domingo, 18 de noviembre de 2012

El Ritual de los Condenados XVIII

 Reuniones de Medianoche 
Parte III
¡Una Fiesta Familiar!
La noche anterior, Dites Corner, Ciudad de Blondres, Himburgo. 23 hrs
Música

La Banda Tributo a "The Windows" terminaba su numero con "Touch me", esa era la señal; en cinco minutos ella debía estar sobre el escenario y hacer que todos los hombres y mujeres de Red Dites Corner soñaran con ella. Nada difícil para alguien como Alaysa Layla Singuren. Nada difícil para una mujer que había pasado los últimos miles de años de este mundo atrayendo la mirada de los hombres, despertando de negros letargos a los poetas y jugado a Penelope en cientos de guerras. 

Crisald esperaba, luego de una breve charla con ella, en la barra bebiendo una fría cerveza. "Hare todo lo que me pidas menos dejar a esta gente sin su show" Le dijo mientras se cambiaba delante de él para vestir sus ropas de bailarina del Club con un maquillaje que recordaba a una especie de Sirena. "La Mujer Cristal" como la llamaban allí siempre cerraba las noches de Show en el Dites Corner y todos se quedaban hasta altas horas de la madrugada para ver su magistral y sensual baile. 

Ahora, apresurada y lista, avanzaba por el pasillo de alfombra color onix mientras por su derecha e izquierda otros artistas se cambiaban, fumaban, bebían o se drogaban. Aunque ninguno dejo de aplaudirla cuando la vieron emerger del camarino hecha una diosa de la antigüedad lista para hacer estallar las hormonas de todos los hombres del publico (y los celos de todas las mujeres) 

Apresuradamente recibió y devolvió los elogios de sus compañeros mientras uno de sus asistentes caminaba a su lado, intentando seguirle el paso y chequeando que todos los detalles hubieran sido acomodados al máximo para el gran cierre. 

- Layla, ¡hermosa! ¿Donde estabas?- Dijo Jack Ruby (cuyo nombre real era desconocido, aunque le iba bastante bien). Era un Amerikano que vestía siempre con distinción y gustaba de codearse con los Dragones Negros, dueños del club. 
Alaysa le besó la mejilla con mucho afecto. - Jack, perdón pero un fan entro en los camerinos y me retrasó un poco. 
- ¿Acaso te toco un pelo el hijo de pu...?- Dijo Jack llevando una mano a su revolver Texano.
- No, es un amigo. 
- Un amigo que casi mata a cuatro de los patovicas.
- Si, perdón por eso. 

Nadie, nunca, jamas, retaba a Layla dentro del Dites por que sus amigos fueran un poco "locos", había pasado otras veces. Pero Jack realmente quería a Alaysa como a una hija menor, sin tener en cuenta la cantidad de Balbans que ella le proporcionaba al Club. Vestida con una bata gris fina con la impresión de peces y flores azules, Alaysa no parecía la mujer fatal que Crisald vio en su camerino  Como toda Vlaind era muy buena manejando sus modos y formas dependiendo el momento. Cuando Alaysa no estaba frente al publico o con uno de sus fans, era realmente una Vlaind muy desarticulada y amable. 
- ¿Cuanto tiempo les queda?- Dijo ella sacando de la mano de Jack un "Gipsy" Landesiano y encendiéndolo con el puro del Amerikano. 
- ¿A estos Hippies? Solamente esta canción  Así que ponete en posición que salís en dos minutos.  Y te dije que no fumes, hace mal. 
- ¿Me lo dice el hombre al que le hicieron una operación de pulmón por fumar?
- Exactamente por eso nena...

Claro que Jack no sabía que Alaysa era una Vlaind por lo que la cuidada como a una frágil y bella bailarina del club. - ¿A quien vamos a poner a bailar ahí arriba si te pasa algo?-
- A cualquiera de tus monos en tanga. Respondió Layla riéndose.
"Damas y caballeros" Anuncio la voz del presentador en el escenario. 
- Bueno Jack, hablamos más tarde. 
- Chau nena...- Le beso la mejilla y le palmeó amablemente el trasero (lo hacia regularmente solo porque ella se lo permitía, llevaban más de 10 años en este negocio) - Hacelos tuyos. 

