martes, 31 de julio de 2012

El Ritual de los Condenados VIII


Capítulo II

Motivos Superiores



"Dicen que el Hogar es donde tienes el Corazón" 
Max Payne/ Max Payne II The fall of Max Payne
Música
Las luces de los faroles colgantes sobre postes telefónicos, tenían un resplandor fatuo que pasaba por las ventanillas de la camioneta de manera fantasmal. La provincia de Platino, sus pequeños poblados y ocasionales moteles a la vera de la ruta permanecían tan silenciosos e inmóviles como Rise los recordaba. Llevaba más de un día en ese camino, medio en la camioneta robada que tuvo que cambiar por el Reno luego de que este soltara su último suspiro de vida unos cuantos kilómetros atrás. Al Dracida no le gustaba mucho ostentar con carros nuevos y relucientes, pero si iba a afanar algo al menos tenía que valer la pena. La XTL Explorer aun olía a nuevo y podía imaginar las puteadas del terrateniente al llegar a su garaje.

Una de las cosas más extrañas en los Jethis de Bilingord es que son personas de principios muy fuertes y obviamente robar no esta entre su lista de "good stuff", sin embargo cuando tienen una misión en la cabeza o un motivo que consideran superior también son capaces de cometer delitos. Aunque nunca tan graves como los de Rolando. 

En pocas horas Rise había hecho muchas cosas necesarias para llevar a cabo su misión, una que nadie le asignó. Pero tal vez fuera por cariño, por ansias de sentirse útil  que Rise pensaba que debía cuidar de Daniela al menos hasta ponerla a salvo de los Dragones Negros.

Si Daniela supiera alguna vez las cosas que hizo Rise en el camino por mantenerla a salvo probablemente se enamoraría de él. Primero debieron cambiar de auto y robarse la camioneta del Club Agrario de Platino. No era tarea fácil. Mientras ella soñaba con unicornios rosados en el costado de la ruta, Rise se enfrentó a cuatro guardias de seguridad para poder conseguir un nuevo vehículo. Claro que no mato a ninguno de ellos, se valió de sus poderes mentales para doblar la voluntad de alguno y tuvo que dormir a los puños limpios a otro (lo que le valió una cicatriz en el costado derecho de una navaja que escondía uno de los guardias). Aquello fue solo unas tres horas después de abandonar la ciudad.

Ya a plena luz del día Rise tuvo que conseguir la gasolina faltante para la nueva Ford. Lamentablemente no fue capaz de convencer al playero que le diera ese precioso liquido gratis o a bajo precio. Mientras Daniela soñaba con algún cantante que amaba en su adolescencia más temprana, Rise salia corriendo del mini mercado con todo el dinero de la caja registradora, luego de haber cargado el tanque a punta de pistola. Uno de los granjeros presentes se animó a sacar un revolver y a dispararle pero no hubo suerte. Como si se tratara de un bandido del viejo oeste (esos que le gustaba a Rise ver por Televisión) salió de allí disparando los últimos cartuchos de hitaca que le quedaban, aunque sin gritar "AYJAAAAA" sino más bien "¡Perdon! ¡Perdon!¡Perdon!¡Perdon!" mientras sus pies bailaban para evitar que el plomo lo alcanzara.

N/A: Casi como una ironía, Bilingord, quien fue el fundador de la Orden del Dragón comenzó su vida de héroe como un famoso ladrón en el norte del país hasta que fue iluminado por su maestro. Se cree que las especialidades de infiltración de Bilingord y su gran destreza en pasar desapercibido fueron aprendidas en esos años de tabernas, robos y huidas. 

No importaba demasiado, los hacendados de Platino podían llegar a tener una camioneta para cada día de la semana y color del arcoíris y con respecto a la estación de Nafta...bueno, las petroleras eran uno de los enemigos más jurados de Rise, por lo que lo disfrutó bastante.


No había un motivo superior que lo justificara, no había que salvar al mundo, ni a los Dracidas de los Vlaind, ni se haba anunciado el Apocalipsis. Ni siquiera podríamos decir que estaba enamorado de ella, era muy joven para un tipo como él...¿Entonces porque estaba ahí? ¿Porque no le dijo "No gracias"? el día que ella lo invito al bar de su amigo como hizo antes con otras damiselas en peligro. 

Mientras avanzaba rugiendo con su motor poderoso sobre el asfalto algo húmedo debido a la bruma reinante en rededor (muros altos que apenas si dejaban ver cercas de madera y alambre a los lados) observaba a Daniela dormir en el asiento del acompañante. Su bien formado y tatuado cuerpo estaba tapado por su piloto verde. Su rostro, ceñido por sus lentes para la vista (de esos con mucho estilo de marco negro) dejaba ver que la mujer descansaba en sus sueños.

Decidido a estirar las piernas, Rise se desvió de la carretera y estaciono cerca de un extenso campo donde pastaban vacas y algunos caballos. La humedad de la bruma le llegó a la cara en un instante al igual que limpio olor a campiña mojada, su cabello rubio (nunca peinado) se mojó en un instante por el roció de la madrugada. Eran las 2:30 de la mañana, según anunciaba "Radio Imperio" la única que podía sintonizarse en esos parajes rurales. Un monstruo que sobrevivía aun a los tiempos del imperio y la dictadura. El boletín informativo escupía odio hacia el nuevo gobierno democrático cada 30 minutos y Rise no se lo perdía por nada. Ahora mismo hablaban de los problemas de inseguridad en el país desde que se volvieron a instaurar los derechos civiles.

Rise entró en la camioneta para buscar en la guantera sus cigarrillos, encendió la luz de la cabina con la falsa esperanza de que Daniela despertara de una vez. Pero su cuerpo había sido sometido a tal esfuerzo que probablemente dormiría unas horas más...o hasta quizás, nunca despertaría.

El despertar de un Dracida es extremadamente peligroso y complicado. Casi impredecible decía Nehuen en el bosque. Algunos despiertan y ya, como sucedió con Rise. Otros despiertan y quedan parapléjicos producto del daño cerebral. Otros reciben el abrasante fuego de una forma tal que solo consiguen a cambio un sueño eterno que no es la muerte. Y claro...otros mueren.

Mirándola, allí dormida como un angelito de los tiempos corrientes, Rise se preguntaba si viviría las mismas desgracias que él. Si la gente que amaba se apartaría de ella por no poder reconocerla, si debería ir de casa en casa y de país en país buscando un refugio seguro.Aunque el decidiera no decirle nada y abandonarla en medio de la ruta, la vida de Daniela no podría ser nunca la misma...simplemente comenzaría a pensar y a actuar distinto para terminar acabando en alguna de las miles de organizaciones Dracidas de este mundo, o bien juntando latas en el bajo para poder comer. Y por que no, también, en una bolsa de plástico. 

Aprovechó el párate para cambiar de estación de radio y limpiar sus armas bajo la anaranjada luz de la cabina. Se dio cuenta de que necesitaría comprar o robar más cartuchos de escopeta y unos cuantos clips de Berretta en Old Bridge Town, el pueblo donde unos 30 años atrás había nacido Rise Thomas Kenneth hijo de Ben Thomas Kenneth, obrero de la planta metalúrgica que se instauró allí poco después de la segunda guerra mundial.

Ya en camino al poblado, con todas las cosas ajustadas y sus pensamientos un poco más ordenados, Rise condujo a su antiguo hogar. Tenía pensado alojarse en su vieja casa de adolecente, un inmueble bonito y discreto que un amigo suyo cuidaba de tanto en tanto para que no fuera intrusada ni demolida como las demás casas del Barrio Obrero de Old Bridge Town.

El sol apareció por el este y una espada de color naranja cruzaba ahora toda la larga extensión de campo que precedía al pueblo. Allí la vida seguía como siempre, o al menos de la misma forma que Rise la recordaba. Había gente de todo tipo, mayormente trabajadores de las plantaciones de maíz. Pero las bellas chimeneas de  la fabrica donde su padre y sus amigotes trabajaban y reían en otras épocas habían sido reemplazadas por un frió y pretendidamente futurista edificio de la Ciberdrone Corporation. El gigante empresarial que lo sacó a patadas a él,  a su madre y a su viejo de allí una noche de invierno. Como también sacó a patadas a casi todos los obreros que vivían en su barrio.

La historia de la fabrica de auto partes para camiones "Hillamon" es conocida por muchos en Platino, o al menos para aquellos a los cuales el imperio y el nuevo modelo económico implantado a punta de pistola había arruinado sus vidas. Poco después de ser re elegido por abrumadora mayoría, Pallance, quien había llegado al poder diciendo que era "El candidato de los trabajadores" (cosa que fue en su primeros cuatro años) y tras reactivar la economía pseudo muerta de Himburgo,  dio un giro. Para la gente de Blondres fue un movimiento en dirección a la derecha, para la gente de las zonas industriales fue un viraje alocado a la derechota o a la chota directamente.

De pronto todos los sindicatos fuertes del país comenzaron a ser cada vez menos escuchados y aquellos que se oponían a "la nueva doctrina Himburguesa" terminaban muertos, encarcelados o molidos a palos. El primer sindicado en hacerle una huelga al "Candidato de los trabajadores" fue el del padre de Rise. El gobierno había anunciado que se cerraría la fabrica de auto partes para ser reemplazada por un mega complejo tecnológico e industrial de la Ciberdrone Corp. Una empresa que necesitaba expandirse para crear todas las armas y dispositivos tecnológicos que usaría el nuevo Ejercito Himburgues para salir a conquistar.... perdón, para defender a los ciudadanos de los comunistas de Brusia (país que hace frontera con Himburgo) y los nuevos enemigos. Esos tipos de barba y que parecían salidos de las mil y una noches y que cargaban explosivos junto a  AK-47s

Eran tiempos del eslogan "Himburgo va hacía adelante y no deja a nadie atrás" y "El León Hambriento Himburgues" De prensa cómplice, de intervenciones Militares a lo largo del globo, comandos de inteligencia secuestrando personas y una cruenta represión interna que se cobró la vida de más de  3000 Himburgueses en campos de detención clandestina.

Claro que la fabrica de Ciberdrone no necesitaba más de 100 operarios para tareas mundanas y torpes. La mayor parte del trabajo la harían los nuevos y deslumbrantes robots y androides que se venían desarrollando en Himburgo desde hace unos 10 años. No hace falta decir que Ben y sus compañeros se opusieron al cierre de la fabrica y la tomaron como hubiera hecho cualquier delegado sindical decente. Pero Ben no recibió el apoyo del Sindicato de metalúrgicos, que previamente había arreglado con el gobierno por abajo de la mesa. Así que Ben decidió, junto con los trabajadores de la planta mandar a cagar a los burócratas y plantarse solo contra la Ciberdrone Sistems y el Gobierno.

Música
Era un día tan claro y espectacular como este cuando los obreros de la Hillamon salieron de los portones de las fabricas portando sus herramientas de trabajo a modo de disuación para la policía local, que los observaban con un asco y odio visceral jugando a simular que les iban a tirar los perros encima. Rise iba a la cabeza de la marcha con su padre. El pequeño subversivo llevaba un pañuelo palestino que le cubría el cuello, erguido y lleno de orgullo proletario, sosteniendo una llave inglesa en su mano. Todos Marcharon por la avenida principal en un orden casi perfecto, agitando sus puños al aire y levantando los carteles de huelga.

No solo había hombres, sino también mujeres y algunos jóvenes como Rise. Las personas adineradas de Old Bridge cerraban sus puertas y ventanas al paso de la concentración. Las botas de trabajo de los obreros producían un sonido particular sobre el asfalto de la calle. A la mayor parte de la pequeña burguesía del pueblo aquello les provocó un temor difícil de aplacar. Era como comunismo...o algo así eso de andar cortando la calle con pancartas y griterío.

