viernes, 31 de agosto de 2012

"Los Hijos de Mara" en PDF

Y entonces Hubo Silencio....



Si queres llamarte por un nombre te dire uno que te va a resultar conocido. Sos una Dracida es decir "Hija del Dragon", una Jethi...una guerrera escogida por Heills para proteger este mundo de...bueno, de otras criaturas con habilidades diferentes aunque no menos poderosas. 
- ¿Heills?
- Si...el Dios que robo el fuego del Dragon Unlukaff y se lo lego a ciertos hombres y mujeres para que pudieran detener la avanzada de otros Dioses sobre sus destinos. En otra época, mucho más remota que esta hubo muchos como nosotros, en su mayoría buenas personas con nobles intenciones que combatieron a los Vlainds, hijos de Namidian. (...)
El Ritual de los Condenados: Daniela y Su Dragon
***

Bueno después de un poco de edición con un programa gratis aquí esta la primer versión  (aun de prueba, pero bastante mejor que el Word) de el Folkzum

Ya explique en otra entrada de que se trataba este libro, pero para los familiarizados con "El Ritual de los Condenados" (que se publica en este blog) es bueno aclarar que es este el "cuerpo mitológico" que da el puntapié inicial a la cuestión de los Jethis y los Vlaind. Como verán, Gente como Rise y Crisald no salieron de un huevo ni de un repollo.



Este libro trata principalmente la historia de los tres Dioses que heredaron la tierra de los máximos poderes del Et-Zuloth (el todo que engloba todos los mundos). La triada divina proveniente de la Diosa de la Luz intentara con mucho empeño reconstruir las tierras mortales luego de la impresionante lucha entre ella y Tremor, Señor de la noche y del Caos. Más la transición de un orden al otro no sera fácil, pues cada uno de estos Dioses tiene una idea distinta sobre que hacer con los hombres y las demás criaturas de Balbania. Sus pasiones,  egos, amores y ambiciones los llevaran a desconfiar de sus hermanos, conspirando contra quienes consideran una amenaza para sus propios designios. También se explica aquí de donde provienen los poderes que albergan los personajes de "El Ritual de los Condenados" tales como el Rettem Dracida o "El Don de Namidian" que permite a los Vlaind modificar la materia. 

Si bien el Folkzum es mucho más extenso (pues la Ruina del Essea no termina aquí), esta recopilación de cuentos da un buen marco inicial para que sea mas comprensible al lector la cuestión que divide tanto a Jehtis como a Vlainds en "El Ritual de los Condenados"

Así que mientras preparo los siguientes capítulos de "El Ritual de los Condenados" pueden echarle una mirada a los primeros relatos sobre Balbania en su versión (¿me animo a decirlo?) casi final. La segunda parte y la tercera, que se centran en la lucha ya en las tierras de los hombres como relata Rise a Daniela, es infinitamente más larga y se encuentra aun en proceso de re-escritura. 
http://issuu.com/bilingord/docs/folk-2?mode=window&backgroundColor=%23222222

lunes, 27 de agosto de 2012

El Ritual de los Condenados XI



Capitulo V

El Judas del Ramkkara

Siempre después de la Tormenta....


Y ahora parece que la nieve va a regresar sobre nuestras cabezas.- Decía el locutor de la FM WALK 7.9. desde el Zitroen C4 con su radio que se escuchaba en la soledad del bajo.
 - Así es Carlton, de alguna manera la tormenta eléctrica podría degenerar en la primera nevada fuerte de este invierno. Así que a preparar esos mates, cafés y Chocolates para pasar la temporada. A abrazar a tu chica o a tu chico porque se viene el pesado invierno Himburgues. (Sonido de Lluvia de Fantasía para Radio accionado por el operador)
- Y en otras noticias, la policía busca resolver lo sucedido en el Bajo dos noches atrás en Troncor Street. Según fuentes cercanas a Herkrania Yard todo se abría desencadenado cuando un agitador de Izquierda cuyo nombre se mantiene en secreto secuestró a Daniela Vounsheim en su apartamento. La policía encontró el auto en que huyeron en dirección al norte abandonado a mitad de la ruta no lejos de donde se reporto robada una Camioneta Ford XTL Explorer. También han indicado que lo más probable es que se trate de una interna entre las bandas que operan en la parte sur de la ciudad. 


La silueta cuadradesca del Chikis se levantaba delante del edificio donde había entrado un tiempo atrás. Su figura alta y añeja no desentonaba del todo con el Bajo, aunque gracias a sus conocimientos de cultura y Arquitectura contemporánea (enseñados obligatoriamente como a cualquier Vlaind) Crisald sabía que el Chikis fue alguna vez algo más que una cueva de asesinos. Las marquesinas en sus pequeños balcones que daban a las calles sucias, sus cuatro entradas de altas puertas, el revestimiento de mármol en las paredes...Un edificio ancho aunque de solo tres pisos de altura contando la terraza. Sobre el tejado se amontonaban, como en el resto del bajo, las antenas de television  formando esqueléticas siluetas. 

Crisald no iba a estacionar delante. Estaba unas dos cuadras detrás escuchando algo de música hasta la hora señalada, la medianoche. Faltaban solo unos diez minutos para ello y fumaba solo en la cabina del carro con los lentes puestos. Algunos transeúntes observaban el Zitroen allí detenido pensando que pronto se armaría una buena, no muy tarde alguien intentaría desvalijar al pobre ricachon paseando por el barrio. Pero la energía que despedía la negra silueta de aquel automóvil, oscura y peligrosa, mantenía alejados a todos los ladrones.

Las Calles estaban más desiertas de lo normal, probablemente debido a la tormenta, cuyas gotas caían sobre el parabrisas formando pequeñas cascadas. Pero había algo más en esas veredas y recovecos oscuros llenos de basura y vagabundos. Mientras el Vlaind anduvo por allí nadie salió de su casa ni siquiera a comprar cigarrillos o asaltar al único supermercado asiático en los alrededores. El pip eléctrico de su reloj con alarma inició la carrera. Con el gesto de piedra característico, el Vlaind abrió las puertas del auto y dejó que la lluvia lo llenara con su providencial energía. El cabello se le empapó en un instante dándole una tonalidad oscura y dorada según la luz de las calles. Caminó debajo de los altos faroles de luz que extendían su pobre y amarillento fulgor sobre las baldosas de la calzada, la escarcha crujía debajo de sus botas.
***

La Biblioteca de Oldbrige Town no se especializaba en cuestiones Esotéricas, pero dentro de las demás ciudades de la zona era la que tenía un mayor grado de antigüedad. Según recordaba Rise mientras cruzaba las puertas de madera y vidrio junto a Daniela, el poblado fue fundado en tiempos antiguos, lo suficientemente antiguo como para aparecer en algunas crónicas Dracidas. La mayoría de los Jethis dejaron de habitar entre los hombres de Himburgo poco antes de la Primera Guerra Mundial, por lo que esperaba encontrar al menos un libro escrito por uno de los suyos.

Ustedes pensaran que esto es poco probable, seguramente en la biblioteca de la esquina de su casa no encuentren volúmenes añejos sobre hechicería y ocultismo. Pero los Jethis se han acostumbrado a estar en desventaja y durante los años han mantenido ciertas tácticas de guerrilla para ayudar a generaciones futuras. Una de ellas era escribir algunos libros (a mano inclusive) y depositarlos en las bibliotecas de sus pueblos por si otro Jethi necesitaba consultar ese tipo de materiales. Podríamos decir que tenían una secreta "Wikipedia" Dracida repartida por cada lugar donde han vivido. A menudo pasan las obras como trabajos de ficción o "estudios" del folclore Balbanes.

Daniela seguía a Rise por el pasillo blanco y estrecho que precedía a la recepción del edificio, bastante moderno a comparación de su exterior. Había sido re modelado hace poco debido a la antigüedad que este tenía. Como muchas otros pueblos que se encuentran en dirección al norte, Oldbridge  creció junto con el   ferrocarril. La biblioteca, la escuela, la torre de agua y la ex fabrica de databan de al menos 100 años. La capilla y algunas  casas eran más antiguas y seguramente las  pocas sobrevivientes en más de 1000 años.

Un hombre anciano de grandes lentes trabajaba en el escritorio del centro del salón amplio junto a una chica joven . Rise y ella se se posaron frente al mostrador y observaron alrededor. Solo podían verse algunos jóvenes estudiantes del secundario no lejos del pueblo buscando información para sus trabajos. A pesar de que todo iba en orden y que no esperaba encontrar nada extraño en su pueblo Rise tenía la sensación de que algunas cosas iban en movimiento. Afuera la tormenta continuaba caprichosa en su intensidad o lluvia. Pero los relámpagos no dejaban de iluminar los campos de sembradío en los alrededores o los arboles al costado de la carretera. 

- Buenas noches. Dijo Rise a la bella muchacha, obviando al anciano. El perfume de la mujer de cabellos castaños llamada "Tiara" lo alcanzó antes que su voz. 
- ¿En que lo puedo ayudar?-
- Buscó "La viejas lenguas de Balbania" de Sigfrid Mc Ciffield. - 
- ¿Tiene ficha ya?- Pregunto la mujer observando detenidamente a Daniela y a Rise, como si acabaran de llegar a un lugar que no les perteneciera. 
Rise iba a decir que no cuando la voz del anciano sentado allí hablo por él:
- Claro que la tiene...es Rise Thomas Kenneth, hijo de Ben...
Rise volteó y observó al viejo. Estaba sentado sobre una silla de ruedas con una frazada en sus pies. Era el Señor Opson, el bibliotecario que solía atenderlo cuando era un niño. Sus ojos llenos de cataratas y arrugas espesas giraron para verle la cara.

Daniela tomo instintivamente a Rise por su brazo derecho. El Dracida tenía la expresión de quien ve fantasmas. Quería hablar pero solo conseguía murmurar, Tiara solo cambiaba miradas con ellos nerviosa. Daniela comenzó a sentir un ligero albor, como de un orgasmo insipiente algo muy fuerte se había movido en la cabeza de ambos hombres, aun en el senil y avejentado Opson. Tiara interrumpió.

- Tenemos lo que pide, esta en el pasillo 4 de la sección "Historia de Himburgo" 
- Vos anda a buscar el libro Daniela y te encostras conmigo en la hemeroteca. 
La muchacha asintió. 


***
Crisald estaba cansado, no había dormido  en un millón de años. Las largas paredes de ladrillo a la vista revestidas por los graffitis del bajo acompañaban el paisaje en rededor. En las esquinas los semáforos daban paso a los pocos autos que andaban por el bajo, los vagabundos continuaban al lado de sus fogatas y la nieve tenía serias intenciones de regresar sobre ellos. Su bolso pesaba bastante, el cuero negro de sus guantes se aferraba a él como si dentro llevara la caja de Pandora que lanzaría cientos de males tan pronto como se abriera. Sus cabellos desatados llevaban sobre su dorada cimera rastros del invierno blanco. Sus botas andaban la acera con la calma de la muerte, sin observar las personas que estaban en los pórticos de los monoblocks intentando pasar una buena noche de viernes, sin escuchar la música que salia de sus alto parlantes, aunque con la mirada fija en el cartel que decía HOTEL CHIKIS en grandes letras rojas de neón que estaban encaramadas en la pared delantera de aquel edificio.

