domingo, 23 de diciembre de 2012

El Ritual de los Condenados XXI

Capítulo XII

El Poder del Otro lado del Círculo 


Liavenna observaba desde el balcón principal de su mansión la noche larga y estrellada. Los pinos y arboles de su ampuloso jardín se mecían con la calma de una brisa amable, algo raro en esta época del año. La tormenta de lluvia había llegado y pasado para descargar su nieve sobre Blondres y las regiones al sur. Pero eso no calmaba el corazón de Liavenna Enarmarr, una de las Damas de Allion, Suma Sacerdotisa en años mejores.  

Arcard llegó por detrás con mensajes desde Blondres, noticias que Liavenna no conocía pero que si intuía  pues su blanco poder de la visión y sus años en esta tierra la habían echo sabia y poderosa entre los Vlaind. Lo suficientemente importante para tener una especie de inmunidad dentro de la Nación Vlaind. Liavenna era una pieza de museo a la que todos los barones de Balbania acudían en busca de ayuda, favores o augurios,  consejo o consuelo.

Ahora viéndose a si misma y a las cosas que había hecho en los últimos años no podía sentir más que un triste remordimiento. Estaba escrito en sus cabellos de oro y en su rostro de plata lunar. En sus ojos verdes tan largos y tristes como el reflejo de las estrellas sobre aguas oscuras. Liavenna era en muchos sentidos lo más Vlaind que podríamos encontrar en varios Kilómetros a la redonda. Una mujer sola, que había subsistido a años y años en la reclusión de su casa, sin fiestas de ricos, sin trompetas ni grandes fortunas despilfarradas en idioteces. Una mujer nacida en los Salones de Balabord y que más allá de sus años mozos, pocas o ninguna felicidad real había conocido desde entonces. 

Y el grave problema de Liavenna, su maldición, era conocer desde hace cientos de años que estos eventos ocurrirían;  que la materia de la que estaba hecha el mundo todo un día se volvería contra su raza y sus Dioses. Pero, para ese momento ya las potencias de Balbania estarían muy lejos para prestar una mano. En ese futuro que conocía los Héroes y Caudillos de los años dorados no serían más que un recuerdo al que aferrarse no bastaba. 

- Illagros ha llamado Mi señora. - Dijo Arcard. - Dice que trae buenas nuevas para la Orden. 
- ¿Solo eso ha dicho?- Pregunto Liavenna sin dejar de mirar las estrellas. 
- Sí, ¿Por que lo pregunta?- Repuso Arcard.
- Si solo ha dicho eso, entonces miente o anda engañado. 
- No se a que va maestra...- Dijo Arcard.
- De haber matado a Crisald lo hubiera anunciado en primer termino. En su orgullo no hubiera evitado mencionarlo. 
- Bueno, creo que la reunión nos aclarara muchas cosas. En unas horas ya estará por aquí junto a su hermana. 

Arcard no dijo más y se preparaba para marcharse cuando Liavenna le dijo:
- Él ya esta aquí Arcard...
- ¿Quien Maestra?-
- Elogios. Ha llegado a Himburgo hace dos noches. Dijo Liavenna moviéndose hacia Arcard con su rostro compungido por la angustia  - Viene en busca de la muchacha también ..aunque no se todavía con que propósito  Tal vez despertarla definitivamente, pero su poder se extiende hasta Saint Custer, puedo sentir su pensamiento como una red que se teje en el sur, no he podido adivinar del todo sus intenciones más que encontrar a Daniela Vounsheim. 
- Bueno quizás esta vez las cosas sean distintas mi señora. Aun hay esperanza en nuestra gente.
Liavenna se recogió su abrigo y se sentó en un banquillo de piedra custodiado por un león del mismo material que abría sus fauces desafiante.
- He escuchado eso antes Arcard...Sabes igual que yo que Elogios no pertenece a los Avistos, sino a aquello que se gesta detrás, el martillo final de nuestra condenación, el poder del otro lado del Círculo. 
- Por el momento señora. Dijo Arcard tomando su mano. - Pensemos en lo que podemos hacer hoy, mañana sera otro día y con el siempre cosas nuevas pueden cambiar la causa de los acontecimientos. Lo principal ahora es encontrar a la muchacha y extirpar el mal que lleva en ella. 

***
La Antigüedad, Templo de Ungil.
Fue en los años en que Liavenna todavía sonreía cuando se celebró una gran fiesta en los salones de Alaysa y la Orden de Sixfrid, los años de oro en los cuales la guerra no era sino una loca idea y los Dracidas vivían como monjes en sus bosques en amistosa comunión con la prole de Namidian. En ese evento, donde todos los Vlaind de importancia asistieron Alaysa cantó una hermosa canción para Balabord y Liavenna cerro luego con su canto ritual entre muchas hermosas gentes que sonreían y bebían porque el presente era inmejorable y el futuro venturoso. 

Al caer la noche muchos decidieron quedarse en las estancias de Sixfrid, acompañados y atendidos por todos sus bellos sirvientes porque la primavera era radiante y los jardines del norte los más hermosos de todos el reino de Allion, con largas colinas verdes como un sueño y la figura radiante de las montañas al oeste. Porque en el templo de Alaysa se podía respirar aun la belleza de Balbania en su más florecido periodo y hasta los humanos tenían permitido morar por allí sin restricción alguna.

Como muchos esa noche, Liavenna se quedo a dormir en el templo de Alaysa, su mejor e inseparable amiga desde la infancia y entre las sedas de su cama bajo la pálida mirada de los astros tuvo sueños intranquilos que la obligaron a desistir de su reposo a la madrugada, cuando todos los demás volaban en sueños apacibles. 

Liavenna, vestida con su toga blanca ceremonial caminó entre las columnas de los aposentos buscando alguna compañía que le ayudara a pasar la noche insomne. Mas, aunque registró varios cuartos y salas, los únicos allí despiertos parecían los grillos y las bestias nocturnas que rondaban los bosques. Sin mejor cosa que hacer y francamente aturdida por sus sueños Liavenna caminó sin rumbo alrededor del palacio con su blanca  y bella figura siendo solo iluminada por la claridad lunar o por las ánforas de fuego en los pasillos. 

De esta manera la sacerdotisa llegó a un jardín en cuyo centro se alzaba una pequeña casa redonda con tejas negras y grises columnas. Un solo camino pavimentado en loza blanca llevaba hasta allí tras atravesar un puente pequeño y antiguo. Su curiosidad Vlaind, aumentada por sus conocimientos sobre la tierra y el mundo la llevó a investigar dicho lugar, que a simple vista no parecía más que una casa de servicio. 

Allí se dirigió con el suave beso de la brisa en sus cabellos y brazos desnudos. Cuando ingresó noto que en el suelo de dicha capilla había algunos canales de agua que bajaban de las montañas para formar un estanque artificial en el centro, que se encontraba en el patio interior de la casa. Maravillada por la hermosa arquitectura, rara y desconocida para ella, mujer del sur, poso sus ojos en el mismo y debajo de las cristalinas aguas de la montaña vio una pintura, la misma que muchos cientos de años después tendría en su oficina. La imagen de un dragón y un león cayendo a un pozo sin fondo, siendo arrastrados sin remedio a un vació sin nombre. 

A pesar de estar cubiertas por el liquido las figuras allí eran muy visibles y vividas, al reflejo de la luna hasta podría jurar que se movían todas en un mismo sentido: Hacia el abajo succionadas por el núcleo amatista fulgurante. Liavenna simplemente no podía apartar los ojos de este portento mágico y oscuro. Su inocente ser sufrió una herida irreparable al percatarse de que la pintura hablaba no solo del destino de su Raza sino también del que deparaba a todos los hijos de los Dioses:
El vacío.

El vacío oscuro, negro y sibilante, insensible  inconmensurable, inclemente vacío. Un futuro sin castillos, sin grandes reinos ni utopías, sin hijos, sin poder, sin gloria ni lamentos. 

Liavenna se aparto espantada de allí y poso sus dulces manos en su rostro rogando por que la visión se marchara de su cabeza. A sus 22 años conocía bastante bien los delirios sobre el fin del mundo. Cuentos y profecías que la aterraban desde que era una niña.

De entre la oscuridad de la noche emergió la figura felina y sensual de Alaysa con una jarra de agua en sus manos. - ¿Que te sucede hermana?- Le preguntó luego de que la auxilio para que se sentara en un banco de piedra.
-  ¿Cual es el horrendo artista que ha pintado semejante cosa?- Pregunto Liavenna.
Alysa se sonrió:
- Mi abuelo, Sixfrid.
- ¿Tu abuelo? No hace el solo pinturas y canciones que reflejan toda la belleza que nos ha traído el Don de Namidian.
- Si Hermana. Pero en este mundo no todo es belleza. También hay muerte, oscuridad y tristeza. ¿No me digas que no lo sabes?

Liavenna, sintiéndose una niña asustada sacó algo de su orgullo de Rolando:
- Claro que lo se. Solo me ha dejado algo perpleja...¿Como ha pintado tal cosa?
Liavenna se acercó junto  al cuadro debajo del agua, el murmullo de los canales rodeaba todo el lugar.

- Solo se que lo hizo luego de andar con tu abuelo, Rolando en las regiones del centro de Himburgo, en un lugar conocido como Aluth-Ann-Door, cementerio de los hombres de antaño que dominaron la tierra en los años perdidos. Mucho ambos han investigado la historia y Ruinas de aquel reino conocido como Notiel, que para los locales no es más que una leyenda.
- ¿Notiel dices?- 
Alaysa asintió  - Sí, el reino de los hombres, allá en lo que ahora se conoce como Hellens y según dicen las brujas y hechiceros de los hombres luego vinieron hasta Himburgo porque gran mal acaeció sobre sus tierras.
- Mi Abuelo Rolando proviene de dicho linaje, . Pero nunca habla demasiado de ellos pues grande es la pena que le trae recordar a los Caballeros Auresianos, del cual era parte hasta que los Dracidas los exterminaron.
- Sí, mucho dolor pesa sobre tu Orden Liavenna. Pero mi Abuelo también conoce dicha historia y mucho bien han traído investigando los oscuros secretos del mundo antes de nuestra llegada, cuando según dicen reinaban otros dioses. 
- ¿Entonces él la encontró en los túmulos de los Reyes paganos?
Alaysa se sonrió y le dio de beber algo de agua para calmar su ansiedad - Solo la pintó a partir de unos hongos que comió y los sueños que llegaron a su mente tras leer un libro llamado "Las Artes Secretas Auresianas", también encontrado en ese sombrío paraje. 
- Desconozco tal libro del que hablas. Mi abuelo jamas lo menciono. Y eso que el me instruyó personalmente muchos años...

- No es algo de lo que le gustaría hablar, como tu misma has dicho hermana. Pero su compañero, Sixfrid si me ha hablado largo rato acerca de él. Es un libro escrito por un tal Crodlock y en el están muchas de las creencias de ese tiempo. Un buen registro de tiempos que los hombres ya no recuerdan. 
- ¿Y porque no estaría en la biblioteca de Allion?- Pregunto Liavenna Curiosa.
- Porque tal y como Sixfrid, habla de cosas hermosas y cosas terribles. Según ellos, cruzando los mundos de los Dioses, El Essea donde descansan las almas puras, y el inframundo hay un lugar conocido como La Gran Sombra de donde todo se ha originado...¿En verdad jamas escuchaste esto?- Pregunto Alaysa sorprendida.