A pesar de que muchos no lo recuerden gran parte del pueblo se sumó a la protesta, pues hasta entonces su única fuente de vida había sido la fabrica de auto partes Hillamon. Cuando Rise se detuvó frente a la estación de policía recordó los carteles en lo alto, las voces rasposas de esos hombres alzando los puños al cielo pidiendo que su voz sea escuchada y sus reclamos atendidos.

Primero llegaron los carneros listos para romper la huelga, Rise estuvo presente cuando llegaron sus camionetas negras sin patentes y algunas armas de fuego que no pudieron accionar. Pues al instante el viejo Ben dio la orden de desarmarlos a puño limpio. Los niños ricos del norte de Himburgo no tuvieron huevos para hacer un solo disparo y salieron corriendo por la avenida principal perseguidos por los hombres de Ben y Rise, quien sentía que estaba haciendo algo en su vida que realmente valía la pena por primera vez. Luego de la victoria se fueron al centro de las barricadas a tomar algo de cerveza y a disfrutar de su pequeña victoria.

La noche siguiente vinieron marchando los hombres de azul, con sus bastones relucientes a la luz del tendido eléctrico y sus rostros llenos de sucio orgullo represor. Sus escudos de plástico se acercaron a ellos como una legión de soldados Romanos que luchan por el emperador. Las piedras y los gases cruzaron los cielos nocturnos casi al instante, la gente corría por todos lados, pero su padre los mantenía unidos y por eso pudieron dar vuelta muchas patrullas,  dejar en el piso a muchos canas y sacar corriendo a otros.

Los ovejeros Alemanes ladraban en todos lados, mordían brazos y piernas con el instinto asesino que sus dueños les inculcaron. Los petardos, las bombas de estruendo y rompe portones hacían luces graciosas en el suelo, mientras Rise veía la montada de la provincia de Platino entrar por la 7, repartiendo golpes a diestra y siniestra. Tanto él como otros jóvenes tuvieron suficientes huevos como para tirar sus clavos miguelito y otros elementos filosos para que los caballos se desbocaran. En la 7 se dieron de lindo. Los rubios y azulados hombresotes de la policía intentaban salir de abajo de los corceles. Allí muchos de los hombres de Ben se les tiraban encima y los dejaban fuera de combate. Arriba, en el cielo lleno de estrellas se podían ver las bengalas que lanzaban las fuerzas de seguridad, dándole a todo aquella luz tan fantasmal.

Fue una tremenda pelea, con vidrios rotos en el centro, calles cercadas por gases y llamas y camiones Hidrantes intentando escapar de las bombas Molotov que Ben enseñó a Rise hacer ese año previendo que algo así se vendría. Fue de un conductor de estos camiones que Rise obtuvo su Zippo plateado, el cual conservó desde entonces como una medalla de verdad, y no una de esas porquerías que entrega el estado.

Al amanecer Rise y Ben regresaron a su casa, raspados, golpeados, sangrantes...pero volvieron abrazados, ayudándose el uno al otro para caminar y probablemente no hubo un solo día en la vida de Rise en el cual se halla sentido tan orgulloso de su padre y de si mismo también.

Finalmente llegó lo que todos hoy conocen, aunque en ese momento nadie esperaba..."La noche de los perros" y todo se acabo para los trabajadores de la Hillamon y obviamente para Rise también. De la misma forma, esa noche (de la cual hablaremos más adelante) fue el primer asalto de un tornado de represión dictatorial y resistencia cívica que ahogo Himburgo en adelante hasta hace solo algunos años.

Rise estaba ya ingresando en las pequeñas calles del pueblo mientras recordaba como su padre y madre lo llevaban a la heladería "Rico Rico Ñam Ñam"(que aun existía) entre las calles 9 y 10 frente al parque de los abedules, donde  él y amigos jugaban al fútbol todos los fines de semana. Vio la escuela normal numero 178 y su cancha de Basquet donde más de una vez se cago a piñas con sus compañeros de clase. Especialmente con un idiota llamado Bail Rail que tenía la mala costumbre de pegarle en la nunca cada vez que pasaba a su lado. La institución de fachada victoriana, con sus amplias puertas por donde muchos niños entraban apresurados al sonido de una campana irritable también le hizo recordar como le sacó siete dientes de una trompada en el 4 grado de la primaria. Probablemente el primer destello de su Rettem que alarmó a su madre y alegró a su padre, quien le regaló su primera media pinta de cerveza (él se la hubiera dado entera, pero la madre de Rise, una Cristiana católica proveniente del norte armó tal escándalo que Ben tuvo que darle su premio reducido y a escondidas)  



- ¿Rise? - Dijo una voz de tono muy suave y soñolienta. Daniela lo sacó de sus recuerdos justo cuando una madre de los chicos que entraban al colegio comenzaba a preguntarse que hacían esos dos fenómenos frente a la escuela estatal. El Jethi deslizó la camioneta en dirección al barrio Obrero, hoy llamado " "Suburbios colina verde" " anunciado en un gran pasacalles por cumplir, exactamente en esta fecha 16 años.

- ¡Hola!- Dijo Rise contento de verla despierta. - ¿Como te sentís?.

- Cansada....como si hubiera dormido...

- ¿Más de un día?- Pregunto él. - A veces sucede, tu cuerpo hizo un esfuerzo sobre humano, cuando lleguemos a mi casa vas a poder dormir más cómoda. Yo tengo que hacer unas compras.- le contestó el Dracida deteniéndose frente a una digna y proletaria vivienda de cerquita blanca y pequeño jardín delantero.

- ¿Donde estamos?. Dijo Daniela mirando alrededor.

- En Old Bridge Town, Platino. Y esta es o fue mi casa muchos años atrás. Vengo de vez en cuando...es como un refugio. - Rise mentía, era la primera vez en 10 años o más que regresaba allí.

- ¿Y porque nos vamos tan lejos?- Pregunto Daniela agarrándose la cabeza, notando que estaba denuda a excepción del piloto de Rise y que el trasero le dolía bastante.

- Bueno.- Dijo Rise apagando el motor, encendiendo otro cigarro y entrecerrando los ojos ante la luz del hermoso día que ya se posaba sobre el mundo. - Si tenemos en cuenta que alrededor de 30 tipos quisieron matarnos y todos ellos viven en Blondres...no se, me parece una buena razón.

- Guárdate el sarcasmo, me duele mucho el culo y la cabeza. -

- Aunque seas una Jethi y tus heridas cierren, como lo hicieron en 24 horas, el dolor permanece un tiempo más. Hay analgésicos en la guantera.

- ¿Una que?

Rise se había ido de boca, por poco no le pega al volante. - Te explico más tarde.

El Dracida bajó de la camioneta y abrió la puerta de Daniela. La levanto en brazos. - No hace falta...- Comenzó a decir ella pero Rise no la dejo terminar. - No vas a poder caminar por unas horas más. O mejor dicho vas a poder pero con mucho esfuerzo. El Rettem...digo, tu, tu, tus fuerzas necesitan reagruparse.

Debajo de un viejo tapete de bienvenida, con un simpático duende en el, Rise sacó unas llaves y abrió las puertas, el olor a humedad era muy fuerte y dentro todo estaba a oscuras. Dejando a Daniela en el palier caminó hasta lo que era la cocina y acomodo los cables para colgarse de la luz del vecino, una tarea nada difícil para él. Luego fue hasta su cuarto (donde aun colgaban los posters de sus bandas favoritas y fotos del Platino Football  Club ) y lo acondicionó un poco para que Daniela pudiera al menos dormir en un lugar decente.
Finalmente la tomó  en brazos y la llevó hasta su ex cama. Abrió las ventanas para que tuviera un poco de aire y luz del día.

- ¿Que?- Dijo ella, que aun estaba bajo los efectos del despertar.
- No te preocupes Daniela. Dijo Rise arropándola con la colcha añeja que encontró en su antiguo placard. Aca vas a estar segura, tengo que ir a hacer unas compras. Te dejo la beretta por las dudas, aunque no creo que tengas que usarla por ahora. El super esta acá no mas, voy a tardar menos de 15 minutos ¿si?

***
A pesar de que Old Bridge le trajera un sin fin de recuerdos a su cabeza, Rise se sentía tranquilo allí. Las ondas de locura que podían respirarse en la ciudad no existían. Madres con hijos pasaban por las aceras limpias. Los jardines de las casas y sus rociadores hacían ese sonido tan especial que suena a perfección. En alguna esquina un padre responsable hacia señales en el cruce entre la 7 y 2. Como patos que van al estanque, unos niños iban a la escuela junto a sus mochilas y libros.

Oh sí, el viejo pueblo, con sus placas conmemorativas, sus estatuas en las plazas redondas y las pequeñas tiendas estilo tradicional que se extendían por la avenida  7. No lejos de su casa estaba "Los Cinco Gatos" el lugar que se arrogaba la invención de las hamburguesas acompañadas por diminutas papa fritas entre la mayonesa y el pan. La pequeña capilla de San Jorge donde las ancianas adineradas hacían caridad y la biblioteca municipal que Rise visitaba una vez cada 3 años, con suerte.

Para ser sinceros Rise no era la mente más cultivada que Himburgo hubiera visto. Su padre leía solo cosas relacionadas a la política o la historia del país. Su madre por otro lado pasaba las tardes con él mirando un sin fin de programas de television como "Bonanza", "Combate" y "La Familia Madison" o, eventualmente leyendo la biblia.

Al pasar junto a "La Pua Gritona"  Rise recordó que mientras duro su adolescencia en Olbridge Town había tenido una gran vocación hacia la música, especialmente el rock and roll. Un año antes de que su vida se fuera por el drenaje había conseguido una guitarra eléctrica y formar una banda escolar. A juzgar por el aspecto general de Oldbridge 15 años no eran nada.

Claro que el Dracida no notaba como los hombres y mujeres de Old Bridge lo miraban a él. Un sujeto con un piloto verde gastado, ojeras y pelos revueltos caminando por las inmaculadas calles y verdes jardines del pueblo. Tal y como en "El Vijia" pensaban que debía ser alguno de esos negros que venían del este, un brumano o un gitano tal vez que estaba esperando una oportunidad para asaltarlos. Algún que otro muchacho en patineta habrá pensando que se trataba del hombre de la bolsa. Y un viejo sentado en un banquillo del parque de los abedules seguramente imaginaba que se trataba de un terrorista. Siempre podía ser un terrorista...incluso allí en Old Bridge Town, o un comunista.

El rastro dejado por la dictadura no saltaba a simple vista, a excepción de la planta de Ciberdrone Sistems. Si Rise se hubiera detenido a conversar con algunos de sus viejos conocidos entendería que aun en ese pueblo perdido de Himburgo las mentes de los ciudadanos se habían vuelto oscuras, racistas, belicosas y desconfiadas. Internamente quizás el jethi lo imaginaba, por lo que no busco viejos amigos, era mejor que sus recuerdos sobre Oldbridge  y su gente quedaran intactos.

Todas las miradas de quienes pudieron reconocerlo se dirigieron al mercadito local, donde Rise ingresaba por las nuevas puertas automáticas mientras pensaba que carajo iba a comer.
***
Otra vez el mismo sueño. Unos pies descalzos caminando sobre asfalto ardiente rodeados por fueguinas llamas brillantes, olor a caucho quemado. Los pasos de alguien que no era ella andaban con la solemnidad de la tragedia y se acercaban inexorablemente hacía ella, al fondo, por encima de las nubes,  por encima de las estrellas, sobre rayos y centellas. En el sueño Daniela se alejaba de ellos corriendo en dirección a la oscuridad absoluta, pero ni siquiera detrás de aquel velo de sombras espesas lograba perder a quien la perseguía. 

Cada despertar de esa pesadilla venía con una sensación familiar, demasiado familiar. Cuando Daniela recobró la conciencia se revolvió un poco entre las cobijas intentando no pensar, volver a dormir hasta que se la tragara la cama vieja con olor a humedad y a encierro. Pero lo ocurrido en Troncor Street la tenía muy preocupada, al menos lo suficientemente asustada para no haber dicho palabra de ello a Rise. Pensaba que lo había dejado atrás como alguien que tiene una enfermedad incurable que sana y desaparece de manera mágica. Pensaba que tanto la pesadilla, como sus extraños ataques habían acabado luego de que los enterrara en lo más profundo de su memoria. Sin embargo habían regresado obligandola a escapar nuevamente. 