Anteriormente conocido como Dolfyn Hotel en los 40, el Chikis había tenido sus días de fama y buen jazz en épocas remotas que a los Vlaind no suponían nostalgia como para Rise. Su padre se había beneficiado bastante con el estado de Bienestar de aquellos años, pues llegó mucha mano de obra a sus fabricas en Platino y, sobre todo, gran cantidad de subsidios estatales para mantener un ritmo de producción que alimentara el insipiente consumo pasada la guerra. Pero Crisald no había conocido las bondades de una sociedad más justa...para los Vlaind lo único justo para ellos, a fin de cuentas, era que todo el mundo les perteneciera, como se suponía que debía ser.

Ahora, el príncipe era una silueta negra más dentro del corazón de la ciudad. Los grandes salones, las fiestas y pendientes habían quedado atrás...se preguntaba si podría regresar a ese estilo de vida tras estos acontecimientos. De alguna forma, oscura y retorcida, el Bajo le parecía un lugar mucho más real que las fincas y mansiones que conoció durante su juventud. Incluso las prostitutas que aguardaban impacientes en las esquinas albergaban en ellas algo que él nunca iba a poder entender por mucho que lo estudiara. Tenían lo único que Crisald nunca podría comprar o obtener por medio de favores...humanidad. Algo que a muchos Vlainds les faltaba. Observando aquello pudo comprender brevemente porque su padre los admiraba y no los subyugaba en campos de cuasi esclavos como sus compañeros. Eran personas peligrosas, cualquier raza dispuesta a vivir en un sistema como ese, lleno de injusticia, de castas escondidas detrás del poder del metálico y donde la justicia estaba entregada a un garante de los criminales como sus amigos empresarios podía estallar. Era mejor tratarlos bien....era mejor no hacerlos enojar.

Crisald llegó a la entrada. Abrió las puertas con ambas manos y la nieve ingresó en el vestíbulo del hotel, un lugar lleno de humo de tabaco donde una mujer esperaba paciente a clientes inexistentes. Sobre el centro de la sala una araña de buen aspecto adornaba todo con una luminancia esquiva y ensoñadora, opaca y nostálgica. El mostrador, largo y que precedía a los casilleros de las llaves estaba guardado por la mujer de cabellos colorados. Algunos sillones también marrones se encontraban repartidos alrededor de mesitas bajas. El clink de la campanilla despertó a la recepcionista de su sueño.
- Vengo a ver a Jhon Trimberg por favor. 
Clara vio dos esferas negras de vidrio observándola, los lentes de Crisald custodiados por sus cejas finas y rubias. La mujer le sonrió, contenta por ver a alguien tan apuesto en esa tapadera. El no se inmutó. Arriba los cerdos del Chikis la pasaban en grande con sus putas y sus crímenes. Debajo la muerte afilaba su guadaña.

- ¿Jhon Trimberg? ¿Tiene cita con él?- Preguntó ella sin dejar de observar lo hermoso que era ese sujeto.
- No me hace falta. - Dijo Crisald alcanzándole un papel y un fajo con 2000 balbans.
"Huye" Se podía leer sobre la banda blanca que envolvía el dinero.

Motivada por la poderosa presencia del Vlaind la mujer solo tomó sus cosas y salió del edifico, lo hizo más rápido cuando vio como debajo de la manga de la gabardina de Crisald salia, como eyectada, una Desert Eagle Dorada a su mano derecha. Crlisald debió haber visto cien veces Taxy Driver antes de aprender como armar aquel arnés. 

Crisald caminó hasta la puerta y la trabó modificando con sus poderes los metales del cerrojo formando una pequeña cruz con la inscripción "R.I.P" en su centro. Si alguien quisiera salir de allí con vida lo haría por la ventana. Camino detrás del mostrador y busco la coneccion eléctrica del Chikis. No era otra cosa que un vejestorio de la Segunda Guerra Mundial haciendo sonidos de desperfecto por todos lados. Crisald se quito los lentes y tomó el manojo de pequeñas tiras de tela, las luces de todo el edificio comenzaron a parpadear y se escuchó el lamento de los parroquianos del bar de arriba. Finalmente todo quedo a oscuras. 

Entrando por segunda vez en su zona oscura Crisald casi podía ver como de día. En algunos pasillos se encendieron las defectuosas luces de emergencia. Pero en muchos recovecos la oscuridad era absoluta y seguramente en más de un piso entero sus enemigos no podrían ver nada. Sin embargo Crisald había estado en las tinieblas, las conocía profundamente, las investigó desde pequeño y la oscuridad siempre es el mejor amigo de cualquier Vlaind de Rolando, siempre y cuando se le de a ella  lo que busca. 

Hoy el señor Sombra se daría un festín. El Vlaind tomó la escopeta recortada y camino fuera del mostrador hasta las escaleras que llevaban a los cuartos de arriba. 
***


Voces...voces en la oscuridad, las escuchaba, podía sentir sus cuerdas vocales moviéndose casi previendo el final aunque totalmente ajenos a cual sería este.
- ¿Que paso?
- Debe ser el tarado de Jhon, no debe haber arreglado con la policía y nos cortaron la luz que afanamos de ese orfanato. 
- Anda, baja y decile a Carla que la enchufe de nuevo. 
- No quiero, no me gusta un pito esto.
El sonido metálico de una pistola de corto alcance accionando el cargador. Crisald, un piso debajo en la base de la escalera contaba los segundos, aguantaba las fuerzas y la bronca. El acero gélido de sus armas le carcomía la carne llena de ansiedad homicida. 
- Dale tarado, ¿Que le tenes miedo a la oscuridad?
- Veni conmigo. 
- Bueno bueno...

Los pasos de zapatos baratos bajaron por las escalinatas amplias del Chikis, un lugar por donde mucha gente importante ascendía a vivir una alocada noche de alcohol y música prohibida en otro tiempo. Ahora el glamour y las risas habían cambiado por ropa barata con rastros de sangre y diversiones mucho más peligrosas y pervertidas.

- La puta madre, ¡no se ve nada!- Dijo la voz gruesa.
- Me cago en vos Tito, dale camina de una vez que tengo a Janne Blowjob esperándome arriba.
- Ya quisieras tarado...
Dos escalones más abajo.
- ¿Que no hay olor a quemado? Pregunto la vos gruesa.
Un sonido de ignición se escuchó, pero no había debajo ningún motor. Un bálsamo de fuego verde nació de la propia oscuridad, iluminó la figura de su ejecutor como si se tratara de alguna alocada alucinación producto de alguna droga muy poderosa. La espesa y ardiente llamarada cubrió a ambos hombres en un segundo, su ropa se hizo trisas en un abrir y cerrar de ojos, con sus  rastros volando en el aire como si se hubieran convertido en papel quemado, el sonido de algo parecido a una turbina se escuchó en todo el Chikis y las mesas, los vasos y ceniceros temblaron al retumbar  las paredes. 

El Vlaind pisoteo sus cenicientos cuerpos con su botas mientras preparaba la escopeta de doble caño. Al encontrarse a pocos escalones del primer piso notó que las llamas se habían extendido hasta el mismo y allí varias personas se escondían debajo de las mesas asustadas, pensando que una bomba había volado a la mierda la primera planta. Dos de ellos comenzaban a reaccionar y llamaban a grandes voces a otros a que se sumaran a la lucha. Los ojos de Crisald contaron velozmente a cinco hombres y dos mujeres. Una de ella estaba quemándose en el suelo e intentaba apagarse girando de un lado al otro, generando un resplandor verde de derecha a izquierda.

Con su mano derecha hizo un barrido rápido con la Desert Eagle, las balas entraron en los cuerpos de sus victimas atravezandolos y destrozando las botellas de la barra detrás de ellos. El sonido de los disparos hacia ping pong entre las paredes gruesas del chikis. La sangre negra y verde al resplandor de las llamas se mezclo con la oscuridad del recinto y los gritos. Había miedo, miedo a montones, estado de Shok. Con la mano izquierda apoyo el doble caño sobre un hombre agachado a su costado que pretendía esconderse y controlarse. Tras un alarido lumínico y blanco producido por los gruesos cañones de la escopeta de campo sus cesos quedaron esparcidos contra la pared, el cuerpo cayo al suelo sin gracia ni honor.  Incapaz de recargar rápido, sintiendo como alguien llegaba con un objeto contundente hacia él, Crisald tiró ambas armas al suelo y desenvaino a Epsurren. El acero forjado en el reino de Allion hace mas de mil años cruzo la carne de su enemigo como si se tratara de algún tipo de flan. Era un hombre joven, ¿Era un hombre inocente?

Sus lentes negros se fijaron un segundo en los ojos desorbitados de quien cargaba una silla entre sus brazos, aun alzados. No, no era una persona inocente...Quitó la espada de su cuerpo y volvió a bajársela entre el cuello y los hombros. 

- ¿Que mierda pasa ahi abajo?- Grito una voz. - ¿Y donde mierda esta el forro de Karl? 

Crisald volvió a tomar sus armas, las recargó con la paciencia del vencedor. Remató en el suelo a temerosos y heridos por igual.
- ¡Nos están cagando a tiros!, todo el mundo abajo, ¡ahora!- Gritaba la voz de Jhon Trimberg desde el ultimo piso. Un coro de idiotas llamó a las armas y bajó por las escaleras a forma de barra brava enardecida. 

El Vlaind actuó rápido, saco del bolso el M79 y disparó tan pronto como vio unas manos con armas salir por el codo de la escalera. La explosión llenó de polvo y algunos miembros ese lugar. El techo cedió un poco sobre ellos. El sonido de metal armado cayendo al suelo y rebotando contra los escalones de madera ascendió hasta desvanecerse. El Vlaind sacó el M16 y avanzó por las mismas disparando ráfaga tras ráfaga de plateado plomo.

Algunos lo vieron antes de que sus cuerpos fueran perforados por las balas. Un tipo rubio, alto y con la expresión totalmente cambiada a la de un monstruo, algo no humano estaba allí, algo no jethi sosteniendo un rifle de asalto que no dejaba de vomitar fuego sobre ellos  mientras corría al segundo piso. Los casquillos volaban detrás de su figura, las balas mal disparadas de sus contrincantes deshacían la pared a sus espaldas, cubriéndolo de polvo y de suciedad. El M16 no dejaba de sonar, de aturdir sus condenados oídos y de arrancarles dedos, perforarles los pechos o la cabeza. 

Cubierto de la sangre de sus enemigos el Vlaind llegó al segundo piso donde tiro el M16 Vacio al suelo y empuño nuevamente la Desert eagle. Dos hombres dispararon escopetazos, cubiertos detrás de un sillón caro del bar Privado del jefazo. Crisald se lanzó al suelo, ya había luz de emergencia encendida en este piso que daba a los pasillos de las habitaciones. Se deslizó por el suelo sucio del Chikis como un bailarín profesional y quedo debajo de una mesa, cuya madera comenzó a ser mordida por los disparos de los Dragones Negros. El Vlaind abrió fuego con su pistola reventando tres cabezas antes de tener que cambiar de posición. Saltó sobre la barra del bar poco antes de que se crearan decenas de huecos producto de los disparos y los fragmentos de espejo y botellas cayeron sobre su cuerpo. El liquido de las bebidas le empapó todo el cuerpo.  Crisald saco la espoleta de una de sus granadas y la envió como regalo a sus amigos. 