Liavenna se levantó frustrada, claro que lo conocía como todo Vlaind de Rolando  lo conocía.  El único mundo que no parecía entrar en ninguno de los cálculos de los eruditos, aquel cuyo origen es desconocido incluso para los mismos Dioses y que es la frontera de la Existencia. 
- Claro que lo conozco hermana, pero me aterra desde que era una niña. Es un lugar horrible y no quiero saber nada de él.
- ¿Es eso lo que te molesta del cuadro? ¿Saber que hay un lugar donde termina la existencia?
- No hermana. Dijo Liavenna con el miedo metido en sus ojos y frágil cuerpo. - Es el terror a terminar allí. Quizás mi abuelo no me ha dicho muchas cosas Alaysa, pero si he leído y me arrepiento del día en que lo hice. 
- Entonces si conoces "Las Artes Secretas Auresianas"...
- No, otro. Uno llamado "El Otro Lado del Circulo" escrito por un tal Arcon. Cosas de los hombres paganos de la antigüedad  pero muy convincentes y lógicas si se los compara con nuestros estudios de este mundo, a veces cegados por la fe que profesamos a Namidian. Allí leí todo sobre la Gran Sombra y sobre...sobre lo que dicen que hay detrás de la misma.
- Yo también conozco esa historia Hermana mía  Dijo Alaysa acariciando su mano para tranquilizarla. - Y mi abuelo no ha dejado de prestarle atención desde entonces a la Estrella de Misinas, ni mira en vano el cielo todas las noches esperando encontrar un fulgor amatista en él.

- La Devoradora. Así la llaman....- Continuo Liavenna - La Devoradora de Voluntades, duerme durante siglos hasta que su tiempo se aproxima, siempre escogiendo o llenando con su poder...No, basta, no quiero hablar de ello. ¡Son estupideces de hombres ignorantes!

- Hombres que han sabido leerla y estudiarla Liavenna. ¿Acaso no es natural que las cosas cambien? ¿No se mueve así el mundo desde que hay vida en el? Con levantamientos y caídas y renaceres de manera cíclica ..No entiendo tu temor Hermana...
Liavenna respondió enojada:
- ¡Eso es porque no!...eso es porque los Vlaind de Sixfrid nunca comprenderán en verdad lo que es la oscuridad ni lo que es el vació. ¡Imagina Allion cayendo bajo las llamas de sus enemigos! ¡Nuestra gente perdiendo una vez más el hogar que tanto ha costado conseguir! ¡Imagina la ruina de Balabord y el desespero de saber que no hay...- Aquí se quebró en llanto - Que no hay esperanza para los hijos de los Dioses. ¡Maldigo nuestra Inmortalidad y la mano torpe que nos la dio!

- Calma Hermana...- Le contesto Alaysa abrazándola y volviéndola a sentar. - Calma...Tu siempre has sido especialista en augurar buenas noticias. ¡Vas a quitarme mi Trabajo si sigues así - Le contesto riendo, la broma le saco una sonrisa a la triste Liavenna.
- Hermana, ¡Hermanita! ¿No nacemos acaso los Vlaind con aquella hermosa visión de todos los neonatos? ¿La recuerdas?
- Si.- Dijo Liavenna secándose sus lagrimas. - Un campo verde como el de este reino o mejor aun...y una luz radiante que casi te ciega, pero que al mismo tiempo te llena de amor, te llena de verdad y alegría como un adulto que descubre que ha nacido de nuevo. En ese rayo de luz, en ese amanecer no hay frió  ni guerras ni tristeza, ni melancolía que pueda vencer el espíritu ardiente que allí nace, detrás de las montañas, los bosques y los muros de la noche. ¡Como voy a olvidar la visión de la Era del Sol!, cuando el mundo sea uno otra vez y todo aquello que nació para estar unido vuelva a estarlo para siempre.

- ¿Cual es tu temor pues Liavenna si nacemos sabiendo que algún día todo estará como se debe?
- Mi temor, dulce Hermana, es que los Vlaind nunca lleguemos a verlo. ¿Sobreviviremos hasta entonces? ¿Crees que las torres de Allion se mantendrán erguidas por siempre? Ese es mi temor Alaysa no llegar a ver la luz al final de los Días. 
Alaysa la tomó por el brazo y la beso en la mejilla blanca:
- Eso dependerá, mi dulce Liavenna, de las decisiones que tomemos hasta entonces. 



***

Luego de tomar algunas cervezas en la puesta del sol, Daniela se retiró a dormir algunas horas antes de viajar. Rise dijo que lo harían durante la madrugada  por lo que una vez todas las provisiones estuvieron dentro de la Ford se fundió en un sueño tranquilo en el sillón de tres cuerpos de la sala. Miranda, que no había dejado de observarla como un ave que vigila su presa, se había sumado a los preparativos para el viaje. Tan pronto como noto que Daniela estaba dormida enfrentó a Rise en la delantera de la casa.

Afuera era una bonita noche, estrellada y templada. Las calles del poblado no mostraban signos de perturbación alguna y las estrellas brillaban tanto como podían en la campiña. Rise se encontraba tocando su vieja guitarra eléctrica con un amplificador del año del jope recordando sus sueños de rockstar que como mucho llegaron a tocar en algún acto escolar junto a su grupo "Boleto Capicua". En su cuarto, ahora habitado por Daniela aun había una antigua fotografía en blanco y negro de él y sus compañeros vestidos de traje junto a sus instrumentos.

Viéndolo así  sentado en un banquillo tocando la guitarra como si se tratara de un viejo granjero y su Banjo Miranda sonrió a sus adentros, el Dracida susurraba "Hit the Road Jack" y marcaba el ritmo con sus nuevas zapatillas deportivas. Solo alguien como Rise era capaz de despertar en Miranda una especie de ternura mezclada con cariño. 
- Siempre te gusto la buena música  tengo que reconocerlo. - Le dijo Miranda acercándole un mate que había preparado para ella.
- Y ahora me gusta esta porquería ..- Repuso Rise tomando del mismo. - Desde hace tres días que vengo haciéndolo  pero nunca sale bien. O, nunca como te sale a vos.

Miranda se sentó en el suelo y observó la noche estrellada, la palidez de su rostro adquirió una tonada de colores que Rise conocía demasiado bien porque a menudo había soñado con ella.
- ¿Como te las estas arreglando sin mi en la ciudad?- Preguntó Miranda.
- mmm, ¿Hasta que encontré a esta piba? Bueno lo suficientemente bien como para mantenerme vivo.
- ¿Y ahora?- Pregunto Miranda Cebando.
- No se...francamente a veces pienso que no tengo la menor idea de lo que estoy haciendo. Pero al menos estamos seguros por el momento.

Miranda pudo ver que Rise estaba bastante preocupado sobre la muchacha, por lo que asumió que no era su novia ni nada parecido, entre ambos había un lazo muy especial que ella no llegaba a "Leer" de la forma en que pueden hacerlo los de su especie. La Jethi de Sigmund cebo un mate más para Rise y le extendió un cigarrillo. Eran unos Jockey´s Race colorados.

- Bueno, si bien "no debería importarme"- Continuo Miranda con un tono irónico que saco una sonrisa a Rise - ¿Como encontraste a esa cosa?-
- Chica...-
- ¿Chica cosa?
- No...Chica. Ahora cállate que te voy a contar...

Rise le refirió toda la historia a Miranda sin omitir detalle mientras tomaban mate y comían unos bizcochos que habían comprado en el mercado cercano. Miranda escuchaba todo de la forma que lo hacen los Jethis de Sigmund, es decir como si se tratara de una hechicera o un mago. Rol que a menudo tenían los Dracidas de Sigmund cuando era necesario develar misterios de este tipo. Si bien los de Bilingord capitaneaban las compañías  los de Sigmund eran usualmente los mejores consejeros junto con los de Dalstein. 

Al terminar su explicación en los ojos de Miranda estaba impreso su desconcierto, aunque también su frió análisis de los hechos. - Osea que básicamente es una Jethi...¿Que mata otros Jethis?- Preguntó Miranda

- En dos ocasiones le dio una paliza a ese tal Karl. Un tipo que casi me deja en el suelo en todos nuestros encuentros. ¿Viste los Tanques que están hechos específicamente para destruir otros Tanques?
- Sí.
- Bueno el otro día estaba pensando en eso. Tal vez provenga de una Orden que no conocemos, algún secreto de hace muchos años.

Miranda Bebió de su mate y negó con la cabeza:

- Me he pasado la vida investigando la historia de los Dracidas y nunca escuche ni leí nada parecido a lo que me contas. En teoría  los que ponen las cosas en orden entre los nuestros son los Dracidas de Frigord, a ellos se les dieron las herramientas como para asegurar la disciplina y el cumplimiento de la ley de Heills. Ni siquiera Bob, en el bosque hizo algo parecido a lo que me decís de esta piba.
- Supongamos que es una Jethi...-Dijo Rise. - ¿Quien estaría interesado en crear una Orden o una Raza echa específicamente para asesinarnos?
- Esa es una muy buena pregunta...para la cual no tengo respuesta por el momento. Tal vez en el bosque pueda saber más del asunto.
- Pensé lo mismo, por eso voy a llevarla allá, es el único lugar donde puede estar segura de estos enfermos. Después tengo que consultar algunos libros, sea en el mismo bosque o en la Ciudad. 

La cara de Miranda no parecía aprobar esta decisión:
- ¿A Hosmusilias? ¿Al Santuario?
- Sí ¿cual es el problema?
- No, bajo ningún concepto Rise.
- ¿Que?
- No, es muy peligroso. Ni siquiera sabes que es, esa chica es muy peligrosa y más aun si esta rodeada de Jethis por lo que contas. 
- No tiene otro lugar a donde ir Miranda, se lo debo ademas. Salvo mi vida....
- Y también intento matarte...
- Sí, es verdad.- Dijo Rise afirmando. - Pero no lo hizo...
La Jethi de Sigmund levanto una ceja:
- ¿Vos me estas cargando no? Por lo que me contas tiene una especie de predilección a la hora de matar Dracidas. Si le da un ataque de esos en el bosque la van a matar y yo no dudaría un solo segundo en meterle una bala en la cabeza antes de que empiece así. Nadie en el bosque lo dudaría.
- Nadie en el bosque la atacaría sin razón.
- A juzgar por tus siete orificios de bala, eso no sería problema para ella. 
- ¿Entonces somos iguales a los tipos que la persiguen? ¿Así resuelven los problemas los hombres de Heills? ¿Metiendole una bala en la cabeza a cualquier cosa que pueda amenazarnos? 
- Nadie ha tenido piedad antes por nosotros. Solo cuidamos lo nuestro y a los propios, que son pocos.
- Aja, ¿Como los Vlaind ?- Rise se levantó frustrado y caminó hacia la cerca de la casa, donde apoyo sus brazos.

Miranda camino hasta el con el cejo aun fruncido:
- ¿Que es lo que tanto te importa de esta piba como para jugártela tanto?
- Tiene 18 años...el padre esta en algún lugar del sureste abrazado a una botella y la madre en una institución mental. Sumado a eso, los Dragones Negros por alguna razón quieren matarla a toda costa. Y en esa circunstancias llega a mi ¿Que tenía que hacer? ¿Que se supone que tenemos que hacer Miranda? ¿Que nos enseño Mitril en el bosque?
- El bosque es una cosa Rise, la vida es otra.-
Rise hizo un largo silencio y lanzo la colilla de su cigarro a la calle:
- ¿Vas a ayudarme no?
- No vine acá para eso. 
- Bueno, muchas gracias Miranda. ¿Y para que viniste?
- No dije que no iba a ayudarte tarado, dije que no vine acá para eso. Y los Jethis de Sigmund prestamos mucha atención a la manera que se dan los acontecimientos. Vine a hacerte una pregunta.
- A ver...- Pregunto Rise sin muchas ganas de escuchar.
- La torre norte, la torre de Hosmusilias, ¿Te acordas?
- Si que tiene...
- Jugamos una carrera, hace muchos años hasta ella...he tenido sueños con respecto a eso, sueños monotematicos. Si bien parece una tontería ..no se, me despertó una sensación muy extraña en los últimos días. ¿Que te acordas de eso? Yo solo tengo algunos fragmentos, a mi memoria viene la reprimenda que nos dio Mitril por ese asunto. 