***

Ya era de noche, una noche calma junto al fuego de la casa. Gracias a su viejo maestro su antiguo hogar estaba casi intacto y desentonaba bastante con los nuevos "Suburbios colina verde" que se encontraban en el mismo lugar. Casas de gente adinerada, probablemente los gerentes de la fabrica de Ciberdrone. Sentado en la antigua mesa del living Rise intentaba pensar que carajo iba a hacer con Daniela mientras bebía un café negro. 

La sala donde se encontraba era  amable, los muebles estaban algo añejos, pero Rise pasó toda la tarde limpiando un poco aquí y allá para que el polvo no lo matara a fuerza de estornudos. Afuera las otras casas mantenían sus luces cálidas encendidas y los grillos cantaban alegres hacia las estrellas. Algún que otro auto pasaba con la lentitud de la paz que se podía respirar en un lugar como Oldbridge. El reloj sobre la chimenea, uno de esos que tiene un gato que mueve la cola y los ojos a modo de péndulo, marcaba ya las doce de la noche. Su tocadiscos de pasta aun reproducía a Chubby Cheker el disco favorito de su padre. Rise no dudo en volver a encenderlo...a pesar de que tuviera muchas cosas en que pensar tenía deseos de relajarse. De darse un buen baño caliente en la bañadera y dejar las armas por un tiempo.

Lo primero que pensó Rise fue llevar a Daniela al bosque. Sin embargo sabia bien que allí la examinarían con mucho cuidado, no cualquier bicho raro entra en el sagrado Hosmusilias. Y si bien Daniela tenía todo lo que un Dracida contiene algunas cosas lo desconcertaban:

La primera de ellas era que Daniela no reaccionó exactamente como lo hace un Jethi cuando despierta. Ella no despertó en el momento en que el Vlaind la apuntó con una pistola a su cabeza ni cuando  estaba atada y amenazada por los idiotas del Chikis. Sino cuando él estuvo en peligro de muerte. Se supone que los Jethis despiertan cuando su vida y únicamente su vida se encuentra amenazada. Algunos dormidos podrían ver un genocidio sin siquiera largar una pequeña llamita. 

Luego estaba el modo en que lo hizo. No salió como una fiera a cagarlo a trompadas a Karl, como era normal, ni le disparó con la Beretta, sino que hizo toda esa cosa rara de andar diciendo palabras extrañas y emanar fuego amatista. Rise sabía que un Jethi de Sigmund puede llegar a incendiar toda una cuadra si se despierta de malas, pero no ese tipo de llamas, no amatistas. Por otro lado las heridas de Daniela habían sanado de una forma muy Dracida y su cuerpo experimentaba el mismo cansancio que el de cualquier otro de su especie.
¿Quien o que era?

Y mientras el humo de su Lucky Blend le subía sobre su figura mientras observaba el fuego había otra cuestión que no le cerraba para nada. ¿Porque tanto problema para matar a una humana de 18 años? Sí, era normal que los Dragones negros hicieran esas cosas, más si ella se había afanado un vuelto. Pero cuando bajaron a la calle y se tirotearon frente al Chikis pudo sentir otra cosa...una energía muy extraña y profundamente decidida a asesinarlos a ellos de esa forma. De una manera tan violenta como fuera posible, como si los dedos de esos hombres estuvieran siendo dirigidos por algo tan malévolo como aquello que escribió "Idu Era Sivallion" en la casa de los Larenthguer siete años antes. 
- ¡Ese era el apellido!- Dijo en voz alta Rise emocionado por poder recordarlo. - La masacre de los Larentguer...-

Afuera el viento comenzaba a soplar con intensidad, moviendo las ramas del árbol frente a la casa, viejo y pelado por el otoño. Sus largas extremidades nudosas, como manos de un monstruo nocturno se mecían de arriba hacia abajo y las luces de las casas de frente comenzaron a apagarse una a una. 
"Un fuego y un cigarrillo en la noche pueden despertar muchas inquietudes, preguntas que te llevaran a las respuestas que necesitas" Recordó Rise que le dijo alguna vez Mitril.

- Mitril...-Dijo Rise fumando. - Mitril es el único que podría darme alguna pista en este asunto, ese viejo siempre parece saber exactamente lo que uno necesita y si no lo sabe entonces lo averigua. Pero el bosque esta muy lejos de acá...tardaría mucho en llegar deseando pasar inadvertido y no se si no me van a estar esperando en The Kings Valley. En ese hervidero de criminales los Dragones Negros tienen mucho poder.

- Hola Rise...- Dijo Daniela, quien se apareció vestida con su camiseta de Futbol del Platino Football Club y unos pantalones de yoguin deportivos en el marco de la entrada a la sala. - ¿Hace mucho frío no?...dijo tiritando.

Rise hizo silencio por un segundo sin echarle una mirada siquiera. Tenía que hacerlo por el bien de la muchacha, era ridículo ocultarle la verdad. - Es el fuego del dragón...-se dijo a sí mismo. - Veni Daniela, voy a  traerte el colchón cerca del fuego y algo que te abrigue.

Luego de llevar las cosas a Daniela para que estuviera más cómoda, fue a la cocina e intentó (como pudo) hacer un mate. Mientras Daniela lo escuchaba putear por como la yerba recién comprada se le caía al piso o por como se quemó con el agua tratando de ingresarla en la pequeña abertura del termo Rise hacia memoria para lograr recordar a Miranda enseñándole como hacer esa porquería...que le gustaba un poco, pero que no podía ser nunca mejor que el Café.

Entonces, con el mate en sus manos humeando agüita caliente y el olor de la yerba ascendiendo hasta sus narices supo porque hacia lo que hacia. No se debía a que Daniela le hubiera caído del cielo para ser guiada por sus sacrosantos poderes (como pensaría Mitril) ni tampoco debido a una cuestión moral de los Jethis de Bilingord. Era algo mucho más fácil de entender...Daniela lo conocía hace menos de cuatro días y sus poderes reaccionaron para salvar su vida, aun arriesgando la propia , consciente o inconscientemente. Fue un gesto de bondad, como lo fue invitarlo a tomar algo al bar en agradecimiento. ¿Acaso no se trataba de eso ser un Dracida? ¿No le habían enseñado que era eso lo que los hacia distintos a los Vlaind?

Observándola allí, Rise comenzó a pensar que tal vez, si una piba de 18 años podía entender esto aun sin saber nada de las cosas que él ya conocía, entonces el futuro de su prole, de su gente, no estaba tan perdido como suponía.

- Aca tenes Dani...- Dijo Rise ya dejando las cosas en el suelo, luego de haber dispuesto un almohadón para sentarse en el suelo junto a ella. Sin embargo al notar que esta no respondía se percató de que la muchacha volvía a dormir. En su rostro blanquecino estaba escrita la tranquilidad de la que ella gozaba por tener a alguien a su lado que la cuidara un poco.  Hace casi 8 años que Daniela dormía sola en un apartamento tan frió como el ártico, lleno de criminales y potenciales asesinos. Desde esa perspectiva no era muy distinta a Rise a pesar de la edad.

El Dracida se sonrió y la arropo hasta los hombros, sintiéndose enternecido por esa facilidad que tienen para caer en sueños algunas personas.  - Tal vez sea la ultima noche que duermas así piba. Dijo en voz alta, aunque solo emitió un susurro. Acostó su cabeza sobre el almohadón que había traído  y se quedo dormido a su lado. Pero con la escopeta cruzada sobre su pecho y dos cartuchos colorados en su mano izquierda. Al menos por ahora  ninguno temería despertar en la noche temeroso, solo y con frió.






viernes, 20 de julio de 2012

El Ritual de los Condenados VII


Segunda Parte

Capítulo I
Parte I
El Despertar de los Dragones


Música

Poco después de haber dejado a Daniela en su apartamento, Rise regresó al suyo sin olvidar sus ojos Amatista, que volvieron a ser verdes unos minutos antes de despedirse. Sin embargo para Rise aquello no podía ser otra cosa que una cuestión de "pigmentos" o algunas de esas boludeces que solo las mujeres se interesan en saber realmente. Por el momento solo tenía dos cosas claras en la cabeza o tres: 1) Había que averiguar que mierda significaba "Idu Era Sivalion". 2 No fue una mala idea salir con una mujer después de todo 3) Aunque le revolviera el estomago reconocerlo, el culo de Daniela en calzas era algo bello para admirar en una noche de invierno.

Desgraciadamente para el Dracida el primer pensamiento era mucho más fuerte que los otros tres. Como hemos dicho los Jethis de Bilingord conocen casi todas las lenguas existentes de forma innata, incluso el dialecto más común de los Vlaind, pero "Idu era Sivalion" no era algo que estuviera en sus posibilidades traducir. Aquello lo ponía nervioso al punto de quitarle la modorra producida por la noche fría y el alcohol. Que un Vlaind matara gente era normal, que un Vlaind de Rolando (como parecía ser este pibe por su porte) matara diciendo cosas de chiflado era también normal. Pero que un Vlaind de Rolando matara diciendo cosas de Chiflado en una lengua más antigua que los Dracidas era muy, muy inusual. Si tenía que sumarle a esto el hecho de que siete años atrás vio aquello escrito en una pared de una mansión...las cosas sonaban turbias.

Fue hasta la cocina y se preparó allí un café instantáneo. Todo en rededor estaba en un silencio sepulcral, incluso en el Chikis y los pisos superiores del edificio, donde siempre podía escucharse discusiones entre vecinos y cosas por el estilo. La luz de la cocina le daba a todo un tono amarillento y el color beige de sus azulejos había mutado a un amarillo intenso. Rise solo se apoyó en la mesada, mirando por la estrecha ventana hacia la calle y bebió el café. Le dio dos o tres sorbos mientras el viento aullaba afuera, luego hizo una mueca de negativa con la cabeza y fue hasta la despensa. De allí saco un viejo "Licor de Café Río Negro" depositó el brebaje dentro de su taza de cerámica color amarillo oscuro. Ahora su bebida era mucho mejor...

En la soledad de su apartamento viejo y lleno de machas de Humedad Rise se sentía algo incomodo, ansioso. Bien podía ser solo una coincidencia...pero Mitril le había enseñado a confiar tanto en su juicio como en su percepción. Tal vez si pudiera saber el significado de "Idu era Sivalion" descubriría que aquel viejo recuerdo y esta situación no tenían nada en común y podría dormir tranquilo por el resto de la noche. Pero para eso tendría que hacer una llamada desde el viejo teléfono en la planta baja.

Hacer un llamado a Miranda era una idea con la que Rise jugaba desde hace un tiempo en su cabeza, pero simplemente no encontraba un buena excusa. La Jethi de Sigmund no era la clase de mujer a la que uno pude llamar "para charlar". Pero si hay un tipo de Dracidas que se interesan mucho por los secretos antiguos (así se llama a la historia de Balbania anterior a la conocida por los Dracidas y Vlainds) eran ellos. En épocas más felices, que ni Rise ni Miranda vivieron, los Sigmund tenían una gran biblioteca en el bosque de Hosmusilias donde se recopilaba todo el conocimiento que se pudiera salvar tanto de Himburgo como de los muchos países a donde iban los Dracidas de Sigmund, siempre en busca de descubrir más secretos sobre la tierra, sus elementos y sus fuerzas.

Ya eran las 4 de la mañana para ese entonces y el pasillo estaba tan desierto como siempre, su suciedad y paredes grafitadas eran una bella postal del bajo. Cuando hizo unos pasos hacia las escaleras el Dracida comenzó a sentirse incomodo, extraño...Se detuvo en el segundo piso a mitad de las escalinatas como asaltado por la impresión de que algo complicado iba a suceder. Quitó sus manos de los bolsillos y las observó, tenía el pelo de sus brazos erizado, un escalofrió le recorrió el cuerpo por entero.