- La puta madre, es un puto Vlaind- Se avivó al final uno. 
- ¡Granada!- Gritó otro, siempre tarde en su reacción. Dos cuerpos volaron hacia arriba y cayeron abajo abatidos como pájaros en vuelo, el relleno de los sillones y los almohadones salió volando en varias direcciones. 

Ya se corría la voz entre los pasillos y los cuartos de los Dragones Negros: Un Vlaind había entrado en el Chikis y lo había hecho a lo grande. Mientras Crisald se demoraba un poco con dos contrincantes más (que le atacaban con saña a descubierto con armas automáticas), en el resto de las habitaciones, motivados por un temor insoportable, los hombres abrían armarios para sacar todo tipo de armas, viejas o nuevas. Cargaban las mismas nerviosos escuchando los alaridos de dolor en el bar privado. Pasaba el tiempo y el sonido de los tiros no se callaba. 

- ¡No!....¡no!- Gritaba una de las victimas cuya pistola se había quedado sin Balas. Crisald lo tomó por la chaqueta y se acercó a la ventana, lleno de fuerzas, de vitalidad, de poder embriagante. - Hoy nievan Hombres. Le dijo sádico y sonriente.

En la calle la gente veía como  desde el segundo piso unos pobres diablos salían disparados hacia la acera nevada y mojada por el clima del cielo, lleno de tinieblas sobre ellos. Las ventanas resplandecían en blanco y amarillo acompañadas por el tronido de las armas y los casquillos. 

La gabardina, agujerada con dos orificios de balas en un brazo y el pecho le incomodaba. Crisald se la quitó y la lanzó al suelo. Como si recién hubiera estado jugando a las escondidas con la gente de  Jhon, caminó hasta el pasillo derecho. Todos los hombres del Jefazo cuidaban el único pasaje a la oficina del señor del Hotel. Quien esperaba nervioso con una espada y un arma de fuego en el marco de su puerta, sintiendo el sudor caer sobre su cabeza de manera fría. -¿Donde mierda estará Karl?- No dejaba de pensar en voz alta. Con su otra mano sostenía inútilmente un teléfono rogando ser atendido por sus superiores. Pero la linea estaba muerte desde que Crisald la reventó poco antes de llegar a la entrada.

Los restantes, en un gran acto de valor y estupidez se juntaron todos. A una orden del ademan de su jefe emergieron de nueve cuartos distintos con escopetas, rifles, pistolas, sub ametralladoras, palos y cualquier cosa que hiciera daño. 

Delante de ellos el Vlaind de Rolando se quedó parado sonriendo con sus brazos  llenos de sangre propia  y ajena. La cara cruzada por rastros del cabello de alguien y el precioso liquido intravenal emergiendo de su boca como si estuviera sediento de más. A su relamido entre sobreactuado y sensual los sujetos respondieron cargando las armas. Todo el pasillo, blanco y verde se transformo en un coro de seguros quitándose. 
- ¿Que mierda queres acá seas quien seas?- Pregunto Jhon, tímido y asustado.
- Nada. Solo a vos, a tu amigo Karl, ambas almas  y algo de diversión con una de tus putas. ¿Pido Mucho Jhon Trimberg?

Los hombres miraron al jefazo dispuestos a mandar al inframundo a Crisald. Desde su oficina le echó un vistazo al Vlaind, a través de la ínfima ranura que había entre la puerta y el marco lo reconoció. Era el hijo de ese Vlaind que Karl había matado. Desde el primer momento en que leyó el diario el día posterior a la matanza de los Larentguer supo que prestar los servicios de su hombre de confianza a esa puta loca del norte iba a traer problemas...aunque también mucho dinero. En ese instante primó la codicia, ahora solo imaginaba de que forma podía sacarse el problema de encima. Primero probó por la más fácil de sus opciones:
- ¡Que carajo esperan! ¡Caguenlo a tiros pelotudos!- Y cerró la puerta cobardemente.
- ¡Sí jefazo!

Crisald, parado y solamente protegido por una musculosa que hacia honor a su fornido cuerpo soltó las armas en el segundo previo a que dispararan los hombres de Jhon. Sus manos se levantaron en un ademan hacia arriba como quien eleva a un chico en una hamaca. Las Balas, las decenas de balas, perdigones y objetos contundentes dirigidos a su cara se encontraron de pronto con una barrera invisible. "La Cabalgata de Rolando" aquel poder que mencionamos anteriormente.

Los desgraciados observaron como no solo sus balas volvían hacia ellos sino como el suelo del pasillo se abría formando los huecos de cascos pisoteando el concreto, abriendo la madera vieja y podrida debajo de la alfombra, el grito de batalla de una docena de corceles les llegó a los oídos y todos ellos sintieron en carne propia como la fuerza arrolladora de una compañía de caballería invisible les pisoteaba las cabezas, los pechos, los brazos o las piernas. Las armas se doblaron bajo los cascos espectrales de Pingues corceles y arrollados por la descomunal fuerza de la zona oscura de Crisald salieron todos disparados hacia adelante. Para cuando la energía hubo pasado solo quedaron tendidos cuerpos y heridos quejosos, gritando del espanto del dolor producido. Tres de ellos atravesaron la puerta de Jhon y dieron directo con el escritorio eyectados contra la pared. Crisald solamente hizo un sonido de reprobación, como el que hace un maestro frente a un alumno y caminó, indeclinable en su tarea hasta Jhon.

Dos de los tres que aun vivían intentaron moverse, a pesar de estar muy atontados por los golpes, dos corchazos a corta distancia de la recortada acabaron con sus nobles intenciones. La Sangre salto hasta manchar el techo y la camisa verde de Jhon.

Un espadazo violento quiso detenerlo cuando alcanzó la oficina. El Vlaind de Rolando lo detuvo con la propia y empujo a su oponente hasta su silla de "Jefe" que ahora le resultaba más parecida a una de interrogatorio. - Ustedes si que son muy ineptos en verdad. Dijo Crisald observando el reguero de cuerpos, casquillos y sangre que había quedado detrás de él.

- Con que uno solo me hubiera enfrentado como un hombre en combate justo esto se podría haber evitado. ¿Que acaso ustedes no tienen entrenamiento en códigos de lucha o algo así?- Preguntó a su victima embelesado por su propia capacidad de destrucción. 
- No hice nada.- Fue lo único que Jhon pudo decir, con sus ojos verdes totalmente aterrorizados y gesto perpetuamente nervioso.
- ¿Sabes quien soy?
- El...el chico Larentgher. 
- ¡Un Gusto!- Le Dijo Crisald golpeándolo con la empuñadura de su espada, cruzandole el rostro de un lado al otro.
***

¿...Sale el Sol? 

El sonido del proyector era lo único que podía escucharse en el rincón oriental de la Biblioteca. Rise pasaba las paginas del mes de agosto de hace siete años. Había escogido el rollo del "Daylay Sunday" por ser el diario más amarillo de Himbugo. Un medio que no iba a perderse de informar de una matanza semejante. Rise no buscaba buena información en sus paginas, seguramente solo el 10 por ciento del contenido de las notas no fue contaminado por los propios Vlaind, sino que buscaba fotos de la masacre, tenía que saber si efectivamente había estado allí algunos años atrás con Miranda.

Mientras bebía un café negro y fumaba (tras convencer a la bella muchacha con un poco de caradurismo y poder Dracida) leía los titulares, en grandes letras de molde negras, a veces rojas:

La comunidad de Old Kings Road conmocionada por inexplicable asesinato / Foto de varios cuerpos en fila cubiertos por una frazada. Todas las imágenes tenían ese granulado especial del papel de diarios, la mayoría de ellas era en blanco y negro. 

"Importante empresario asesinado en su casa"

"La Tragedia de los Larenthguer: Así fue el tiroteo"

"Dana Larenthguer iba a casarse cuando entraron a matarlos"


"Siete cuerpos" "Mas de 200 balas fueron disparadas según la policía" "Dos niños de 13 y 11 años brutalmente descuartizados" - Entre nota y nota, cada lectura rápida de copetes y titulares estaba llena de información horrenda. La cosa era peor de lo que el recordaba, había otras familias Vlaind ese día que también sufrieron. Durante la fiesta de casamiento de Dana Larenthguer una docena de hombres había ingresado por el garaje con armas automáticas y subido al primer piso, el cual conectaba al patio interior de la casona. Desde arriba habían ametrallado a medio mundo mientras celebraban en el patio mencionado. 

Rise empezaba a pensar que no iba  a sacar nada de allí más allá de muchos sustantivos para crímenes. Ya escuchaba los pasos de Daniela detrás de él con el libro en sus manos. Secta Satánica acusada del crimen/ La mente detrás del asesinato (La foto de un hombre con su cabeza gacha en el calabozo, una barba a medio crecer y pobladas cejas): Obreros de las plantaciones Larentguer Involucrados/ Nueve hombres sentenciados a Muerte por la justicia Imperial/ Crisald Larenthguer único sobreviviente  llega hoy de Hellens para testificar/ 

El libro que llevaba Daniela se cayó de sus manos al ver la foto del hombre que había entrado a su apartamento. Rise volteo para mirarla y le acercó una silla. Señalo la pantalla con sus dedos: Ese es tu amigo...- Dijo Sonriendo.

Peter Danok, autor intelectual es declarado Mentalmente insano/ Peter Danok: "La voz de una Bruja me obligo a participar"/ Danok ahora acusa a Serena Enarrmar "Trabajaba para ella, me obligo a hacerlo"/ Illagros Zarovich de Sipea, Abogado de los Enarmarr "No es más que un truco para ganar tiempo, la señora Enarmarr esta profundamente dolida" 

 Peter Danok enviado a la Horca. 

Aquí esta el libro Rise. Dijo Daniela tomando rápidamente un Cigarrillo de Rise y sentándose a su lado, apoyando los brazos con cansancio sobre la larga mesa de la biblioteca donde se extendían las computadoras y maquinas de la Hemeroteca. - Busca fotos Dani, la info me la llevó del deposito más tarde. Estos diarios no son muy viejos, deben tenerlos en papel también. Yo me encargo del libro..-
- ¿Que buscas en el libro?
- La frase...Idu Era Siavalion. La vi antes en la casa de tu amigo hace unos años y a pesar de que soy un jethi de Bilingord no puedo terminar de descifrar que significa...es una mezcla de Helleniano antiguo con otra lengua.

Pasaron los minutos y las horas. Daniela pasaba lentamente, prestando mucha atención, todas las fotos pequeñas y en blanco y negro de calabozos, cuerpos desmembrados, hachas ensangrentadas y casquillos. Policías frente a la casona de los Larenthguer, el rostro de Crisald sentado como testigo durante el juicio, números abultados de cuerpos y disparos.- ¿Buscas alguna foto en especial Rise? Pregunto Daniela acomodando sus lentes. La biblioteca iba quedando vacía y las ventanas vibraban producto de los truenos.
- Una del vestíbulo...si ves una pintura de un hombre alto sobre un caballo sosteniendo una espada avísame, creo que hay un hogar alto y de mármol debajo de él.