"Ahora, desde las profundidades del océano .." (Vitoreos y aclamaciones al levantarse el telón y mostrarse un caño de acero) 

Alaysa saludó al sonidista con un choque de cinco. Todos los técnicos y asistentes la saludaban como si fuera una boxeadora que se dirige al Ring. 
"Nos deleitara como siempre con su danza..."
Desde la esquina del escenario Alaysa ya podía ver los flashes de las cámaras fotográficas. Cualquiera que no conociera al Dites o a Alaysa pensaría que Roger Waters iba a hacer una presentación sorpresa debido a los aplausos y gritos. Sus bellos oídos podían escuchar al publico gritar y aplaudir desde los tres pisos del Dites. Don Fanego, ill Capo de los Dragones Negros estaba entre ellos junto a su séquito del crimen. 
"¡Layla! la dama de Cristal" Todo el Dites se levantó en todo tipo de festejos. Alaysa hizo un paso hacia adelante y antes de que las luces cayeran sobre ella como reflectores que buscan un bombardero pudo ver el rostro de Crisald sentado en la mesa delantera, sonriente.  Por un instante fue cegada por los reflectores...de luz blanca...intensa luz...


***
...blanca como el reflejo de la misma sobre las murallas de Allion mil años atrás  cuando ella y Liavenna corrían por los jardines del magnifico reino de la prole de Namidian bajo el radiante y caluroso sol de la primavera, hablando sobre los bellos príncipes que, de tanto en tanto visitaban los templos que se les habían encomendado. O sobre esos misteriosos Dracidas de los bosques, que con su aspecto salvaje las seducían en los caminos. Sus primeras borracheras con los hombres comunes del sur, que en esos tiempos eran amistosos con los Vlaind por haberles devuelto a ellos una cosa que pensaban perdida: La creencia de que el mundo podía ser un lugar mejor. Y que, tal y como contaban las ya antiguas leyendas, los hijos de los Dioses vivían entre ellos.

Sí, hace unos mil años ella y Liavenna tenían solo unos tiernos  20 años de existencia y podían gozar de la felicidad y la alegría  porque aquello sobraba en Allion antes de la guerra de la misma forma que el oro y las joyas que adornaban sus vestidos y cuerpos de belleza indómita. Podían pasar las tardes observando el sol caer en el valle del Margun resguardadas detrás de los impresionantes muros de la tierra que tanto había costado conseguir a sus padres y abuelos. La tierra a la que llegaron tras un largo y tortuoso exilio de Landesia, de otro reino, tan bello y perdido como Allion.

Al menos en tiempos en que era todavía posible salir a los jardines orientales, en el norte de Himburgo y a tomar sol a la rivera del largo Margun o compartir días de caza junto a otros jóvenes Vlaind en el bajo de las colinas. Cuando iban en la temporada de verano a los bosques de Pent y Rent, no muy lejos de la aun no nacida Blondres.

En los años que todas las estrellas, personas, peces, osos y conejos de campo de esa misteriosa tierra de pastos algo azulados vista por Balabord en una visión eran nuevas para descubrir  Y es difícil decir mucho más; porque este escritor no es un Vlaind, como supongo ustedes tampoco lo son. Pero que complicado es tratar de poner en palabras el sentimiento del hogar, o la nostalgia de esa casa, ese lugar guardado en lo mas profundo de la memoria al que siempre queremos volver. El espacio donde nos sentimos nosotros, exactos, sin faltas ni sobrantes de nada. Un lugar que si sus condiciones pudiéramos reconstruir más tarde en la vida nos resultaría, de todas maneras, vació y sin alma.