- Debe ser el Capitán que no cerro el ventanal...- Pensó Rise, quien luego confirmó sus sospechas al ver la ventana al costado de las escaleras abierta de par en par. - Loco de mierda, con el frió que hace...- Dijo en voz alta mientras intentaba cerrar el oxidado mecanismo.

Iba a seguir su camino normalmente cuando nuevamente la cosa apareció. - No es la primera vez que me pasa esto...- Se dijo Rise a si mismo ya sintiendo la adrenalina nacerle desde la nuca hasta los pies. - "Un Jethi de Bilingord tiene, entre muchas ventajas, la capacidad de detectar el peligro antes que sus compañeros, si sabe leer las señales nunca lo van a atrapar desprevenido" solía decir Nehuen cuando entrenaba a los alumnos del bosque.

Rise llegó entonces hasta el primer piso donde el silencio era sepulcral, solo los papeles y la basura en el mismo generaban algún tipo de movimiento debido a la brisa que iba y venía. "Bueno Rise, creo que es hora de que escuches que tiene tu Rettem para decirte. No hay nada que temer, ¡puede ser algo bueno!...No mentira, el fuego del Dragon nunca anuncia nada "bueno"
Y fuera de la nada y del absoluto ridículo se escucho una canción llegar de uno de los apartamentos. Era algo que sus vecinos de Sur américa llamaban "Cumbia" 



Sus oídos se aturdieron por un segundo y Rise casi salta hasta el techo debido al miedo.


-¡La puta madre!- grito el dueño del electrodoméstico que sonaba en el numero 6 del edificio. - Que mierda es esto? ¿Que hiciste con la radio pelotuda?

- ¿yo? Fuiste vos el que se compro esa mierda de Yanso...-

El Dracida volvió entrar en calma. Era el nuevo matrimonio que se había mudado allí unos meses atrás, siempre estaban cagándose a gritos y amenazándose con matarse el uno al otro. Rise tenía la ligera impresión de que eran de Sargentina...sobre todo porque uno de ellos siempre gritaba los goles de un tal "Boca Juniors" despertando a todo el edificio con cantos o lamentos de "Te amo Roman"

- ¿Los puedo ayudar en algo? - Pregunto Rise gritándole al hombre que estaba intentando apagar el equipo de música.


- ¿Sabes manejar esto vos?- Contestó el hombre de la misma forma.

Rise ingresó al apartamento, aun a oscuras, intentando que sus oídos no se partieran al medio debido a la potencia de los alto parlantes. - Es un Yanso, es obvio que no va a andar como esperas....- Le dijo Rise con una sonrisa socarrona.- A ver, dejame ver...

El Dracida se inclinó sobre el aparato y puso sus ojos en el led que indicaba el volumen. Primero pensó 
"Y claro, si este idiota lo deja 1200 es obvio que nos va...." y mientras su comentario iba terminando de formarse en su cabeza a pesar de la música comenzó a comprender otra cosita..."1200..."...."1200 de volumen..." "Ningún equipo de música puede tener..."

Rise tomó al dueño del equipo por los brazos, el hombre se sorprendió por la cara de terror que llevaba el hasta ahora amable Himburgues. - ¡Escuchame bien lo que te voy a decir! Deja la radio puesta a este volumen, si la apagas te juro que te cago a tiros cuando vuelva. ¿Escuchaste?-
- ¿Que mierda te pasa pelotudo? Grito el hombre enfadado por la reacción violenta sacada de la nada de Rise.

El Jethi, entonces, por obra de quien sabe si la virgen, Heills, Mahoma, Madonna o quien, por fin entendió su Rettem, casi se diría que se reconcilio con él. Las señales indicaban que el, Rise Thomas Kenneth tenía que poner pies en polvorosa porque algo o alguien había entrado al edificio y su Rettem era lo suficientemente grande y bien entrenado como para poder enloquecer el electrodoméstico.

- Apagame esto o lo tiro flaco, mañana tengo que laburar.
- ¡No tengo tiempo para esto!...- Se dijo Rise a si mismo en voz alta agarrándose la cabeza, exasperado o sobrepasado.
Haciendo uso de uno de sus poderes de Bilingord tomó al hombre de la cabeza y lo miro fijo a los ojos. El dueño del apartamento se quedo como congelado en el tiempo, hipnotizado le pareció a la mujer que estaba ya buscando el palo de amasar para sacar al loco de Rise de la casa.

Se sintió como si el aire se doblara o se quebrara en el departamento. La mirada desafiante del sujeto al que Rise sujetaba paso a una de sumisión: - Como digas...- El ataque mental para intimidar a sus enemigos todavía funcionaba después de todo...

"Soy un pelotudo, como mierda me pude haber olvidado de eso" Dijo Rise mientras corría a toda velocidad escaleras abajo.

El debía saberlo, por alguna razón que aun mucha gente no se explica, cuando uno o dos Dracidas de un Rettem considerable se encuentran los aparatos electrónicos como las videocaseteras, los equipos de música y los televisores tienden a presentar fallas extrañas. Algunos creen que es como si la energía de ambos seres chocara o produciera algún tipo de interferencia o pulso eléctrico.

Por lo que ahora Rise debía actuar como un Jethi de Bilingord en serio, porque algo malo, algo peor que Crisald había entrado en ese edificio. Cuando llegó a las escaleras de la planta baja agudizo sus sentidos y pudo percibir a tres personas caminando derecho por el palier hacia su posición. Cerro sus ojos un instante y se concentro...eran tres Dracidas, pero podía sentir que aun había más, probablemente cuidando la puerta de salida.


Antes de que estos intrusos llegaran donde estaba, Rise se acomodó el pelo y fingió que todo iba en orden y que nada tenía que ocultar. Hace mucho, mucho tiempo que el Jethi de Bilingord no debía esconderse de otros Dracidas, especialmente debido a que en el bosque todos tiraban para el mismo lado y no había peligro de ser atacado por una facción enemiga. Pero todo en su ser le indicaba que estos tipos venían con malas intenciones. El era y siempre fue el único de ellos que vivía en ese edificio cochambroso. Decidió bajar a la planta baja, observar y decidir en consecuencia. Tal y como en los viejos tiempos....




Rise suspiró y salió a la planta baja con un puño bien cerrado en sus bolsillos. Tres monos del tamaño de King kong venían subiendo. Estaban vestidos con camperas infladas o largos sobretodos, uno de ellos vestía ese tipo del que los Neo Nazis tanto gustan. Rise supo, debido a su privilegiado oído de Bilingord que dentro de esas camperas había muchas balas y seguramente muchas armas. Con un rápido vistazo de sus ojos verdes encontró al menos cuatro o cinco datos que le dejaron bien claro quienes eran y cuales eran sus intenciones.

Ninguno de los tres parecía llevar o esconder armas largas, por lo que probablemente venían a hacer un trabajo de corta distancia. Su percepción de Bilingord también le decía que ninguno de los tres por separado sería un problema para él, seguramente eran los idiotas del Chikis. Uno de ellos tenía un peculiar olor a vino barato y a humo de puro, de esos que se fuman cuando se juegan a las cartas. Pero el dato más importante que pudo recabar solo pasando junto a ellos fue que el más alto de los tres tenía en su mano derecha un anillo con la forma de una serpiente. Ese era, normalmente el símbolo de los Dragones negros, una serpiente con rostro draconiano en acero negro. Al menos uno de ellos era un Jethi y eso era un problema a tener en cuenta.

"Soy un idiota, tendría que haber imaginado que iban a preguntarse en algún momento por el estúpido de Rick. Si ven a Daniela sola y su apartamento en esas condiciones lo más probable es que se la..."

- Hola Rise...- Dijo de pronto una voz grabe y simulando alegría.


El Dracida ya se encontraba a veinte metros de la salida del edificio cuando se topó en la puerta con Karl, Karl el homicida favorito de los Dragones Negros en el barrio. Karl el Jethi de Frigord que siempre vestía como un hombre distinguido, con su largo abrigo de cuero y camisa blanca con el cuello reluciente. Un hombre que era dos veces Rise en tamaño y probablemente tres veces más en victimas y combates. Karl, el mismo que Crisald se prepararía para matar en unas horas cuando supiera su nombre.

- Hola...Karl.- Dijo Rise sin esconder su cara de asco. Odiaba bastante a los Dragones Negros, pero especialmente a los que se creían parte de los "Chicos buenos" como este.


- ¿Vas a pasear?- Dijo el Jethi de cabello negro oscurisimo, peinado con gomina hacia atrás, correctamente cortado un poco por arriba de la nuca. Sus ojos negros, detrás de unos lentes transparentes lanzaron un desafió secreto. Su sonrisa de tiburón mostraba que estaba profundamente excitado.


Rise intentó escrutar su mirada para tratar de entender sus sentimientos. Si Karl iba por Daniela era porque el jefe Regional tenía un verdadero interés en que la camarera del Chikis la pasara muy mal. ¿Que había hecho la piba? Rise no lo sabía, pero nada podía ser tan malo como para merecer morir en manos de este sádico.

Karl era ya toda una leyenda en los bajos y a menudo a Rise le recordaba (durante sus breves encuentros en la calle) a uno de esos curas que terminan siendo investigados por corrupción de menores. Se decía que era un tipo metódico a la hora de hacer sufrir a sus victimas y mezclaba una especie de pseudoreligion auto inventada con su trabajo.

- ¿Te Importa?. Dijo Rise dando un paso adelante.


La mirada de Karl pareció fulgurar en azul por un instante.


- Para nada...adelante....

El Dracida le pasó por al lado sin dejar de sentir que se le helaba el alma al percibir la fuerza descomunal de ese sujeto. Era un tipo violento, que gustaba de serlo, que disfrutaba su propia "arte" de "castigar". Con solo hacer una pequeña incisión mental dentro de su ser (permitida por la voluntad de su enemigo) Rise supo que era lo que tenía deparado para Daniela. "Un castigo ejemplar"

Haciéndose olímpicamente el pelotudo, Rise salió a la calle pero no dejo de tener activados sus sentidos. Pudo escucharlo decir antes de cerrar la puerta del edificio "Cagon... como todos los de Bilingord"





***

Aquello de "Cagon" convenció a Rise de que era hora de hacer algo en serio. El tiempo de huir de estos sujetos o de agachar la cabeza ante sus bravuconadas se había acabado. Sus pensamientos algo confusos no lograban aun resolver en definitiva que le esperaba mañana o cual era su misión. Pero tenía en claro que esta era una oportunidad en un millón para demostrarse de que ser un Dracida aun podía servir de algo, aunque eso significara matar a otro de su especie. El enemigo había mudado de piel mucho tiempo atrás...al MI5 no le interesaban estas minucias de mafiosos de poca monta, a los Vlaind obviamente tampoco. Le correspondía a él y a otros en su condición hacer la diferencia. 

El Dracida se movió rápido y silenciosamente hacia la escalera de emergencias al costado del edificio. Una vez la luz mortecina del Farol callejero dejó de alumbrar sus pasos uno solo hubiera visto una sombra en las sombras. Afirmó sus espaldas contra la pared de ladrillos y caminó sigilosamente hasta el contenedor de basura donde poco tiempo atrás había caído de lleno. Solo esperaba que este asunto terminara algo mejor que aquel.

Rise estaba basando todo su plan en otro concepto mal fundado de los Dracidas. Así como los Jethis de Frigord solían acusar de débiles y cobardes a los de Bilingord por no ser unas bestias de músculos y usar demasiado la cabeza, los de Bilingord solían tratar a los de Frigord como brutos sin cerebro. Karl era lo suficientemente inteligente para imaginar que Rise se iba a resistir a un ataque. El Jethi de Bilingord esto lo sabía y por eso mismo no se mostró ni desafiante ni valiente delante del mismo. Pero Rise había luchado con algunos Vlaind en su vida y con otros Jethis. Karl podría imaginar muchas cosas, menos que Rise intentara salvar a una pibita de 18 años de la raza Humana. Simplemente porque sujetos como él o los del Chikis no arriesgarían nunca el pellejo de semejante manera.