La voz de Rise fue tomada por sorpresa por el pasado:
- Claro que me acuerdo. Dijo reaccionando. - No me puedo olvidar el cagaso que me daba ese lugar...
- Si, yo también me asuste.
- La torre no es lo único que me dio miedo ese día...Sino también lo dicho por Mitril después.
- ¿Que dijo?
- El me castigo porque yo te había instigado a correr por el sendero del norte, que solo estaba permitido a el y a los capitanes del Bosque. A vos te mando a limpiar las botas de los Maestros y alumnos a la lavandería  Pero yo me quede en su casa ordenandole los libros. Y a la noche, cuando estaba muerto de cansancio me lo encontré en el pórtico de su casa fumando y mirando al norte en la mecedora que tenía.
-Ajam.
- No recuerdo haberlo visto así antes. Se movía en la silla y fumaba, pero tenía los ojos o la cara como petrificada, creo que ni siquiera el sabia que la torre estaba ahí  Y, unos años después cuando le pregunte por el tema me dijo que nunca más había vuelto ahí "Porque en ese lugar no hay nada para los Dracidas"
- Esta bien, ¿Pero que te dijo esa noche?- Pregunto Miranda.
- Yo me acerque para preguntarle si podía volver a la barraca de los estudiantes. Pero estaba muy metido en sus pensamientos, murmuraba como siempre murmuraba a solas el viejo "Arcon...Tarcun...Elian" algo así.

Cuando se dio cuenta que estaba al lado el me sonrió y me agito los cabellos con las manos..."Eres todo un pillo de ciudad Kenneth, claro que si. Pero recuerda, la torre esta prohibida" Inmediatamente le pregunte porque. El contesto algo que no pude entender pero que me hizo desistir de toda intención de volver:

"Esa torre Rise es una ruina que pertenece a los hombres de antaño, cuando ni Jethis ni Vlainds existían y otras criaturas andaban el mundo junto a los primeros hombres. Al igual que las catacumbas de Aluth-Ann-Door era un sitio religioso. En ella, como en otros lugares que han pasado desapercibidos en los últimos siglos se guardan secretos que no han de ser revelados a nadie, hasta que llegue el momento. Claro, si tal momento llegase alguna vez."

- Bueno, eso suena como algo que Mitirl diría en el desayuno Rise...-
- Sí, pero algunos días después lo vi leyendo un libro con sus aires de místico. Como continuaba castigado en ese entonces espere a que se marchara a dormir la siesta para leerlo. Solamente había un poema, el resto de las paginas estaban en blanco. Seguramente el viejo lo podía leer con algún reactivo para que apareciera la tinta. Mas antes de que se desvanecieran las letras pude leer el titulo introductorio: "El Otro Lado del Circulo. Por Arcon, Sumo Sacerdote de Notiel. "Sobre la Composición del Et-Zuloth" luego seguía este poema...

Del Otro lado del Circulo hay una puerta
Del Otro lado del Circulo las tinieblas
son un velo que oculta las estrellas

Del Otro lado del Circulo hay una barrera
Que ningún dios se ha atrevido a cruzar
por temor a sentirse como un niño
ante el poder de lo trascendental

Y nosotros, los desgraciados
giramos en su circunferencia
andando como locos,
como fantasmas
buscando dentro
lo que se encuentra
fuera.

- ¿Como puede ser que te acuerdes de eso?- Pregunto Miranda sorprendida por la memoria del Dracida.
- Primero los Jethis de Bilingord tenemos una memoria casi fotográfica  lo que nos hace excelentes espías y exploradores. Segundo también esta escrito en la torre misma que mencionaste.
- ¿Como lo sabes?
- Porque volví ahí cuando ya me habían dado el rango de Maestro, recordando exactamente lo que me contaste.
- Yo no vi nada y la visite varias veces antes de venir a verte.
- Eso es porque no esperaste a que hubiese una luna menguante en el cielo, mi querida aprendiz. Le Dijo Rise palmeando su hombro a modo de broma.
Miranda le echo una mirada Furiosa.
- Te propongo algo Miranda. Dijo Rise. - Vos nos acompañas a mi y a Daniela al Bosque y yo te ayudo a develar tu pequeño misterio venido en sueños. ¿Es un trato?
Algo en los ojos de su amiga cambio, se levantó y camino en torno al patio, mirando en dirección al oeste:
- Por algo los sueños son estudiados por mi gente. Tengo la espantosa sensación de que ambas cosas están conectadas, para bien o para mal el tiempo lo dirá.
- Bueno, pero acá estamos nosotros dos como en los viejos tiempos. Perseguidos y curiosos como los Jethis de antaño.
***

Música
Las campanas del poblado cercano, Henrry´s Road, marcaban las 12 30 horas. La casa de los Enarmarr era una mole oscura y silenciosa donde solo dos ventanas se encontraba iluminadas por la amarillenta luz de sus arañas. La del salón de Conferencias, donde Liavenna conversaba con Arcard y la de Lauro su fiel y amable sirviente que había escuchado todo lo dicho anteriormente por ambos. 

Desde la llegada de el antiguo capitán del sur, Liavenna no había dejado de charlar con el sobre los viejos tiempos ni de arrojarse a sus fuertes brazos cada vez que la angustia o la duda la tomaban. Eso provocaba que Lauro se sintiera inútil  porque antes de que arribara el viejo Arcard tal había sido el papel del Vlaind de Hatanst. Ser la juventud y vitalidad que sacara sonrisas del bello rostro de la maestra. Mujer que a veces era tan fría como un tempano ártico y otras veces dulce y alegre como un elfo. Todo dependía de su estado de animo tan cambiante como sus pensamientos.

Lauro llevaba cumpliendo ese papel muchos años, desde que ella y los demás Vlaind regresaron a Himburgo derrotados por los Avistos, desde que los últimos muros orgullosos levantados por los Vlaind en alguna nación sucumbieron ante el fuego de lo inevitable: El cambio de las épocas y los giros del mundo. 

Lauro era un hombre fiel a la Orden, fiel a la Nación  pero más que nada fiel a Liavenna. Mujer que lo rescató del suelo cuando Elogios, capitán de las fuerzas enemigas se enfrentó con él en Horrísono combate frente a las puertas del reino del sur, una mañana gris en el duro invierno austral. A diferencia de los Vlaind de Rolando, quienes pertenecen a la Orden de Hatanst tienen como mayor virtud la lealtad y desde hace más de 500 años Lauro pagaba su deuda con la salvadora de su gente.

Sin embargo era un engaño que a veces ni el mismo llegaba a creerse.  La verdadera razón por la cual el permanecía al lado de la Sacerdotisa era porque la amaba y la amaba de una manera tan especial que callaba cuando la señora tornaba (por breve tiempo casi siempre) su corazón a otras personas de la Orden. Como sucedió cuando conoció al padre de Crisald. Hombre irresponsable en casi todas sus relaciones amorosas y que a menudo salia corriendo ante la idea del compromiso. Persona que Lauro tuvo la satisfacción de ver morir. 

La amaba de una forma tan extraña que podía soportar que Liavenna fuera a veces algo parecido a una madre, otras a una amiga y en otras ocasiones su amante. Aunque siempre fugaz en este ultimo papel, Lauro sentía una cierta satisfacción en ser la piedra de apoyo de Liavenna, que no tenía hijos ni parientes a los cuales tornarse cuando la acosaban las pesadillas o la tristeza. 

Hace mucho tiempo que el Vlaind de Hatanst venía en este rol, pero en los últimos días se había reducido a una especie de Mayordomo milenario de muchos poderes. Atendiendo el teléfono y llevando las buenas o malas noticias a su jefa. Sentado en su estudio personal mirando pasar el día y la noche dentro de la casona. Afilando su espada y su lanza, lustrando las armaduras, haciendo un inventario de todas las armas y dando directivas a la seguridad de la casa. Pero en lo emocional, en el rol de consejero y compañero había sido reemplazado por Arcard. Hombre que había luchado a su lado tanto contra los Jethis como contra los Avistos, pero que desde ya ese tiempo había conseguido ganarse el corazón de Liavenna. 

Pero Arcard, con todo su petulante orgullo, pose de rey Arturo y largos conocimientos sobre el mundo y sus cuestiones apenas si se había preocupado en esos años por el corazón de la joya de Allion. Alguna tarjeta de Navidad y año nuevo y nada más. Seguramente tenía muchas más responsabilidad como Baron en Hellens, seguramente había estado muy ocupado siguiéndole la pista al misterio de los Avistos...Pero eso no le daba el derecho a...a reclamar lo que no era suyo. 

Lo mismo para los demás idiotas, Illagros y su hermana. Todos vejestorios de la Orden que ahora aparecían como parásitos para aprovecharse de los planes de su maestra. Porque, para Lauro, a ninguno de ellos les interesaba realmente el hecho de que estuvieran enfrentando los pasos previos al apocalipsis de su especie. Sino que querían tajada de lo que viniera después si Liavenna triunfaba y al menos en el caso de Illagros no estaba tan errado.

Hace tres días que Lauro venía viendo a su Maestra languidecer debido a todos los contratiempos que surgieron, el asunto de Crisald, la muchacha tan escurridiza y encima ahora la peor de todas las noticias: Elogios había llegado, tal y como predijeron que lo haría luego de la derrota en Hellens. Y si él estaba presente significaba que el Poder del Otro lado del Circulo también. Había pasado antes y no estaban preparados para evitar la debacle. La idea fundacional de la Orden del Umbral era evitar que eso ocurriera de nuevo o mejor dicho definitivamente. 

Los pasos rápidos que llegaron desde el pasillo alto y sombrío lo sacaron de sus elucubraciones. Con la figura llegó el frió de afuera y el viento que rodeaba la silenciosa casona, envuelta entre las sombras de la noche y las estatuas que vestían los corredores.
- ¿Lauro?- Dijo Illagros quitándose los guantes de cuero. 
- Era hora de que aparecieras...- Contesto el Vlaind sin mucho afecto. - ¿Y bien ya se murió ese traidor?
- Sí, Alaysa nos hizo el favor. 
- ¿Esa traidora? ¿Que hacia con él? ¿Como le conf...- Illagros, para el cual Lauro no valía mas que el lava copas de su mansión en Brusia lo detuvo
- Se muy bien lo que hago muchacho, voy con Liavenna para que comentarle  todo el asunto. ¿Ya llegaron las armas?-
- En dos horas, tu hermana también te esta esperando en los cuartos de arriba. La Señora quiere celebrar la reunión lo antes posible así que apúrate. 
- ¿Y que paso con Sarcant?- Pregunto Illagros otra vez con ese tono de noble que  Lauro tanto sacaba de sus casillas.
- ¿El valioso Vlaind de Gerardie que nos enviaste?-
- Sí, no me hagas perder tiempo.
- Lo encontraron decapitado en Oldbridge Town, Karl llamó y aviso hace unas horas.
- ¿Y que paso entonces con la muchacha?
- Se escapo...- Dijo Lauro con una sonrisa de satisfacción. - Parece que en Brusia no están acostumbrados a lidiar con estas cosas...
- Ahórrate tus comentarios, llama a Karl y decile que si no mata a esa piba para Ayer, yo mismo lo voy a ir a buscar para arrancarle los huevos y ponérselos en la garganta. 

