlo alerta, dudaba mucho que acabara en un tiroteo.

A menos de 20 metros había una hermosa muchacha de ojos verdes y cabellos dorados que caían sobre su cuello con la gracia de una hermosa y floreada enredadera. Sus lentes de marco fino mostraban detrás unos ojos verdes profundos y de mirada tan bella como paralizante. Sus rasgos tan delicados como los de una pintura y su piel tan nívea como la de Helena de Troya. Era una Vlaind. Una hermosa y bien vestida Vlaind tomando un café en un Mcdowals. Nada que se viera más de una vez en la vida.

Ella se dio cuenta que un Dracida andaba cerca tan pronto como Matew poso sus ojos sobre ella. En su carrera como Agente de la MI5, contra todo pronostico, había visto muy pocas mujeres Vlaind. Si bien su jefe Marco pertenecía a esa especie, las mujeres de la sección Roja eran todas Dracidas como él de momento. Por unos segundos tuvo el estúpido impulso de acercarse a ella. Más cuando su mente volvió a su cuerpo se percató de que lucia como un idiota mirándola. Ella solo lo observaba como esperando que le preguntara algo.
- ¿Sí?- Dijo la Vlaind con su voz suave, aunque algo apagada.
Sus cejas arqueadas formaron una expresión tan extrañada como dulce a ojos del Matew. El conjunto de sus ojos verdes, sus cejas y los labios carmesí era algo que tenía al dracida gratamente sorprendido embelesado.
- ¿Se siente bien señor?
- Sí....- Ella volvió su mirada a su cuaderno.

Matew tomó todas sus cosas con un poco de apuro y se marchó a la oficina. Sin duda iba a ser un buen día, todas las cosas se habían dispuesto así para él. Solo unas horas en el escritorio y luego a  volver a casa, ver el partido, dormir  y con un poco de suerte soñar con la señorita Vlaind que acababa de ver en alguna aventura al estilo Bond. Sí, la MI5 valia la pena sin duda...


martes, 5 de noviembre de 2013

Las Notas de Loudwoods II

Nota de Autor: El Relato ha sido dividido en varias partes para hacer su lectura más apropiada a este formato. Más se publicara con el mismo nombre y un numero que facilite su seguimiento. ¡Saludos!
Loudwoods Valley 3 Domingo De Noviembre del año 5013.
17:30 Horas.

Obediencia Debida 


Hal Emerson conducía por la carretera costera de Himburgo, también llamada "La Uno" que iba desde la capital de Saint Custer hasta la provincia de Wellsham donde se encontraba la ciudad de la que era oriundo, Loudwoods Valley. Su ya algo viejo Ford Falcón era la única cosa que interrumpía la larga calma de los campos de sembradío a los costados. El Rosario que colgaba del retrovisor, enredado en una imagen colgante de San Jorge se mecía de la misma forma que los banderines de "Gomeria" o "Taller" a los costados de la ruta improvisados por los locales que aparecían de tanto en tanto levantados por el viento suave. 

A pesar de la neblina, a los costados las montañas de la bruma en el oriente se levantaban, reflejando en sus caras pálidas toda la luz del sol que aun pendía en el oeste, demorándose en un bonito día sureño. Algunas nubes iban como en caravana en esa dirección, seguramente llevando su acuosa descarga para ser lanzada sobre los impíos comunistas de Brusia del otro lado de aquellas moles de piedra. Y era normal, y era lo justo, porque Hal sabía que Loudswood era un lugar bendecido por la tierra gracias a sus montañas al este, sus bosques al norte y su mar al sur. Todo un paraíso en esa parte del país, donde la mayoría de las ciudades se encontraban en una maraña de pastizales chatos. Después de las ciudades al norte de Himburgo, Loudwoods era el mejor lugar para pasar las vacaciones y en verano sus ciudadanos recibían con la puerta abierta todos los turistas que no podían pagar por un largo y soleado descanso en las playas de Hellens o en las sierras de Strickland. 