A veces Rise pensaba que no tenía los huevos para cagar a las personas. Mientras subía las escaleras de emergencia con la destreza de un felino y sin hacer chirrear uno solo de los caños herrumbrados, pensaba en ello. Su vida sería más fácil, común y feliz si simplemente pudiera dejar de pensar en aquello del deber. Algo que todo Dracida de Bilingord arrastra en si mismo y por lo general esa obligación pesa más que cualquier otra cosa en sus acciones. Se supone que esa Orden fue la que lideró a los Dracidas durante la guerra, la mayoría de los grandes generales de las huestes del Dragón provenían de esa orden. Una que distaba de tener poderes arrolladores en el combate como Frigord. No podían manejar a su antojo el fuego o el aire como Sigmund, tampoco entrar en la mente de las personas en profundidad como Dalstein. Pero tenían muchos huevos y mucha entrega por su causa.

Cuando llegó al lado de la ventana del apartamento de Daniela escuchó una discusión fuerte.

- ¿Vas decirnos donde esta la guita, pendeja?

Cuidadosamente, alguien había tapado la misma con una cortina. Pero no había ninguna luz, seguramente la habían agarrado dormida. Prestó atención a todos los sonidos que podía, incluyendo la música del piso de abajo que seguía muy fuerte.

- ¿No se de que me hablan, si alguien se la afano fue Rick...- Se defendía Daniela con cierto timbre de temor en su voz.

La potencia de esos alto parlantes descompuestos le aseguraba a Rise no ser escuchado llegar al menos hasta que lo hiciera. Si podía tomar por sorpresa a esos hijos de puta podría salir de allí con Daniela, tal vez no entero...pero saldría.

Las voces que provenían de la pequeña ventana comenzaban a aumentar el caudal de palabras como "matar" "escupir" "cojer" "arrepentir", pero ninguna de ellas era la de Karl. Seguramente iba a dejar que sus hombres se divirtieran un poco con ella antes de su llegada. El muy idiota extendería su "castigo" lo más posible muy confiado en que Rise se había ido cagado en las patas como siempre. No pudo evitar sentir cierta satisfacción al pensar en su cara de sorpresa.


- Mas le vale que se demoren un poco...- Se dijo a si mismo el Jethi y continuo subiendo por las escaleras hasta su apartamento.

Tan pronto como llegó allí se dio los viente segundos que necesitaba para poder hacer que su Rettem se elevara al máximo posible en el poco tiempo que tenía. El dolor de cabeza intenso que le produjo esto lo obligó a sentarse con una mano en su cien. Suspiró, sintió sus músculos hacerse algo más grandes, tal vez solo milímetros, pero por cada una de las cientas de ramificaciones de sus arterias pasaba el fuego...un fuego que hasta entonces parecía casi extinto.

Música



Las llamas nacieron en lo profundo de su vientre, la luz de techo sobre su cama comenzó a titilar, sus cables pelados comenzaron a hacer chispas debido al cortocircuito...el televisor se encendió y apareció la pantalla en lluvia. Rise cerró un puño, en ese puño bien podría estar la fuerza de un dragón...un dragón dormido que venía a reclamar el orgullo que le habían quitado.

Tomó el colchón de su cama y lo lanzó por los aires, de allí llenó sus bolsillos con todas los cartuchos rojos de escopeta que encontró. Cogió la escopeta por su caño largo decididamente y abrió  rápidamente el armario donde escondía su pistola Beretta. La martillo en un segundo y la depositó en su costado de manera precisa y casi cinematográfica. Por último saco la espada de abajo de la cama, la desenvaino, la beso con fuerza y rogó a la buena ventura que lo acompañara. La argenta hoja con una serpiente dragonil lanzando llamas por su boca pareció desempolvarse por obra de la magia. Ya no era una reliquia ni un recuerdo, era una espada, la espada larga de un Jethi.

Rise salió  nuevamente a las escaleras de emergencia y allí observó el cielo estrellado, faltaba aun para que la tormenta del norte se devorara la ciudad, pero los relámpagos ya se hacían presentes. El viento sopló entre los sombríos callejones del Bajo mientras Rise descendía con cuidado y decisión al apartamento de Daniela, el piloto verde movió sus pliegues hacia la nocturnidad donde un hombre bueno se dipodia a hacer algo bueno por otra persona que apenas conocía. Algo que en Blondres o en cualquier otro lado no ocurre a menudo, algo sacado de alguna alocada leyenda del pasado.


***

Un destello encegueció a Daniela en su apartamento seguido del sonido atronador de un escopetazo que le reventó la verga a uno de sus captores en el justo momento en que lograba una erección. La sangre le saltó sobre la cara y el pecho, pero a poco precio, la dignidad de Daniela permanecería intacta gracias a Rise.


La escopeta humeante apareció en la ventana y volvió a recargarse por obra de las manos del Jethi. La segunda descarga le dio al mismo sujeto en el costado del abdomen, lanzandolo a una larga distancia de Daniela y haciendo que chocara su cabeza contra la pared del cuarto.
 - A ver hijos de puta, ¿No quieren cojer con esta?- Escuhó Daniela, quien no vio a Rise, sino a la silueta del mismo en la oscuridad con los ojos totalmente inyectados de sangre y refulgiendo en verde oscuro. Quien llevaba la campera de Neo Nazi aun intentaba caer en la cuenta de lo sucedido mientras buscaba torpemente la pequeña subametralladora que guardaba dentro.

Una sombra llamada Rise Thomas Kenneth llegó hasta él desde la ventana en un salto, le dio un culatazo en el estomago y le descargo dos corchazos de plomo en su pecho mientras yacía inmóvil en el suelo, sujetado por las piernas del Dracida. El último, que hacía de campana en la puerta, ingresó ya preparado con una pistola automática disparando sin ton ni zon  aunque mucho Baam Baam dentro de la habitación. Rise, quien sabía bien donde estaba pues lo había observado ponerse en esa posición cuando paso por la ventana, tomó la mano que sostenía su arma e intento quitársela con algún esfuerzo. Ambos se fueron al piso. -¡Jefe! el de Bilingord esta acá...JEFE!!!

Mientras daban vueltas en el suelo Daniela intentaba liberarse de sus ataduras, de pronto un aire pesado llenó el cuarto y los tristes cuadritos de decoración se cayeron al suelo. Cuando la mujer puso sus ojos en los dos hombres en el suelo sintió que el aire se concentraba donde Rise, debajo del matón, quien desesperadamente trataba de encontrar un cuchillo entre las ropas. - ¡Valux Than Rettem, Valux than Got!- Escucho decir a Rise con algo de esfuerzo como quien intenta obrar un hechizo. 

Aquel viejo poder de Bilingord, el único hechizo (si quieren llamarlo así) de ataque que tenía funciono. Un relámpago blanco, casi de nieve, con su forma irregular, como quebrada, le traspasó las espaldas al criminal. El mismo pudo sentir que el fuego del Dragon le estaba consumiendo las entrañas y la lampara sobre ellos le cayo derecho sobre la cabeza. Un hueco del tamaño de un melón apareció donde antes estaba su estomago. Rise se lo sacó de encima con furia y lo pateó en el suelo con  odio. - Por Violin, pelotudo- Dijo Rise luego de escupirle en la cara.

Daniela intentaba aun asimilar aquello que había visto cuando Rise la desató y le dio la Beretta.
 - Escuchame muy bien lo que te voy a decir Daniela.

- Que...mierda..- Dijo Daniela mientras observaba como el cuerpo perforado del último muerto comenzaba a largar llamas blancas de aspecto fantasmal y se hacia cenizas. El Dracida la agarró de la cara y la obligó a centrar su mirada en la de él.
- Dije escuchame, no "pienses" ¿Sabes tirar?
- No...
- Bueno, vamos a salir de acá y abajo nos espera una balacera a lo Western. Vos pégate a mi, agárrate de mi piloto si es necesario y no dejes de correr aunque todo en vos indique lo contrario ¿si?-
- Pero...
El murmullo enfadado de hombres armados llegó desde las escaleras del pasillo y el callejón. Los Sentidos de Rise, ya a aumentados al punto en que estaban cuando era un Jethi muy bueno en su especialidad le indicaban que Karl seguramente seguía abajo y que vociferaba ordenes a los custodios del Chikis en la puerta delantera.

- Vamos a salir por adelante. Seguro esperan que escapemos por donde vine. Toma - Le dijo fijando la pistola en sus manos.- Y tírale a todo lo que no sea yo ¿si? Sí grita le tiras, si se come las S tírale de nuevo. ¿Ok?
- Pero...
- ¡Vas a hacer lo que te digo o queres que te cojan uno a uno los diez tipos que van a estar acá en cinco minutos!
- Pero...- Rise noto que había algo mucho más grande que el miedo en los ojos de Daniela, ahora nuevamente Amatista.

-¡Vamos!- Recargó la escopeta y arrastró a Daniela del Brazo hacia fuera del departamento. 

Subiendo como perros enardecidos, perros estimulados por el látigo de Karl (quien Fumaba debajo en la planta baja) venían otros dos hombres ya con sus armas en mano y sin ningún tipo de sigilo. Rise inclinó la cabeza por sobre la puerta de salida del apartamento cuando los vio casi tropezarse. Corrió hacia ellos en ese preciso instante en que ambos trataban de mantener el equilibrio.


- ¡Para vos!- Dijo Rise haciendo que la escopeta volviera a vomitar plomo para que este diera de lleno en la cabeza de uno. -¡Y para vos, la concha de tu madre!- El segundo vio su rodilla y su brazo derecho seccionarse ante el golpe limpio y rápido de una espada larga.

Aun muchos años después Daniela nunca supo como hicieron para bajar las escalinatas sin tropezarse, Rise no avanzaba a una velocidad normal, en su recuerdo parecía que estuviera surfeando en el mar, se movía como un atleta de circo.


- ¡¡¡Hay voy jefe!!- Eso fue lo último que gritó uno de los secuaces de Karl antes de que la espada de Rise lo sorprendiera al dar la vuelta hacia el próximo piso, debido a su descuido su estomago chocó con el acero frío y bien forjado de Aistriena. Luego, Rise tomó su cuerpo ya débil y shokeado por el golpe y lo lanzó a través de la ventana en la escalera que daba a un patio interior. Una lluvia de cristales acompaño su cuerpo hasta el suelo.

Ya estaban cerca, a pocos metros de la salida, a segundos de la graciosa huida cuando sus pies tocaron la plata baja. Daniela pudo ver para su agrado que nadie esperaba allí. - ¡Vamos Rise!. Pero en el momento en que volteo para ver donde estaba su compañero, su súbito salvador, se percató de que ya no estaba delante de ella. Sino mas bien detrás y de espaldas a ella observando el fondo del palier, donde Karl esperaba pacientemente con un pistolon a tambor y la expresión de un fantasma.




***

Parte II
Una Tormenta de Plomo

Un balazo bien pensado, bien apuntado y ejecutado le llegó a Rise al pecho. Una sola de esas balas podría haber parado a un elefante. Daniela lo vio caer con su abdomen ensangrentado. Las puertas de entrada de Troncor Street se cerraron detrás de sí como por obra del viento. Pero Daniela pudo percibir cierto fuego en el aire, un dejo de odio o de maldad que comenzaba a tomar toda la extensión del palier del edificio. Las manos de un hombre de color la tomaron por detrás y la cubrieron en el escritorio de la recepción. Daniela intento resistirse, pero el Capitán no quería soltarla.