Illagros se marchó donde Liavenna al grito de Namidian nas ot bespoleznykh !  -¡Namidian nos libre de los Inutiles!- y Lauro hizo una mueca de desprecio hacia el. Finalmente se sentó en su escritorio y no hizo nada de importancia como en los últimos días. 

***

Una Historia Vlaind hasta la Medula

A pesar de todo la batahola de pensamientos entre deprimentes y furiosos que venían sobrevolando la cabeza de Lauro, ese día tuvo la satisfacción de ver a Illagros humillado por su maestra delante de los demás miembros de la Orden.

Liavenna había reunido a Arcard, Illagros, Lauro, y Katiana (hermana del Bruso) en el salón de conferencias y reuniones de la Casona. Finalmente todos habían llegado a excepción de Sarcant, cuyo cuerpo se enfriaba en la morgue de Oldbridge Town y era apropiadamente examinado por los agentes del MI5.

Sentados en sillas caras aunque acordes a la decoración todos formaban un semi circulo que se cerraba en torno a Liavenna, quien a su lado tenía a Lauro, distinción con la cual el Vlaind de Hatanst se sintió ligeramente recompensado tras ser ignorado en los días anteriores. Cada uno de los tres restantes esperaban a que la señora, vestida con un largo vestido negro al cuerpo y una gema azul como collar sobre su busto hablara. Tras ver a cada uno de sus viejos amigos a la cara dijo:

- Aquí están los mismos que juraron, en tiempos remotos regresar en caso de que la estrella de Misinas volviera a mostrar sus rayos sobre nuestras cabezas. Mi corazón se colma de alegría  mas no aun de esperanza al ver de nuevo a los presentes. Por que en los vaivenes de esta tierra algunos han muerto y otros , como Alaysa, apartado

Todos devolvieron la gentileza de una manera muy caballeresca. Pero Illagros vio algo en la cara de esa mujer que lo hizo sentir incomodo y no sonrió más.
- Esta es la situación: La Estrella de Misinas ha regresado- Dijo Liavenna con su voz haciendo eco en la sala rica y abovedada
- Con ella el primer Avisto en despertar de su largo letargo, una mujer conocida como Daniela Vounsheim que es, si nuestros estudios han sido correctos, el faro de luz que seguirán otros como ella a medida que despierten sea en este tiempo o en algún futuro cercano. Si la chica vive lo suficiente pronto sera tomada por el poder que vive en su interior y reunirá en torno a los demás Avistos dormidos formando un ejercito cuyo único propósito sera la aniquilación total de nuestra especie. Esta Orden del Umbral fue fundada con el objetivo de evitar que esto suceda, haciendo uso de todos nuestros recursos, sin embargo por el momento hemos fallado.

- Las razones del fracaso son dos, principalmente  Por un lado el heredero de los Larenthguer nos busca con el propósito de vengar la muerte de su padre y eso ha dejado a nuestros aliados, los Dragones Negros, inoperables por el momento. La segunda razón es que la Mujer llamada Daniela es acompañada por un Dracida desconocido que la ha llevado al norte logrando evadir a Karl, el otro miembro faltante en esta reunión  Ya Sarcant ha caído bajo la espada de él o uno de sus amigos y ahora esperamos más noticias por parte del Jethi de Frigord.
- Poner a un Dracida a manejar tal tarea ha sido un error mi señora- Interrumpió Illagros - ¿Como se entiende que un vagabundo y una adolescente se le hallan escapado tanto tiempo a un hombre de su poder? Dejad que me encargue de ello mi señora.
- Karl es un Dracida y sabe como atrapar a uno mejor que nadie. Y si se le ha ido de las manos es porque recién ahora comprende la magnitud de aquello a lo que se enfrenta Illagros. Cuestión que aparentemente tu compañero Sarcant no ha llego a entender, siendo el un Vlaind.

Liavenna Continuo:
- Ahora la peor de estas noticias tengo que anunciar: Elogios, el capitán de los Avistos al que nos enfrentamos en la antigüedad también esta aquí  en Himburgo. Todos sabemos, que más que un Servidor de Heills es la cabeza de lanza de algo mucho peor que habita Del Otro lado del Circulo. También busca a Daniela, aunque el propósito de esto desconozco. Mas si ha servido antes entre los Avistos probablemente intente despertarla para acelerar los acontecimientos de la futura guerra santa.
- Nuestra Especie y la de los Jethis pende de un hilo Señores. Nos ha tocado a nosotros cargar con la pesada responsabilidad de evitar el Vacío que le depara a ambas de ser determinado nuestro exterminio, sea ya por los Dioses o por La Estrella de Misinas, que hambrienta de voluntades utilizara toda su fuerza de influencia sobre quienes intentaran destruirnos.

Ilagros levantó su mano nuevamente sonriendo como un campeón. Liavenna le dio la palabra:
- Por mi parte traigo buenas nuevas que añadirán claridad a este panorama tan sombrío al que nos enfrentamos: Crisald ha muerto. En un último acto de redención para con nosotros Alaysa lo ejecutó en un callejón de Blondres. - Illagros esperaba gratitud pero solo recibió un extraño silencio.

- ¿Muerto dices?- Pregunto Liavenna.- ¿Y porque no ha venido a unirse a la Reunión Alaysa entonces si ahora, de repente, ha cambiado de opinión?

- Por temor mi señora. Sabe que ha echo mal en alejarse de nosotros, más daño hizo juntándose con el traidor de Larenthguer y como es sabia ha cometido un pequeño acto en favor a la Orden y la Nación.
- Conozco bien a Alaysa. Dijo Liavenna tras acercarse lentamente a la silla de Ilagros. - Es una actriz maravillosa, pero mejor aun cuando el publico es torpe e ignorante. - Illagros ya no se reía pero Lauro sí.

- Pero Señora, ella juro por su Titulo de Sacerdotisa de la Nación y su reputación ante todos los Barones que así haría. ¿Que no vale la palabra así?
- Valdría en tiempos de Allion Illagros. Dijo Liavenna. - Mas no en el mundo moderno. No lo ha matado, siento aun el espíritu del joven al que salve alguna vez cuando estaba enfermo en su niñez. Tengo un lazo fuerte con su familia. - Tomo la barbilla de Illagros - Mas has matado a su esposa, Liena ¿No es así mi querido y estúpido Vlaind del Oriente?

Illagros comenzó a balbucear y a sudar al ver en los ojos verdes de esa mujer, que pasaban de la santidad de una monja a la umbría de un Nigromante:
- Ella...ella trato de salvarlo y...ademas le dijo lo que, lo que hicimos a su padre. No podía dejarla con vi vida.-

Las luces de las arañas que iluminaban el cuarto y los veladores comenzaron a titilar, la oscuridad se poso en las mentes de todos los presentes y la figura de Liavenna parecía crecer como una torre de sombras sobre un páramo oscuro y vació.  - ¿Que...que tiene de malo maestra?
- Mataste a tu propia Sobrina, mi protegida en tu familia Illagros. ¿Te ordene hacerlo? ¿Te dije que la mataras Campesino pedestre devenido en noble?
- Pero...pero..-
Los ojos de Liavenna eran ahora como dos remolinos azules girando concentricamente y la palidez de su rostro era como la mirada de la propia muerte. Illagros no pudo evitar soltar lagrimas frías de temor, detrás de ella podía ver columnas de oscuridad que se envolvían en torno a su radiante y terrible figura.
Todo se desvaneció con una bofetada por parte de la Maestra que lo dejo en el suelo con la marca de sus dedos en la mejilla. Liavenna volvió al tono de voz normal:

- Solo les has alentado a continuar. Era suficiente con que supiera que Liena había formado parte del asesinato de sus padres. Ahora tiene una razón más para matarnos a todos.

Lauro dijo:
- ¿Pero podrá con todos nosotros Señora?-
- Nunca subestimes la furia de un Vlaind de Rolando. Si todos nuestros recursos estuvieran puestos en asesinarlo sería capaz de ir en persona a hacerlo. Pero cuando los planes que hemos desarrollado en los últimos años están prontos a llevarse a cabo no podemos girar tanto esfuerzo a acabar con ese muchacho. Si ahora anda con Alaysa todo se ha ido al demonio, estará aquí en el momento menos oportuno. - ¿Quien se encargaran entonces de Larenthguer?

La Hermana de Illagros levantó su mano. Una mujer de cabellos rubios y pelo corto, vestida con un vestido mitad blanco y mitad negro, de profundos ojos verdes y rostro orgulloso:
- Viendo que mi Hermano ahora tiene una deuda contigo mi señora, yo la pagare. Seguiré su rastro y terminare con dicho problema.

Liavenna asintió:
- Bien, prepárate entonces ahora. Larenthguer esta en Blondres pero algo me dice que no se quedara mucho tiempo allí  Menos si ahora Alaysa es su guía  - Katiana se despidió de todos y fue hacia el cuarto de armas donde luego esperaría instrucciones precisas de Liavenna.

Después de haber visto una pizca del poder de Liavenna todos permanecían silenciosos y se ahorraban cualquier comentario innecesario.
- Segunda cuestión. Dijo Liavenna - Si Karl falla en su tarea. ¿Quien seguirá a la muchacha y al Jethi?
Illagros levantó su mano tímidamente:

- Yo lo haré  De esa forma probare que estaba en lo correcto al apuntar que es un error darle a un Jethi de Frigord una misión como esa. - Todos lo miraron con desprecio, aunque Liavenna se Sonrió.
- Bien, tendrás tu oportunidad de mostrarme tu valor e inteligencia. Cosas por las cuales te he escogido tiempo atrás  espero que recuperes la buena Senda Illagros y apartes de ti el orgullo que ahora llevas. Si Karl muere o es derrotado tu lo reemplazaras, mas tus chances de fracasar no serán tantas como las del Jethi. Porque si Karl muere entonces nuestro apremio sera mayor y mucho menor mi paciencia.

- Por ultimo. Prosiguió la mujer.- Dejo una tarea a la cual no me gustaría enviar a nadie, por más que mi corazón  lleno de pena, ahora lo hace. - Dijo mirando a Illagros. - ¿Quien de todos ustedes, hermanos, tendrá el valor, el arrojo y el sacrificio de enfrentarse a nuestro más súbito y secreto enemigo?- Liavenna comenzó a caminar entre ellos:
- Todos ustedes han hecho votos de juramento y saben a quien me refiero. ¿Cual de todos los Guardianes del Umbral tendrá la heroicidad necesaria para enfrentarse al verdadero mal que nos aqueja?

El viento hizo notar el profundo silencio que cayo en torno a la reunión  un cuervo grazno cerca de allí  pero todos lo escucharon como si se tratara de la propia muerte esperando escogerlos. Todos se miraron entre si, nerviosos, porque sabían bien a quien se refería  - Lo se amigos, es una tarea desesperada y sin ninguna opción de éxito más que una escasa oportunidad. Pero hemos de actuar antes de que Él llegue a la muchacha y comience una guerra que desangrara la prole de los Vlainds hasta el último baronasgo de esta tierra. Y si no la encuentra viva a ella, su plan sera buscar a otra, porque tal y como nosotros puede esperar otro milenio a que eso ocurra.

- ¿Quien enfrentara a Elogios capitán de los Ejércitos de la media luna amatista? Ángel de la desesperación y el vació.

Arcard se paro con su aspecto de Caballero de la mesa redonda:
- Esa tarea me corresponde, porque el es oriundo de mis tierras y por que soy el más viejo Vlaind a excepción de usted mi señora. No le temo al vació ni a la muerte, partiré tan pronto como lo disponga.