Rise se perdía entre los capítulos de esa antigua edición de hace unos 70 años, encontró finalmente un apartado "Lenguas muertas Hellenianas" fue a la maquina expendedora de Cafe y volvió a su asiento, abocado a su tarea como un profesional. Daniela continuaba girando la perilla del proyector. Las luces tenues de las lamparas con pantallas de vidrio verde estaban encendidas solo donde ellos, el resto de la biblioteca, de alto y redondeado cielorazzo permanecía en la oscuridad.

Entre las lenguas Hellenianas ya casi inexistentes se encuentra una peculiar mezcla de Sixvandez con un dialecto del sureste del país que fue usado por ciertos pueblos contemporáneos a la era del Dragón. Una de ellas es el Kinvaling. Idioma que solo ha sido encontrado en uno o dos libros escritos por monjes de ese país en la era oscura: "La Artes Secretas Auresianas" y "El Sol Negro". El primero es un libro encontrado por los Vlaind de Rolando en las catacumbas de los reyes de Tarcun en Himburgo y contiene la exploración de las artes oscuras o paganas de los pueblos anteriores al mandato de Heills alto en el cielo. El segundo es un desvarió esotérico sin mucho sentido ampliamente utilizado por los espiritistas de las costas de Himburgo y Hellens. Aun siendo una rareza, el Kinvaling es fácilmente legible si se tiene un profundo conocimiento de las lenguas antiguas como el Sixvandez y el Helleniano. Con un buen diccionario de cada lenguaje se pueden obtener resultados interesantes. 

¿Rise?- Preguntó Daniela temerosa de sacar al Dracida de su concentrada lectura.
- ¿mmm?
- ¿Es esto lo que buscas?

El Dracida se levantó de su asiento y observó dentro del proyector. Allí estaba el salón de entrada a la casa de los Larenthguer, el cuadro que indicó no estaba  más. Sobre la pared blanca se leía escrito en Sangre  "Idu Era Sivalion" rodeado de orificios de balas por todos lados. Un policía al costado estaba sosteniendo la imagen de Balabord que se encuentra en todas las mansiones Vlaind  y otros investigadores observaban el extraño acertijo.
- Eso mismo...anda a buscar estos dos diccionarios que te voy a dar, los escribió gente como nosotros y están especializados en estas cosas: La Lengua Antigua,  Kirk Mardsen y Dialectos de Hellens 1.

Al cabo de un rato, tras consultar varias veces ambos  libracos Rise anotó en un papel lo más acertado en traducción, lo dijo en voz alta para que Daniela lo escuchara:
- "La Era del Sol esta cerca"
Daniela casi se atraganta con el café.- ¿La era del Sol? ¿Eso dijiste?
- ¿Si, que tiene eso de raro?
Daniela recordó las palabras de Merry como si se las estuviera susurrando al oído en ese momento.
"Con el tiempo veras que el Demonio intentara convencerte de que tu gracia Divina es una tortura, que te apartara de las personas y de aquellos a quienes amas. Pero al fin, cuando seas más grande comprenderás que todo lo que el señor ha puesto en ti y en otros como vos lo ha dejado allí por una razón maravillosa. Y ese día...ese día saldrá un sol radiante y de luz tan clara que ya no habrá lugar para las sombras ni para los Dragones." 

Rise se echo atrás en la silla:
- Nuestro amigo Crisald entro a tu casa pensando en matar a ese tal Rick, era el jardinero de su familia. Acá dice que muchos sospechaban que el había abierto el garaje para que pasaran los asesinos. Tengo que buscar otros libros...dudo que pueda encontrarlos acá..pero se donde conseguirlos. Igual antes voy a ponerte a resguardo...no es tu problema resolver esto.
- No estoy tan segura de eso Rise. Dijo Daniela preocupada.
- ¿Que queres decir?
- Eso de "la era del sol" lo escuche antes, cuando era chica. Tiene que ver con...con mis poderes.
- Nunca supe de algún Jethi que adorara al Sol o algo así...estas confundida Dani.
- No Rise...- Ella se sentó a su lado muy cerca para hablarle en susurros.
- Vos dijiste que no podías saber de que Orden era ¿no?
- Ajam.
- Pero en teoría...es decir...¿Cuando fue la ultima vez que no pudiste reconocer de que Orden era uno de los nuestros o tuyos?

Rise Frunció el cejo y tomo un sorbo de café pensando:
- Bueno por lo general cuando se despiertan uno se da cuenta por el tipo de cosas en lo que es bueno...si es hábil en la lucha cuerpo a cuerpo, si levanta fuego o cosas por el estilo. De todas formas para asegurarse se hace un estudio de la sangre que solo los Jethis de Sigmund conocen..
- ¿Me viste hacer algo parecido a lo que hacen esas ordenes cuando "desperté"?
- No Dani...pero hay muchas cosas que todavía no se saben, ¿Que es lo que tanto te aterra? estas temblando...- Le dijo tomándola de sus blanquecinas manos.
- Creo...creo que..- Se saco los lentes para limpiarse una lagrima. - creo que no soy una Jethi Rise. Ya hable de eso con alguien cuando era muy chica el me dijo, en resumen, que sabría que era cuando "Salga un Sol Radiante y no haya más lugar para Sombras o Dragones".

- ¿Que no eras nueva en esto vos?-
- Prefiero el termino reincidente....- Le contestó ella sonriendo con cierta vergüenza.





***

"El primer recuerdo que albergo de mi infancia es el recuerdo de mis pesadillas..."
Crodlock, Libro de las Artes Secretas Auresianas.

Bosques de Pent, Mansión de la familia  Enarmarr

La luna estaba en cuarto menguante, la parte derecha de su figura era apenas un disco negro de débil contorno. La mirada tranquila y celeste  de Lauro observaba la entrada a la mansión Enarmarr mientras su anciano chófer doblaba afablemente por el camino de tierra que conducía a la misma. Tenía sus manos gruesas tamborileando en sus rodillas y los cabellos negros cayéndole a ambos lados de la cara. 

Añeja pero imponente la reja de la mansión pasaba al lado de la ventanilla del auto extendiéndose a muchos metros todo alrededor con sus puntas como lanzas negras que apuntaban al cielo, donde una dulce llovizna comenzaba a transformarse nuevamente en nieve. Pequeñísimos copos de agua nieve se pegaban en la cubierta gris del Rolls Royce o en la ventanilla algo empañada. Las luces antiniebla iluminaban el camino viejo y misterioso delante. 

La gran mansión estaba delante, con dos alas alargadas hacia el sur y el edificio central en medio como formando una gran letra C cuadrada. Sus ventanas estilo victoriano se encontraban encendidas, como faros guiando al chofer de Lauro. En el jardín, custodiando la entrada se podían ver fuentes color negro donde algunos ángeles sostenían la vasija redondeada de agua que alimentaba la fuente. A pesar de los más de quienientos años que tenía, El Santuario de Liavenna seguía inspirando tanto temor como respeto.  

Muchos años atrás, en ese mismo claro del bosque se encontraba el burgo de Rolando, una plaza fuerte donde toda la hidalguía de su caballería se hacia presente. Santuario donde las armaduras doradas de sus seguidores, familiares y amigos preparaban carros, caballos, espadas y lanzas para la ultima gesta tras ser derrotados por los Dracidas en Strickland. 

Lauro recuerda que de allí partieron al Sur, cansados y abrumados por la derrota pero con esperanzas de encontrar un lugar en el mundo donde su gente fuera capaz de vivir en paz, donde el dolor que los trajo a Himburgo junto a Balabord no los persiguiera más...una costa segura desde donde poder volver a lanzar un contra ataque voraz contra los Dracidas y obtener la Victoria Total

Hoy, mientras caminaba por el camino empedrado que lo llevaba al salón de su Maestra Lauro sentía nuevamente aquella sensación de que todo lo que construyeron en los últimos miles de años, con sus pros y contras, vendría a ser arrebatado, quemado, destruido, pisoteado y aniquilado por aquellos seres celestes que por mucho tiempo, quizás demasiado, tanto Dracidas como Vlaind habían olvidado. Solo que esta vez estaban juntos y preparados.

Delante de él una figura alta, encapuchada en azul pero con los cabellos dorados saliendo por detrás del cuello hasta los hombros lo esperaba, paciente y con la calma de una santa. Su boca rosada y amplia estaba recia como la de un juez. Sus manos juntas sobre su regazo, cubierto por una túnica ceremonial Blanca envolvían en sus dedos un amuleto Vlaind traído de los Años Dorados, tiempo que ella vivió, sufrió y luchó.

Lauro pudo observar como sobre ella ya brillaba, aunque muy tímidamente una nueva estrella en el cielo. Por el momento parecía celeste como todas las demás, pero sus halos de luz ya cobraban una fulgurancia Amatista, pronto sería lo suficientemente visible para los hombres y en el diario dirían que una nueva estrella era visible desde la tierra. Pero se equivocaban, el rostro de ese celeste podría verse desde cualquier punto de los cinco mundos de los Dioses anunciando lo inevitable...tal y como Crodlock la vio sobre la Figura de Igrrisen en la batalla de Situn.

Lauro se agachó frente  a su Maestra de manera reverencial.
 - Karl ha encontrado a la mujer que buscamos.
- Toma un baño con las sirenas y luego encuentrame en el estudio...


***
Los ojos de Liavena Enarmarr observaban la pintura a la que su familia había dedicado todos sus esfuerzos.

Sus manos finas y adornadas por un solo anillo de oro sostenían un baso de Whisky color oscuro. La otra albergaba un cigarrillo. Sus piernas desnudas se aparecían debajo de la bata de seda fina llegando hasta el suelo en una sinuosa y sensual figura que a Lauro sobrecogió por un momento. Llevaba así unos cuantos minutos, esperando que su Maestra reaccionara a su presencia en su despacho. Algo más pequeño y modesto que el de otros Barones o Baronezas del mundo Vlaind. 

El cuarto, de tres ventanas en forma de arco y vidrio repartido tenía las paredes blancas y a través de los cristales podía verse el cielo venirse abajo. Un silencio de muerte solo interrumpido por el estrépito de la tormenta sobre el tejado recorría la Mansión de los Enarmarr, uno de los linajes más antiguos de la Orden de Rolando y quienes se cree son los descendientes directos del propio fundador. 

Liavenna estaba con sus ojos de zafiro analizando detenidamente la pintura. Lauro, sirviente leal de la Orden de Hatanst y ocasional amante de la blonda Liavenna no podía evitar que sus ojos se fijaran en aquel oleo del tamaño de la pared, con una luz especial que le alumbraba desde arriba. Todo el cuarto estaba acondicionado de una manera en que uno no pudiera evitar que aquella espantosa visión pidiera, urgiera, ser vista por su visitante solitario. Lauro odiaba ese cuarto y detestaba que su Maestra siempre lo llamara allí. A pesar de compartir con ella muchos aspectos acerca de su importancia prefería olvidarlo.