A menudo ese lugar no es más que el instante de un pequeño recuerdo, o la idílica compaginación de muchas de esas memorias, quizás ni siquiera sea real. Sin embargo siempre nos acompaña como el relicario de un soldado lejos de su casa, y de tanto en tanto, lo observamos debajo de las estrellas cuando nos sentimos solitarios.

Para los Vlaind que arrastran la vida desde la antigüedad  los años dorados son exactamente eso y es imposible para ellos no llevar en su corazón y sus largas memorias divinas la irrevocable necesidad de regresar, aun para los que se han rendido en esa búsqueda como Alaysa.

A veces pensaba que hubiera sido mejor morir en el asedio, marcharse con los primos en Urnison a los altos bosques del oeste o simplemente desvanecerse en la blanca nieve del invierno como tantas matronas Vlaind de su tiempo, que cansadas de aguardar la llegada de sus esposos, caminaban en dirección al sur en busca de la muerte; la que naturalmente no les afectaba. 

A veces hubiese sido mejor no pelearse con Liavenna en los últimos años. Porque la amaba como a la hermana que su padre no había querido tener.


En los años dorados, Lievanna y Alaisa nacieron el mismo día en las estancias de Sixfrid. Liavenna por parte de la casa de Rolando, que era muy estrecha a la de Sixfrid desde hace algunos años. La blonda muchacha, la perla más preciosa de la orden de la caballería  nació en el amanecer de aquel día y Alaysa en primeras horas de la noche de esa fecha. Desde entonces fueron amigas inseparables y a todos lados iban juntas. Porque no solo compartían hogares y fiestas, sino que se complementaban de una manera que al propio Balabord le parecía especial y mágica.

Liavenna tenía la capacidad de ver o augurar eventos de gran importancia para la prole de Namidian, siempre daba buenas noticias y consejos a todos los que llegaran al santuario de Ungil, el adria de la Guerra. De su perfecta boca nunca emergía una noticia o un consejo que no contuviera aliento y esperanzas. Para Liavenna, en aquellos años, siempre las cosas malas podían tornarse al bien. "De la misma forma que este reino fue fundado" decía siempre a Balabord y los jefes de Orden. 

Alaysa, por encambio, era especialista en ver lo contrario. Como las cosas buenas corren siempre riesgo de perderse en la oscuridad. "De la misma forma que este reino podría terminar" solía decir a quienes la buscaban en busca de consejo. Era trabajo de su amiga Liavenna el que no desesperaran. El suyo era despertarlos.

Las Damas de Allion, así las llamaban en ese entonces y eran pocos los sabios o los guerreros que no escucharan sus consejos, porque Balabord mismo las escogía siempre para ese trabajo. Entendía  en su muy divina cabeza que ambas eran realmente parte de una misma cosa que el mismo no podía comprender. Casi como parte de un mismo ser.

Y fue en una charla que las dos tuvieron durante el festival anual en celebración de la fundación de Allion que esta historia comenzó realmente, muchos años antes de que hubiera guerra, cientos antes de que Rise naciera y miles atrás de que Daniela fuera un calculo en los sombríos pensamientos de cierto personaje. 
***

Los altos tacos plateados de Alaysa andaban la pista con la gracia de un delfín en el agua. Sus largas, infinitas piernas, rodeaban todo el caño como dos serpientes misteriosas, biblicas o pecaminosas que se enredan entre ellas en un abrazo mortal al caño. Sus cabellos oscuros, de cabeza, iban de derecha a izquierda con una pasión y gracia desconocida para cualquier mortal. La poca ropa que vestía  de colores llamativos y claros reflejaba las luces de cabarulo caro que iluminaban la pista. Desde su posición Crisald podía ver que aun llevaba puestos los lentes que le quitó sin pedirle permiso.