Liavenna en su forma de Bruja se desvaneció  Lauro solo vio allí a una mujer que ve repetirse la historia una vez más y que augura para si un largo invierno de tristeza que a la vez es inevitable. Con una mano en su pecho la Maestra le echó una mirada desgraciada y triste. Arcard le sonrió  tratando de darle el aliento que solía otorgarle en el pasado, cuando detrás de el marchaban las columnas doradas del ejercito del Sur.

- No, yo iré.- Dijo Lauro. - Mucho ya han hecho los demás en pos de nuestro Juramento, mientras yo me he quedado aquí al servicio de mi Señora. Quiero ahora salir a enfrentar al hombre que destruyo mis sueños de una larga y pacifica vida en el reino perdido.
- Lauro...- Susurro Liavenna. - Te necesito conmigo fiel sirviente de la Orden de Hatanst.
- Para contestar el teléfono y ser el pájaro de mal agüero no me entrenaste mi Señora. Soy tu primer caballero, quien primero comprendió vuestro mensaje y el primer en jurarte lealtad eterna. Es lo que me corresponde por devoción a usted. Y si es tan oscuro el futuro que me aguarda, al menos no tendré que verte llorar una vez más por el infausto destino que nos ha tocado.

Dos largas lagrimas a destiempo cayeron de los ojos de la Dama de Allion pues frente a si veía todavía al joven Vlaind de Hatanst que la acompaño en el cruce del mar de Hielo hasta las costas de Hellens, con la tristeza detrás y la esperanza delante. - Bendito seas Lauro. Le dijo acariciándole el rostro. -Y malditos los tiempos que nos han tocado vivir.
- Siempre a su servicio, Mi Maestra.- Repuso Lauro en una reverencia.
- Que así sea entonces mi hermoso Lauro. Tu gente siempre se ha sacrificado por los demás hasta el limite, no esperaba nada distinto de ti. - Ahora, con estas decisiones tomadas, cada uno a su tarea sin demora, porque de este grupo de gente depende la especie toda del Ramkkara.
***

Poco antes de las 3 de la mañana Lauro se encontraba en su estudio esperando que Liavenna le diera la orden cuando Arcard llegó con el rostro apesadumbrado. Cerró la puerta tras de sí y le dijo por lo bajo:
- No tienes que hacerlo Lauro. Deja que los ancianos resuelvan problemas de antaño.

- Todos los consejos que tenga que recibir serán de parte de la señora-
- Todos los consejos que recibas pueden salvarte la vida. ¿Crees que con la muerte vas a ganar su corazón?
- No, eso...- Dijo Lauro guardando en un bolso sus armas y armadura. - Ya se lo quitaste muchos años atrás, Arcard.
- ¡Es una locura Lauro! ¿Crees que porque una vez te enfrentaste a él sabes lo que él Significa? Solo alguien como Hatanst mismo esta a la altura de tal enemigo. Estas tirando tu vida por una...
- ¿Por una Mina?- Gritó Lauro. - Es eso lo que significo siempre para vos y para el padre de Crisald. Una vieja y hermosa loca para usar de partener en fiestas. Como una anciana con una fortuna que todo el mundo quiere heredar. No es así para mi. Ahora, aléjate de mi camino que tengo que ir a preparar las cosas.
- Cuando vayas allá, pasa por la habitación de tu Señora tan amada y decime si tu idiotez la esta haciendo más feliz en este momento Lauro. Liavenna nunca va a volver a ser la misma que conocimos, porque a pesar de todo no guarda ninguna esperanza en ella. Por eso se apartó Alaysa y por esa misma razón mató a Larentguer. Con tu tumba no secaras ninguna de sus lagrimas.

- Es probable, pero la tuya solo le provocaría cavar una a tu lado. ¡Ahora déjame en paz y adiós!

El Vlaind terminó de reunir todos los instrumentos para la batalla. En un bolso llevaba su Espada  forjada en el reino de Allion, utilizada por la vanguardia de las tropas de Hatanst en los años dorados. Un hermoso ejemplar de su tipo que se manejaba a dos manos. También  en caso de que fuera necesaria tenía la clásica lanza de dos filos y su armadura. Todos estos objetos mágicos no necesitaban ser llevados por un escudero. Haciendo uso del don de Namidian podían armarse y desarmarse en un instante. Para transportarlos solo se los reducía a piezas del tamaño de un juguete para niños. La armadura, por otra parte, se invocaba por medio de las palabras adecuadas.

Lauro llegó al jardín delantero de la casa donde Liavenna lo esperaba, sus hábitos negros habían sido ceremonialmente cambiados por los blancos que utilizaba en las ocasiones importantes. Su rostro no albergaba ninguna alegría al ver a su sirviente más intimo partir al norte, donde Elogios se dirigía.
- Parece que nadie más va a venir a despedirme. Dijo Lauro sonriendo.
- Yo misma así lo he querido precioso Lauro. Porque nadie más te ama lo suficiente como para que sus palabras sean sinceras, excepto tal vez el viejo Arcard.
- En otro tiempo habría una comitiva de Trompetas.- Contesto Lauro con sus cabellos negros siendo agitados por el viento.
Liavenna Sonrió. - Elogios esta yendo al norte, lo encontraras en tu camino hacia allí  Se dirige a un poblado conocido como Triton Parade. No daré ningún consejo, pues sabes bien a quien te enfrentas y conoces sus trucos mejor que muchos aquí. Y cualquier cosa que te diga, podría ser usada en tu contra.
- Lo se mi señora, se bien lo hábil que es confundiendo las cosas. Eso nos ha llevado hasta aquí.

Entre él y ella había una distancia prudencial como la de una reina y su caballero. No hubo trompetas ni cantares, tampoco bardos que registraran el episodio. Pero Lauro se dio media vuelta sin decir adiós y camino por los jardines de la mansión hasta el auto que lo aguardaba fuera de las rejas negras. Sobre ellos las estrellas brillaban fulgurantes como en los viejos tiempos. Liavenna observaba ahora acompañada por Arcard.
- ¿Quieres que lo siga mi señora?
- No hará falta Arcard, yo ya lo estoy haciendo por ti.

No quedaban muchos tipos como Lauro en este mundo. Personas que llevaran sus Juramentos hasta que la muerte les impidiera cumplirlo. A pesar de su "juventud" a comparación de los demás Vlaind de la Orden Lauro era la clase de Vlaind que recordaba a los viejos Señores de Allion, siempre dispuesto a todo con tal de arreciar las sombras que se cernían sobre su gente. Dado a proteger los corazones Gentiles de las personas que amaba, aun cuando la suerte se había echado para él y los suyos muchos siglos atrás. En otras palabras ya no quedaban muchos Vlaind, de verdad.

No había esposas arrojando flores debajo de los pies de Lauro, ni sacerdotes llamando a los poderes del mundo a que le dieran la victoria, ni sol a cuestas ni poesía. Aunque si estaban las lagrimas de Liavenna, con su rostro tornado a los hombros de Arcard, con su túnica de sacerdotisa resplandeciendo ante la luna y su amado héroe marchando bajo la silenciosa vigilia de las estrellas y el susurro del viento.






miércoles, 19 de diciembre de 2012

El Ritual de los Condenados XX

Si esta fuese una serie, estos serian nuestros títulos  Es el Book Trailer de la novela, que lo disfruten. 

Capítulo XI

Los Hombres las Prefieren Vlainds

Oldbridge Town 17 Hras

Música
Los nuevos lentes oscuros de Miranda le daban un aspecto más temible que moderno. Su motocicleta, La niña andaba las calles del pueblo perturbando su silencio con el rugido de su motor, largo y sostenido, controlado pero listo para salir pitando si era necesario, tal y como Miranda o como cualquier Dracida bien entrenado. 

Era la tarde, la noche anterior se le había complicado bastante tratar de sanar rápidamente de las heridas dejadas por Sarcant. Pero mientras todos dormían  en Oldbridge, la Jethi de Sigmund se internó en los bosquecillos que se encontraban detrás de la estación de trenes y como una gata vencedora pero herida descansó a usanza de los Dracidas del Bosque. Bajo un largo pino mirando las estrellas con su espada sobre el regazo y la mochila a modo de almohada. 

Para Miranda, la vida de cualquier Jethi debería ser así:  sin ataduras, sin hogar permanente ni familia. Su predilección por las viejas leyendas de Elfos que a veces contaba el viejo Mitril siempre la hacían soñar con una vida en el camino, sin documentos, ni escrituras, ni seguros de vida o desempleo. Era en parte por ello que había aprovechado esta oportunidad para abandonar sus tareas como maestra y "ver que pasa".

Ahora la batalla con Sarcant la había revitalizado, era el tipo de aventuras que le gustaba oír y vivir. Por lo que si Rise estaba en algún problema era mejor para ella, siempre era bueno estar en movimiento y no parar, no parar jamas. Deslizándose de una forma casi suicida por las curvas cerradas el poblado, Miranda llegó al viejo barrio obrero donde Rise le había comentado que tenía su casa algunos años antes. Al no poderlo encontrar en el refugio supuso que el Dracida era los suficientemente tonto o ingenuo como para estar habitando su vieja casa familiar. 

Como hemos dicho antes Rise y Miranda tenían una cosa en común:  ambos venían del mundo de los hombres, ninguno de ellos contó con la gracia de tener padres Dracidas en el Bosque o de haber nacido en los años de esplendor de su gente. Ni él ni ella tenían deseos de entregar sus poderes al estado Himburgues o Bruso (el más cercano y mejor contratista que Occidente, según se decía) Pero la diferencia entre Rise y Miranda era principalmente que la Dracida de Sigmund había abandonado su pueblo y Familia natal sin demasiados problemas, o de hecho, sin remordimiento. Desde allí Miranda vivió con aquel concepto de "No parar, no parar nunca" con la motocicleta robada 20 años atrás a un motoquero en una convención anual llamada "Biker Monsters of the Road" que se celebra en The Kings Valley.

El Jethi de Bilingord, fiel al modo de actuar de su Orden no podía evitar sentir cierta responsabilidad por cada hecho desafortunado de su vida, para su suerte no de forma patológica.  Pero el lazo entre su tierra natal y su vida errante era algo que le solía provocar cierta nostalgia. Como si se tratara de un príncipe antiguo que ha abandonado el Burgo en busca de una solución para matar al dragón que acosa la aldea. Por Miranda, Vincent Town podría arder en las llamas del mismo infierno, siempre y cuando ella se encontrara muy lejos del mismo. Dado este tipo de cosas, era estúpidamente fácil encontrar a Rise si se lo conocía.  Aun si estaba escapando de algo o alguien. 

Mientras el disco dorado del sol se escondía en el oeste, La Niña y Miranda llegaron a pocas cuadras del hogar del Dracida. Ella pudo ver la camioneta estacionada frente a la casa y dos figuras. Una debajo de la misma, como reparándola y otra de una mujer más pequeña alcanzando herramientas. 
- Rise...- Dijo Daniela luego de alcanzarle a Rise un trapo para limpiar sus manos. 
- mmm-
- Creo que viene alguien de...ellos. 

Rise y Daniela habían decidido de común acuerdo dejar Oldbridge y dirigirse al norte. El Jethi no estaba convencido aun de librar a su suerte a la muchacha en el bosque de Hosmusilias, pero lo cierto era que Karl seguía ahí afuera y como dragón dormido regresaría más fuerte y furioso que nunca tan pronto como se repusiera. 

Luego de dejar la iglesia y comer algo en Los Cinco Gatos habían oído las noticias referidas no solamente al tiroteo frente a la Biblioteca sino también a la decapitación de un desconocido en la vieja zona industrial. Al ver que más gente seguramente se estaba sumando a la cacería de Daniela decidió que marcharse lo más rápido posible era lo mejor que podían hacer. 