La pintura era panorámica, como la versión Led TV de los tiempos antiguos, aunque con una imagen estática y tenebrosa. En su parte inferior se podían ver pequeños brazos, caras y manos levantándose al cielo. Flacas y desgarbadas animas, sombras, espectros, tenían sus rostros vueltos hacia el espectador. No había ojos ni cejas, ni cabellos, ni belleza, ni divinidad, ni poder. Eran sombras, ínfimos seres que caían de a montones en un pozo cuyo vació se perdía hasta el infinito. Una vacuidad dominaba el centro, un anillo de fuego en cuyo centro los relámpagos chocaban junto a las tinieblas. Era como ver un pozo desde su base. Solo observarlo un instante ya producía una real sensación de vértigo. Como en centrifugado los condenados caían sin reparo a un pozo sin fondo donde la nada misma les esperaba como destino final.

Entre cada cuerpo, cada costillar y cabezas calvas, maltratadas, se podían ver rastros de un fuego muy poderoso que iba de tonalidades coloradas a Amatistas. En el extremo superior derecho un León se aferraba con sus garras al borde del pozo, arañando en vano una tierra negra a la que intentaba aferrarse. Rugía con sus ojos inyectados de sangre ante su impotencia. En la esquina superior opuesta un Dragón hacia igual y escupía fuego inútilmente antes de que sus zarpas ya no pudieran sostener su propio peso. Entre ambos los detalles de cientos de mujeres y hombres, en diferentes posiciones de caída, de espaldas, de costado o boca arriba, luchaban por subirse el uno al otro buscando una salida de su malhadado destino. 
Debajo, pequeño pero legible se leía una frase
"Idu Era Sivalion, Ae Upnor sina Dualon"

La hermosa Liavena, que llevaba en su cuerpo lo mejor de la belleza Vlaind con algún retazo de una raza tan antigua como el mundo mismo (incluso anterior a los Dracidas) se volteó por fin para charlar con su interlocutor. Sus cabellos mojados producto de un baño reciente se acomodaban al costado de sus hombros brillando.
- ¿Si Lauro?- Dijo la mujer como esperando que este le dijera algo que ella ya sabía. 
- Karl llamó mi señora. Dice que sus sospechas se han confirmado. La mujer del Chikis es la que buscamos.  Pero se ha escapado, un Dracida de Bilingord la salvó. - Contesto Lauro con su voz gruesa y Helleniana. 
- ¿Que hay de Larenthguer?
- Tampoco pudimos atraparlo, descubrió el truco. Sarcant esta aquí con el rostro por completo deshecho. Creo que las cosas se están saliendo de control mi señora, recién...alguien llamó del Chikis, parece que ya Larenthguer ha encontrado a Jhon. 

Liavenna observó con su mirada de bruja (porque tal era) al hermoso Príncipe de la orden de Hatanst. El más fiel de todos los servidores de su casa, como buen servidor de aquella Orden, Lauro era un hombre correcto y que cuando encontraba  en quien poner sus esfuerzos se desvivía por cumplir las ordenes de su señor. Le enterneció que el muchacho se encontrara tan apesadumbrado por la fracasada tarea.

Apoyado en su rodilla sobre el suelo y con la cabeza gacha en forma de reverencia, sus cabellos oscuros le llegaba hasta el pecho. Tenía un rostro tan bello como el de cualquier Vlaind, aunque también mucho mas fuerte y vital. A pesar de sus años  en esta tierra, Lauro no había perdido el entusiasmo ni la esperanza. 

- ¿La muchacha es la que buscamos? ¿Que tan seguro estaba Karl de eso?
- Le retorció el brazo de una forma muy extraña, lo hubiera matado si no fuera porque ella recién despierta. Karl dijo que pronuncio la palabra "Misinas". ¿No es acaso aquella la estrella que se menciona en el libro de las Artes Secretas Auresianas maestra?
- Exactamente esa. La estrella que nace del otro lado del muro de la noche, la que yace del otro lado del círculo y donde se encuentro el Vacío.- 

- Si hay problemas con Crisald, déjeme...- Comenzó a decir su servidor selecto.

- No Lauro...se a quien recurrir si Karl esta fuera de combate.

Caminó hasta la ventana con sus largas y hermosas piernas, con su pecho pronunciando dibujando una silueta maravillosa y peligrosamente deseable. El cabello Rubio se le acomodo como por obra de magia a los lados de su rostro.

- "Idu Era Sivalion, Ae Upnor sina Dualon" "La Era del Sol se acerca, solo el vació nos espera" Ahora el abismo esta justo debajo de nuestros pies Lauro. El Poder que vive más allá de los muros de la noche no solo ha enviado a la mujer que mencionaste. Se las ha arreglado para tornar nuestras jugadas pasadas en nuestra contra. Si  Crisald no comprende que en nuestra Unión reside la Victoria Total llegara a nosotros para exterminarnos, dominado por los hilos del destino, por la voluntad de la estrella. Es nuestro propio Judas, solo que aun no lo sabe...

- Dudo que podamos tornarlo a nuestro lado mi señora. Los Vlaind de Rolando son...obstinados.
- Sera el precio a pagar por la salvación de ambas razas, su padre no quiso entenderlo...al parecer el tampoco. Es la crueldad de los Dioses la que nos persigue desde que salimos de Iridu junto a Balabord. Pero todo tiene un fin Lauro...incluso ellos. Esta vez estamos unidos y ya no podrán jugar con nosotros como antes. Quiero que se presenten aquí todos los miembros del círculo en el menor tiempo posible.
- Sí mi Maestra.
- Y no te preocupes mi bello Lauro. Le dijo tomándolo de la mano para que se levantara. - Hemos evitado antes ese pozo que ves en la pintura. Esta vez no sera distinto....esta vez ellos caerán para no regresar como debió hacerse en tiempos paganos.

Afuera seguía lloviendo, entre los cristales limpios de su ventana el agua se demoraba hasta formar pequeños ríos que se perdían en el jardín delantero de la mansión. No había luna llena como tampoco un macho cabrio en el centro del mismo, pero una bruja ya preparaba sus escoba para el aquelarre. 



jueves, 16 de agosto de 2012

El Ritual de los Condenados X

Daniela y Su Dragón

Capítulo IV

- Tenemos que hablar. Dijo Daniela, que llevaba un largo silencio desde su despertar. - ¿Tenes que salir de nuevo?- Preguntó la muchacha al ver que Rise estaba cargando siete cartuchos en su escopeta mientras fumaba al lado del fuego de la sala. 

El Dracida miró el reloj en la cocina, el gato indicaba que serian las ocho de la noche en unos veinte minutos. 
- Bueno, podemos charlar mientras me acompañas a la biblioteca.- Le contestó con una mirada algo condescendiente, casi podía sentir en carne propia el calvario que la chica estaba viviendo. Sus ojos verdes llenos de temor estaban pidiendo ayuda a gritos, aunque su boca no se animaba a expresarlo. 

Rise tomó de la mesa otro manojo de municiones y lo depositó en el bolsillo derecho de su piloto verde. Un Shik-Shik retumbo entre las paredes cuando accionó el cargador. - Listo para salir. Le dijó sonriendole, tratando de hacer reír a la pobre muchacha. Ella no hizo gesto alguno...casi que le dio más miedo. 
- ¿Tenes que llevar eso a todos lados?- Preguntó algo molesta.
- Sí, Daniela...el mundo en el que vas a empezar a vivir es así . Vamos...

Ambos salieron a las calles de Oldbridge. Daniela cargaba una mochila azul de tipo escolar repleta de municiones y explosivos plasticos que Rise habia armado en la cocina mientras ella dormia. La noche estaba aun calma a pesar de la lluvia, parecia que lo peor de la tormenta habia pasado. Para ese momento Crisald se encontraba entrando en su apartamento de Blondres, donde parecía seguirlo el mal clima. 

El dracida se subió a la camionera y la encendió. Lenta y pausadamente la sacó del pequeño garaje de su casa y comenzó a andar por las calles neblinosas de Oldbridge, donde todo estaba oscuro u oculto tras un velo de misterio. - Vamos a cenar afuera Daniela...hay un lugar muy bueno llamado Los Cinco Gatos que te va a gustar...

Mientras la Ford avanzaba con cautela entre las calles del centro Daniela comenzo a hablar:
- Bien Rise...se que no soy la más normal de las mujeres que has visto y también se que vos no sos, precisamente el hombre más ordinario que conocí. 
- Ajam...
- Se bien que tengo algunas cosas extrañas y por muchos años pense que...no, no pense, las olvide por completo. Supongo que volvieron a mi con los años...mi pregunta es...bueno ¿Que o quien soy?-
La lluvia regresó, Daniela lo supo por el splat que producia al caer sobre el parabrisas de la camioneta. Rise dobló en una de las esquina del poblado y le extendió su paquete de Lucky Blend "Especial Edition"(Una derivación del mismo que servia para calmar los nervios inventado en un laboratorio de Ciberdrone sistems que Rise robó de un agente de la inteligencia).

Detuvo la camioneta al ver una patrulla policial acercase a ellos en dirección contraria al carril. El auto blanco y negro avanzaba con sus luces encendidas buscando algo. Los sentidos de Rise le indicaban que tenian la radio encendida y que estaban de servicio. Tal vez solo fuera una ronda de rutina, pero no queria que lo encontraran con un monton de armas con su numero de serie limados. Daniela tomo el cigarrillo y el saco uno también, lo encendió con el encendedor que esta en el tablero de los automóviles. Bajó la voz para que solo Daniela pudiera escucharlo. Ella pudo notar, a medida que hablaba, una mirada apenada. Como los ojos de un adolescente cuyo corazón ha sido roto por una novia o algo así.

- Es una buena pregunta Dani...- Le alcanzó el ecendedor y abrió la ventanilla un poco. - Voy a ser lo más directo y poco amable que pueda en esto. Al menos así debieron haberlo hecho conmigo hace unos años. 
- Adelante.
- Sos un...Sos un ser que tiene...bueno, tiene la habilidad innata para luchar en una guerra. El más perfecto asesino que la mente de un Dios halla podido concebir. Durante un tiempo nuestra..prole fue muy necesaria para luchar con ciertas personas como la que te atacó en tu departamento, me refiero al rubio. Dentro de tu cuerpo llevas una cosa llamada Rettem...No podria decirte como luce pero nosotros lo llamamos fuego. Es como una llama que hay en vos y que te da esas habilidades tan extrañas que utilizaste en casa hace unas horas. Esa llamarada se enciende una vez en la vida, tarde o temprano...por lo general cuando se esta en peligro de muerte y entonces naces cambiado.

El sonido de un radio policíaco llegó a sus oídos. Ambos agacharon la cabeza cuando el patrullero  paso cerca de ellos. Rise seguia hablando, Daniela escuchaba con mucha atencion, sintiéndose segura y cómoda con él. Como cuando su abuelo le hablaba sobre la Biblia mientras la arropaba en su hogar, ahora un recuerdo lejano y melancólico. 
- Mientras creces tu cuerpo va preparándose para ese momento único, ese destello de poder, como el que tuviste frente a Karl. El cansancio que sentís es porque el fuego explotó demasiado alto, no lo suficiente como para matarte o dejarte estúpida de por vida. Ahora, esta bajando, por eso la fiebre. Esta descendiendo a un nivel compatible con tu cuerpo para que puedas moldearlo lentamente para sacarle ventaja. 