Mientras conducía en dirección al norte, buscó entre la guantera el casete que usaba cada vez que manejaba por la carretera. Para su suerte no había trafico alguno a excepción de los camiones de la Goodyes que llevaban cosas al muelle de Loudwoods y otras ciudades pequeñas del sur.Música

Una suave llovizna comenzó a rociar el parabrisas mientras la música emergía de los alto parlantes nuevos que logro encontrarle a un auto tan pasado de moda como el suyo.  Eso y la petaca de Whisky con el escudo de los Royal Marines bordado en la cubierta de cuero relajaron sus nervios...sus músculos. 

Alejaban los golpes esporádicos en el baúl del auto.

La pintura blanca del capo de su Ford Falcon lucía como una nave espacial que anda por los campos de la pequeña comunidad, desentonando entre tanto marrón otoñal y gris del asfalto. Los altos pinos de los bosques de Adton comenzaron a acercarse al camino, cada vez tomando más terreno, cada vez más al borde de la carretera y pronto su auto quedo bajo las sombras de sus largas y finas ramas que atrapaban la luz como deseando coger mariposas etéreas y voladoras, como hadas en la antiguedad.

Un cartel al costado de la carretera anunciaba con letras negras bajo fondo anaranjado:
"Prohibida la Caza-Cuidado con los Animales"
Parque Nacional de Adton

De joven Hal y sus amigos solían ir al parque nacional de Adton a acampar armados con linternas y carpas. Y como muchos otros grupos de niños de aquellos años buscaban, en medida de sus posibilidades, algo que nadie haya encontrado en esos inmensos u viejos bosques que en verano lucían orgullosos sus melenas y agujas coloradas. Ahora, en el otoño, las hojas de los frondosos arboles tenían una tonalidad dorada difícil de encontrar en otra parte de la provincia o del País sino en Hosmusilias. En uno de esos muchos paseos Hal y sus amigos encontraron las ruinas del viejo monasterio de Adton. Sus piedras aun ennegrecidas por el fuego que había acabado con los monjes estaban escondidas en una elevación del terreno repleta de vegetación. 

Ahora mismo  unos 40 años después Hal buscaba el desvió de la carretera que llevaba a un camino de tierra, donde tras pasar por un terreno muy accidentado y cruzar el viejo puente del arrollo Quam se abría un sendero de piedra que conducía finalmente a las ruinas del monasterio. Supuso que a esta altura el tiempo y los buscadores de tesoros habrían hecho lo suyo con el templo. Pero ni las latas de cerveza dejadas por los irresponsables adolescentes de Loudwoods ni las heridas del tiempo le podrían quitar a un monasterio su condición de "Tierra Santa", exactamente lo que necesitaba.

Al cabo de unos minutos sus ojos grises dieron con el camino de tierra. No estaba señalizado ni marcado por la intendencia o los cuidadores del parque, justamente los adultos buscaban evitar que los jóvenes usaran las ruinas como un muy pintoresco hotel alojamiento, lo cual, sin lugar a dudas no habían logrado. Lo más probable es que los cochinos y granulientos jóvenes de Loudwoods imaginaban que solo ellos conocían el secreto del viejo monasterio. De hecho habían tomado la precaución de dejar en el camino ciertas señales secretas para que las parejas pudieran hallarlo.

Hal dobló con el coche en el sendero y en el trayecto por el mismo el silencio se convirtió en una bóveda. Incluso los molestos golpes en el baúl se detuvieron, fueron desprovistos de su grito apagado. El motor del auto paso a ser solo un murmullo. Los Bosques de Adton estaban llenos de leyendas locales, pero Hal creía que seguramente todos los bosques de Himburgo contaban con la misma cualidad. Lo único que diferenciaba a este era la forma en que el sonido se mantenía atrapado entre los arboles, fuera de día o de noche, invierno o verano. El mejor lugar, sin duda para acabar con esto de una vez por todas.