Sus ojos ya amatista pudieron ver a Rise caer de rodillas y desde un primer momento supo que no se debía al disparo, sino más bien a algún tipo de fuerza telepática o presión en el aire que emanaba el Jethi de Frigord, quien sacó debajo de su abrigo de cuero una espada que se armó como por voluntad propia en el aire. Otro agradable detalle con respecto a los Jethis de Frigord es que sus armas suelen guardar las almas y espíritus de sus enemigos, dándoles a estas una personalidad y voluntad, que aunque siempre estará sujeta al portador, las hace especialmente siniestras.

Su mango, ancho y pesado y dos secciones de su hoja se unieron en el aire sellando sus intersecciones con la voluntad de Heills y listas para cerrar el destino del "pecador"
- Esta es la espada de la Justicia Rise...- Comenzó a decir Karl. La hoja tomó un color negro y comenzó a crecer hasta tener casi el tamaño de un mandoble surrealista. - Si eres un Dracida que aun respeta las viejas tradiciones.- Dijo el Jethi de Frigord mientras se encendía un cigarro largo con un fósforo y caminaba lentamente hacia su victima. - te entregaras a la voluntad del señor del Altonav-

Daniela sintió el impulso de salvar a Rise de alguna forma, el acero de su Beretta ajustada a la cintura le carcomía la piel, estaba fría, fría y dispuesta a descargar todo su poder de muerte sobre ese abrigo de cuero que llevaba Karl. Quien iba y venía  de la oscuridad producto de la mala iluminación de las luces del cuarto.


- Has matado a varios de tus hermanos- Karl Tomó el mango de la espada en su mano derecha. - Y has confabulado con una humana para robar lo que no te pertenece.- Prosiguió a ya pocos centímetros de estar en posición para cortar la cabeza de Rise. En ese preciso instante, El capitán , que sostenía a Daniela para evitar que ella también muriera sintió que las manos se le estaban calentando más de lo usual.

Rise pudo sentir en carne propia un cambio en la atmósfera, una energía nueva, renovadora, se apareció entre los presentes. - ¿Has de decir algo en tu favor Jethi?- Dijo Karl levantando su mandoble sobre Rise.

- Si...como bruto que sos, Karl. Ganaste en fuerza bruta contra un Dracida cansado. Pero se nota que tu cabeza es lo suficientemente pequeña como para no darse cuenta que acabas de firmar tu sentencia de muerte. Cortame la cabeza si podes antes de que Daniela te deje hecho una porquería en el suelo.-

- ¿De que hablas?.- Dijo Karl algo extrañado aun que ya asustado.

- Mirala nada mas....mira esos lindos ojitos..

El verdugo de los Dragones negros observó a la mujer. Estaba con las venas de su pequeño cuerpo totalmente hinchadas, los ojos llenos de lagrimas exaltados y observándolo de manera bestial, el Capitán ya podía sostenerla a duras penas y el escritorio donde estaba apoyada humeaba por obra de un calor insoportable.

- ¿Una nueva compañera se une a las filas de Heills? ¡Ja! ya es tarde para eso...Sabía que era una de nosotros...Voy a aplastarla cuando termine con vos...

- Ella no es aun una Jethi despierta mi queridisimo amigo. Dijo Rise riéndose en la cara de Karl.
- Estas a punto de convertirla en una y sabes lo jodido que se pone la cosa cuando despertamos por primera vez ¿No es así gran señor de las almas?

Las luces de tubo comenzaron a titilar, producto de la energía que despedía ahora el cuerpo de Daniela. El Capitán tuvo que soltarla producto de la temperatura que estaba levantando la muchacha, el escritorio delante de ella se partió como si no pudiera sostener el peso de su cuerpo, la madera se chamuscó en un segundo. Pero esta vez ocurrió algo que hasta Rise no pudo prever, el fuego era del color de sus ojos, amatista, Deliciosamente misterioso y poderoso.

Las ventanas del palier estallaron de pronto a una palabra de la muchacha, que como poseída hablóen una lengua extraña: ¡Ar Prigerna Siggena!- La voz tierna de Daniela era ahora ronca como la de una bestia despertando de un largo letargo.- ¡Sirrrika nella tibrega nuenea- Las manos de Karl dudaron por un instante y dio un paso atrás. Daniela levantó sus brazos hacia arriba y la basura del pasillo se pegó al techo como imantada por algún poder más allá de la compresión de los presentes. La alfombra vieja y el sillón ardieron como por combustión espontanea. Mientras Karl trataba de dar crédito a lo que veía, Rise tomó la escopeta sigilosamente y la recargó lo más silenciosamente posible.

- ¡Pruga arr frinnak galen!- Grito Daniela y su timbre de voz hizo recular a Karl unos cuantos metros hacia atrás. De su boca no salían solo palabras, sino algo similar a corrientes de viento frescas y de un dulce perfume.

- No se que mierda seras, pero voy a matarte ahora mismo, pendeja de mierda. Dijo, brabuconamente el Jethi de Frigord apuntándole con su revolver. - Disparó cuatro veces contra la muchacha, las argentas cabezas de sus proyectiles solo se pulverizaron delante de una barrera de llamas amatista que nacía de la propia mujer. El Jethi de Frigord solo pudo dejar su boca abierta producto de la sorpresa, los lentes  de Daniela se quebraron y cayeron al suelo.

Karl estaba exactamente donde Rise lo quería, haciendo una idiotez producto de su orgullo. Cuando un Dracida despierta sus poderes por primera vez alcanza un máximo de fuerzas y poder al que luego intentara controlar y llegar por medio de entrenamiento. La primer bocanada de fuego es casi imposible de lograr en estado consciente de la mente. El adiestramiento trata de llegar siempre a ese punto en que un Dracida alcanza la perfección...es extremadamente difícil por no decir imposible que un enemigo pueda derrotarlo en ese momento, pues en ese instante de luz cegadora la mismísima fuerza creadora del universo se concentra en el cuerpo del novel, un poder más antiguo que el de los Dioses o cualquier otra criatura en Balbania.

Karl pensó que ya había accionado el gatillo nuevamente cuando notó que su brazo estaba totalmente inmóvil. Daniela a siete metros de él tenía los cabellos hacia arriba, su ropa se estaba quemando pero no le dañaba su cuerpo, la fulgurancia amatista hacía de ella una llama viva, una visión del mundo más allá del circulo, una estrella antigua que cuando despierta tiene ansías de devorar. - ¡Brass errionka iflen Misínas!- Gritó la mujer y a su orden el brazo de Karl se tenso al máximo, ya el Dracida no podía controlarlo.

Rise se alejó de allí de un salto tan pronto como pudo moverse. Daniela, con su cuerpo tatuado y desnudo tenía una expresión fueguina y centelleante, casi no podía verla producto del brillo de su cerco de llamas.

El Brazo del Jethi de Frigord hizo un sonido de huesos rotos al comienzo y luego sintió como si un gigante le hubiese tomado el antebrazo. Desde el hombro hasta los dedos, los músculos comenzaron a retorcer a cada vez a mayor velocidad, los huesos se fisurarón para luego quebrase en más de veinte parte distintas cuando su extremidad quedo por completo boca abajo, es decir, con el dedo pulgar mirando al suelo con el brazo extendido. Tal y como un trapo al que se estruja para sacar la mugre, así quedo el fuerte brazo de Karl, quien se lo tomó con el otro y no dejó de gritar desesperado producto de un dolor insoportable.

Tan rápido como vino, el fuego del Dragon se fue y Daniela quedo desnuda y tendida sobre el suelo inconsciente producto del esfuerzo. Rise no se demoró ni un segundo más, ahora que su táctica había funcionado. Fue un plan arriesgado pero efectivo...




Alejó de Karl todas sus armas, recargó la escopeta y le disparó en el vientre tres veces. El único numero que podría dejar a un tipo así en el suelo por al menos unos minutos. Corrió hacia Daniela y la tomo en brazos. Ahora tenía que salir de ahí con piba y todo. Tomo la Beretta que le había dado anteriormente y la puso en su cinturón.
- Daniela...Daniela...- Le decía lo más calmado que podía ante la situación. Ella apenas podía reaccionar.

- Necesito que te levantes nena...vamos....- La chica apenas si tenía fuerzas para estar en pie y Rise sabía bien que afuera esperaban ya unos cuantos amigos de Karl para darle una bienvenida de plomo. Miró por el rabillo del ojo y pudo notar como Karl, con mucho esfuerzo, intentaba recomponerse, su bota derecha se movía con ánimos de ponerse en pie.

- Vamos nena...yo se que vos podes...levantante..no puedo salir con vos a cuestas.
- ¿Que....que...paso?
- Después te cuento ahora escúchame bien. De acá al próximo auto hay unos cincuenta metros y vas a tener que correr, agárrate de mi brazo y no dejes que te flaqueen las piernas ¿si?...
- ¿he?
Rise miró al cielo implorando ayuda. Karl ya se ladeaba sobre el suelo para usar su brazo bueno en orden de matarlos a ambos sin ningún tipo de condescendencia ni demora.

Vaya a saber si fue por mirar mucho "Amores en Peligro", la melosa canción que ahora continuaba en el segundo piso, o por estar convencido de que iban a morir acribillados tan pronto como salieran de allí, Rise, en medio del apuro le encajó un beso fuerte y decidido.

Daniela, que apenas si podía pensar, quedo más sorprendida de lo que ya estaba y hasta llegó a creer que era un sueño como el que había tenido poco tiempo atrás en su cuarto, antes de que ingresara la gente del Chikis, algo sobre una mujer desnuda que resultaba ser ella - Eso fue por salvarme la vida, ahora necesito que me ayudes a salvar la tuya, corre como si fueras Cheetara ¿sí? ¡Vamos!- Dijo Rise abriendo de un empujón la puerta de entrada.

Del otro lado de la calle los maleantes que anidaban en el Chikis se preparaban para darles la bienvenida. Entre 10 y 15 Dragones negros tomaron posiciones en las ventanas del hotel que daban a la calle o encaramados detrás de los depósitos de basura. Uno de ellos grito:

- Atención los idiotas, van a salir. Que les llueva mierda - A respuesta de este llamado se oyó en Troncor Street el sonido inconfundible de armas cargándose y seguros quitándose. Luego siguió el silencio atronador de la calle desierta con los copos revueltos por el viento.

Cientos de balas desde las ventanas del Chikis, de otros hombres cubiertos en autos estacionados en la acera y de algún que otro vago que se sumaba a la contienda, llovieron sobre ellos. Escopetas cortas y largas, pistolas, revólveres, subametralladoras y quien sabe que más regurgitaron todo su poder de fuego sobre ambos. No era necesario apuntar demasiado...el enjambre de balas que ponían sobre sus victimas era una carta segura.

Los ladrillos del frente del edificio del Troncor Street se hicieron polvo ante la impiadosa embestida de sus balas. Rise, con Daniela agarrada a sus espaldas tiró y tiró a todo lo que vio con el objetivo de llegar vivo hasta el auto amarillo que siempre robaba (aunque devolvía) de un cura de las cercanías.

El sonido apabullante de las armas de fuego, el zumbido de los proyectiles en sus oídos, y las esquirlas estallarón en el bajo, era un concierto de violencia, de ánimos de asesinar. Los destellos de las armas parecían cientos de luciérnagas iluminando el callejón. Dos ya habían encontrado el brazo derecho del Jethi de Bilingord, otros cuatro le pasaron lo suficientemente cerca de la cabeza como para preocuparle.

Cuando la escopeta no pudo más, Rise sacó la Beretta y corrió disparando hasta el auto, donde unos Dragones Negros pretendían adelantarse para bloquearlos. Ambos quedaron en el piso, con sus ojos vacíos y sus cuerpos inmóviles fulminados por los disparos,chocando contra los obstáculos del camino. Daniela recibió un disparo en la espalda de una sub ametralladora. El pelotón de fusilamiento no cejaba en su intento de matarlos, pero había algo más allá en esa calle, en ese barrio de mierda donde todo parece desesperanza y tristeza había algo que impedía que las balas encontraran su destino.