Piernas largas, cabellos oscuros, ojos celestes. Toda una mujer bailando en el caño para los extasiados ojos de todos los presentes en Dites Corner. "La Mujer de cristal" era su apodo según anuncio el presentador, pero tan pronto como ella apareció en escena moviéndose al ritmo de la música  Crisald pensó que sería mejor llamarla "Foxy Lady", como la canción que sonaba, ya que mientras ella subía y bajaba del caño de acero Crisald pudo percatarse que esa desenfrenada sexualidad no era una postura para la clientela del Dites, sino más bien un modo de vida...o algo secretamente religioso. Era imposible sacarle la vista de encima a Alaysa mientras, sin compañía mostraba todas las bondades Vlaind que Namidian le regaló en el algún momento. Y ese pequeño detalle de sus propios lentes sobre la cabellera oscura y ondulada le hizo pensar en que así debería verse luego de hacer el amor toda la noche con él en su apartamento. Ese pensamiento no se alejó por mucho que pensara en Liena esta vez...

Crisald casi que se rindió ante Layla cuando esta le pidió conversar luego de que ella saliera a hacer su show aquella noche. Mientras la hermosa mujer danzaba, el Vlaind de Rolando bebía algunos tragos en la barra que el mismo había hecho un desastre al lanzar un patovica por sobre ella. Desde que salio de los camerinos junto con la mujer diamante del Red Dites Corner, nadie se atrevió a tocarlo, mirarlo o hablarle de mala manera. Si uno se llevaba bien con Alaysa entonces era una persona realmente importante. O al menos así creían los dragones negros que regentaban el adinerado club nocturno.

***

Mientras más y más personas se extasiaban con Layla, un empleado susurraba algo al oído de Don Fanego. El anciano, que usaba unos lentes oscuros volteó tras escuchar las palabras de este hombre y se encontró con un sujeto alto, de buena presencia y acento marcadamente oriental. Por un instante creyó que podía tratarse de algún mensajero de la mafia Brusa. Sin embargo resulto ser algo muy distinto.
- Don Fanego, mi nombre es  Illagros Zarovich De Sipea, vengo de parte de Liavenna Enarmarr.
- Comprendo, ¿En que puedo ayudar a la dama de Allion?
Ilagros, de largos cabellos castaños y ojos verdes, con un porte señorial salido de "Amores en Peligro" contesto:
- Primero le envía saludos y agradecimientos por todas las molestias que se han tomado. Los Dragones Negros son en verdad personas de palabra, dignas de ser admiradas por el mundo Vlaind.
- Ojala El Gran Baron Ferdinand tuviera tan alta estima de nuestra casa, nos ha estado pinchando el culo, si perdona mi lenguaje, debido a ciertas...molestias que uno de los suyos esta ocasionando.
- Por eso mismo la dama de Allion me ha enviado aquí mi amigo.
Hasta aquí el clima era agradable y ameno, pero Fanego estaba bastante cansado de que los Vlaind lo usaran como forro bajo la promesa de no meterse mucho en sus asuntos. - Escucha...Ivan Ivanovich- Se le acercó al oído mientras la gente aclamaba con aplausos y rosas a Alaysa. - Tengo un hotel en llamas y más de quince hombres muertos en mi base territorial del Bajo. Le he dado toda la ayuda posible a la señora Enarmarr en su asunto, pero creo que es hora de que pongan a su gente a trabajar, de lo contrario el Gran Baron Ferdinand sera notificado de su "Operación Sofía" y se acabaran los desvarios de esa mujer.