Si queres llamarte por un nombre te dire uno que te va a resultar conocido. Sos una Dracida es decir "Hija del Dragon", una Jethi...una guerrera escogida por Heills para proteger este mundo de...bueno, de otras criaturas con habilidades diferentes aunque no menos poderosas. 
- ¿Heills?
- Si...el Dios que robo el fuego del Dragon Unlukaff y se lo legó a ciertos hombres y mujeres para que pudieran detener la avanzada de otros Dioses sobre sus destinos. En otra época, mucho más remota que esta hubo muchos como nosotros, en su mayoría buenas personas con nobles intenciones que combatieron a los Vlainds, hijos de Namidian. ¿Recuerdas los cuentos infantiles?
- Si...- Dijo Daniela algo abrumada.
- Bien, aquello fue real.. sucedió aquí en Himburgo hace unos cuantos miles de años. Esa fue la ultima batalla, la ultima de las guerras divinas. Cuando aquello termino tanto Vlainds como Jethis siguieron su camino en esta tierra, los Dracidas continuaron naciendo entre o lejos de sus pares hasta el día de hoy. La única diferencia es que ya no hay nadie a quien matar...por eso gente como yo anda el mundo en busca de algo que nos haga sentir útiles, luchando en guerras mucho mas pequeñas. Trabajando para el Estado o vagando en las ciudades intentando llevar una vida común y corriente. Como ves, no he sido muy bueno en esto ultimo.

-Es el Rettem el que te dara ciertos poderes. Veras que con el tiempo y algo de ejercisio que te volves más agil que cualquier otra persona. Mucho más resistente a los golpes y tus heridas (como sucedio ya) sanaran rapidamente, incluso amputaciones que no te provoquen la muerte. Descubrirás que sos capaz de manejar ciertas habilidades mentales como la telepatía o la telequinesia, todo dependiendo de que Orden te halla tocado. 

Algunos son buenos en el sigilo y el combate rápido, como yo. Esos son los de Bilingord. Otros como Karl son una mole de fuerza tanto física como de voluntad...esos son los de Frigord. También están los de Dalstein que son quienes más pueden manejar las habilidades de la mente, el espíritu y comunicarse con los espectros. Por último los de Sigmund, que tienen como característica la manipulación de los elementos. Cada uno de ellos responde a una Orden, como un club, donde todos albergan los mismos poderes y cumplen un proposito determinado. Despues esta la otra parte, que es la que en los libros nadie cuenta...

Cuando te transformas en aquello que debes ser, como en tu caso, los amigos de antes se apartan de uno, no son capaces de comprender que ha pasado con aquella persona que conocían. Algunos sienten temor por eso que ven en ti pero que son incapaces de nombrar, de poner en palabras. A lo largo de los años los hombres comienzan a temerte casi instintivamente debido al fuego que nace de tu pecho cada vez que te entristeces, te enojas o te reís. Ya no sos parte de la raza humana...y nunca más volverás a serlo. 

Pero hay esperanza, pequeña y difícil de hallar pero la hay. Siempre vas a encontrarte a otro como vos, el Rettem te guía consciente o inconscientemente en busca de otra persona que tenga aquello que albergas. Es entonces cuando comprendes que aun hay una salida. Existen ciertos lugares y organizaciones secretas donde las personas como nosotros se reúnen con algún propósito, más o menos Divino, eso no importa. Alguien bondadoso o no te entrenara para sacar lo mejor de tu Rettem, para que lo uses de allí en adelante es una desicion propia, al menos debería ser así. Algunos lo utilizan para el mal, otros para el bien y otros simplemente lo ponen a dormir y se engañan creyendo que nada ha cambiado. Yo soy de esos.- Rise levanto la cabeza para observar los alrededores. No había moros en la costa.- Nos llaman "Errantes" o"Krebels" en lengua Dracida, no tenemos destino ni misión como tampoco gran interés en las cuestiones religiosas. Si sigues mi camino lo peor con lo que lucharas de aquí hasta quien sabe cuando sera  la soledad.

- ¿Y que se supone que tengo que hacer con todo esto? Dijo Daniela mientras Rise volvía a poner en marcha el vehículo. 
- Lo que quieras..nadie tiene esa respuesta hoy. Si quieres puedo enseñarte a protegerte de las cosas que te encontraras desde hoy en adelante. Pero no puedo saber a que Orden perteneces, solo un Dracida de Sigmund sería capaz de decírtelo. 
- ¿Y vos cuanto llevas así?
- Desde los quince años...pero sería mejor que hablemos de vos Dani...Eso que haces retorciendo cosas, como hiciste con Karl ¿Es la primera vez que..-
- No. Dijo Daniela con los ojos observando las calles. - ¿Que vamos a hacer a la biblioteca?
- Recorde algo sobre esa frase que dijo el tipo en tu casa.
- ¿El Vlaind?- Dijo Daniela tapandose la boca al escucharse a si misma.
Rise hecho una carcajada:
- Aprendes rapido...Sí. Ya te cuento ahora espera que estaciono.

El Dracida le puso una mano en su hombro y le volvio la cara con la otra para verla a los ojos:
- Se que todo esto suena...odioso Dani. Pero....(¡Hay cosas buenas en ser un Jethi! penso) pero no te preocupes...ya vas a acostumbrarte.

Daniela no parecia muy conforme con eso. Rise hizo un mejor intento, recordo que le hablaba a una adolecente en definitiba. Ella lo observaba en silencio, esperando a que la consolara de alguna manera magica, si tal cosa era posible. A juzgar por la pinta de Rise, el nunca habia conseguido tal sosiego.
- ¿Te gustaban los Thundercats?
- ¿He?- Pregunto Daniela sorprendida. - ¿Que tiene que ver...-
- En Troncor Street te dije que corrieras como Cheetara y lo entendiste...¿Te gustaban o no?
- Sí, lo mire hasta que mi viejo me dijo que eso de Gatos con superpoderes y forma humana seguramente era Satánico...Eso me dio mas ganas de verlo...- Finalmente Rise consiguio que ella se sonriera.
- Bueno pensa que, si te entrenas un poco podrías ser como Cheetara..
- Rise..- Dijo ella algo resignada a cambiar de humor.
-Shetaraaaa.- Dijo Rise de manera Ridicula gesticulando con sus manos
-¡No es chistoso!- Le Reprendió....
Shetaraaaa-
- ¡BASTA!- Dijo ella entre risas.
Por fin Daniela saco a relucir su buen humor y pudo reír como no lo hacia en mucho tiempo. 
 Ya viene Leono...digo...Ya vengo...- 
Rise bajo la camioneta cuando llegaron frente a la Biblioteca para observar que todo estuviera en orden.
Daniela se quedo unos minutos alli bajo la lluvia aguardando a que este le diera la señal de que todo iba bien. Por un lado estaba tremendamente preocupada, asustada, tanto o más que cuando charlo con el padre Merry en su iglesia y volvió a su casa tratando de que su cabeza pequeña pudiera comprender lo que ese hombre había dicho. 

En segundo lugar Rise tenía (como buen jethi de Bilingord) una capacidad de contención que era capaz de enternecer hasta a Miranda. No eran las palabras que decía ni la forma a veces bruta que lo hacia. Sino aquella seguridad que daba a las personas, de que al menos mientras el estuviera cerca nadie iba a dañarlas. Daniela no estaba enamorada de él...no al menos de manera tradicional. Pero desde que la salvó de Crisald esa noche si pensaba que Rise era quizás la única persona en este mundo en la que realmente podría confiar.

No era una idea vaga, sino una certeza Dracida de que su dragón siempre la acogería debajo de sus alas y que escupiría todo el fuego posible antes de abandonarla. Y quizas lo mejor de ello era que en ningún momento Rise mostró una sola intención de acostarse con ella o algo parecido...era un sentimiento que solo las personas como ella podían llegar a comprender..Daniela pensaba que de todo lo dicho por el Jethi una sola cosa no era cierta, el bien de verdad existía: estaba allí  frente a la biblioteca asegurándose de que nadie los seguía...

lunes, 6 de agosto de 2012

El Ritual de los Condenados IX

Capítulo III

"Bienvenido a mi Lado Oscuro"




A contra viento de la tormenta, el Zitroen C4 de Crisald avanzaba por la carretera y tomaba el desvió hacia Blondres. En el parabrisas las gotas de lluvia chocaban como diminutos y acuosos cometas, las llantas arañaban el camino y detrás quedaban las estelas de agua sobrante sobre la Ruta. . Subió el volumen del alto parlante y le imprimió toda la velocidad posible a su auto, su carro de combate.

El Vlaind había pasado algún tiempo en su casa de Campo entrenando, afilando las garras y la puntería. Tenía la cabeza tan limpia y concentrada en su tarea como un atleta olímpico que se dispone a hacer su entrada para ganar la preciada medalla de oro. En el rabillo de su ojo el led del volumen del estéreo subía y bajaba de manera estridente. A 130 kilómetros por hora paso al lado del club Agrario Himburgues.

Delante de las fauces de aquel corcel metálico por el cual había reemplazado al tradicional Caballo de Rolando la noche se comenzaba a poner trémula... detrás, por el retrovisor las formaciones de nubes tormentosas parecían acompañar al Vlaind. La tormenta eléctrica, un cumulo de tinieblas que iba detrás de su figura, adornada con los lentes oscuros redonditos a pesar de estar conduciendo en la oscuridad con las luces bajas. También estaba la Traffic negra que venia siguiéndolo desde hace algún tiempo.

Claro, las cosas no iban a pasar desapercibidas por el orden establecido. Dudaba que X hubiera dado información sobre su tarea, pero era consciente de que estaba bajo vigilancia desde que llego al país. Incluso pensó que lo más probable era que el profesor Klauss halla comentado que lo vio muy raro la ultima vez que vino a visitarlo en busca de aquel libro secreto.

Fuera como fuera, lo cierto era que al Vlaind no le importaba que lo siguieran, siempre y cuando se mantuvieran al margen de sus asuntos como se supone que deberían hacer por su condición de Rolando. En algún momento pudo percatarse de que había dos hombres en la Traffic, en su carga debía llevar objetos de espionaje para escuchar sus conversaciones y rastrear sus movimientos. Lo perdieron por un rato cuando cambio de auto con su esposa...una movida bastante inteligente de su parte. 

Cualquiera de nosotros pensaría que Crisald era un suicida por hacer algo como esto, pero luego de un breve periodo de entrenamiento en su casa de campo Crisald había perdido todo temor y aquello lo hacia tan peligroso como una pistola en la cabeza sin su seguro. 

En el baúl trasero se había llevado "algunas cositas" ("Some Stuff" en Himburgues) que fue a buscar. "Las cositas" que obvió comentar a Liena eran: Un Rifle de asalto M16, una escopeta de caza de doble caño que pertenecía a su padre (y que usaban para salir al campo) que el mismo recorto y acondiciono religiosamente con inscripciones en dorado en la lengua de Iridu (lenguaje Vlaind). Un lanza granadas M79 (que quiso tener desde chico por mirar "Tour of Duty")comprado en Salef del norte hace algunos años por el abuelo Peter y obviamente su espada y Desert Eagle. Ni hablar de la cantidad de munición que estaba en el asiento trasero, incluyendo granadas del ejército Himburgues.