El Jethi de Bilingord buscó debajo de la camioneta la escopeta y emergió debajo de ella al escuchar el sonido de una moto aparcando en la acera de su casa. La cara que tenía Daniela no auspiciaba nada bueno, estaba viendo a esa persona con un dejo de temor difícil de explicar. De modo instintivo ella dio algunos pasos atrás como un animalito asustado frente a un cazador de los bosques. 

Envalentonado por lo que habían sido los últimos días Rise se paró junto a su arma al grito de :
- ¿¡Y ahora que mierda quieren!?- Pero al instante en que sus ojos se cruzaron con las verdes joyas de Miranda en sus cuencas un cumulo de canciones de la adolescencia junto a muchos sentimientos encontrados lo dejaron sin aliento. 
- Busco a un Jethi de Bilingord que se llama Rise.- Dijo Miranda bajando de la Moto con una sonrisa que no pudo evitar por mucho que lo intento. - Es medio boludo, pero buen tipo. 

El Jethi de Bilingord abrió sus brazos, desnudos por la sudadera, en un amplio abrazo alzando una risa sincera. - ¡Magiclick!- Le dijo haciendo referencia al apodo que le daba en la infancia por la costumbre de su amiga al prender un cigarro haciendo uso de sus poderes con un solo dedo. 
- ¡Cenicero de moto!- Contesto Miranda. Pues para ella los Jethis de Bilingord eran casi inservibles en tiempos de paz.

A pesar de todo dejo que Rise le abrazara y le devolvió el gesto. - Daniela...veni..- Comenzó a decir Rise cuando se percató tarde la mirada lapidaria que Miranda le estaba dirigiendo a su compañera. El entusiasmo por volver a ver a su querida y amada amiga se desvaneció lentamente como el vapor. Daniela, por su parte, salio detrás de la camioneta con cautela. 

Hubo silencio, un silencio religioso y expectante. Daniela saludo con un tímido hola y se quedó mirando a Rise. Miranda tornó sus ojos al Jethi y por lo bajo le dijo:
- Que...o quien es...eso

Para cualquier Dracida de Sigmund bien entrenado, que ha leído libros del tamaño de una enciclopedia toda su vida una especie desconocida no es algo que se encuentre todos los días.  Rise no desconfiaba de Daniela por que era consciente de su ignorancia acerca de muchas cosas como esas. Pero Miranda, maestra de la Orden de Sigmund, podía identificar todas las rarezas dentro de los Jethis y Vlainds. No tanto por su apariencia sino más bien por la sensación que producían en una primera mirada. Lo que le hacia sentir Daniela en este preciso momento era Peligro y Confusión.  O una Dualidad lo suficientemente fuerte como para ser sentida a la distancia.

- ¿Es tu nueva amiga? ¿La de la tele?.- Ahora las palabras de Miranda sonaban a reproche, como si Rise fuera un estudiante de su clase. Encendió un cigarrillo con sus manos y se quito los lentes oscuros. 
Rise bufo por lo bajo.
- ¿Sera que siempre tenes que andar con un palo metido en el culo vos?
- Eso me mantiene viva y sobria por cierto.- Dijo Miranda al sentir el hedor a Whisky barato que salia de la boca de su compañero. 
- Es una larga historia y no estoy pidiendo tu aprobación y tampoco la necesito. 
- En el bosque todo el mundo pregunta por vos...-Siguió Miranda mientras caminaba junto a él hacia la parte trasera de la camioneta, donde Daniela aun se escondía de sus ojos verdes. - ¿Donde andabas? ¿Por que te fuiste?
Rise cerro el baul, puso toda su frustración en ese acto. ¿¡Que no podía decir "Hola Rise que bueno verte!'
"
No, ahora recordaba, Miranda siempre había sido así  A pesar de que tenían la misma edad solía tratarlo como a un hermano menor. Y aunque fuera cierto que ella le había enseñado muchas cosas mientras estuvo en el bosque (ella ya era una aprendiz cuando él arribo) Miranda parecía a veces tener la obligación de decirle a todo el mundo que era lo que tenía que hacer.- Supongo, Miranda, que no viniste hasta acá para preguntármelo.

El Jethi se sentó en el pórtico de su casa y tomó una cerveza de la pequeña heladera que había encontrado en el antiguo garaje  - Así que podes sentarte conmigo y tomarte una birra y conversar o podes seguir dando clases en el bosque. No tengo tiempo para pelotudeces. -

Miranda reculó en su actitud al notar que estaba molestando a Rise, lo cual claramente no había sido su intención  Pero era algo natural en ella ser brusca con las personas, especialmente con aquellos que más quería  - Perdón ..dame la birra.- El Jethi le hizo una señal a Daniela para que se acercara. Como un blanco conejito la chica caminó unos pasos nerviosos hacia la mirada inquisidora de la mujer.
 - Ella es Daniela Vounsheimm, la estoy ayudando con unas cosas. Daniela, ella es Miranda. Podes confiar en ella, no es un Dragón negro.
- ¿Dragones negros?- Pregunto Miranda - ¿Que mierda...
- Shhh, ya te explico. Ahora decirme que haces vos acá Magiclick....

***

Música
Era de noche y nevaba, venía siendo de noche demasiado tiempo para Crisald. Lo suficiente como para estar ahora a ciegas sobre el cuerpo de su esposa. Si había planeado algún divorcio tranquilo, con palabras, discusiones, abrazo amistoso y cenas una vez al mes para ver en que andaba cada uno, dos balas de la Tokarev de Illagros le habían ahorrado tiempo y dinero. 

Ni la montaña de oro que podría conseguir de su vieja casa familiar servia de algo ahora, tampoco los casquillos disparados, ni los muertos a cuestas. Tampoco el poder de los Vlaind, la furia de Namidian, la religión  el amor o el odio. Ahora nada de eso le era de utilidad alguna, estaba justo donde había comenzado  siete años atrás. Solo, de noche y ahogado de tristeza y de rencor. 

Debajo de los copos de nieve que seguían cayendo del cielo, como diamantes que resplandecen en la mortecina luz de la noche y la ciudad, Crisald se sentó a su lado con las espaldas apoyadas contra el muro de ladrillo. Alaysa le había dado el golpe de gracia dejándolo allí, con la bala y el arma, como también el celular. Pequeño aparato que, según su anuncio, guardaba la ultima revelación de su sanguinolento camino.

Alli sentado, el Vlaind de Rolando no le estaba prestando mucha atención al dispositivo. Sin embargo era consciente de que en sus datos, entre sus circuitos minúsculos  su cobre y cadmio, estaba la ultima frontera. Aquella que X le advirtió un tiempo atrás  "¿Que tan lejos se puede ir?" o mejor dicho "¿Que tan lejos se puede llegar?". 
- Lo suficiente como para que tu mujer termine con dos balas en la espalda.- Pensó el Vlaind. - o como para pegarse un tiro en la cabeza.- El Vlaind encendió un cigarrillo y echó un vistazo al cielo, nublado y cargado de hielo descendente. El motor de los autos haciendo ruido en la avenida a la que daba el callejón  los hombres comiendo en un Mc Dowals justo en frente, las luces oscuras de las calles sombrías  La acera húmeda  con lustro de congelamiento. 

Liena nunca debió haber llegado a ese mundo. O tal vez los Vlaind jamas debieron haber salido de la mente de Namidian. Claro que hubo algo mejor, como lo que Liavenna y Alaysa conocieron, pero ese algo era ya inalcanzable e irrepetible. Cuando uno se ponía a jugar con el mundo y su camino, cuando uno intenta retener entre sus manos lo que nace libre, suceden estas cosas. Un príncipe de una raza milenaria proveniente de uno de los Dioses más poderosos del Kelleth termina sucio, mojado y herido en un callejón junto al cuerpo de la única persona que realmente lo había amado. 

Como una sombra, luego de quemar el cuerpo de su esposa haciendo uso de sus poderes, Crisald salió a caminar en medio de la nevada sin rumbo ni deseos, sin pasos certeros ni cálculos en su cabeza. Era una momia negra, alta y sucia con una Desert Eagle dorada en sus manos andando como un fantasma entre los vivos en el limite entre el bajo blondres y el barrio rico. Sus lentes oscuros redondeados encubrían la mirada de alguien que ha perdido todo propósito de vivir. Aunque se llevó el celular consigo no lo revisó, ni siquiera pensó en él. Cruzo las calles sin importarle las señales de transito. Choco viejas y adolescentes que salían a divertirse, se ganó un par de puteadas de los transeúntes por empujarlos. 

Siendo ya las dos de la mañana, tras cruzar hacia el bajo, alcanzó una avenida donde varios monoblocks se apilaban uno al lado del otro como enormes cementerios para vivos, o prisiones. La runfla usual andaba en la calle pero nadie miraba a Crisald porque ya no había nada para observar allí  ni siquiera el fuego que tenía la ultima vez que anduvo por esas calles. 

Mientras sus botas hacían crujir el hielo en las calles un destello blanco lo cegó temporalmente. Atontado y  deprimido dio con una cruz de color neón blanca encaramada sobre una puerta en forma de arco. No era una iglesia tradicional, estaba echa de material y pintarrajeada por todos lados por los chicos que marcaban sus muros con graffitis. La cruz titilaba a manera de cartel de casino.

Debajo de la misma se podía leer "The Arcangel Hill" (La Colina del Arcángel) en color rojo prostibulario. Otro anuncio en la puerta, de madera pintada a mano decía "Hoy chocolate caliente gratis para los vecinos, Deja que cristo llene tu copa" Algún gracioso había dibujado un Smily con aureola guiñando un ojo.

Crisald se quedo observando la cruz aparecer y desaparecer en la oscuridad de la noche, sintió el calor y el silencio proveniente desde dentro de la iglesia. - Venga y sírvase algo hombre. - Dijo una voz joven y amable. - Al parecer lo necesita más que yo.

El Vlaind frunció el ceño, porque usualmente la gente no le habla de ese modo a alguien que esta armado y ensangrentado por todos lados, no le habla como si fuera algo natural. Por lo general optan por el seguro silencio,aun siendo un cura muy joven como era este. 
- Pase, que se va a congelar. Dijo el hombre de lentes y sotana con una sonrisa inconfundiblemente sincera sobre sus cabellos blancos. 
- Ese lugar no es para mi, padre. Repuso Crisald, cuyas palabras salieron acompañadas por el vapor que producía la temperatura.
- ¿En serio? ¿Y porque hijo?- Contesto el Padre Merry.
- Porque no tengo la suerte de ser...de obtener... perdón. Me depara un infierno tan frió como este...
- ¿Entonces eres creyente?-
- No. 
- ¿Y de que infierno hablas?...
- De este, aquí y ahora. Esto me depara todos los días de mi vida...Entrar o no a la Iglesia no es algo que vaya a cambiar mi vida. 
- Antes de cambiar tu vida hijo. Dijo el Padre Merry entre sonriente y resignado. - Piensa en como cambiar la de los demás, solo así se encuentra el verdadero camino al cielo. No hay otra forma.- 
- Pase los últimos años tratando de conseguir el cielo para la gente que no se cuenta entre los vivos y a cambio solo conseguí el infierno para todos los que me rodeaban. 