Illagros asentido y palmeó la espalda de Fanego:
- Ese es mi propósito y tengo suerte de que sus monos tengan tan poco cerebro. Pues el sujeto que buscamos esta aquí, en este club, justo bajo sus narices. La gracia me acompaña, porque de lo contrario ya hubieran echo una chapuza tratando de matarlo. Lo único que le pido, en nombre de la Señora es que a partir de hoy se mantengan al margen del asunto. Pagaremos todos los daños ocasionados junto con un adicional por tomarse la molestia.
- ¿Solamente usted va a detener a este Hombre?- Pregunto Fanego bebiendo de su botella de Whisky.
- Mi gente esta afuera.
***
Fuera, dos camionetas Wolkswagen Amarok aguardaban un llamado del tal Illagros. Eran profesionales vestidos de negro y blanco, con trajes caros y lentes de sol en plena noche. Cabellos rubios y castaño claro, labios finos y rostros de piedra. Todos ellos cargaban variadas herramientas para su profesión, armas de todo tipo y colores. Al mismo tiempo,en algún lugar Sarcant y Miranda se desafiaban, en algún lugar Rise estaba casi muerto.En algún lugar el bien y el mal se re agrupaban.

Incluso un ser tan extraño y ambivalente como Crisald era capaz de percibir el inmenso esfuerzo de dos fuerzas oponiéndose la una a la otra. El Vlaind no podría llamarla "Dios" porque ellos, claramente, no creen en las religiones humanas. Pero algo de su más primitivo ser Vlaind, es decir, divino, le auguraba que la tormenta era solo el reflejo de otra cosa mucho más inmensa que tomaría tiempo entender. De que lado de esas dos fuerzas se encontraba no podía decirlo.

Ya cuando Layla se encontraba dando los últimos pasos de su show, Crisald tuvo la imperiosa necesidad de mirar hacia atrás  más precisamente a la puerta de entrada del lugar. Allí había un tumulto de personas quejándose y otro grupo que, con mucha prisa intentaba ingresar. Hubo una pelea entre los Custodios de Fanego y la gente de Liavenna. Illagros bajó por las escaleras a terminar con dicho problema tal y como Liavenna le había pedido que lo hiciera hace algunas noches. El era "El hombre al cual recurrir para detener a Larenthger"

- ¿Cual es el problema señores? Dijo Illagros  a los custodios de la puerta.
- ¡Esta gente esta tratando de entrar sin pagar su entrada!- Dijo el líder de los patovicas, que conocía a Illagros desde hace algún tiempo.
- ¡Ah! pero que rudos son mis chicos, permitanme...- Con la destreza de un asesino, Illagros sacó su Tokarev  Dorada y disparó a quemarropa en las cabezas de los patovicas. Sus propios hombres, que admiraban y temían al "Baron de Brusia" quedaron algo atónitos. Luego grito en su propio idioma:
¡Zakhodite, naytiCrisald  sokhranitʹ yego. On i tekh, kto ukhodit s etogo predatelya ...!
(Entren, encuentren a Crisald y mantenlo. A el y a cualquiera que ande con esa basura traidora...)

Música 

Como si un dique se quebrara los Vlaind de Liavenna cruzaron las puertas  y se abrieron paso a los tiros entre los Dragones Negros que intentaban detenerlos. La gente comenzó a gritar, las armas a escupir y los casquillos a bolar de las recamaras de sus armas. En un  segundo el bonito club se transformó en un campo de batalla. El presentador y otros dos hombres que bebían cerca de Crisald fueron los primeros en caer bajo el fuego de las AK-47 de la tropa de Illagros, un Vlaind Bruso de mucha importancia ahora y entonces.

Crisald, pensando que Alaysa le había tendido una trampa gateó entre las mesas para no ser reconocido.
- Busquen al hijo de puta, me importa un huevo si tienen que matar a su madre para hacerlo. Decía Illagros vestido con su sobre todo negro y largo mientras se abría paso entre las mesas delanteras en busca del Vlaind de Rolando.

Las luces del escenario estallaron cuando uno de los soldados de Illagros abrió fuego sobre los técnicos de sonido en su torre. Uno de ellos cayo directo sobre el escenario echo un colador vivo.  Crisald, aun escondido entre las sillas, los muertos y las mesas avanzaba lentamente hacia la tarima donde Alaysa intentaba dar crédito a lo que veía. Detrás de Ella Jack Ruby se abría paso con su revolver para sacarla de allí. Desgraciadamente cuatro rifles de asalto descargaron toda su furia sobre el...luego de que se cargara unos cuantos.