Excitado y ansioso por llegar a su destino, abrió ambas ventanillas a pesar de la tremenda tormenta que ya se lanzaba muy fuerte sobre los accesos a la capital. El puente del Margun apareció en el horizonte como las torres de una fortaleza que tenía que derribar. Sus inmensos pilares  de tantos años y los cables de acero que lo sostenían se mecían de un lado al otro producto del viento. Los autos de todo tipo y colores parecían cúmulos de estrellitas con sus luces encendidas. Muchos tocaban bocina a Crisald por pasarlos de una manera muy poco apropiada para el clima. Del otro lado, en la orilla sur del río, los rascacielos del centro Blondinense tenían cientos de ojos de colores claros y opacos, sus antenas de televisión y radio se asemejaban a altos espantapájaros de cuencas coloradas observando el clima revolverse entre nieve y lluvia. Los grandes anuncios de neón en el centro de la ciudad resplandecían bajo la cortina de agua que caía de los cielos, los techos de las iglesias se transformaron por un momento en súbitas fuentes, con sus gárgolas escupiendo el celeste liquido de sus fauces hacia las sucias veredas. 

Aun ya dentro del Alto Blondres, la camioneta no perdía su rastro. No importaba, haría una parada en su casa antes de ir al Chikis, allí tendría la oportunidad de charlar cordialmente con ellos como lo hizo con X...excepto que llegaran sin ansias de conversar, claro esta.



***
La cortina de una de las ventanas estaba meciéndose producto del viento, afuera del apartamento sobre la Pallance Avenue la lluvia caía a cantaro. Como disparos mortales de alguna deidad los relámpagos de la tormenta eléctrica hacían temblar las antenas de los rascacielos y edificios. El sonido de las precipitaciones sonaba parecido al del granizo, afuera de su casa todo el mundo corría a refugiarse en los toldos de las tiendas de la cara y rica Pallance. Los locales de vinos caros, bombones y ropa de finísima moda se habían transformado súbitamente en refugios para los Blondinenses, cuyos paraguas lucían como pequeñas hormigas moviéndose de un lado al otro. 

A través de los lentes oscuros, encaramado sobre la ventana de su departamento (al cual había entrado en secreto) toda la ciudad comenzaba a arder de actividad frenética. Algo parecido a una de esas películas sobre el fin del mundo que tanto disfrutaba. Los edificios de vidrios espejados frente a su recamara eran negras atalayas, como de piedra de oxidiana. Como la recamara de su Desert Eagle ajustada en su cintura.
Negro como el bolso que había traído de su casa de Campo con "Herramientas de trabajo"
Negro como un arma.

Liena descansaba enredada en su propio tapado negro de piel de oso. Un atuendo maravilloso que usaba siempre en las fiestas de la familia. Su rostro perfecto y divino descansaba con la calma de los ángeles sobre las níveas almohadas del cuarto. Parte de su desnudo y blanquecino cuerpo se apreciaba contrastando contra  la negritud de la noche y del tapado. Crisald la admiraba allí lanzada sobre sueños de nuves esponjosas.

No era justo, pensaba el Vlaind. Gente como Linea no tenía por que vivir aquí, gente como Liena no tenía porque sufrir por las cosas horrendas de este mundo en el que su prole quedo atrapada. Tal y como Daniela en la casa de Rise, Crisald podía reconocer la bondad de las personas cuando las veía. La pudo percibir en los ojos de Rise el día que se trenzaron en el bajo, casi detuvo su mano ante Daniela. Y también fue capaz de encontrarla en alguien como su esposa. Una mujer que no lo dejaría nunca, no importara cuantas cagadas se mandara. 

Delante de ella el cuerpo de Crisald estaba erguido. Su cabello rubio se encontraba suelto esta vez, sus lentes oscuros y redondos reflejaban el brillo de la luna. Su larga gabardina negra, planchada y abrigada le daba un aspecto casi religioso. Las botas caras que vestía hicieron un sonido amortiguado en la alfombra del cuarto para acercarse por ultima vez a su esposa. 

Con sus dedos acaricio su tersa mejilla mientras ella descansaba como Dargia cuando fue encontrada por Dargil siglos atrás. Su princesa, su reina...la única persona que había sabido mantenerlo cuerdo en los últimos años. La mujer que con besos y buenos deseos había logrado retener las pesadillas e impulsos de su esposo.  La beso en su cachete, cálido y con rastros de un buen perfume. Paso sus manos sobre sus rizados cabellos rubios tan especiales, se colgó el bolso en los hombros y ser marcho de alli. 
***
London calling to the faraway towns
Now war is declared, and battle come down
London calling to the underworld
Come out of the cupboard, you boys and girls
London calling, now don't look to us
Phoney Beatlemania has bitten the dust
London calling, see we ain't got no swing
'Cept for the ring of that truncheon thing


The ice age is coming, the sun's zooming in
Meltdown expected, the wheat is growing thin
Engines stop running, but I have no fear
'Cause London is drowning, and I live by the river

Música


Desde que se caso con ella, poco después del asesinato de su familia, Crisald había estado intentando olvidar quien era y de donde venía. La Zona tenebrosa de su mente era un lugar que, de chico, odiaba visitar...como detestaba las cosas horrendas que era capaz de hacer bajo la influencia de sus poderes. Pero era imposible escapar de quien era y de la persona que le habían enseñado a ser.

Así como Rise intentaba conciliar entre el mundo de los hombres y el de su prole, Crisald probablemente había pasado por el mismo intermedio, el momento en que uno decide de que lado de la vereda se quiere estar, si se asume ese personaje, si se toma la espada que pertenece a sus antepasados o se pone un parripollo en la costa fingiendo que es algo que no es...

Crisald estaba ya en el ascensor de su edificio alrededor de las una de la madrugada. Observándose al espejo se dio cuenta de que finalmente se había transformado.Ya era el Vlaind que todos esperaban que fuera ¿Estaría contento su padre? ¿Dejarían de acosarlo los rostros recios de sus antepasados en los cuadros familiares de la casa? ¿Podría ir al Ramkkara diciendo que era un Caballero de la Orden de Rolando? Todo en el espejo, elemento de tantas bondades como engaños, parecía indicar que sí.

Arriba las entrañas del elevador resonaban en el vació del pozo, era un descenso que no acabaría en planta baja probablemente. De la misma forma que la cosa no acabaría en el Chikis seguramente. Mientras llegaba a la ciudad, Crisald sabía que una camioneta lo venía siguiendo desde que tomo el desvió a Blondres. Era cociente de que no era un Jethi lo que venía detrás suyo, tampoco una pesadilla sacada de su Zona Tenebrosa. Probablemente era alguien que estaba interesado en proteger al perro de Karl. 

Las puertas del elevador se abrieron con su campanilla acostumbrada. El "Ping" hizo eco en la planta baja, vacía, moderna y lúgubre como la sala de espera de un hospital. El eco de sus pisadas retumbaba entre los limpios cristales que daban al jardín interno del hall. El hombre de seguridad no estaba allí, solo un café humeante cuidaba de la puerta principal, también compuesta por vidrios. 

Crislald se acomodo sus lentes y salió por ella. El sonido de la lluvia se hizo ahora más latente, lleno de violencia y de descaro. La cuadra estaba por completa oscuras a excepción de los faroles callejeros. Uno de ellos comenzó a perder corriente. El Vlaind bajó las escaleras hasta la calle en dirección a su vehículo cuando se percató de que la camioneta que lo venía siguiendo en la ruta estaba estacionado en el frente de la casa.

"Bien...no sera la primera vez que un Vlaind de Rolando acepta un desafió de sus pares"

La calle estaba desierta y Crisald solo se paro allí, observando fijamente la traffic y encendió un cigarrillo.
 - Bien, lo que sea que quieran, vengan y díganmelo ahora.- Dijo en voz alta. - No hay necesidad de jugar a James Bond. Soy uno de los suyos y puedo entrar en razones. 

Crisald observó como dentro de la cabina de la camioneta dos siluetas parecían discutir algo. Una de ellas bajo de allí bajo la poderosa lluvia, un relámpago le iluminó el rostro. Como todo Vlaind lucia joven, aunque no era rubio, sino de pelo muy oscuro y largo. Llevaba un abrigo de cuero similar al que utilizaba Karl, aunque de mejor costura. 

"Delatado por su estilo" Pensó Crisald mientas el hombre se acercaba a él corriendo del otro lado de la avenida. 

Era un Vlaind de la orden de Gerardie y así como los de Frigord son un problema para los propios Dracidas, los Gerardie son los asesinos más efectivos en el mundo Vlaind. A diferencia de la mayoría, que tiene la capacidad de modificar objetos, los de esta orden tienen la maravillosa (y algo desagradable) virtud de modificar su cuerpo (aunque no objetos). Esta habilidad logra que cualquiera de ellos sea capaz de transformar sus manos en garras de combate tan mortales como cualquier espada, como también pueden modificar sus extremidades para trepar por las paredes como cucarachas. Si se les amputa un miembro, ese volverá a crecer al poco tiempo, si se los llena de plomo volverán a pararse mientras tengan piernas...

Un Vlaind de Gerardie es una caja de sorpresas, hay relatos sobre un montón de cosas bastante desagradables que hacen con sus venas, su lengua, sus uñas y sus dientes. Casi no usan armas de fuego y por una razón muy obvia, cuando tu cuerpo puede ser algo así como una armería medieval compuesta de carne y hueso...¿que necesidad hay de llevar armas? 

El dicho de Crisald era común entre los Vlaind. Los seguidores de Gerardie suelen tener un estilo mucho más descontracturado que el de los demás...justamente por ser considerados los más grotescos y feitos de la prole del Ramkkara. El sujeto se posó frente a él a una distancia de cuatro metros. Sus ojos algo rasgados y cabellos negros largos (bien atados) le daban un aspecto leonino y traicionero. 

- Hey...¡hola hermano!- Le dijo Sarcant King levantando su mano de manera amistosa. Crisald lo observó con una frialdad que lo obligó a bajarla, entendiendo que no habría "amigo" "compadre" o "hermano" en esta conversación. Aun siendo un sujeto experimentado, Sarcant no pudo dejar de sentir cierto temor que despedía Crisald cuando se encontraba concentrado en sus cosas. 
- Deci lo que tenes que decir y andate, tengo cosas que hacer. Le dijo Crisald mirando su reloj. 
- Bueno Cris...este...digamos que estuvimos supervisando algunas de las cosas que hiciste en las ultimas horas y en la Orden no...bueno, queremos pedirte que dejes que yo maneje este asunto ¿Sí?.- Sarcant le sonrió amablemente, como quien da un buen consejo a un amigo. 
- ¿Y vos quien sos?. 
- Soy el enviado de la Orden de Rolando que estuvo a cargo de tu caso hace un tiempo. ¿No queres caminar un poco y te cuento..?
- No tengo tiempo Sarcant. Hiciste tu trabajo, lo hiciste mal, ahora me toca corregirlo. - Crisald se dirigió hacia su Zitroen lleno de gotas de agua sobre su negra pintura. 

El Vlaind de Gerardie miró hacia la camioneta. Quien dirigía la pequeña operación de negociación lo invitó con ademanes a ser insistente. - ¡Vos solo no vas a poder Cris!