Rise alcanzo el auto, tiró la Beretta dentro tras romper el vidrio del auto con su codo y lo abrió de la forma que lo hacia siempre. La chapa del viejo Reno 12 comenzó a ser perforada por los proyectiles, Rise solo esperaba que no lograran dar con las llantas. Haciendo un esfuerzo sobre humano metió a Daniela por la ventana y saltó sobre el coche como en los duques de Hazzard. Esquirlas de balasos casi le alcanzan las manos, el capo quedo como un queso suizo. Pero Rise logró entrar y accionar el auto con sus poderes de Bilingord tan "inútiles" para Karl. Quien desde la puerta trataba de sacarse la bronca tirando a troche y moche sobre ellos.

Contra toda probabilidad, el auto arrancó y salió a una velocidad similar a la que Crisald le imprimió a su Audi unas noches atrás. Entre disparos, puteadas y reproches Rise y Daniela huyeron en dirección a la carretera, bañados en sangre, en mugre y polvo...pero más que sumergidos en un hermoso sentimiento de Victoria que hizo a Rise reír a carcajadas y a Daniela dormir desnuda en el asiento descascarado del acompañante. Detrás quedaban las luces de la ciudad y las sirenas de los autos de policía yendo a ver que guerra se había desatado en el bajo. Jamás darían con la respuesta, un Dracida de Bilingord simplemente había cumplido con su labor.

***
Bienvenidos a la Segunda parte de El Ritual de los Condenados 

domingo, 15 de julio de 2012

El Ritual de los Condenados VI

Capítulo VI
Un Vlaind de Rolando

La figura negra y seductora del nuevo Zitroen C4 que Crisald había regalado a Liena avanzaba por la carretera a una velocidad mayor a la permitida por la provincia de Platino. El cartel "Máxima 120" pasó totalmente desapercibido para los ojos del Vlaind, quien cuando tenía problemas gustaba de subir a alguno de sus muchos automóviles a quemar las llantas en las carreteras. Al igual que el cartel, tampoco pudo divisar la patrulla de caminos estacionada a un costado, donde el oficial Lacio estaba de guardia. 

Era de noche y de no ser por los poderosos faros y el antiniebla de aquella hermosa criatura, poco y nada vería el Vlaind. Alrededor la provincia de Platino vestía su mortaja negra y deprimente que tomaba tanto en verano como en el invierno.  Los graneros, los silos de trigo y alguna que otra chata estacionada al costado de la ruta no eran otra cosa que fantasmas en el rabillo del ojo del príncipe. Tenía su alto parlante al máximo y al costado de su asiento estaban los papeles que había recibido por parte de un amigo de la inteligencia que le debía un favor. No le gusto tener que rogarle a Marco Warren para que cumpliera con su promesa, pero aun trabajando para el MI5, Marco seguía siendo un Vlaind y eso era algo mucho más fuerte que los 20 mil balbans que le pagaba el estado por ser uno de sus mejores agentes. Y lo que era más importante, odiaba con toda su alma a los Dragones Negros. 

El Zitroen terminó de dar la vuelta a la curva y tomó la carretera numero 4 que llevaba al norte, Crisald iba con la ventana abierta y dejaba que, con frío y todo, el viento le diera en la cara como también en sus largos cabellos rubios sueltos al viento de la ruta. Apretó un poco más el acelerador. Delante el horizonte estaba lleno de penumbra, una larga masa de nubes avanzaba en dirección a la ciudad, su interior cargaba una tormenta eléctrica que comenzaba a gestarse a unos kilómetros de allí. Crisald, viendo que estaba en una recta (y ya que conocía el camino de memoria) apretó todavía más el acelerador y el Zitroen salió como un cometa contra viento y marea desafiando el silencio campestre de la campiña.

Mientras tanto Lacio, vio ese movimiento desde su posición y pensó "Bueno, vamos a ver cuanto le saco al pelotudo este.." y sin las sirenas encendidas y con las luces al mínimo fue detrás del auto. Pensaba en obtener unos buenos billetes de el idiota del Zitroen, no era la primera vez que lo hacia. Lacio estaba lejos de ser un orgullo para la policía, pero lo cierto es que aquella provincia apenas si tenía indice de criminalidad. Las guardias eran aburridas, el trabajo era feo y el no iba a dejar pasar la oportunidad de sacar su placa para, mañana o pasado hacer alguna compra extra en la ciudad. 
***

A pesar de no querer reconocerlo, el Vlaind estaba muy enojado. Le enfadaba tener que haberle mentido a Liena, una mujer tan bondadosa como inocente. Tener que sacar ventaja de la mente poco agraciada de su esposa le hizo doler el estomago. A penas si se reconoció a sí mismo unas horas atrás cuando discutieron en el apartamento.

"¿Por que te vas Cris? ¿Y por que necesitas mi auto?"
"Tengo que ir ya mismo a una reunión en Hellens dulzura. Va a tomar una semana o menos. Y el auto..."
"¿¡Que son esos agujeros en la puerta!? ¿Y que paso con el vidrio?" Decía ella poniendo sus dedos blancos y finos en los huecos que dejo la escopeta de Rise. 
"Me quisieron robar cuando pare en el bajo"
"¿Robar? ¿A vos?"
(odiaba que hiciera tantas preguntas)
"Si...robar, tiraron a una chica delante del auto. Cuando baje para ver si estaba bien me asaltaron. Por suerte solo me rasguñaron."
"¡Ay! te lastimaron la carita" Le dijo Liena, quien actuaba como si Crisald le estuviera diciendo que lo acababa de atacar un asesino en serie.  

En la cabina del auto, Crisald hizo una mueca de disgusto recordándose actuando como un idiota en ese entonces. Sabía que podría haberle dicho a Liena que lo había atacado un unicornio azul y que fue con su cuerno que este había agujereado la puerta y ella lo creería. O al menos le creería a él, probablemente fuera eso lo que más le dolía. 

El Celular comenzó a sonar, Crisald se detuvo a la vera del camino para atenderlo. La carrocería del auto hizo un alto cerca de un campo de maíz. Cuando estuvo fuera contestó:
- Hola Marco. Dijo Crisald apoyando sus espaldas en uno de los postes de alambrado. Aun sobre él y en algunas partes de aquel inmenso sembradío las estrellas titilaban todas.
- Lo que te di son los planos y una ficha del tal Jhon..ahora te conseguí lo que me pediste primero, pero no te lo puedo dar por escrito. ¿Tenes para anotar?
- Si, dame un segundo. - Crisald encendió la luz de la cabina y sacó de allí el anotador de Hello Kity que pertenecía a su esposa. Lo tomó para recordarla mientras ella no estuviera a su lado. Luego apoyó el simpático cuaderno en el techo del auto.- Dime...
- Bueno, en total hay un estimado de 30 personas los días de semana. Los Fines de semana son un poco menos, alrededor de 24 o 20. El personal de limpieza es humano en su totalidad al igual que los demás trabajadores del hotel. Eso nos deja entre 10 y 15 Dracidas en total. - La vos de Marco, un tipo frió como hielo sonaba apurada. Probablemente se había salido de la oficina para charlar con Crisald. 
- Listo, ¿Que más?
- Este tal Jhon es el líder regional del Bajo, maneja más que nada las apuestas ilegales, algo de la droga y según lo que pude averiguarte es un tipo bastante raro, tiene un "supervisor religioso" se llama Karl Godson, un jethi de Frigord con un prontuario de asesinatos bastante interesante. Acá en la ficha decía que él se define a si mismo como "un instrumento de Heills" y se cree una especie de pastor o juez. 
- ¿Karl Godson es un matón o tiene el nivel de Jhon?
- Parece que es el tipo que Jhon manda para apretar a sus enemigos. Si fuera vos me cuidaría, son 15 Dracidas, seguramente unos tarados y sin entrenamiento completo, pero los Jethis siempre te pueden dar una sorpresa. 
- No te preocupes, voy a saber manejarme. Gracias Marco, cuando esto termine te devuelvo el favor. 
- No hay problema, se las tengo jurada a esos hijos de puta. Ahora...tene en cuento esto Crisald: Los Jethis no solo usan armas de fuego...puede que ninguno de los matones del Chikis conozca en profundo sus poderes, a esos te los comes vivos...ahora, el de Frigord...me preocupa. 
- ¿Desde cuando le tenes miedo a un Dracida?
- No les tengo miedo, pero acordate que los de Frigord son los Dracidas mejor entrenados para luchar contra los Vlaind, te recomendaría que no te valgas solo de las armas de fuego. Si vas a entrar ahí vas a tener que usar todas las habilidades de Rolando...osea TODAS
- Eso me temo, lo cierto es que no me gusta mucho hacerlo...pero esto lo vale. Gracias Marco, nos vemos cuando este mejor de tiempo. No lo voy a olvidar.
- De nada y saludos a X cuando lo veas.

El permanente silencio y la calma de la provincia de Platino regresaron cuando Crisald cortó el teléfono. Encendió un cigarro con su zippo dorado y miró a las estrellas. Quería estar un tiempo fuera del auto antes de continuar su camino hacia "La casa de campo". 
"Mas de 10 Dracidas es un numero importante. Podría enfrentarme a dos o a tres, pero no a 10. Marco tiene razón...voy a tener que activar en serio la "Zona Tenebrosa" de mi mente antes de entrar ahí. La ultima vez que la use fue algo espantoso...apenas si me reconocí a mi mismo." 

Crisald cerró  el puño lleno de frustración..."La zona tenebrosa" de la mente de un Rolando es aquella que se activa para entrar en batalla, a menudo muchos tienden a creer que los Vlaind de esta orden tienen una especie de esquizofrenia. Pues tal y como Crisald, pueden pasar por los sujetos más amables, correctos, nobles y agradables que uno conozca. Pero si necesitan usar sus verdaderos poderes en un combate la frialdad más digna de un homicida despiadado los toma. Algo de eso ya había sucedido en el tiroteo en la casa de Daniela, los cuatro tiros en el vientre de Rick habían sido de puro gusto, sintió un placer grande al verlo lleno de huecos. Pero esa zona era peligrosa, a menudo si no se controlaba o si se usaba demasiado en busca de una victoria rápida, la zona tenebrosa podría comenzar a tomar la mente del Vlaind y dejarlo por siempre en ese estado de inhumanidad al que tanto temen sus enemigos. 

Crisald conocía muchas historias de parientes o amigos que habían terminado cambiados  por completo, al punto de tener ya otros nombres y modos. Aunque el Vlaind se aferrara a la idea de que Liena  y el amor que le tenía mantendrían aquella oscuridad controlada no estaba lo suficientemente seguro. ¿Que deseos ocultos? ¿Que ideas tan oscuras podrían despertar en su cabeza luego de entrar en el Chikis? Una vez estuviera sobre una pila de cuerpos, con la sangre en las paredes y los casquillos aun humeantes a su alrededor...¿No le tomaría a aquello un gusto demasiado fuerte como para retornar? 

La Zona tenebrosa de un Rolando es como un demonio que al probar una gotita de sangre crece y se vuelve más fuerte y despiadado a medida que ciega las vidas de sus enemigos. Es el poder, el deseo irrefrenable de convertirse en una suerte de Dios del miedo lo que hace que los Vlaind de Rolando tengan una historia tan violenta. Quien escribió "Las Artes secretas Auresianas" bien sabía esto y le valió la mente en su momento. Lo mismo le sucedió a Rolando cuando descubrió el libro y en base a las enseñanzas de Crodlock desarrolló sus poderes mentales y de ataque....solo que pudo controlar aquella otra parte de sí para sacarla a lucir en la batalla y convertirse en una pesadilla para sus enemigos. Claro que no todos tuvieron la misma  fuerza de voluntad que el señor. 

Crisald seguía allí parado cuando escuchó a una patrulla de Policía llegar hacia él. Siquiera le prestó atención cuando pasó junto a ella un tiempo atrás. Teniendo en cuenta lo ansioso y excitado que estaba manejando probablemente nunca la registró. Pero ahí venía con su sirena apagada listo para hincharle las bolas. 