El padre Merry lo observó tan cansado y deteriorado como un anciano joven. El había visto a los Vlaind muchas veces, incluso durante su tiempo de esplendor, pero nunca se había encontrado con un hombre tan cansado, ojeroso y desesperanzado. La milenaria raza del Ramkkara estaba reducida a una ruina, a un espectro debilitado por los años.
- Es por eso que estamos aquí  - Dijo Merry. - Han errado demasiado tiempo en la tierra sin propósito.  Su sufrimiento conmueve al señor y Él quiere llevarlos a donde pertenecen, a su lado, en su dulce regazo.
Crisald recibió sus palabras como si fueran vacías y estúpidas.
- Vamos hombre, pase y cuénteme.
- Ya le dije que no. Vaya a hablar con las viejas o los drogadictos del barrio. Ellos no tuvieron elección  Yo la tuve, siempre tuve la posibilidad de hacer las coas...bien- Dijo Crisald moviéndose en círculos como tratando de buscar un lugar en ese barrio a donde ir. Buscando el hogar que ya no tenía, porque su apartamento sin Liena no era una casa. Sino más bien una estructura entre cuatro paredes bien amoblada.
- Ajam- Contesto el Padre.
- Y siempre las hice mal. ¿Como se llama eso Padre?
- ¿Que cosa hijo?
- Cuando durante años una persona tiene la posibilidad de andar el camino correcto, tiene la posibilidad de elegir como eso que llaman "el libre albedrío" y sin embargo siempre toma el camino incorrecto, pudiendo elegir el apropiado.

El Padre Merry se sonrió y le dio a beber un poco de su petaca con Ron. Crisald la bebió como si se tratara de la última especie de aquel licor en la tierra, hasta que la bebida se le salió por la comisura de los labios.
- Eso se llama Humanidad, según mi parecer.
Crisald le devolvió la petaca.
- No sea condescendiente conmigo, eso se llama mal. Esa es la clásica y pura maldad.
Merry hizo silencio y se persignó.

- Si, es posible hijo. Pero el camino no ha terminado, ¿o me equivoco?- Dijo El padre y Crisald tuvo la extraña sensación de que ese desconocido sabía exactamente de lo que hablaba.

Crisald miró en dirección a la cruz de Neón y vio la nieve posarse sobre ella como una bandada de pájaros sobre tendido eléctrico, le recordó a los cementerios que venía visitando desde hace siete años. Debajo de la tumba de Liena seguramente levantarían una igual, perdida entre otras cientos iguales y arruinada por los años al la inclemencia del tiempo. "Liena Larenthger, amada esposa, flor de la inocencia -5974-5999" y eso sería todo. Eso no podía terminar así, no debía terminar así. Esta vez la historia sería distinta a la de sus padres.

El Vlaind miró su Desert Eagle dorada manchada por la sangre de varios enemigos matados a quema ropa. Revisó el cargador y la accionó hacia atrás rápidamente. Luego revisó el teléfono dejado por Layla.
 - No, aun no ha terminado padre. Ahora ya no se puede detener. Crisald se alejó de allí a la dirección que Alaysa había dejado en el celular. El Padre Merry volvió su rostro a las estrellas y una ráfaga amatista le cruzo los ojos. - Es verdad amigo mio, ya no se puede detener.

Uno de los asistentes voluntarios de su capilla llego con un celular:
- ¿Señor?
- ¿Si?
- Aquí me dicen que la Señora Vounsheim esta en la institución mental "Golden River" ¿Quiere que le reserve una visita?-
- ¡Gracias hijo!, seguro. Déjame el numero anotado, yo voy a hacer el llamado mañana.
El adolescente cristiano hizo como Merry le ordenó.

***
Delante de la fachada de unos bonitos apartamentos apareció la figura fantasmal de Crisald. El hombre de seguridad en la puerta hizo un intento de queja cuando este subía por las escaleras bien iluminadas por faroles de globos redondeados. - No se meta en lo que no le importa y déjeme pasar. - Le ladro Crisald luego de empujarlo. El sujeto cayo al suelo perdiendo su gorra gris.

Solo basto una mirada de sus ojos grises para que el hombre de Seguridad no hiciera ninguna llamada. El Vlaind cruzó las puertas y fue derecho al ascensor  Una pareja de ancianos lo observaron con terror en el lobby. El pling del ascensor sonó antes de que pudieran huir de allí.
- ¿Sube señora?- Pregunto Crisald con una sonrisa de psicótico que la habría matado de un paro cardíaco.
Ambos negaron con su cabeza congelados por el temor que les inspiraba el Vikingo moderno. Las puertas del elevador se cerraron con el Vlaind dentro. La música bossa nova del mismo comenzó a irritarlo cuando estaba ya en el piso 3, Alaysa vivía en el 7.

Llego al pasillo alfombrado y con perfume de rosas. Caminó cansado pero decidido hasta el 7 B. Al fondo del mismo una bonita puerta blanca clásica lo esperaba. Golpeó la puerta con tranquilidad. La mujer apareció esta vez con una bata negra y sus cabellos a ambos lados de la cara, una sonrisa cómplice en su perfecto rostro indicaba que se había bañado por que lo estaba esperando. Lo miro de arriba abajo con sus ojos celestes y espeto:
- ¿Preparo café?
Crisald apoyo su brazo en la puerta.
- Primero Cojemos y después me contas ¿Dale?
Alaysa se quitó el cinto de la bata y Crisald....bueno ya se imaginan....


sábado, 1 de diciembre de 2012

El Ritual de los Condenados XIX

Capitulo X
El Precio de la Verdad

Comienzo de la Nevada


A pesar de la tensa situación  muchas sino variadas palabras resonaban dentro de la cabeza del Vlaind de Rolando. "Tio" "Alaysa" "Fiesta Familiar"....todas dichas por Liena,  su inocente y buena esposa que parecía conocer muy bien a las otras dos personas de importancia en el circulo que formaban las pistolas y los rifles. Todas gentes relacionadas, directa e indirectamente, con el asesinato de su familia. En medio de todos esos cañones fríos y plateados, de bocas negras y gatillos fáciles, estaba ella...
Liena
su esposa
su mujer
Liena

No era una ecuación muy difícil de resolver. 

Como esperando a que el Vlaind reaccionara el tiempo pareció detenerse un segundo delante de sus ojos para mostrarle a Crisald lo ciego que estaba y andaba. Tan torpe y loco como un anciano recién escapado del geriátrico que no puede reconocer una persona de otra, un hijo de un vecino... entre un amigo y un enemigo. 

El colorido mundo del Dites Corner había sido reemplazado por el estacionamiento de un edificio viejo y gris. Las luces de tubo sobre su cabeza ya no brillaban en blanco sino más bien en un verde enfermo y lacónico, afuera sobre la rampa de servicio llovía a cantaros, el agua caía de a montones sobre Blondres y se filtraba por las alcantarillas, llevándose mucha de la sangre derramada desde el Bajo hasta aquí.  Los transeúntes  en su fin de semana volaban hacia sus casas, bares o boliches y los autos arrasaban con los charcos producidos en las veredas. Todo iba hacia abajo en una dirección cada vez más oscura y tenebrosa.

Una gota de sudor le bajo desde el cuello hasta el dedo indice donde tenía apretado el gatillo, se deslizó con gracia de bailarina rusa hasta el mismo mecanismo de acero del AK 47 que sostenía.
 - Baja las armas Crisald . Le dijo Illagros de manera amable, Liena miraba sin entender o sin deseos de hacerlo.

- Parece que todos se conocen acá - Dijo Crisald. Los Soldados de Illagros agitaron sus manos, creyendo que iba a disparar, pero la presencia de Alaysa los detuvo, algo en su mirada cambio tan rápido como el viento en primavera. - Soy Illagros Zarovich de Sipea, Barón de la provincia oriental de Teleko en Brusia.
- Es un buen Hombre Cris...- Añadió Liena, quien finalmente comenzaba a dilucidar por su cuenta lo que estaba sucediendo. - Es el hermano de mi papá- Hizo un gesto de genuino asombro - ¡No tenía ni idea que era Baron de Brusia! ¿No es genial Querido?-
- Deja que yo maneje esto Sobrina...- Le dijo Illagros por lo bajo a Liena.
- ¿Tu familia siempre se presenta con una veintena de Asesinos a un lugar querida? ¿O es solo una pintoresca costumbre familiar?- Dijo Crisald de manera irónica.
- No tienes ni idea de lo que Hablas Larenthguer. Respondió Illagros. - Has ido demasiado lejos en esto, tu comportamiento es inexcusable. Ven con nosotros y no hagas que el apellido de tu padre quede manchado por siempre debido a tus coléricas acciones. Pudiste haber resuelto las cosas por el camino de la Nación, pero es tarde para eso.
- ¿Tarde según quien "Ivan"?- Repuso Crisald de Manera desafiante.- ¿El consejo? ¿El Gran Barón de Blondres? O una pseudo secta de idiotas como "Los Guardianes del Umbral"?

Un trueno se dejo escuchar en las  afueras, las miradas de Crisald e Illagros se median la una a la otra como dos animales que intentan adivinar quien sera el más rápido en dar el zarpazo. El Vlaind de Rolando no había escuchado hablar del tal Illagros sino en algunas ocasiones mientras vivió en Hellens con la familia de Liena. A menudo lo llamaban "El tío Rico" pues era el socio mayoritario de la "Kaime Oil" junto con los Pilling, otra familia importante del norte de Himburgo. Illagros manejaba muchos de los contratos de petroleo en el oriente. Ningún barón de ese tamaño iba a venir en busca de un loco como él, a menos que tuviera una indispensable razón para hacerlo, como guardar un secreto, por ejemplo.

Illagros Zarovich de Sipea era uno de los pocos barones Occidentales que tenía territorios del otro lado de la Cortina de Hierro, donde gobernaban mayormente los Vlaind del Oriente. Tenía quizás tantos años como la misma Liavenna  y había sido en tiempos antiguos un destacado barón que lucho a su lado al igual que Alaysa y Arcard, junto a su hermana componía uno de los miembros fundadores de "Los Guardianes del Umbral" y tenía toda la confianza de Liavenna para el manejo de estas situaciones. De ellos era el único Vlaind de la Orden de Gerardie que había investigado las misteriosas capacidades de los Sheegan (Vlainds de Brusia y otros países eslavos) una especie dentro de la propia orden que había utilizado el don de Namidian de una forma bastante particular.

- ¿Y bien?- Pregunto Crisald. - ¿Quien te manda?-
- No te lo dirá nunca.- Dijo Alaysa poniéndose entre ambos. - Conozco demasiado bien el secreto que este hombre guarda como para saber que no se lo diría al propio Balabord si este se lo pidiera. De la misma forma que tu padre tampoco te contó nada antes de su muerte.
- ¿Mi padre?- Pregunto Crisald.
Alaysa asintió y tomó de la mano de Illagros su pistola Tokarev. - Hermano, deja que yo me encargue del chico Larenthguer por el amor que un día me unió a su padre; No ha de morir en manos de un desconocido.
- ¿De que Hablas?- Repuso Illagros Extrañado.
- Liavenna ha tenido razón todo este tiempo.- Comenzó a sollozar Alayza. - El Vacío nos espera, no pude o no quise verlo...ahora todos los eventos que ella ha augurado han acontecido. Déjame que, como sacerdotisa que soy de la Orden de Sixfrid de una ejecución digna de su apellido a Crisald. El merece saber la verdad antes de morir...