El heredero de los Larenthguer se detuvo en seco, como si hubiese escuchado algo que no deseaba oír. Sarcant tragó saliva y pensó en si no era momento de empezar a concentrarse para sacar sus garras de combate. Crisald caminó hacia él hecho un gigante, una estatua vestida de negro desprovista de toda emoción. Le dio una bocanada a su cigarro y se quitó los lentes, sus ojos grises aparecieron detrás del cristal...grises como las esculturas sobre las bóvedas de un cementerio. 
- Ustedes no pudieron o no quisieron. ¿Cual es el problema?
- Te lo dire por tu propio bien Crisald...hay cosas que...bueno, tu sabes. Es mejor olvidar ¿no? Tu Orden tiene una política complicada que no queremos que se...desbarajuste. Hacelo por la Nación Vlaind. A veces simplemente uno tiene que entender que lo ideal no es lo que se debe hacer.
- Claro, entiendo.- Dijo Crisald simulando bastante bien haber entrado en razón. - ¡Iba a hacer una locura!-
- Así esta mucho mejor amigo...
- Si nos matamos entre nosotros...¿quien nos va a defender?.
-¡Exacto mi amigo!.Dijo Sarcant poniendo un brazo en sus espaldas, aun algo nervioso. 
- Haceme un favor, llévame de nuevo a mi casa de campo así llevo todo esto...gracias hermano...gracias. 

Si no lo convenció su tono conciliador, las lagrimas en los ojos del Vlaind (que permanecían Grises) lo hicieron. - Seguro Crisald.

Caminaron para cruzar la avenida. - Hicimos todo lo posible en tu caso Cris, no creas que no, pero como imaginas había personas en la Orden que competían por cuestiones de poder con tu familia y sabes como nadie que a veces tu gente se pone muy ansiosa con el gatillo. Pero te puedo asegurar que los responsables fueron plenamente penalizados por la jefatura...- 

El Vlaind de Rolando podía percibir como el de Gerardie se relajaba. Sus músculos antes tensos pasaban ahora a su estado original y por dentro suspiraba de alivio. Sabía que no era culpa de Sarcant. Probablemente alguien de arriba lo había apretado como debieron haber apretado a X luego de charlar con él. Sus sospechas estaban confirmadas, el problema con sus padres había sido interno y el responsable era un Vlaind lo suficientemente sabio como para tratar con mierda como Karl o al menos tener algo en común con los Dragones negros. 

A pocos pasos de la camioneta Crisald pudo escuchar como  la piel del Vlaind de Gerardie comenzaba a estirarse y a romperse lentamente para formar una poderosa garra que se le iba a incar en la nuca tan pronto lo tuviera acorralado contra la camioneta. - ¡Mira Sarcant!- Dijo con los ojos lloroso mientras sacaba del bolso su M79. - Tenía esto listo y cargado para usar hoy...-
- Lo se, lo se...-Dijo Sarcant con tres de sus dedos transformados ya en cuchillas gordas y encorvadas como las uñas de un Leon. - Te daremos toda la ayuda que necesitas para que vuelvas a vivir tranquilo con Liena como antes...-
- Lo tenía listo para disparar a la entrada del Hotel. ¿Te imaginas la cantidad de gente inocente que podría haber matado?- Seguia lamentándose Crisald.
- No mataras a nadie..- Ya el Vlaind de Rolando sintio por fin que las garras de su enemigo estaba listas para saltarle encima de un zarpazo. El otro hombre en la camioneta probablemente lo atacaria por delante al mismo tiempo y todo terminaria alli. 

- ¿Por que dejas de caminar?- Dijo Sarcant al percatarde que algo en el viento o en el aire habia cambiado y que su victima, aparentemente no se habia tragado ese jueguito. 
- ¡¡Lo iba  a usar!!- Continuaba Crisald.-Aunque ya más cerca de la risa que el llanto. 
- Sigue caminando amigo...te daremos algo caliente para tomar dentro. 
- Iba a gastar este hermoso Lanza Granadas del Ejercito Himburgues en...-
- Vamos hombre, no hay nada de que arrepentirse.-
- Ahora se que estuve equivocado mi buen hermano...-
Música

A una velocidad que tomó por sorpresa al propio Sarcant, la mano derecha de Crisald ya estaba tomandolo por el cuello de su abrigo. -Pero creo que encontré un objetivo mucho mejor, ¡hijo de una re mil puta!- Dijo Crisald y lo lanzó contra la puerta de entrada de su edificio. El cuerpo de su enemigo cruzó la mitad de la avenida por los aires y se estrelló contra el parabrisas de un auto que pasaba por alli. El sonido a huesos rotos se escuchó en toda la cuadra. El Rolls Royce, en un intento desesperado por esquivarlo terminó estrellándose contra uno de los faroles callejeros. Cuerpo y Conductor salieron despidos hacia adelante. 
- Ratas Traidoras...Dijo Crisald apuntando el M79 en dirección a la camioneta, donde el compañero de Sarcant se apresuraba a sacar el seguro. - Que el fuego te libere de tu mierda- 

El verde y oscuro lanzagrandas, empapado por la lluvia,  apunto su boca mortal en direccion a la camioneta. Un disparo seco se escuchó y la granda bolo unos doce metros hasta la caja del vehiculo y entro de lleno en ella, partiendo el metal como si fuera telgopor. Segundos despues el agua de lluvia relució como oro puro cayendo del cielo, la Traffic se hizo un sin fin de pedazos bajo un bálsamo de fuego producto de la explosión de aquella granada. El parabrisas salio por delante y un cuerpo en llamas emergió de entre los hierros candentes gritando agonicamente.

Crisald desenfundó la Desert Eagle como un pistolero experimentado. - Fuego dado a todos vosotros, moradores del submundo. -
Siete balazos emergieron uno tras otro del dorado cañon, siete veces reculo el arma y el percutor, siete fueron los huecos que acabaron con la vida del Vlaind superior a Sarcant, quien se desplomó en el suelo.

Sarcant se recuperaba en medio de la calle, donde los autos tocaban bocina e intentaban esquivarlo. Sus ojos rasgados, llenos de bronca por el impacto y el engaño se fijaron en el Vlaind de Rolando. Corriendo a una velocidad que solo esas criaturas alcanzan (a menudo fijando sus garras en el suelo tanto de los pìes como las manos) el Gerardie se dirigía Crisald, cuya figura lucía santa y terrible delante de las llamas del vehículo. 

Sarcant avanzó haciendo polvo el asfalto, dejando sus marcas en el mismo y listo para arrancarle los órganos a su enemigo. Crisald Desenviano su espada en el momento que este se encontraba en el aire, por un instante penso que iba abrirlo como una lata de sardinas. Pero hizo el movimiento correcto gracias a su Zona tenebrosa, que intimidaba el corazon de su enemigo y lo hacia levemente torpe. Epsurren y su inmaculada hoja le rebano un brazo de cuajo y el Gerardie cayo al suelo rodando. 
- ¡Eso es lo que pienso de tu nacion de mierda!- Le gritó Crisald. 
- Sos un tarado Cris...te van a reventar como a un sapo. No tenes idea en lo que te metes.- Dijo Sarcant ya parado de rodillas intentando hacer que su brazo creciera de nuevo (cosa que era capaz de hacer en pocos segundos). Una cosa supurante y carnosa comenzó a moverse en el hueco que era su hombro, la sangre manaba por todos lados y llegaba hasta las botas negras del Vlaind de Rolando. 

- Me chupa un huevo Sarcant. Contesto el Vlaind, quien luego de recargar, le vacio el cargador en el pecho a su "hermano Vlaind". La espesa y oscura sangre se esparcio de a montones por la calle, aun aguantando los impactos Sarcant intentaba levantarse.  Hacia falta más que eso para matar a un Valaind de su orden. 

Mientras Crisald se acercaba, de la boca de su enemigo (ya poniendose de pie) salió una lengua que se extendía hasta su ombligo, ante los ojos de su contrincante y el fuego que iluminaba la calle pudo observar como esta se dividía en cuatro largas y finas serpientes que se arrastraban por el suelo listas para clavarsele dentro del esternón. Una de las técnicas más infalibles de esta orden, que meten dentro de uno (si no se escapa a tiempo) tres o cuatro serpientes que ingresan por la boca o la nariz para tirar de las costillas desde dentro y sacar todos los chinchulines hacia afuera de sus enemigos.

Pero Crisald no había estado jugando en la casa de campo, tan pronto como vio esos tres reptiles negros y finos levantar sus cuerpos, buscando un objetivo, pensó en devolverle el favor poco honorable de usar sus poderes cuando el todavía no lo había hecho. Se supone que entre Vlainds los combates deben ser justos (o al menos así era hace muchos años...o más precisamente entre la gente de Rolando) por lo que utilizan armas tradicionales como espadas y lanzas. 

El Vlaind de Rolando abrió su mano izquierda y de ella comenzo a brotar un fuego tan verde como la criptonita, sus llamas repiqueteaban en torno a su palma de manera demoníaca y espectral. "Fuego del Aberno" otro poder patrocinado por las oscuras artes que Rolando aprendio de las antiguas tecnicas Auresianas. La llama broto de sus palmas para caer en el suelo a modo de cometa que no deja estela tras de si. 

Sarcant vio esa cosa venir hacia él, pequeña pero llena de un poder oscuro y antiguo que solo los Vlaind de Sixfrid tal vez comprendan. El misil verde electrico arrolló el asfalto haciendolo derretirse a su celerico paso y calcinó a las serpientes en un instante. El fulgor verdoso continuo su camino hasta las fauces de Sarcant cuya boca se encendio como la del tio lucas jugando con bombillas. 

- LJABSFLASFA- Algo asi dijo mientras llevaba su manos a su rostro, humeante, con una cuenca pronta a derretirse. El leon de Crisald, porque asi lo hacia sentir su Zona Tenebrosa no se contento con derretirle la cara por adentro. Lo tomó de sus cabellos, ya cediendo ante el calor que tomaba el cuerpo y lo miró sin sus lentes.
- Cuando hallas juntado los pedazos de tu cara vas a poder ir a decirle a tu jefe, sea quien sea, que a mi no me vienen con aprietes ni trampas para pelotudos. ¿Se creen que soy un loquito? ¿Un enfermito más de Rolando perdido en algún delirio? -

 - Estassss...fuera de control...- Quizo decir Sarcant.
- Y me encanta, pequeña cucaracha de Gerardie. Son una mierda, vos, tu Orden y la gente que te mando acá. Voy a dejarte vivo para que lleves el mensaje...Crisald Larentguer va a cumplir con su deber y al que se le ocurra ponerse adelante, sea un Jethi, un Vlaind o Balabord...va tener que pasar sobre mi chiflado cadáver. 

Se dio vuelta para marcharse de nuevo a su auto. Detras de él la camioneta aun ardía en llamas y Sarcant buscaba con sus manos una cara que ya no estaba allí, era más bien una masa informe y ardiente de carne.  mientras los transeúntes lo miraba con las bocas por el suelo, algunos sacaban fotos que luego subirían al cada vez más popular internet (y que el MI5 borraría al día siguiente obviamente) . El Vlaind se posó nuevamente los lentes oscuros en sus ojos y se puso al hombro el M79. Entró en el Zitroen como si viniera de un paseo por el parque. Ahora era momento de ir al Chikis, pensaba dejar en él un incendio mucho más boraz, tras el  aullido de las llantas quedo la lluvia. La noche sería corta...dentro de poco el Bajo estaría brillando como un árbol de navidad.