Tanto por derecha como por izquierda los Vlaind de Illagros no escatimaban en munición  básicamente  disparando a todo lo que veían y recibiendo poca resistencia de parte de los Dragones Negros, quienes huían hacia las salidas de emergencia si no eran alcanzados por la metralla, que picaba y heria como abejas de acero.

- ¡Crisald Larenthguer!En el nombre de la Nación venimos a detenerte. Sabemos que andas en algún lugar de por acá,  más te vale que te entregues...- Gritaba Illagros a medida que remataba los enemigos que yacían en el suelo sin ningún ápice de piedad.

Viendo que era momento de actuar, el vlaind de Rolando, a solo pasos del escenario, lanzó su ataque de cabalgante sobre todo lo que tenía delante. Las mesas y demás elementos del Club fueron aplastados uno a uno, partiéndose y saltando de arriba hacia abajo como si toda la tropa de Rolando estuviera asolando el lugar con sus caballos. Rastros de la alfombra, vasos  cubiertos y platos aparecieron en al aire como confeti de variado material. Un arco de muchos metros en un angulo de quince grados empujó todo lo que estaba frente del príncipe Larenthguer hacia adelante. Cuatro o cinco de los asesinos cayeron al suelo junto con el resto de los elementos, detrás de la barra o sobre otra pila de cuerpos. Las luces sobre la tarima donde danzaba Alaysa se desprendieron por acción de una bala perdida y aplastaron a muchos debajo levantando gran polvareda en su camino.

Crisald aprovechó su oportunidad generada por la sorpresa para subir a la tarima y tomar a Alaysa por la cintura. - Vos venís conmigo querida...- Dijo llevándosela cual bárbaro hacia el costado del escenario. Ella simplemente se dejo tomar.
- ¡Alaysa!- Gritó Illarios, sorprendido de ver a su vieja amiga allí.
- ¿Illagros? -

El Vlaind de Rolando recurrió a su buen amigo el M79 y disparó una granada al centro del publico antes de que Illagros pudiera reaccionar. El estallido hizo saltar por los aires todos los escombros y cuerpos en medio. El lugar se llenó de humo y se activo el dispositivo anti incendios. - ¿Donde esta el estacionamiento? - Pregunto Crisald mientras salia a los bastidores.
- En el subsuelo...ya podes soltarme.. te muestro el camino.
- Claro, como si tuviera que confiar en vos.- Replico Crisald enojado.
- Yo se todo sobre lo de tu familia, pero no participe. Contestó Layla mientras por sobre la tarima Illagros y su gente avanzaban a pasos rápidos y ordenes en Bruso.

Illagros se detuvo antes de tiempo. - ¡Vse parkovki, sobirayetsya poyti tuda.! (Todos al estacionamiento, va a salir por ahi). Los Vlaind dieron la vuelta, dando ordenes por Handy.

Crisald y Alaysa corrieron derecho hacia las escaleras de emergencia, llegando al subsuelo uno de los Vlaind de Illagros abrió la puerta armado con su rifle de asalto. Crisald lo atacó con su fuego verde tan pronto como  lo vio. Esta ves el fuego emergió de su mano como un disparo eléctrico y arcano. Pero estos ya no eran los desdichados mafiosos a los que se había enfrentado antes, sino más bien Soldados, tropa Vlaind y de la buena. Su enemigo pudo esquivar el ataque fácilmente y abrió fuego sobre Crisald. La varilla de la escalera se hizo pedazos, saltaron chispas en todas direcciones, una de las balas alcanzó en el muslo a Crisald quien respondió con la Desert Eagle. Afortunadamente esta vez impactó en el pecho de su enemigo. El asesino se dio la cabeza contra la pared debido al impacto. Crisald salto desde el primer piso, desenvaino a Epsurren e hizo algo que no le gusto, matar a un Vlaind.