Illagros dudo por un instante de la veracidad de las palabras de su ex compañera de aventuras.  Pero si algo sabía hacer muy bien Layla era actuar, sin contar con que su rango de Sacerdotisa (en uso o no en la actualidad) lo obligaba a confiar en su palabra, al menos en un primer momento. Quitó la Tokarev de su mano y la cargó. - Sabes que estoy poniendo en tus manos el destino de nuestra orden y tal vez de nuestra raza Alaysa. Debes jurarlo por tu Adria.
- Bien. Contesto ella.
- Y por tu rango.- Antepuso Illagros para asegurarse de que la cosa iba en serio. - Si no cumples con tu palabra ya no albergaras más posiciones de privilegio dentro de la Nación.
- Cumpliré con ella con gusto, Illagros. Antes no quise hacerlo, en la casa de los Larenthguer porque tenía miedo de que Liavenna hubiera enloquecido, ahora se que no es así.  Haré lo que me corresponde como Sacerdotisa del templo de Ungil. Pero debes dejarme a solas con el, pues ni tus soldados ni Liena han de conocer aquello por lo que juramos eterno silencio.

Ilagros se acerco a su oído:
- Si esta vez nos abandonas Alaysa, ya no te unirá a nosotros ningún amor u Honor. Te recomiendo que, en este caso, te atengas al plan por tu bien.
-He aprendido mi lección Illagros, déjame a solas con él.

Crisald veía y oía todo esto. Pero lo que en verdad estaba creando un torbellino de pensamientos en su cabeza era el hecho de que su esposa solo miraba a los presentes con un nerviosismo que el Prosac que tomaba no era capaz de calmar. Como si supiera la verdad o al menos la mitad de ella. Tan pronto como Illagros y sus soldados empacaron para marcharse dos de ellos la tomaron delicadamente de los brazos y trataron de subirla a la camioneta.
- ¿Que van a hacer con mi esposo?-
- Nada que te incumba sobrina, cosas de los hombres de la familia.- Contestó desde el volante Illagros.
- ¿Lo van a ma...a..maa...-
- No sería la primera vez que lo entregas en el nombre de la Orden. Contestó Illagros de forma dañina y malvada.
- Pero...pero..pero ÉL no tiene nada que ver con eso.
- ¿Que entregar a quien? Preguntó Crisald deseando que todo fuera un error, un error increíble, pero al fin error.
- Yo no tuve nada que ver con eso Illagros, la maestra me dijo que era por bien de Cris y así lo hice. No se que habrá hecho pero no merece ese castigo.
- No hables de cosas que no sabes. Le contesto su tío  - Métete en la camioneta, te llevo a tu casa. - Los hombres de Illagros forcejearon con ella en la parte trasera de la camioneta. Liena se resistía.
- Anda a casa Mujer.- Gritó de pronto el Vlaind de Rolando entre herido y resignado.
- Pero...
- Anda, no tenes porque ver esto.
- Te amo Crisald.- Rompió ella en llanto.
El Príncipe, que sabía que, a pesar de todo realmente lo sentía, le contesto:
- Y por eso necesito que te vayas.- La Abrazo fuerte abriéndose paso entre los guardias. - Los Larenthguer lloran solo después que la sangre se ha derramado, nunca antes.- Y luego dijo algo que dejo a Liena sin fuerzas:
- Ve a casa Liena, te liberó de mi servicio y el matrimonio que nos une. Vive tu vida en paz...mientras puedas.



Alaysa por su parte comenzó a cantar, con aquella dulce voz de su especie, un salmo religioso funerario tradicional de los Vlaind, aunque no era a Crisald a quien miraba mientras  preparaba el arma.

Eso fue demasiado para el corazón de Liena, una persona tan rara como única en este mundo. Incluso a ojos de Crisald, a quien no le faltaban muchas piezas para descubrir su parte en el rompecabezas.
- No, vete a casa Liena. Dijo Crisald poniéndose de rodillas ante Alaysa.- Ella levantó el arma en dirección a su cabeza, con Crisald dándole las espaldas.

La esposa del Vlaind de Rolando hizo algo entonces que siquiera Liavenna, la previsora, podría haber augurado antes al percatarse al fin, siete años después  de la gravedad de sus echos y engaños: Crisald era el único hombre en su vida que no la había tratado como una idiota, ni que se había acercado a ella por una cuestión de alianzas políticas o económicas  Su amor, con sus claros y oscuros, era verdaderamente genuino. Conocía bien a su marido para saber que este no se dejaría ejecutar a menos que no tuviera una buena razón para vivir. Ahora, su tío y aquel comentario desafortunado y malicioso le habían arrebatado toda razón para seguir caminando "Para que vivir, si vas a vivir solo" solía decir Crisald en tiempos mejores, junto a las playas de Hellens cuando le contaba acerca de su familia.

- Anda  a casa  Liena. Dijo Crisald aguantando el dolor de rodillas, mirando directo al cañón de la Tokarev que sostenía Alaysa.
- NO. Dijo Liena con su rostro transformado por el dolor y la culpa de sus propias acciones. - La muchacha empujó a los Soldados con una fuerza descomunal, de esa que encuentran las mujeres  por amor. Pero solo un Amor como el de ellos, personas que estaban acostumbradas a ser las piezas de un juego de ajedrez demasiado grande y perverso como para enfrentar. La única diferencia entre Crisald y ella en los últimos días era que ella no tenía valor para hacer frente a los maestros del juego, Crisald sí.

Dijimos que Liena no era una chica mala. Era una muchacha tonta, demasiada buena e inocente para este mundo de mierda. Muy vulnerable como para andar pensando en favores de Familias, sangre y asesinatos. Lo que hizo, encubrir a los asesinos de la familia de su esposo había sido, en su pequeña mente, un gran acto de amor. Crisald, probablemente, muy en el fondo, lo sabía. Solo que era mejor, como hasta hace unas noches, dejarlo pasar porque la verdad  tiende a morder más hondo que la mentira. Tiende a corroer las entrañas de las personas más nobles y puras de este mundo. Sus efectos benignos solo son vistos a largo plazo y a menudo no son muy recompensados por los pares. La verdad no da mucho más rédito que la conciencia tranquila y otras cosas que en la actualidad solo pueden conformar a quienes están cansados de mentir.
Música
Liena hizo fuerza para soltarse de los Vlaind de Illagros, quien con un gesto de cansancio se bajo de la camioneta, le chupaba un huevo su sobrina, como le chupaba un huevo casi todo en este mundo. La muchacha corrió hacia Alaysa y la empujó con sus manos blancas. La Tokarev cayo al suelo haciendo un sonido metálico  peligroso y asesino. Levantó a su esposo, quien acababa de perder toda voluntad de vivir debido al golpe que vio venir pero que no quiso esquivar.
- ¡Fue Liavenna Enarrmar!. Le dijo en la cara mientras lo sacaba del estacionamiento en dirección a la calle. Los Hombres de Illagros lo miraron como esperando la orden de disparar, el negó con la cabeza, pero fue camino a la pistola.

- Ella armó todo para cubrirse de tu papá Cris, que se quiso salir de un plan que ella tenía.- Con una energía que le era desconocida, Liena estaba casi llevando a rastras a Crisald a la puerta trasera del estacionamiento que daba a un callejón  - Solo se que los dos fueron amantes antes de que conociera a tu mamá y que andaban en una orden secreta de la cual ni siquiera el consejo tiene conocimiento.- Liena pateó la puerta de acero haciendo volar las cadenas que la mantenían cerrada. Afuera, en el callejón de mala muerte que daba a una calle lateral caía la blanca nieve del invierno anunciada por la Radio unas horas atrás.
- ¿Por que Liena?- Atino a decir Crisald en sus brazos.

- Iban a matarte si se me ocurría decirlo, y aunque no lo entiendas, fue la única forma que tenía de protegerte, pensé que era lo mejor para vos Cris. Siempre quise lo mejor para vos Cris...aun a costa de, bueno a costa de otras cosas.

 Y fue bajo los copos gordos de nieve que caían sobre Blondres que por primera vez en su vida Crisald vio a Liena sonreír de una forma genuina con un dejo de sabiduría en su mirada: - Pero parece que van a hacerlo de todas maneras...- El beso de sus labios fue más dulce que nunca. Las lagrimas de su rostro le mojaron las mejillas a Crisald mientras el papel picado de Dios no cejaba en su arremetida y todo el suelo estaba cubierto ya por él.


El seco "Plaff" vino desde el estacionamiento. El Rostro de su esposa se contrajo por solo un instante e intento mantener su porte por ultima vez. Crisald sintió la sangre manchar sus manos, que rodeaban las espaldas de su esposa, caliente y espesa se le filtro por entre los dedos. Las gotitas fueron manchando una  a una la blanca superficie. - Se que no hay perdón para los traidores.- Le dijo Liena con sus ultimas fuerzas. Por el rabillo del ojo Crisald vio la Tokarev humeante en manos de Ilagros quien trataba de mirar hacia otro lado. Otro casquillo salio volando y la cabeza de plomo mordió a Liena en su espalda. Crisald la abrazó soñando con que las balas la atravesaran y lo alcanzaran a él también.

Como cualquier hombre en su condición  que viene errando por un valle muy oscuro lindando con la muerte, solo cuando vio en sus ojos de zafiro, supo que más allá de todo en algo Liena nunca le había mentido: Lo amaba de verdad. Era ahora, con su esposa perdiendo sus últimos minutos de vida, que se preguntaba: ¿Cuantas personas lo habían amado de verdad en su corta vida? la cuenta podía ser echa con sus manos ensangrentadas.

El Vlaind de Rolando sostuvo su rostro de poesía  blanco y aun manteniendo el color rosado de sus mejillas, aunque hinchado por el llanto.- De todas las personas a las que hubiera matado, vos eras la única a la que habría perdonado, Sinierina...- Crisald se agachó junto a  su mujer moribunda en el suelo, y la tendió en el mismo con dulzura. - No llores, Liena.- Le dijo Crisald sin saber en verdad que cosa decir.


- Ese va ser un favor, que para variar,...no te voy a poder cumplir, Cris.- Sus labios se cerraron y ya ninguna palabra emergió de ellos. La sangre, al costado de su cuerpo teñía de rojo tinto el colchón de nieve sobre el que había caído Liena y los copos del cielo se le detuvieron por un momento en la cabellera rubia suelta al viento de la tormenta.

El hijo de los Larenthguer levantó la mirada hacia Alaysa, quien estaba detrás de Illagros:
- Háganlo - Dijo acomodando como podía el cuerpo de su esposa  - Es mejor morir así  Nadie va a llorar ya sobre mi tumba.
Illagros le otorgó la pistola a Alaysa, descorazonado le indico:
- Termina con esta mierda y veni a la mansión de Liavenna. La Operación Sofia esta por empezar, todavía tenes tiempo de unirte, pero más vale que cuando vuelvas esto se haya acabado. - Ella tomó la Tokarev por el mango y asintió.

En el callejón estaban pues solos Alaysa, Crisald y el cuerpo de Liena, aun caliente. La Sacerdotisa cerró la puerta de acero y los ojos de Liena con sus manos, puso sus brazos sobre el regazo. - La canción ..era para ella. Realmente, más allá de todo, nunca pudo entender mucho de lo que paso. Fue su padre el que la metió en todo esto.
- No necesito su piedad. Tira de una vez, cualquier razón que podía tener para continuar después de todo esto acaba de esfumarse.
- ¿No queres saber la verdad?.
- Me chupa un huevo...- Le contesto el Vlaind con una mirada llena de bronca. - X Tenía razón  Solo que no fui yo quien tiro del gatillo.
- Vas a tener que aprender a vivir con esto Larenthguer. Como Sacerdotisa es mi deber mostrarte el camino. Pero la elección depende de vos. - Disparó varias veces las balas del cargador de la Tokarev al aire dejando solo una bala en la recamara, la cual quito y tomo en sus manos.

- La Mentira.-
Deposito el plomo en el pecho de Liena junto a la pistola. Luego tomo su celular y anoto algo rápidamente y lo depositó en el suelo
- O la verdad.