El hombre de unos 54 años, de aspecto vigoroso y finos bigotes canos condujo el Ford hasta los muros del viejo monasterio, o al menos los 3 metros que quedaban de sus originales 5. Ingreso por el hueco que debió haber sido la puerta e hizo una maniobra con el mismo para que el vehículo quedara al revés, con su cajuela mirando hacia la Cruz de madera alta que se alzaba detrás de las ruinas de un altar custodiado celosamente por los vestigios de la bóveda del monasterio. Desde arriba colgaban todo tipo de enmarañadas enredaderas y yuyos que se abrían paso en las grietas de las paredes. Pero el altar y su cruz lucían iguales que 40 años atrás.

Volvió a tomar un trago de Whisky, se encendió un cigarrillo con el encendedor incluido en el tablero del auto. Hal bufo como quien esta por emprender una tarea pesada y retiro la pala del asiento trasero. Antes de llegar la cajuela del carro acciono la 9 milímetros plateada en su cintura, en su cañón pulido podía leerse "Por La Reina y por la Patria" , en  el reverso de decía: A Hal Emerson por servicios Distinguidos en La Batalla de Saint Custer 5045.

Giro las llaves del baúl y ahí estaba la pequeña demonio. Con sus ojos azules hinchados de llanto y de miedo.Sus blancos tobillos marcados por la soga que la sujetaban. Sus manos enredadas de manera dolorosa con alambre de púas y su boca amordaza con firmeza. Lanzó un grito ahogado al ver a Hal y empezó a revolverse nuevamente intentando zafarse de sus ataduras. La gotitas de la llovizna le rociaron el rostro bello, ensangrentado y ennegrecido por la tierra.

Hal la levantó sin mayor esfuerzo y la llevó en sus brazos hasta el altar. Los ojos de la mujer miraban en todas direcciones desando adivinar donde estaba y que sucedería, pero la cara de Hal dejaba demasiaso claro lo que iba a suceder. Su gesto era el semblante de alguna estatua de los próceres de Himburgo, sin expresión, sentimientos, furia o pena. 

El vestido blanco de la muchacha y sus cabellos rubios muy dorados iban de un lado al otro mientras Hal la cargaba, sus pies buscaban un piso inexistente, un lugar donde apoyarse para zafarse de las manos de su captor. El hombre la puso de pie frente a él. Cuando finalmente ella pudo enfocar la vista noto que llevaba una pala en su derecha y una 9 Milimetros en la izquierda, brillante y reluciente como el revolver de un cowboy.

Hal volvió a pitar su cigarrillo y apoyó ambas manos en la pala. Era un anciano antes de llegar a la vejez, tenía marcas en la cara que denotaban grandes pesares, marcas de expresión que mostraban que Hal había sufrido muchas decepciones a lo largo de su vida. Era el rostro de una persona que toda su vida ha sostenido el mundo en sus hombros como Atlas. Ella pensó en ofrecerle un canasto de manzanas doradas, pero no tenía ninguno.

Idele sintió el frío meterse entre sus miembros, rodeando sus piernas, la lluvia mojando sus pies, la muerte abrazándola dulcemente antes de bajar la Guadaña sobre ella. Sus lagrimas cayeron junto con las gotas del cielo hacía el suelo sucio y maltratado del monasterio con resignación. 

- Lo Arruinaste todo. Dijo Hal. - Arruinaste a mi Hijo.- Dijo con voz cansada y ronca. - Si tan solo ustedes solo se metieran en sus asuntos nada de esto hubiera sucedido. Pero los Dracidas cuidamos a los nuestros de los suyos y eso es mi deber. Cuidar a los míos de los Suyos. - Levanto la Pala con ambas manos y un relámpago ilumino la sangre oxidada que la propia frente de Idele había derramado allí solo unas horas antes. - Es mi deber chica, no me culpes. Recuerdalo allí arriba, no te quise matar. - Idele soltó un grito desesperado que la mordaza se encargó de tapar y la hoja de la pala hizo un sonido hueco, opaco y final. 
                                                                      Música de Cierre
N/A:
Bienvenidos al primer Caso de "Notas de Loudwoods" Lectores.