El Vlaind tomó una decisión "Bien, Crisald, si tienes que activar tu Zona tenebrosa lo harás con una persona que lo merezca, nada de inocentes...veamos que tiene este muchacho". Correcto o no, era una buena oportunidad para constatar que aquellas enseñanzas tan controvertidas que tuvo que aprender en su adolescencia aun estaban allí.

De chico su padre le hizo practicar los ataques mentales con animales, cosa que a Crisald disgustaba tanto hacer que su padre no le habló hasta que destrozó el cuello de una gallina usando un poder llamado "Cabalgante" una ataque mental que provoca las mismas lesiones que una embestida de caballos. El suelo enrededor se abre como si las patas poderosas de los corceles de los Rolando llegaran con toda su pomposa acometida aplastando a los desgraciados enemigos.  Desde entonces no había vuelto a utilizar ninguna de estas técnicas, cuya mayoría son bastante crueles.

El príncipe cerró sus ojos y calló su mente para entrar en una concentración rápida, nunca había tenido problemas de atención durante su entrenamiento por lo que la primera parte fue fácil. Sintió que sus músculos se ponían más tensos y como la adrenalina aumentaba al escuchar la patrulla estacionar y al policía encender su linterna. Entonces aquella parte escondida de su mente, o de su alma, comenzó a hacer un sondeo de los alrededores y lentamente se acopló en su lado racional como un arma que se posa sola sobre sus manos, lista para disparar. Si el policía hubiera estado atento hubiera descubierto que la mano izquierda de Crisald había acomodado sus dedos de una forma que pareciera un objeto filoso. El Vlaind tenía el brazo izquierdo tan tieso como una piedra y con solo echar una mirada al Policía pudo entrar en su cabeza. Esto le produjo al Oficial una súbita jaqueca.

El hombre de azul le iluminó el rostro con su herramienta, tenía la pistola enfundada. "Veamos quien eres" pensó Crisald, relamiéndose mentalmente, sus ojos celestes se tornaron prontamente grises como una lapida. Pudo escuchar en su cabeza los pensamientos de su victima "A esta rubiecita le voy a sacar 500  Balbans, con eso va a alcanzar para el asado con los muchachos" 

Aquel demonio dentro de él, aquella sombra impiadosa y siempre dispuesta a regar la sangre de los inocentes para saciar su sed de provocar pavor abrió sus ojos y se sonrió. Quería que le temieran, que se arrodillaran ante ella con los ojos llorosos pidiendo clemencia. Las nubes comenzaron a arremolinarse por sobre ambos hombres, una brisa apareció en torno a Crisald y sus cabellos se movieron de un lado al otro al igual que su gabardina, sacudiéndose al viento como una bestia que refrena sus bríos infernales, como un Cancerbero que esta esperando a que su amo lo suelte para devorar a la presa. Para sentir sus huesos triturándose en sus poderosas mandíbulas y la sangre brotando de sus fauces.

- Documentos por favor y contra la alambrada señor. Dijo el Policía ya sintiendo temor sin aparente explicación.Un hueco se le formó en el estomago, una angustia o miedo difíciles de identificar. Pero a Lacio le recordó el tipo de terror que tenía cuando era niño a los fantasmas y los monstruos.

"Es una basura desgraciada...tiene dos hijos a los que golpea y una mujer a la que humilla" Supo Crisald luego de leer los secretos del oficial. "Es un golpeador de niños y de mujeres. Tiene un especial gusto por la pornografía infantil, aunque no tiene los huevos para ser un pedofilo...aun. Me voy a divertir mucho con este idiota..."

- Caballero, Documentos en mano y contra la pared  si sabe lo que le conviene- Escupió algo enojado el Policía. 

"Su vos titubeante solo deja en claro que esta cagado en las patas, ya me siente, ya sabe que esta atrapado" seguía pensando el Vlaind con su brazo aun tenso, como una escopeta lista para volarle el cerebro a Lacio.  
- Caballe...- 

- Buenas Noches oficial. Dijo el Príncipe haciendo el saludo militar y juntando los talones, sin ocultar que se burlaba de él. - ¿Cual es el problema?
- Superó el limite de Velocidad...- Dijo Lacio, cuya arrogancia cada vez parecía ser menor, no podía dejar de ver los ojos grises del Vlaind, que no parpadeaban ni parecían molestarse por la luz intensa de la linterna. - Haga lo que le digo...-
- ¿Yo?- Contesto Crisald mirando alrededor y encendiendo un cigarrillo. - ¿Usted quiere que haga lo que usted dice? ajajajaj, si claro. Vaya a hacerse la paja, pedofilo de mierda y déjeme en paz. - El Policía lo hubiera cagado a palos con el bastón, pero algo en esa sonrisa centelleante y perfecta le hacia temer, temer más que a cualquier otra cosa. Aunque no quiso, Lacio dio un paso hacia atrás.
- ¡Haga lo que le digo la puta madre!- dijo nuevamente. 
"El idiota tiene que gritar como un animalito asustado para que hagan su voluntad. ¿Con que eso te excita he? ¿manejar la voluntad de otras personas? Te voy a dar una lección de manejo mental botón de cuarta"
- ¿Es necesario Gritar? Creo que usted.- Crisald comenzó a acercarse. Lacio dirigió una mano a su pistola.
- Y yo...debemos tener una charla un poco más amistosa. ¿No lo cree?

Lacio empezó a sudar frió, y de pronto la brisa extraña volvió haciendo que el trigo se meciera de un lado al otro en el campo y que su auto empezara a hacer sonar la sirena sin explicación. Algo negro y tenebroso se poso entre los dos, Crisald soltó la cadena y se entregó a la zona


El Policía sintió que no podía moverse mientras veía como el Vlaind venia hacia él, sus botas negras relucientes hacían eco en la bastedad del campo. - Permiso. Dijo Crisald cuando supo que lo tenía bajo su total control y le apagó el cigarro en la mano donde el policía sostenía su arma. Antes de que el hombre pudiera reaccionar el Vlaind lo tomó del cuello y le estrelló el cráneo contra la patrulla, uno de los cristales de la sirena se hizo pedazos y le cortó algo del rostro.

- Tienes sangre como yo....¿Acaso esa pistola y ese uniforme te hace mejor o superior a mi Lacio?
- Ahora vas a ver pendejo de mierda. - Dijo el Oficial intentando recuperarse del golpe. 
- Lo dudo muchísimo.-Crisald lo pateó con toda su fuerza divina en una rodilla y la misma se doblo hacia adentro. El hombre cayo de rodillas gritando con sus ojos desorbitados por el intenso dolor.
 - Hay una ley superior a la tuya Lacio...- Dijo El Vlaind tomando la barbilla del policía, quien no dejaba de gritar.  
- ¡Hijo de puta...!-
- Tenes la lengua muy sucia...- Crisald le abrió la mandíbula de un solo movimiento, buscó su lengua con una mano y cuando la tuvo tiró de ella, arrancándosela sin ninguna dificultad. La sangre manó negra y espesa de la boca del oficial, sus ojos aun no podían creer lo que sucedía.  - ¿De eso te quejas tanto en casa verdad? Tu mujer habla mucho...No deberías golpearla por un problema que en verdad comparten. Y si...los niños son niños, superalo, no siempre van a hacer lo que decís. Menos azúcar y nada de Televisión es un buen remedio. 

Ya Lacio apenas podía balbucear algo inentendible. - Sí, eres la ley, pero las leyes de los Dioses como yo son más importantes y sus condenas mucho más terribles. Me cago en tu uniforme y me cago en tu código civil para viejas conchetas. Aca te dejo los 500 que necesitas, es una lastima que tengas que posponer el asado para ponerte una lengua nueva. -Puso el fajo de billetes en su boca sangrante.

El hombre cayó sobre el asfalto tomándose la boca, la sangre no dejaba de salir, no importara cuanto apretara, pensó que iba a morir desangrado.  - Y por último Oficial, le voy a enseñar una lección. Nunca salga con su autito de mierda creyéndose Robocop, ni siquiera cuando va al patio de esa escuela que tanto le gusta visitar en sus rondas diurnas para ver a las niñas.- Crisald apoyó su mano en el pecho del hombre y le arranco la camisa. El rostro de su victima, hinchado de lagrimas y hematomas estaba casi irreconocible debido al horror al que su cabeza estaba siendo sometida. 


- Porque siempre...siempre en esta vida y en este mundo bajo las estrellas hay alguien más loco que uno...Ahora veamos si este cuerpo puede aguantar el peso de su propia maldad. 

Lacio se quejó, sintió de pronto que el estomago se le hinchaba. Crisald encendió otro cigarro mientras le ponía la bota en el cuello y lo miraba disfrutando el espectáculo:

- La gente como yo, es decir un Vlaind de Rolando, tiene la maravillosa capacidad de condensar en un cuerpo humano todos sus pensamientos negativos: su lascivia, su orgullo, sus mentiras, su culpa, sus odios e iras. No es algo muy agradable, ese gas huele muy feo y necesita una vía de escape más grande. Primero va a sentir como su culo se pedorrea de una forma poco usual, luego de sus fosas nasales y de su boca va emerger un vapor negro como el carbón y cuando ya no pueda soportar la presión su barriga va a estallar en cien mil pedazos. Cuando lo encuentren tirado en el camino van a descubrir una especia de gelatina viscosa repartida entre la parrilla de su auto y el camino.

-mmmm!!!- Dijo Lacio sintiendo ya su ano lanzar un pedo fétido que le quemó las entrañas por dentro. 
- Si se dedicara a tener pensamientos más agradables de tanto en tanto, esta técnica seria menos efectiva en su contra . Pero usted decidió vivir como un cerdo...bien, morirá como un cerdo entonces. 


Tal y como dijo Crisald el gas comenzó a formarse dentro de su cuerpo para primero tratar de escapar por todos los huecos posibles, las sustancia negra comenzó a tomar la presión de una maquina de vapor, como la chimenea de una locomotora, sus fosas nasales se abrieron tanto que le rasgaron la piel y la nariz se fracturo producto de la erupción del gas. Luego el pantalón se le rajó y comenzó a quemarse debido al escape  de dicha sustancia y finalmente en el vientre cientos de pelotas aparecieron, tironeándole la carne, desagarrandole el peritoneo y los músculos. Su pecho era un montón de esferas del tamaño de un balón de tenis que intentaban mantener dentro lo que quería salir. 
- Pudrete, cerdo.-Ordenó Crisald con un ademan de su palma sobre la victima. Aunque se alejó de allí antes de quedar impregnado de las viseras del policía.

Pocos segundos después,  el cuerpo del oficial estalló de dentro hacia afuera, la sangre se abrió en miles de direcciones. Los ojos salieron disparados del rostro y la barriga quedo abierta. Todas las pelotitas estallaron al mismo tiempo hasta que solo quedo una forma irreconocible en el suelo, el gas salio al exterior y desapareció. 

El Vlaind, comenzando a abandonar de su cabeza la Zona tenebrosa, se subió al auto y encendió otro cigarrillo. Usar el poder llamado comúnmente "Locura Interna" o "Gas del mal"(Su nombres originales en Vlaind antiguo eran mucho mejores) era tan bueno como el sexo, por lo que requería un buen pucho al final.  

Se sonrió al verse a si mismo en el retrovisor, los ojos volvían a ser azules. "Si, fue espantoso, pero ese tipo era una mierda" Se dijo a si mismo mientras volvía a encender el motor.  Su ultimo pensamiento antes de dejar del todo su lado tenebroso fue "Bueno, veamos que hay en la radio ahora..." la música apareció y ya todo estaba bien otra vez. El auto aulló por la carretera y se perdió en el monótono paisaje mientras cantaba y bailaba como un niño que va de camping, regodeándose de su propio poder como todo buen Vlaind de Rolando.