El acero de Epsurren le entró por el bajo vientre y le salio por la espalda. Crisald robo su AK47, tomó a Layla por su mano cuando esta ya había bajado y abrió la pequeña puerta de emergencia. Tan pronto como así hizo un torrente de disparos salio a su encuentro, haciendo polvo la pared color gris y destrozando el letrero de emergencia. Crisald agarró por la cintura a Alaysa y la lanzó con todas sus fuerzas al costado de una de las camionetas negras (vacía) que sus enemigos habían aparcado. Luego corrió hacia esa dirección abriendo fuego sobre quienes intentaban matarlo, se lanzo al suelo al lado de la mujer.
- ¿Que no son amigos tuyos? Le dijo desde el piso mientras las balas silbaban sobre su cabeza.
- Eran...

La voz de Illagros se escuchó, daba la voz de alto a su tropa. El ruido atronador de las armas se detuvo en un instante abrupto. - Te estas portando muy mal Crisald. Tenemos todo el edificio rodeado, no hay esperanza de que salgas con vida de esta hijo. Ven a tener una charla con la jefa y todo esto se acabara.-

En ese exacto momento el sonido de una canción muy poco apropiada para el ambiente se escucho, provenía de un auto que intentaba estacionar, un carro que Crisald conocía demasiado bien aunque ahora estaba pintado de Rosado claro.

Música

Dentro de la cabina Liena venía sacudiendo su rubia cabellera mientras escuchaba la Música de su colección favorita. Había tenido que cruzar toda la ciudad en auto solamente para confirmar que su Crisald no estaba en nada raro. Por lo visto desde afuera ese lugar "Dites Corner" no era la clase de club al que su Crisald asistiría, estaba lleno de Mujerzuelas en la entrada que corrían hacia el exterior...hombres armados y policías cerrando la cuadra con sus patrulleros. De seguro una redada policial estaba acabando con ese antro, pero nada de Crisald, ni una pista de su marido. La Maestra debió haber estado bromeando.

El Audi Rosado se detuvo en medio de los asesinos y su esposo. Todos los Vlaind, incluso Illagros, pensaron que esto iba a terminar con algo del tipo "Era una joda para videomatch" porque ese auto, la mujer que bajaba de él y la situación no tenían ninguna conexión posible.
- Disculpe Buen hombre- Comenzó a decir Liena bajando la ventanilla, obviando el olor a pólvora y los AK-47 aun humeantes. - ¿Ha visto por casualidad a un hombre...- Liena se detuvo al reconocer a su tío, quien regularmente visitaba a su familia en Hellens cuando era una niña-
- ¿Liena?- Dijo Illagros con la boca aun abierta.
- ¡Illagros tanto tiempo sin verte!- Contesto Liena abrazando al hombrezote.
Por detrás de la camioneta,  Crisald se levanto:
- ¿CIELO?- gritó.
- ¡¿Cris?!- Se volteo emocionada Liena al escuchar la voz de su marido, con sus ropas manchadas de sangre.
Alaysa se levantó al ver que los tiros habían terminado.
- ¿Liena?- Dijo ella sumándose a la confusión.
- ¿Alaysa? Pregunto Liena recordando a la mujer que siempre acompañaba a Liavenna en las fiestas en la mansión de los Enarmarr.

El aire se puso tenso y pesado. Los asesinos tenían sus dedos en el gatillo, Crisald intentaba pensar, a la velocidad del rayo una buena excusa. Alaysa buscaba, lentamente y sin llamar su atención   las llaves de su propio auto para modificarlas y usarlas en la camioneta en la que se estaban cubriendo. Illagros pensaba seriamente en llamar a la jefa para confirmar si es que era una broma de mal gusto.  Liena hablo nuevamente:
- Con que de eso se trataba he...- Dijo la Vlaind llevando una de sus manos a su mentón  sospechando y sacando conclusiones. -¡Es una fiesta sorpresa!- Grito llena de alivio asombro.